Primera Plana: Capitulo 4

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Primera Plana.

 

Capitulo 4: Bifurcación.

 

 

 

—Auch…

 

JunSu se quejó un poco y alejó el brazo de la mano de YooChun. Aún así, YooChun solamente volvió a tomar su brazo para poder continuar colocando un poco de pomada sobre el brazo izquierdo del menor, ahí donde esa pequeña zona morada se hallaba.

 

La piel de JunSu era muy sensible y su padre parecía haberlo olvidado.

 

—No puedo creer que por defenderla me halla tratado de esa forma.

—No debiste exaltarte tanto Su.

—¿Las estás defendiendo tu también Chunie?

—Sabes que no.

 

YooChun dejó la pomada sobre la mesa de noche y besó la frente del menor, con un suspiro en sus labios y acariciando levemente el rostro de su hermano menor.

 

—Esa no es la manera, Su. Si, hay que sacarla de esta casa pero sabes perfectamente que atacar tan impulsivamente jamás funciona. No nos conviene tener a nuestro padre en nuestra contra.

 

JunSu suspiró y acarició con cuidado la pequeña marca roja que aún se mostraba en la mejilla del mayor.

 

—Lo siento, perdí el control cuando vi que esa mujer te había tocado de esa forma.

—¿Tocado? – YooChun rió. —Prefiero que digas que me golpeó. Jamás dejaría que en realidad me tocara.

—Y jamás lo permitas, Chunie.— En esta ocasión JunSu agarró por las mejillas a YooChun, mirándolo directamente a los ojos. –Ni ella ni nadie.

 

—Ni ella ni nadie.

 

YooChun lo repitió con confianza, logrando una sonrisa en el rostro de JunSu.

 

—¿Solo mío Chunie?

—Solo tuyo. Solo nosotros dos, Su. Nadie más tiene derecho a estar entre nosotros.

 

YooChun no demoró cerró sus labios sobre los de JunSu. Lo besó con lentitud, acariciando no solo su cuello y espalda. Acariciando sus sentidos y perdiéndose por un momento, como cada vez, como cada ocasión. Entre las emociones que Kim JunSu desbocaba en él.

 

 

 

 

YunHo abrió la puerta.

 

La hermosa castaña de ojos verdes estaba frente a su puerta, con un hermoso vestido plata, más arriba de la rodilla y con demasiada joyería encima para su gusto. Unas gafas, un sombrero y YunHo tuvo que admitir que se veía realmente bien.

 

—Tu celular, Keisha. Que tengas un lindo día.

 

Ni siquiera terminó de abrir la puerta cuando le extendió el celular a la mujer y ella incrédula apenas lo tomó entre sus manos.

 

—¿No me piensas invitar a pasar?

—No repito encuentros querida.— Sonrió descaradamente y la mujer arrugó el entrecejo. –Además. ¿No viajas mañana de regreso a Los Ángeles?

 

—Si, pero… Quería despedirme como es debido de ti.

—¿En serio?— YunHo fingió interés, logrando que la mujer se sintiera ganadora y sonriera, pero YunHo era cruel y solamente suspiró. –Pues lastima, tengo que ir a trabajar. Nos vemos algún día.

 

Y entonces cerró la puerta, como si nada. Estiró su cuerpo y decidió darse una larga ducha antes de ir a trabajar. Sacudió sus cabellos y se empezó a desvestir de camino al baño. Por lo menos ya se había deshecho de esa mujer que tanto parecía odiar JaeJoong.

 

 

 

 

MinKih esa mañana caminaba tranquilamente por los pasillos.

 

Era un hermoso día y extrañamente ChangMin no se había levantado. El resto de los empleados se encontraban ya en la cocina, y el joven muchacho ni siquiera parecía haberse dado por enterado que ya había amanecido.

 

—ChangMin…

 

Tocó la puerta un par de veces, pero al darse cuenta de que nadie respondía, suponía que seguía dormido. Arrugó el entrecejo dispuesta a regañar al muchacho. Abrió la puerta y las toallas que llevaba en la mano cayeron al suelo, MinKih en sus veinticinco años no se había sorprendido como ahora, tapó su boca y solamente observó.

 

—Oh, Dios…

 

MinHo permanecía en la cama, profundamente dormido. Y ChangMin en el suelo, boca abajo aparentemente muy incómodo, pero dormido al fin y al cabo. De repente, ChangMin comenzó a moverse, hasta finalmente abrir los ojos y enfocar a la sorprendida MinKih en el resquicio de su puerta.

 

—MinKih… No, no es lo que parece… Lo juró, él solo…

—No, yo no imagino nada. Es solo que… Estaba dejando unas toallas en la habitaciones y… Como no levantabas el mayordomo Lee me pidió que… Yo… Lo siento… No…

 

La muchacha parecía nerviosa, ChangMin de inmediato se levantó, pero cuando la muchacha salió de la habitación, sus pies tropezaron con la sabana hasta que volvió a caer al suelo, logrando llamar la atención de la muchacha y por supuesto logrando que MinHo abriera los ojos molesto.

 

—ChangMin ¿Estas bien?

—Si, creo que si. MinKih en serio, no hicimos nada… No quiero tener problemas yo…

—Esta bien ChangMin, no hay problema. Ya te dije lo que hagan los jóvenes de la casa no me incuben. Pero tienes que tener cuidado por que ellos…

 

—¿Quieren callarse?

 

MinHo se sentó en la cama, sacudiendo sus cabellos y arrugando el entrecejo. Changmin suspiró, y MinKih se sonrojo de inmediato.

 

—Me voy a dormir a mi habitación.

 

Y como si nada, MinHo algo tambaleante comenzó a salir de la habitación. ChangMin negó con la cabeza y MinKih únicamente suspiró.

 

 

 

 

 

Esa mañana OhDae había salido temprano en la mañana.

 

Boa había recordado las palabras de su doctor y de inmediato se había dedicado a eso. Buscaba entre todas las pertenencias, documentos, en la caja fuerte, en todo lo que pudiera encontrar cualquier cosa que OhDae quisiera ocultarle.

 

No quería desconfiar de hombre con el que estaba casada. Pero su doctor tenía razón, era casi un año intentándolo y era casi hasta increíble que no pudiera estar embarazada. Llevó un mechón tras su oreja y continuó buscando entre los cajones.

 

Olvidándose del hecho de que la odiaban muchísimo en esa casa, ella solo tenía la esperanza de que un niño le pudiera alegrar la vida a esa casa. Pero sus dudas se incrementaban mientras el tiempo pasaba.

 

Arrugó el entrecejo en cuanto encontró un sobre manila. Había varias facturas y consultas, ella no entendía. Pero quizá su doctor si, decidió dejar todo como estaba, y guardó el sobre manila entre sus ropas.

 

Respiró profundo y decidió ducharse de inmediato para poder salir y hablar con su doctor.

 

 

 

 

JaeJoong caminaba como de costumbre por los pasillos de las oficinas de su padre.

 

A sabiendas de que las miradas sobre su cuerpo eran de total veneración y amaba sentirse así. Por suerte no se encontraba la secretaria de YunHo así que pensó en que podía darle una sorpresa al menor.

 

Abrió las puertas con cuidado y en cuanto notó a Yoona sentada frente al escritorio de YunHo, arrugó el entrecejo. Los dos lo miraron y la mujer incluso desvió la mirada.

 

—¿Qué haces aquí Yoona?

 

Su molestia fue notoria, YunHo se acercó a él colocando las manos sobre sus hombros con tranquilidad y sonriéndole como si nada pasara.

 

—Tranquilo, Jae. Yoona solo vino a preguntarme si sabía por que estabas últimamente tan indiferente con ella. Ya sabes que se preocupa mucho por ti.

 

La mujer sonrió apenada, y JaeJoong no pudo evitar pensar que YunHo era demasiado hipócrita, tanto que a veces temía que le estuviera mintiendo también a él. Pero decidió seguirle el juego a Jung y sonrió.

 

—¿En serio, amor?— Se acercó a Yoona y besó sus manos con delicadeza. –No tienes de que preocuparte, he estado un poco ocupado. Eso es todo.

—Yo sé, Jae. Pero me preocupaba por que no contestabas mis llamadas. Además vamos a casarnos y quería comentarte que saldría a París a comprar el vestido.

 

—¿En serio? Eso es maravilloso.

—¿Me acompañas?

JaeJoong intentó fingirse apenado. –Claro que no, Yoona. El vestido solo lo debe ver la novia, además yo tengo trabajo aquí.

 

—Mmh… Supongo.

 

La mujer realizó una pequeña mueca y JaeJoong la abrazó con fuerza, mirando a YunHo quien le sonreía descaradamente. Que Yoona saliera del país era todavía más genial, más tiempo con YunHo a solas sin que nadie los molestara. Le sonrió a Jung y luego cerró los ojos.

 

 

 

 

Las manos de YooChun rozaban su piel.

 

La tocaban lentamente, las sábanas que se mezclaban entre su piel y sus manos hacía que los gemidos de JunSu se volvieran un poco más altos. La vos sensual de YooChun cerca de su oído, pronunciando palabras de amor que lo hacían cerrar los ojos y pensar que todo estaría bien.

 

Su cuerpo se mecía sobre las sábanas en el vaivén marcado por los movimientos de YooChun, lo dejaba a él marcar su cuerpo, dejar que esos labios se pasearan desde du ombligo hasta su pecho. Que el calor de esa mañana los abrazara.

 

Por que en cada gemido en el que JunSu perdía la conciencia abría los ojos, solo para comprobar que en realidad era YooChun. Que era él, no había ningún otro y por que aunque ya había amanecido ellos habían decidido no salir de su habitación.

 

—Te amo…

 

La voz de YooChun, era quizá lo que más le gustaba. Sus palabras pronunciado esa frase que lo hacía elevarse de esa realidad que tanto detestaba. Enlazó sus piernas en la cintura de YooChun y lo abrazo por la espalda con fuerza.

 

—Yo también te amo… Chunie…

 

Cerró los ojos y el aliento de YooChun sobre su cuello fue embriagante. Sus pechos rozándose y el calor de sus cuerpos lo volvió a elevar a las nubes. Con YooChun entre sus brazos estaba bien, con YooChun susurrando su nombre JunSu era feliz.

 

 

 

 

El timbre de la puerta y ChangMin se levantó.

 

Se había quedado dormido sobre la mesa de la cocina, restregó un poco sus ojos y pensó que lo único que quería ese día, era que llegara la noche para poder dormir. Estiró un poco su cuerpo y vio MinKih entrar.

 

—¿Quién era?

 

La mujer suspiró, dejando una pequeña toalla sobre la mesa.

 

—Era un amigo del joven MinHo.

 

ChangMin levantó la mirada sorprendido. Eso no estaba bien, por que por lo poco que sabía del menor no recibía a ninguno de los cinco muchachos mas que a Key y eso solo por que eran vecinos. Traerlos a la casa, era peligroso.

 

Tosió levemente y se levantó de su lugar mientras las demás empleadas se aseguraban de empezar a la cena, se tomó la molestia de ver que no lo siguieran o lo estuvieran mirando y apenas estuvo  fuera de vista, subió rápidamente las escaleras.

 

—TaeMin… ¿Qué haces aquí?

 

Y exactamente como lo había sospechado la voz de MinHo había sonado entre sorprendida e incómoda, pero pudo notar por la puerta entre abierta que TaeMin únicamente sonreía y se sentaba en la cama, cerca de las piernas de MinHo.

 

—Me preocupé por que no viniste a clases hoy.

—Si, bueno. Amanecí con un dolor de cabeza horrible.

 

MinHo intentó sonreír y ChangMin rodó los ojos. Resaca era lo que tenía el mentiroso ese. Notó en los ojos de TaeMin un brillo absoluto acompañado por supuesto por una veneración que él desconocía y que MinHo no merecía.

 

—¿Qué tienes en el rostro?

 

Recién en ese momento, ChangMin prestó atención al rostro de MinHo. TaeMin acariciaba la zona algo morada y sobresaliente en la frente del mayor, ChangMin tapó su boca, buscando no reír. MinHo tenía un chichón en plena frente.

 

Y como si una pequeña luz iluminara a MinHo, el muchacho sonrió algo avergonzado, agachando un poco la cabeza. ChangMin se preguntó seriamente que estaba maquinando el menor de los Kim y él sentir que era él único al cual Kim MinHo no podía engañar lo hizo sentir demasiado bien.

 

—Solo tropecé, estaba jugando fútbol con Su y como no soy tan bueno como él pues…

—Deberías tener más cuidado.

—Lo sé.

 

TaeMin acarició el rostro de MinHo y él sonrió agradecido. ChangMin no lo podía creer, era una mentira tras otra. ¿Cómo podía mantener relaciones con cuatro personas? ¿Cómo? Si les mentía todo el tiempo.

 

En realidad ninguno de los cuatro.

 

Ni Onew, ni TaeMin, ni Key, ni JoongHyun amaban a MinHo.

 

Por que ninguno de los cuatro conocía en realidad a Kim MinHo.

 

Y la verdad sea dicha, MinHo tampoco amaba a ninguno de los cuatro, por que si los amara de verdad, entonces no les haría nada de esto. El timbre logró sacarlo de sus pensamientos, supuso que sería otra visita más.

 

—MinHo… No es el lugar.

—¿Y? Quiero besarte. Eso quiero.

 

MinHo había tomado el control de la situación demasiado pronto. Por que había agarrado por los hombros al menor y lo había recostado en la cama. MinHo ni tarde ni perezoso se había colocado sobre él, única y exclusivamente para deleitarse de aquellos labios.

 

ChangMin lo supo, era el momento de alejarse.

 

Caminó de regreso a las escaleras, dispuesto a regresar a la cocina, cuando instintivamente dio un paso hacía atrás, MinKih abría la puerta y por ella entró Key, con una expresión relajada en sus facciones.

 

…Y ChangMin de inmediato olió a problemas.

 

 

 

 

Las puertas del ascensor se abrieron, Onew supo que estaría frente a su futuro.

 

Kim OhDae era un nombre reconocido en el país. No solo por ser uno de los políticos con mayor popularidad en suelo Sur Coreano, sino además por su influyente, imponente y creciente constructora.

 

El 60% de las construcciones de cuarenta años hacía atrás tenían participación de la compañía de OhDae. Y trabajar para él, era la meta, actualmente, de cualquier profesional, no cualquiera lo lograba y su notable responsabilidad e inteligencia lo habían llevado hasta ahí.

 

Si habían muchas cosas que suponer, entre ellas estaban que los hijos de OhDae vivían prácticamente rodeados de lujos. Todos profesionales exitosos, viviendo como una familia perfecta. Cuando descubrió que MinHo era uno de los hijos de OhDae, quiso terminar con él.

 

Por que no quería que su entrada a la constructora Kim se viera influenciada por ser alguien especial para uno de los hijos del jefe. Pero afortunadamente no pudo hacerlo, no pudo terminar con MinHo. Por que para ese entonces ya se había descubierto enamorado de él.

 

Por eso decidió de alguna manera evitar contarle a MinHo que su sueño era trabajar para las empresas de su padre. Para que MinHo no interfiriera intentando ayudarlo, para que luego no creyera que se había acercado a él por su apellido.

 

Y por supuesto MinHo no hablaba mucho de su familia y eso había echo las cosas aún más sencillas. El apellido Kim para Onew solo servía dentro de esta empresa, fuera. MinHo era solo MinHo. Sin apellido que pesara, y con esa bella sonrisa que encantaba a Onew.

 

—Tienes un gran historial, muchacho.

—Muchas gracias, señor Kim.

—OhDae esta bien, pero ven te voy a llevar con mi Vicepresidente financiero.

 

Onew asintió, OhDae se levantó y caminó por los pasillos de su empresa con tranquilidad, saludando afablemente a quien podía. Onew sintió una maravillosa calidez familiar entre el trato de sus familias.

 

—YunHo, quiero presentarte a… ¿Jae que haces aquí?

 

Kim JaeJoong se encontraba sentado frente al escritorio de YunHo a una prudente distancia, el muchacho se levantó con elegancia y YunHo miró con curiosidad al muchacho que había entrado junto a OhDae.

 

—Hablaba con YunHo, Yoona se acaba de marchar, por que tenía un vuelo que tomar.

 

—Mmh, ya veo. Bueno les presento a Lee JinKi. Será tu nuevo ayudante YunHo, tiene varios conocimientos de finanzas internacionales y administrativos, y desde ahora le veo mucha capacidad para convertirse en nuestro nuevo auditor, sus estudios, recomendaciones y notas son algo excepcional.

 

YunHo se acercó al muchacho con una sonrisa en el rostro, se apoyó un poco sobre su escritorio, estiró su mano y la estrecho con la del muchacho.

 

—Jung YunHo, mucho gusto. Así que… Notas. ¿Todavía estudias?

—Igualmente. Y más o menos me falta poco para graduarme.

—Ya veo.

 

JaeJoong rió irónicamente, bufando notablemente con algo de molestia, tomó su celular con algo de molestia y decidió que era hora de irse.

 

—¿Te vas Jae?

—Por supuesto, es obvio vas a estar ocupado.

 

YunHo se pudo dar cuenta con facilidad, el doble sentido en las palabras del mayor. Una sonrisa surcó por sus labios y de inmediato YunHo observó fijamente a JaeJoong.

 

—Quédate Jae, quiero hablar de algo importante contigo.

—Tengo un desfile este fin de semana, así que tengo que ir a ensayar.

 

Y todo ocurría frente a los ojos de los otros dos personajes dentro de la oficina, Onew sintió cierta incómoda tensión y por algún motivo decidió alejarse un poco de YunHo y pararse una vez más junto a OhDae, y por supuesto el mayor de inmediato carraspeó.

 

—Bueno, voy a enseñarle un par de cosas sobre la empresa a Onew. Ustedes se quedan y dejen de armar escenitas, que a veces me hacen dudar de esa gran amistad que dicen tener.

 

Los pasos de OhDae caminaron fuera de la oficina y Onew no dudó en seguirlo, principalmente por que al parecer el mayor de los hermanos Kim lo miraba con verdadero odio. Y empezando por ahí, las cosas no iban bien.

 

—Disculpa eso, ellos son amigos desde hace mucho así que siempre andan con sus escenitas raras. Pero mi JaeJoong se va a casar, por lo menos ya se lo pidió a Yoona, su novia. Así que de algún modo eso me da a entender que entre ellos no pasa nada.

 

Onew analizó la mirada de JaeJoong y se preguntó si aquel muchacho en realidad podía ser hermano de MinHo. Después de todo la mirada de MinHo era muchas cosas, cálida, divertida, dulce. Pero jamás había sido tan frívola, como la mirada de Kim JaeJoong.

 

 

 

 

—¿En serio?… Eso es genial, muchas gracias por avisarme.

 

JunSu colgó el teléfono y se lanzó contra la cama solo para poder besar los labios de YooChun una vez más. El muchacho lo recibió con una sonrisa y lo abrazó con fuerza antes de cualquier cosa.

 

—¿Buenas noticias?

—Si, al parecer vamos a grabar el video en Corea, así que no será necesario que viaje. Así que me podré quedar contigo todo el tiempo.

 

YooChun sonrió, colocando un mechón tras la oreja de JunSu.

 

—Eso es una excelente noticia.

 

JunSu amplió un poco más su sonrisa, YooChun acortó las distancias. Besando sus labios con suavidad, con la suave brisa de la tarde colándose por la ventana entre las cortinas de su habitación.

 

En ese momento JunSu lo supo con seguridad. De ese modo, junto a YooChun. Kim JunSu puede decirlo sin dudarlo. Esto es su felicidad y no quiere cambiarlo por nada.

 

 

 

 

—¿El joven MinHo?

 

MinKih pareció demorar un poco, por que al parecer tenía el mismo presentimiento que ChangMin en esos momentos, Key asintió. Y ChangMin decidió bajar las escaleras velozmente. Colocándose junto a la mujer e intentando parecer calmado.

 

—Joven KiBum, disculpe pero el joven MinHo salió hace un par de horas con su padre.

 

MinKih miró a ChangMin, con una mezcla de sorpresa y al mismo mi tiempo llena de nervios por que en cualquier momento apareciera MinHo y Key se percatara de que le estaban mintiendo. Y entonces, si. Ardería Troya.

 

—¿En serio? ¿Y demoran?

—Supongo, el señor OhDae dijo que le enseñaría un par de cosas sobre la empresa y otros asuntos más.

 

—Ya veo…— Key pareció suspirar y luego colocó una sonrisa en sus labios, una que a ChangMin le preocupó, por que el muchacho era muy inteligente y podría darse cuenta de las mentiras de MinHo demasiado pronto. –Por favor comuníquenles que vine a buscarlo, que me llame.

 

—De acuerdo.

 

ChangMin soltó un poco del aire en sus pulmones en cuanto cerró la puerta con educación, por supuesto con Key ya caminando hacía su propia casa. Se apoyó en la blanca y gran puerta, cerró los ojos y pronto sintió la fija mirada de MinKih sobre él.

 

La mujer permanecía con los brazos cruzados.

 

—¿Por qué hiciste eso?

—Bueno creo que es obvio. Si Key veía al joven MinHo, se armaría un gran problema y tú y yo sabemos que ese muchacho que está con él en este momento no es un compañero cualquiera.

 

MinKih suspiró y acarició el rostro de ChangMin como si de un niño pequeño se tratara.

 

—Cuidas demasiado de él, ChangMin. Quizá si eso hubiera pasado sería lo mejor. Quizá lo que el joven MinHo necesita es estrellarse contra la realidad para aprender lo que en verdad es importante.

 

ChangMin arrugó el entrecejo.

 

—¿Por qué tengo la impresión de que crees que tengo sentimientos hacía MinHo?

 

—Por que es así. Por favor ChangMin si no es así, entonces intenta poner una barrera entre esos sentimientos y tu cordura. Por que si te enamoras de él serías un reverendo idiota.

 

MinKih se comenzó a alejar y ChangMin decidió seguirla.

 

—¿Por que?

—¿Por qué? ¿Que?

—¿Por qué sería un reverendo idiota?

 

La muchacha comenzó a sacar un par de cosas de la nevera, suponía que empezaría a hacer el postre de esa noche para la familia Kim. MinKih empezó a cortar y casi automáticamente comenzó a hablar.

 

—Por que a diferencia de esos cuatro muchachos que darían la vida por el joven MinHo. Tú si lo conoces de verdad, sabes como es, lo ayudas a que se salga con la su suya. Lo ayudas a que continué lastimando y engañando a esos muchachos. Tú lo sabes, sabes que él no es la persona que aparenta ser. Que tiene más puntos negativos que positivos en su vida.

 

ChangMin comenzó a apretar los puños, inexplicablemente esas palabras de MinKih lo estaban molestando demasiado.

 

—Entonces dime. ¿Cómo llamas a una persona que se enamora de otra a consciencia de que esa otra persona lo puede destruir por completo? Eso sería suicidio, ChangMin. Tu eres una buena persona, él no… En realidad ninguno de sus hermanos creo que lo es.

 

—Quizá solo ha sufrido demasiado, tal vez todo esto es un escape para…

—Y ahora lo estás defendiendo.— MinKih lo interrumpió, ChangMin levantó la mirada sorprendido. –Esta pasando sin darte cuenta por todas las fases. Si das un paso en falso terminarás enamorado de él, y eso te destruirá.

 

MinKih suspiró, dejando los utensilios y mirándolo directamente a los ojos.

 

—Por Dios ChangMin, tú sabes como es él, lo ves jugar con esos cuatro muchachos a diario. Sabes que no es capaz de amar a alguien. Y aún así, si te enamoras serías el más lastimado de los cinco, por que los otros cuatro al menos ven a un MinHo adorable, gracioso, subestimable. En cambio tú, tú si lo ves de verdad. Sabes con antelación a lo que te estás arriesgando y cuando es así no estás preparado, por que cuando más alto estás más dura es la caída.

 

ChangMin soltó una carcajada, acomodándose mejor en su asiento.

 

—Esta conversación no tiene sentido alguno.

—¿Por qué lo dices?

—Por que te estás basando en meras suposiciones. Supones que estoy enamorado de él, supones que puede llegar a corresponderme, al menos para tratarme como uno más de sus juguetes.

 

ChangMin se apoyó en el mesón y sonrió descaradamente.

 

—Pero yo te voy a decir algo que no es una suposición, el amor no es como lo pintan, no existe ese enano o bebe con alas que decide echar flechas a las personas para que se enamoren. Y si fuera así ¿No sería aún más patético? Dejar que otra persona manipule tu vida para que él decida con quien debes estar. En vez de ser tú, quien tome esa decisión.

 

Los pasos descalzos de MinHo fueron inaudibles, especialmente para las dos personas que estaban en la cocina, MinHo logró asomarse, ahí donde MinKih miraba sorprendida a un sonriente ChangMin.

 

—Yo no creo que el amor sea algo inevitable incapaz de controlar. Por lo menos yo, soy de las personas que deciden a quien y hasta cuando amar. Creo que hacer eso es posible, y que lo otro a lo que llaman amor eterno, amor a primera vista o un amor imposible no es más que una excusa para los perdedores que no pueden conseguir lo que quieren, ya sea conquistar a esa persona o quererse lo suficiente como para decidir pararse erguido y olvidar.

 

MinKih sonrió y bajó la mirada.

 

—Entonces no has amado de verdad. Te has mantenido al margen de todo, decidiendo como, cuando y a quien amar. Eso no es amor, eso solamente es decidir estar junto a alguien que no te lastime y que cuando empiece a apoderarse de ti, entonces lo mejor es salir huyendo.

 

—MinKih ¿No eres algo bipolar? Acabas de decirme que no me enamore de él y ahora…

—Soy realista. Si nunca has sentido amor, ¿No es mejor sentir al menos un poco que no sentirlo nunca?

 

MinHo arrugó el entrecejo confundido. ¿De que rayos hablaban? Los pasos de TaeMin bajando la escalera y MinHo giró, diciendo regresar junto al menor, aunque muriera por seguir escuchando esa conversación.

 

—Da igual, MinKih. De cualquier forma yo no estoy enamorado de MinHo.

—¿Seguro?

—Por supuesto, ya te dije, puedo controlar mis emociones. Y como tú lo acabaste de decir, sería un reverendo idiota si llegara a enamorarme de alguien como él.

 

MinHo de pronto se quedó estático. A unos pasos de la cocina, donde las voces de sus empleados aún eran audibles. Con una extraña sensación en su pecho que le indicaban que esas palabras habían dolido.

 

Alguien como él.

 

 

¿Cómo era alguien como él? MinHo descubrió entonces que ChangMin lo conocía de verdad, no como TaeMin que lo pensaba como un chico admirable, o como JoongHyun que lo consideraba dulce, o como Onew que lo consideraba su parte consciente. O como Key que lo miraba como sui vía de escapa a la paz.

 

—Min… ¿Por qué demorabas?

 

TaeMin estuvo frente a él, MinHo decidió olvidar y sonreír.

 

—Nada, solamente me distraje con un par de cosas. ¿Volvemos?

 

Tomó a TaeMin del brazo y subió corriendo las escaleras, entre risas y murmullos de que rodarían por las escaleras. MinHo apretó con fuerza la mano de TaeMin, por que al menos de alguna manera esos cuatro muchachos lo querían.

 

…Y él necesitaba tanto de ese cariño.

 

 

 

 

 

—Lo siento señora Kim. Pero el doctor tuvo que salir de viaje urgente a Los Angeles.

 

Boa se quitó las gafas y suspiró, miró el reloj en su muñeca y asintió con un poco de pesadez. Logró sentarse en uno de los sillones de la sala de espera y observó el sobre manila en sus manos.

 

Al parecer tendría que esperar un poco más para saber lo que esos papeles decían, no podía ir donde cualquiera, por que si era algo malo, no le convenía, después de todo OhDae era un personaje muy reconocido.

 

Suspiró lentamente y esperó, de verdad esperó que esos papeles no dijeran nada malo. Por que mientras tanto, le tocaría esperar.

 

 

 

 

—Te cuidas.

 

MinHo no necesitó levantar demasiado la cabeza cuando depositó sus labios en la frente del menor. TaeMin sonrió levemente y salió por la puerta ajustando un poco la maleta a sus hombros.

 

La puerta se cerró y MinHo suspiró, agitando un poco sus propios cabellos.

 

—Joven.

 

La presencia de ChangMin de la nada, frente a él, lo desestabilizó un poco. Al punto de no querer verlo directamente a los ojos. Especialmente por que cuando lo hacía lo único que podía escuchar en su cabeza era: ‘Yo jamás me enamoraría de alguien como él’ y eso era por demás incomodo.

 

—¿Qué quieres?

 

—El joven Key estuvo aquí.— MinHo entonces si, levantó la mirada. –Pero como usted estaba con TaeMin le tuve que decir que había salido con su padre a ver las empresas. Me dijo que le comunicara que estuvo aquí y que lo llamara.

 

MinHo asintió, y luego analizó el hecho de que a ChangMin pareció darle lo mismo cuando le respondió tan fríamente con un ‘¿Que quieres?’

 

—Supongo que hiciste bien. Iré a darme una ducha y luego hablamos de cómo recompensar tu gran inteligencia.

 

MinHo sonrió y ChangMin no pudo evitar verlo por unos segundos mientras subía las escaleras. Sonrió mientras MinHo se perdía por los pasillos de la mansión directo a su habitación. Era curioso e intrigante saber como sería enamorarse de un personaje como Kim MinHo.

 

Pensó que sería divertido enamorarse de alguien tan descarado como ese niño que creía tener toda la experiencia del mundo. Metió las manos dentro del pantalón y decidió caminar hasta la cocina y prefirió dejar de divagar.

 

Por que cosas como esas no pasaban. Él estaba trabajando y además de todo, a pesar de ser un mocosito que aún no termina el instituto. Kim MinHo era peligroso, por que él era de esas personas que son capaces de tomar los corazones de los demás, y probablemente no los devolvía.

 

…Y ChangMin es inteligente, lo suficiente como para saber cuando dar un paso hacía atrás.

 

 

 

 

Onew se bajó del auto.

 

Complacido con la invitación de su jefe a cenar en su casa con su familia, y aun más por que podría ver a MinHo. Arregló un poco el cuello de su traje y el frío de lo que empezaba a ser la noche de ese día lo tomó por sorpresa.

 

Sus ojos se fijaron en aquel muchacho de cabello algo largo y castaño que salía de la puerta principal con una sonrisa en el rostro. No despegó sus ojos de aquel muchacho, que casualmente vestía el mismo uniforme que MinHo.

 

—Buenas noches.

 

El muchacho se despidió educadamente, y tanto él como OhDae asintieron levemente. Onew por alguna razón no lo pudo dejar de observar, por que sentía que había algo en ese muchacho que se le hacía conocido.

 

—Ha de ser un compañero de Instituto de MinHo.— La voz de OhDae y Onew giró hacía él. –Hoy no fue a clases, se sentía un poco mal. Así que supongo que debió haber venido a visitarlo. MinHo es el menor de mis hijos.

 

Onew asintió, no sabiendo como hacer para sacar al tema, que él precisamente ya lo conocía.

 

—Bueno, entremos.

 

OhDae le regaló una sonrisa cordial. Y JinKi decidió continuar, entrar en la mansión a la cual no había entrado antes y pensar que MinHo en realidad se alegraría mucho de verlo ahí. Especialmente por que aún tenía algo muy importante que decirle.

 

Fin Capitulo Cuatro.

 

 

 

 

 

 

 

 

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