Entre el cielo y la tierra: Capitulo 1

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Entre el Cielo y la Tierra

El ángel caído

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Cuando el universo se formó.

 

Se establecieron tres lugares habitables.

 

El mundo terrenal, el cielo y el infierno.

 

Tres diferentes criaturas habitarían y sus estilos de vidas no serían las mismas, tres formas de pensar que divagarían, quienes serían eternos, y quienes no lo serían. Aquellos condenados, aquellos inconscientes y aquellos de vida pacífica.

 

Cuando el universo se estableció. Ninguno pisaría el lugar del otro.

 

Estaba prohibido, aunque uno de ellos dudara de la existencia de los otros dos.

 

Cuando el universo se formó.

 

Los demonios se crearon.

 

Imponentes, orgullosos, ególatras, de vida mundana sin régimen alguno que los guiara, condenados a vivir entre la oscuridad y la demencia. Resentidos por el odio que los consumía al ver que las otras dos criaturas tenían mejor vida que ellos.

 

Cuando el universo se formó.

 

Los ángeles aparecieron.

 

Hermosos, pacíficos e increíbles. Una delicia para la paz propia, con una vida inspiradora, lejos del contacto de las otras dos criaturas. Ellos habitarían en las alturas, sin prejuicios y desprovistos de cualquier mal que pudiera modificar su perfecta vida.

 

Cuando el universo se formó.

 

Los seres humanos marcaron la diferencia.

 

Por que había unos que parecían ángeles, había otros que parecían auténticos demonios. Y había otros que ni siquiera creían en la existencia de alguien más a parte de ellos. Por eso ellos vivían entre el cielo y el infierno. A la mitad de dos mundos incongruentes que no compartían nada entre sí.

 

Los seres humanos eran algo indefinible.

 

Y peligrosos al mismo tiempo, nadie podía medir la capacidad que tenían y nadie podía definir lo que lograrían.

 

Un demonio, no podía ser un ángel, pero podía fingir ser un humano.

 

Un ángel no debía abandonar las alturas, o su destino sería incierto.

 

Pero los humanos estaban condenados a ese lugar intermedio en el que habían sido dispuestos. Nada más allá. Vivirían lo que les había tocado, envueltos en la ignorancia incierta del saber que había otras dos criaturas más como ellos.

 

En medio de todas esas incongruencias, el universo se creó.

 

 

 

 

Jaejoong rió con fuerza.

 

Repleto de entusiasmo y alegría, con sus ropas blancas moviéndose de vez en cuando mientras corría entre el césped que sus pies descalzos palpaban. Tenía cinco años, el mundo le parecía maravilloso y sus alas apenas se sacudían mientras corría por aquel lugar que solo le pertenecía a los ángeles.

 

—¡Espera Jaejoong!

 

La voz de Yunho lo hizo girar, sin embargo no se detuvo, corrió de espaldas y sonrió, sacando un poco su lengua y arrugando la nariz.

 

—¡Eres muy lento, Yunho! No me puedes alcanzar~

 

Su tonito de burla pareció enojar a su amigo que corrió con más fuerza, Jaejoong apenas se elevó unos centímetros del suelo, con sus alas agitándose torpemente, sin la suficiente fuerza para volar como los ángeles mayores a ellos.

 

—¡No se vale, Jaejoong! ¡Yo aún no se volar!

 

Yunho hizo un pequeño mohín, estirando una mano hacía él. Jaejoong no podía decir que estaba volando, apenas y se elevaba del suelo. Pero le agradaba ver el mohín molesto de su amigo mientras intentaba alcanzarlo.

 

Agitó sus manos sobre la cabeza.

 

—Yunho no me puede alcanzar… Que pena~

—¡Eres cruel Jae!

 

Jaejoong rió, pero se detuvo cuando vio que Yunho ya no pretendía correr más y al contrario, se había cruzado de brazos con el entrecejo arrugado. Jaejoong bajó y toco el suelo, con una sonrisa traviesa en los labios.

 

—Oh, vamos… Yunnie, ¿te enojaste?— En cuanto estuvo frente a él, Yunho giró el rostro, con sus labios en un mohín gracioso, que logró que fuera inevitable para Jaejoong no agarrar sus mejillas y estirarlas un poco. –No te puedes enojar conmigo, Yunnie. Somos amigos~

 

—No es justo, tenemos la misma edad… Y yo todavía no sé volar.

 

Las alas de Yunho se agitaron un poco, como si estuviera haciendo un pequeño berrinche. Jaejoong solo rió un poco ante aquello y tapó su boca discretamente.

 

—¡No te rías de mí, Jaejoong!

—Lo siento, es que te ves muy lindo.

 

En cuanto las palabras salieron de la boca de Jaejoong, él mismo abrió los ojos en extremos y en esta ocasión tapó su boca con ambas manos, retrocediendo un paso ante la sonrisita ganadora que ahora Yunho había posado en sus labios.

 

—¿Qué dijiste, Jae? ¿Te parezco lindo?

 

Jaejoong solo movió su cabeza, sacudiendo un poco sus cabellos y retrocediendo cada vez que sentía el dedo índice de Yunho sobre su mejilla.

 

—¡Si, lo dijiste! ¡Dijiste que te parezco lindo!

—¡No es cierto, no eres lindo! ¡Todo lo contrario! ¡Eres muy feo!

 

Rojo, por completo. Jaejoong le sacó la lengua a Yunho y empezó a correr una vez más, con Yunho riendo a carcajadas y siguiéndole el paso, como si no le costara volver a correr tras él.

 

—¡Mentira! ¡Dijiste que era lindo!

—¡No! Lindo… ¡Lindo es Yoochun, no tú!

—¡No te puedes retractar, Jae! ¡Te escuché perfectamente!

 

Jaejoong apretó los puños corriendo con más fuerza, avergonzado por lo que había dicho y aún más por que Yunho lo hubiera escuchado. No fue consciente de lo que sucedía, hasta que sintió el peso de Yunho sobre su espalda, él perdió el equilibrio y sus cuerpos rodaron por el amplio césped a sus pies.

 

—¡Admítelo, dijiste que era lindo!

 

Yunho había pasado un brazo por su cuello, apretándolo con fuerza y jalando sus mejillas a ratos. Jaejoong se removió en sus brazos varias veces. Pero Yunho solo reía, aprovechando la fuerza que Jaejoong tan escasamente poseía.

 

—¡No, no lo dije!

—¡Si lo dijiste!

 

La situación duró un rato más, hasta que finalmente Yunho lo soltó, sentándose sobre el césped, con las piernas cruzadas y rascando un poco su propia mejilla, viendo divertido como Jaejoong acariciaba su mejilla derecha, mirándolo con molestia.

 

—¡Me jalaste muy fuerte las mejillas, Yunho!

—¡Por mentiroso! ¡Sé que dijiste que era lindo!

 

Pero Jaejoong solamente giró el rostro, con la quijada un poco levantada y fingiendo que estaba lo suficientemente molesto. Escuchó a Yunho empezar a levantarse y por un momento pensó que se acercaría a él, pero contrario a eso, su amigo se había puesto a mirar el lugar donde se encontraban.

 

—¿Yunho?

—Jaejoong no debemos estar aquí.

 

La voz de Yunho era preocupada, Jaejoong decidió levantarse y mirar el lugar, abriendo sus ojos, quizá demasiado.

 

—Estamos en el límite.

 

Sus pasos apenas se escucharon, mirando extasiado el límite al que tenían prohibido llegar, Yunho más bien se mantenía seguro, lejos del borde que estaba a unos pasos de ellos.

 

Jaejoong sin embargo sintió la adrenalina correr por sus venas. Miró el montón de nubes, tan cerca de sus manos que la sonrisa en sus labios parecía no querer desaparecer, el viento sacudía sus cabellos y Jaejoong solo estiraba un poco su mano derecho…

 

Nunca había tocados las nubes…

 

—Jaejoong, ten cuidado.

 

Giró para mirar a Yunho que estaba tras él, a unos pasos mirando con preocupación como se acercaba al borde limitado por las nubes.

 

—Tranquilo, Yunho. No nos va a pasar nada, ven conmigo.

—No, mejor me quedo aquí. ¿Por qué no regresamos?

—No hasta que logre tocar las nubes.

 

Y estuvo en el límite, sintiendo el aire con un poco más de fuerza, mordiendo su labio inferior mientras veía las nubes cada vez más cerca, miró hacía abajo y lo único que podía ver era más nubes. Dio un paso más seguro de estar todavía sobre el césped.

 

Descubriendo con sorpresa de que ahora parecía más bien cemento frío, pero se volvió a armar de valor para pisar con cuidado y avanzar con su respiración un poco más suave que la ves anterior, anticipado a la emoción de tocar finalmente una nube.

 

—Jaejoong, ten cuidado. Si caes… No estoy seguro de que pasara. Pero los adultos siempre dicen que ni siquiera deberíamos estar aquí.

—Oh, no seas quejica Yunho.

 

Jaejoong encontró el límite y miró asustado hacía abajo. Pero decidió respirar profundo, cerrar y abrir los los ojos, exhalando discretamente, estirando un poco su mano. Faltaba tan poco, sentía una comezón en la punta de los dedos, se estiró un poco más, con su cuerpo extendido hacía el vacío.

 

Le faltaba tan poco para alcanzar esa nube…

 

—¡¡Jaejoong!!

 

Yunho observó horrorizado como el cuerpo de Jaejoong perdía equilibrio y caía frente a sus ojos. Sus piernas se movieron solas, lanzándose sin pensarlo tras Jaejoong, viendo su cuerpo perderse ante el horizonte limitado por las nubes.

 

—¡Yunho!

 

El grito de Jaejoong logró hacer que corriera más rápido de lo que podía, se lanzó al suelo, llegando al límite de la estructura, estirando su mano y sosteniendo con fuerza la de Jaejoong. Gritando casi sin pensar que lo hacía.

 

—¡Ayuda! ¡Por favor AYÚDENNOS!

 

El cuerpo de su amigo se balanceó en la caída asombrosa que había a sus pies, para desventaja de Yunho que tuvo que cerrar los ojos ante la fuerza que implicaba tener que sostener todo ese cuerpo con tan solo una mano.

 

—¡Yunho, no me sueltes! Por favor… No me sueltes…

—¡Jamás Jaejoong, ni siquiera lo pienses! Nunca te soltaría.

 

Jaejoong tenía sus ojos repletos de lágrimas mirándolo angustiado, mientras su cuerpo seguía balanceándose en medio de la nada. Yunho sentía una pequeña capa de sudor en su frente, su hombro venciéndose ante el peso de su amigo.

 

—¡¡AYUDA!!

 

El borde se apretaba contra su pecho y empezaba a doler demasiado. Yunho tenía una mueca en el rostro. Se estaba venciendo y ya no podría sostener a Jaejoong por un rato más, solo tenía fuerza para un último esfuerzo y Yunho no estaba seguro de poder salvarlos a los dos.

 

—Jae perdóname… Es lo último que puedo hacer…

 

La voz de Yunho sonaba compungida por el dolor, como si algo le estuviera apretando el cuello con fuerza.

 

—Yunho… ¿Qué vas a…?

 

Lo último que Jaejoong sintió, fue su mano siendo apretada con fuerza y su cuerpo entero levantándose gracias a un último impulso de Yunho, venciéndose un poco hacía el vértigo que aquello le había provocado. Sorprendido por lo mucho que se había elevado en el aire.

 

Cuando miró hacía abajo observó horrorizado como Yunho se vencía ante la debilidad y el poco equilibrio que le quedaba por haber lanzado a Jaejoong tan alto. Yunho había empezado a caer también.

 

—¡¡YUNHO!!

 

Todo el cuerpo de Jaejoong se sacudió desesperado. Su amigo estaba cayendo también, el ya varios metros más abajo que Jaejoong, inconsciente estiró sus manos hacía abajo, intentando alcanzar a Yunho, pero él solo se removió agitadamente.

 

—¡No, Jaejoong! No te estires hacía mí, agita tus alas, trata de flotar hasta que lleguen hasta ti.

 

Los ojos de Jaejoong volvieron a llenarse de lágrimas.

 

—¡¡Yunho tú no sabes volar!!

 

No le hizo caso, Jaejoong siguió extendiendo sus manos hacía él, con el aire golpeando su rostro mientras caían, con las nubes cada más cerca.

 

—¡AGITA TUS ALAS JAEJOONG!

 

El grito descomunal de Yunho lo asustó y viendo a su amigo caer, Jaejoong agitó sus alas inútilmente por que aún desconocía como volar, pero obedecía, aunque su cuerpo siguiera venciéndose ante la gravedad. Al menos podía soportar caer un poco menos rápido que Yunho.

 

Cuando vio el cuerpo de Yunho casi tocando las nubes; Fue cuando escuchó unas alas agitarse con fuerza, con mucha braveza y velocidad, unas manos aferraron su cintura con fuerza, con una que hasta dolió y seguramente dejaría una marca profunda en su cintura.

 

Yunho había visto a los adultos, por eso le pidió que intentara volar.

 

Mientras su cuerpo entero y su cabeza se sacudían por la fuerza con la que su caída fue detenida, apenas alcanzó a ver a otro ángel volar lo más rápido que podía hacía Yunho, cerró los ojos con fuerza, rezando internamente por que lo alcanzaran, por que no lo dejaran caer.

 

—¡¡SÁLVENLO, YUNHO ESTÁ A PUNTO DE TOCAR LAS NUBES!!

 

Cuando abrió los ojos, Yunho tenía sus ojos puestos en aquel ángel que estaba casi sobre él, estiraba sus manos intentando alcanzarlo, mientras el adulto hacía todo lo posible por llegar hasta él.

 

Pero no fue lo suficientemente rápido.

 

El cuerpo de Yunho atravesó las nubes, perforando las blancas espumas de aire y dejando un hueco en el llano espacio que arribó con una luz enorme que hizo que el adulto se abriera de inmediato y se alejara lo más que podía.

 

Cuando un ángel atravesaba las nubes, estaba rompiendo las reglas.

 

Cuando un ángel atravesaba las nubes, perdía su alma y su ser por completo.

 

Observando el espacio vacío que Yunho había provocado con su caída, Jaejoong gritó lo más fuerte que pudo, agotando la poca voz que le quedaba y sumido en las lágrimas que rodaban por sus mejillas.

 

—¡¡YUNHO!!

 

 

 

 

—Yoona… Esto no está bien… Me da miedo.

—¡Ya cállate, Minhee!

 

La rubia se sacudió del agarre que su amiga tenía puesto en su brazo y siguió moviendo el pequeño artilugio en sus manos, mordiendo su labio inferior, impregnando la adrenalina que hacer  eso le provocaba.

 

—Vamos demonio… Muéstrate ante nosotras…

 

Su voz sonó casi en un susurro, profundo y estratosférico que logró que su amiga se abrazara a sí misma, mirando de un lado a otra, sino fuera por que le temblaban las piernas. Minhee hubiera salido corriendo hace mucho.

 

—Listo, no sucedió nada… Por favor, Yoona, vámonos.

 

Cansada, y con una última exhalación Yoona soltó el artilugio antiguo de sus manos, echándolo a un lado y con una mueca de fastidio al ver que nada ocurría.

 

—Esto es una estafa, nada ha pasado.

 

Minhee internamente estuvo agradecida con que en realidad nada pasara, contraria a su amiga que parecía incluso desilusionada. Así que con la poca fuerza que le quedaba, se agarró a un pilar y empezó a levantarse.

 

—De acuerdo, ya vámonos Yoona.

—Está bien… Eres una miedosa Minhee.

 

Yoona se levantó, molesta, con las manos en los bolsillos de su pantalón, saliendo de aquel depósito abandonado, con apenas el sonido de sus pisadas y las de su amiga escuchándose.

 

Vestidas aún con el uniforme del instituto.

 

—No soy miedosa, solo cautelosa, mi madre me ha dicho que no hay que jugar con estas cosas… Son horribles.

—Eres una exagerada.

 

Yoona aprovechó para sacar un cigarrillo de su maleta, con el encendedor en su otra mano una vez tuvo el cigarrillo en la boca, cuando la llama estuvo cerca de encender el cigarrillo una ráfaga de aire removió el polvo y su uniforme.

 

—¡Waa! ¿Qué sucede?

 

Minhee apenas podía hablar, con todo el polvo que se había levantado y tratando de que los pliegues de la falda de su uniforme no se levantaran de más, con su cabello sacudiéndose quizá demasiado.

 

Cuando el viento pasó y su ropa quedó completamente desbaratada, Minhee solo vio a Yoona empezar a girar hacía el lugar donde había dejado el tablero botado, Minhee no tuvo el valor para mirar hacía atrás, peor aún cuando vio a Yoona temblar asustada, dejando caer el cigarrillo en su boca.

 

—Yo…Yoona, ¿qué sucede?

 

Su voz temblaba, pero Yoona solo había empezado a retroceder, con los ojos muy abiertos, Minhee no sabía si su amiga le estaba jugando una broma pero tampoco quiso averiguarlo, solo tapó sus oídos y empezó a correr con fuerza. Con un grito descomunal saliendo de su garganta.

 

—Entonces, Yoona… ¿Qué querías preguntarme?

 

La voz gruesa y perturbadora de aquel ser que acababa de aparecer de la nada hizo que el pecho de la estudiante se agitara violentamente, retrocediendo asustada ante ese ser que apenas podía divisar entre las sombras, viendo apenas una cola moverse, unos ojos rojos brillar entre la oscuridad y Yoona no necesitó más salió corriendo al igual que Minhee lo hubiera hecho hace unos segundos.

 

Asustada, contrariada, con el pulso acelerado hasta más no poder.

 

La carcajada de aquel estalló con fuerza, de una forma macabra e impertinente.

 

Era su manera de divertirse, cuando se hallaba tan aburrido entre los parlamentos del resto de demonios con los que convivía, por que a veces los humanos podían ser tan divertidos.

 

Rain se sacudió un poco, eliminando la cola y volviendo al café de sus ojos. Imitando el físico de los humanos, con una sonrisa ladina en los labios. Una vez aquellas muchachas se hubieran marchado por completo.

 

Observó la tabla de ouija que había en el piso y soltó un bufido molesto. Pisándola con fuerza y restregando su pie contra ella. Esa basura no servía para nada. Camino hasta la salida de aquel deposito, envuelto en un traje negro elegante que había visto en un humano días atrás.

 

La luz de la luna estaba en todo su esplendor, hermosa e imponente, justo como le gustaba a Rain contemplarla. El punto blanco que vio a lo lejos lo hizo entrecerrar los ojos, algo venía cayendo desde el cielo, muy lejano a aquel lugar que cualquier humano hubiera llegado.

 

Sus alas negras se desplegaron, dejando rastro de su paso al avanzar.

 

Se elevó en el cielo oscuro, deshabitado de miradas curiosas que pudieran determinarlo, y en tanto más se alzaba en el cielo, más cerca veía a aquel ser caer directo hacía la tierra.

 

Rain jugaba con un palillo de dientes en su boca en ese instante, fue entonces cuando optó por votarlo a un lado y agitar sus alas velozmente, intentando agarrar a aquel ser que caía inmóvil hacía la tierra.

 

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, cuando sus brazos sostuvieron aquel cuerpo, una corriente de aire fría lo abrazo, hielo que congelaba sus sentidos y cuerpo entero como si aquello fuera fielmente posible.

 

La velocidad y fuerza con la que aquello caía lo hizo impregnarse contra el suelo, arrastrarse varios metros sobre el césped de aquel parque abandonado, hasta que se pudiera detener de una vez por todas.

 

Ese sentimiento que congelaba su pecho por completo continuó ahí, cuando abrió los ojos pudo notar que tenía entre sus manos a un niño de unos cinco años de edad, corrección, no era un niño, era un ángel.

 

…Un ángel caído…

 

Por que las alas blancas que estaban en su espalda lo rebelaban como tal, Rain entonces abrió sus ojos pasmado ante su descubrimiento, aquel niño parecía resplandecer una luz blanca impresionante a pesar de estar inconsciente.

 

Lamentablemente Rain vio la luz de aquel ángel apagarse entre sus brazos.

 

Por que esa luz comenzó a disminuir hasta desfallecer por completo y las plumas de sus alas cayeron una a una, desapareciendo al hacer contacto con el suelo, en sutiles sonidos de campanas y pequeños brillos antes de dejar de existir.

 

Rain, en todos sus años como demonio, jamás había visto a un ángel, peor aún lo había logrado tener entre sus brazos. Ellos eran seres tan elitistas que era imposible llegar hasta ellos, pero ahora podía decir que había visto y tocado a uno, al menos por unos segundos.

 

El ángel, que ahora parecía un ser humano cualquiera se movió un poco, como si estuviera adolorido, soltando un quejido lastimero que proporcionó en Rain algo desconocido hasta ahora para él, lástima.

 

Respiró profundo, sin saber muy bien que hacer, por que ya no era un ángel. Era un humano, un mortal cualquiera. Rain no sabía mucho de las reglas celestiales, pero sabía al menos que cuando un ángel perdía sus alas, no podía volver.

 

 

 

 

Pasaron horas, quizá hasta días, cuando Yunho finalmente abrió los ojos.

 

Con un terrible dolor de cabeza, un frío atroz que le calaba hasta los huesos, siendo lo primero que saliera de su boca, un tosido ahogado que sacudió su cuerpo por completo e hizo que su pecho reaccionara dolorosamente.

 

Había estado en un piso frío, en un lugar oscuro y deshabitado, Yunho apenas sabía de la oscuridad, nunca había permanecido en ella por mucho tiempo y cuando analizó el lugar donde se encontraba, se abrazó a su cuerpo con fuerza.

 

Asustado, temeroso de no saber en que lugar se encontraba.

 

—Hasta que despiertas, llevas casi dieciocho horas dormido.

—¿Qu…quién es… Usted?

 

La voz de Yunho salió nerviosa, infantil y repleta de debilidad.

 

—Mi nombre es Rain. ¿El tuyo?

—¿Dónde estoy?

 

A Rain, en ese momento no le importó demasiado no escuchar la respuesta que quería, sentado en aquel sillón polvoriento, solo cruzó su pierna y dio una larga calada al cigarrillo que tenía en sus manos.

 

—¿Dónde crees?

 

Yunho miró de un lado a otro, encogiéndose un poco en el lugar que se encontraba, solo había oscuridad y aquel hombre vestido todo de negro, fumando aquella cosa en sus manos. Que sus suposiciones fueran ciertas lo aterrorizaban.

 

—¿El infierno?

 

Rain rió con fuerza, con una carcajada limpia que probablemente asustó a Yunho más de lo que debería.

 

—¡Por supuesto que no, muchacho tonto!

—¡No soy un muchacho! ¡Soy un ángel!

 

—¿En serio?— Rain elevó una ceja, con una sonrisa retorcida en los labios. —¿Dónde están tus alas entonces?

 

Yunho se movió un poco, moviendo los hombros y espalda. Seguramente esperando por que aquellas alas se abrieran. Pero confundido y al borde del llanto, Yunho se pudo dar cuenta de su triste realidad. Sus alas ya no estaban.

 

—¡No! ¡No es posible! ¡¿Dónde están mis alas?!

 

Por primera vez Yunho gritó, con sus manos intentando tocar el lugar donde sus alas deberían estar, con lágrimas a punto de abandonar sus ojos.

 

—¡¿Qué me hiciste?!

—Yo no te hice nada, tú solito lo hiciste al caer desde el cielo a la tierra.

 

Fue como si de pronto recordara lo sucedido, Jaejoong cayendo, él sacrificándose por su amigo, y finalmente la inconsciencia cuando sus pequeñas manos no fueron capaces de llegar hasta aquel adulto que había intentando salvarlo.

 

Sus brazos cayeron a un lado, completamente devastado. Había perdido sus alas.

 

Era… Un humano. Un mortal.

 

Ya no podía ver a sus padres nunca más, ni a sus amigos, ni a sus abuelos, ni a Jaejoong, tapó su rostro con ambas manos y lloró desconsoladamente, con jadeos esporádicos ante lo difícil que le resultaba respirar en esos instantes.

 

Rain fumó su cigarrillo unos minutos más, no muy compadecido ante el llanto del menor.

 

Era un demonio después de todo, no tenía por que sentir pena por aquel niño.

 

Luego de unos minutos Yunho se rindió ante su propia debilidad, seguramente no acostumbrado al frío o a enfermarse, Rain podía deducirlo por que el niño se veía un poco rojo, y respiraba con dificultad, probablemente se había resfriado.

 

Dio una calada a su cigarrillo y lo vio caer en el suelo, a dormir otra vez.

 

No podía cuidar de él, ni siquiera estaba entre sus planes tener que criar a alguien, mucho menos a alguien que acababa de ser un ángel y se había convertido en mortal. Recordando que los humanos pueden morir, Rain vio contrariado la manera en aquel niño tiritaba de frío en el piso.

 

Si lo dejaba ahí un par de horas más, moriría.

 

Eso sin duda.

 

Lanzó el cigarrillo al suelo y lo pisó, apoyando los codos sobre sus rodillas, mirando a aquel niño que ya había empezado a delirar inevitablemente. No podía dejarlo morir, la curiosidad dictaba que nunca se había encontrado con un ángel y este era lo más cercano que estaba a uno. Aunque ahora fuera un mortal.

 

Soltó un bufido molesto y agitó sus cabellos, le salvaría la vida esta vez. Solo esta vez, pero no se encargaría de él.

 

 

 

 

—¡Hey! Vamos niño, levanta.

 

Palmeó la mejilla del menor un par de veces, sosteniéndolo como podía para que se mantuviera en pie, pero envuelto en aquella fiebre Yunho difícilmente podía respirar sin perder la fuerza en sus piernas y casi tocar el piso.

 

—No… No puedo… Estoy muy… Débil…

 

Rain solo rodó los ojos, sosteniendo al niño como podía por los brazos, mirando de un lado a otro a la calle, esperando por que alguien pasara. Había visto a mucha gente por ese vecindario y todos parecían ser estúpidamente amables, suponía que ese angelito sobreviviría bien ahí.

 

Desgraciadamente casi nadie pasaba.

 

Sin embargo vio a un hombre castaño caminar desde el inicio de la calle, con varios papeles en la mano, leyéndolos mientras caminaba por la vereda, seguramente camino a su casa.

 

Rain entonces aprovecho lo distraído que estaba aquel hombre para dejar a Yunho en la mitad de la calle, las piernas de Yunho no aguantaron mucho, pronto el niño cayó al suelo sentado, apenas sostenido por sus brazos para no caer por completo, con su cabeza y cuerpo balanceándose por el mareo de aquella fiebre.

 

Estiró su mano como pudo, encendiendo un carro que estaba estacionado, quitándole el seguro a la distancia, haciendo que cayera en picada hacía donde Yunho se encontraba. Como se encontraba el menor ni se percató.

 

Sopló levemente y los cabellos de aquel hombre se sacudieron.

 

Seungho levantó la cabeza confundido, viendo como ese niño en la mitad de la calle ni se había fijado en el carro que viajaba directo hacía él. Seungho soltó los papeles en sus manos y corrió, agarrando al niño como pudo y cubriéndolo con su cuerpo antes de caer un par de metros lejos de ese carro que seguí cayendo sin pasajero abordo.

 

—¡Hey, ese es mi auto!

 

Uno de sus vecinos salió corriendo hacía donde el auto se dirigía, Seungho solo sostuvo la cabeza del niño con cuidado, notando de inmediato que ardía en fiebre pero por suerte no había pasado nada grave, el auto ni los había tocado.

 

—Niño… ¿Me escuchas? ¿Te golpeaste en algún lugar?

—Ayúdeme… Por favor…

 

La voz del menor lo tomó desprevenido, nunca había escuchado un lamento que encogiera de esa forma su corazón, tomó al niño entre sus brazos y observó indignado como todos parecían más atentos en el carro.

 

Mientras tanto y por suerte. Su esposa estaba en la puerta de su casa, tapando con una mano su boca, observándolo preocupada. Sosteniendo con su otra mano la de su hijo.

 

—Amor, por favor prepara un poco de agua caliente y unos paños. Está ardiendo en fiebre.

 

Seungho entró con el niño en brazos a su hogar, depositando el cuerpo del pequeño sobre el sillón con mucho cuidado. Junsu se arrimó por el brazo del sillón, observando curioso al niño que respiraba con dificultad, con su pecho subiendo y bajando inconstantemente debido a la fiebre.

 

Yoohee llegó con una pequeña tina en las manos y un par de toallas, lo más rápido que había podido debido a su barriga, el embarazo en sus últimas semanas no le permitía mucha movilidad, sin contar con lo delicado que era su estado.

 

—Estaba calentando un poco de agua para un poco de té.

 

Seungho asintió, remojando una de las toallas en el agua tibia, que afortunadamente su esposa había mezclado para que no quemara al niño. Cuando dejó la toalla húmeda sobre la frente del menor, él solo se removió un poco y gimió bajamente por el contacto.

 

Junsu se paró en las puntas de su pie, aferrándose un poco más al brazo de aquel sillón, observando a su padre remangarse las mangas de su camisa para poder atender mejor al pequeño.

 

—¿Se pondrá mejor papi?

—Esperemos que si, Junsu. Esperemos que sí.

 

Yoohee depositó una de sus manos en la cabeza de su hijo, regalándole una pequeña sonrisa conciliadora que lo calmara al menos un poco. Esperando que las palabras de su esposo se cumplieran, por que era un niño pequeño. Del mismo porte que su hijo.

 

Yoohee no quería ni imaginar lo que le pasaría si viera a su hijo en ese estado.

 

Observó al pequeño removerse entre quejidos involuntarios y ella tuvo que llevar las manos a su pecho, apenada por ver a aquel angelito sufrir de esa forma. Por que eso era lo que ese niño parecía un pequeño angelito desamparado.

 

Como cualquier niño a esa edad.

 

Y ella sabía perfectamente que de no mejorar en un par de horas tendrían que llevarlo a un hospital. Lo raro es que  aquel niño estuviera solo. En este inmenso y peligroso mundo.

 

 

 

 

Rain miró desde la ventana como aquellos tres seres se preocupan y rodeaban al ángel caído, buscando su mejoría. El niño tenía suerte, por que al parecer había caído en buenas manos.

 

Sacó otro cigarrillo de su bolsillo y lo llevó a su boca, de los pocos vicios humanos que le fascinaban, ya vería como se desarrollaba todo esto. Eso claro, si es que el ángel caído sobrevivía.

 

 

Fin Capitulo Uno


Oh, bien… Estoy TAN inspirada con este fic, que no se extrañen si comienzo a subir capitulos seguidos de este fic.~

En serio lo lamento por mis otros fics. Pero mi inspiración es así de egoísta se enamora de un fic y decide quedarse con él hasta que haya vaciado todo en mi, así que me resulta imposible escribir algo más.

Espero que les haya gustado. Irá así de a paso lento. Por alguna razón me he metido tanto con esta historia, que me he sorprendido gratamente de haber podido escribir algo así. Humildemente hablando claro está. Pero es que sencillamente estoy muy.. No es emocionada… No encuentro las palabras, pero estoy complacida con lo que este fic significa para mi. 

Será un trabajo duro, por que hay mucha madurez mía en este fic que acabo de empezar.

Por que mientras Blogger para mí es la clausura de una parte muy importante en mi vida y de alguien muy importante también para mí, este fic será como mi renacer. Así que espero que avancemos en este camino juntos. Un nuevo fic comienza y haber si todos los que empezamos aguantamos hasta el final.  ツ

☆ Gracias por leer.~

20 comentarios sobre “Entre el cielo y la tierra: Capitulo 1

    wendymsanchez1979 escribió:
    8 septiembre, 2011 en 17:06

    No puedo menos que felicitarte, en serio este finc está demasiado bueno, me atrapó desde que leío el prólogo..
    Felicitaciones again!!! no me cansaría de decirlo…
    Espero el próximo epi.
    Kisses

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    Verito escribió:
    8 septiembre, 2011 en 17:06

    jejeje lo ame
    y no me importaria si tuvieramos una lluvia de caps de este fic,! me encanta engancharme a un fic asi, pero si pasa mucho tiempo de piere esa fiebre
    asi que quiero mas!!

    me dio pena la escena donde Yunho se sacrifica por Jae, ahora no se que pasará con ellos T__T y Yunho es tan peque y fragil
    que bueno que Rain lo ayudo
    siguelo pronto ^^

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    rumi escribió:
    8 septiembre, 2011 en 19:35

    a mi tampoco me importaria una lluvia de caps!!! me encantan tus historias.
    ahh y ahora que hara jae, fue tan triste como se sacrifico yunho por jae..Q pasaraaa?!!!
    estoy emocionada!!!
    Continualo pronto

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    Serranita ^^ escribió:
    9 septiembre, 2011 en 13:29

    Esta muy bueno, he leido muchas historias sobre angeles y demonios pero todas tienen la misma trama insulsa pero la tuya es muy diferente partiendo por la trama y la narracion.
    Estare apoyando la historia para que la sigas, cuidate

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    JUN escribió:
    13 septiembre, 2011 en 8:08

    kjnkjdwncdkjnckdjvnefj me encanta *_* puede escribir mill capos de esto si gustas nostras estamos gustosas de recibirlo ;D , escribies tan bien tan perfecto ahh los fics de ahora no son nada tan inusulsos los tuyos son la vida y cada frase que pones ne ellos son tan fantasticos nckjvnefkjvnefjkvr

    capo rai nao ;_;<3

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    SoPhiiA escribió:
    14 septiembre, 2011 en 22:02

    woooooooooooooooow!!! *o* que angelito caído del cielo xDDDDDD kyyyyyyyyyaaaaaaaaa!!! Me fascino es super buenísimo quiero mas xDDDDD

    Espero y estés bien Steph siempre con cuidado, sabes que te quiero :DDDDDDDD

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