Entre el cielo y la tierra: Capitulo 2

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Entre el Cielo y la Tierra

No nato

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Habían pasado apenas dos días.

 

Y Jaejoong no paraba de llorar, aferrado a los brazos de su madre, hundiendo el rostro en el pecho de ella, lleno de pena y culpa. Apretaba los brazos de su madre con fuerza, como si aquello en verdad le sirviera para algo.

 

No había nadie que lo pudiera calmar, su llanto parecía no poder ser detenido, y que cada día su pena lograba traspasar las barreras de la compasión, para transportarse en propia al ver a aquel niño sumido en el llanto.

 

Los padres de Yunho vivían en un estado de estupefacción, aún no asimilando por completo lo sucedido con su hijo, con aquel pequeño que hasta hace unos días caminaba y daba vueltas alrededor de las piernas de su madre.

 

Cuando Seenwoo fue consciente de la perdida de su hijo, entonces se aferró al brazo de su esposo y lloró, probablemente toda la noche, desconsolada y débil. Clamando el nombre de su hijo en un lamento que conmocionó a todos en esos días.

 

El pequeño Yunho había caído en la tierra y ya no podía regresar.

 

Leah abrazó a Jaejoong entre sus brazos, había dejado de llorar un momento. En esos calmos segundos donde solo sollozaba y dejaba su mirada perderse por unos instantes, absorto en sus pensamientos.

 

No podían ir por Yunho, no podía ir a buscarlo. Por que los ángeles tenían prohibido atravesar las nubes, por que al hacerlo perderían las nubes, y entonces de nada serviría ir a buscarlo por que no regresarían.

 

Decirle aquello a Jaejoong fue devastador, pero se vio en la necesidad cuando descubrió a su hijo otra vez en el límite dispuesto a lanzarse sobre las nubes en busca de su amigo. Ella se lo impidió.

 

El cielo no podría soportar otra perdida.

 

Lejos, vio a Yoochun. Arrimado en uno de los árboles cercanos, viendo adolorido como su amigo se abrazaba a su madre, presa del llanto y el dolor. Leah entendía que Yoochun demorara en adecuarse, por que había perdido a uno de sus amigos y ahora el otro parecía sumido en el llanto.

 

Yoochun tenía que ser el fuerte, pero con apenas cinco años, no había ese entendimiento al que Yoochun se estaba obligando. Seguramente Yoochun no encontraba la fuerza para pedirle a Jaejoong que se apoyara en él, cuando el mismo no podía aguantar las lágrimas por su amigo perdido.

 

Leah es una mujer sabia, sabe lo que pasa por la mente de aquel muchacho.

 

Debí haber estado ahí, entre los dos hubiéramos podido subir a Jaejoong.

 

Pero aquello no ocurrió, y lamentablemente no hay nada más que puedan hacer. Leah siente una vez más las manos de su hijo apretar sus brazos, su sollozo se intensifica. Jaejoong volvió a llorar.

 

Con sutiles susurros de “Es mi culpa… Yunho solo quería salvarme…

 

Y Leah no encuentra la manera de menguar ese dolor en el menor, por que es su hijo y daría la vida, por dejar de verlo sufrir así.

 

 

 

 

Junsu se apoyó en la cama, de rodillas frente a aquel niño que tenía una respiración demasiado lenta para su vista, apoyando los brazos en el colchón y con su barbilla sobre sus propios brazos, Junsu suspiró.

 

—Mami… ¿Por qué no despierta?

 

Yoohee miró al niño que reposaba en la cama de la habitación para invitados y soltó un suspiro ahogado, viendo a ese pequeño en aquel estado tan débil que le achicaba el corazón.

 

—Tiene mucha fiebre, amor.

—¿Pero se va a recuperar?

 

Con sus cortos cuatro años de edad, Junsu difícilmente comprendía muchas cosas. Entre ellas por que aquel niño, que se veía un poco más alto que él estaba así, sin padres o algún adulto que lo ayudara.

 

—Por supuesto que se va a sanar, solo hay que dejarlo descansar.

 

Ya duchado y con ropa de dormir, Seungho había entrado a la habitación para huéspedes, con varias mantas en las manos y una sonrisa pequeña, quitándose los lentes y logrando masajear la zona alta de su nariz.

 

—…Mamá… Ayúdame, por favor…

 

La voz débil de Yunho, envuelta por la fiebre y el delirio hizo que Yoohee se levantara del pequeño sillón, sosteniendo su barriga con cuidado y acercándose al pequeño, depositando un dulce beso en su cabello.

 

—Será mejor que vayamos a dormir, tu padre cuidará bien de él, Junsu. Vámonos.

—Pero mami… ¿Y si se levanta y está asustado? Ver a alguien de su edad le dará confianza.

 

Junsu apretó y levantó su puño, seguro de sus palabras. Con la determinación plasmada en sus pequeños ojos. Yoohee no pudo evitar sonreír ante la ternura que su hijo le provocaba.

 

—Tu padre no asusta para nada, Junsu. Deja que cuide de él esta noche.

—¡Hey! que yo puedo ser atemorizante si me lo propongo…

 

Seungho puso una mano en su cintura y con otra volvió a colocarse los lentes, mostrando todo, menos una imagen atemorizante, Yoohee rió esta vez con un poco más de fuerza, pero se obligó a callar, cuando vio a Yunho removerse una vez más.

 

—Sigue delirando…— Yoohee acarició los cabellos del menor, suaves como seda, como auténtica seda. Una delicadeza que ella antes nunca había palpado y era algo de otro mundo. –De seguro sus padres lo han de estar buscando como locos. No parece un niño de la calle.

 

—Así es, aunque extrañamente toda su ropa era blanca, hace mucho que no veía a alguien vestir con ropa blanca por completo. Pero es una ropa muy fina, se notaba por la suavidad de sus prendas.

 

Seungho cruzó un poco sus brazos, observando al niño que aún respiraba dificultosamente, esa noche tenía que bajarle la fiebre. O mañana tendrían que ir a un hospital.

 

Cuando vieron a su hijo quitarle la toalla del estómago a Yunho, con sus pequeñas manos, exprimiendo el agua y volviéndolo a remojar en agua fría. Antes de ponerla una vez más en su estómago, repitiendo aquella acción con la toalla en su frente.

 

Los dos adultos de la familia Kim no pudieron evitar sonreír enternecidos con lo lindo que se veía su hijo parándose en puntitas para alcanzar la tina con agua en la mesa y lo torpe que eran sus movimientos al exprimir la toalla con sus pequeñas manos.

 

Yoohee se acercó a su esposo y apresó una de sus manos, apoyando la cabeza en su hombro, por lo que sin percatarse que lo hacía, Seungho depositó una mano en la abultada barriga de su esposa.

 

—Va a ser un buen hermano mayor.

—De eso estoy segura.

 

Junsu repitió lo que su madre hubiera hecho hace un instante, besó la cabeza del pequeño niño, estirándose un poco para alcanzarlo. Sonriendo satisfecho ante su trabajo bien realizado.

 

—Listo, no olvides hacer eso cada que las toallas se calienten por culpa de la fiebre, papi.

—¡Si, Sr. Doctor!

 

Seungho llevó una mano a su frente, al puro estilo militar, enderezándose por completo, pero evitando mover demasiado a su esposa que sonrió divertida.

 

—Más le vale, quiero encontrar a mi paciente en perfecto estado mañana.

—¡Como usted diga!

 

Junsu rió divertido, lanzándose a los brazos de su padre, quien lo levantó en brazos, depositó un besó en su frente y lo dejó marchar de la mano de su madre. Conversando del cuento que Yoohee le leería antes de dormir.

 

Seungho acomodó las sábanas, colchas y almohadas que había traído sobre el sillón cercano a la cama, ubicándose en un lugar donde observar al pequeño no fuera tan complicado.

 

Suspiró un poco y se arropó lo necesario, mientras la tenue luz de la lámpara en la habitación iluminaba el lugar, el pequeño seguía igual, la fiebre apenas había bajado, Seungho antes de dormir, rezó por su salud y que no fuera necesario llevarlo al hospital.

 

 

 

 

—Hey… Niño, despierta.

 

Yunho se encontraba profundamente dormido, soñando con la nada absoluta. Parado en medio de una habitación sin paredes. Con solo blanco a su alrededor, donde por más que corriera seguía sin ver un atisbo de algo que no fuera de otro color.

 

Pero cuando sintió una mano en su frente, el contacto le quemó y esa voz lo hizo abrir los ojos con fuerza, despertarse y perder la respiración por unos segundos, sintió la toalla en su frente caer sobre sus piernas y un mareo repentino acompañado por un molesto dolor de cabeza.

 

Su respiración siguió siendo pausada, con los ojos entrecerrados debido al malestar que tenía, lo suficientemente débil como para tener los hombros caídos. Tenía los labios resecos y el aire que salía de su nariz y boca cuando respiraba eran demasiado calientes.

 

—Hasta que despiertas, duermes mucho niño.

 

Le costó divisar al propietario de aquella voz, pero sentado sobre la el armario. Rain lo miraba con una sonrisa pequeña en los labios, unos metros más allá, un hombro dormía en un pequeño sillón. De pronto Yunho reaccionó.

 

Lo último que recordaba es estar en un lugar frío y oscuro, ahora parecía estar en una habitación decorada con colores pasteles, con un ambiente todo menos frío. El dolor de cabeza empeoró.

 

—¿Qué está pasando? ¿Dónde estoy, Rain?

 

El demonio ni siquiera se molestó en sorprenderse al notar que el ex ángel recordaba su nombre a pesar de la tremenda fiebre y los momentos de delirio, pero suspiró, sin hacer mucho ruido para que el humano en la habitación se levantara.

 

—Estás entre el cielo y el infierno.

 

Los ojos de Yunho se abrieron con fuerza, sorprendidos, mostrando apenas un temor que fue acrecentando con el pasar de los segundos.

 

—¿Caí? ¿Estoy…?

—En la tierra, así es.

 

Rain solo asintió, apoyando una mano sobre el armario y mirando distraídamente el cuadro que había sobre la cama del pequeño ex ángel. Un paisaje hermoso, de una playa en plena hora de la mañana.

 

—No… No puede ser… Jaejoong, ¡tengo que regresar!— Yunho empezó a levantar la voz, se estaba alterando, llevando una mano a la cabeza, seguramente por que sus propios gritos lo alteraban. —¡Tengo que decirle que no fue su culpa! ¡Yo no pertenezco aquí!

 

Rain tuvo que emprender casi de inmediato la huída, salió por la ventana de la misma forma en que hubiera entrado, con un absoluto silencio de por medio. Seungho se había levantado, restregando un poco sus ojos, confundido con los gritos del niño.

 

Se puso los lentes y lo vio, con ambas manos en la cabeza, encorvado y llorando tan desgarradoramente que incluso tropezó cuando se levantó del sillón para poder llegar hasta él.

 

—Por favor… Yo no pertenezco aquí… Quiero volver… ¡Mamá, papá! Quiero volver… Quiero mis alas… Prometo que voy a poner mi empeño en aprender… Por favor… Sáquenme de aquí… Por favor…

 

Seungho no entendía muy bien lo que el muchacho hablaba, por que cada vez apretaba con más fuerza su cabeza, meciendo su cuerpo inconscientemente, con aquellos lamentos propios de un niño asustado cuando se encuentra solo.

 

Dudó en si tocarlo era buena idea o no, por qué no quería asustarlo más de lo debido.

 

—Pequeño… Tranquilo, vamos a ayudarte, pero no debes alterarte así. Te hace daño.

 

Apenas se sentó frente a él. Sin tocarlo, el niño demoró un rato en levantar la mirada y sus ojos rojos por el llanto lo hicieron sentir una pena que antes no había caído en cuenta podía sentir por otro ser humano. Las lágrimas caían por ese fino rostro, y su frente tenía una capa de sudor que pegaba los cabellos a su piel.

 

El niño incluso respiraba y gimoteaba asustado, encogiéndose un poco en cuanto intentó tocar su hombro. Asustado se pegó al respaldar de la cama, apretando la sábana que cubría sus piernas con fuerza.

 

Seungho escuchó los suaves pasos de Yoohee por el pasillo, cuando abrió la puerta su esposa estaba con una ligera bata envolviendo su cuerpo, con el cabello suelto y su mirada preocupada dirigida hacía la cama del menor.

 

—¿Qué sucedió?

—Creo que tuvo pesadillas, está muy asustado.

 

Yoohee no dudó demasiado antes de sentarse junto al niño que retrocedió un poco más, como si aquello fuera posible, lentamente se apoyó en el hombro del menor, abrigándolo con el calor de su cuerpo.

 

El cuerpo del pequeño temblaba, y la fiebre lograba que su cuerpo emanara un calor extraño que hizo que Yoohee lo tomara con más delicadeza, cuidadosa de lo que el niño pudiera hacer.

 

Cuando vio los ojos del pequeño en su barriga, seguramente intrigado por verla en ese estado, ella solo sonrió.

 

—Estoy embarazada, es mi segundo hijo. Quédate tranquilo, nosotros cuidaremos bien de ti… Al menos hasta que encontremos a tu familia.

 

Y sus palabras parecieron lograr que el niño recordara su situación, por que sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas, pero en esta ocasión se dejó abrazar por Yoohee, quien suspiro tranquila, el niño era tan pequeño, que fácilmente podía albergarlo entre sus brazos.

 

Una media hora después el pequeño se había dormido, Yoohee decidió quedarse a dormir con él por esa noche, y Seungho decidió regresar al sillón, solo por si algo así volvía a presentarse.

 

 

 

 

La mañana siguiente Junsu bajó entusiasmado las escaleras.

 

Con una sonrisa resplandeciente en los labios. Saltando los escalones de dos en dos, con el fresco olor del jugo de naranja recién preparado y las tostadas calientes llegando hasta sus fosas nasales.

 

—¡Buen día!

 

Su grito hizo que su madre girara, con un la mantequilla en las manos y una sonrisa de bienvenida, agachándose apenas un poco para que el niño se acerca y dejara un beso en su mejilla.

 

—Buenos día, mi pequeño. ¿Qué tal dormiste?

—Muy bien, ¿Zero se ha levantado?

 

Yoohee arrugó el entrecejo confundida.

 

—¿Quién es Zero?

—El niño que trajo ayer papá, como no sabemos su nombre. Pensé que ese sería un buen nombre.

 

Distraídamente Junsu se había sentado en la mesa de la cocina, resquebrajando una de las tostadas y comiendo de a poco, mientras esperaba por que su madre terminara de servir la comida, mientras que Yoohee solo sonreía divertida.

 

—‘Zero’ parece más bien el nombre de un androide, cariño.

—Pero es que… Es muy extraño. Es muy lindo, nunca había visto a un niño así.

 

La sinceridad en las palabras del pequeño hizo que Yoohee asintiera un poco pensativa. Su hijo tenía razón. Zero, como su hijo había decidido llamarlo, era un niño muy lindo, extremadamente lindo. Con una belleza repleta de paz que era muy difícil encontrar.

 

Aunque tal vez la fuerte fiebre que tenía y su vulnerabilidad creaba esa imagen etérea.

 

—Muy buen día, razones de mi existencia.

 

Seungho bajaba las escaleras, acicalado y preparado para un nuevo día de trabajo. Con su traje ya puesto y besando en la cabeza a su hijo, luego en los labios a su esposa y finalmente besaba graciosamente la barriga a Yoohee, esperando por que su cariño llegara hasta su futura hija ó hijo.

 

—Papi, ¿ya viste si Zero se ha levantado?

—¿Zero? ¿Quién es Zero? Junsu tu madre y yo te dijimos que no queríamos mascotas por el momento por que…

 

Junsu agitó sus manos de inmediato.

 

—No, papá. Zero es el niño que trajiste ayer.

—Oh, ¿ese es su nombre?

 

Seungho buscó con la mirada a Yoohee pero ella solo negó levemente, sirviéndole un poco de café en la taza frente al asiento de él.

 

—No, pero ese es el nombre que Junsu ha decidido ponerle mientras averiguamos quien es.

—Pues es un interesante nombre.

 

Cuando Junsu levantó los hombros bebiendo un poco de su jugo de naranja. Mientras su madre se sentaba cuidadosamente en su respectivo lugar, la mirada del pequeño se deslizo tranquilamente hacía las escaleras, justo donde la cabeza del pequeño Zero se asomaba.

 

—Oh… Ya te has levantado.

 

La voz de Junsu logró que los mayores levantaran un poco la cabeza, sin embargo ninguno de los dos se movió cuando vieron a Junsu levantarse con cuidado y caminar hasta el niño que permaneció aferrado a los barrotes de la escalera.

 

—Mucho gusto, yo soy Kim Junsu, ¿cómo te llamas?

 

El muchacho solo se había encogido un poco, mirando el lugar como si debiera estar atento a ese nuevo mundo frente a sus ojos, pero cuando Junsu dio un paso hacía él estirando una mano y con una gran sonrisa en los labios. Pensó que podía confiar en él.

 

—Yu…Yunho.

 

Sus manos se entrelazaron y brevemente Junsu sintió como una sacudida interna que lo tomó por sorpresa, como si su mente se quedara en blanco momentáneamente y un frío atroz lo recorriera, provocándole un fuerte estremecimiento.

 

—Wow… ¿Qué ha sido eso?

—¿El qué?

 

Yunho parecía confundido, y Junsu al ver que él no había sentido nada, solo rascó un poco su nuca y rió nervioso.

 

—Nada, olvídalo… ¿Por qué no nos acompañas a desayunar?

 

Junsu no espero una respuesta, solo tomó al niño por la mano y lo empezó a jalar hasta el comedor, donde los dos adultos lo esperaban sonrientes. Yunho sintió una paz profunda, la primera que sentía desde que literalmente había caído.

 

Cuando se sentó, junto a Junsu en la mesa frente a los dos mayores, se inclinó un poco, pronunciando un suave ‘con permiso’ que sonó muy educado y que pareció agradar a los mayores.

 

Su plato fue servido por Seungho quien al parecer no quería que su esposa se esforzara de más. Y Yunho agradeció que no lo llenaran de preguntas, por que no estaba muy seguro de cómo responderlas.

 

Sin embargo agradeció, ese calor familiar que le hizo recordar a los suyos, y en cierta forma lo entristeció.

 

 

 

 

—Señores… Por favor.

 

Geun se inclinó, con una rodilla en el suelo y la otra doblada, apoyando una mano ahí, con una fiel seña de súplica. Delante de los cinco ángeles más poderosos que gobernaban aquella parte del cielo dónde él y su familia residían.

 

Los cinco hombres compartieron miradas, apenados por la inminente decisión que debían comunicar, aunque era algo de esperarse. Alexander, el ángel más alto de los cinco se había levantado. Con su cabello rubia ondeándose a su paso.

 

Había estirado su mano hacía Geun, para que la tomara y empezara a levantarse.

 

—Geun, en verdad lo sentimos. La perdida de tu hijo es un daño irreparable. Pero lamentablemente las reglas son así. Cuando un ángel atraviesa el nivel de las nubes pierde sus alas, y cuando eso sucede se vuelve un humano. Yunho ya no es un ángel siquiera.

 

Había sido como una estocada hiriente en su pecho, Geun mostró auténtico dolor al recibir aquella noticia, era una duda que venía asentándose en su cabeza con el pasar de las horas. ¿Yunho seguiría siendo un ángel?

 

Pero escucharlo, era distinto. Totalmente distinto.

 

—Un humano jamás podrá pisar el cielo, Yunho ya no puede regresar.

 

La voz que sonó desde el fondo. Donde la bella Akira hacía su ingreso hizo que Geun agachara un poco más la cabeza. Apretando sus puños con vehemencia, con todo el dolor que escuchar eso le producía.

 

—Y no piensen tú y Seenwoo en abandonar el cielo. Por que no podemos perder más ángeles. Entendemos tu dolor, pero por más que quisiéramos, Yunho ya no puede regresar. De verdad… Lo siento.

 

Aunque la voz de Akira había sonado conciliadora, Geun sentía un dolor irreparable en su pecho, temeroso de la forma en que su compañera reaccionaría cuando le comentara la respuesta que había obtenido. A pesar de que fuera algo ya imaginable.

 

—¿No lo podremos volver a ver?

 

Hubo un silencio que se extendió por varios segundos. Geun entonces levantó la mirada. Akira lo observaba fijamente, sentada en uno de los tronos que había dentro de aquel enorme palacio.

 

El resto de los cinco ángeles solo miraban a Akira, esperando por sus palabras.

 

—No, lo siento.

 

La sequedad en sus palabras provocó que Geun suspira, un poco más abatido de lo que ya se encontraba, pero finalmente se inclinó hacía ellos una vez más. Con una reverencia sincera y prolongada.

 

—Muchas gracias por atenderme estos minutos.

 

Y mientras sus pasos resonaban a su salida. El silencio y el momento de duda que atravesó por los ojos de Akira antes de verlo marchar fue esperanzador, aún más cuando a la salida del palacio, Alexander lo detuvo sosteniendo su brazo.

 

—Espera, Geun.

—¿Qué sucede?

 

Él miró de un lado a otro, pasando una mano por su largo cabello.

 

—Hay una forma de que puedas verlo, pero solo podrá ser una vez. Akira sabe como, pero no piensa romper las reglas.

 

Cuando Alexander pronunció aquello las esperanzas empezaron a disminuir.

 

—Sin embargo, la vi dudar un poco antes de darte la decisión final. Yo, podía intentar convencerla de que les de esa última y única oportunidad. Pero no estoy seguro de ello. Solo dame algo de tiempo.

 

La idea de poder ver a su hijo una última reavivo sus ganas de sonreír, abrazando a Alexander con fuerza, demostrando en ello toda su gratitud. Agitando un poco las alas del ángel ante su sorpresiva muestra de afecto.

 

—Muchas gracias, no tengo palabras para agradecértelo. De verdad muchas gracias.

—Solo… Intenten ser discretos, por que esto es algo que nadie más debe saber.

 

Geun había asentido, repleto de esperanzas una vez más. Creyendo firmemente en la buena voluntad de Akira y de que por lo menos, tendría la oportunidad de despedirse de su hijo. De aconsejarlo y de velar y rezar día con día, por que tuviera una buena vida.

 

 

 

 

Había descubierto, particularmente gracias a Junsu, que Yoohee, la única mujer de la casa, era enfermera. O al menos lo había sido hasta que salió embarazada por segunda vez y decidió tomarse unas largas vacaciones mientras criaba a su segundo hijo y de paso, consumía más tiempo junto a su hijo ahora, el mayor.

 

Eran las cuatro de la tarde cuando Junsu aún lo trataba como si fuera romperse, con extremo cuidado. Yunho sonreía cuando eso pasaba, por que Junsu no sabía que era un ángel, o al menos que lo había sido.

 

Pero el resultado de ello, era por lo enfermo que había estado la noche anterior y si bien la fiebre no había bajado por completo. Al menos no estaba tan débil como la noche anterior.

 

Yoohee se había marchado cerca de las tres de la tarde con Seungho que había perdido permiso en el trabajo para ir donde el doctor. Aparentemente por una revisión médica. Yunho no entendía mucho de esas cosas.

 

—Y este es mi pequeño librero, junto al de mi papá que obviamente tiene muchos libros. Pero todos esos son muy aburridos. Tienen puras letras y nada de dibujos… Y yo aún no se leer.

 

Junsu había agarrado uno de los libros, colocándolo sobre el escritorio dentro del estudio e invitándolo a Yunho a sentarse junto a él mientras pasaba las coloridas hojas frente a sus ojos.

 

—Este es el cuento de Peter Pan, me lo sé de memoria. Mamá me lo ha contado un montón de veces, ¿quieres oírlo?

 

Yunho había asentido distraídamente mientras escuchaba la melodiosa voz de Junsu narrándole una encantadora historia sobre unos niños que podían volar.

 

¡Y no tenían alas!

 

Los ojos de Yunho brillaron emocionados ante la idea de poder volar todavía.

 

—No seas tonto, esto es solo un cuento… Además ya lo intenté y dolió comprobar que no podemos volar.

 

Las mejillas de Junsu se habían coloreado de un gracioso rojo, mientras sobaba su frente recordando aquella vez que había decidido lanzarse desde aquel mismo escritorio en busca de flotar como Wendy y sus hermanos. Y eso solo había concluido en un susto muy grande para la niñera y un chichón enorme en la cabeza.

 

Yunho había suspira, apenado y sumergido en sus pensamientos de una vida anterior que apenas había alcanzado a vivir. Junsu había continuado contándole fascinado la historia de aquellos niños que nunca envejecían y que vivían todos juntos o algo así.

 

Le entretenían mucho las coloridas imágenes que iban de acuerdo a lo que Junsu le decía. Y Yunho pensaba entonces que Junsu era un excelente narrador de cuentos, por que terminó emocionándose con cada relato y esperando ansioso por el desenlace.

 

—¡Yo de Wendy y sus hermanos me quedaría para siempre en la tierra de nunca jamás!

 

Junsu, una vez terminado el cuento había saltado sobre uno de los muebles, estirando sus brazos y saltando de un lado a otro, provocando pequeñas risitas en Yunho, que ya ojeaba una vez más el libro. Fascinado con la historia.

 

—Pero terminarías extrañando a tu familia.

 

La voz melancólica de Yunho detuvo a Junsu, que decidió acercarse a su nuevo mejor amigo y mirarlo con pena.

 

—¿Extrañas mucho a tu familia Yunho?

—Si, demasiado. A mi familia, mis amigos…

—¿Y dónde están ellos? ¿Te perdiste?

 

Yunho había movido su cabeza, agitando un poco sus cabellos. Y cerrando de una vez por todas el libro de Peter Pan.

 

—No exactamente.

 

Junsu comprendió que tal vez su amigo no quería hablar mucho sobre aquello por lo que decidió que continuaría con el interrogatorio más adelante. Sin embargo los ojos de Yunho se habían posado fijamente en una pequeña estatua que su padre tenía en lo más alto de la repisa.

 

—Gabriel…

 

El anhelo con el que Yunho había pronunciado ese nombre hizo que Junsu mirara con más atención la estatua que su madre había comprado hace mucho, precisamente para el estudio.

 

—¿Conoces de esas cosas? A mi mamá le gustan los ángeles. Dice que le trae paz aunque yo no entiendo muy bien por qué.

—Es Gabriel.

 

Yunho parecía no haberlo escuchado por que había avanzado hasta la repisa mirando con admiración la bella estatua. Como si intentara alcanzarla a pesar de que no estirara las manos.

 

—Si, el ángel Gabriel. ¿Te pasa algo Yunho?

—¿Eh? No… Es solo qué… Jamás lo pude ver en persona y es muy… Hermoso.

 

Junsu rió bajito.

 

—¿En persona? ¿Cómo vas a ver a un ángel en persona? Eso es imposible. Además yo no estoy muy seguro de si existente.

—¡Existen! ¡Claro que existen!

 

Junsu vio una determinación en los ojos de Yunho que no había visto hasta ahora, y tenía que admitir que era la primera vez que lo veía apretar los puños, por lo que decidió sonreír levemente. Y agitar un poco su mano, mientras colocaba la otra en el hombro de su amigo.

 

—Está bien, si existen. No me quiero meter en eso. Mamá siempre me regaña cuando le digo que hasta que no vea no creo. Me habla algo así de la fe ciega o no se qué.

 

Yunho solo le sonrió débilmente, con un pequeño suspiro que incitó a Junsu a que lo mejor era regresar a su habitación, donde estaban los juguetes, aunque Yunho no pareciera tan interesado en ellos.

 

—Oh, niños. Aquí están. Junsu tus padres ya están llegando. Vayan a recibirlos.

 

La joven muchacha de apenas dieciséis años, había aparecido tranquilamente por la puerta, con su voz tranquila y amable. Provocando que Junsu jalara una vez más de la mano a Yunho camino hacía el pórtico de la puerta.

 

A Junsu le agradaba su niñera, era buena con él. Y lo consideraba lindo, así que él se aprovechaba un poco de eso para pedir más postre luego del almuerzo o hacer sus pequeñas travesuras que ella de vez en cuando encubría para que no tuviera problemas con sus padres.

 

Pero extrañamente hoy, en compañía de Yunho. Junsu se había comportado irregularmente bien. Los dos pequeños habían corrido directo hacía la puerta, Seungho se había agachado para abrazar a Junsu y Yunho se había detenido a medio camino.

 

—Hola, campeón… ¿Cómo la pasaste?

 

—¡Muy bien! Yunho y yo jugamos con los carritos, Sully preparó una comida deliciosa y después le conté el cuento de Peter Pan a Yunho y, ¿sabes qué? A Yunho le gustan mucho los ángeles. Incluso se sabe el nombre de uno de ellos… Ehm… ¿Cuál era?

 

Junsu giró hacía Yunho y él solo apretó sus manos agachando un poco la cabeza.

 

—…Gabriel.

—¡Eso! Le gustó mucho el ángel que tienes en el estudio, papá.

 

Yoohee decidió caminar hacía el pequeño y agitar un poco sus cabellos. Con una linda sonrisa, gesto que Seungho imitó de inmediato, a consciencia de que el niño no parecía muy acostumbrado a sus gestos de cariño.

 

Sully apareció frente a los adultos, terminando de colocarse el abrigo y con la cartera en su mano izquierda.

 

—Justo a tiempo señores Kim, tenía que ir a recoger a mi hermanito a la guardería por que mi padre no puede ir hoy por él al parecer.

—¿Cómo se han comportado estos angelitos?

 

—Exactamente como eso, como unos angelitos. No dieron ningún tipo de problema.— La adolescente les regaló una sonrisa a los menores y luego regresó su vista a la mujer. —¿Y como le fue con la ecografía señora Kim?

 

—Oh, perfectamente. Aunque el doctor insiste en que tenga mucho cuidado por que es un embarazo riesgoso.

 

Yoohee entonces se inclinó un poco hacía su hijo, sacando una pequeña cartulina entre los dedos.

 

—Por cierto, Junsu, ¿adivina qué? Estoy esperando a un hermanito tuyo.

—¡Es un niño!

 

Junsu dio un pequeño salto aplaudiendo emocionado por ello y Yunho no pudo evitar sonreír ante aquello mientras Seungho le extendía a Sully unos cuantos billetes por su tarde de trabajo.

 

—La felicito señora Kim, pero ya me tengo que ir. Cuide muy bien a ese niño que viene en camino. Adiós.

 

Cuando la muchacha se marchó Seungho cerró la puerta mientras Junsu veía emocionado la foto de la ecografía que su madre le había extendido. Aunque todo para él era una gran mancha negra, Yunho reía cada que le daba vueltas a la foto para intentar ver algo.

 

—Por cierto, Yunho. Mañana vendrá mi hermano para ver como haremos exactamente para encontrar a tu familia, ¿bien?

 

Seungho había dejado su abrigo en el armario a la entrada y junto a Yoohee había continuado hacía la cocina, con Junsu dando vueltas alrededor de ellos, emocionado por la idea de tener un pequeño hermano.

 

Aunque Seungho le había comunicado la noticia con mucha amabilidad, Yunho no estaba muy seguro de cómo resultaría todo eso, por que al parecer, había comprobado gracias a Junsu, que no todos los humanos creían en los ángeles.

 

—Yo que tú tenía mucho cuidado con lo que decía frente a ese humano hermano del esposo de la preñada.

 

Yunho arrugó el puente de la nariz al escuchar la manera tan despectiva de hablar que tenía Rain, cuando lo divisó en la parte superior de las escaleras. Miró a la familia asegurándose de que estuviera entretenidos en algo y subió los peldaños hábilmente.

 

—¿Por qué dices eso?

 

—Por que los humanos son idiotas, la mayoría cree más en nosotros que en ustedes. Cuando debería ser algo equitativo, sin creen en los demonios, ¿por qué no en los ángeles?

 

—¿Estás diciendo que no debo decirles que soy un ángel?

—Primero, ya no eres un ángel. Entre más rápido lo comprendas, mejor. Segundo, ¡por supuesto que no muchacho! Te mandarán directo al manicomio.

 

Rain golpeó la sien del pequeño con una sonrisa divertida en los labios, a lo que el niño solo alejó la mano del mayor con una expresión confundida.

 

—¿Manicomio? ¿Qué es eso?

—Tú solo procura no hablar de ángeles. Finge que perdiste la memoria, o que tus padres te abandonaron o murieron o que se yo.

 

—¡Eso es horrible! ¡Además es mentir! ¡Yo no miento, tengo prohibido mentir!

 

Rain bufó hastiado, al parecer masticando un chicle que tenía en la boca.

 

—Ya no eres un ángel. Ya no tienes por qué seguir esas estúpidas reglas.

 

Yunho arrugó el entrecejo. No le gustaba la forma en que ese hombre se expresaba.

 

—Yunho, pequeño vamos a comer un poco de helado, ¿no vienes?

 

Yoohee había aparecido prácticamente de repente y cuando Yunho regresó a mirar a Rain y él no estaba sacudió su cabeza con fuerza, ¿qué era Rain? Por que un humano no podía aparecer y desaparecer de esa forma.

 

—Eh… Si. Bajo en seguida.

—¿Ibas a la habitación?

 

—Si… Yo…

—No te preocupes pequeño, no te sientas incómodo entre nosotros. Mientras encontramos a tu familia, nosotros seremos tú familia sustituta, ahora, ven.

 

Yoohee había estirado su mano hacía él y Yunho había bajado las escaleras, tomando aquella mano y caminando hacía la cocina donde Seungho y Junsu jugaban con el helado. Una vez sentado en la mesa, todo parecía transcurrir normalmente.

 

Hasta el instante en que Yunho pudo divisar a Rain, sentado sobre el mesón, con una pierna suelta y la otra doblada. Yunho había arrugado el entrecejo, preguntándose internamente por que ninguno de los miembros de la familia Kim le decía nada.

 

—¿Yunho, qué sucede?

 

Seungho se había percatado de su mirada fija y había colocado su rostro junto al de Yunho mirando hacía el mismo lugar que el menor, sin captar algo interesante entre las baldosas de la cocina.

 

—Tranquilo, Yunho. Ellos no pueden verme.

 

Y los ojos de Yunho se habían abierto en extremo. Con la risa de Rain perforando sus oídos.

 

—Así es, soy un demonio.

 

La mano de Yoohee sobre su hombro lo hizo regresar su atención hacía la familia Kim quien solo lo miraban contrariados.

 

—Lo siento, me entretuve un rato.

—¡Concéntrate más Yunho!

 

La voz alegre de Junsu hizo que todos volvieran a su charla animada mientras comían helado y Yunho de vez en cuando regresaba su mirada al sonriente demonio que permanecía sobre aquel mesón.

 

Yunho aún no podía creer que hubiera tenido contacto con un demonio.

 

—¡No papá que horrible nombre! ¿Cómo le piensas poner Mingsue a mi hermanito?

—¿Ah, en serio? ¿Entonces que nombre propones tú, brabucón?

 

—¡Sanhyo!

—¡Oh, por Dios, no!

 

El grito de Yoohee hizo que todos rieran mientras Yunho solo mantenía la pequeña cucharita en la boca, divertido con la expresión que la mujer había colocado.

 

—¿Tú que opinas Yunho? ¿Qué nombre te gusta?

—¿A mi?— Yoohee asintió sonriente y él analizó un poco sus pensamientos. Olvidándose por un momento de Rain. –Yo creo que… Changmin es un lindo nombre.

 

—Oh, tiene razón.

 

Seungho asintió varias veces, conforme con lo que había escuchado. Sin embargo, Yunho se extraño al ya no ver a Rain sobre el mesón de la cocina, por lo que cuando sintió la voz del mayor cerca de su oído solo pudo tensarse un poco.

 

—Es una lástima, todos parecen muy entusiasmados con la idea de ese pequeño.

 

Yunho hubiera luchado por preguntarle a que se refería, pero hablar solo, era francamente algo no muy normal. Pero, como si Rain hubiera leído sus pensamientos, luego de unos segundos volvió a hablar.

 

—Ese niño no va a nacer, es más… Le quedan apenas un par de horas de vida.

 

En esta ocasión había sido inevitable. Yunho había girado asustado hacía atrás, donde la voz de Rain provenía, pero en esta ocasión nadie le había prestado atención. Por que el sonido de una cuchara al caer al suelo había alertado tanto a Seungho como Junsu que veían temerosos como Yoohee se agarraba la barriga.

 

—Amor, ¿qué sucedió?

—No… No lo sé… De repente… ¡Agh! ¡Me duele Seung! ¡Me está doliendo mucho! Por favor llama a una ambulancia… No quiero perder a mi bebé…

 

Junsu se había bajado de su asiento asustado, tomando una de las manos de su madre y tocando suavemente la barriga de su mamá.

 

—Tranquilo bebé… Todo estará bien, no te preocupes. Mami esta siendo fuerte, tú resiste un poco hasta que los doctores lleguen, ¿si? Aguanta hermanito.

 

El corazón de Yunho latía apresurado, Seungho hablaba alterado por teléfono pidiendo ayuda a una ambulancia, mientras que Yoohee prontamente se había agitado con respiraciones contrariadas y una capa de sudor en la frente.

 

—¡Agh! Duele… ¡Seungho por favor apresúrate!

 

Yunho giró una vez más hacía Rain, el demonio miraba impasible la situación arrimado en la zona cercana a la alacena.

 

—Haz algo por ella, no dejes que pierda a su bebé. Todos lo aman sin siquiera haber nacido. ¿No ves como está Junsu?

 

Si hubiera podido, hubiera gritado, pero tenía que actuar con cautela. Seungho había subido al piso superior seguramente por cosas necesarias y Junsu aún intentaba hablarle a su hermanito mientras que Yoohee prácticamente lloraba del dolor, ya sentada en el suelo por comodidad.

 

—Yo no puedo ayudarla, soy un demonio. No traigo vida, ni cosas buenas, ni maravillosas como ustedes. Además, ¿por qué lo haría?

 

El cuerpo entero de Yunho se llenó de una indignación rabiosa, por lo que viendo que no hacía nada con él, prefirió estar con Yoohee y serle de apoyo. La mujer ya empezaba a respirar dificultosamente, soltando pequeños gritos.

 

—Aún me falta un mes… Todavía no debería estar así… Este mes es muy peligroso… Además mi embarazo es muy riesgoso… Por favor… Por favor pequeño aguanta un poco más…

 

Yunho miraba a la mujer prácticamente retorcerse del dolor, mientras Junsu ya tenía lágrimas en los ojos, apretando con sus dos pequeñas manos la de su madre. Yunho solo sentía su corazón agitarse desbocadamente no sabía que hacer.

 

—Mami por favor… Respira… El bebé te necesita… Los dos van a estar bien…

 

Sinceramente no se trataba de que Yoohee respirara o no, se trataba de que ya le estaba siendo casi imposible respirar. Yunho estaba siendo atacado por los nervios y lo único que se vio capaz de hacer en ese momento fue depositar sus manos sobre la barriga de la mujer y cerrar los ojos.

 

Un haz de luz blanca inundó por completo esa habitación. Yunho escuchaba unos débiles latidos que empezaban a ser cada vez más lentos, por alguna razón. Yunho estaba casi seguro que eran los latidos del corazón del bebé.

 

Pensó, deseo tanto por que esos latidos volvieran a su ritmo normal. Lo deseó con tanta fuerza, que pronto empezó a escuchar esos latidos regularizarse y poco a poco la luz blanca que iluminó la cocina, empezó a desvanecerse.

 

Cuando Yunho abrió los ojos tanto Junsu como Yoohee lo miraban sorprendidos, la respiración de Yoohee aún era inestable, pero antes de que la mujer pudiera decir algo, cayó desmayada, con Junsu sosteniéndole hábilmente la cabeza para que no se golpeara.

 

El sonido de la ambulancia empezó a escucharse por el vecindario y Seungho ya bajaba con un pequeño bolso bajo el brazo, apresurado por atender a su esposa y desde su lugar. Rain observaba anonadado lo que acaba de suceder.

 

Aunque Yunho no estaba muy seguro de que había pasado.

 

 

 

 

Un par de horas después, aunque era prohibido que los niños estuvieran en el hospital, sin un lugar seguro dónde dejarlos y con el apuro que tenían. Uno de los amigos doctores de Seungho había accedido a que estuvieran en su oficina, con mascarillas por cualquier contrariedad mientras Yoohee era atendida.

 

Los dos sentados en el sillón de cuero dentro de aquella oficina vacía donde solo Yunho y Junsu estaban. Esperaban no tan pacientemente por alguna noticia, finalmente Junsu se armó de valor y miró a su nuevo mejor amigo.

 

—Yunho… Eso que hiciste, ¿salvará a mamá y mi hermanito?

 

Yunho no estaba muy seguro de que había hecho pero confundido aún solo suspiró y jugó con sus manos entrelazadas.

 

—Yo no hice nada… Solo puse mis manos sobre su barriga, igual que lo habías hecho tú. Solo quería darle un poco de apoyo.

 

Junsu suspiró, al parecer estaba muy cansado. Y Yunho también parecía estarlo. Cuando Junsu empezó a moverse hasta poder recostarse en el sillón, con la cabeza sobre las piernas de su amigo, Yunho no parecía molesto con aquello.

 

En un cuidadoso silencio, dentro de aquella oficina, los dos continuarían esperando hasta ver lo que sucedería. Aunque el miedo siguiera en sus pechos, pero la esperanza fuera más fuerte que el miedo.

 

 

 

 

Rain no se había marchado por que sencillamente tenía mucha curiosidad.

 

Curiosidad de lo que ese pequeño ex ángel había logrado. O hecho. Realmente no estaba muy seguro de lo que sucedía. Así que esa era la razón principal por la que no se había alejado de la pareja de esposos en vez de atacar con preguntas a Yunho.

 

La labor de parto había terminado, o más bien. La cesárea había concluido.

 

Con lo delicada que era la situación parecía haber sido lo más óptimo. Rain está incluso seguro que cuando vio a ese niño salir del vientre de su madre, envuelto en sangre y sabrá que otras cosas más. Hubo algo diferente en ese ser que el doctor ahora sostenía en sus brazos.

 

Yunho había salvado la vida de ese niño.

 

Rain no sabía como, pero ese pequeño había ido en contra de lo establecido. Por que ese pequeño ser que acababa de nacer, y que ahora lloraba con la vitalidad de un bebé de nueve meses en parto normal. Debía haber muerto esa noche.

 

Mientras lo limpiaban, entre las miradas e inspecciones incrédulas de los doctores y enfermeras al notar que el bebé no necesitaría de incubadora.

 

Seungho sostenía la mano de su esposa que estaba apenas adormilada por la anestesia, confundida por que no sabía por que revisaban tanto a su hijo, y preocupada al mismo tiempo.

 

—Amor… ¿Qué sucede?… ¿Cómo está mi bebé?

—Tranquila, cariño. Lo están revisando pero la enfermera me acaba de contar que al parecer está increíblemente bien y sano… Cálmate, ¿si?

 

Yoohee sonrió resplandecientemente, aún debilitada pero un poco más tranquila, con su respiración suave y calmada.

 

—Fue Yunho… Lo sé… Cuando él puso sus manos en mi barriga… Sentí una paz asombrosa… Ese niño es un ángel caído del cielo amor… Mi bebé sobrevivió gracias a él…

 

Si bien las palabras de Yoohee no eran tan literales al referirse a los ángeles, de una manera u otra. Ella sabía que algo había sucedido cuando el menor palpó su barriga y cerró los ojos.

 

Fue una sensación indescriptible… Ella aún no lo puede definir, pero sabe que algo pasó en esos momentos. Tal vez una ayuda divina o algo así. Aunque ciertamente no puede pensar con claridad.

 

—Aquí está, es un niño sano. Y fuerte. Un sobreviviente increíble. Aún… No tengo palabras para explicar lo que ha sucedido. Pero sin duda es un milagro inexplicable.

 

El doctor se dio el gusto de entregarle personalmente el bebé a Yoohee quien débil, tomo al bebé con cuidado, y contempló su hermoso rostro. No pudiendo evitar que las lágrimas surcaran por su rostro.

 

—Mi pequeño…

 

Seungho palpó con su mano temblorosa el rostro de su hijo, sin creer aún que estuviera en tan perfecto estado como lo aseguraban los doctores, después de haber visto a su esposa en ese estado.

 

Al tocarlo, Seungho no aguantó más y rompió en llanto también secando las lagrimas con su antebrazo y tan agradecido con la vida por darle esta segunda oportunidad.

 

Rain desde su lugar, oculto para la vista de los demás, observaba escrutiñador a aquel ser que movía torpemente sus bracitos, con los ojos completamente cerrados mientras su padres lloraban de felicidad.

 

Una de las enfermeras con una pequeña cinta y marcador en mano se acercó, preguntando suavemente por el nombre del bebé para poder agregarlo a la pequeña cinta y colocarlo en su muñeca. Junto con el resto de datos esenciales como fecha, cartilla y nombre de los padres.

 

Yoohee buscó la mano de su esposo y la apretó con fuerza, comunicándose tan solo con la mirada, Seungho asintió. Entonces con una sonrisa orgullosa en los labios, Yoohee apretó el cuerpo del bebé contra su pecho y miró a la enfermera.

 

—Su nombre es Changmin.

 

Uno segundos después mientras la enfermera anotaba el nombre del bebé en la cinta. Yoohee y Seungho observaban cándidamente a su segundo hijo. Repletos de una paz y alegría absoluta que ese maravilloso momento les brindaba.

 

 

Fin Capitulo Dos.

 

 

 

 

 

Wow… Como disfruté escribiendo este capitulo. En verdad me ha gustado. >//<

 

Tuve una mala noticia, por así decirlo. Pero escribir me reanimó por completo.

 

Ya saben,  vamos poco a poco, con este fic.  Despacio, pero seguro. Y si no me equivoco ya están todos los personajes en acción, con menor o mayor aparición. Solo hay que darles su tiempo para que se desarrollen debidamente.

 

Para que vean, Changmin estaba presente desde el primer capo, para aquellos distraídos que no se dieron cuenta… xD

 

Bueno, creo que este es mi fic más maduro y él que voy a trabajar de una forma un poco distinta a como usualmente lo hago. Espero que me acompañen en esta nueva aventura, y ya saben aún faltan unos que otros personajes por ahí por aparecer. Todo a su tiempo.

 

Espero que les haya gustado. Se me cuidan mucho, bye.

 

 

 

 

 

 

 

 

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20 comentarios sobre “Entre el cielo y la tierra: Capitulo 2

    Diana Jung escribió:
    12 septiembre, 2011 en 1:31

    Esta buenisimooo
    la trama definitivamente te atrapa XD

    m ncanta!!!!!!!!!!!!!!!

    Me gusta

    Ale~ escribió:
    13 septiembre, 2011 en 0:37

    Este fic me a enamorado!!! Me lo leí ayer pero algo pasó con mi internet que no salió nada :_((((
    Yunho es tan lindo~~~~ ! es todo un angelito x3333 y me hace ponerme boba xD

    Quiero conti!! no demores :_DDD
    Bye x3333

    Me gusta

    Park kae in escribió:
    13 septiembre, 2011 en 1:41

    Este fic me gusta ” Click”

    La verdad la tematica se me hacia ya muy usada, aunque creo que me quede conun mal sabor de boca de algun otro que habia leido por ahi n.ñ y por eso no queria leer
    pero cuando comence… la lectura me atrapo
    y no lo he podido soltar, es mas … haces que cada secuela de imagen encaje a la perfección. Los tiempos son los adecuados y la forma en la que desarrolla la tarama me encanta. No importa que vaya lento, asi las cosas solas tomaran su rumbo, pero espero que no por lento, signifique que tardaras mucho en actualizar n//ñ ok no … pero
    si queria decirte que me gusta, buena historia y la leere hasta el final gracias por el esfuezo ♥

    Me gusta

    SoPhiiA escribió:
    16 septiembre, 2011 en 22:57

    wooooooooooooooow!!!! Me encanta este fic esta buenísimo XDDDDDD

    FELICITACIONES STEPH ^____^

    sabes que en mi siempre vas a tener una lectora fiel XDDDDDDD

    Cuídate mucho y sabes que te queremos…

    Me gusta

    minato-chan escribió:
    17 febrero, 2012 en 19:31

    no haira si me mataste por diooooos que historia tan bellaaaa me encantaaaa es demasiado genial amooooo que yunoh le haya puesto el nombre a changmin amooo que no haya olvidado nada de el porque asi nunca se olvidara de jae y amooo como es junsu!!!! me encata todo es lo mejor la forma en que esta estructurada la historia creo que mejor no se pudo hacer enserio eres sugoi saiko y demas!!!! por cierto nose pero prediento que jae descubrira la forma de ver a yunho desde el cielo y a escondidas lo harea seria estequi arigatoooo

    Me gusta

    Anónimo escribió:
    21 diciembre, 2012 en 0:02

    me encanto el cap, Yunho en verdad por mas que haya caido del cielo y perdido sus alas el sigue siendo un angel, por que se sacrifico por su amigo salvando de que caiga, despues salvo la vida del bebe de la pareja… ojala la pareja se entere que esuun angel caido y lo protejan… jajaja rain se va a encariñar con yunho y lo va a cuidar

    Me gusta

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