Precendentes: primer sintoma

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Precedentes de una Adicción no controlada

Conociendo las habituales inconsistentes.

Primer Síntoma.

 

 

 

 

Sé que no voy a cambiar mis hábitos,

Si no me resigno a aceptar en lo que me has convertido.

 

 

 

No había una consistencia de actitudes, como para que Ryutaro pudiera asegurar, que era cierto.

 

Su hermano actuaba desde hace algún tiempo sumamente extraño.

 

Pero estaba el hecho próximo de que de una forma u otra. Nadie podía, cada que venía de vacaciones simplemente actuar con una expresión de alivio. Y por su puesto empezar a insinuar que volver al instituto de antes era una buena recompensa para su buen comportamiento de los dos últimos dos años.

 

Buen comportamiento del cual Ryutaro aún dudaba que fuera cierto. Que Shintaro se hubiera vuelto hábil a la hora de que no lo descubrieran en medio de sus actos medio vandálicos, sardónicos y desprovistos de moral. Era algo completamente diferente.

 

—Entonces, ¿han pensado en la idea que les plantee el otro día?

 

Shintaro tenía una cualidad muy particular, que de alguna manera Ryutaro envidiaba. A pesar de ser gemelos. Shintaro tenía esa cara de niño bueno. Y él en cambio una expresión seria y madura a pesar de que ambos estuvieran todavía a dos años de graduarse.

 

—La verdad, hijo. Luego de ese escándalo que ocasionaste hace dos años. Donde el apellido de la familia se vio seriamente involucrado, tu padre y yo hemos llegado a la conclusión de que lo mejor es que continúes en el internado.

 

Los ojos de Shintaro se habían abierto más de lo normal, su sonrisa se había borrado por completo. Y se había levantado de la mesa de aquel restaurante, indignado y molesto. Soltando bruscamente la servilleta de tela en la mesa.

 

Ryutaro entonces se había acomodado en su silla, cruzado de brazos y levantando una ceja. Dispuesto a observar el escándalo que su hermano ocasionaría.

 

—¡Estoy harto! Eso ya pasó, quiero volver a mi instituto. ¿Por qué Ryutaro si puede seguir en el instituto?

—Por qué el no provoca que la prensa entera este sobre nuestra familia por meses.

 

—¿Él no los avergüenza como yo, es eso lo que quieres decir?

 

Fue inmediato, su padre endureció la mirada sobre Shintaro, pero eso solo logró enfurecer al menor quien solo terminó por mover la silla en la que había estado sentado para empezar a abandonar el restaurante. Las miradas de todos se posaron sobre su mesa.

 

Y su padre, ofuscado como se encontraba había empezado a levantarse.

 

—Tranquilo, padre. Iré yo, ustedes intenten calmarse.

 

Ryutaro, previsor de otro posible escándalo en las calles de aquel lujoso barrio, se había levantado. Limpiando un poco sus manos antes de salir del lugar. Mirando como su madre tomaba de las manos a su padre y trataba de calmarlo.

 

Shintaro siempre ocasionaba ese tipo de problemas.

 

 

 

 

—¿Te has vuelto loco? ¿Por qué has armado todo ese escándalo?

 

Shintaro había sentido la mano de su hermano agarrándolo por el brazo, e instantáneamente se había soltado. Con el entrecejo fruncido y un bufido saliendo de sus labios.

 

—Genial… Mandaron al perfecto Ryutaro a controlarme.

—Si sigues así, jamás volverás a casa. Eres patético.

 

El puño de Shintaro se había levantado de inmediato, con la intención clara de estrellarse violentamente en el rostro de su hermano mayor. Pero conociendo cada uno de esos movimientos, Ryutaro simplemente lo había atrapado con fuerza, cerrando su puño en aquella mano.

 

—Lo repito, eres patético Shintaro. Deja de comportarte como un niño. Tienes dieciséis años, estudias en uno de los mejores internados del mundo. Y tienes todo el dinero que pudieras desear, ¿por qué siempre te andas quejando?

 

—Tú no entiendes, ese internado es un infierno.

 

Shintaro se había soltado, metiendo las manos en los bolsillos de su abrigo, buscando algo al parecer. Y cuando sacó una cajetilla de cigarrillos, con un encendedor que permanecía en el otro bolsillo, Ryutaro solo pudo rodar los ojos.

 

—¿Ahora fumas? Ese internado en vez de corregirte solo te pega malas costumbres. No sé como te han permitido ir allí, claramente no sabrás buscar buenos vínculos.

—¿Vínculos, de que demonios hablas?

 

Shintaro le dio una larga calada a su cigarrillo y Ryutaro solo arrugó un poco la nariz cuando aquel humo llegó hasta su nariz.

 

—Las personas más influyentes tienen a sus hijos en el internado al que tú vas. Esas personas que hoy son tus amigos o compañeros, mañana serán igual de poderosos que sus padres. Y cuando estemos a cargo de las empresas de nuestros padres, esos vínculos nos servirán.

 

—Hablas como si estudiaras en un instituto público, estás en uno privado. Uno exclusivo.

—Si, pero el tuyo es mejor. Y tú no sabes cultivar amistades futuras Shintaro.

 

Justo en ese momento, el menor de los Morimoto solo bufó, con el humo esparciéndose por el lugar, logrando que Ryutaro volviera a poner esa mueca desagradable.

 

—En primera, yo no soy igual de falso que tú, Ryutaro. Que solo busco amistades por lo que valen, no por lo que representan. Segundo, ¿cuántos años tienes? ¿Cuarenta? ¡Vive un poco! Y tercero; no desees algo que no conoces. Ese internado es un asco. Todos son igual de falsos que tú. ¡Oh! Pero que coincidencia, de seguro tú encajarías a la perfección ahí.

 

Shintaro volvió a arrimarse en los barandales de seguridad, con el cigarrillo en las manos. Mirando el reflejo de su imagen en aquel escaparate de ropa en el que se había detenido. Cuando vio el perfil de Ryutaro que aún lo miraba como si fuera un niño. Su mente tuvo una pequeña sacudida.

 

—¿De veras veneras tanto ese internado?

 

Las cejas de Ryutaro se habían levantado. Poniéndose alerta ante el tono insinuante de su hermano y la mirada cargada de manipulación que le acababa de poner.

 

—Lo que sea que se te esté pasando por esa cabeza, Shintaro. NO.

—¿Quieres o no cultivar esas falsas amistades?

—No me interesa.

 

Ryutaro había empezado a caminar de regreso al restaurante y Shintaro sabía que no podía dejar escapar esa oportunidad. Agarró a su hermano por el hombro y lo hizo girar.

 

—¿Por qué siempre eres tan cobarde?

—Soy previsor, en especial contigo. Tú solo pones el nombre de la familia en malos comentarios.

—¡Entonces cambia eso!

 

El grito desesperado del menor había tomado por sorpresa a Ryutaro. Entonces se había soltado de la mano de Shintaro y había optado por cruzarse de brazos y escuchar.

 

—¿Quieres cambiar? ¿Eso es lo que quieres?

—Lo hicimos esa vez que no querías ir a Europa, y nadie se dio cuenta.

 

—No voy a dejar que pongas en tela de duda mi…

—¿Tu perfección? Tranquilo, hermano. Si me sacas ese infierno de encima. Te prometo que seré un angelito bajado del cielo.

 

Ryutaro rodó los ojos, no muy convencido aún. En especial por que Shintaro en verdad parecía emocionado con poder salir del internado. Y Shintaro difícilmente podía comportarse adecuadamente.

 

—No confío en ti.

—Oh, vamos Ryutaro. ¿No quieres rodearte de todos esos futuros herederos?

 

—No es lo único que me interesa.

—¿Qué quieres a cambio?

—El collar de la familia.

 

Inconscientemente Shintaro llevó una mano al collar que justo en ese momento colgaba de su cuello y que era vistoso gracias a la camisa a medio abrir que llevaba puesta bajo el abrigo negro.

 

—Tú ya tienes, el anillo del abuelo. ¿Para que quieres el collar?

—¿Qué te puedo decir? Soy ambicioso.

 

La seguridad parecía haber abandonados los ojos de Shintaro, sostenía aún el collar en sus manos, sobre su pecho, mirando fijamente la expresión confiada de su hermano mayor. Su sonrisa ladina mientras estiraba una mano hacía él.

 

—Pero nadie puede saber que eres Ryutaro.

—Sabré arreglármelas.

 

Inseguro aún. Shintaro empezó a quitarse el collar, lo sostuvo entre sus manos unos segundos más. Sus padres se los habían obsequiado cuando cumplieran los quince. A Ryutaro el anillo, a él, el collar. Las joyas más invaluables de la familia.

 

—Eres un maldito extorsionador.

—Es un intercambio justo si el internado es el infierno que dices que es.

 

El collar, frío y pesado se posó en la mano de Ryutaro con lentitud, logrando que ampliara la sonrisa en su rostro. Y el sentimiento de poder se instara en el pecho. Observando con atención, como Shintaro se despoja de su objeto más valioso solo por él.

 

—Bien, en la noche hablaremos de lo que haremos con exactitud. Volvamos al restaurante.

 

Shintaro no emitió comentario alguno, pero siguió a Ryutaro de regreso al restaurante. Lo conveniente de estar en un lugar tan exclusivo como ese, es que podían usar ese tipo de joyas sin problema alguno. Cuando entraron, Ryutaro sonreía con amabilidad y sus padres lo miraban con reproche.

 

Pero Shintaro solo había suspirado hondamente, al menos no tenía que volver junto a Yabu otra vez.

 

 

 

 

Kota pocas veces andaba por Shibuya.

 

Su padre se lo tenía casi prohibido y las pocas veces que iba era por que simplemente, sus padres se encontraban fuera del país, como el día de hoy. Casualmente Takaki lo había llamado, estaba en una de las discotecas con Yuto.

 

Su mente había espabilado de inmediato, recordando que no era un santo para permanecer en casa durante el último día de vacaciones. Cuando el carro frenó debido al semáforo, ocupado en el celular, Yabu demoró en levantar la mirada y mirar por el vidrio polarizado de su auto  mientras el chofer concentrado en la calle ni le prestaba atención.

 

Justo frente a una tienda de ropa, Yabu reconoció a aquel muchacho que caminaba tras otro, tomándolo por el hombro y haciéndolo girar. Era sin duda Shintaro, con un abrigo negro y una expresión extraña en el rostro hablando con aquel sujeto, que cuando puso su atención en él, hizo que sus ojos se abrieran sorprendidos. Repletos de suspicacia.

 

—¿Shintaro… Tiene un hermano gemelo?

 

Antes de que si quiera pudiera pensar en algo más, el auto había retomado su camino y Kota solo se había quedado observando a aquellos dos hasta que finalmente le fue imposible continuar observándolos. Kota había arrugado el entrecejo y cruzado de brazos.

 

Molesto.

 

Sumamente molesto.

 

Por que Shintaro seguía ocultándole cosas, seguía poniéndolo al margen de su vida. Y eso se tenía que acabar. Por que no, Takaki no tenía razón, no estaba obsesionado con él. Solo no podía soportar el hecho de que para Shintaro sencillamente todo fuera un juego.

 

 

 

 

Chinen miró la imagen que el espejo le devolvía.

 

Y una gran sonrisa atravesó por sus labios, prepotente, altanera, fulminante.

 

—¿Has oído de la historia de Narciso?

 

Las manos de Yamada estuvieron en su cintura, ciñéndose con fuerza a él, apoyando la quijada sobre su hombro y viendo la imagen de los dos reflejada ahí.

 

—¿Aquel que se amó demasiado?

—Exactamente, mí querido Yuri. Deberías controlar ese eufemismo tuyo.

 

Cuando Yuri empezó a reír, presa de las palabras de su amigo, Ryosuke entendió que era en vano intentar razonar con él.

 

—Las vacaciones se acaban hoy. Que aburrido~

—Mírale el lado positivo, Ryo. De esa forma podrás volver a sentirse superior a Yuya.

—Yuya y su séquito de inútiles ya me tiene sin cuidado.

 

Por un breve instante en el que Chinen volvió a entretenerse con la imagen del espejo, no pensó en lo mucho que aquello le importaba. En que Yamada día con día, parecía más interesado en cualquier otra cosa que en destruir al grupito de Takaki, y que él único empeñado en aquello ahora era él.

 

En que podría estarse convirtiendo en una obsesión y quizá no quería admitirlo.

 

—¿Vamos a cenar?

 

Sin esperar respuesta de su parte, Ryosuke lo había tomado por la mano y lo había empezado a jalar fuera de aquella habitación, logrando que los pensamientos de Yuri se desviaran de inmediato. Y olvidara por esos momentos lo preocupante que resultaba que Yuya viajara por sus pensamientos todos los días.

 

Así fuera únicamente para recordar lo mucho que lo detestaba.

 

 

 

 

—Alguna vez escuché que si acaricias a un dragón, tu más ferviente deseo será cumplido.

 

Hikaru sin demasiado interés soltó sus palabras, mirando hacía el oscuro cielo de esa noche y mordiendo la manzana que tenía en sus manos. Como si en realidad no le importara mucho que Keito estuviera a su lado y rodara los ojos despreocupadamente.

 

—¿Tienes una idea que los dragones son seres míticos?

—Lo sé, Keito. Y eso lo vuelve un reto interesante.

 

En esta ocasión, Keito se cruzó de brazos y bufó. Viendo el perfil de su amigo que parecía muy interesado en ver las estrellas de esa noche.

 

—Odio la idea de tener que regresar a esa cárcel.

—No es una cárcel, es un internado.

 

—Una vez que entramos no podemos salir hasta los fines de semana y eso si es que no nos castigan, ¿no es eso una cárcel?

—Te castigan por que no puedes comportarte como un ser racional y te la vives peleando.

 

Al fin Yaotome despegó su mirada del cielo y lo miró, afilando la mirada antes de soltar un bufido sonoro y mirar esta vez hacía adelante, dándole otra breve mordida a su manzana. Compartiendo un silencio extraño en Hikaru pero que Okamoto, agradeció.

 

—Escuché que Nakajima saldrá en otra portada para una revista muy importante.

 

En esta ocasión, Keito a pesar de que intentó no demostrarlo, prestó atención, mirando a Hikaru que ya había cruzado sus piernas y apoyaba los codos en su rodilla derecha, comiendo aquella fruta roja.

 

—Mira que es idiota, sus padres ni ningún padre que manda a su hijo a nuestro internado aprobaría que uno de sus herederos tuviera ese tipo de vida pública.

—Yo creo que es muy valiente.

 

—¿Te has golpeado la cabeza, Hikaru?

—No, pero en serio lo creo. Nosotros tenemos una vida estructurada, podemos hacer lo que queramos, pero al final de nuestro camino nos espera un futuro inevitable. Él esta luchando contra eso.

 

Keito bufó indignado, cruzándose de brazos. No muy seguro de por qué aquel muchacho molesto había llegado a ser su tema de conversación.

 

—Hablas de él como si fuera alguien admirable, pero Nakajima Yuto no es más que un idiota. ¿Acaso no has visto como se comporta en el internado? Es un reverendo imbécil.

 

—Puede que su actitud sea un asco, pero él está haciendo lo que quiere, lo que le gusta. A pesar de tener a toda su familia en contra. A pesar de ser el heredero de una gran cadena de hoteles, le gusta modelar, lo hace, y punto. Eso es admirable.

 

Por la paz Keito prefirió no ahondar más en el tema. Hikaru observó sorprendido que ya se había terminado la manzana y suspiró jugando con ella por unos segundos antes de visualizar el techo de basura, entrecerrar sus ojos y con un solo tiro lograr que esta cayera dentro.

 

—Me he quedado con hambre, ¿vamos por unas hamburguesas?

—Así te diga que no, me vas a arrastrar por ellas, así que ¿para qué preguntas?

—Puro formalismo.

 

Hikaru lo agarró del brazo y Keito renegó unos minutos más antes de que se diera cuenta de que en realidad habían caminado varios metros, Hikaru agarrándolo por el brazo y él dejándose llevar. Keito se soltó inmediatamente, Hikaru lo miró extrañado y luego sonrió.

 

Escondiendo las manos en los bolsillos, Hikaru recordó lo muy poco que le gustaba a Keito que otras personas lo tocaran.

 

Mira que es extraño…

 

 

 

 

Esa mañana de domingo, Daiki se bajó de la limosina en que su padre lo había enviado con una sonrisa orgullosa en el rostro. Arreglando el cuello de la camisa y mirando a su alrededor como el resto de sus compañeros se encontraba reuniéndose de un lado a otro.

 

—Señor, ¿dónde dejo su equipaje?

 

El chofer se había colocado delante de él, Daiki solo había regresado por su celular y arreglado un poco su cabello.

 

—En el edificio este, bloque D.  Pregunta por mi habitación y el tipo que está en la entrada te dará lo necesario, cuando tengas todos los datos me avisas.

 

El hombre había asentido y divertido con encontrar a sus amigos deambulando por ahí, Daiki se marchó, sin despedirse o molestarse en regalarle alguna mirada más a aquel hombre. Y aunque no tuvo que buscar demasiado para encontrarlos, aprovechó el momento para regocijarse con las miradas que robaba al pasar y que agrandaban su ego.

 

Su cabello ahora castaño parecía llamar demasiado la atención y su sonrisa a cada paso se hacía más amplia. Orgulloso de ser él en estos instantes. Cuando divisó a Yuya, Kota y Yuto sentados sobre las mesas del jardín principal, caminó un poco más rápido hasta poder lanzarse sobre la amplia espalda de Yuto quien apenas soltó un jadeo de sorpresa.

 

—Mis buenos amigos, que gusto verlos.

 

Yuya fue el primero en asentir, sacudiendo sus cabellos y Kota solo negó levemente.

 

—Mira que eres desconsiderado Daiki, largarte todas las vacaciones a Europa, y no aparecer hasta ahora.

—Ah… Ese es el resultado de la buena vida. Además mi ausencia seguramente no le impidió que se divirtieran, ¿verdad?

 

Tomó a Yuto de la quijada logrando que lo mirara, y él solo le sonrió ladinamente. Daiki acortó las distancias, en un breve beso que consistió en juntar sus labios y jalar apenas un poco el labio inferior del menor que en esos momentos volvía a sonreír divertido.

 

—Bienvenido, Arioka.

—Ya te he dicho que no me llames por el apellido.

 

Yuya volvió a rodar los ojos, exhalando un poco de aire, logrando que el cabello en su frente se levantar un poco.

 

—¿No vas a saludarnos?

 

Y Daiki comprendió las palabras de Yuya como una petición disimulada, así que soltó a Yuto y caminó hasta el mayor, colocando las manos en su cuello y besándolo igual de brevemente que lo hubiera hecho con Yuto, repitiendo el mismo proceso con Kota.

 

—Camino para acá, vi tu imagen en un par de vallas, ¿cómo así no te han desheredado Yuto?

—Soy su hijo único no les conviene.

 

El comentario despreocupado por parte del menor del grupo logró hacerlos reír, observados como siempre desde lejos por los demás estudiantes. Uno de los grupos más populares del internado permaneció ahí. Presas de adoración y veneración que conscientemente se atribuían.

 

 

 

 

Shintaro se removió un poco incómodo dentro del auto.

 

Callado como pocas veces y con aquella gorra en la cabeza y sus gafas oscuras, ocultando el leve nerviosismo que lo recorría, mientras Ryutaro se veía sumamente tranquilo frente a él, mirando el camino repleto de árboles que su viaje hacía el internado le proporcionaba.

 

—¿Estas seguro de que esto va a funcionar?

—Shintaro, sinceramente él más preocupado aquí debería ser yo. No puedes dejar que nuestros padres se den cuenta del cambio, sería bueno que empezaras a dejar de vestir tan… Informalmente.

 

—Entonces tú deberías dejar de vestir TAN formalmente.

—Nuestros padres no van a estar en el internado.

 

—Como sea… De todas formas ellos salen el martes de viaje por un buen tiempo. Siempre es así, prácticamente vivías solo, así que creo que puedo arreglármelas hasta que se vayan.

 

Ryutaro no pareció muy convencido, pero aún así solo levantó los hombros y siguió con la quijada apoyada en su mano derecha, observando el camino hasta el internado que su hermano tanto detestaba.

 

—¿Tus amigos no se darán cuenta?

—¿Keito y Hikaru? No lo sé, tampoco he hablado con ellos, solo ten cuidado con Keito es muy perspicaz. Pero generalmente esos dos siempre andan en su mundo.

 

Cuando el auto se estacionó, Shintaro respiró profundo, antes de abrir la puerta del auto y bajar. Escuchando como el chofer se encargaba de bajar el equipaje.

 

—¿Qué hay de tus amigos, Ryutaro?

—Gente sin importancia, no soy muy cercano a alguien. Pero si se conservar la suficiente conexión entre amistades que me serán importantes, así que mantente a la altura. Y compórtate.

 

Shintaro solo rodó los ojos y vio como su hermano empezaba a arreglar el cuello del largo abrigo negro que llevaba puesto. Observó la cadena que llevaba y soltó un pequeño suspiro, con un solo pensamiento en mente.

 

Valió la pena… Con tal de salir de este infierno… Lo vale

 

Fueron unos pocos minutos tratando de cuadrar comportamientos y costumbres. Personas cercanas y profesores para que nadie sospechara. Minutos agregados a su charla de la madrugada en la que casi no habían dormido planeándolo todo.

 

Cuando el chofer bajó del edificio, acotando que ya había dejado todo el equipaje en la habitación del joven ‘Shintaro’ ambos lograron respirar profundo, asintiendo débilmente para que el chofer volviera a ingresar al auto.

 

No acostumbraban a tocarse o demostrar cariño más allá del necesario, pero impulsivamente Shintaro había optado por abrazar a su hermano mayor y aferrarse a aquel gesto unos segundos, tragándose el ‘gracias’ que pugnaba por salir de su boca.

 

—Nos vemos en las vacaciones semestrales.

 

Ryutaro nunca le devolvió el abrazo, únicamente le contesto con aquellas frías palabras y Shintaro creyó que eso era lo mejor. O todo hubiera sido muy extraño. Dispuesto a ingresar al auto una vez más, Shintaro apretó con fuerza la puerta y decidió girar una vez más hacía su hermano mayor.

 

—Ryu…Shintaro.  Solo ten cuidado con un tipo llamado Kota Yabu, ¿de acuerdo?

—¿Quién es?

—Un tipo de tercero. Último año, es un tanto… Insoportable.

 

Ryutaro no pudo medir muy bien el peso de aquellas palabras, especialmente por que Shintaro al final únicamente subió al auto y este arrancó casi de inmediato. Ajustó el abrigo a su cuerpo y suspiró, esperando no encontrarse con nadie conocido y que la situación de paz que tenía fuera arruinada por tener que fingir ser el desobligado, impulsivo y sociable Morimoto Shintaro.

 

 

 

 

-¿Lo escuchaste? Dicen que Inoo Key se fugó con una tipa seis años mayor a él en las vacaciones.

 

Yuto se había inclinado un poco, observando la expresión de sus amigos, mientras caminaban por los pasillos del instituto. Yuya había soltado una pequeña risita. Kota solo había arreglado su cabello y Daiki había arrugado en el entrecejo antes de rodar los ojos.

 

-Por favor… ¿Inoo? ¿Ese muchacho casi antisocial que no habla con nadie más que con sus patéticos amigos?

-No lo subestimes Daiki, a lo mejor ese aire misterioso llamó la atención de esa mujer. Pero se imaginan, ¿salir con alguien de veintitrés? De seguro una universitaria

 

Yuya empezó a hablar de lo poco emocionante que eso le resultaba, con Kota explicando las razones por las que era mejor pervertir a alguien que ser pervertido a pesar de la inminente oportunidad de aprender cosas nuevas que podían resultar interesantes. Logrando en Yuto risas esporádicas ante la extraña conversación.

 

Conversación, en la que inusualmente, Daiki no quiso estar muy involucrado.

 

Pero justo en el momento en que sus pies se colocaban en la entrada del instituto, aquel auto azul convertible se estacionaba frente a ellos. Key venía conduciendo, con aquellas gafas de sol en el rostro, y una expresión fría que denotaba el poco interés que su presencia le provocaba.

 

Atrás venían Ryosuke y Yuri, conversando animadamente aún sin fijarse en que todos los observaba y que por supuesto los cuatro frente a ellos también se habían detenido un momento para observarlos. No fue hasta que Takaki empezó a bajar los pocos escalones de la entrada cuando finalmente aquellos tres optaron por bajar del auto.

 

Inoo sencillamente continuó con su expresión parca, colocando el seguro al carro y caminando hacía el interior del instituto, pasando entre ellos sin detenerse a mirarlos un segundo. Como si fueran invisibles de repente.

 

Fue Ryosuke quien se ganó la mirada de odio por parte de Takaki, cuando al pasar entre ellos tomó la mano de Chinen y la apretó con fuerza, con la seguridad de saber que no sería rechazado y que Yuri incluso hasta le regalaría una sonrisa.

 

Satisfecho con la mirada que recibió, Ryosuke caminó por el mismo camino que Key hubiera atravesado, suponiendo que justo en ese momento, Kota estaría colocando una mano en el hombro de Yuya, pidiéndole que guardara la calma.

 

E internamente, Chinen disfrutaba también de ese retorcido regocijo.

 

 

 

 

Un par de horas después, Ryutaro miraba satisfecho su habitación.

 

Le había tomado una hora más o menos arreglar todo, pero había sido todavía más difícil no tener que abrir la puerta, colocar una sonrisa y saludar a todo cuanto llegaba para saludarlo e informarle de sabrá Dios que fiesta de bienvenida.

 

Así que en eso, se le habían ido más o menos dos horas.

 

-Lo extraño es que los dichosos amiguitos de Shintaro no hubieran llegado.

 

Murmuró sus palabras cuidadosamente, lanzándose en la cama boca arriba y respirando hondamente debido al cansancio que tenía, pero con una sonrisa en los labios. Cuando escuchó la puerta abrirse se sentó inmediatamente, nadie había osado abrirla sin tocar antes.

 

Y cuando aquel muchacho alto y de cabellos castaños estuvo frente a él, arrugó el entrecejo.

 

-Mira que eres un desconsiderado Shintaro, te hubiera agradecido una sencilla llamada diciendo ‘Kota ya estoy en el internado, ¿nos vemos?’ Tuve que enterarme por otros que ya estabas instalado.

 

Las memorias de Ryutaro se sacudieron velozmente ¿Kota? ¿Él era el Kota Yabu del que su hermano le había advertido? Pronto, descubrió el por qué de esa advertencia, Yabu se escurrió entre sus piernas, arrodillado sobre la cama, demasiado cerca de su rostro y con una sonrisa seductora y sus cabellos oscuros ya algo entreverados con los de ese muchacho.

 

-Te extrañe pequeño Shintaro.

 

Todavía no terminaba de reaccionar a esa extraña cercanía, cuando los labios de aquel muchacho lo tomaron desprevenido y empezaron a apoderarse de su boca con una experiencia abrumante que lo hizo cerrar los ojos y comprimir un gemido que estuvo por escapársele cuando una mano se coló por debajo de su camisa y tocó lascivamente su espalda.

 

Por que estaba experimentando algo tan sensual, que por un instante sus instintos se nublaron, antes de caer en cuenta que aquel que lo besaba voraz y sensualmente. Era un chico, aquel chico que su hermano le había advertido que tuviera cuidado.

 

 

Soy adicto a ti, necesito una dosis.

Te has apoderado de mí. Y  he dejado de ser yo.

 

 

Fin del primer Síntoma.

 

 

 

Primer capítulo! xD

 

Espero que les haya gustado. La canción es de Kelly Clarkson. Addicted.

 

5 comentarios sobre “Precendentes: primer sintoma

    Tsuki escribió:
    21 septiembre, 2011 en 23:39

    Me gusta, me gusta, aunque aun me confundo un poco con algunos nombres pero me esta gustando mucho.

    Me gusta

    Denisse Romero (@YuukiNii) escribió:
    24 septiembre, 2011 en 20:20

    WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!
    ….
    ….
    WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!! yabutaro!!! yabushin(?)
    ;O; no sabes cuento te amo por este fic, amo a la gente que escribe tan cool, y tú escribes tan cool :’D así que estoy ultra feliz. Además de ser YabuTaro e InooDai y todos (la mayoría) son tan put*s :’D me encanta, de verdad me encanta, lo malo es que lo estas comenzando ._. es ultra desesperante esperar la continuación ;O; por eso, por favor no tardes, estoy impaciente por leer ese yabutaro, impaciente… IMPACIENTE!!!!! me volvere loca!! mi obsesión (yabutaro) siendo parece principal (así lo veo) en el fic. Yabu obsesionado con shintaro, que es igualito a ryutaro -¬- es sensuaaaaaaal, muy sensual!!! te amé, en verdad. Quiero continuación ;O;

    YABUTAROOOOOOOOOOOOOOOOO!!!! ONEGAI!! NO TARDES!! O MORIRE!!! ya me obsesioné.

    Me gusta

    Paoo inoue escribió:
    24 septiembre, 2011 en 22:36

    ooohh wa me encantomlo recomendare mucho owo solo que me confundio cunado escribiste key pense en el de SHINee y luego asi de NOOO es keii inoo kei de los JUMP

    Me gusta

    Satommy escribió:
    30 septiembre, 2011 en 2:03

    asdasdsadsa es Inoo Kei ;3;! Con i pero sadadsdasasd
    dejando eso de lado, en verdad escribes demasiado bien
    y demasiado genial y asdasdsad yo quiero la continuación D:!
    Por favor XDD!
    Di que si ;D!

    Me gusta

    yojas escribió:
    30 septiembre, 2011 en 18:13

    se me encanto xD me super encanto jojo jo justo cuando pense que despues de 6 horas de mate aburririan mi vida conti.

    Me gusta

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