Entre el cielo y la tierra: capitulo 3

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Entre el Cielo y la Tierra

Memorias Efímeras

..:: 3 ::..

 

 

 

Una mañana de Octubre.

 

Yunho pisó por primera vez en su corta vida, una iglesia.

 

No podía descifrar a ciencia cierta lo que ese lugar era, mientras daba pequeños pasos por el lugar, entre las bancas que había y la gente que arrodillada, cerraba los ojos. Yunho sintió algo muy parecido a la paz.

 

No es como si fueran muy religiosos, o como si de pronto lo considerara algo de hacerlo siempre, pero Yoohee encontró necesario, ir unos momentos al menos, con su pequeño milagro entre los brazos, entre el silencio del lugar. Y el resto de personas que compartían esa armonía con ellos.

 

Junsu se sentó en una de las bancas, moviendo sus pies que aún no llegaba al suelo. Observando divertido el suelo del lugar. Seungho solo se sentó junto a su esposa, compartiendo un momento de paz y silencio. Solo eso.

 

Yunho en cambio miraba asombrado el montón de figuras que había, y que él desconocía, cuando sus ojos enfocaron a unos seres hermosos, con alas blancas y majestuosas, abrió la boca con sorpresa y caminó por inercia hasta ellos.

 

Admirando, escrudiñando con la mirada.

 

—Yunho, ¿qué haces aquí? Vamos con papá y mamá.

 

Junsu lo agarró por el brazo, pero él apenas y se movió, contemplando aún esas grandes imágenes de ángeles que había frente a él.

 

—Solo un momento, Junsu. Déjame verlos un momento más.

 

Junsu sonrió, suavemente. Contemplando así, a la imagen de aquel hombre rubio con alas en la espalda.

 

—En verdad te gustan los ángeles, ¿no?

—…Si.

 

Yoohee miró desde su lugar la forma repleta de devoción, con la que Yunho observaba la imagen de aquel ángel, contagiando incluso a Junsu de que se mantuviera quieto un instante y observara la imagen también.

 

El bebé en sus brazos movió las manos, en respuesta a las muecas que su padre hacía para llamar su atención. Yoohee regresó su mirada a Seungho y suspiró.

 

—Hemos estado un poco distraídos por todo esto del nacimiento de Changmin, pero es hora de que intentemos averiguar de dónde es Yunho. Sus padres seguramente lo buscan con locura.

 

Seungho detuvo sus juegos con el pequeño en brazos de su esposa y asintió, mirando sorprendido que Junsu estuviera tan tranquilo en compañía de Yunho. Como pocas veces lo estaba.

 

—Creo que tienes razón, aunque inevitablemente Junsu hará una rabieta cuando Yunho se vaya.— Yoohee le regaló una sonrisa y él solo reforzó sus palabras con un asentimiento. –Lo va a extrañar mucho.

 

—Lo vamos a extrañar todos, incluso el pequeño Changmin.

—Si, tienes razón.

 

Yoohee jaló los dedos del bebé que empezó a reír divertido y Seungho suspiró.

 

¿Era egoísta desear que el muchacho estuviera solo?

 

Por que Seungho sentía a Yunho en esos pocos días, como alguien parte de su familia. Alguien que encajaba a la perfección con ellos, y que al irse, dejaría una herida muy profunda en ellos.

 

 

 

 

Jaejoong ese día optó, por primera vez en días. Volver a pasear por las pequeñas veredas del cielo, con sus pies recorriendo el lugar, y la sonrisa algo apagada en el rostro.

 

Suspiró por enésima vez, usualmente caminaba junto a Yunho, conversaban, reían y Yoochun los divertía con alguna de sus tonterías. Los tres siempre habían sido muy unidos, pero desde el incidente con Yunho. Jaejoong casi ni veía a Yoochun.

 

Apenas sabía de él, por lo que escuchaba de sus padres, por que últimamente parecía más hiperactivo que antes, saltando de un lado a otro, leyendo libros, haciendo anotaciones, como si intentara descubrir algo importante.

 

Muchos pensaban, que era tal vez, algo que le devolviera a su amigo.

 

Jaejoong no quería llenarse de esperanzas vacías, no cuando ni los adultos podían hacer algo por Yunho, menos aún, cuando ya se había anunciado, que por ningún motivo Yunho podría subir, y que era ahora, un humano más.

 

Extrañaba a Yoochun, extrañaba a Yunho.

 

Jaejoong extrañaba impetuosamente su vida de antes.

 

Había dejado de llorar día tras día, pero eso no disminuye el dolor en su alma. El pecho aún duele, rasgando su fracturado corazón. Jaejoong ya no llora, pero la pena esta tatuada en su piel, y los suspiros son ahora, su medio de consuelo cuando el alivio lo abandona.

 

Y si bien ya no llora, tampoco sonríe.

 

Al menos no con tanta regularidad. Entonces, piensa Jaejoong. Es cuestión de tiempo. A que ese dolor de alguna forma cicatrice y entonces pueda al menos continuar. Por eso ha optado por obedecer a su madre y salir un momento a caminar.

 

El ruido seco de un cuerpo cayendo contra el césped llama su atención. Jaejoong gira curioso y descubre a Yoochun levantándose torpemente, limpiando un poco sus rodillas y levantándose con más dificultad. Sus alas se sacuden, Yoochun está despeinado y luce cansado.

 

Pero su amigo se yergue, con la respiración un poco irregular aún. Agita sus alas con fuerza, y comienza a elevarse en el suelo. Jaejoong abre sus ojos en extremo. Ellos aún no pueden volar, son demasiado pequeños para hacerlo.

 

Sin embargo Yoochun, para su sorpresa, se eleva varios metros en el suelo, casi hasta la copa de aquel árbol en el parque vacío. Yoochun suda, con una expresión agotada en el rostro mientras intenta elevarse un poco más.

 

Pronto ese cuerpo pierde fuerza y cae estrepitosamente sobre el césped, a Jaejoong le duele incluso verlo caer de esa forma, a pesar de todo Yoochun pone las manos en el césped y vuelve a intentar levantarse.

 

Los pies de Jaejoong corren hacía él, lo más rápido que puede, y sus manos se posan sobre los hombros de su amigo.

 

—Yoochun, ¿por qué estas haciendo esto? Te vas a lastimar. Sabes perfectamente que no podemos volar hasta los doce años, cuando nuestras alas se desarrollen por completo. Si sigues así terminarás por lastimarte gravemente.

 

Yoochun lo mira indescifrablemente para Jaejoong, es la primera vez que vuelven a verse desde que Yunho cayó. Afortunadamente Yoochun parece entender y se sienta, justo frente a él, en la gran extensión de césped.

 

—Quiero llegar hasta el lugar en que Yunho cayó. He estado leyendo y averiguando. Aunque me es muy difícil por que apenas estoy aprendiendo a leer. Pero quiero saber que puedo hacer algo por él.

 

Yoochun de pronto aprieta sus puños, con la cabeza agachada y a punto de llorar frente a los ojos de Jaejoong.

 

—Lo siento mucho, Jae. Debí estar ahí, si hubiera estado nada habría pasado. Yo… Lo siento mucho.

 

Jaejoong solo estiró sus brazos hacía él y lo abrazó con fuerza, con sus pequeños brazos que apenas rodeaban el cuerpo de su amigo. Y él solo sollozo un poco sobre sus hombros. Jaejoong solo cerró sus ojos, se había prometido no llorar, al menos no tan seguido.

 

—No podrás volar hasta los doce, Yoochun.

—Déjame intentar hacer algo al menos.

 

Yoochun era consciente de que las esperanzas eran casi nulas. Pero así como Jaejoong podía pasar horas mirando por la ventana de su habitación, aquel lugar donde solían jugar los tres. Él podía pasar horas intentando volar, para poder llegar hasta Yunho.

 

Así que se levantó, agitó sus alas y volvió a elevarse como pudo, con un dolor casi entumecido en los omóplatos. Particularmente le dolía más el hombro izquierdo, que el derecho. Pero a pesar del esfuerzo, Yoochun volvió a caer contra el suelo y esta vez l resultó más difícil poderse levantar.

 

Colocó las manos sobre el césped, respirando algo agitado. El sonido de unas alas agitarse bruscamente lo tomaron por sorpresa, Jaejoong se elevaba, apenas un poco más alto que él. Pero similar a lo que a él le sucedía, Jaejoong perdió la fuerza y cayó a unos centímetros de distancia de él, por supuesto menos cansado.

 

—Vamos a intentarlo, pero vamos a intentarlo juntos Yoochun.

 

Cuando escuchó las palabras de Jaejoong, Yoochun no pudo evitar que su vista se nublara, y aunque ninguna lágrima salió de sus ojos, él sabía que hay estaban. Que ambos lucharían por buscar a su amigo, y que de algún modo esa conexión entre los tres jamás desaparecía.

 

Unos segundos después, ambos volvieron a intentar elevarse, con el infructuoso resultado de no alejarse más de cuatro metros del suelo. Pero, aún así, siguieron intentándolo, una y otra vez.

 

 

 

 

—Bebé… ¿Nos entiendes? Bebé~

 

Junsu jugaba con un muñequito en las manos, parado en un pequeño banquillo sobre la cuna de su hermanito. Sacudiéndolo divertido, solo para que el pequeño Changmin levantara los brazos y sonriera divertido.

 

Yunho junto a él, observaba a Junsu y Changmin. Apoyado en el borde de la cuna.

 

Changmin tenía ya dos meses, y había resultado un bebé demasiado ágil para su corto tiempo de vida, aún así a Junsu parecía entretenerle mucho hablarle y fingir que le entendía.

 

—Haber, bebé… Toma mi mano.

 

Junsu dejó el muñeco de lado, y estiro su mano hacía Changmin quien con esfuerzo tomó entre sus manos el dedo índice de Junsu quien amplió su sonrisa al ver que aparentemente Changmin le obedecía.

 

—¿Viste eso Yunho? ¡Changmin me entiende!

 

Yunho solo rió divertido con la emoción que Junsu desbordaba en esos momentos, así que cuando Changmin empezó a balbucear un par de cosas, Junsu pegó un pequeño gritito aún más emocionado.

 

—¡Ahora tú, Yunho! Toma su mano.

—¿Eh? No… yo… es muy pequeño. Me da miedo lastimarlo.

—Oh, no seas tonto. Solo estira tu mano hacía él.

 

Junsu lo incitó con un pequeño empujón y Yunho algo dudoso todavía estiro su mano con cuidado. Los ojos del pequeño Changmin lo enfocaron de inmediato. Esos ojos que siempre se deslizaban con curiosidad de un lado a otro cuando estaba en una habitación diferente.

 

Esa pequeña mano aferró con fuerza su dedo índice. Con demasiada tal vez, pero Yunho solo exploró una sonrisa confortante. Hasta que claro, un choque eléctrico que nació de su contacto y se extendió por todo su cuerpo lo hizo saltar asustado, cayendo al suelo dentro de la habitación del bebé.

 

Changmin empezó a llorar, tan fuerte que Junsu bajó de los pequeños escalones asustados al no saber lo que acababa de ocurrir.

 

—Yunho, ¿qué te pasó?

—No lo sé. Fue extraño, cómo si me hubieran dado choques eléctricos.

 

Junsu arrugó el entrecejo confundido, y pronto Yoohee entró por la puerta, alertada al haber escuchado el llanto del bebé. Pero con un tono amoroso en la voz, se acercó al pequeño Changmin y lo levantó en brazos.

 

—¿Qué sucedió pequeño?

 

El llanto del bebé pareció calmarse poco a poco en brazos de su madre y tanto Junsu como Changmin suspiraron aliviados.

 

—¿Qué paso?

 

Yunho iba a responder con la verdad, pero Junsu puso una mano sobre su rodilla y se le adelantó.

 

—No sé, mamá lo estábamos viendo y de pronto empezó a llorar.

 

Mentir es malo, Yunho lo sabe perfectamente. Junsu lo acaba de hacer, pero él no es una mala persona. Junsu acaba de mentir, pero fue para que él no se metiera en problemas. Yunho entonces se siente un poco confundido.

 

Pero Yoohee lo saca de sus pensamientos, con una amable sonrisa en los labios.

 

—Yunho por favor, ve a la cocina un momento. Queremos hablar contigo.

 

Junsu saltó inmediatamente, parándose frente a Yoohee, con los brazos estirados.

 

—Mamá él no tuvo la culpa.

—Tranquilo, amor. No es por eso, es algo importante que debamos hablar y ya hemos atrasado por mucho tiempo. Quédate con Changmin un rato, ¿si?

 

Junsu no parece muy convencido mientras ve a Yoohee dejar a Changmin en la cuna, aparentemente algo dormitado, peor aún cuando la ve tomar a Yunho de la mano y salir de la habitación.

 

Junsu es consciente de que Yunho tiene una familia, y que algún día se irá. Pero se ha acostumbrado tanto a él, lo quiere incluso, como un hermano más y no quiere que se vaya. Así que cuando su madre le pide que baje a hablar, solo los tres.

 

No puede evitar entristecerse.

 

 

 

 

 

—Yunho te presento a Hangsul, es hermano de Seungho y trabajaba en la policía.

 

Yoohee aún sostiene su mano, pero Yunho solo logra asustarse un poco, ¿qué pudo haber echo tan mal como para que llamaran a la policía? ¿Había sido por hacer llorar a Changmin? Si era por eso, Yunho prometía nunca más dejar que eso pasara.

 

Sin embargo, Seungho estiró una de las sillas, permitiéndole sentarse junto a él, mientras Yoohee se sentaba del otro lado. Todos frente al policía, que le sonreía abiertamente.

 

—Bueno, mucho gusto, Yunho. Es un placer conocerte en persona al fin.

—Muchas gracias, igualmente.

 

Yunho asintió educado, y Hangsul sonrió enternecido por esa aura pacífica y repleta de dulzura que el pequeño destilaba.

 

—Dime, ¿cuál es tu nombre completo?

—Yunho.

—Si, pero ¿y tu apellido?

 

Se encontró de nuevo en la disyuntiva más difícil de todas. Por que no debía mentir, sin embargo no había posibilidades de que decir la verdad fuera mejor. Así que agachó la cabeza, con su rostro triste, logrando que Seungho colocara una mano sobre su hombro.

 

—¿No lo recuerdas Yunho? ¿O tus padres no te dieron un apellido?

—Yo… no lo sé… no los recuerdo.

 

Fue un breve instante en el que los adultos cruzaron miradas, algo preocupados en realidad. Por lo que Hangsul volvió a retomar la palabra, con un lápiz entre sus manos.

 

—¿Entonces no recuerdas dónde vivías antes?

 

Yunho movió la cabeza negativamente, con sus puños apretados sobre las rodillas.

 

—¿Has vivido todo este tiempo solo?

—No… no lo sé… no lo recuerdo…

 

Mentir era más difícil de lo que pensaba. Aun más con todos los prejuicios que bamboleaban en su mente. Sin embargo. Yoohee tomó una de sus manos y la apretó con fuerza.

 

—¿Lo ves Hangsul? Es como si de pronto hubiera aparecido de la nada. Esta solo en el mundo.

 

El hombre asintió, haciendo un par de anotaciones en la libreta. Y luego le sonrió a Yunho, con toda la tranquilidad que pudo reunir.

 

—Bien, Yunho. Muchas gracias.

—Ve con Junsu. Ayúdalo a cuidar a Changmin y dile que no haga mucho ruido que se puede despertar.

 

Yunho asintió, levantándose de su asiento y caminando hacía las escaleras. Seungho suspiró largamente en cuanto el muchacho abandonó la cocina.

 

—¿Qué piensas Hangsul?

—Pues es un niño completamente sano. ¿Lo llevaron al médico?

 

—Hace unas semanas. No tiene contusiones en la cabeza, o alguna enfermedad, o anemia, desnutrición, absolutamente nada. Esta en perfecto estado físico y mental. Goza de una salud envidiable… Excepto por…

 

Yoohee mordió su labio inferior y Seungho tomó una de sus manos, mirando a los ojos a su hermano.

 

—Yunho tiene unas pesadillas muy extrañas. A veces son tan fuertes que se lanza a llorar por horas, diciendo que no quiere caer, y otras cosas igual de extrañas. Pero a parte de eso, es un muchacho espléndido, es atento, educado, muy dulce.

 

—Hangsul, por favor… No lo queremos perder.

 

El hombre vestido de policía suspiró. Mirando las anotaciones en su libreta.

 

—Es un caso muy extraño, este niño no parece tener ni pasado ni presente. Ya busqué entre los avisos de niños desaparecidos, foto por foto. En registros y nada. Aunque mucho no puedo hacer sin conocer su apellido.

 

—Es por eso que te hablamos hace unas semanas, por que creímos que lo estarían buscando sin descanso.

—¿Y por qué me pidieron que no le dijera a nadie más de él?

 

Seungho y Yoohee compartieron una breve mirada, antes de enfrentar al mayor y retomar la conversación.

 

—Sucede que en caso de no encontrar a nadie más para Yunho, queríamos adoptarlo.

—Pues me parece fabuloso de su parte, pero si saben que primero tienen que dejar que lo llevemos a un orfanato y de ahí iniciar los tramites, ¿verdad?

 

—Es que eso es precisamente lo que queremos evitar, no queremos que Yunho vaya a un orfanato. Los niños pueden ser muy crueles y pueden lastimarlo por lo de sus pesadillas y esas cosas. No quisiéramos tampoco que haya algún inconveniente y nos nieguen la adopción.

 

Hangsul negó vehementemente, cerrando la libreta en sus manos. Y con una expresión seria en el rostro.

 

—Imposible, la ley dicta que el menor debe ser llevado a las autoridades para luego dejarlo en un lugar seguro, un orfanato claro está. Hasta que si desean puedan adoptarlo. No puedo ayudarlos con eso.

 

—Por favor, Hangsul. Sabes perfectamente que no hacemos esto por que queramos romper las reglas. Solo te estamos pidiendo que omitas el hecho de que conoces de la presencia de Yunho, hasta que podamos registrarlo como nuestro hijo.

 

Yoohee lo miró con aprensión y Seungho solo suspiró, sosteniendo con más fuerza las manos de su esposa. A gracia de la espera de una respuesta.

 

—¿Y si la familia del niño aparece?

—Llevas buscando a su familia por semanas y no has podido dar con ellos. Él estará bien con nosotros.

 

—No es así de fácil.

—Solo queremos lo mejor para él, no tiene a nadie. Hangsul por favor.

 

Y ese tono de súplica en la voz de su hermano, hizo que el hombre empezara a doblegarse de a poco. Tomó sus cosas y se levantó.

 

—Debo ir a trabajar. En un mes salgó para China por asuntos del trabajo; Así que dígales a sus tres hermosos hijos que se porten bien, nos veremos en las fiestas de navidad.

 

Fue de inmediato Yoohee amplió su sonrisa de una manera grandiosa. Seungho se levantó de su asiento y abrazó con fuerza a su hermano. Con toda la que podía, con la paz de saber que Yunho podía quedarse en su casa esta vez sin la palabra ‘temporalmente’ de por medio.

 

Cuando Hangsul recibió el abrazó de Yoohee, supo que estaba haciendo lo correcto. Por que Yunho no podía haber encontrado un mejor hogar. Y él solo callaría por su felicidad, y la de toda esa familia.

 

 

 

 

Desde su lugar, Akira permanecía sentada, en aquel trono sobre las escaleras finales, con la mirada fija en algún lugar, sin demasiadas expresiones su rostro. Con la vertiginosidad de sus pensamientos deambulando de un lado a otro.

 

Se mantuvo así por un largo rato.

 

Desde que el padre del pequeño Yunho hubiera llegado hasta ellos a pedir una oportunidad para verlo. Akira intentaba encontrar alguna forma en la que pudieran hacerlo sin que tuvieran que romper las reglas.

 

Y aún así era algo casi imposible.

 

Trataba que sus recuerdos viajaran a todas las normas, las excepciones, todo lo aprendido en tantos años de vida, y aún así nada pasaba por su cabeza, nada que pudiera levantar al menos un poco la esperanza de aquella familia destrozada.

 

Lo más lamentable de todo era que algo importante estaba por pasar.

 

Se encontraba en una lucha contra reloj.

 

Por que pronto la vida del pequeño Yunho daría otro giró, aún más permanente y trascendental como para que sus padres volvieran siquiera a verlo otra vez. Akira debía pensar pronto en una opción.

 

Antes de que Yunho fuera un mortal más.

 

Luego de eso, ni Geun ni Seenwoo podrían volver a verlo.

 

 

 

 

Al siguiente día, habían ido al supermercado.

 

Como siempre Seungho y Yoohee caminaban con el carrito de compras por los pasillos, escogiendo los alimentos necesarios, con la niñera a unos pasos de ellos, cuidado al pequeño Changmin.

 

Y por supuesto Junsu arrastraba  a Yunho de un lado a otro, entre la zona de la juguetería, entre divertido y asombrado con los nuevos juguetes que habían y que su padre no le compraría por que tenía demasiados juguetes nuevos ya.

 

Yunho encontró confortante esa salida, por que le gustaba cada que iba al centro comercial, mirar al montón de familias que pasaban de un lado a otro y sentir que más o menos pertenecía a una.

 

A pesar de que de algún modo había logrado bloquear ese dolor interno por la perdida de sus padres, sus amigos, su vida, y su futuro. Sin embargo Junsu aparecía con una sonrisa, y todo parecía ir mejor.

 

Por que le recordaba que ahí estaban Yoohee y Seungho. Con el pequeño Changmin entre sus brazos y Yunho volvía a sentirse en casa, aunque no fuera lo mismo. Pero su ser se regocijaba al saber que no estaba tan solo.

 

Hubo un corto momento en el que Junsu se le perdió de vista, Yunho giró asustado por que tampoco veía por ninguna parte a Seungho, Yoohee o Sully con Changmin en bazos. Miró de un lado a otro y cuando un adulto tomó su mano volvió a asustarse.
A punto de gritar por ayuda, pudo reconocer a Rain, que vestido de negro lo jalaba hacía algún lugar, así que solo por ese momento se dejó guiar.

 

—Eh… ¿Rain, qué sucede?

—Tengo que mostrarte algo.

 

—Pero se pueden preocupar por mí y…

—Me tiene sin cuidado.

 

Yunho abrió sus ojos con sorpresa, sintiendo que Rain lo jalaba con más fuerza. Hasta que finalmente se detuvo, mirando de un lado a otro. Buscaba a alguien, eso era evidente para Yunho, y aunque instintivamente miró de un lado a otro también luego lo encontró inútil cuando recordó que no sabía a quien buscaba a Rain.

 

Volvió a jalar de él, y Yunho supuso que Rain ya había encontrado a esa persona. Sin embargo se quedaron en una de las estanterías. Fingiendo que veían unos tarros de pintura.

 

—La razón por la que los humanos no deben saber de nosotros es por que no tienen la capacidad de aceptar algo que está más allá de los límites, más allá de ellos o su entendimiento.

 

—¿A qué te refieres?

—A que jamás te atrevas a cometer la estupidez de decir que eres un ángel.

 

Yunho abrió la boca dispuesto a refutar, pero calló cuando recordó que había estado tentado muchas veces a decir la verdad.

 

—Mira…

 

Había un empleado a unos pasos de ellos, anotaba algo en una libreta mientras revisaba los productos en la estantería. Sin embargo Rain sopló sobre su mano en dirección a aquel muchacho. El humo negro que se extendió de esos labios hizo que Yunho abriera un poco más los ojos.

 

Atento a lo que sucedería.

 

Aquel humo llegó hasta el muchacho pero no lo tocó, pareció desvanecerse ante la presencia de una barrera invisible. Yunho arrugó el entrecejo confundido. Y Rain recuperó su postura correcta.

 

—Él también es un ángel caído. Cayó hace muchos años. Son fáciles de identificar, al menos para los que no son humanos. No hay muchos ángeles caídos, pero existen.

 

El muchacho giró, mirando justo hacía ellos, pero no directamente como si hubiera sentido algo que llamó su atención, pero no estaba muy seguro de haber sido así.

 

—Lo que sucede es que con el tiempo terminan adaptándose al mundo humano, olvidan, fingen traumas o se obligan a olvidar. Usan sus últimas capacidades como ángeles en eso, en perder la memoria para intentar tener una vida.

 

—¿Él ya no recuerda que es un ángel?

—No, ni siquiera sabe que es eso que ha sentido, solo cree que es un lapsus y ya. Lastimosamente tú desperdiciaste tus últimos recursos en ese humano que debía morir.

 

—Es un bebé merecía la vida.

—Te sorprendería lo que hacen muchachitas de la edad de tu niñera con bebes que aún llevan en su vientre, pero no debes saberlo, al menos no todavía.

 

Yunho solo siguió observando a aquel muchacho y luego regresó su mirada al demonio junto a él.

 

—Sabes mucho de ángeles, ¿verdad?

—De ángeles no, más bien de ángeles caídos… Me resultan interesantes de algún modo.

 

Yunho asintió, el muchacho ya empezaba a alejarse, a seguir con su trabajo en alguna otra parte de la estantería probablemente, por lo que Rain solo suspiró. Afortunadamente Sully pronto estuvo a su vista, viendo unos peluches que le enseñaba a Changmin para entretenerlo. Y Yunho se sintió menos desprotegido que antes.

 

—Lo que te quiero decir con todo esto, es que lo mejor para ti es olvidar

—¿Olvidar?

 

—Olvidar que eres un ángel te permitirá tener una vida normal. O si no esas pesadillas continuarán y tú familia feliz se irá al diablo.

 

Yunho se estremeció ante esas palabras. Con la mirada perdida en el suelo. Los recuerdos lo ponían triste y en sus sueños solo sufría por la crueldad en que lo único que podía recordar de Jaejoong era su caída.

 

No controlaba sus sueños, pero tampoco quería olvidar.

 

—No… no puedo hacerlo. Ellos son…

—Ellos ya no son parte de tu vida.

 

Cuando miró al mayor sus ojos estaban a punto de derramar lágrimas y aún así, Rain no varió sus expresiones. Contrariamente solo enfrió la mueca en su rostro y Yunho sintió una punzada en el corazón. Volvía sentirse terriblemente solo.

 

—Yo… no quiero olvidarlos.

 

—Entonces prepárate por que a ese paso, ellos te alejaran por más cariño que te tengan. En algún momento tus crisis serán una decisión entre sus hijos y el problema que representas.

 

Yunho apretó los labios, agachando la cabeza. Triste y desamparado.

 

—Si quieres ayudarme, ¿por qué eres tan cruel?

—Es mi naturaleza, y no quiero ayudarte solo…

 

La mirada de Rain se había levantado hacía donde estaba la muchacha con el niño en brazos. Yunho curioso, levantó la mirada también. Changmin miraba a Rain y pronto comenzó a estirar sus brazos hacía él.

 

Ni siquiera miraba a Yunho, sus bracitos pequeños se estiraban hacía el demonio y cuando Changmin empezó a balbucear, moviéndose inquieto entre los brazos de su niñera, Rain desapareció de la vista de los humanos.

 

—¿Qué sucede, Min?— Sully giró y cuando vio a Yunho sonrió tranquila. –Oh, ¿quieres ir con él? ¿No es una preciosura?

 

Yunho asintió, sin corregirle a la muchacha que a quien Changmin aclamaba no era precisamente él. Lo extraño es que Changmin seguía moviéndose en la dirección donde Rain se encontraba.

 

Cuidadosamente Jihoon se movió a un lado, observando escrutiñadora mente a aquel que seguía viéndolo y estiraba sus brazos hacía su cuerpo.

 

¡Era imposible!

 

Justo en este momento, cualquier humano no podía verlo. Solo Yunho.

 

…Y contradictoriamente, ahora, aquel bebé también.

 

—¿Por qué ese mocoso puede verme?

 

Yunho no respondió, en especial por que Sully parecía ocupada en calmar lo inquieto que se había puesto Changmin. Así que en un descuido podía descubrirlo hablando aparentemente solo y eso definitivamente no era bueno.

 

—¡Yunho! ¿Dónde habías estado?— Junsu apareció detrás suyo, tomándolo por el brazo y jalando de él con fuerza. –Vamos a la sección de juguetes. Hay un robot que te quiero enseñar, ¡es asombroso!

 

Repleto de entusiasmo Junsu jalaba de él, con Sully siguiéndoles los pasos como podía. Yunho observó a Rain una última vez. El mayor seguía viendo al bebé con duda. Pero Yunho no se dedicó a pensar en eso, solo por que el hueco en su corazón persistía y día con día se hacía más grande.

 

 

 

 

Alexander había sido el encargado de darles la noticia de que Akira requería su presencia para informarles de algo importante.

 

Inmediatamente, Geun y Seenwoo se habían acercado a ella, con una leve esperanza instaurada en el pecho. Capaz de sacudir el corazón de cualquiera. Y Akira al verlos solo había suspirado, con sus pasos dirigidos a los dos adultos frente a ella.

 

—Seré breve. Hay una única posibilidad, una tan mínima que incluso creo estar rompiendo las reglas. Por eso, esto se tratara de una única oportunidad.

—¿Podremos ver a Yunho?

 

Seenwoo se aceró un paso, sostenida de la mano de su esposo.

 

—Una última vez, luego de eso buscarlo será inútil.

—¿Por qué?

—Esta misma noche, Yunho será un humano más antes sus ojos y el ojo de los demás.

 

El gemido ahogado de Seenwoo hizo que Geun respirara profundo y la abrazara. Aún así Akira solo movió un poco su cabeza, indicándole a Alexander que se acercara. Para poder salir de ahí.

 

El camino hasta el lugar donde Akira los llevaría no fue largo, fue apenas unos momentos hasta que divisaron a los ángeles que se encontraban rodeando una parte a la que solo ellos tenían acceso.

 

Akira se detuvo, en el borde donde todo ocurrió y volvió a respirar profundo.

 

—Las reglas son claras. Todo ángel que cruce el límite de las nubes, rozando su inestable estructura, perderá su ser y su alma por completo. Sin embargo no hay regla que hable sobre el hecho de atravesar por un espacio vacío en el que otro ángel ha caído.

 

—¿Podremos bajar?

 

—Será momentáneo, y solo tienen una hora para buscarlo. Independiente de si lograr encontrar lo o no. Luego de esa hora, deberán volver. No pueden descubrirse ante los humanos. Yunho debió caer en dirección directa desde el lugar donde perforó las nubes, al no saber volar era imposible que pudiera salvarse y de todas formas sus alas se debieron desintegrar apenas tocó el suelo.

 

La voz de Akira era suave, no muy provista de emociones, probablemente por lo mucho que estaba arriesgando con este acto y sin embargo algo en su interior no dudaba. Algo dentro de ella, no se arrepentía.

 

—Alexander los llevará al lugar exacto donde Yunho cayó, solo intenten hacer esto lo menos duro para él. Vuelvan, es la única condición que se les impone. No se dejen ver por los humanos o sería muy peligroso.

 

—Muchas gracias por todo Akira.

 

Geun no dudó en tomar la mano de la mujer y hacer una pequeña venia. Las alas de Alexander se sacudieron y empezó a elevarse del suelo, con una habilidad impresionante e imponente.

 

Fue cuestión de segundos para que Geun y Seenwoo lo siguieran, empezaran a atravesar el viento que se interponían y se alejaran de la estable mirada en el rostro de Akira. Ella permanecería ahí, esperaría la hora entera.

 

Hasta que su obra estuviera concluida.

 

Y entonces ese pequeño desliz contra las reglas quedaría olvidado. Nadie más podría saber de eso, nadie más bajaría de ahí en adelante. Ellos eran una excepción, la primera y la última.

 

 

 

Yoochun corría, lo más rápido que sus pequeñas piernas se lo permitían, a consciencia de que volar no era una opción cuando aún no perfeccionaba el movimiento de sus alas lo suficiente como para que fuera más rápido con sus alas, que con sus pies.

 

—¡Jaejoong!

 

Su voz sonó desesperada, envuelto en vorágines de emociones e hiperactividad que remataron en sus brazos siendo agitados con fuerza, para poder llamar la atención del pequeño niño de cabellos negros que parado junto a su madre caminaba por una de las calles.

 

—¿Yoochun, qué sucede?

—¡Vamos! ¡Tenemos que ir a…! Jugar un rato, vamos…

 

La verdad, Jaejoong no terminaba de entender lo que sucedía, pero su madre con una sonrisa en el rostro y un asentimiento instaurado pareció no tener problemas. Feliz de que su hijo pudiera volver a reunirse con su amigo.

 

—Yoochun, ¿qué pasa? Estás actuando muy extraño.

—¡Vi a los padres de Yunho! Caminaban con los ángeles mayores, Akira y Alexander. Iban hacía el límite. ¡Han descubierto algo! Por que los padres de Yunho se lanzaron hacía el límite en compañía de Alexander.

 

Los ojos de Jaejoong se abrieron más si cabía la posibilidad, la mano de Yoochun que jalaba de su brazo para que corriera con más fuerza. Pareció tomar vitalidad y el pecho del pequeño comenzó a latir agitado.

 

—¿Me estás hablando en serio?

—Por supuesto que si, tenemos que averiguar lo que han hecho. ¡Podemos pedirle al ángel mayor que nos permita verlo también!

 

—¿Cómo sabes que han ido por Yunho?

—¿Por qué otra razón se lanzarían por el límite?

 

Los pasos de ambos menores se apresuraron y cuando vieron la barrera conformada por varios ángeles, fueron deteniéndose de a poco.

 

—Ellos son el único problema. Tuve que observarlos a escondidas, hasta que llegaron aquí. Tenemos que llegar hasta Akira, ella no saltó.

 

Jaejoong se armó de valor, de uno impetuoso y lleno de seguridad. Acercándose a aquellos ángeles que custodiaban el ingreso de otros.

 

—Por favor, necesitamos hablar con el ángel mayor, Akira.

—Lo sentimos niños, el acceso es restringido por la siguiente hora.

 

—¡Por favor es sumamente importante!

—Niños vuelvan con su familia, por el momento Akira no los puede atender.

 

Jaejoong apretó los puños, desesperado, repleto de una impotencia que lo carcomía por dentro y que iba incrementando con el paso de los segundos. Su cuerpo se abalanzó por uno de los lados donde veían un pequeño ingreso, sin embargo, aquellos seres lo agarraron de inmediato.

 

Y aunque Yoochun intentó aprovechar el vano intento de Jaejoong por ingresar, lanzándose él también. Fue infructuoso del mismo modo. Ambos agitándose entre los brazos de sus captores, proclamando con fuerza el nombre de Akira, para que los escuchara, o al menos pudiera llamar su atención.

 

Uno de los ángeles decidió acercarse a Akira, sin embargo ella solo miró al ángel, pronunció un par de palabras y regresó su mirada hacía el lugar por donde los otros tres ángeles se habían marchado.

 

Eun, quien había hablado con Akira se acercó hacía el pequeño escándalo que aquellos niños provocaban. Conciliador pidió que los soltaran y e intentó sonar lo más condescendiente que pudo.

 

—Akira acaba de pedirme que les dijera, que se marchen a un lugar seguro. Este es un lugar prohibido para pequeños como ustedes, vayan con sus familias. Que no tiene nada que hacer aquí.

 

Jaejoong negó vehementemente, Yoochun sin embargo dio un paso hacía el ángel más alto, con el ceño fruncido y los labios en una pequeña mueca.

 

—¡Necesitamos hablar con ella! Queremos saber de nuestro amigo.

—El asunto del pequeño Yunho ya lo conocen, él no es más un ángel. Y lamentablemente no hay nada que podamos hacer por él. Lo siento niños, pero lo mejor es que se vayan. No obliguen a Akira a tomar medidas extremas.

 

El sentimiento que pugnaba en su interior y luchaba contra aquella orden se estrelló contra sus pechos, pero murió en sus labios. Por que si algo habían aprendido era a obedecer, y como los niños que era debían hacerlo.

 

No podían darle problema a sus padres.

 

Yoochun fue el primero en dar un paso hacía atrás. Tomó su mano y empezó a jalar de él con un paso tranquilo, de regreso al lugar dónde se habían encontrado. Con una promesa muda de que esta no había sido oportunidad, pero la seguirían buscando.

 

Por que Akira había encontrado algo y ellos, no importaba cuanto tiempo tomara. Descubrirían que había sido.

 

 

 

 

Esa noche Yunho se sentó sobre los escalones a la salida de la casa, que daba con el hermoso patio de la familia Kim. Junsu se duchaba y él solo esperaba su turno para poder subir también.

 

No hacía mucho frío y sin embargo Yunho parecía temblar ante el viento que recorría su cuerpo. El aroma de la comida que Yoohee preparaba inundaba sus sentidos y lo hacía tener apetito.

 

El silencio de esa noche, apenas roto por la emisora de radio que Seungho escuchaba a bajo volumen. Le recordaba mucho a Yunho a aquellos momentos cuando iba con sus padres a escuchar a los ángeles mayores tocar el arpa.

 

Le encantaba ese sonido, melodioso y embriagante a los sentidos.

 

Tan majestuoso e inolvidable, que lastimosamente no volvería a escuchar.

 

El llanto de Changmin se escuchó con fuerza. Yunho miró hacía el interior de la casa. Seungho se levantó con cuidado, dejando el libro sobre la mesa, y Yoohee le siguió los pasos un rato después, seguramente asegurando de no dejar nada en mal lugar dentro de la cocina.

 

Iba a levantarse, a ver lo que sucedía con el bebé, por curiosidad y preocupación de lo que pasaba. Pero un tacto cálido y familiar se posó sobre su brazo descubierto. El alma entera recibió una sacudida. No terminó de girar cuando las lágrimas inundaban su rostro y sollozaba descontroladamente al reconocer el aroma de su madre.

 

Seenwoo recibió con los brazos abiertos el frágil cuerpo de Yunho, el menor se abrazó a ella con una fuerza casi inverosímil. Con un llanto amargo sobre su pecho. Desgarrando su alma casi por completo.

 

Yunho sufría entre sus brazos, lloraba y rompía su pobre corazón.

 

Geun solo colocó una mano sobre el hombro de su hijo e inmediatamente, sin alejarse de su madre. Yunho apretó con fuerza la mano de su padre. Tanto que Seenwoo y Geun tuvieron que arrodillarse para poder estar a la altura de él.

 

Como si se tratara de algo efímero, Geun acarició el cabello de Yunho. Con una caricia imprescindible. Como si quisiera grabar en su memoria cada facción del rostro de él, cada sensación percibida y cada segundo que le restaba a su lado.

 

—Los extrañaba… Mucho… Los amo… Por favor no se vayan tan pronto…

 

La voz de Yunho entreverada entre el llanto y el dolor que emanaba de su pecho sonó contrariada y apagada. Confusa al estar tan cerca del pecho de su padre ahora, que lo abrazaba y apoyaba la mejilla en su cabeza, con los ojos cerrados, y la lagrimas pendiendo de un hilo.

 

Si Seenwoo no derramó lágrimas, fue solo para que Yunho no se sintiera peor. Pero moría por hacerlo, y sabía en el interior de su mente. Que lloraría noches seguidas, por un buen tiempo. Por que ese sentimiento permanecería eternamente.

 

—Yunho no tenemos mucho tiempo. Fue difícil encontrarte, pero nos alegra verte. No te imaginas lo orgullosos que estamos de ti, lo mucho que te amamos. Lo importante que eres en nuestras vidas.

 

Por el rostro del menor resbalaron más lágrimas, observando a su madre hablarle tan cándidamente que su estómago parecía ser estrujado por dentro.

 

—Todos te extrañan, te quieren y te aprecian. Jaejoong y Yoochun más que nadie. Pero ellos estarán bien. Y tú tienes que estarlo también. Debes ser fuerte, amor. Siento que no hayamos sido buenos padres… que…

 

—¡No! No es su culpa.

 

Yunho se abrazó a su madre, y recién entonces notó que ellos parecían resplandecer una luz blanca impresionante, una luz que él ya no poseía. Seenwoo se quitó el collar y lo colocó con cuidado en su hijo. Con un suspiro en los labios.

 

—Cuídate mucho, amor.

 

Cuando le tocó el momento de la despedida, Geun suspiró largamente, abrazando a su hijo y apretándolo con más fuerza contra su cuerpo, cerró los ojos.

 

—A Akira no le va a gustar esto, pero no puedo dejarte tan desprotegido.

 

Una luz blanca los inundó a ambos, Yunho por un breve instante volvió a reflejar esa aura que había perdido. Sus ojos se abrieron con fuerza, con algo corriendo por sus venas y ser entero. Hasta que unos segundos después todo pareció desvanecerse lentamente.

 

Cuando Geun se alejó, deposito un beso en su frente. Yunho solo se sintió un poco aturdido.

 

—¿Qué fue eso, papá?

—Un pequeño regalo, sabrás usarlo cuando sea necesario.

 

Seenwoo luego besó su mejilla. Y apretó su mano hasta el último instante, cuando tuvieron que empezar alejarse. La luz en ellos fue desapareciendo casi hasta el punto de no poder verlos más, excepto por que empezaron a agitar sus alas, desapareciendo ante sus ojos y elevándose en el cielo.

 

Cuando se dio cuenta, apretaba el collar con fuerza. Con la mirada impregnada en el oscuro cielo de esa noche. Y una expresión vacilante en el rostro.

 

—¿Yunho, qué haces todavía aquí?

 

Junsu se asomó por el resquicio de la puerta. Recién duchado y con la ropa de dormir puesta.

 

—Solo miraba las estrellas.

—¿Y ese collar? No te lo había visto antes.

—Es lo único que me pertenece.

 

Cuando Junsu se acercó y tocó el collar en sus manos. No le molestó, ni se mostró reacio con aquello, Junsu observó maravillado las alas de plata que formaban el collar.

 

—Es muy hermoso.

 

Yunho asintió, Junsu le sonrió, indicándole que ya podía subir a ducharse. Y con aquel rostro repleto de nostalgia él accedió. Junsu lo observó marcharse, pensando que sería bueno hacer algo por él, por que justo ahora, aunque no lo hubiera comentado.

 

Él sabía que Yunho había estado llorando.

 

Con sus pocos años encima, Junsu supo que no era difícil suponer todo el dolor interno por el que Yunho pasaba al estar tan solo. Pero no importaba. Por que ahora estaban ellos para él. Para cuidarlo, resguardarlo.

 

…Para ser una familia.

 

 

 

 

Cuando Leah escuchó un poco de bulla en el estudio. Se levantó de la cama y caminó hasta la planta baja, notando que en efecto la luz del estudio estaba encendida y su esposo dormía, así que solo se podía tratar de una persona.

 

Jaejoong estaba sentado en el escritorio, con un libro abierto y pronunciando con dificultad algunas palabras mientras intentaba leer. Leah miró sorprendida al menor e ingresó.

 

—No sabía que estuvieras aprendiendo a leer, se supone que el otro año comienzas a estudiar, Jae.

—Yoochun me está enseñando, madre.

 

—¿Y por qué ese ímpetu repentino por aprender a leer?

—Tengo que hacerlo, tengo muchas cosas que investigar. Yoochun y yo estamos muy ocupados en esto.

 

La verdad es que de una manera u otra, Leah intentaba comprender las etapas por las que podía pasar su hijo luego de la perdida de uno de sus mejores amigos. Y era un poco difícil, pero ahí estaba ella.

 

Sabía que Yoochun, a pesar de ser de la misma edad que Jaejoong, sabía leer por que sus padres habían inculcado en él la destreza de la lectura y aunque no podía decirse que leía a la perfección, estaba muy avanzado en comparación a los otros ángeles de su edad.

 

—Pues seguirás leyendo mañana, Jae. Es muy tarde y no quiero que te desveles.

—Pero mamá…

—Sin excusas Jaejoong.

 

El pequeño suspiró, cerrando el enorme libro en sus manos. Sorprendiéndola al notar que lo que el menor intentaba leer eran las reglas que por doctrina seguían los ángeles. Era un libro muy grande y complicado.

 

Le provocaba curiosidad la razón por la que Jaejoong intentaba leer aquello, pero por esa noche, tomó de la mano a su hijo y lo guió hacía su habitación. Con Jaejoong restregando sus ojos, presa del sueño a cada paso.

 

 

 

 

Y volvía a suceder.

 

Rain miró fijamente a Yunho retorcerse bajo las sábanas.

 

El cuerpo del muchacho se movía con fuerza, gemía dolorosamente y derramaba lágrimas de sus ojos. Con pequeños lamentos en los que evocaba a sus padres y sus amigos. Rain no era un alma buena para andarlo consolando.

 

Pero cada noche Seungho y Yoohee llegaban para calmarlo y eso en algún momento se volvería algo insostenible. Había pensado en que no tenía por que involucrarse en lo que sucedía con el menor.

 

Luego recordaba que más allá de Yunho le intrigaba a aquel bebé, unas habitaciones más allá. Ese ser al que Yunho había salvado con sus últimos despojos de ser celestial. Y que aparentemente podía verlo, incluso se ocultaba de la vista de los humanos.

 

Rain no sabía mucho de las reglas de los humanos o los ángeles. En realidad sabía un poco de los humanos al semi convivir con ellos de vez en cuando. Pero estaba seguro, que Yunho al interferir con el destino del menor, había provocado un cambio en aquel niño.

 

Los puntos que podían establecerse como consecuencias lo intrigaban. No podía ser un ángel, pero tampoco era completamente un humano. Rain no estaba seguro de lo que pasaba, de lo que era, o lo que aquel ser acarrearía.

 

Y quería saber…

 

Para su mala suerte, si Yunho era alejado de aquella familia sería más que imposible y de una forma u otra. Lo que también le intrigaba era esa conexión que si no existía, existiría entre aquel ser y el ángel caído.

 

No iba a ayudarlo, solo actuaría en su beneficio.

 

Así que cuando Yunho comenzó a levantar la voz, presa de sus pesadillas, lamentos y sufrimientos. Rain se acercó lo suficiente, levantando el cuerpo de Yunho con sus brazos.

 

El menor abrió los ojos intempestivamente, con su frente sudada y las lágrimas rodando por sus mejillas, con jadeos breves que compungían su respiración, incapaz de hablar al tener a Rain demasiado cerca de su rostro.

 

—Es lo adecuado. Esos recuerdos y sueños deben quedarse en un rincón de tu mente.

—¿…Qué?

 

La angustia de su voz fue apenas eclipsada por la mano de Rain que se colocó en su frente y espació un frío descomunal que se esparció por todo su cuerpo. Su vista se puso en blanco por breves segundos antes de que perdiera la fuerza y cayera desmayado en los brazos del mayor.

 

Perdiendo la consciencia. Con un último jadeo integrado.

 

Yunho cayó una vez más, esta vez sobre la cama.

 

Y olvidó.

 

 

 

 

Akira levantó la mirada en el momento exacto en el que ese desasosiego invadió su alma casi por completo. De inmediato, Alexander frente a él, levantó la mirada. Con la expresión dolida por lo inefable que se mostraba a Akira en esos instantes.

 

—¿Sucedió?

—Así es.

 

Alexander bajó la mirada. –Iré a comunicarle a sus padres.

 

Akira solo asintió, con la salida de él a su paso. No había más que hacer. Yunho acababa de perder sus memorias; Su ser por completo proclamaba que ahora era un humano enteramente. En toda la extensión de la palabra.

 

Y ahora ella…

 

Había perdido a un ángel por completo.

 

 

Fin Capitulo Tres

 

 

 

Bien, otro capítulo entregado. =)

 

Me siento satisfecha con esta parte de la historia.  Supongo que ahora se vienen los años venideros en que la adaptación, el cambio y el olvido se apoderan de ellos y su madurez. Nos vemos en otra actualización. Gracias por comentar. =)



 

 

17 comentarios sobre “Entre el cielo y la tierra: capitulo 3

    ViVi escribió:
    25 septiembre, 2011 en 12:37

    Awwwwwwwww Yunho ;____; ha perdido sus memorias mi corazón
    La despedida de sus padres TT_____________________TT que doloroso
    Ahora es un humano totalmente supongo que de aqui arranca toda la trama de la historia XD! pero que triste y emotivo ha sido este cap, espero por el proximo.
    Gracias por la actu!
    Bye bye ;__;

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    Tsukiyomi Akemi escribió:
    26 septiembre, 2011 en 16:32

    En serio, llore cuando yunho se encontro con sus papas T^T!!!!

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    GakiTo escribió:
    27 septiembre, 2011 en 21:37

    NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO POR QUE RAIN? POR QUE LO HICISTE? ahora Yunho no recordara a Jaejoong y Jae sufrira mas como SIEMPRE D’: solo porque lo sentiste verdad RAIN? SABES QUE TE GUSTARA CHANGMIN SOLO POR ESO TE LO PERDONO D’: OMG ame estos tres capitulos con tanta furia y desgarre. senti la ternura de todos ;;;_____;;; quiero saber que pasara! omg LE AMO. ME ENTREGO…

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