Sabores: segunda parte

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Sabores

Fragancia a dulces y flores

Segunda Parte

 

 

 

 

 

Lo normal para Ryutaro hubiera sido relajarse en su departamento, leer el diario, ver alguna película, comprar algo de comida para la nevera, llamar a sus padres, beber alguna cosa recién preparada que no fuera café, por que el café se había vuelto una bebida exclusiva de aquella carretilla frente a su trabajo.

 

Pero curiosamente esa mañana, Ryutaro había optado por dar una vuelta por el centro de la ciudad. Tenía casi un mes en Tokio y apenas conocía la ciudad. En realidad casi ni sabía lo que pasaba por ese país, a parte de las noticias de política y economía.

 

Así que entro en un centro comercial, compró algo de ropa, un delicioso helado que Akira en alguna ocasión le hubiera recomendado, un repuesto para su celular. Y observó las vitrinas del lugar. Sintiendo de vez en cuando miradas curiosas sobre él.

 

Desde que había llegado a Japón, eso se había vuelto una habitualidad desagradable.

 

Pero igual que lo había notado, había optado por ignorarlo. Así que continuó con su paseo, quedándose varios minutos en una librería, compró un libro de cocina, una novela y finalmente un libro turístico de Japón, tenía que conocer el país de alguna forma, ¿no?

 

Así que con los ánimos renovados, una sonrisa en el rostro, y otra funda en las manos. Ryutaro abandonó la librería, a pesar de que la joven cajera se lo había quedado mirando por un largo rato, dudando entre preguntarle algo o no.

 

Por suerte, la muchacha prefirió callar.

 

Ryutaro entonces decidió que sería buena idea comprar un par de CD’s no escuchaba mucha música japonesa, y pensó que sería una buena oportunidad. Camino hasta la disquera más cercana según el centro de información y miró curioso que habían varias personas fuera.

 

—Lo siento, no pueden entrar.

—Pero díganme, ¿quién esta ahí? ¡Por favor! ¿Es alguno de Hey Say Jump ó NYC? ¡Somos fans queremos saber!

 

Las muchachas intentaban por todos los medios alzarse para mirar al interior de la disquera, pero los dos guardias parecían reacios a dejarlas entrar.

 

—Se está grabando un comercial común y corriente para promocionar la disquera. Nada fuera de lo normal, no hay ningún famoso dentro.

 

Las muchachas luego de unos segundos suspiraron decepcionadas, alejándose varios pasos del lugar, y Ryutaro continuó curioso con la mirada fija en aquel lugar, en especial por que uno de sus guardias, trabajaba también para él en la construcción de su nuevo centro comercial.

 

—¡Oh, señor Ryutaro!

 

El hombre algo robusto le sonrió. Y él solo asintió a modo de respuesta.

 

—¿Qué lo trae por acá?

—Bueno, estoy reconociendo la ciudad, pensaba comprar unos CD’s pero por lo visto no es posible.

 

—Oh, la entrada es restringida en efecto. Pero solo pueden pasar gente de confianza, ya sabe por lo que hay tres chicos famosos dentro en una pequeña sesión de fotos para la disquera y eso.

 

No muy interesado, Ryutaro asintió. El hombre frente a él levantó su dedo índice cauteloso, como si una idea hubiera cruzado de ponto por su mente.

 

—¿Es usted fan de los NYC boys?

—¿Los qué…? Pues, no; Supongo.

 

El guardia sonrió.

 

—Eso es perfecto, entonces lo puedo dejar pasar. Compre su CD’s sin problemas señor Ryutaro, pero que sea rápido. Ya ve que no hay mucha gente con acceso, la sección de fotos es en lado este por si le interesa.

 

En realidad Ryutaro no estaba muy seguro, pero decidió disfrutar de la comodidad de tener el lugar casi a solas para él, ojear los CD’s sin problema. Y le pareció buena idea después de todo.

 

—Muchas gracias.

 

Tal y como lo había imaginado, cuando entró el lugar estaba casi vacío, excepto por un par de personas que probablemente estaban en el tumulto de las estrellas que estaban siendo fotografiadas.

 

Ryutaro se dedicó a ver los CD’s despreocupadamente, sin ningún interés en particular. Escogió unos tres que encontró y notó a un muchacho de cabellos castaños muy sonrientes, asentir  ante el fotógrafo, probablemente terminando su trabajo.

 

—Yamada por favor, dile a Yuma que no demore, luego de Chinen sigue él.

—De acuerdo.

 

Miró, deteniéndose con tranquilidad mientras la gente en aquel lugar se movía, preparándose para el siguiente chico que vestido con una chaqueta negra y camisa blanca empezaba a buscar la mejor forma de posar.

 

Su cabeza se movió inquieta, pensando que sería mejor si se apoyara en una de las repisas. Y el pensamiento le sorprendió, por que era bien supuesto que él apenas y se tomaba fotos para los reportajes de diario que halagaban su trabajo como arquitecto.

 

Estaba a punto de retomar el paso cuando el muchacho vestido casi totalmente de negro giró y sus cabellos oscuros llamaron su atención, los ojos oscuros y la sonrisa que tenía en los labios, impactó a Ryutaro.

 

Por que era el muchacho desagradable.

 

Era ese muchacho que siempre pedía jugo de frutas.

 

Yuri, si no mal recordaba su nombre.

 

Por un momento lo observó posar, reír, sacudir su cabello. Con aquel CD de colores brillantes en las manos, colocándolo cerca de su rostro, en su cintura, con miradas dulces y distraídas.

 

Ryutaro nunca lo admitiría, pero se embeleso por un breve instante.

 

Luego esa mirada oscura viajó hasta él, tan directamente, que el corazón de Ryutaro lo traicionó y se presionó con fuerza contra su pecho. Pero fue la acción de Chinen quien lo sorprendió un poco más.

 

Por que Yuri soltó el CD en sus manos, dejándolo caer súbitamente, con un ruido molesto que sorprendió a algunos. Sintió esa intensa mirada otra vez, como cada mañana. Y Ryutaro tuvo que desviar la mirada para comprender que se estaba comportando como un idiota.

 

Aunque la razón por la que el tal Chinen se había sorprendido tanto lo intrigaba, avergonzado por el embelesamiento que había sufrido al mirarlo. Decidió dejar los pocos CD que había escogido, y se concentró en salir de ahí.

 

Sin embargo, su plan no fue tan efectivo. No terminaba de cruzar el umbral de la salida, medio despidiéndose del guardia que le había permitido entrar, cuando la voz de aquel muchacho pronunció su nombre, con una necesidad que sacudió el resto de alma que le quedaba pasiva.

 

—¡Ryutaro, espera!

 

La duda volvió a carcomerlo, ¿por qué ese muchacho sabía su nombre?

 

—¡Kyaa! ¡¡Es Chinen Yuri!!

—¡¡Yuri!!

 

Medio giró para ver hacía la entrada cuando vio al muchacho rodeado de un montón de chicas a su alrededor que le impedían avanzar, siendo rescatado por los guardias de seguridad.

 

Ryutaro entonces aprovechó para huir.

 

Por que su fin de semana pacífico había sido arruinado por aquel muchacho de cabellos oscuros e intensa mirada, que pronunciaba su nombre tan anhelantemente que lo habían hecho perder el aire por varios segundos.

 

 

 

El lunes en la mañana Ryutaro dudó de ir por su café.

 

Pero luego se percató que era muy tonto privarse de algo que le gustaba tanto, solo por que había descubierto que el muchacho ese que se paraba a su lado cada mañana era famoso.

 

Y si lo pensaba concretamente, seguramente Chinen quería hablar con él, para pedirle que no lo dejara al descubierto frente al resto de clientes de su desayuno matutino. Ahora Ryutaro entendía por que siempre iba con tantas cosas encima, como ocultándose de los demás.

 

—Buen día Ryutaro, ¿lo mismo de siempre?

—Claro, gracias.

 

Se adelantó a buscar el dinero suficiente para su café matutino mientras Keito lo preparaba con la misma sonrisa encantadora de cada mañana, miró de un lado a otro. Algo intrigado por si Yuri llegaría o no.

 

Cerró los ojos, aliviado. Cuando percibió el olor del café y descubrió que ese día correría con suerte y se marcharía a su trabajo sin cruzar palabras o miradas extrañas con aquel muchacho.

 

—Hola, Yuri. Llegas tarde, ¿tu jugo de frutas?

—Si, Yuto. Muchas gracias.

 

Y su voz algo aniñada atravesó a sus oídos y paz interior tan fuerte que Ryutaro abrió los ojos bruscamente, por suerte enfocando directamente hacía el frente donde Yuto había empezado a preparar la orden de Chinen.

 

Ignorar… Su mente se enfocaba solo en eso.

 

Hacer como que el exabrupto del fin de semana, solo había sido eso. Un exabrupto y nada más.

 

—Tu orden Ryutaro, ten un buen día.

—Muchas gracias.

 

Entonces tomó su café y empezó a caminar hacía su edificio con el paso un poco más rápido de lo habitual, con la carpeta azul bajo sus brazos. Bebiendo un poco de ese delicioso café.

 

—Apresúrate Yuto, gracias.

 

Ryutaro ya suponía lo que sucedía a sus espaldas. Chinen tomaba como podía su bebida recién preparada y corría justo detrás de él. No necesitaba ser adivino para saberlo.

 

—¡Hey! Espera, ¡Ryutaro!

 

Aplicó la mejor táctica de todas, fingir que no lo había escuchado en realidad, así que como si nada continuó con su camino, hasta que finalmente atravesó el umbral de la entrada, con un leve asentimiento al guardia y caminando hasta la zona de ascensores.

 

—¿No me oíste cuando te llamé?

 

Giró sorprendido, por que Chinen estaba a su lado, con el jugo de frutas en las manos, el entrecejo arrugado y ese aroma dulzón esparciéndose por todas partes. Inconsciente, Ryutaro arrugó un poco la nariz.

 

—¿Por qué me estás hablando?

 

Y Chinen se mostró visiblemente ofendido.

 

—¡No tienes que ser tan mal educado! Solo quería un minuto de tu tiempo para hablar.

—Si es para que no le diga a nadie que tus famosos pies paran por acá, despreocúpate.

 

No quiso admitir que había pasado el resto del fin de semana pensando en por que Chinen lo había llamado al salir de la disquera, por eso decidió continuar caminando. Pero Yuri lo siguió.

 

—¡No! Yo solo… ¿A qué hora sales a almorzar?

 

Las mejillas del muchacho se habían teñido graciosamente de un color rojizo, bebiendo ese juego de frutas de olor insoportable. Y Ryutaro solo exhaló brevemente.

 

—De la manera más educada, eso no es de tu incumbencia.

 

Seguro de que eso calmaría de alguna forma el interrogatorio por parte del muchacho famoso, o que al menos se sentiría lo suficientemente ofendido como para perseguirlo. Ryutaro avanzó.

 

Consciente de que atrás se quedaba un boquiabierta Chinen mirándolo partir ante su descortesía, a pesar de que había empezado a hablar con un cortés ‘De la manera más educada’

 

 

 

 

Para la hora del almuerzo, con los cubiertos en la mano, y observando la pasta en su plato, Ryutaro por fin había llegado a la conclusión de por qué Yuri sabía su nombre.

 

Y es que si bien, ellos jamás habían cruzado palabras antes, excepto aquella veces que se dedicaron palabras no tan agradables. Él sabía el nombre de Chinen por las veces que había escuchado a Keito o Yuto llamarlo.

 

Así que siguiendo esa línea de lógica. Por esa misma razón, Yuri sabía su nombre.

 

—Eh… Ryutaro, ¿te encuentras bien?

 

Akira lo miró un poco confundido, con la cabeza ligeramente hacía adelante, con su filete a medio probar. Preocupado por la manera en que su jefe se había perdido en sus pensamientos, apenas tocando la pasta en su plato.

 

—¿Qué?— Ryutaro entonces sonrió un poco. –Oh, nada. Olvídalo, solo pensaba en una pequeña parte de las escaleras eléctricas que aún no tengo muy claro.

 

Akira pareció creerle y le sonrió, iniciando una conversación leve acerca de lo que pensaba al respecto y Ryutaro gracias a eso, por lo que restó del día, no pensó más en Chinen Yuri.

 

Y solo por eso, pensaba aumentarle el sueldo a Akira.

 

De acuerdo, eso no pasaría. Pero al menos había tenido la intención.

 

 

 

 

Y sus mañanas hermosas de café.

 

Habían sido arruinadas gracias a ese muchacho de cabellos oscuros y mirada penetrante.

 

Por que ahora no solo tenía que encontrárselo en el puesto de café, sino que ahora había tomado la mala costumbre de sonreírle de vez en cuando, de abordarlo con palabras que no deberían ser.

 

Y Ryutaro estaba confundido.

 

—No lo entiendo, ¿por qué arquitecto? No tienes pinta de arquitecto. Yo diría más bien de alguien artístico.

—La arquitectura también es una forma de arte.

 

Entonces Ryutaro se había sorprendido, a unos pasos del ascensor que lo llevaría hasta su oficina. Por que era la primera vez que le contestaba al muchacho desde que había empezado a seguirlo hasta las puertas del ascensor cada mañana.

 

Inclusive Chinen lucía sorprendido y ambos se habían detenido. Siendo Ryutaro el primero en reanudar el paso.

 

—Entonces, ¿ahora si piensas decirme a que hora sales al almorzar?

—¿No tienes trabajo que hacer? Que se yo… Grabar algún comercial, filmar una serie, cantar en algún lugar. Lo que sea, menos fastidiarme cada mañana.

 

Yuri en ese momento lo había mirado fijamente. Morimoto Ryutaro podía decir palabras sencillas, pero hacerlas sonar del modo que le daba la gana. Y en esta ocasión, había intentado ser ofensivo.

 

Pero Yuri tan solo elevó un poco la mirada, mordió su labio inferior y sonrió.

 

—No, en realidad. Ahora estamos en un pequeño stand by con respecto a todo eso. Por eso me gusta molestarte, ¿qué dices salimos a almorzar?

—No.

 

Y cómo cada mañana Ryutaro había huido gracias al ascensor, dejando a Yuri en el hall del edificio. Planeando seguramente como abordarlo al siguiente día. Y en realidad, Morimoto no estaba muy seguro de cómo habían llegado a esa situación.

 

 

 

 

Ese mismo día, Morimoto Ryutaro planeó convertirse en asesino.

 

Chinen Yuri en toda su expresión estaba frente a su carro, por supuesto tapado con un gorro en la cabeza, una bufanda y un par de gafas. Pasando desapercibido gracias al invierno que sufrían y el frio que congelaba hasta los huesos.

 

Pero el muchacho ese estaba ahí. A las cinco de la tarde en punto, casualmente el día que Ryutaro había escogido para salir un poco más temprano. Y Ryutaro tan solo hubiera rodado los ojos, sino fuera por que el muchacho tenía un ramo de rosas en las manos.

 

Esa tarde de invierno, Morimoto Ryutaro supo lo incómodo que era poseer un tic en el ojo. Y hubiera pensado que Yuri se encontraba ahí, para hacerle un regalo a su novia de turno, sino fuera por que el muchacho estaba apoyado en SU auto y cuando lo vio, pareció brillar, con una sonrisa enorme en los labios.

 

—¡Ryutaro!

 

Yuri agitó su brazo con fuerza, y la gente, que por suerte no era demasiada. Lo miró de inmediato. Ryutaro apresuró el paso, con el entrecejo arrugado y planeando no romperle la cara al niño bonito que incluso pareció dar un pequeño brinco al tenerlo cerca.

 

—¿Qué demonios haces aquí?

—Vine a traerte un presente.

 

Y Ryutaro conoció el infierno cuando Chinen extendió el ramo de rosas hacía él y hubo un silencio sepulcral; Lo miraban, con extrema cautela de no ser descubiertos por sus ojos. Pero Ryutaro sabía, que todos esperaban una acción de su parte.

 

—¿De qué estás hablando? No tienes por qué regalarme nada.

—Pero solo quería tener un detalle contigo y…

 

—¡¿Y por que diablos tienen que ser rosas?! ¡Por si no te has dado cuenta antes NO SOY UNA CHICA!

 

Sin pretenderlo su rostro se había ido acercando amenazante al del cantante, Chinen se había encogido un poco, con su espalda pegada al auto tras él y los ojos ensanchados por la sorpresa.

 

—Lo…Lo sé, pero… Es un detalle lindo. La gente me regala rosas, y me siento halagado por eso. Es un gesto muy bello, pensé que…

—Pues pensaste muy mal. No me gustan las rosas.

 

Ryutaro en ese momento apartó a Yuri de su auto con relativa fuerza, lanzando su maletín dentro como si quisiera descargar la frustración y la vergüenza que el muchacho aquel le acababa hacer pasar.

 

Cuando el auto de Morimoto se hubo alejado, Chinen exhaló un poco de aire de sus pulmones, con el ramo de rosas colgando de sus manos. Y una expresión cansada en el rostro.

 

—No te gustan las rosas, ni las cosas dulces… ¿Qué es lo que te gusta ahora Morimoto Ryutaro?

 

 

 

A la mañana siguiente, Ryutaro no fue por su preciado café.

 

Pero como tampoco pretendía quedarse desprovisto de aquel que era su nuevo vicio, tuvo que pedirle a Akira que hiciera el favor de ir a comprar uno por él. Y como siempre, su asistente estuvo dispuesto a complacerlo hasta en el más mínimo capricho.

 

Ryutaro a veces pensaba que debía sentarse a conversar con Akira para explicarle que no debía ser tan servicial y obediente. Que había tenido de cruzar con alguien como él en su primer empleo. Pero que generalmente los jefes solían aprovecharse de sus empleados por ello.

 

Sin embargo decidió relegar esa conversación para más adelante, cuando Akira y él tuvieran un poco más de confianza.

 

—Su café recién preparado. Yuto y Keito dicen que esperan que vuelva pronto y no se consuma demasiado en el trabajo.

 

Ryutaro se había sorprendido por el mensaje que los dos muchachos del puesto le habían enviado. Seguramente pensando que no había ido ese día por algo del trabajo. Ryutaro en ese momento se sintió estúpido, evitando a Chinen como si fuera un niño de quince años.

 

—Gracias, Akira.

 

Destapó el café matutino de ese día y el olor volvió a calmarlo, bebiendo un poco y notando que Akira lo miraba más allá de lo necesario.

 

—¿Sucede algo?

—Eh… yo… es que al parecer usted es el chisme del día de hoy, ¿sabe?

 

Ryutaro sintió que ese día, el café matutino no lo calmaría lo suficiente. Lo dejó sobre el escritorio, masajeó un poco su sien y finalmente suspiró.

 

—Haber, Akira ilumíname. ¿Qué es lo que dicen de mí?

—En realidad incluso hasta tiene un nuevo apodo. El príncipe del hielo.

—¿El qué?

 

—Bueno es que ayer, varios de los empleados lo vieron rechazar a un chico lindo que había venido a traerle flores, aunque nadie vio bien al chico lindo por qué estaba medio tapado pero dicen que era lindo y su voz era bonita. Así que dijeron que usted había sido muy cruel y que al parecer tiene estándares muy altos.

 

El culpable, de absolutamente todo. Tenía nombre y apellido: Chinen Yuri.

 

Ryutaro prefirió ignorar todo lo que hablaban ese día de él. Las miradas de las secretarias que suspiraban al verlo pasar, y se lamentaban por que imaginaban que sería imposible conquistar al nuevo arquitecto.

 

Incluso llegó a enterarse de varias especulaciones de quienes podían ser aceptados por Morimoto Ryutaro. Había escuchado desde famosos hasta princesas. ¡Que ridiculez! Y todo era culpa de Chinen Yuri.

 

 

Fin de la Segunda Parte

 

 

 

 

2 comentarios sobre “Sabores: segunda parte

    AmiS (@4m1S) escribió:
    23 septiembre, 2011 en 10:13

    ……
    tu sabes… gracias po este regalo…. ME ENCANTA!!!
    cuadno leo me imagino al actor de coffe prince, el “papa perdido” de Ryutaro!
    jajaja… OMG!
    con esto ya tengo poder para sopoertar a la psicologa esa….
    happy 4 jumpnniversary!

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    susu0101 escribió:
    24 septiembre, 2011 en 14:18

    me gusta tu fic, en realidad si no fuera porque tu eres la que lo escribe no leeria fics q no sean de DBSK, si suena raro pero leer algun fic que no sean de ellos me hace sentir incomoda Dx es bastante raro, pero por alguna razon me gusta este fic *-* amo como escribes >//////<

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