Precedentes: segundo sintoma

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Precedentes de una Adicción no controlada

Mentira, predecesor del imponente sentimiento fundido

Segundo Síntoma.

 

 

 

 

Estoy drogado de amor, ebrio en mi odio.

Y justo cuando pienso que estoy a punto de ahogarme, él viene y me resucita.

 

 

 

 

Era de suponer que Inoo Kei le resultara indiferente.

 

Daiki suponía que debía ser así. La lógica dictaba que entre sus manos tenía el poder absoluto de poder lograr que aquel muchacho de cabellos negros pasara desapercibido por completo ante sus ojos, igual que Kei lo ignoraba a él.

 

Excepto por el hecho consciente de que ambos gozaban cierto grado de popularidad dentro del internado.

 

La única diferencia era que Kei siempre había estado en el salón ‘C’ y Daiki en el ‘A’ pocas veces lo había visto. Y aún así Daiki siempre terminaba recriminándose por que sus ojos inevitablemente se redirigían a ese muchacho alto que cuando pasaba a su lado parecía tener la misma expresión vacía en el rostro.

 

O por lo menos Daiki en todos estos casi seis años en el internado, jamás había podido ver otra.

 

Resultaba interesante saber que el nombre de aquel muchacho tintineaba en la boca de todos cada que se abría camino entre la gente, casi sin tener que mirar a alguien en particular, la gente simplemente se abría a su paso, rindiéndole una absurda pleitesía.

 

Inoo era considerado el príncipe intocable del internado. Y siempre había sido así.

 

Distaba tanto de su carácter. Por que Daiki siempre había destacado como el muchacho animado, entusiasta repleto de vida, jugando a que nada le importa, con cada una de sus pequeñas aventuras, que la vida se encargaba de ponerle enfrente.

 

Por eso, Arioka decide sacudir la cabeza y regresar la mirada al interior de su vacío casillero, guardando los libros en aquel lugar, lejos del hecho obvio que este año Kei tiene un casillero a apenas unos metros del suyo. Con ese aire etéreo, con los audífonos en los oídos y guardando un par de cosas ahí.

 

Daiki se siente como un estúpido. Tal vez mucho más que eso.

 

—¿Se puede saber que haces por aquí? Las clases empiezan mañana.

 

Es Yuto, quien coloca uno de sus brazos sobre sus hombros. A Daiki no le molesta, pero Nakajima se ha vuelto más alto que él, más musculoso también. Producto tal vez de ese incesante deseo de convertirse en modelo, pero Yuto es un año menor a él, está en segundo. Y Daiki piensa que debe de empezar a acompañar a Yuto al gimnasio.

 

—Solo dejo un par de cosas en el casillero.

—Moh~ Que aburrido, Daiki… ¿Por qué no vamos por un poco de dulce a la cafetería?

 

—¿Quieres dulces?

—Algo así…

 

Y la sonrisa en los labios de Yuto centellea de una manera asombrosa que provoca que las ganas de ordenar las cosas en el casillero de Daiki desaparezcan, así que termina por lanzar los pocos libros que le quedan en la mano dentro del locker y cerrarlo sin cuidado.

 

—¿Tienes idea de que eres un muchacho muy precoz?

—No fastidies, Daiki. Que vi la rapidez con la que decidiste olvidarte de tus libros.

 

Daiki ríe, aún con el brazo de Yuto sobre él. Absorto por la cándida sensación que Yuto provoca con su cercanía, inconsciente por supuesto de que de pronto la mirada de Inoo se ha deslizado hacía ellos y se ha posado breves segundos en la distancia que marcaron.

 

Atenuante a ningún motivo en particular.

 

 

 

 

—¿Qué sucede contigo?

 

La voz de Yabu sonó llena de reproche, Ryutaro supo que empezaba a hacer las cosas mal.

 

Pero el imbécil de su hermano no le había advertido que al parecer tenía una especie de relación con aquel muchacho al que de pronto había alejado con su pie en el pecho contrario, tan solo para marcar distancias y que ese beso no siguiera aturdiendo sus pensamientos.

 

—Solo me tomaste por sorpresa.

—¿Y desde cuando eso es un inconveniente?

—Desde que no me gusta que invadan mi habitación como si nada

 

Inmediatamente Kota entrecerró los ojos, clavándolos en aquel rostro que de pronto lucía muy serio, muy diferente al rostro travieso de Shintaro. Y lo que más lo desconcertaba era el hecho claro de que Shintaro y él en una cama, jamás estaban sentados sin hacer nada.

 

Justo como ahora…

 

—¿Ahora vas a decirme que maduraste de pronto durante las vacaciones?

—¿Por qué no?

 

Hubo una sonrisa, una sonrisa que se extendió más en uno de los lados del rostro de Morimoto, mientras agachaba un poco más la cabeza y Yabu sintió una sacudida interna por esa expresión en el rostro del menor que hasta ahora no había podido divisar.

 

—Shintaro no juegues conmigo… Ayer te vi con un muchacho, muy similar a ti. ¿Por qué nunca me habías dicho que tenías un hermano gemelo?

 

Inevitablemente el pulso de Ryutaro se aceleró, la diferencia era que no lo había demostrado y apenas había pasado una mano por su cabello, restándole importancia al asunto. Sabiendo de sobra la forma que tenía Shintaro de escapar de las preguntas incómodas que no le convenían.

 

Distrayendo a los demás con su atractivo, que sencillamente era el mismo en esta ocasión.

 

—No recordaba que tuviera que mantenerte informado acerca de todo lo que pasa en mi vida.

—No tienes que, pero sería útil que al menos lo mencionaras para no agarrar a besos a tu hermano en alguna calle de Shibuya cuando me lo encontrara.

 

Ryutaro en ese momento pensó, que de no haber sido por qué tenía que fingir ser Shintaro, hace rato que le hubiera roto la cara a aquel muchacho alto, pero a cambio de eso decidió levantar un poco los hombros, pareciendo despreocupado.

 

—Eso no me preocupa, Ryutaro te hubiera roto la nariz. Eso tenlo por seguro.

 

Yabu parecía no estar dispuesto a seguir conversando, así que había empezado a gatear sobre la cama para llegar hasta su boca una vez más. Y Ryutaro tuvo que recordar que no era Ryutaro en estos momentos, que no debía golpearlo, por más provocadora que fue la idea.

 

El problema radicaba en que los besos de Kota tenían un extraño aliciente, confortante y devastador al mismo tiempo, por que Yabu se movía con astucia sobre él, dejando a Ryutaro sin la posibilidad de escape, cada que posaba sus manos en aquel cuerpo y Ryutaro terminaba recostado sobre la cama otra vez.

 

Las manos del mayor eran cálidas, calientes al tacto con su piel cuando se posaba en su cuello y profundizaba el beso con movimientos constantes de sus bocas unidas y el juego sensual entre sus lenguas. Y una cosa era que esos besos extrañamente le parecieran embriagadores y casi enviciante.

 

Otra cosa era, cuando la mano de Yabu empezaba a desabotonar su camisa y el tacto de esa mano sobre su estómago provocó una corriente eléctrica en todo su cuerpo, que hizo que el cuerpo de Ryutaro casi se levantara de la cama, y empujara a Yabu en el proceso.

 

—¿Sabes algo? Estoy cansado, además tengo que terminar de empacar. ¿Te parece si nos vemos en la fiesta?

 

De que fiesta hablaba, Ryutaro no tenía la menor idea, pero todo el mundo parecía hablar de ella en el poco tiempo que llevaba en el internado, y sería esa misma noche. Sin contar con que Yabu, a pesar de sorprendido por el repentino alejamiento, pareció conforme con verlo luego.

 

—¿Vas a ir entonces?

—Si, Yabu. Nos vemos en la noche.

 

Kota no parecía muy seguro. Aún así, decidió darle un voto de confianza al menor que lo había empezado a empujar fuera de la habitación. Justo antes de que eso pasara, Yabu en el resquicio de la puerta había tomado a Morimoto por la camisa y lo había jalado de ella.

 

Con sus labios serpenteando sobre aquellos finos y con un pequeño movimiento que consistía en jalar su labio inferior con una sonrisa en los labios. Marcando así que más le valía a Shintaro en verdad aparecerse por ahí.

 

—Nos vemos.

—Si… claro.

 

La inseguridad plasmada en las palabras de Ryutaro fue algo que Yabu no determinó, por que terminó por irse, y una vez solo y con la puerta cerrada pudo apoyarse en la puerta, con los ojos cerrados y recuperar el aire en sus pulmones.

 

—Estúpido Shintaro…

 

Arrugó el entrecejo, por que no solo le tocaba fingir ser un muchacho alborotador, molesto y popular sino que ahora cargaba con el peso sobre su espalda de una relación que a él no le constaba y que Shintaro no había mencionado.

 

¿Era eso tan malo?

 

 

 

 

—¿Has perdido la cabeza?

 

Keito fue cortante. Mirando a Shintaro frente a sus ojos, en aquella cafetería a varios kilómetros del internado, mientras Hikaru veía a sus dos amigos, con la pequeña bebida en sus manos.

 

—No me interesa, necesitaba salir de esa cárcel o me volvería loco. Quería ver a mis antiguos amigos, disfrutar de la libertad de poder ir donde me de la gana luego de clases. Y si mis padres no quisieron por el lado correcto no es mi culpa.

 

Hikaru entonces decidió hablar.

 

—Pueden darse cuenta Shintaro, además ¿tú no tienes un arrejunte raro con ese chico de tercero?

—¿Yabu?

 

Keito sacudió la cabeza antes de que Hikaru asintiera.

 

—¿Arrejunte? ¿Dónde demonios aprendes ese vocabulario Hikaru?

—Ese no es el punto. Contesta Shintaro.

 

El menor de la familia Morimoto suspiró, jugando con el tenedor en su mano sobre la pequeña torta de chocolate en su plato.

 

—Lo mío con Yabu… es indescifrable. Me gusta como besa, es sexy. Pero no me llama la atención estar junto a él todo el tiempo.

—Solo cuando estas ebrio o tienes ganas de sexo, ¿cierto?

 

Shintaro soltó una carcajada ante la brutal sinceridad por parte de Keito quien solo rodó los ojos, cuando Hikaru empezó a atorarse con su bebida.

 

—De cualquier forma lo único que quiero pedirles es que lo ayuden.

—¿Por qué deberíamos hacerlo?

 

—¿Por qué tienes que ser tan prejuicioso Keito?

—No es prejuicio, es precaución. No sé que clase de persona es tu hermano. Si tu eres… una joyita. Imaginar a tu hermano, asusta.

 

De algún modo Shintaro sonrió orgulloso, y dio un pequeño suspiro. Moviendo un poco sus cabellos y logrando que Hikaru negara levemente.

 

—Hoy es la fiesta que se realiza antes de las clases, procuren que no se comporte nada bien y por supuesto por nada del mundo le hagan creer que Yabu y yo tenemos algo serio. Solo eso les pido, además solo será un semestre.

 

Con la servilleta en sus manos, Keito jugó con ella, doblándola un poco y pareciendo distraído por ello. Miró a Shintaro y levantó los hombros, cuando aquello pasó Shintaro sonrió todavía un poco más, por que ya tenía  a sus aliados.

 

 

 

 

Resultaba que a Yuya no le agradaba Ryosuke.

 

Por que su padre, pretendía a la madre de Ryosuke, y el niñito hijito de mami había decidido que el padre de Yuya Takaki no le llegaba ni a los tobillos a la millonaria y reconocida familia Yamada, entonces el odio desmedido había empezado.

 

Takaki no soportaba al mocoso ese, creyéndose superior, pretendiendo humillarlo con palabras burdas sin fundamentos. Pero eso era algo que Yuya podía manejar, por que finalmente su familia tenía prestigio, y después de todo era su madre la que decidiría al final si deseaba o no quedarse con su padre.

 

Lo que más odiaba de Ryosuke, era el instante en el que había cometido el error de dejarse tan al descubierto frente al muchacho ese. Fue una tarde durante uno de los recesos del año escolar pasado. Como siempre Chinen Yuri pasaba con el violín en sus manos, dispuesto a ensayar como cada día.

 

Y sus ojos se posaron en aquel muchacho, de rostro aniñado y sonrisa fugaz.

 

La veneración flotó entre sus pupilas como cada vez que lo veía. Y Ryosuke lo descubrió.

 

El estúpido plan de Ryosuke por joderle más la vida, ocurrió precisamente al día siguiente. Cuando Chinen optó por almorzar con sus amigos. Todo fue demasiado evidente, por que Yuya desde su mesa los observaba, Yamada se acercó al oído de Chinen, hablándole muy de cerca.

 

Y esos ojos se posaron brevemente sobre él, con una sonrisa extraña en el rostro. Compartieron miradas, palabras y risas. La sangre de Yuya hervía por dentro, carente de vergüenza o pena. Pugnaba dentro de él, el ferviente desprecio que sentía por Ryosuke, por querer usar a Yuri solo para fastidiarlo.

 

Y peor aún, que Chinen se lo permitiera.

 

Entonces, esos dos comenzaron a salir, con sonrisas superiores plasmadas en los labios. Con besos compartidos que se habían vuelto su tortura. Y es que desde siempre el grupito de Yamada y el suyo, jamás se habían llevado bien, pero a partir de lo de sus padre todo empeoró.

 

Y cuando Chinen se prestó para el jueguito sucio de Yamada, todo se elevó a niveles insospechados.

 

Entendía de algún modo las ganas de Yamada por destruirlo, por provocar de algún modo que él fuera a decirle a su padre que dejara a Rye, la madre de Ryosuke en paz. Pero eso no ocurriría por que Yuya no era tan estúpido como para rendirse con cosas como esas.

 

Lo que estaba fuera de su campo de entendimiento era la maldita razón que había orillado a Yuri a aceptar el juego de Ryosuke, ¿amistad? ¿ganas de joderlo? Yuya no entendía. Y Yuri tenía un retorcido gusto por llamar su atención. Como si saber que lo miraba elevara su ego y se valiera de eso para vivir.

 

—Te veo en la noche.

 

Esa de ahí había sido la voz de Ryosuke, Yuya optó por terminar de anotar las ubicaciones de cada habitación. Este año le había tocado jefe de dormitorio, la tarea más odiosa de todas y cuando vio a Chinen entrar en una de las habitaciones y sus miradas se cruzaron, él solo sintió un retorcijón  en su estómago.

 

—Hola, Yuya.

 

Su voz fue insinuante, una parte dentro de Takaki no sabía por que de pronto le hablaba. Y aunque sus sentidos gritaban ‘Trampa’ su instinto solo pudo sonreír y acercarse un paso más. Por que Ryosuke ya no estaba.

 

—El gran Chinen Yuri, ¿dirigiéndome la palabra? ¿Se puede saber por qué tal honor?

—Soy cortés, eres mi jefe de dormitorio ahora.

 

El dedo índice del menor golpeteó la placa roja en su puerta aquella que distinguía a Takaki como su jefe durante ese año. Hubo una sonrisa en aquellos labios finos antes de entrar en su habitación. Yuya no podía definir a lo que Yuri estaba jugando.

 

Pero sin duda alguna le gustaba, demasiado.

 

 

 

 

Yuto mordió su cuello y Daiki se sintió complacido con aquello.

 

Tanto que el pequeño gemido que salió de sus labios hizo que el menor sonriera y se dedicara a pasar sus manos grandes y frías por debajo de su camisa, entrando en contacto con su espalda. Y no es que Daiki le gustara estar sentado sobre aquel escritorio.

 

Pero que Yuto hubiera crecido tanto, seguía incomodándolo, su altura era algo que no le terminaba de cerrar, pero sus besos bastaban para que Daiki olvidara sus estúpidos complejos. Y buscara esos labios, pendiente de cada sabor y sensación que recorrían a su cuerpo entero.

 

Le gustaba jugar a los besos con Yuto.

 

Como punzadas contra su pecho que se plasmaban dentro de cada pensamiento. La ventaja de que su amistad jamás se confundiera y Daiki sabía que Nakajima jamás cometería el error de enamorarse. Por eso le gustaba Yuto, por que era igual a él.           Igual de desalmado y desprovisto de las intenciones absurdas de encontrar el amor.

 

Piel y pasión. Era lo único que buscaba cuando llegaba hasta sus brazos y era lo único que recibía. Y bajo esos parámetros. Todo marchaba a la perfección. Yuto de pronto se alejó, con sus rostros cerca y una sonrisa en los labios.

 

—Es tarde, Daiki. La fiesta comenzará en cualquier momento. Mejor ya vamos a ducharnos, o llegaremos tarde.

—Nadie llega tarde a una fiesta Yuto.

 

Cuando el menor sonrió. Daiki aprovechó para un último beso, de sus bocas jugando y sus lenguas entreverándose con cuidado, con sensualidad y un último apretón entre sus cuerpos.

 

—Nos vemos en la fiesta.

—De acuerdo.

 

La puerta se abrió y cerró con la salida de Yuto, Daiki sacudió su cabello y miró su ropa desarreglada. Optó por una ducha a sabiendas de que definitivamente esa, ya no era ni de cerca una ropa que pareciera recién planchada o arreglada.

 

 

 

 

Cerca de las diez de la noche, finalmente Ryutaro salió de su habitación.

 

No estaba acostumbrado a la ropa de su hermano y no le hacía mucha gracia tener que ir a una fiesta donde no conocía a absolutamente nadie. Pero se suponía que Shintaro no faltaba a ninguna fiesta y sobre todo, no quería al tal Yabu encima suyo acusándolo por dejarlo plantado.

 

Oh, Dios… Y apenas al día siguiente empezaban las clases.

 

¿Quieres dejar la histeria Ryutaro?

—Claro, yo me calmo, en cuanto tú me expliques. ¡¿Por qué rayos no me dijiste nada del sujeto ese?!

 

Incluso escuchó a su hermano bufar. Como si él tuviera el derecho para estar molesto. Por lo que apretó el teléfono en sus manos con fuerza. Y detuvo sus pasos.

 

—Escúchame bien remedo de hermano menor, o hablas ahora, o sencillamente me regreso y veremos a quien le va peor.

 

Y si Shintaro finalmente iba a decirle algo o no, Ryutaro ya no lo podía comprobar, por que a unos pasos de llegar a la habitación donde se celebra la dichosa fiesta, en medio del pasillo no tan inundado de gente, un muchacho de cabello castaño, le quitó el celular y lo cerró con fuerza. Con una estúpida sonrisa en el rostro.

 

—…Y yo soy Yaotome Hikaru, mucho gusto Ryutaro.

 

El muchacho se acercó a él, extendiéndole el celular de vuelta y Ryutaro no necesitaba ser un genio para saber que era uno de los amiguitos de su hermano.

 

—Si, hola…

 

Guardó el celular en su bolsillo molesto, frunciendo el ceño ante la mirada divertida del más alto.

 

—Evita estar tan serio todo el momento, eso no es para nada en Shintaro. Aunque en realidad se parecen mucho… Demasiado diría yo.

—Aléjate de él, Hikaru. O terminaras espantándolo.

 

Y cuando el muchacho de cabello algo levantado, que venía con las manos en los bolsillos lo hizo girar, Ryutaro tuvo que evitar alguna expresión en su rostro, aún más cuando aquel muchacho vestido de negro le sonrió.

 

—Soy Okamoto Keito, Shintaro nos contó todo así que trataremos de estar de tu lado.

—¿Trataremos?

—Si no resultas un verdadero imbécil, trataremos.

 

Ryutaro sonrió. Por algún motivo levemente a gusto con la llegada del tal Keito que de pronto había llamado su atención y que por supuesto al menos ya tenía alguien de su parte que lo llamara por su verdadero nombre.

 

—Lo importante aquí es que no olvides JAMÁS, que por ningún motivo, Kota Yabu, puede controlar tu tiempo o vida.— Hikaru pasó un brazo por sus hombros, y Ryutaro se preguntó si sería prudente contar que habían concretado un encuentro ese día. –Su relación es más como un juego de poder, para ver quien lleva el control o no.

 

Ryutaro tomó nota. De esa forma podría mantenerlo a raya sin que pareciera sospechoso, ni permitirle invadir su boca a cada segundo.

 

—Solo diviértete, es una fiesta como cualquier otra. Mientras no se salga de control y los directivos nos descubran todos estaremos bien.

—¿Nadie sabe de esta fiesta?

 

Hikaru rió, soltándolo y apoyándose en el hombro de Keito.

 

—¡Por supuesto que no! Las fiestas dentro del internado están prohibidas, a menos que sean autorizadas por el director. Y él obviamente nunca aprobaría una fiesta demente como la de inicio de año, con tanto alcohol de contrabando que fácilmente pareceríamos una licorería.

 

Keito sonrió, negando levemente y por un momento empezó a pensar en las múltiples razones por las que su hermano no parecía tan mala influencia justo ahora.

 

—¿Dónde es la fiesta este año? ¿Dónde Yamada o Hisuke?

—Creo que es donde Yamada.

 

Cuando esos dos se pusieron a discutir sobre aquello, para Ryutaro resultó más sencillo, seguir la bulla de aquel pasillo, no era muy fuerte en un inicio. Pero al parecer, todos los estudiantes en realidad se confabulaban para que nadie se enterara de eso.

 

Prácticamente estaban todos ahí, excepto los de los tres primeros años y eso probablemente por que ellos estaban en otros edificios más alejados.  Cuando la música fue lo suficientemente audible como para reconocerla.

 

Vio a los muchachos con botellas en las manos, riendo, apoyándose en otros. Algunos ya en el piso. Y sus ojos se abrieron con sorpresa, los que no reían, se besaban como si su vida dependiera de ello. Y Ryutaro no terminaba de entender por que Shintaro odiaba tanto el internado, si ese parecía ser su estilo de vida.

 

—¡¡Shintaro!!

 

Cuando un chico se lanzó a su espalda, abrazándolo con fuerza, inevitablemente Ryutaro giró y lo alejó.

 

—Yuri, deja en paz. A Shintaro.

—Oh~ Déjenlo que hoy se tiene que divertir conmigo…

 

Keito intentó interponerse otra vez, cuando Chinen lo jaló por la camisa atrayéndolo hacía donde él se encontraba, pero afortunadamente Hikaru lo agarró por la cintura y lo detuvo.

 

—Oye, Chinen… ¿Por qué no vamos por un poco de whisky a la mesa?

—¡De acuerdo!

 

Una vez los vio alejarse, Keito suspiró y Morimoto volvió a arreglar un poco su camisa.

 

—Chinen Yuri, trata de alejarte de él. Por si solo hay una disputa muy extraña entre Takaki y Yamada, no quieres meterte en eso. Por lo menos mientras no seas el verdadero Shintaro y no sepas manejar la situación.

 

La canción cambió y vio a lo lejos a un muchacho de cabello largo y negro sobre una de las mesas semi bailando y lanzando botellas de vodka por todo el lugar, para que los demás las agarraran. Ryutaro pensó que eso era peligroso, si es que alguna de esas botellas le daba a alguien en la cabeza. Pero a nadie parecía importarle.

 

—Y ese es Yamada Ryosuke. Alma de la fiesta, cómo siempre.

 

Ryutaro iba a agregar algo, cuando Keito colocó una mano en su pecho. Empujándolo tras él, hacía un lugar un poco más apartado, como intentando esconderlo.

 

—Yuya, Yuto, Daiki y a Kota ya lo conoces.

 

Los cuatro chicos que ingresaban por la puerta, inmediatamente llamaron la atención de las chicas. Que se amontonaron en la entrada para saludarlos y llamar su atención como podían.

 

—Se supone que las chicas están en un bloque sumamente lejano, ¿cómo llegaron hasta acá?

—Eso es un misterio hasta para ellas. Solo hasta a la idea de que la próxima fiesta es la del cumpleaños de Hikaru y este año será en tu habitación.

 

—¡¿Qué?!

—Luego te explico eso.

 

Okamoto movió un poco su mano. Y mientras el grupo recién llegado avanzó hasta la mesa principal. Ryutaro se encargó de mirar el lugar, donde una que otra chica ya estaba bailando sobre las mesas y parecía demasiado divertida como para darse cuenta de que mañana se arrepentiría por todo eso.

 

Inoo Kei estaba en el balcón, con un cigarro en la mano absorto a todo y mirando el cielo de esa noche. A él si lo reconocía. Su familia intentaba firmar una sociedad con la familia Inoo, entrecerró los ojos y se sorprendió al descubrir que el tal Kei parecía más calmado a lo que había esperado.

 

—¿Qué miras?

—No, nada.

 

Keito volvió a agarrarlo por el brazo, jalándolo hacía la otra mesa en sentido contrario. Y cuando Yamada se les puso enfrente, tuvieron que detenerse.

 

—¡Hey, Shin! No te veía desde la fiesta de fin de año.

—Si… estaba ocupado, desempacando… ya sabes.

 

Ryosuke sonrió estirando un vaso con licor a sus manos y Ryutaro arrugó el entrecejo. Recordando que a lo mucho el licor que había probado en su vida era vino, y solo para la cena.

 

—¿Shintaro?

—Toma el maldito vaso.

 

Okamoto lo codeó suavemente y Ryutaro tuvo que poner la mejor de sus sonrisas mientras tomaba el dichoso vaso entre sus manos. Y cuando Yamada levantó la mano, indicándole que bebiera, su estómago se comprimió.

 

—…Por tu fiesta.

 

Levantó el vaso en sus manos, y Ryosuke sonrió complacido. Cuando el sabor amargo quemó su lengua y luego su garganta, Ryutaro pensó que hubiera sido bueno preguntar que porquería era esa que estaba tomando.

 

Arrugó la nariz y decidió beber de una sola vez todo el contenido. Desvainando su poco interés por el licor, y rasgando de a poco su cordura. Y si, Ryutaro jamás había probado un licor tan fuerte como ese, además le quedaba el resto de la noche para seguir descubriendo algún licor que le gustara.

 

Entonces… ¿Qué tan malo podía ser?

 

 

 

 

 

Horror…

 

Era el horror en carne propia.

 

La cabeza le dolía horrores, todo le daba vueltas, tenía nauseas, le dolía el cuerpo. Y no recordaba nada después de ese primer trago que Yamada le hubiera ofrecido.

 

¿Había seguido bebiendo?

 

¿Por qué tenía nauseas cada dos minutos?

 

Oh, Dios… en serio necesitaba un  baño.

 

Pero eso no era lo peor de todo, no. Lo peor era ese profesor que había ido a sacarlo de su cama a las siete de la mañana para su entrevista con el director por su indebido comportamiento de la noche anterior, ya desde ahí Ryutaro empezaba a barajar más y más posibilidades para nada alentadoras.

 

Así que cuando llegó al pasillo de la dirección. Y vio en las sillas sentados a varios estudiantes, al menos suspiró aliviado. No era el único. La puerta de dirección se abrió y por ella salió aquel hombre alto, con entrecejo arrugado, quitándose los lentes de la cara y visiblemente molesto.

 

—Hay tantas violaciones al reglamento del internado que no sé por donde pensar. ¡¿En que estaban pensando todos ustedes?!

 

Y aquel grito pareció hacer mella en los diez muchachos ahí presentes, por que todos hicieron muecas de dolor, con las manos en la cabeza.

 

—Lamentablemente solo alcanzamos a agarrar de todo el grupo a ustedes diez. Pero luego del interrogatorio encontraré a los demás. Debería expulsarlos, pero la ley no me lo permite. Yaotome y Yamada, sacando licor de la habitación del mismo Yamada sin contar con que era su propia habitación la del epicentro de todo ese caos.

 

Ryutaro solo deseó marcharse de ahí. Directo a un baño a vomitar.

 

—Okamoto y Nakajima agarrándose a golpes en pleno pasillo. Inoo y Arioka haciendo sabrá Dios qué en la parte trasera del edificio. Takaki y Chinen encerrados en una habitación, ¡y usted Morimoto! ¡¿Por que diablos esposaba a Kota en uno de los barandales de las escaleras?!

 

Sus ojos se abrieron en extremo.

 

¡¿Qué el, qué?!

 

No podía ver las expresiones de todos, difícilmente los recordaba. Pero él JAMÁS haría algo como eso. Apenas divisó a Keito negando con la cabeza, y a Hikaru tapando la sonrisa burlona en su rostro. El director siguió despotricando en contra de todos.

 

Pero Ryutaro solo podía forzarse a recordar.

 

El momento aquel, en que toda esa fiesta se le había salido de control.

 

Y no recordaba, absolutamente nada.

 

¡Maldición!

 

 

 

Eres lo mismo que yo, y está bien.

Por que me gusta la forma en que mientes.

 

 

 

Fin del Segundo Síntoma.

 

 

 

Wow… había demorado en publicar el siguiente capítulo. xD

Mil disculpas. Muchas gracias por la corrección de lo del nombre de Kei, supongo que se me confundieron los nombres. Gracias por el interés en la historia. =)

Y en el próximo tendremos la fiesta en todo su esplendor. Si lo ponía en este capo, me salían como cuarenta páginas. xDD

La frases de la canción en esta ocasión es ‘The way you lie’  de Eminem & Rihanna.

¡Hasta el próximo capo!~

 

 

6 comentarios sobre “Precedentes: segundo sintoma

    Tsuki escribió:
    2 octubre, 2011 en 18:42

    O_____O maaadreee miiaaa que habras echo Ryutaro!!!!!!

    Esto cada vez se pone mas y mas interesante!!!!

    Gracias Nesly ^^

    Me gusta

    Denisse Romero (@YuukiNii) escribió:
    2 octubre, 2011 en 21:04

    AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA OMG!!!!! AAAAAAAAAAAAAAA!! ESPOSADO!!! AAAAAAAAAAAAAAAA!!! MUERO!!!!!!!!!! ME MATAS CON EL YABUTARO!! AAAAAAAAA!! ESTOY SUMAMENTE EMOCIONADA Y QUIERO LEER YA EL PROXIMO CAPITULO, EN VERDAD ME MATAS DE LA ANSIEDAD!!! AAAAAAAAAAAAA!!! NO PUEDO DEJAR DE GRITAR

    Cuando lei lo de esposado, explote!!! grite!! me emocione mucho, demasiado!! AAAAAA!!! *0*
    amo como escribes, amo este fic, y quiero continuacion! si que si!!! asdasdasd i love you!

    Me gusta

    Satommy escribió:
    5 octubre, 2011 en 21:40

    JAJAJAJAJA😄 DIOS
    Tengo un WTF en la cabeza por lo que hizo Ryutaro LOL~
    Pero pues😄 yo me he embriagado y sé como es eso ;D!
    Aasdasdsadsa quiero más -3- Espero no te demores
    escribiendo la continuación porque en verdad está genial~~

    Me gusta

    harukiyabutome escribió:
    16 octubre, 2011 en 16:46

    oooohhhhhhhhhhhhhh por dios ryutaro esposandoloen las escaleras x dios que fiesta tan genial *0* yo quiero estar en una asi con los jump y para colmo no se acuerda de nada eso no es justo, eso merece un flasback para saber que tanto le hizo a kou-chan jijijijijijij

    el capitulo esta genial en serio ojala nos puedas complacer pronto con la coti xq en serio es genial tu fic >w<

    Me gusta

    Yukito Hikajima escribió:
    23 octubre, 2011 en 2:23

    Vaya… que pedasote de fic .__. en serio me has dejado con el alma en un hilo(?)😄 y ¡¡por dios!! ¡¿qué cosa ha hecho Ryutaro?! asdasd me encanta como estás llevando a cabo esta historia y la personalidad que le has dado a cada uno, espero pronto la continuación~ y este capitulo a quedado fenomenal~

    Me gusta

    Cielo escribió:
    29 enero, 2012 en 17:21

    Esposó a Kota? :O El alcohol los volvio ellos mismos (?) jajjaja tengo curiosidad por saber la causa de la pelea entre Keito y Yuto… Muchas gracias

    Me gusta

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