Precedentes: tercer sintoma

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Precedentes de una Adicción no Controlada

Rechazo con sabor a traición

Tercer Síntoma

 

 

 

 

 

Deshazte de esas palabras inútiles, tus excepcionales historias, tú amor egoísta.

Las mentiras repetidas arrójalas a la basura. Y llévate también esas lágrimas de odio y pasión.

 

 

 

 

 

Vodka, whisky, cerveza…

 

Y sabrá Dios que otra bebida más, Daiki había roto la regla esencial de beber durante una fiesta. Mezclas indiscriminadas sin aparente control, solo lo emborrachaban con más facilidad de la debida y poco a poco había empezado a sentir que todo el mundo le daba vueltas.

 

Las risas y conversaciones de los demás se escuchaban a lo lejos en un panorama diferente al suyo. Y cuando vio a Kei en el balcón, fumando aquel cigarrillo entre sus manos, la sola visión le resultó extremadamente sexy, colmando sus emociones y lo aficionado que le parecía el hecho de que alguien como Inoo le pareciera tan inalcanzable.

 

Aunque nadie, fuera inalcanzable para él.

 

Entonces caminó. Lo más firme que pudo directo a ese balcón, dispuesto a decirle lo que pasaba exactamente por su cabeza “Hey chico, sexy. ¿Por qué me ignoras? ¿No ves que soy sexy también? Las personas como nosotros solo podemos estar en un lugar, en medio de las sabanas en alguna habitación”

 

Si, en ese preciso instante, decir aquello no soltaba tan mal. Pero como casi siempre Inoo se le escapó de las manos, de pronto entre la multitud que había lo perdió de vista un segundo y ya no estaba, su vista se había nublado, confundido con lo que pasaba.

 

Pero Kei no estaba lejos, apenas y se abría paso entre la gente contestando una llamada en su celular. Y la sonrisas vacilante en los labios de Daiki no se hizo esperar, y lo siguió.

 

No tenía ni la menor idea de hacía donde iba, solo seguía a Kei mientras avanzaba por los pasillos hasta salir del edificio, gritando que no escuchaba y que hablaran más fuerte. Él seguía mareado con la firme convicción de alcanzarlo y decirle aquella preparada frase.

 

Pero cuando Kei bufó molesto, cortando la llamada y guardando el celular, Arioka se detuvo, de pronto ya no le parecía tan buena idea. Sin embargo Kei lo miró, con sus ojos grandes y esa mirada intensa que por primera vez lo captaba, haciendo sentir a Daiki como un vil entrometido.

 

—¿Me estás siguiendo?

—Si, tenía algo que decirte… pero ya no recuerdo que era.

 

Sus expresiones debieron ser muy absurdas, por que Inoo incluso sonrió, levemente mientras desviaba la mirada.

 

—No me gusta que me sigan, no lo vuelvas a hacer.

—¡Oh, si ya recordé!

 

El grito de Daiki sonó con fuerza, mientras estiraba los brazos hacía arriba, entusiasmado con aquella sonrisa bobalicona en los labios.

 

—¿El qué?

—Lo que iba a decirte: Tú eres sexy, yo soy sexy. Seamos sexy juntos.

 

De pronto Inoo se vio acorralado contra la pared del edificio, con las manos de Arioka a un lado de su cabeza y con su aliento a licor muy cerca de su rostro. Él abrió los ojos un poco más de lo debido, en especial por que Daiki era más bajo que él y aún así tenía la seguridad para acorralarlo de una forma.

 

—Aléjate…

 

Daiki lo sintió, no era ningún tonto. La sorpresa, hizo a Inoo temblar descaradamente, un poco, a pesar de que sus palabras sonaban seguras. Y una sonrisa bailó en sus labios, acercando sus labios a los de él, era un aroma extraño a licor y cigarrillo el que los envolvía.

 

A Daiki no le gustaba besar unos labios que supieran a nicotina, pero justamente esos labios que ahora se posaban frente a su cara, se veían demasiado incitantes como para ignorarlos así como así.

 

—¿Estás sordo? He dicho que te alejes.

 

Y antes de que pudiera lograrlo; Inoo colocó las manos en el pecho de Daiki, haciéndolo retroceder torpemente hasta que su espalda chocó contra la otra pared. Exhalando un poco de aire durante el frío de esa noche.

 

—Eres un ser extraño Inoo, ¿sabes cuantos adorarían tenerme en este estado?

—¿Borracho a morir? No gracias, yo paso.

—Eres pretencioso, crees que vales más de lo que en realidad mereces.

 

Y Kei descubrió un desprecio instantáneo ante aquel muchacho de cabellera alborotada que ahora lo miraba sonriente. Pujante de provocarlo a como diera lugar, y Kei tenía que admitir que lo estaba logrando, por que ahora sentía deseo, aunque fuera deseo por romperle la cara, pero deseo al fin y al cabo.

 

—¿Y tú que te crees Arioka? Es la primera vez que hablamos, no debería permitirte ni siquiera hablarme.

—¿Arioka? ¿Y cómo es que sabes mi apellido, oh gran príncipe de las alturas?

 

Inoo frunció el ceño. Molesto y corriendo el riesgo de perder la poca paciencia que le quedaba si Arioka seguía abriendo la boca. Afortunadamente su celular volvió a sonar, e Inoo pensó que todo sería un poco más fácil si se alejaba entreteniéndose en cualquier otra cosa que no fuera ese muchacho.

 

Pero Daiki parecía inspirado en joderle la existencia, por que agarró su celular y lo guardó en su bolsillo. Inoo apretó los puños, molesto por no haber reaccionado a tiempo cuando Daiki le quitara el celular de las manos.

 

—¿Qué pretendes? Ve a molestar a alguno en la fiesta, a mi déjame en paz.

—Un beso a cambio de tú celular.

 

E Inoo soltó una risa, pasando una mano por su cabello ante la sonrisa suficiente en el rostro de Daiki mientras se apoyaba en la pared. Seguro de sus palabras y aquella imagen que proyectaba con la camisa abierta en los primeros botones, aquella camisa blanca que Inoo apenas notaba.

 

—¿Por qué quieres un beso?

—Me intrigas, hay algo en ti que me dice que no puedo terminar el instituto sin haberte besado. Tus labios, me gustan.

 

Algo le decía que ese descaro para hablar en Arioka no solo era producto de licor, sino parte de su extravagante personalidad también, pero se mantuvo reacio a creer en ello. Y solo rascó un poco su nuca.

 

—Devuélveme el celular.

—¿Vas a besarme?

—¡NO!

 

Y ahora fue el turno de Daiki para reír, divertido con las expresiones que el rostro de Inoo le mostraban cada tanto. Empezando a creer seriamente ese rumor de que Inoo salía con una mujer mayor, siendo enteramente heterosexual. Y la sola idea, solo provocó más sus ganas por besarlo.

 

—Oh, mira… están llamando de nuevo.

 

Sacó el celular de su bolsillo, mostrándole a Kei el nombre que él no había alcanzado a leer pero que hacía encender las luces del celular, y aquella llamada pareció ser importante por que el altivo Inoo incluso se lanzó contra él, aunque Daiki lo hubiera esquivado rápidamente.

 

—¡Dame el celular!

—Dame un beso entonces.

 

Kei parecía exasperarse, pasó una mano por su cabello y finalmente, con un movimiento veloz y fuerte agarró a Daiki por el rostro, levantándolo un poco, acercando sus rostros lo suficiente como para que sus labios se rozaran y su valentía llegó hasta ahí.

 

Por primera vez sintió el aroma de Arioka, esa fragancia extraña que seguramente provenía de algún perfume extremadamente caro. Y su aliento que golpeaba contra la cara, recién entonces pudo darse cuenta de las facciones ligeramente aniñadas que el menor aún poseía.

 

—¿Lo sabes, Inoo?

—¿El qué?

 

Los susurros entre ellos morían en palabras apenas pronunciadas. Tan bajas que Inoo por un momento se perdió en los labios de ese muchacho. Aún tocando su piel. De ese rostro extrañamente suave.

 

—Cada vez que alguien me besa, termina enamorándose de mí.

 

Iba a refutar aquello, pero antes de hacerlo, las manos de Arioka se deslizaron por su espalda, apretándolo un poco más contra su cuerpo, juntando sus labios y contrario a lo que esperaba entre el licor y el tabaco que podían comandar el sabor del beso, Inoo se perdió.

 

Por que esos labios eran algo sublime, un contacto delicado que parecía casi no existir, que lo hizo cerrar los ojos, y apretar esos labios con fuerza. Con un latido extraño proveniente de su pecho. Y fue Daiki quien comenzó a mover los labios con más intensidad, con pasión recorriendo cada uno de sus sentidos.

 

Esas manos que se paseaban apenas por su espalda y que agarraban con fuerza su camisa, en medio de ese frío enloquecedor, Inoo de pronto sintió el calor, corría por sus venas y se calaba entre su piel. Hasta el punto de pegar el cuerpo de Daiki un poco más contra la pared y su cuerpo.

 

—¡Hey! Ustedes dos, ¡¿qué están haciendo?!

 

La luz de una linterna los iluminó de improviso, cegando un poco a Daiki y haciendo reaccionar a Inoo del letargo en el que se había visto envuelto de inmediato.

 

—¡Arioka, Inoo! ¡Muévanse a sus dormitorios! AHORA.

 

 

 

 

Oh, Daiki quería morir.

 

Los recuerdos empezaban a llegar patéticamente a él, mientras el director seguía con su eterno regaño sobre la conducta inapropiada y lo mucho que le gustaría echarlos del internado. Le dolía la cabeza, mucho, y los otros chicos a su alrededor, entre ellos sus amigos, no parecían estar mejor.

 

Divisó a Inoo, sentado varios asientos más lejos de él, y quiso morir con más fuerza. ¿Cómo se había rebajado a rogarle por un beso a Inoo? Que si sus amigos se enteraban iban a joderlo con aquello toda la vida.

 

¿Qué maldito ente lo había poseído para pedir un beso a cambio del celular?

 

Lo poco que recordaba luego de eso, es haberse visto escoltado hasta su habitación, cayó en la cama y durmió hasta que el profesor hasta hace unos pocos minutos fue a levantarlo. El director no dejaba de gritar y el dolor de cabeza solo aumentaba.

 

En serio, moriría de sobredosis de alcohol, o de la poca dignidad que le quedaba.

 

 

 

 

 

—¡Esto es estúpido! ¿Por qué tengo que hacer algo tan vergonzoso como esto?

 

Yamada pateó con fuerza la cubeta a sus pies, Chinen a su lado solo rodó los ojos.

 

—Mira, Ryosuke cállate, que es esto o expulsión. Suficiente ya tengo con todo lo que me han de decir mis padres cuando el director los llame.

—Y a todas estas, Chinen.— Ryosuke pronto cambió su mirada por una fija, y profunda que logró incomodar al menor a su lado. —¿Qué hacías ayer encerrado en la habitación con Takaki?

 

Un poco más calmo, Yuri sonrió, ladinamente, retomando su trabajo de trapear el suelo a sus pies. Sin ningún tipo de problema, como si supiera hacerlo en realidad, desde hace ya un vago tiempo.

 

—No mucho en realidad, solo jugaba con él.

—¿Los dos solos, dentro de una habitación?

 

Ryosuke lo había tomado por el brazo, haciéndolo soltar la escoba y buscando que lo mirara una vez más.

 

—Tú eres mi amigo, Chinen. No se te ocurra traicionarme involucrándote con ese sujeto.

—Es curioso, que me reclames más por el de ser tu amigo, que por que estemos saliendo.

—Eso es solo para fastidiar a Takaki, sabes bien que no salimos.

 

Yuri planteó una sonrisa, una de esas descaradas que usualmente nadie más que Ryosuke presenciaba, colocó una mano en la mejilla de Yamada y besó cortamente sus labios.

 

—Si, lo sé Ryosuke. Así que deja de fastidiar y ponte a limpiar.

 

Cuando Yuri se agachó para tomar la escoba una vez más, Yamada recordó que tenían que encargarse de la limpieza de todo ese piso en los dormitorios. Y rezongó.

 

—Tengo empleados, muchos empleados que hacen este trabajo por mí en mi casa, ¿por qué debo hacerlo yo?

—Por que es parte del castigo, y deja de quejarte por que no voy a hacer este trabajo yo solo.

 

Ryosuke torció un poco la boca, molesto aún. Y mirando los pasillos que ahora más que nunca se le hacían interminables, estaba ahí. Con la mirada fija y la suficiente resaca como para tener ánimos de hacer algo, y sin embargo a Chinen eso parecía no molestarle.

 

A veces, Ryosuke pensaba que le faltaba ese poquito, casi escaso nivel de madurez que a Yuri parecía tener. Por que generalmente a Ryosuke, no le gustaba pagar por sus faltas.

 

 

 

 

—Solo digo que es idiota, tener que pelearse por algo y no recordar el por qué.

 

Keito arrugó un poco la nariz, en una mueca singular mientras Hikaru limpiaba suavemente la comisura de sus labios que no se veía también. Le dolía incluso un poco el lado derecho de su torso, pero eso era algo que suponía, un poco de pomada solucionaría.

 

—No suelo pelearme por absurdos, así que seguramente Nakajima fue el culpable.

 

Hikaru lo miró atentamente, como no terminando de creerse aquella burda excusa que le sabía a mentira pero Keito pareció inmune. Dejándose curar por las manos de su amigo.

 

—Entonces definitivamente, ¿no recuerdas nada de la pelea?

—Ya te dije que no.

 

Cuando Hikaru aparentemente terminó, soltando un pequeño suspiro y sentándose a su lado, Keito por un breve instante sintió que le ocultaba algo, por que había apretado sus manos visiblemente confuso de seguir hablando.

 

—¿Hikaru?

—¿Eh?

 

Y esos ojos lo habían mirado directo, desprovisto de cualquier nivel de duda, que le hizo creer a Keito que estaba imaginando cosas.

 

—Nada… solo estoy un poco mareado todavía, creo.

—Respira profundo. O no soportaras el día de hoy.

 

Keito asintió, levantando un poco la mirada. Ambos sentados en aquel pasillo. Divisando apenas al hermano gemelo de Shintaro parado frente al ventanal al final del pasillo, muy metido en sus pensamientos como para prestarle atención.

 

—¿Qué crees que le suceda?

—No lo sé, Hikaru. Él no es como Shintaro que dice todo lo que le pasa por la cabeza.

 

Y si Ryutaro pretendía no escuchar esas voces a unos metros de él, le resultó imposible. Pero casi de inmediato decidió opacar la voz de su cabeza que le imploraba por que le gritara a esos dos que lo ignoraran. Por que justo en ese instante luchaba contra su memoria para poder canalizar al menos un poco de lo que había pasado la noche anterior.

 

Solo podía medio recordar que de pronto todo se movía vertiginosamente de un lado a otro, Yabu se había acercado diciéndole un para de cosas al oído y luego cuando él había girado, Kota había empezado a reprocharle por que hubiera bebido tanto, siendo que hace mucho no estaban juntos y no le placía hacerlo cuando estaba tan borracho.

 

Algo más había pasado, pero Ryutaro no recordaba qué exactamente. Luego simplemente sus sentidos se habían nublado viendo la camisa color vino de el mayor, los primeros botones abiertos y lo sexy que de pronto lo había encontrado, con el entrecejo arrugado, muy molesto al parecer.

 

Luego había rememorado los besos, lo bien que aquel muchacho besaba y lo sofocaba con un abrazo. De pronto aquello que le había provocado fastidio en la mañana lo había sentido necesario, con tal solo verlo. Había un beso de por medio y luego todo volvía a estar igual de mezclado.

 

Ryutaro seguía divagando, sin terminar de recuperar sus recuerdos debidamente.

 

Kota pasaba por el angosto camino en la planta baja, apenas pudo distinguir su cabello mientras caminaba junto a Inoo escoltados ambos por un profesor seguramente hacía su propio castigo. Y le resultaba un poco inverosímil su comportamiento de la noche anterior, entonces sacudió sus cabellos un poco molesto con todo aquello.

 

—Bien, Okamoto y Yaotome acompáñenme. Morimoto y Takaki se encargaran de este piso ustedes del de abajo.  Así que para ser más específicos, ustedes estarán encargados de este edificio.

 

El hombre, con expresión acentuada y seria, miró la pequeña carpeta en sus manos. Haciéndole pequeños gestos con la mano a los otros dos para que lo siguieran y el muchacho alto, que Ryosuke apenas recordaba en la fiesta de ayer bufó con molestia en cuanto estuvieron solos.

 

—¿Shintaro, cierto?

 

Y recordó, que supuestamente él no era Morimoto Ryutaro, él de conducto excepcional y una buena fama que lo precedía, por que incluso el mismo Yuya torció un poco sus gestos.

 

—Si.

—Pues no tienes muy buena fama que digamos.

 

Ryutaro acalló un ‘Lo sé’ que pugnaba, pero solo rodó los ojos, empezando a tomar la cubeta con agua que estaba cerca de los pies del mayor.

 

—¿Es cierto?

—¿El qué?

—¿Saliste con Chinen por un tiempo?

 

Y de pronto se encontraba en una encrucijada, recordaba vagamente que algo le habían dicho la noche anterior sobre eso. E incluso recordaba al mismo Chinen colgándose de su cuello apenas llegara, pero no podría abducir algo netamente real.

 

—No… solo somos algo así como amigos.

 

Takaki no pareció creerle demasiado, aunque si pareció conforme con la respuesta. Y empezó a tomar la escoba entre sus manos, el resto de los minutos que siguieron, fueron un constante silencio. Que extrañamente no fue incómodo, pero Ryutaro lo agradeció, por que la cabeza la seguía doliendo horrores.

 

 

 

 

Era exasperante.

 

Daiki en verdad empezaba a molestarse. Yuto no hacía otra cosa que mirarse en el espejo e insultar cada tres palabras a Okamoto, por haberse atrevido a golpearlo en la cara y dejarle aquel morado en la mejilla y el labio partido.

 

—Soy modelo, mi rostro es mi imagen, ¿qué voy a hacer si de aquí a mañana me llaman para un anuncio?

—Pues rechazarlo y mientras tanto ayudarme a limpiar, ¡mueve el trasero Yuto que no voy a limpiar todo esto yo solo!

 

Por supuesto, Yuto de inmediato lo miró fijamente, de aquella manera que en cualquier momento hubiera hecho que Daiki rodara los ojos por su impertinencia, pero justo ahora estaba lo suficiente molesto con el castigo y frustrado con su escenita ante Inoo la noche de ayer como para soportar esos arranques de ‘Yo soy más importante que este estúpido internado’

 

—¿Qué sucede Daiki, Inoo no supo cumplir tus expectativas?

—Eso no es de tu incumbencia, y si quieres detalles gustoso te los puedo dar, pero no te van a gustar.

 

Daiki no pretendía provocar a Yuto, claro que no, pero estaba tan acostumbrado que sus peleas murieran antes de empezar con un buen ataque de besos salvajes, que quizá esa era la razón por que casi nunca peleaban, y tal vez eso lo había hecho abrir la boca imprudentemente.

 

—¿Ah, si? ¿Y es que Inoo Kei el príncipe ese de verdad bajó de su trono a tus pies?

 

Sonrió, descaradamente, de tal forma que Yuto no pudiera refutar lo evidente.

 

—¿Insinúas que yo no estoy a su altura?

—Insinúo que tu yo sabemos perfectamente que somos algo así como lo terrenal, con experiencia incitante, algo que alguien como ese disque príncipe no está dispuesto a aceptar.

 

—Soy terrenal, algo así como lo más cercano al infierno.

 

—Exacto, él esta en las alturas, y tú eres pecado Daiki. Alguien como Inoo se casara tendrá mocosos desagradables y seguirá las empresas de su familia. Alguien como él antepone a su destino predestinado desde antes de ser concebido a alguien como tú, alguien como él no pondría en riesgo su futuro por ti.

 

Y el fuero interno de Daiki rebosó en rabia, su orgullo maltratado ante las palabras de Yuto que solo se apoyaba en la escoba en sus manos con la expresión más tranquila que tenía, como si tan solo estuviera diciendo la verdad.

 

—Pues ayer Inoo pecó ayer entonces, por que justo ayer cuando nos encontraron estábamos besándonos cual desesperados.

 

Yuto por un momento borró la sonrisa en sus labios, luego cual temperamento de él mismo, sonrió tentativamente, acercándose lentamente a él, hasta que su espalda chocó contra la pared y Nakajima de inmediato colocó una mano en la pared, juntando sus rostros.

 

—No te confundas Daiki, tú para él solo serás su sucio secreto.

 

Esas palabras calaron dentro, sin repercusiones en este instante, pero quedaron guardadas, hasta el instante en que Yuto acortó las distancias y besó sus labios, en medio del mismo jueguito de eliminar las ínfulas de seguir con la discusión y borrarla a punta de sus labios jugando a llevar el poder.

 

Daiki sabía que mucho de eso era verdad, pero saber que podía tener en sus manos a Inoo, ser capaz de corromper al correcto Kei le sabía tan exquisito, que por ese momento no pensó demasiado, y ajustó sus brazos al cuello de Yuto, solo eso y nada más.

 

 

 

 

Ryutaro se lanzó cansado contra la cama.

 

Sin demasiadas fuerzas luego de su rápida ducha al final de su jornada de castigo, que se cumpliría al parecer saltando un día por las próximas cuatro semanas. Más la obvia llamada a sus padres. Y él que le había advertido a su hermano que no se metiera en problemas, ahora al parecer Shintaro tendría una mirada de superioridad cuando se encontraran.

 

Pero justo ahora, Ryutaro estaba lo suficientemente cansado como para reprocharse algo. Cerró los ojos brevemente. Solo un instante, mientras daban las seis de la tarde y poder bajar a cenar, aunque aún faltaran dos horas para ello.

 

Pronto Ryutaro se encontró cayendo en la inconsciencia sin alcanzar a arroparse o al menos poner una cabeza sobre la almohada.

 

 

..::..::..::..::…

 

 

—…¿Sabes lo mucho que me molesta que bebas hasta el punto de ni siquiera recordar mi nombre?

 

Ryutaro escuchaba las quejas de Yabu, y eso empezaba a ser terriblemente fastidioso.

 

—Kota Yabu, ese es tú nombre.

—Shintaro, beber en una fiesta es normal. Pero hacerlo como justo ahora lo has hecho es ya incómodo.

—¡Entonces vete! No te estoy reteniendo a mi lado.

 

Ryutaro había soltado una carcajada, pero Yabu en cambio había arrugado el entrecejo. Sus amigos bebían y reían como le daban la gana, pero a Kota parecía molestarle que él se divirtiera. Ah, Ryutaro empezaba a entender por que Shintaro lo mantenía lejos.

 

—No es divertido, Shintaro.

—¡Deja de llamarme Shintaro! Y deja de ser tan fastidioso.

 

Estaba dispuesto a marcharse, a seguir divirtiéndose junto a los demás que parecían ser amigos de todos en ese instante, pero Yabu lo había tomado por el brazo, con fuerza deteniendo sus pasos.

 

—Basta Shintaro, voy a llevarte a tu habitación, no estás bien.

—Déjame en paz.

—No me da la gana.

 

Y había empezado a jalar de él. Yabu acentuando esa expresión molesta en su rostro. Y él quejándose cada dos pasos y tratando de sacudirse para que lo soltara. No fue hasta que entraron al pasillo que alcanzó a escuchar un par de gritos de unas muchachas, y ver como Keito era empujado por un muchacho alto, y casi al mismo tiempo Keito le lanzaba un golpe en la cara.

 

—¿Yuto? Oh, Dios… ¡que vea ahí él!

 

Así que el otro muchacho se llamaba Yuto, y parecía ser amigo de Kota por que eso lo había hecho enojar más, jalaba su brazo y empezaba a marcar sus dedos en el brazo. Por lo que logró soltarse, esta vez agitando su brazo con más fuerza.

 

—¿No entiendes? ¡Suéltame!

 

Inmediatamente Yabu había arrugado el entrecejo.

 

—No actúo extraño, solo quiero que me dejes en paz.

 

Giró con su barbilla en alto dispuesto a regresar a la habitación de Yamada donde era el epicentro de la fiesta. No sabía que maldita razón lo llevaba a regresar a aquel sitio que antes había renegado por tener que ir, pero justo ahora se sentía con ganas de divertirse, de bailar, ¡incluso de besar a alguien!

 

Pero Yabu volvió a tomarlo del brazo, siendo más agresivo ésta vez, por que lo azotó contra la pared con fuerza, tal vez con una que no alcanzó a medir, por que su espalda chocó contra ella y un pequeño gemido ahogado se le escapó de los labios.

 

—Me tienes harto, ¿a qué estas jugando conmigo?

—Yo no juego contigo, Yabu. Eres tú el que busca metérseme por entre las piernas.

 

Ryutaro no era muy consciente de lo que hablaba, no analizaba lo que decía hasta que sus palabras sonaban fuertes y seguras; Y por supuesto el rostro de Yabu, expresivo, le mostraba lo mucho que le disgustaba esa brutal sinceridad.

 

Miró apenas de reojo como la poca gente que había por los pasillos los miraba y luego terminaban por entrar de regreso a la fiesta que era donde todo el mundo se encontraba, casi solos. Ryutaro encontró el rostro de Kota, igual de molesto que hace un segundo.

 

—¿Qué sucede, Yabu? ¿No te gustan las verdades dichas a la cara?

—No me gusta la idea de que un mocoso como tú me maneje a su antojo.

—Entonces marca distancias, y ten un poco de dignidad. Por que Morimoto Ryutaro no vale tanto la pena.

 

Y su sonrisa ladina se posó segura en sus labios, viendo esos ojos que lo miraban con algo de intriga y resolución. Como si no supiera a lo que está jugando o ha lo que se atiene en realidad, Ryutaro lo empujó. Lo suficiente para que Yabu retrocediera un par de pasos, y lo viera marcharse por un par de segundos.

 

—¡Shintaro!

 

Aún le costaba acostumbrarse a reaccionar ante ese nombre, pero giró algo tambaleante, deseando sentarse por un instante para recuperar un poco de equilibrio.

 

—¿Qué?

—Dime algo, que me está matando de curiosidad. ¿Por qué de repente luces más seguro ebrio, que cuando estás borracho?

 

—Oh, no lo sé… venía incómodo de mi casa. Tú sabes, la reunión con mis adorables padres y mi amoroso hermano. Necesitaba un poco de licor para despejarme.

 

Yabu entrecerró los ojos, y recordó entonces que había empezado a preguntar por aquel que lucía igual que Shintaro. Y con el sarcasmo palpable en la respuesta del menor, sonrió divertido.

 

—Oh, claro. Esos padres que solo logran reprocharte lo poco que ayudas a la buena reputación de la familia y ese hermano tuyo tan parco y seco.

 

Ryutaro inmediatamente arrugó el entrecejo, borrando esa expresión burlona en el rostro.

 

—No te atrevas a hablar de mi familia.

—¿Por qué? Tú todo el tiempo dices que desde hace un año o más, toda conversación con tus padres se ha reducido a reproches y tú hermano tan solo se hace un lado, no le importas.

 

Se acercó con su paso en esta ocasión firme, lo suficiente como para acentuar con su mano en alto que Yabu guardara silencio.

 

—Te dije, que ahorraras tus comentarios sobre mi familia. No nos conoces y dudo seriamente haber dicho algo como eso.

—Oh, claro. El ímpetu de toda familia de dinero y respetable. ‘Lo que sucede en casa, se queda en casa’ ¿cierto?

 

En esta ocasión Yabu sonrió, con avidez ante lo próximos que se encontraban sus rostros y divertido con lo evidente que era el menor ante sus ojos. Su mano viajo a la nuca de él, sosteniéndolo con fuerza, acercando sus labios a los finos de él.

 

Y fue otra vez el mismo sentimiento extraño, fugaz y acosador. De sus labios jugando una pelea absurda. Yabu cerró los ojos y pegó el cuerpo del menor al suyo, tan acaecido que el gemido que se ahogó entre sus bocas fue devastador.

 

Yabu separó su boca, con su respiración golpeando en los labio de él, y Morimoto por supuesto sonrió. Aún con la mirada un poco desorbitada.

 

—¿Te gustan mis besos…Shintaro?

 

Lo agarró por los hombros y justo antes de que respondiera volvió a pegar la espalda de Morimoto a la pared, atacando su boca con vehemencia, cumpliendo con la estancia de apegar sus cuerpos lo suficientes, y el sabor a licor se colaba en su boca, el olor a cigarrillo que se le había impregnado en la piel a Ryutaro comandaba.

 

Y Yabu sabía que esa ropa le estorbaba, por que agarro el cuello de aquella camisa y la estiró, lo suficiente como para que su boca tuviera amplitud de ese cuello. De ese níveo y largo cuello, que Morimoto se encargó de poner más a su disposición cuando movió el cuello.

 

—Agh… espera…

 

Su mano viajó directo bajo la camisa, directo a aquel estómago que para sorpresa no estaba igual de marcado que la última vez que estuvo con él. Habían apenas pequeñas marcas de abomínales, tan leves que una sonrisa acaparó a sus labios.

 

—Yabu… detente.

—Dime algo Shintaro, ¿cuándo es mi cumpleaños?

—¿Y yo que diablos voy a saber? Tengo muy mala memoria.

 

Yabu sonrió, perfecta respuesta, siendo tan él.

 

 —Vamos a jugar a algo.

—¿Quieres dejar esa maldita manera de jalarme a todas partes?

 

Antes de que Shintaro pudiera replicar un poco más, Yabu había soltado su muñeca,  y la envolvía ahora con una esposa que estaba aferrada a los barrotes. Obviamente Ryutaro sacudió su mano, un  poco molesto mirando fijamente al mayor.

 

—Dime un secreto y te soltaré.

—No me gusta esto, quítame las esposas.

 

Yabu sonrió, con las llaves pequeñas entre sus manos, haciéndolas girar en su dedo índice.

 

—Di algo que me interese, y te soltaré.

 

Ryutaro agachó un poco la cabeza, sin desconectar su mirada de Kota.

 

—Te odio.

—Dije una verdad.

—Esa, es mi verdad.

 

Yabu tomó a Ryutaro de la barbilla, haciéndolo levantar el rostro con esos labios a su alcance. Tan cerca de poder besarlo una vez más. Había encontrado esos labios, mucho más adictivos que cualquier otro que pudiera probar.

 

—¿Te gustan mis besos?

 

Ryutaro entonces sonrió. —…Tal vez.

 

Con un movimiento apenas notorio, Kota volvió a acortar las distancias, apoderándose una vez más de su boca, profundizando el contacto en cuanto notó la espalda de Morimoto chocar contra el barandal, con el sonido de las esposas tamborileando apenas por el lugar.

 

—Eso cuenta como una respuesta para mí.

 

Pronto, Ryutaro sintió su muñeca una vez más libre. Y le resultaba demasiado tentadora la idea de dejar a Kota apresado ahí, mientras él regresaba a la fiesta, solo para cobrárselas un poco. Así que tomándolo desprevenido, lo hizo girar, contra el barandal de las escaleras.

 

Y lo besó, por que resultaba que a Kota le gustan sus besos, podía notarlo en la manera que lo sostenía, lo mucho que al parecer deseaba apresarlo contra su cuerpo, incluso cortando su propia respiración, para cuando se dio cuenta ambos estaban deslizándose por el barandal, hasta que Kota quedó sentado en el frío suelo y fue más fácil para él sentarse sobre sus piernas.

 

Sus manos viajaron por ese cuello, por esa piel que se erizaba a su contacto y esos labios que ya hinchados continuaban buscando su boca, cuando Yabu descuidó sus manos. El pequeño ‘clic’ alertó al mayor quien despegó sus labios y sacudió su mano solo para descubrir que había caído tan idiotamente que hasta daba pena.

 

—¿Quieres decirme una verdad, o puedo regresar  la fiesta?

 

Ryutaro sonrió burlesco, pero Yabu solo agachó un poco la cabeza, con el flequillo cubriendo sus ojos, de repente, muy feliz al parecer.

 

—¿Sabes algo?

 

Yabu levantó la mirada, esta vez acercándose al rostro del menor, casi rozando sus narices, con susurros como comunicación y sus labios moviéndose tan lentamente que a Ryutaro le parecían más bien una invitación, pero todo ese encanto murió, cuando Kota insistió en hablar.

 

—De verdad… ¿Pensabas que no iba a darme cuenta de todo, Ryutaro?

 

Y sus ojos se abrieron apresuradamente, logrando hacer un poco más hacía atrás su cabeza, aún sobre el cuerpo del mayor, con sus piernas a los lados de él, y la suficiencia en el rostro de Yabu marcó el inicio de algo que él suponía, no podía ser bueno para él.

 

—¡Por aquí es! ¡Aquí es la fiesta, director!

 

Pronto varias linternas los apuntaron, y Ryutaro apenas pudo tapar con su antebrazo los ojos. Y recordó, que tenía a Yabu bajo su cuerpo esposado a los barandales de la escalera.

 

Oh, demonios…

 

 

..::..::..::..::..

 

 

Para cuando Ryutaro pudo abrir los ojos, el sol iluminaba su rostro.

 

Le dolía no solo la cabeza, sino también el cuerpo. El frío había sido demasiado fuerte. Y a la parecer, había recordado todo, cuando logró sentarse llevó una mano a su cabeza, y dolió mucho peor que antes.

 

Por que ahora sabía que estaba en un enorme problema.

 

Por que callarle la boca a Kota Yabu, no sería algo fácil.

 

 

 

 

—Shintaro volvió a meterse en problemas.

 

En ese instante, Shintaro, el real, levantó apenas un poco la cabeza. Callado hasta ese entonces como suponía Ryutaro debía ser durante el desayuno. Con la boina del instituto colocada correctamente sobre sus cabellos, evitando de esa manera cualquier contacto visual involuntario o que su rostro quedara tan visual para sus padres.

 

—¿Qué sucedió ahora?

—Estaba en una fiesta ilegal dentro del internado a media noche, y al parecer con una conducta reprobable con uno de sus compañeros.

 

Su madre se sentó, con le rostro un poco contrariado, y una mano en la frente. Shintaro no tenía ni idea que sus padres se preocupaban de esa forma por sus locuras, generalmente él ya los veía en su estado ‘Voy a castigarte y dejarte sin comodidades’

 

Así que era un poco… incómodo estar ahí.

 

Viendo como su padre le pedía a su esposa que se calmara, que pronto se irían al extranjero y podrían calmar un poco el estrés, ella solo asentía, colocando una mano sobre la de su marido. Shintaro luego de eso se sintió un poco más contrariado que sus padres.

 

¿Cuántas posibilidades había de que Ryutaro en verdad hubiera hecho la mitad de lo que les habían dicho a sus padres? Decidió entonces llamarlo más tarde, eso o visitarlo en cuanto sus padres viajaran.

 

 

 

 

Cuando Daiki salió de la ducha, llevaba apenas una toalla cubriéndolo de la cintura hacía abajo. Deambulaba en el desorden de su habitación tratando de encontrar el uniforme que el día anterior no había tenido la oportunidad de dejar a la mano.

 

Y cuando golpearon a su puerta, bufó con molestia.

 

El cabello mojado aún caía inapelable por su rostro y apenas agarrando la toalla en su cintura, logró abrir la puerta. Descubriendo a Inoo frente a él, con su uniforme pulcramente colocado y una mirada extraña en el rostro.

 

—¿Qué haces aquí?

—Ayer… lo olvidé, o al menos esperaba que fueras a darme el celular, pero por lo visto eso no estaba entre tus planes.

 

La voz de Inoo era extraña, insegura y un poco nerviosa. Daiki incluso sonrió complacido con aquello, aún más cuando Kei desvió la mirada, que hasta el momento había clavado directamente en sus pectorales. Luego las imágenes volvieron, en efecto con la llegada del conserje, no había tenido la oportunidad de devolverle el celular.

 

—Entra…

 

Abrió un poco más la puerta de su habitación e Inoo, aunque al principio dudó, ingresó apenas un par de pasos. Observando el lugar y arrugando el entrecejo.

 

—Es el primer día de clases, ¿y ya tienes tu habitación hecha un desastre?

 

Daiki, quien buscaba el celular dentro del pantalón en la ropa sucia, sonrió.

 

—No soy muy ordenado que digamos.— Extendió el pequeño aparato hacía Inoo, y cuando él lo tomo, Daiki lo sostuvo con un poco más de fuerza, sin soltárselo tan fácilmente. –Fue un beso que valió la pena, te lo ganaste.

 

Inoo solo arrugó el entrecejo. Terminando de quitarle el celular de las manos, aún cuando Arioka frente a él, solo sonreía divertido. Recordar el beso no había sido buena idea.

 

—Hey… Inoo, ¿te gustaron mis besos?

—Fue uno en primer lugar. Y prefiero no recordarlo.

—Que extraño usualmente, siempre vienen por más.

 

Inoo levantó la mirada pero Daiki solo había levantando los hombros, despreocupado y con una sonrisa complacida en el rostro.

 

—Yo no soy como los demás, Arioka. Así que ni siquiera… ¿qué haces?— Su voz entonces tembló por que Daiki se había vuelto a acercar, y Kei solo tuvo tiempo de pegar su cuerpo al escritorio y medio apoyarse en él, cuando Daiki con toda la intención de besarlo se acercó. –…Aléjate.

 

—¿Solo eso sabes decir cuándo me acerco?

—Deja de ser tan creído.

 

—Un beso y te dejo salir.

—¿Pides un beso a cambio de todo?

—Tal vez.

 

Y sucedió otra vez, los labios gruesos de Daiki estuvieron sobre los suyos una vez más. El sabor a menta se apodero de su ser, y la respiración de Daiki se filtró en sus sentidos, de repente tuvo ese cuerpo casi desnudo a su disposición, pegándose al suyo. Y el celular en las manos estorbaba.

 

Cuando Daiki escuchó el celular caer al suelo, sonrió, en medio de ese beso y aún más cuando escalofrío entero recorrió su cuerpo en cuanto las manos de Kei estuvieron sobre su espalda desnuda.

 

 

 

 

Todos empezaban a ingresar a los salones, y Ryosuke se permitió pasar por los pasillos con tranquilidad, con Chinen a su lado, escribiendo algo en el celular, su mirada altiva se levantó en cuanto divisó a Takaki cerca a uno de los lockers, y su sonrisa se amplió cuando pasó un brazo por los hombros de Yuri y él pareció no inmutarse.

 

Takaki entonces arrugó el entrecejo y fingió que seguía haciendo lo suyo.

 

Para cuando Keito hubiera sido alcanzado por Hikaru, el muchacho solo le sonrió a modo de saludo, y su mañana hubiera estado perfecta camino a su salón, sino fuera por aquel torpe muchacho que lo empujó con fuerza con el hombro y seguramente le dolería en el pecho por un largo rato.

 

—Oh, lo siento Okamoto…

 

La sonrisa burlona en el rostro de Yuto hizo que Keito apretara los puños. La voz sardónica y la mirada fija hasta que llegó hasta Takaki hizo que continuar a su salón fuera algo vital, ignorando así, incluso si Hikaru seguía a su lado o no.

 

—¿Alguien sabe dónde diablos está Daiki? Las clases empiezan en diez minutos.

 

Takaki solo cerró su locker y levantó un poco los hombros. Con un suspiro en los labios mientras veía al resto de estudiantes deambular de un lado a otro. Por un momento Yuto se quedó mirando a Yuya por un largo rato más.

 

¿Qué podía haber puesto de tan mal humor a su amigo tan temprano en la mañana?

 

 

 

 

No anticipo un solo cambio en ti. ¿Por que debo seguir aguantándote?

Y es que estoy odiándote tanto

 

 

Fin del Tercer Síntoma

 

 

 

Wow… he demorado casi siglos en actualizar, mil disculpas por la demora. Exceso de trabajo y fics.. xDD

 

En serio, mil disculpas por el tiempo en que he demorado. Espero que haya sido de su agrado. Y trataré de actualizar un poco más seguido. =)

 

Oh, por cierto. La canción es “Shut up” de Ukiss.

 

Ya saben, no me odien por demorar tanto😉 Que horror.. x’D

 

 

 

 

9 comentarios sobre “Precedentes: tercer sintoma

    Ago / Uebo ~♔ (@uebohime) escribió:
    6 diciembre, 2011 en 20:57

    Ok. Este fic es… sublime.
    Me gusta en demasía. Es como que constantemente “quiero más”.
    Ver a Ryutaro en esa situación fue… hermoso. Además de que amo el YabuTaro y verlo caer tan fácil en manos del mayor me fascina.
    Sobretodo ahora que Yabu sabe la verdad.
    Y eso lo dice todo, ne? Continúalo.

    Me gusta

    Cielo escribió:
    29 enero, 2012 en 17:09

    Me encanta este fic, muchas gracias por escribirlo🙂

    Me gusta

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