La soledad del ángel: capitulo 1

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La soledad del ángel

 

Capitulo 1: Todos los días, rezo por ti.

 

 

Afuera llovía.

 

Tan fuerte que el solo escuchar de la lluvia golpetear contra las ventanas distraía a cualquiera dentro del salón. Era de esos días que habían amanecido oscuros, con poca luz, en que las nubes se posaban como única vista de ese amplio cielo.

 

De esos días en los que placía vestirse lento y ni siquiera empezar con la rutina diaria.

 

Desde su asiento, en aquel cuarto puesto, junto a la ventana Kibum podía ver distraído el caer de las gotas de lluvia, mientras el patio se enlodaba y los juegos se volvían resbaladizos ante el contacto de la misma lluvia. Ensimismado en aquello, Kibum encontró interesante que el día de hoy no hubiera escrito nada en aquel cuaderno de líneas que su hermano mayor había augurado era el mejor de todos.

 

Acostumbrarse a un nuevo estilo de vida era difícil para todos, y Kibum con apenas ocho años de edad, consideraba incluso demasiado complicado acostumbrarse al hecho de que ahora su ‘hogar’,  era aquel orfanato, que los había acogido a Hyun Joon y a él, luego de aquel fatal accidente meses atrás.

 

Era curioso ver como sus dos tíos, con familias ya formadas habían decidido que viajaban mucho, y los otros simplemente no daban señas de vida. Y entre el abandono y el dolor, ambos habían terminado en aquel orfanato a la salida de la ciudad.

 

Kibum solo tenía a Hyun Joon, era su única familia.

 

Con ocho años de edad, Kibum había entendido que eso era todo lo que necesitaba. El resto dejaba de importar, y perdía sentido en medio de esa maraña de hipocresía a la que alguna vez llamó familia.

 

—¿Kibum?— La voz aterciopelada de aquella mujer de hermosa cabellera que era su profesora de Lenguaje lo hizo salir de su letargo momentáneo, regresando la mirada al salón y viendo a aquella mujer cerca de su rostro. —¿Estás bien? ¿No quieres salir un rato del salón a tomar aire?

 

Le resultaba incluso molesto esa lástima con la que lo miraban, esos tonos de falsa empatía con la que cada adulto lo miraba luego de conocer su triste historia. Kibum había llorado noches enteras, aferrado al cuerpo de su hermano cuando supieron de la muerte de sus padres.

 

Días sin dormir, sin comer. Escuchando la voz de Hyun Joon como único aliciente.

 

Pero pocas personas sabían eso, y Kibum prefería que nadie más se enterara. Por que detestaba la lástima de las demás personas, dibujó entonces una sonrisa en su rostro. Algo débil y contemporánea. De esas que acostumbraba a poner cuando Hyun Joon lo descubría demasiado metido en sus pensamientos.

 

—Estoy bien, solo me distraje un rato. Discúlpeme profesora.

 

La mujer entonces le sonrió, mostrando un par de hoyuelos en las mejillas. Kibum sintió brevemente que aquella sonrisa le recordaba a su madre. La campana sonó sorpresivamente para Kibum, quien ni siquiera se había percatado que el día había acabado tan pronto.

 

—Bueno niños, mañana seguimos con la clase. No olviden hacer su tarea.

 

Entre los muchos cambios que había tenido que afrontar, recoger sus cosas del salón e ir a las habitaciones que compartía con otros niños, era uno de los más difíciles. No se acostumbraba a no poder salir de esas cuatro paredes, y mostrarse como el mejor postulante ante parejas que buscaban ser padres.

 

Llevaba apenas dos meses en aquel lugar, y Kibum quería creer que terminaría por acostumbrarse, que tan solo necesitaba un poco más de tiempo.

 

—Oh, Kibum.— La mujer, que extrañamente casi nunca recordaba su nombre habló un poco alto. Llamando su atención, logrando que se detuviera. –Noté que no escuchaste nada del libro que leí. Sería bueno que te tomaras un poco de tiempo para leerlo, es muy lindo.

 

La pasta café de aquel grueso libro estuvo a su disposición, un poco inseguro. Kibum asintió, tomándolo entre sus manos y acostumbrándose a su peso.

 

—Muchas gracias, profesora.

—Solo cuídalo mucho, ¿de acuerdo?

 

Asintió, en medio de esa atmosfera un poco más cómoda, al notar que la mujer y no lo miraba con lástima o tristeza. Kibum guardó el libro dentro de su pequeña maleta y emprendió el paso fuera de aquel salón, dispuesto a lavarse las manos antes de que la hora del almuerzo llegara.

 

 

 

 

Usualmente, los niños solían ir a jugar al patio, un poco de distracción dentro de ese mundo hostil al que se habían acostumbrado. Pero ese día llovía, y la mayoría prefería quedarse dentro, vagando por los corredores, o intentando idear algo que los sacara de ese aburrimiento.

 

Kibum había optado por sentarse en su cama, aquella litera en la que él ocupaba el lugar de arriba, en aquella habitación que compartía con siete niños más. Había tomado el libro de pasta café y flexionando un poco las rodillas, se había dedicado a empezar a leer. Cuidadosamente de no equivocarse.

 

No era difícil leer, incluso le gustaba. Pero a veces sentía que debía leer cada palabra con sumo cuidado, para no perder el hilo de la historia y poder internarse dentro de ese ambiente que podía transportarte a mundos maravillosos. Su padre amaba leer, y Kibum quería creer que leyendo, podía sentirlo un poco más cerca.

 

—¡Hey, niño lindo! ¿En que te hallas?

 

Hyun Joon apareció sorpresivamente, apenas trepando las escaleras y subiendo a la cama, con una aventurera sonrisa en los labios, y mirando con atención el libro que sostenía.

 

—Joon ya te he dicho que no me digas niño lindo, es odioso.

—Pero si eres un niño lindo.

 

Hyun Joon agarró sus mejillas, estirando un poco de ellas. Y Kibum visiblemente molesto solo golpeó esa mano de su hermano mayor e hizo una mueca de molestia mientras cerraba el libro y sentía el brazo de su hermano pasearse por sus hombros.

 

—¿Por qué estás aquí? El resto de tus amigos andan por los pasillos haciendo enojar a la enfermera.

 

Joon rió divertido, pero Kibum arrugó el entrecejo.

 

—Ellos no son mis amigos, ni siquiera hablo con ellos.

 

Ante la respuesta, el mayor únicamente suspiró. –Kibum, te estás relegando mucho. Deberías juntarte más con alguien aparte de mí.

—No me interesan todos son o muy infantiles, o muy agresivos.

 

La mano de Hyun Joon pronto estuvo acariciando las hebras del cabello de Kibum, de ese espeso cabello azabache que todavía tenía esos tonos de suavidad que placía envolver los dedos en él y perderse entre ese pequeño momento de relajación.

 

Inconsciente del momento en que lo hizo, Kibum se apoyó en el pecho de su hermano, cerró los ojos y dejó que continuara haciendo aquello tan agradable. Una pequeña sonrisa surcó a sus labios, de esas pocas que últimamente lo habían abandonado.

 

Y el libro de pasta café rodó de sus piernas a las sábanas.

 

Afuera llovía, pero Kibum había encontrado su momento de ser feliz.

 

 

 

 

—¡Lo han traído de vuelta!

 

Kibum escuchó el grito dentro de sus sueños, arrugó un poco la nariz e incluso movió su rostro sobre la almohada bajo su rostro. Arropado con la fina sábana y con su respiración pausada.

 

—¿En serio? ¿Cómo? ¿Quién lo trajo?

—¡No lo sabemos! Está con la directora justo ahora.

 

Cuando escuchó los pasos apresurados de sus compañeros de habitación saliendo de ahí, pesadamente Kibum abrió los ojos. Notando que el libro reposaba a un lado de su angosta cama, y que aún llovía. Hyun Joon seguramente se había marchado hace mucho.

 

Buscó por instinto el reloj en la pared. Eran las cinco y algo más de la tarde, había dormido varias horas, quizá más de las necesarias, limpió un poco sus ojos y las risas que se escuchaban desde el patio lo hizo girar hacía la ventana, pero era difícil ver desde ahí.

 

Cuando bajó y logró asomarse pudo ver a su hermano mayor jugando bajo la lluvia, junto a sus amigos un partido de soccer, una sonrisa iluminó su rostro. Hyun Joon siempre parecía estar repleto de vida. Decidió que quería mirarlo un poco más de cerca y se colocó los zapatos, dispuesto a al menos asomarse desde la puerta.

 

Corrió lo mejor que pudo, con sus pasos alertando a los que pudieran estar cerca, y la cantidad de gente acumulada en dirección lo hizo detenerse. Trató de abrirse paso entre las niñas y niños que había, pero todos parecían entretenidos esperando por que la puerta volviera a abrirse.

 

—….Y no quiero volver a tener esta charla contigo, Soohyun. Por favor. Ya tienes once años, debes entender que no ganas nada escapando de aquí, estudia para que cuando cumplas dieciséis puedas salir a un lugar mejor.

 

La mirada de Kibum se perdió por un momento en aquel muchacho que salía de dirección, su cabello alborotado y aún empapado por la lluvia, el rostro severo de la directora. Enmarcado por un pequeño tono maternal que casi podía pasar desapercibido.

 

Pero Soohyun solo miraba a cualquier otro lugar que no fuera la mujer vestida con aquel elegante traje. Rendida, la directora solamente movió negativamente su cabeza y suspiró.

 

—Puedes marcharte a tu habitación, estarás más vigilado que antes Soohyun. Así que por favor compórtate. Y deja de causar tantos problemas.

 

Soohyun exhaló, con su mirada perdida aún en cualquier otro lugar, cuando la puerta de dirección volvió a cerrarse, todo ese cúmulo de niños que había fuera, se aproximó a Soohyun, rodeándolo de preguntas, de expectativas. Preguntándole como habían sido estos tres meses fuera del orfanato. Del por qué se había dejado agarrar luego de su estupenda fuga.

 

Brevemente, Kibum se encontró con esos ojos, esa mirada adyacente que de repente no se despegó de la suya. Como si el tiempo se hubiera detenido en un momento que fue extraño para ambos, Soohyun rodeado de gente y él sencillamente intrigado por esos ojos que nunca había visto, pero que lo habían anclado ahí.

 

—Kibum, ¿cuándo despertaste?

 

Las ropas húmedas de Hyun Joon lo tomaron por sorpresa, su hermano pegándose a él, y pasando otra vez su brazo por encima de sus hombros, como fiel costumbre se le venía haciendo, llevando a un lado de su cuerpo aquel balón con el que jugaban hace un par de minutos.

 

—Hace poco, planeaba verte jugar.

—Pues llegas muy tarde, niño. Dormiste mucho tiempo.

 

Kibum se perdió entre la conversación con su hermano, en esa sonrisa y esa alegría que siempre lograba transmitirle, entre las bromas tontas de los amigos de su hermano. Esa admiración que se colaba con fuerza en su piel, y que lograba que mirar a su hermano, fuera lo único necesario en su vida.

 

 

 

 

—Dicen que está en este orfanato desde que era un bebé, al igual que muchos de aquí.

 

Yoochun, uno de los amigos de su hermano, comentó sin problemas, mientras miraba discretamente al muchacho en la mesa siguiente frente a ellos. Hyun Joon pareció prestar atención, levantando la mirada mientras llenaba su boca de comida. Pero Yunho solo bebió un poco de agua, del otro lado de Yoochun.

 

—Pero es un problemático, vive escapándose del orfanato. Y siempre lo regresan.

 

Kibum miró a su hermano, Hyun Joon había dejado de comer, como si analizara sus palabras  con cuidado.

 

—Pues más bien es un tonto, si yo lograra escaparme de aquí, jamás dejaría que me regresaran.

 

Yunho levantó un poco los hombros. Desentendiéndose del tema. Particularmente Kibum se sentía más cómodo con aquellos amigos de Hyun Joon que compartían la misma edad de su hermano. Con sus ocho años de edad, Kibum lograba sociabilizar mejor con aquellos de doce años que ahora habían decidido hablar sobre el partido de Corea que sería en unos días.

 

Miró a la siguiente mesa, allí donde el tal Soohyun reía a viva voz debido a la atención prestada. A las historias contadas durante su ausencia, Kibum llevó un poco de verduras a su boca y suspiró. Regresando su atención a la mesa donde él se encontraba. Con una pequeña sonrisa en los labios, principalmente por ver a su hermano tan feliz.

 

 

 

 

—¡Kibum, despierta!

 

La voz de su hermano se escuchó demasiado cerca, con un poco de dificultad, Kibum logró abrir los ojos y enfocarlo, en medio de esa oscuridad abrumante. Arrugó el entrecejo, un poco confundido y despistado aún. El silencio dentro de la habitación, era la señal fiel de que todos dormían, y Hyun Joon junto a él le pedía que guardara silencio.

 

—Hermano, ¿qué sucede?

—Guarda silencio Kibum, agarra lo que puedas. Tenemos que irnos.

 

Los ojos del menor se abrieron, en medio de la sorpresa y la anticipación.

 

—¿Irnos, a dónde?

—Lejos de aquí. No quiero estar en este lugar un día más.

 

Fue como si de pronto todo perdiera perspectiva, Hyun Joon estaba guardando en una pequeña maleta sus pertenencias, lo más rápido que podía, Kibum apenas podía ver, la mochila que su hermano ya llevaba a su espalda y la que ahora armaba con las pertenencias de él.

 

¿Escaparse?

¿Cómo?

¿Cuándo había empezado a planear todo esto?

 

—¡Vamos!

 

La mano de Hyun Joon se cerró sobre su brazo, y Kibum apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando sus pies tocaron el suelo. Velozmente Hyun Joon se encargó de colocarle los zapatos y amarrar las agujetas. Un poco perdido aún, Kibum solo lo observaba, estupefacto y afectado por la velocidad en la que todo ocurría.

 

—¡Joon, apresúrate!

 

Yunho apareció en la puerta de la habitación, sin hacer demasiado ruido agitando su mano en señal de que se acercaran. Kibum recordó el libro, aquel libro que había empezado a leer. Intentó girar para tomarlo, se encontraba debajo del colchón, pero Hyun Joon solo agarró su brazo con más fuerza.

 

—¿A dónde vas? Ya no hay tiempo.

—Pero…

—Salgamos de aquí, Kibum.

 

Sus cejas se juntaron, apenado, mientras salía de la habitación, de la mano de Hyun  Joon viendo su cama vacía donde el libro permanecía escondido. Sin que el resto de sus compañeros se percatara de la salida.

 

 

 

 

Los pasillos a oscuras del orfanato se habían convertido en una imagen aterradora. Kibum apenas podía identificar algo, solamente se dejaba guiar por la mano de su hermano, que junto a Yunho avanzaban por los vacíos, procurando hacer el menor ruido posible.

 

—Yoochun ya nos está esperando en el  muro, hay que salir cuanto antes.

 

Joon asintió, mirando a Yunho con determinación mientras seguían avanzando. Kibum miró con preocupación a su hermano, pero él solo le sonrió inyectándole un poco de confianza.

 

—Tranquilo, Kibum. Todo va a salir bien.

 

Kibum asintió, apretando la mano de su hermano mayor con fuerza. Caminando junto a él, con un poco de dificultad ante los pasos grandes que los dos mayores daban. En algún momento, dentro de la oscuridad, Kibum pudo empezar a ver por donde andaba, reconocer los pasillos y ser lo suficientemente hábil como los otros dos.

 

Cuando salieron, el patio se encontraba lleno de lodo. Las lluvias lo habían afectado por completo, y tanto los zapatos como la ropa se vieron afectados también. A lo lejos junto a uno de los grandes muro se encontraba Yoochun, Kibum incluso pudo identificar la parte superior de ese muro, donde la cerca eléctrica había sido doblegada.

 

Sus ojos se abrieron con fuerza, con razón no habían sonado las alarmas y no había una sola luz en el orfanato, pasando el efecto desapercibido al ser tan altas horas en la noche. Habían eliminado la energía eléctrica en el lugar.

 

—¡Apresúrense!

 

Ahora fue Yoochun el que agitó sus manos, mirando de un lado a otro. Unas cuantas cajas amontonadas en la pared fue el indicativo para que Kibum apretara la mano de su hermano con más fuerza. Yoochun trepó las cajas sin problemas. Valiéndose de sus brazos para sostenerse de la pared y poder traspasarla.

 

Yunho fue solo un poco más ágil. Saltó lo más rápido que pudo y mientras él mayor brincaba, Kibum escuchó unos pasos apurados sobre la madera del interior del orfanato.

 

—¡Han arrancado los fusibles! ¡Vigila que todos se encuentren en sus habitaciones!

 

Hyun Joon también giró, con su pulso acelerado, y lanzando las maletas sobre el muro, Kibum de inmediato se soltó, negando fuertemente con la cabeza.

 

—No, hermano. Nos vamos a meter en problemas.

—Kibum no me hagas esto ahora, vamos.

 

El mayor lo sostuvo por el brazo, pero Kibum solo se sacudió, nervioso prendado de esa mirada repleta de desesperación por pate de Joon.

 

—¡Que no!

—¡¡Hay niños en el patio!!

 

El grito de la mujer lo alertó por completo. Hyun Joon trepó las cajas. Manteniéndose con una habilidad casi sorprendente sobre el borde del muro, con su mano estirada hacía abajo. Mirando a su hermano que solo parecía asustado en ese instante.

 

—Vamos Kibum, toma mi mano.

 

Muchas ideas cruzaron por la cabeza del menor en ese instante, ninguna que le diera un buen resultado. Y al escuchar más pasos alrededor, solo pudo pensar en que seguiría ciegamente a su hermano. Y saltó las cajas. Pero su cuerpo pequeño no logró alcanzar la mano que el mayor mantenía estirada.

 

—¡No alcanzo Joon!

—Intenta saltar Kibum, rápido, ya vienen.

 

Kibum obedeció, empezó a saltar lo mejor que pudo, pero el lodo en sus zapatos lo hizo resbalar, una de las cajas se desdobló. Y su cuerpo se alejó unos centímetros más de la mano de Hyun Joon, la desesperación lo recorrió en ese instante, saltaba por tomar esa mano, por volver a sentir la calidez que solo su hermano podía transmitirle. Saltaba por esa gota de vida que le quedaba.

 

—¡Kibum, salta un poco más!

 

Hyun Joon se agachó, lo más que pudo, estirando su cuerpo, casi perdiendo el equilibrio, escuchando también los gritos alarmados de sus amigos que le decían que incluso escuchaban las sirenas de la policía que empezaba a alertar al vecindario entero.

 

—¡¡Kibum toma mi mano, por favor!!

 

Y el último salto ocurrió, Kibum saltó lo más fuerte que sus piernas se lo permitieron, rozando apenas la punta de los dedos de Hyun Joon, y fue el último roce, la última caricia de sus pieles que pudo experimentar, por que al caer, su cintura fue apresada por uno de los guardias; impidiendo su huída.

 

—¡Tengo a uno de ellos!

 

Kibum se sacudió con horror, viendo la mirada de desesperación de su hermano, las luces empezaron a encenderse y la sirena de la policía se escuchaba cada vez más cerca. Todo ocurrió demasiado rápido para Kibum, en un momento mordía el brazo de aquel hombre para que lo soltara, sin surtir efecto siquiera.

 

Entonces se había sacudido con vehemencia, cerrando los ojos con fuerza. Gritando que lo dejaran alcanzar a su hermano, y un breve instante en que sus ojos se abrieron. Hyun Joon ya no estaba ahí, ni en el muro, ni dentro del orfanato siquiera.

 

La luz del lugar lastimó un poco sus ojos y la sirena empezó a ser molesta a sus oídos, seguramente la patrulla ya se había estacionado fuera del lugar. Kibum sintió su respiración agitada, sus ojos empezar a llenarse de lágrimas. Y su pulso acelerado marcó el ardor en su garganta ante su enloquecido grito.

 

—¡¡Hyun Joon!!

 

Pero su hermano mayor, no volvió a aparecer.

 

 

Fin Capitulo Uno.

 

 

 

 

Bueno ahora si, como sabrán Kim Hyun Joon, de SS501, es el hermano mayor de Kibum. Y si no lo sabían, ahí les dejo el dato. ;D

 

Estamos apenas empezando con el fanfic, estoy emocionada con la idea, que irá de a poco subiendo de tono. Dejen que crezcan un poco más. Mientras tanto espero que este primer capitulo de introducción les haya gustado. Alejandra suele ser muy exigente con lo que lee, y ya que este fic es para ella, ¡me estresa! Jajaja, mentira amiga de mi alma, tu sabes que te amo, asi que espero que te haya gustado, y si no te jodes.. por que igual lo voy a seguir… xD

 

Bueno, ahora si un beso con todas, y nos vemos en la actu de la noche.

 

Por cierto, como dato adicional el titulo del capitulo es una frase de la canción Everyday, obviamente de UKISS.  Nos vemos~

 

 


9 comentarios sobre “La soledad del ángel: capitulo 1

    soylaputa escribió:
    8 mayo, 2012 en 17:26

    Yo te mato!!!!
    Quiero leer más de este fic, me puse a ver de nuevo los programas que hacen y Soohyun y KiBum me matan T___T ¡quiero leer!
    Aish, apura mujer xD!
    Me encantó y las últimas partes fueron angustiantes ;__;
    ¡conti!

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    Ester escribió:
    15 enero, 2013 en 7:39

    Lo vas a seguir verdad? no lo pudes dejar asi !!!!!!!!

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