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BLOGGER

2.0

GIRA Y GIRA, ALREDEDOR DE LO QUE NUNCA PASÓ

PRIMERA PUBLICACIÓN

5/MAYO/2012

 

 

 

 

Si algo había aprendido, con el transcurso de los años y el poco tiempo que se escurre entre las manos, es que todo de algún modo cambia. Es relativa tanto la felicidad como la tristeza y el dolor. Equiparable para cualquier clase de sentimiento o aflicción.

 

Dejar de ver a las personas que aprecias implica encontrarte con buenas o malas sorpresas. Desde cambios sencillos a algunos que no esperabas. Ser consciente del tiempo que parece no transcurrir tan velozmente hasta que consultas el calendario.

 

Las heridas que una vez te marcaron, parecen de pronto un espejismo. Una pesadilla en una noche de lluvia interminable. Y no cesa la pretensión de que aquello no existió hasta el momento en que vuelves a tener contacto con todo aquello que una vez te destruyó. Y llegas a la conclusión de que tal vez estas siendo demasiado rencoroso por no poder olvidar.

 

Nostalgia. Perdón. Olvido.

 

Un ciclo repetitivo a lo largo de la vida que cansa y vuelve rutinario el existir. Uno nunca se establece con un final feliz, hasta que ha encontrado el balance entre la belleza de lo pacífico y el estado sublime de una rutina en que la seguridad prima y el resto no importa.

 

Pero ser joven implica, eso que es complicado y que luego genera remordimientos. Una persona con veinte años no puede apegarse a la rutina y decir que le agrada. Al menos no todos. Esa juventud diferente, más cerca de la adultez que grita que el tiempo se acorta, y el tiempo de hacer estupideces se agota. De querer vivirlo todo en un momento. De querer hacerlo todo, de querer descubrir y saberse dueño de todas las situaciones.

 

En ocasiones, a esta edad. Somos nosotros mismos los culpables de las nuevas heridas que se añaden a la experiencia que se tatúa en el alma y es ya imborrable. Presente, pasado y futuro son tres palabras, que a la edad entre la juventud y la adultez, empiezan a pesar con más cuidado.

 

 

 

 

Tokio, Japón.

 

 

—¿Qué haces?

 

La voz de Siwon sonó cerca, muy cerca de su cuello, con su aliento lo suficientemente cerca como para cerrar los ojos y suspirar. Había destellos de luz entrando por la ventana, y las cosas del departamento desperdigadas por cualquier lugar.

 

—No podía dormir.

 

Japón era usualmente tranquilo durante las madrugadas, cerca de la mañana apenas se escuchaba el murmullo claro de las personas levantado sus negocios o de las madres empezando a despertar a los niños para las clases.

 

—Yo tampoco. Pensaba en muchas cosas. Extraño Corea, extraño a mi familia.

—Siwon, sabes que siempre que quieras puedes ir de visita a Seúl.

—No quiero dejarte solo.

 

Las manos de Siwon se posaron sobre las de Heechul, fuertes y seguras, con una sonrisa vacilante. Ese instinto sobreprotector que no se extinguía y clamaba por persistir a pesar del tiempo.

 

Había algo muy parecido a la constancia que aún incomodaba a Heechul, la inseguridad de no saber muy bien donde se encontraba debido a las cadenas que los unían. Le debía tanto a Siwon que a veces pensarlo era sofocante.

 

Pero en momentos como ese no importaba, solo sonreía, y disfrutaba de esa invaluable compañía, sus anillos chocaron y Siwon levantó la mirada hacía él, en una cómplice confesión que no era necesaria ser pronunciada.

 

Heechul acentuó su sonrisa un poco más. Y suspiró.

 

El viento esa mañana entraba por la ventana cómodamente, hace casi un año que habían adoptado ese apartamento como suyo, que el lugar los refugiaba y guardaba en aquel majestuoso lugar donde los sueños se asentaban y todo pintaba un poco mejor.

 

Desde una de las repisas, junto a otra gran cantidad de fotografías, reposaba la imagen de la madre de Heechul, con esa sonrisa pequeña tan llena de buenos sentimientos, que Heechul no podía evitar inflar el pecho de orgullo y decir que su madre vivió los últimos meses en absoluta paz y tranquilidad.

 

Lejos de lo que alguna vez los acongojó. Heechul por fin pudo vivir su mundo utópico y darle paz a su propia alma, a la de su madre. Y el tiempo viajó entre ellos. Tan rápido, tan fácil. Que cuando pudo pestañear, dos años habían transcurrido.

 

Y su mundo se había reducido una vez más.

 

Su madre era un hermoso recuerdo, que permanecería para siempre, muy cerca de él.

 

 

 

 

Los Ángeles, Estados Unidos.

 

 

—¡Hacía acá, Junsu!

 

El grito de Andrew se escuchó fuerte e inmediatamente Kim giró, con el balón en sus manos, lanzándolo directo hacía su compañero quien saltó con fuerza para poder atraparlo y encestar con facilidad.

 

—¡Bien!

 

Las manos fueron chocadas y Junho sonrió ante la efusividad de su hermano. Mientras jugaba o practicaba algún deporte, Junsu era tan abstracto al resto del mundo que era verdaderamente sorprendente como algo así podía simplemente levitarlo en un mundo completamente al que alguna vez compartieron.

 

—¡De acuerdo, ya basta! Tengo clases y tu hermano está esperando desde hace un buen rato.

 

Cuando Andrew levantó un poco la cabeza, Junsu giró, Junho se encontraba en uno de los asientos, con un pequeño libro sobre las piernas, aparentemente leyendo. Junsu sonrió, agitando un poco su mano, antes de despedirse de todos sus amigos y correr por su bolso que en el piso contenía el resto de su ropa.

 

—Estás hecho un asco.

—Lo sé…— Logró sentarse junto a Junho que como siempre lucía tan pulcro y arrugó un poco la nariz. –Tú y tus libros de ochenta mil páginas me asustan.

 

—No son ochenta mil páginas. Y estoy estudiando medicina, ¿qué esperabas?

—No lo sé, Junho. Yo te veía más como un arquitecto.

 

Junsu se relajó, apoyado en el pequeño escalón, con un poco de agua entrando en su cuerpo después de varios minutos. Y Junho a su lado solo sonrió. Y cerró por fin el libro, mirando a Junsu que lucía demasiado tranquilo para su gusto.

 

—¿Qué pasó?

 

La voz de Junho fue clara, ni siquiera una gota de duda. Solo fue directo y Junsu no pudo evitar sonreír.

 

—Ya lo decidí. No voy a seguir estudiando administración.

 

Los ojos de Junho se agrandaron bastante. Un suspiro acudió a sus labios luego de unos segundos y mientras Junsu esperaba una respuesta o al menos alguna expresión fuera de la esperada sorpresa. Junho solo dejó el libro a un lado y se sentó cómodamente, para poder mirar mejor a su hermano menor.

 

—¿Ya hablaste con nuestros padres, cierto?

—Si, bueno no lo tomaron bien en un inicio, pero al menos… Ya no parece que me odian cuando me ven.

 

Si había que definir un estado o tema tabú entre ellos. Ese siempre iba a ser el amor hacía sus padres, y de sus padres hacía ello. A Junho aún le costaba afianzarse en el hecho de que empezando por sus padres y sus diferencias hacía ellos, que todo el caos comenzó.

 

Pero Junsu a veces solo sonreía, como si el tiempo hubiera pasado y hubiera dejado su huella. Tan tranquilo como eso. Junho a veces se sentía estancado. Pero Junsu continuaba, a veces pensaba que él que seguía necesitando ir con la psicóloga era él.

 

—Música, ¿entonces?

—Si, mañana iré a inscribirme.

 

A Junho le resultaba interesante como de un modo u otro los caminos de Junsu y Yoochun parecían cruzarse todo el tiempo. Como si no bastara con una despedida que marcara el final o comienzo de algo.

 

La sonrisa en los labios de Junsu titubeó.

 

¿Sabría Junsu que Yoochun estaba estudiando lo mismo?

 

Sus ojos se perdieron por un momento en la cancha que ahora estaba vacía, como si recordara algo y sus palabras no se atrevieran a completar el estado en el que se encontraba. Y mientras más lo veía, más intentaba fingir que nada sucedía.

 

Pero Junsu tenía esa capacidad de mantenerlo siempre en el vilo.

 

Insistente, palmeó la espalda de su hermano. Y Junsu pareció despertar.

 

—¿Qué tal si me vas a dejar a la Universidad? Tengo clases en media hora y tú querías el carro para algo, ¿no?

 

Junsu asintió y aunque no agregó algo nuevo. Se levantó y caminó junto a él. Todavía un poco sudoroso por el esfuerzo físico, decidiendo no ducharse ahí por la cantidad de gente que había y por que entonces Junho no llegaría a tiempo.

 

Por un solo momento la duda volvió a ingresar a él.

 

Sabía que no bastaba con la voz que poseía para querer estudiar un poco de música, que sus instintos pugnaban por algo más seguro. Algo como Junho que sin duda tendría éxito como doctor.

 

Pero sus instintos gritaban, que sencillamente no se veía haciendo otra cosa que música. Por que le apasionaba. Por que había descubierto que su voz junto a la de Yoochun sonaba muy bien, quería enterrar su alma en aquello.

 

Por que mientras su herida terminaba de cicatrizar, el fútbol estaba un poco vetado para él.

 

 

 

 

Washington, Estados Unidos.

 

 

“Voy a salir de viaje por unos días. La verdad no sé cuanto demoré o cuanto tiempo esté sin cobertura. Prometo llegar al menos una semana después de lo acordado.

JY.”

 

 

Jaejoong suspiró, mirando la pantalla en su celular. Anhelando  poder escribir esas palabras que se le atoraban en la garganta y que no podían escribir sus dedos. Extrañaba a Yunho, más allá de lo necesario, y verlo tres o cuatro veces al año, no bastaba. Ya no.

 

Y ahora que Jung se había dedicado a viajar debido a su carrera, gracias a su padre que le había dado un buen lugar en las empresas para la que trabajaba. Ahora que todo marchaba un poco mejor. Jaejoong no podía comprender por que no se terminaba de sentir bien.

 

Pensaba en Yunho practicando para ser piloto de avión. Que sabrá Dios por qué escogió aquello, y el alma se le encogía. ¿No sabía ese idiota la cantidad de accidentes aéreos que habían? Pero debió sospecharlo desde que lo conoció y lo vio manejando aquella moto.

 

Aunque bueno, al principio, en verdad le tenía miedo.

 

Como fuera, Jaejoong no podía evitar desviar la mirada cada que Yunho le comentaba emocionado los lugares que visitaba, lo cerca que estaba de ser ya un piloto totalmente profesional e independiente, ya no estaría más como estudiante, o a prueba. Lo sería en verdad.

 

Yunho estaba conociendo tanto, a tantas personas. Y él estaba ahí, estancado en esa ciudad, tan lejos de su alcance. Teniendo que leer artículos para poder seguirle la conversación. Y sentía que Jung se alejaba cada vez un poco más.

 

Está bien, solo ten mucho cuidado. Y mándale saludos de mi parte a Yoochun, antes de viajar.

KJ.

 

Y como se le venía haciendo costumbre no escribió lo que quería, lo que pensaba o lo que al menos sentía, solo contempló la pantalla de su celular un rato más. Y sus instintos pugnaron por que se escribiera otro mail. Y sin embargo no pudo hacerlo.

 

De a poco sentía que Yunho iba escalando tanto y tan alto. Que quedarse atrás lo acongojaba. Pensó en que se estaba convirtiendo en un adulto, que Yunho pronto sería completamente independiente.

 

Y que su relación, que empezó dos años atrás. Durante el termino de su adolescencia, iba madurando, iba creciendo, pero iba consumiéndolo también. Quería ser un poco egoísta y pedirle que se quedara más que una semana con él. Pero luego se odiaba por eso y sacudía la cabeza fuertemente.

 

—¿Has hablado con Yunho?

 

La voz de una de sus compañeras se escuchó cerca, y Jaejoong solo bajó un poco el celular, guardándolo en el bolsillo de su pantalón. Con esa sonrisa brillante en los labios, tratando de dejar pasar la situación.

 

—Si, me ha dicho que llegará una semana después de lo que acordamos, pero vendrá que es lo importante.

 

Hansee suspiró, con la pequeña barra de chocolate en la mano. Sentándose en una silla cerca de donde Jaejoong se encontraba, subiendo las piernas a la mesa descuidadamente.

 

—Escucha, Jae. Te considero un buen amigo, y una gran persona.— Jaejoong sonrió agradecido. –Pero todas esas virtudes siempre suelen jugarle en contra a las personas como tú.

 

¿Las personas como él?

 

Jaejoong se sintió un poco perdido. Y miró a la muchacha quien parecía de lo más relajada, con aquel tono casual, que sonaba a consejo.

 

—¿A qué te refieres, Hansee?

 

—He tenido muchos novios, buenos y malos. Y cada uno de ellos me ha enseñado algo diferente.— Jaejoong enarcó una ceja, y la muchacha divertida rió. Levantando un poco las manos. –¡No me mires así, Jae! Que no me refiero a eso, y tampoco han sido tantos.

 

Jaejoong suspiró, pensando en que Yunho estaba tardando en responder. Pero Hansee volvió a hablar, bajando un poco más la voz por si algún curioso alcanzaba a escucharlos fuera de la habitación que compartían en aquella residencia para estudiantes.

 

—Lo que quiero decir es que la relación que Yunho y tú tuvieron durante el instituto puede haber sido muy idílica y todo lo que quieras, puede que hayan pasado por muchas cosas. Pero el amor a distancia, sencillamente no funciona. Kangsun, y Francisco me lo demostraron.

 

—¿Y esos quienes son?

 

—El primero fue mi novio de escuela media, y el otro un chico de intercambio que conocí hace un año y más. Pero eso no es lo importante.— Esta vez la muchacha colocó sus manos sobre los hombros de Jaejoong y trató de que su mirada fuera seria. –A veces hay amores que es mejor cortar por lo sano. Para que queden como un buen recuerdo, o para que al menos quede la oportunidad de probar con un tal vez más adelante.

 

Hansee lo soltó al rato, las ideas cavilando dentro de la cabeza de Jaejoong mientras la muchacha sin tapujos se quitaba la blusa para poder cambiarla por una un poco más colorida. El compañero de habitación de Jaejoong casi nunca estaba ahí, y por tanto Hansee prefería dormir ahí, que con la urraca que ella tenía por compañera.

 

Los ojos de Jaejoong no siguieron a la muchacha, acostumbrado al actuar liberal de la castaña. Pero si escuchó sus pasos. Rogando por que se marchara cuanto antes, solo por que aquello que Hansee le acababa de recalcar, él ya lo venía pensando y eso lo atormentaba.

 

—Por cierto, hoy no voy a dormir aquí.

—¿Cita con el de jurisprudencia?

 

Jaejoong sonrió un poco y Hansee apenas y ató en una coleta su corto cabello.

 

—No, ya no. Voy a salir con una amiga.— Jaejoong enarcó una ceja y ella sonrió. –No hagas eso, es solo una amiga. Ya sabes que aún no experimentó por esos lares.

—¿Aún?

—Nunca lo haré.

 

Jaejoong rió y Hansee únicamente le lanzó una almohada a la cabeza antes de salir de la habitación, una vez que la puerta se cerró, con la salida de la muchacha, Jaejoong apretó la almohada con fuerza y suspiró nuevamente.

 

Era difícil, pero no imposible.

 

Hansee puede que no haya tenido suerte con sus antiguos novios, pero a él, no tenía que pasarle lo mismo con Yunho ¿verdad? Había más historia entre ellos, que simples meses jugando a estar juntos. Era un sentimiento fuerte, y aferrado a su ser. O al menos Jaejoong quería creer que era así.

 

El celular en su bolsillo sonó y Jaejoong lo buscó de inmediato.

 

Lo haré, nos vemos en una semana. Te extraño.

JY.”

 

Casi por un momento, Jaejoong estuvo tentado a revisar el último mensaje que le había mandado a Yunho, se había perdido en la conversación, o el mensaje era muy escueto. Sin embargo las dos últimas palabras calmaron un poco sus angustias.

 

Tamborileó sus dedos sobre la pantalla táctil, tratando de pensar en algo adecuado. Mordió su labio y mandó todo al demonio. Sentía que era más cursi escribirlo que decirlo pero se arriesgó.

 

Te amo, vuelve pronto.

KJ.”

 

Apenas el mensaje de enviado apareció, una vergüenza y sonrojo aparecieron en las facciones de Jaejoong deseando haber pensado mejor en lo que estaba haciendo y no ser tan abiertamente débil. Pero el mensaje en está ocasión no demoró en ser respondido.

 

Lo haré. Aliméntate bien.

JY.”

 

La desazón que ese mensaje frío le provocó fue evidente, miró la pantalla un rato más y apretó el celular con fuerza, frunciendo el ceño. Hasta que un mensaje nuevo llegó.

 

¿Te asusté? ¿Pensaste que lo había olvidado?

Mira que eres fácil de engañar… Te amo, Jaejoong.

JY.”

 

Pudo respirar otra vez en cuanto comprobó el mal gusto que tenía Jung para elegir sus bromas, pero con una sonrisa en el rostro lanzó el celular a la cama, y pasó las manos por su rostro.

 

—…Idiota.

 

Lo había preocupado por un segundo. Pero luego miró su cama y se acostó con el celular en la mano y pensando en lo bien que se sentía leer aquello. Por más cursi y vergonzoso que fuera. Leerlo había sido tan… ¿alentador?

 

Que valía la pena tragarse un poco el orgullo, solo para transmitirle ese mismo sentimiento a Jung.

 

 

 

Tokio, Japón.

 

 

—¡Heechul!

 

La voz de Yuri se escuchó algo estridente, y Heechul a pesar del montón de libros que llevaba entre sus brazos giró y sonrió a la mujer que corría presurosa hasta él, depositando un libro más entre la pequeña cantidad que llevaba.

 

—Es el último, lo siento. Yo me encargo del resto no te preocupes.

—¿Estás segura? Son más de veinte.

—Ya veo como me las arreglo para encontrar ayudantes.

 

Heechul sonrió en cuanto vio a la muchacha ajustarse la blusa y acomodarse el escote que llevaba. Negó suavemente y giró dispuesto a caminar sin problemas hasta la asociación donde debía dejar todas aquellas investigaciones.

 

Sus pasos sin embargo se detuvieron en cuanto distinguió entre las personas que iban de un lado a otro, al muchacho de cabellos castaños y lacios.

 

—Donghae…

 

Apoyado en la pared lateral, con la mirada en las llaves que se movían entre sus dedos, Donghae únicamente levantó la mirada y sonrió. –Te ayudo.— Y se prestó atento a quitarle la mitad de los libros a Heechul quien sonrió agradecido por la acción.

 

—¿Llevas mucho tiempo esperando?

 

Donghae negó un poco y empezó a caminar hasta la puerta que Heechul abrió con un pequeño empujón. –No tanto en realidad, salí de clases hace apenas quince minutos.

—Eso es mucho.

—No tanto.

 

Los libros fueron depositados sobre el escritorio y Heechul sacó las llaves de su bolsillo para poder dejar la oficina con seguro. Notó la fragancia de la colonia de Donghae más fuerte de lo habitual y sonrió.

 

Donghae podía ser un par de años menor a él, podían no ser hermanos de verdad, al no tener la misma sangre. Pero su padre se había casado con la mamá de Donghae, y de algún modo, este tiempo en Japón había afianzado la confianza y el muchacho solía mirarlo sin tanta displicencia como antes.

 

—¿Alguna razón por la que hoy estés tan contento?

—Ninguna en particular, solo es un buen día.

 

Heechul lo miró fijamente y luego sacudió sus cabellos.

 

—Vamos que tengo que ir a recoger a Siwon para dejarlo en el aeropuerto y luego acompañarte a comprar todo lo que necesitas para el proyecto de la universidad.

—¿Y… cuánto tiempo va a estar Siwon en Corea?

 

—No estoy muy seguro, creo que unas tres semanas. Extraña mucho a su familia.

 

La sonrisa de Donghae apareció nuevamente, brillante y con un deje de confianza que era absoluta mientras caminaba junto a Kim.

 

—Pensaba en pasar una temporada contigo.

 

Heechul miró sorprendido a Donghae quien alzó las manos de inmediato.

 

—No me mal entiendas. Como sabrás mamá saldrá con tu papá de segunda luna de miel. Así que pensaba que quedarme en casa era muy aburrido. Y cómo Siwon se va supongo que tampoco te gustaría estar solo.

 

La solución parecía adecuada y simple. Casi saliendo de la facultad, a Heechul no le pareció mala idea. Después de todo Donghae siempre había sido inusitadamente divertido y activo.

 

En el momento que estaba dispuesto a aceptar la propuesta de Lee, las manos de Siwon se ciñeron a su estomago, con poca fuerza, pero apresándolo lo suficiente como para que se irguiera y los labios de Siwon lo recibieran con gusto.

 

—¿Terminaste?

—Si, acabo de terminar. Me encontré con Donghae.

 

Desde un poco atrás, Donghae únicamente levantó la mano y sonrió levemente. Heechul sin embargo pasó los brazos por el cuello de Siwon y lo abrazó.

 

—Saluda a los muchachos que veas de mi parte.

—De acuerdo. Solo serán unas semanas, prometo que volveré pronto.

 

—Deja de hablar como si no pudiera vivir sin ti.

—Oh, Chul. No me dejas vivir en mi fantasía de que si, es así.

 

Heechul únicamente rodó los ojos, antes de soltar un poco a Siwon y sacara las llaves del carro. Se mantuvo un rato así. Muy cerca de Siwon mientras caminaban hasta el auto. En tanto Donghae los acompañaba, Heechul dejaría a Siwon en el aeropuerto.

 

Donghae quería creer que ese brillo en la mirada de Heechul no sería eterno.

 

Pero aquello no cambiaba. Siwon y Heechul continuaban con esa petulante mirada de amor profesado que lo hacían agachar la cabeza y sonreír. Mantenerse un poco de lado y observar. Solamente eso y nada más.

 

 

 

 

Los Ángeles, Estados Unidos.

 

 

 

—Cuando me dijiste que dejaste la beca de deportes, por que dijiste que no podías volver a jugar en un buen tiempo. Te entendí, o al menos eso creo. No te conocía en ese entonces. Pero ahora soy parte de tu vida y cambiar todo de repente, por que crees que te gusta la música…

 

Junsu suspiró. Mirando la comida en su plato y volviendo a sentirse aburrido con esa platica por parte de Allan, apoyó la quijada en su mano y suspiró. Tratando de no ver al muchacho pelirrojo que sentado frente a él, y al notar su desinterés frunció el ceño.

 

—¿Me estás escuchando, Junsu? Es molesto sentir que hablo solo.

—Pues para mi es molesto que MI pareja, no me apoye.

 

Allan dejó los cubiertos sobre la mesa, cruzó sus brazos y respiró hondo.

 

—Voy a convertirme en Abogado, y se suponía que tú seguirías con tu carrera en Administración. Deberías pensar un poco más en el futuro que en un sueño de adolescentes, hay mucha gente allá afuera que es talentosa y tienen trabajos comunes.

 

—¿Y solo por eso yo debo ser otro común más entre el montón?

 

Esta vez Junsu había empezado a enojarse. Había arrugado el entrecejo también y sus puños cerrados permanecían sobre la mesa de aquel restaurante en el que habían quedado en almorzar. Allan sin embargo solo rodó los ojos.

 

—Estas siendo infantil, Junsu. Ser cantante no es solamente descubrir un día que cantas bien y querer armar un futuro en base de ello.

—Yo cantaba en el instituto. Y lo hacíamos muy bien.

 

—Oh, genial ¿ahora es una banda?

 

Junsu bufó, harto de que el muchacho de ojos claros no entendiera que pareciera todo el rato bloquearse. Estaba harto incluso de modular su voz para que nadie más los entendiera. Harto de que esa relación de ocho meses sencillamente no funcionara.

 

—¿Sabes qué; Allan? Si no te place apoyarme. Lo mejor será que no sigamos con esto.

 

Su declaración fue clara y precisa, el muchacho frente a él solo negó un poco y limpió la comisura de sus labios. Junsu podía percibir la inestabilidad en sus propias seguridades. No era la primera vez que terminaban, y algo le decía que no sería tampoco la última.

 

—Ya va siendo hora de que madures, Junsu. No tienes dieciséis años, y no te alimentas de sueños. Recuerda que cuando el hambre entra por la puerta, el amor se va por la ventana.

 

Allan se levantó de la mesa con naturalidad, sin llamar demasiado la atención, pero Junsu únicamente soltó la servilleta de tela sobre la mesa, con una expresión molesta en el rostro mientras veía al muchacho tomar el primer taxi que pasaba.

 

Apoyó la quijada en su mano y cerró los ojos.

 

¿Era tan difícil pedir un poco de apoyo?

 

Sintió otra vez ese vacío recurrente, y suspiró. Solo quería un poco de apoyo, alguien que le dijera que no estaba haciendo las cosas mal. Y empezaba a pensar que las cosas en Estados Unidos no marcharían tan bien.

 

Tal vez nuevos aires. Le sentarían mejor.

 

Donde la decepción por Allan no calara tan fuerte.

 

 

 

 

París, Francia.

 

 

Cuando la voz de Yoochun se esparcía por aquel bulevar acompañado por el piano y de vez en cuando, cuando los violinistas se encontraban desocupados, y alguno que otros de sus compañeros también. El lugar se repletaba.

 

Contemplar a Park Yoochun mientras hacia gala de su aplastante voz era glorioso. Su voz que encantaba a todo cuanto pasaba a su lado y que hacía a Park sonreír complacido, por los suspiros y miradas que arrancaba.

 

Sus manos se ajustaban al micrófono con fuerza, se encerraba en su burbuja personal que le transmitía cada canción y cada silaba pronunciada era como una nueva marca que le hacía pensar a cualquiera que nunca habría nadie que se le igualara.

 

—Gracias.

 

Se inclinó un poco ante los presentes, y los aplausos y un par de ovaciones de pie fueron el resultado de su presentación. Solía ir a aquel bulevar después de clases, siempre que no fuera muy tarde.

 

Le gustaba lo contemporáneo del lugar, lo establecido que se encontraba y lo conforme con lo que había logrado en esos dos años. Lo mucho que había aprendido. Francis, la linda muchacha que solía servir cocteles en uno de los puestos sonrió en cuanto lo vio sentarse frente a ella.

 

—¿Deseas algo de beber?

—Agua.

 

Francis solo rodó los ojos y sacó una botella, volviendo a limpiar los vasos mientras Park miraba abstractamente a una muchacha rubia que acababa de subirse a cantar después de él.

 

—Mariah, dicen que es muy buena.

—Si, eso he oído.

 

Por un momento Yoochun le prestó atención, pero luego sencillamente giró, dándole la espalda por completo y centrando su atención en Francis, quien continuaba limpiando los vasos a su disposición.

 

—¿Ya pensaste mejor lo que me dijiste?

Yoochun sonrió. –No tengo nada más que pensar. Ya te lo dije Francis.

 

—Pues me mantengo en que eres un idiota, ¿por qué vas a dejar tu beca a medio camino?

—Solo me falta un año y medio para terminar mi carrera.

—¡Exacto!

 

Francis lucía indignada, pero luego solo levantó las manos y agitó un poco la cabeza.

 

—¿Sabes qué? No me importa. Has lo que te de la gana.

—Vamos, Fran. Sabes que es lo mejor para mi, ya es hora de que me lance a ser cantante si en verdad quiero hacer de ello mi forma de vida.

 

La muchacha aún lucía insegura. Pero en los dos años que llevaba conociendo a Yunho y Yoochun. Sabía que cuando ponían esa mirada, es por que estaban totalmente seguros. Yunho la había mirado de la misma forma cuando había optado por dejar su beca de baile por su reciente descubierta pasión por pilotear aviones.

 

Intricados cambios que ella desconocía, pero suponía venían en el paquete de crecer. De conocer cosas nuevas que ahora de repente parecían maravillarte, y te hacían asentar en un lugar donde nunca antes te habías ubicado.

 

Ahora Yoochun quería empezar con su carrera de cantante, estudiando solo si es que podía y su carrera no borbotaba exitosamente robándole todo el tiempo posible. Francis lo sabía, Yoochun lo lograría y su carrera quedaría a medias. Era como estarlo viendo.

 

No es como si Yunho hubiera dejado de bailar, sencillamente le encantaba aquello, pasión que había nacido desde que hubiera aprendido a manejar aquella moto que usaba desde los diecisiete según le habían contado. Entonces, esperaba que Yoochun no olvidara terminar sus estudios y continuar.

 

—¿Volverás a Corea entonces?

 

Siguió limpiando los vasos, y Yoochun guardó silencio por unos segundos más mientras bebía agua y la muchacha en el escenario parecía empezar a dar las últimas notas en su canción. Yoochun suspiró y luego le regaló una sonrisa.

 

—Si, he pensado que Corea es un buen lugar para empezar.

 

Y los planes de Yoochun que pensaba traspasar fronteras tenían su nacimiento en aquel lugar. Francis tuvo que sonreír y pensar, que era hora de resignarse y mantener tan solo de lejos esas dos hermosas amistades que había cultivado en ese poco tiempo en Paris.

 

Yunho se la pasaba viajando, y ahora Yoochun planeaba regresar a Seúl.

 

 

 

 

 

Seúl, Corea.

 

 

 

Siwon estuvo demasiadas horas en aquel avión.

 

Tantas que las ansias lo carcomían, cuando por fin pudo estar fuera de la zona de embarque sus ojos buscaron de un lado a otro a su hermano menor, entre la gente que pasaba por todas partes, con sus dos maletas, Siwon trató de ubicar al muchacho.

 

—¡Siwon!

 

Pero la voz llegó extrañamente cerca, y cuando giró se sorprendió al notar que aquella voz era más gruesa que la última vez que lo escuchó. Mucho más masculina y fuerte. Pero sobre todo le sorprendió saberse entre los brazos de aquel hombre que lo abrazaba con fuerza y ahora al parecer lo sobrepasaba en altura.

 

—¿Minho?

 

Se alejó un poco, tratando de ver el rostro del menor quien le sonrió, con esa gran sonrisa que tan bien conocía y le sorprendió descubrir que sin duda alguna se trataba de él, de su hermano menor. Que en absoluto lo parecía.

 

—¡Mocoso del demonio! ¿Cuándo creciste tanto?

 

Pero Minho solo rodó los ojos. Apoyándose un poco en su pierna derecha y viendo con aburrimiento a su hermano.

 

—¿Por qué todo el mundo dice eso? No he crecido tanto y además, es imposible que sea tanto. Mi adolescencia ya pasó.

—Corrección, cuando me fui a Japón ti recién ibas a tu penúltimo año. Y ahora, si mal no tengo entendido ya te graduaste. Tienes dieciocho años, mocoso. Es sorprendente.

 

—Voy a cumplir diecinueve, deja de ser tan fastidioso.

 

Minho agarró una de las maletas y Siwon sonrió divertido, verdaderamente sorprendido por que ahora en verdad pareciera que él era el menor. Observó el camina tranquilo del muchacho mientras caminaba entre la gente.

 

Había algo extraño.

 

Minho había crecido, su cabello ahora estaba un poco más corto, lo cual lo hacía ver un poco más alto, con pequeños destellos castaños. Entonces entrecerró los ojos y sonrió. En ese momento, Minho giró, Siwon no lo seguía.

 

—¿Qué pasó?

—¿Y Changmin?— Los pasos de Siwon fueron lentos hasta él, y pudo ver en Minho cierto deje de displicencia. —¿Está estudiando en el extranjero?

 

—No, bueno si obtuvo la beca, pero la declinó por una dentro del país.

—Oh, que cursis…~

 

Pero lejos de notar la expresión que esperaba en su hermano, Minho solo giró, retomando su paso hacía la salida del aeropuerto. El repentino mutismo por parte de Minho llamó su atención y lo hizo caminar un poco más rápido hasta llegar a él.

 

—¿Qué sucede?

—¿Con qué?

—Con Changmin.

 

Otra vez Minho no reaccionó como esperaba, únicamente suspiró, cerca de la zona de parqueo. Siwon ni siquiera sabía en que momento habían caminado tanto, pero Minho únicamente empezó a buscar las llaves en su bolsillo.

 

—Pues supe que estaba por empezar su segundo semestre en la universidad central que es donde está estudiando. Creo que sigue algo así como artes, o música. O algo así…

 

Otra vez ese deje suelto de despreocupación que lo hizo fruncir el ceño y acercarse un poco más al menor.

 

—¿Lo último que supiste?

 

Minho carraspeó un poco, respirando hondo y desviando la mirada.

 

—No había tenido la oportunidad de contarte, pero… Pues, Changmin y yo terminamos hace como un año. Unos días después de que él se graduara.

—¡¿No habías tenido la oportunidad?! ¡En un año!

 

Minho sonrió entonces, un poco nervioso por lo molesto que se veía él, y por supuesto por que su grito había llamado la atención de varias personas a su alrededor. Siwon pareció notarlo, y lo único que hizo fue señalarlo firmemente.

 

—Tenemos que hablar, pero será en casa.

 

A Minho no le quedó de otra que asentir, y continuar caminando hasta el lugar donde se encontraba el auto. No muy conforme con el hecho de tener que poner al día a su hermano con respecto a su situación sentimental.

 

 

 

 

—¿Pudiste coger todas las materias?

 

Kyunhyun se acercó lo suficiente a Changmin, como para poder mirar en el papel en sus manos lo que buscaba, pero Shim ya se había adelantado y escondido el papel.

 

—¿Para que quieres saber?

—Oh, vamos Changmin. No seas tan molesto. Solo quiero saber.

—Si, pude cogerlas todas.

 

Kyunhyun sonrió complacido y se sentó junto a él, en la pequeña banca cerca de su facultad de artes. La mayoría de los estudiantes se encontraban yendo de un lugar a otro debido al inicio de clases que sería en unas semanas.

 

Changmin sabía que su amigo había empezado a hablar de algo, pero Changmin hace mucho rato había dejado de escuchar, como si sus pensamientos repentinamente se obnubilaran en un lugar lejano de ahí.

 

—¡Claro que si! Y yo le dije que no iría, por que se suponía que era sorpresa…

 

La voz alegre de aquel muchacho logró sacarlo de sus pensamientos. Lo vio entonces, tal y como pensaba, se trataba de Joonghyun, saliendo de un auto deportivo junto a un pequeño grupo de amigos, hablando animadamente.

 

Verlo, le trajo demasiados recuerdos.

 

Y decidió por su propio bien fingir que no lo había visto.

 

—…Así que este semestre optaré por trabajar a medio tiempo.

 

Alcanzó a escuchar lo adecuado, lo suficiente como para hacerle creer a Kyunhyun que lo había estado escuchando por ese leve momento de distracción y asintió. Antes de que la presencia de Joonghyun lo tomara por sorpresa y pasara justo frente a él.

 

Trató de fijar sus ojos en Kyunhyun, pero Joonghyun ya había empezado a acercarse. Y Changmin a maldecir su suerte.

 

—¿Shim?

 

La voz de Joonghyun sonaba normal, así que giro con una expresión tranquila y asintió, levantándose de su lugar para darle la mano como dictaba el protocolo.

 

—Hola, Joonghyun. No esperaba verte por aquí.

—Si, bueno ya me toca empezar la universidad. Y pensaba en algo de artes. ¿No me digas que estás estudiando también aquí?

 

Changmin asintió. –Segundo semestre.

—Oh, es una… sorpresa.

 

Las palabras a medio decir eran esperadas, las miradas, el saludo que no debía pasar de medias palabras y la misma pregunta que ululaba por la mente de ambos sin atreverse a ser el primero en preguntar. Aunque por esta ocasión, fue Joonghyun el valiente.

 

—Y… ¿Minho, cómo está?

—Bien, supongo…

 

Changmin odió como sonó su voz en ese momento, y aún más por que Kyunhyun estaba cerca, y el muchacho podía leerlo casi como un libro abierto, así que discretamente apretó los puños cuando vio a Joonghyun alzar las cejas al entender sus vacilantes palabras.

 

—Oh, ya entiendo… Bueno, la última vez que hablé con él fue en la graduación. Pensaba en estudiar algo de actuación, aunque no estaba muy seguro. Yo creí que ustedes dos, pues… Con razón no te vi en la graduación ese día.

 

Changmin odió que Joonghyun recalcara lo obvio así que solo le regaló una sonrisa que pretendía ser relajada. No importaba, todo aquello era parte del pasado. De su adolescencia. Él ahora era un adulto.

 

Los amores de adolescencia en su mayoría, no duran.

 

La gente termina a diario con sus parejas. No importaba.

 

No importaba que los fuegos artificiales de pronto se hubieran apagado.

 

Le pasa a todo el mundo. Todos en algún momento terminan con una relación.

 

Siendo así… ¿Por qué aún le afectaba hablar sobre ello?

 

—Bueno, creo que iré a ver lo de las inscripciones.

—Si, que te vaya bien.

 

Hubo un nuevo apretó de manos y secretamente, Changmin esperó que Joonghyun al referirse a querer estudiar algo de artes, por favor, en serio, no se refiriera a música. Cuando volvió a sentarse Kyunhyun lo miraba fijamente.

 

—¿Qué?

—Nada.

 

Su amigo desvió la mirada, fingiéndose desinteresado y Changmin suspiró. Perdiendo por un momento la mirada entre las personas y su andar despreocupado y calmado.

 

 

 

 

 

Tokio, Japón.

 

 

 

—Le gustas. Es obvio.

 

Heechul prácticamente escupió lo poco que había bebido de su refresco y Sungmin se alejó cuidadosamente. Las palabras extremadamente sinceras y desubicadas de Shindong lo habían tomado por sorpresa.

 

—¿Te has vuelto loco, Shindong?

—Preguntaste la razón por la cual creemos que Donghae se porta extraño, yo solo respondí.

 

La mirada de Heechul fue severa, pero solo alcanzó a limpiar un poco su boca antes de ver a su otro amigo y fruncir el ceño.

 

—¿Tú también piensas lo mismo?

 

Sungmin levantó un poco los hombros. –Es una posibilidad. Tienes que admitir que Donghae no te ve precisamente como un hermano, así no lo sean en verdad. Pero también puede tratarse de que está enamorado de alguien más y está probando sus técnicas de conquistas contigo.

 

De acuerdo, ninguna de las dos posibles razones le gustaba. Heechul solía pensar que había logrado afianzar fuertes lazos con Donghae, después de que se conocieran, y ambos accedieran a convivir decentemente.

 

Pero de ahí a creer lo que sus amigos le decían, le resultaba imposible.

 

—Ambos se equivocan.

—Entonces pasa estas mini vacaciones con Hae, y ya nos dirás quien tiene la razón.

 

Heechul se cruzó de brazos, viendo a Shindong quien lucía desafiante. Muy seguro de sus suposiciones.

 

—Pues eso es lo que voy a hacer. Y les demostraré lo equivocados y retorcidos que están.

 

Sungmin solo rodó los ojos, antes de beber un poco de su refresco y que Heechul pareciera entretenerse con las múltiples razones por las que aquella posibilidad de que Donghae estuviera enamorado de él, era irrazonable.

 

Era irónico, como una persona podía bloquearse tanto a lo evidente.

 

Al menos a los ojos de él.

 

 

 

 

Washington, Estados Unidos.

 

 

Luego de una merecida ducha, de comer algo semi decente en la cafetería, Jaejoong finalmente pudo decir que su día había terminado. Tenía listas ya las tareas del siguiente día, Hansee seguramente aún estaba con su cita. Y su compañero de habitación según tenía entendido aún andaba por Australia, así que tenía la habitación para descansar como es debido.

 

—Jae, no olvides que esta semana tenemos libre antes de empezar a recibir a los nuevos la semana que viene.

—Si.

 

Asintió antes de darse cuenta, su compañero entró en su propia habitación y Jaejoong se quedó parado frente a la puerta de su habitación. Sosteniendo el pomo de la puerta. Lo había olvidado.

 

Esa era la razón por la que le había pedido a Yunho que llegara esta semana, por que la tenía libre, por que la próxima estaría sumamente ocupado. Suspiró apesadumbrado, cuando Yunho llegara a Estados Unidos, prácticamente ni podrían verse.

 

Maldijo internamente por su suerte y bufó con molestias. Abriendo la puerta y cerrándola casi al instante. No tenía ánimos ni para encender la luz, y estuvo a punto de empezar a cambiarse de ropa, cuando notó gracias a la poca luz que entraba por la ventana, la presencia de alguien más en la habitación.

 

—¿Roger?— Caminó un poco más hasta la cama de su compañero y se mostró extrañado. –No sabía que ya habías llegado de Australia. Es más, pensé que no llegarías este semestre tampoco.

 

Pero su momento de extrañeza pasó a sorpresa cuando el muchacho levantó la cabeza, dejando de buscar en su bolso y mirando directo a sus ojos.

 

—Sorpresa, Jae.

 

La voz de Yunho entró por sus oídos y se desplazó por todo su cuerpo. Pero ya había reconocido sus ojos desde hace mucho. Profundos y leales como siempre. Como en cada ocasión.

 

La sonrisa apareció en su rostro y sus manos tocaron la piel de Jung, aquella que hace mucho no tocaba, como si de repente se tratara de una ilusión.

 

—¿Qué haces aquí?

 

Más que duda era incredulidad. Yunho estaba ahí, matando sus dudas y estableciendo prioridades. Jung se enderezó y le regaló una sonrisa, con las manos muy cerca de su cintura.

 

—Cumpliendo mi promesa, te dije que vendría como fuera.

—Dijiste que no podías, que vendrías la siguiente semana.

—Pues Lion y yo te extrañábamos demasiado. Por eso decidimos volver a casa.

 

Solo entonces se pudo fijar en aquel gato que había crecido bastante y que se movía perezoso sobre la cama. Jaejoong sonrió al verlo.

 

—Esto no es una casa, ni un hogar. Es mi departamento de estudiante.

 

Yunho entonces lo abrazó con fuerza, sintiendo la piel de él junto a su mejilla. Sus cuerpos unidos y sus aromas jugando a ser uno.

 

—Mi hogar está, donde tú estás, Jaejoong.

 

Recién entonces, en medio de esa estupenda comodidad, de ese juego de emociones y sus ojos cerrados capturando sensaciones, fue cuando de sus labios salieron aquellas palabras que hace tanto no pronunciaba.

 

—Bienvenido, Yunho~

 

Y aquel abrazo se fundió en ese anhelo escondido, por tan largo tiempo.

 

 

 

 

De las inseguridades que permanecen latentes, son de las que más nos debemos cuidar. Por que es cuando nacen las necesidades, las de querer apoyo y no obtenerlo. De poder estar y no permanecer.

 

Es cuando los ojos se cierran y replanteamos una y otra vez las razones por las cuales me motivo a hacer algo. Olvidando a veces, que no depende de los demás. Si no de mi lo que debo hacer. Que la complacencia a los demás es una opción.

 

Que aunque estés solo haciendo lo que te gusta, siempre habrá alguien más que pase por lo mismo. Y aunque a veces taparse los oídos es la mejor opción. Gritar en contra aunque sea la peor opción. También es una opción de la cual se puede escoger.

 

No siempre las cosas ocurren, si no son pedidas.

Si no son luchadas. No merecen la pena.

 

 

 

 

Publicado por: Nesly.

Estado: Fresh.

Escuchando: You don’t know (Sunny Hill).

 

 

 

He decidido dejar la narración de esta forma. En la temporada anterior no quedé muy complacida con varias cosas, así que espero que no afecte en mucho como va la narración. Después de todo en los últimos capítulos se manejó de esta forma la narración y no en primera persona.

En esta temporada habrán varias cosas que necesito manejar debidamente por eso necesito ampliar el movimiento en la narración, esa es otra de las razones por las que decidí empezarlo así. Luego verán como se han ido situando las cosas. Espero estar llenando sus expectativas,  veo tantos comentarios que agradezco demasiado sobre lo que esperan y espero de verdad, que las cosas vayan bien. Un saludo a todos, y ya me despido por que sino se me hace más tarde, adiós.🙂

 

 

 

 

 

29 comentarios sobre “Blogger 2.0: primera publicacion

    Ena Park escribió:
    12 diciembre, 2013 en 20:06

    gdhagfhdgfhdgfhdaghadgkfhdaghfdaghfgh♥

    Perdona mi taldeo pero~ Recién me leí Blogger y ahora este episodio que marca el inicio de Blogger 2.0 (Ya se que no tengo perdón pero bueno lo recomendaron tanto que caí en sus redes xD) No se todo es tan hermoso y bello *O* Bueno no todo~ Definitivamente hay cosas que me confunden pero… se que con el transcurso de la historia se resolvieran mis dudas *O*

    Muchassss Graciassss sgadhsgdhasgdhgsadhgash♥ *O*

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