Precedentes: quinto sintoma

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Precedentes de una Adicción no Controlada

A veces, cuesta no recaer en el vicio asombroso de la costumbre

Quinto Síntoma

 

 

 

 

No puedo explicarme como llegue hasta aquí, por que ha sido como el acto banal de respirar

Supongo que tú eres superficial, y yo algo sobrenatural

 

 

 

Seung Ohdara, era de esas jovencitas risueñas, de buena vida, complexión ligera y andar refinado. En sus ojos se posaba la inexperiencia, y el sutil maquillaje que pasaba desapercibido era el complemento perfecto para que Inoo se sintiera más que se satisfecho por tenerla de prometida.

 

Pero también era inteligente, una muchacha astuta y conocedora del mundo que la rodeaba. Pudo notar en las acciones, las palabras amablemente disfrazadas de Kei, lo poco que el dichoso compromiso le agradaba. Y era normal, ella tampoco terminaba de hacerse a la idea de comprometerse tan joven con alguien a quien apenas conocía de algunas partes en las que habían coincidido.

 

Estaba ese temor absurdo al despojo completo de sus comodidades. Comodidades que ella gozaba ampliamente y que por supuesto disfrutaba, que no perdería por algo tan banal y sobrevalorado como el amor. Si aquel muchacho era inteligente y educado, ella fácilmente podía aprender a convivir con él.

 

—Entonces, ¿estudias en un instituto solo para chicas?

—Así es, justo esta semana empezamos clases. Escuché que aquí comenzaron una semana antes.

 

Los ojos de Inoo se deslizaron suavemente por el lugar, notando las miradas curiosas ante la muchacha que lo acompañaba, pero regresó su mirada hacía ella y asintió, con una pequeña sonrisa en el rostro.

 

—Si, precisamente estamos en clases. Lo que hicimos la semana pasada fue la llegada para acomodar el equipaje y el resto.

 

Inevitablemente Inoo evocó la imagen de Daiki en su cabeza. Molesto y prepotente, Arioka se apoderó de sus pensamientos por un breve instante. Recordando la fiesta de bienvenida. Pero Inoo solo sacudió sus pensamientos y suspiró.

 

Ella en cambio sonrió. Bebiendo un poco de su frapuccino, cuidadosamente de manchar su boca más allá de lo necesario. Básicamente curiosa por aquel lugar que posaba ante sus ojos en la discreta cafetería que Inoo había escogido para beber algo.

 

—Supongo Inoo, que ya sabes  lo del compromiso.

—Es evidente, de otro modo sería extraño que nuestros padres concretaran esta cita sin premura.

 

OhDara inhaló hondamente, dejó su bebida sobre la mesa y analizó las facciones de Kei frente a ella, él parecía a la espera de una respuesta que él no estaba dispuesto a tomar.

 

—Opino que mientras tanto podemos seguirle el juego a nuestros padres, no quiero casarme. No aún al menos, soy joven, quiero viajar, estudiar. Y supongo, Inoo, que has de tener algún corazón por ahí esperando. Seguramente alguien a quien yo no le agradé.

 

Increíblemente Inoo perdió el control sobre su cuerpo, y se odió por eso. El vaso en sus manos casi resbala, trató de no mirar a la muchacha, solo para no confirmar esa sonrisa satisfecha en el rostro de OhDara. Pero Inoo solo carraspeó un poco y trató de hablar nuevamente, cuando la imagen de Arioka fue tan real que casi olvida como respirar.

 

Daiki entraba en la pequeña cafetería, junto a un muchacho de cuarto año, entre risas y leves toques entre los hombros y brazos. Daiki parecía no haber reparado en su presencia, sentado varias mesas lejos de él. Con una sonrisa muy parecida a las que le dedicó cuando le pedía un beso a cambio de su celular.

 

Desvió la mirada. ¿A él que le importaba lo que Arioka hiciera?

 

—¿Qué propones Seung?

—Fingir, aceptemos el compromiso, pero de ningún modo estaremos atados él uno al otro.

 

—¿Y si quieren casarnos al pie de la graduación?

—Eso no va a pasar.

 

Ella parecía segura, confiada. Repleta de una envidiable concertación de sus afanes. Sin embargo Inoo ya no estaba ahí, su mirada se arrastraba irrefrenable al lugar en que Daiki reía y contemplaba al joven muchacho frente a él, reía como idiota y se acercaba.

 

No le importaba, se concentró en eso. Y habló.

 

—Lo que menos quiero es problemas con mis padres, OhDara. Así que espero que hagas bien tu parte.

—Por mi no te preocupes Kei, solo nos tocará fingir en las fiestas sociales, o reuniones ‘familiares’.

 

Inoo volvió a mirarlo, el muchacho que acompañaba a Kei había bajado un poco la cabeza, estaba sutilmente sonrojado y Daiki reía divertido, le había hablado cerca del oído. Y luego de un par de segundos el muchacho de cuarto había asentido, la sonrisa de Daiki había hecho aparición y Kei había apretado los puños.

 

OhDara en ese momento, se sintió sumamente ignorada a pesar de todo.

 

 

 

 

Ryutaro había aprendido a evaluar sus debilidades y oportunidades.

 

Como si convertir las debilidades de los demás se volvieran sus fortalezas, y sus debilidades en un arma de doble filo, donde la gente se confiaba y él atacaba. Pero con Yabu todo era difícil, y complicado. No lograba encontrar una forma de mantenerlo tranquilo, al menos no, sin que le metiera la lengua hasta la garganta.

 

Odiaba ese síndrome de poder que Kota poseía.

Lo reducía a él, a sentirse como una simple victima. Y eso lo sofocaba.

 

¿Golpearlo sería una opción?

No, por que Yabu era muy impredecible. Terriblemente molesto y cambiante. No podía arriesgarse a cruzar la línea y ver hasta donde era capaz de llegar con su paciencia. Por que no sabía como Yabu reaccionaría.

 

No tener el control de la situación lo enloquecía.

 

—¿Preocupado?

 

Había aparecido frente a sus ojos una botella de agua, cuando levantó la mirada, Hikaru estaba junto a él, recordó que estaba sentado en una de las bancas de los jardines y suspiró, moviéndose tan solo un poco para que Yaotome se sentara.

 

Hikaru pareció sonreír. Livianamente tranquilo.

 

—No pienses demasiado, solo diviértete con este cambio.

 

Ryutaro abrió la botella, haciendo caso omiso al consejo. No podía divertirse, no cuando Yabu sabía la verdad y planeaba extorsionarlo con ello.

 

—Yabu es molesto.

—Si Shintaro sabía manejarlo, se me hace difícil creer, que tú, según palabras de Shintaro, que eres el hermano inteligente. No pueda con alguien como Kota.

 

Ryutaro levantó las cejas, fijando su atención en el muchacho junto a él.

 

—¿Alguien como Kota?

—Kota es un muchacho con dinero, inteligencia y carisma. Con ínfulas de poder, que no tiene cuando se trata de Shintaro.

 

Nuevamente el interés se había despertado.

 

—¿Shintaro es el único que puede controlarlo?

—Yabu trata de convencerse de que no es así, pero Kota está obsesionado con él, y yo diría que en ocasiones es más que eso. Como sea, Kota se siente impotente al sentir a Shintaro tan lejano.

 

—…Lo único que no puede alcanzar.

El susurro de Ryutaro hizo a Hikaru sonreír. –Exactamente.

 

Por un momento la perspectiva de la situación cambió. Ryutaro sintió de pronto que lo que Kota buscaba al ejercer poder sobre él, era sentirse al menos engañosamente como el ganador entre los dos, por que finalmente era idéntico a Shintaro. Y después de todo, todos creían que él era Shintaro.

 

Pero no era Shintaro y no estaba seguro de poder ejercer las misma influencia sobre Kota, finalmente, Kota sabía quien era realmente. Y era peligroso jugar con él. La mirada de Hikaru se había deslizado por los estudiantes que pasaban de un lado a otro y suspiró.

 

—A Kota no le gusta que Shintaro sea tan… sociable.

 

No necesitó preguntar a lo que se refería, fue fácilmente deducible conociendo a Shintaro como lo conocía, pero volvía a la misma situación. Él no era Shintaro y Yabu lo sabía. No creía poder influir en él de la misma manera. Ryutaro entonces solo se sintió más frustrado.

 

 

 

 

 

—¿Has perdido la razón?

 

Yuto rodó los ojos, como si la simple acotación de Takaki le resultara aburrida. Jugó con el pequeño bolígrafo en sus manos. Rayando de vez en cuando su cuaderno, sin embargo Takaki cerró el cuaderno y lo miro directamente a la cara.

 

—Acabamos de empezar las clases, ¿no puedes fugarte dos días seguidos en la mañana?

—Solo serán dos días, me llamaron para una campaña importante. Sabes que me encanta modelar.

 

—Necesitas la firma de tus padres.

—O mi representante, mi hermano me ayuda siempre y cuando yo cierre la boca frente a lo que él hace.

 

Yuya negó con la cabeza, soltando un suspiro. Sentándose frente a Yuto, tratando de convencerlo al menos por un momento.

 

—Escucha, Yuto. Primero gradúate, luego has lo que te de la gana.

—Me voy a graduar, Yuya. Solo quiero ir a esta sesión de foto.

 

—Estás fugándote de clases constantemente, tuviste problemas el año pasado con tus padre por eso.

—¡Solo serán dos días!

 

Finalmente Yuto se levantó de su asiento, con el entrecejo arrugado y Yuya pareció no tomar muy bien el instante en que Nakajima hubiera levantado la voz, pero el menor únicamente bufó, antes de salir del salón y cerrar la puerta con fuerza, Takaki entonces pasó una mano por su rostro.

 

Yuto en verdad era muy inmaduro todavía.

 

—¿Problemas con la entrañable amistad?

 

La voz burlona de Chinen lo hizo exhalar con fuerza. Realmente no tenía ánimos de soportar los jueguitos de Chinen en este momento, por lo mismo decidió levantarse y salir de ahí. Pero Yuri, apoyado en el umbral de la puerta le impidió la salida, estirando la mano en el momento que se disponía a salir.

 

—¿Por qué tan hosco, Yuya?

—Por que no me da la gana soportarte ahora.

 

Yuri entonces se molestó, como una cadena de errores que iban cometiéndose constantemente entre una pelea y otra. Pero Chinen relajó su rostro después, y sonrió, pasando una mano por su cabello.

 

—En verdad, cuando quieres eres muy molesto Yuya.

—No te comprendo.— Esta vez Takaki se acercó, aprovechándose un poco de su altura y fijando sus ojos en él. –Sales con Yamada, y siempre terminas buscándome.

 

—Eres irrelevante para mí.

—No lo parece.

 

Yuri calló. Le gustaba el rostro de Yuya, le gustaban sus expresiones y su voz cuando sonaba tan cerca de él. Le gustaban muchas cosas. Cosas que nunca saldrían de su boca, por que era molesto mostrarle a Yuya que en verdad le atraía, y por que era simplemente más divertido tenerlo entre sus manos.

 

—Como quieras Takaki.— Pronunció cada palabra con cuidado, sin despegar la mirada y sintiendo el ambiente tenso entre ambos. –Yo solo quería charlar un poco.

—Las personas como tú, Yuri. Solo hacen las cosas cuando son de su conveniencia.

 

—Es cierto. ¿Cuál crees que es mi propósito al venir a buscarte?

—Eso, es lo que no entiendo. Yamada me odia, ¿por qué vienes a mí? ¿Por que te gusto? ¿Por qué te encanta traicionar a tú amigo? Sencillamente no te entiendo.

 

Yuri entonces sonrió.

 

Amplia y divertidamente.

 

—No seas prepotente. Y no te des tanta importancia, Yuya.

—Tú tampoco, Chinen.— La mano de Yuya se posó sobre su mejilla. En pequeña palmadas molestas. –Tú tampoco.

 

Takaki se abrió paso, incluso empujándolo y Chinen frunció el ceño una vez se quedó solo en aquel salón. Takaki se le estaba escapando de las manos. Y su jueguito de tire y afloje con él, empezaba a salirse de las mano. Era molesto, que Takaki empezara a liberarse de él.

 

 

 

 

Había pocas cosas que le llamaban la atención a Yamada Ryosuke.

 

Su más reciente curiosidad nacía en aquel muchacho de sexto año, Yaotome Hikaru. Había sido de repente como si naciera de la nada y sus ojos se posaran en él. Lo cercano que era a ese otro muchacho llamado Okamoto, pero Hikaru era más que eso.

 

Y si no se equivocaba pertenecía al equipo de baseball.

 

Miró al muchacho un año mayor a él y sonrió, como si la comida en su plato hubiera dejado de importarle, y buscara la manera de acercarse. Platicar con él era un poco más difícil de lo que pensaba. Pero suponía que no tanto, al ser Hikaru amigo de Shintaro. Y Shintaro amigo de medio mundo en el internado.

 

Decidió acercarse de una vez por todas, con una pequeña sonrisa en el rostro, mientras el muchacho parecía mirar y escoger con atención entre la sección de frutas.

 

—Hola, Yaotome.

 

Por un momento Hikaru lució sorprendido, ver a Yamada fue algo impredecible, y después de un rato solo sonrió, regresando su mirada a las frutas.

 

—Hola, Yamada.

 

Ryosuke sentía que de algún modo la comunicación se había cortado por completo, escogió una manzana y Hikaru pareció decidirse por las uvas. Llevó la fruta a la boca, mientras seguía a Yaotome que avanzaba hasta poder escoger ahora un postre.

 

—¿Has visto a Shintaro? No lo he visto para nada hoy.

—No, al parecer anda ocupado con algo… O alguien, ya sabes como es él.

 

Esa extraña amistad que podía decirse que tenía con Yaotome, no era tal. Se hablaban, solo por que Shintaro era su amigo, por tanto Hikaru solo estaba siendo amable. Y Ryosuke necesitaba romper esa barrera del amigo, de mi amigo. Y se acercó un poco más.

 

—¿Sabes cuál es la habitación de Shin?

—Bloque D, habitación 404.

 

Nuevamente la respuesta no daba lugar a poder avanzar un poco más en la conversación y Yamada solo pudo arrugar un poco la nariz. Dándole otra mordida a la fruta. El perfil de Hikaru parecía tranquilo, tomando un pudín hasta ponerlo en la charola.

 

Recién entonces se fijó en la charola, llevaba comida para dos.

 

—El especial es el mousse de queso.

 

Hikaru levantó la mirada ante la revelación de Yamada, y sus ojos parecieron brillar. Mirando el postre a unos centímetros del pudín que había escogido, pero luego había suspirado. Y Ryosuke solo se sintió confundido.

 

—¿No te gusta el mousse de queso?

—Keito es intolerante a ciertos productos lácteos.

 

Yaotome había respondido como si eso lo resumiera todo, y por lo mismo Yamada había fruncido el ceño.

 

—El enfermo es él, no tú.

—Si, pero ya me había acostumbrado a no consumir para que él…

 

Sin embargo, Ryosuke había tomado uno de los pudines, cambiándolo por un mousse, la expresión de Hikaru había sido de sorpresa, Ryosuke sonrió, para aligerar el momento y que no se sintiera tan presionado. Pero Hikaru solo había suspirado.

 

—Eres muy extraño, Yamada.

 

En realidad, Ryosuke no supo como tomar aquello. Solo vio ahora la espalda de Yaotome empezar a alejarse mientras caminaba hasta una de las mesas junto a los ventanales donde Keito lo esperaba leyendo un libro. Cuando Hikaru hubiera llegado. Okamoto bajó el libro y sonrió. Ambos empezando algún tipo de conversación, que Ryosuke notó, Hikaru y él no podía tener.

 

Notó entonces el pequeño mousse que se había quedado sobre el mesón, y vio a Keito levantar un pudín, con el rostro extrañado, preguntando por que había traído solo uno. Hikaru había reído como un tonto. Rascando un poco su nuca, y aduciendo que había olvidado uno.

 

Pero Okamoto lo partió a la mitad y le tendió uno a Yaotome, pareció que la sonrisa en Hikaru fue realmente amplia. Keito continuó hablando un rato más. Y Ryosuke comprendió, que aquella imagen que había contemplado por un par de minutos. Había producido en él, un vacío que desconocía antes tener.

 

 

 

 

—Llegas tarde.

 

Cuando Ryutaro abrió la puerta de su habitación, ni siquiera le sorprendió descubrir a Kota sentado en el borde de su cama, aparentemente jugando con el celular. Tan despreocupadamente, como si aquello no fuera invadir su espacio personal. Pero no le importó.

 

Solo cerró la puerta, arrastró una silla y se sentó frente a él, de brazos cruzados. Dispuesto a solucionar esa situación de alguna manera.

 

—Es todo Kota, esto esta pasando de tormentoso a tedioso. ¿Qué es lo que quieres para mantener la boca cerrada?

 

Yabu sonrió, Ryutaro sintió que había escogido mal las palabras, por que le estaba dando campo abierto para saber amo de la situación.

 

—Todo el mundo se equivoca conmigo. Creen que sigo con Shintaro por que no puedo estar lejos de él, pero es todo lo contrario. Trato de demostrar que ese mocoso de cuarto no puede más que yo.

—Pero aún así no has podido contra él. Sigue pareciendo tener esta relación entre las manos.

 

—Ahí, es donde este cambio tan particular me beneficia. Lo admito, me resultas incluso un poco más excitante que él mismo Shintaro. Y del mismo modo, puedes ayudarme a romper con la imagen superior que Shintaro ha evocado sobre mí.

 

Yabu se levantó, con pasos sutiles hasta él, por primera vez sin acercarse lo suficiente, colocándose a su espalda, con las manos reposando sobre sus hombros.

 

—¿Qué tan malo puede ser Ryutaro? No es tu imagen la que está en juego.

—Es mi hermano.

 

Yabu rió, girando hasta él y agachándose un poco para quedar a su altura, sin embargo Ryutaro ni siquiera se movió de la silla.

 

—Suenas como si fueras un buen hermano.

—¿Y por qué supones que no lo soy?

—Por que si fueras un buen hermano no harías esto.

 

Ryutaro arrugó el entrecejo, pero los labios de Yabu ya se habían posado sobre su boca otra vez. Y el revoltijo de sensaciones sucedió. Su pecho se agitó y las manos temblaron. Su boca traidora que empezó a moverse al ritmo que Yabu le imponía. Como si la situación lo sobrepasara a ratos.

 

Era más que no poder detenerlo. Era que no quería. Era que ese poder arrebatador que Kota tenía sobre él, lo incitaba a bajar la cabeza y dejarse hacer. Como si no supiera que hacer, siempre tan arrogante y perfecto, Ryutaro no sabía como manejar a alguien como Yabu. Y eso lo asustaba.

 

Se había percatado que sus manos siempre buscaban la cintura de Kota. Sus manos, firmes se desviaban hacia su espalda y Kota entonces había logrado levantarlo de su asiento. Las manos de Yabu en su cuello se posaban y tocaban hambrientamente cada espacio en su ser. Casi hasta querer dejarlo sin aire.

 

Sintió su estómago chocar con el de Yabu, estaban cerca, demasiado cerca. Demasiado peligroso, demasiado. Por eso se alejó, e incluso se hizo a un lado.  Con una mano limpiando su boca, y una sonrisa en los labios. Kota era muy estúpido, le había dado el arma perfecta para estar a la par.

 

—Vete.

 

Su voz sonó segura, y Yabu solo sonrió, apoyándose en el escritorio.

 

—Pero no me has respondido que vas a hacer…

—Mañana hablaremos de eso, ahora solo quiero dormir.

 

Yabu sonrió, y sus pasos se escucharon alejarse poco a poco antes de cerrar la puerta y Ryutaro finalmente sonrió. Seguirle el juego a Kota era peligroso, pero necesitaba arriesgarse para poder ganarle, tenía seis meses para lograrlo.

 

Y como fuera, le pagaría por la humillación que le estaba haciendo vivir.

 

 

 

 

OhDara se había marchado hace mucho.

 

Inoo no comprendía esa necesidad de sus padres por hacerlo vivir algo que no le placía, y de algún modo empezaba a pensar que era la forma que ellos tenían para mantenerlo controlado. De un modo u otro. Se afianzaba a la creencia, de que al final de todo, lo único que ellos buscaban era el perfecto heredero para que sus esfuerzos de años en las empresas no se vieran frustrados.

 

Aunque generalmente se cacheteaba internamente por eso. Sonaba tan a adolescente estúpido y rebelde que le provocaba nauseas, aunque en realidad fuera un adolescente y tuviera todo el derecho de pensar como quería.

 

Se suponía que ya eran las diez de la noche, se había quedado un par de horas mirando la nada luego de que su prometida se fuera. Quizá OhDara tenía razón y seguirle el jueguito a sus padres calmaba un poco la situación hasta el día que tuvieran que afrontar su futura boda.

 

Sinceramente, la sola idea le provocaba escalofríos.

 

—¿Eh? – La puerta de la habitación contigua a la suya se abrió y por ende los grandes ojos de Daiki estuvieron frente a los suyos, mirándolo con sorpresa. Con su camisa medio desarreglada y el cabello alborotado. –Inoo… ¿Qué haces por aquí?

 

Por un instante, leve y conciso, Kei sintió algo extraño fulgurar desde las palmas de sus manos hasta todo su cuerpo, como si quisiera hacer algo, y aún no descubriera qué, exactamente.  Sin embargo la sonrisa de Daiki, aquella sonrisa arrogante y molesta estaba sobre su rostro. Y había percibido el olor a una ducha reciente.

 

—Es mi habitación.

 

La mano de Inoo se levantó, señalando la puerta contigua a la que Daiki acababa de salir, y el muchacho pareció verdaderamente sorprendido.

 

—¿En serio? Mira que este lugar es pequeño.— Una risa, pequeña y Daiki pasó las manos por entre su cabello, como si su mirada de pronto cambiara.

—Si… como sea.

 

Y estaba dispuesto a entrar en su habitación. Cuando Daiki lo había tomado por el brazo nuevamente y los sentidos de Inoo se despertaron. No quería que lo tocara, no cuando sabía que la habitación de Arioka estaba varios bloques lejos de ahí. Aquella habitación era la del muchacho de cuarto con el que lo había visto en la mañana.

 

Daiki era sencillamente desastroso. Y su solo tacto provocaba en Inoo un desprecio inmediato.

 

—¿Por qué siempre pareces huir de mi?

—No huyo, solo marco distancias.

 

Inoo se había soltado, bruscamente. Haciendo que Daiki frunciera el ceño e incluso lo mirara de mala manera. Acercándose un paso hasta donde el más alto se encontraba.

 

—El príncipe Inoo, siempre perfecto. Siempre elegante.

—¿Qué? ¿Ahora eres parte de mi club de fan?

 

Su ironía pareció causarle risa. Daiki rió gesticulosamente antes de negar y que su cabello se moviera curiosamente, pero Inoo siguió imperturbable, no quería abrirle paso a Daiki. No, a su vida. No, por que era una mala costumbre que podía incluso adquirir.

 

—No gracias, Inoo… Yo, ocupo mi tiempo en mejores cosas que perseguirte todo el tiempo. O andar lloriqueando por ahí por que el príncipe encontró a su princesa.

 

Daiki acentuó la mirada, relevante sobre su rostro e Inoo únicamente pareció dispuesto a seguirlo escuchando, cruzado de brazos frente a él.

 

—Pareces saber mucho de mi.

—Eres el rumor del momento. Todo el mundo habla sobre la hermosa muchacha que acompañó a Inoo Kei durante casi todo el día. Se especula que es tu prometida.

 

Kei suspiró, aburrido.

 

—Me tiene sin cuidado. Y me decepciona ver que eres igual que el resto.

—¿Igual que el resto?

 

Daiki había agarrado nuevamente su brazo. Con fuerza en esta ocasión.

 

—Vives de las apariencias. Y es lo único que te importa.

—Oh, ¿en serio? ¿Y por qué tú, Inoo eres diferente? Estas comprometido solo para no llevarle la contraria a tus padres. Si ellos ordenan, tú obedeces.

 

—Es diferente.

—No lo es.

 

Inoo se soltó, agarrando esta vez a Daiki por el brazo y golpeándolo contra la pared.

 

—Escucha, Arioka. Que vivas metiéndote en la cama de todo ser que se te pase por enfrente no quiere decir que seas diferente a todos los que andan por aquí. No te hace diferente, no lo eres. Solo eres un niño estúpido que pretende hacerle creer al resto que no te importa lo que tus padres digan, cuando en verdad ellos no saben la ‘experiencia’ que has obtenido en el internado. Solo finges, pero cuando ellos impongan algo, terminaras agachando la cabeza. Como todos aquí. No puedes vivir otra vida, que la que ya te han impuesto.

 

Daiki abrió muchos los ojos, el aliento de Kei estaba cerca, su rostro por ende más, de lo que usualmente solía estarlo. Pero las palabras de Kei se habían arrastrado hirientes hasta él, y él solo había podido guardar silencio. Estupefacto, sorprendido… asustado.

 

Kei sin embargo solo lo había soltado, con la misma expresión amenazante en el rostro. Y caminando los pocos pasos que le quedaban hasta su habitación, la puerta de Kei fue abierta y cerrada demasiado rápido y Daiki se quedó ahí un momento más.

 

Con el corazón agitado todavía, con la verdad dicha a la cara, doliendo en sus oídos y en la pretenciones derrumbada de su vida apagada.

 

 

 

 

—¡Shintaro~!

 

Los gritos de sus amigas, lo hicieron girar y guiñar un ojo. –Ya vuelvo~

 

Todas rieron divertidas, y sus amigos en cambio solo negaron sutilmente. A gusto con tener a su amigo de vuelta una vez más. Las ventajas de que sus padres se la pasaran de viaje, era que no tenían tiempo ni para percatarse de el cambio que habían hecho. Y obviamente, Shintaro volvía a tener su vida de antes.

 

La discoteca esa noche estaba repleta, gente por doquier y música ensordecedora. Este, era el ambiente que le gustaba, que tanto había añorado. Que Ryutaro no sabía aprovechar. Camino hasta la barra, donde el bar tender se encontraba ocupado, moviéndose de un lado a otro y decidió esperar.

 

El cabello caía por su rostro, incluso tamborileaba los dedos sobre el mesón al ritmo de la música.

Y fue entonces que sucedió.

 

—¡Ryutaro!

 

Su cuerpo había sido rodeado por unos brazos y ejercitados. El aroma masculino llegó hasta sus fosas nasales y en un instante. Mientras era abrazado por ese ser. Shintaro dejó de escuchar, el acabose que era el lugar dejó de existir. Había un deje de cariño sincero, un suspiro de alivio en aquel muchacho que lo estaba confundiendo con su hermano.

 

—¿Qué haces aquí? No pensé que…

 

Se alejaron un poco y Shintaro pudo ver el rostro de él. Sus facciones comunes, su cabello negro, su nariz perfilado. Sus ojos negros también, tan normal. Tan común. Y sin embargo en un instante, Shintaro perdió el horizonte del por qué se sentían tan estúpidamente aturdido.

 

El muchacho en cambio, lo había mirado fijamente. Dos segundos después había fruncido el ceño.

 

—Tú eres… el hermano de Ryutaro, ¿cierto?

 

Esta vez Shintaro reaccionó, perdido en sus cavilaciones propias, miró al muchacho como si fuera un bicho raro. ¿Por qué de pronto podía reconocerlo con tanta facilidad? ¿Por qué cuando el resto de las personas los confundía constantemente por su parecido?

 

—Disculpa, no sé de que estás hablando.

 

Decidió usar su sonrisa. Distraer al desconocido del que impertinentemente Ryutaro no le había hablado. Pensó en tomar su coctel luego, y volver con sus amigos, perder de vista a aquel muchacho.

 

—Espera…— Y Shintaro, por alguna razón había obedecido. –Tú… ¿Has visto a Ryutaro? ¿Has hablado con él?

—No, lo siento. Ya tengo que irme.

 

—Por favor…

 

Esta vez su brazo había sido sostenido. No con fuerza ni mucho menos, solo había sostenido su brazo y lo había mirado con bastante esperanza de por medio. Pero nada de aquello fue lo que volvió a llamar la atención de Shintaro. Claro que no.

 

Su mirada había viajado hasta su propio brazo, donde la mano del muchacho reposaba sosteniéndolo con cuidado, donde desde uno de sus dedos brillaba con fuerza el anillo de la familia Morimoto, sus ojos se abrieron sorprendidos. Desconcertados.

 

Las joyas familiares eran tan extremadamente importantes y valiosas. A él mismo le había costado cederle a Ryutaro su cadena a cambio de que realizaran el cambio. ¿Por qué aquel muchacho poseía el anillo de Ryutaro en sus dedos, bajo su posesión?

 

—¿Quién eres?

 

Y los ojos negros del muchacho parecieron confundidos ante la seriedad y desconfianza con la que el menor de los Morimoto le habló. En medio de aquel lugar lleno de ruido y personas.

 

 

 

 

Ryutaro esa mañana, se levantó temprano.

 

Había dormido poco, había soñado escasamente.

 

Y lo último que deseaba era encontrarse con Kota tan temprano en la mañana, pero sabía, que lo que él quería momentáneamente no se cumpliría. Así que cuando abrió la puerta de su habitación, no se sorprendió al ver a Yabu apoyado en la pared. Con esa sonrisa sardónica y los brazos cruzados.

 

—¿Tomaste una decisión?

—¿Vas a mantener la boca cerrada?

—Eso depende. Cuando esté cerca de tu boca lo dudo.

 

Yabu se había acercado, pero Ryutaro únicamente había arrugado un poco la nariz y rodado los ojos, como si las palabras le importaran poco. Pero el resto de los estudiantes ya se encontraban por los pasillos, caminando de un lado a otro, preparándose para clases.

 

Tener que hacer la voluntad de Yabu, para que pudiera demostrar que tenía un control sobre Shintaro, que en realidad no poseía, era algo que no le gustaba, en lo más mínimo. Incluso se sintió mareado al solo concebir la idea, pero respiró hondo y luego suspiró.

 

—Bien, vamos.

—No, espera.

 

Ryutaro detuvo sus recientes pasos y giró hasta Yabu, quien prontamente lo había tomado de la mano y sonreído, por primera vez, amable.

 

—Ahora, si vamos.

 

No estaba acostumbrado. Caminar con alguien de la mano no era algo que usualmente Morimoto Ryutaro hiciera, pero ahora Yabu había entrelazado sus dedos como lo más normal del mundo, mientras el resto de los presentes los miraba con asombro.

 

Shintaro, según tenía entendido jamás había salido con alguien en serio, jamás besaba a alguien sino era en una habitación o en alguna fiesta. Las relaciones serias  no iban con él. Oh, Shintaro iba a matarlo. Pudo incluso escuchar los murmullos esparcirse a su alrededor. Y se sintió abrumado de nuevo.

 

—Entonces, ¿cuánto tiempo va durar el show?

—No lo sé… Supongo que entre más tiempo más se lo van a creer.

 

Yabu había vuelto a sonreír, y Ryutaro solo había apretado el puño de su mano libre. No podía durar demasiado, su propio instinto no podría controlarse. Hablaban entre susurros en una voz baja, poco percibida por los demás.

 

Cuando vio a Hikaru saliendo de uno de los salones, conversando con varios compañeros, supo que eso iría mal. Yaotome se había detenido a medio camino, mirándolo con sorpresa y horror al mismo tiempo. Sin embargo no se detuvieron siguieron caminando entre la gente que los miraba y susurraba.

 

Ryutaro solo quiso salir corriendo como un vil cobarde.

 

—¿Y luego qué?

—Luego querido, Shintaro. Voy a terminar contigo.

 

Si, Yabu lo dijo a conciencia a o no, si los confundió o no. Ni siquiera le importó, sus ojos se clavaron en el camino hacía adelante. Tan solo por que esas palabras habían logrado estremecerlo, por que era un juego de poder y era obvio que, él no pretendía perder. Aunque Yabu no se diera cuenta de que Ryutaro tan solo estaba tanteando terreno, hasta el momento adecuado para atacar.

 

…Y borrar esa sonrisa confiada del rostro de Kota.

 

 

 

 

—No puedo creer que me estés sacando de clases por algo como esto.

—Keito, entiende. Necesito un rostro como el tuyo para la campaña. Hijo, recuerda que además sigues castigado.

 

Keito miró a su madre, la bella mujer que sonreía victoriosa mientras lo encaminaba hasta el estudio. Keito viró los ojos molesto, con las manos en los bolsillos del pantalón. Siempre, su madre había utilizado su imagen para las campañas en las que no encontraba el modelo adecuado.

 

Y Keito definitivamente odiaba, ser fotografiado todo el tiempo. No lo hacía desde que tenía doce, cuando creyó que al fin, aquella etapa se había detenido.

 

—Vas a estar con otros muchachos de tu edad. Ellos son un poco más profesionales, puedes pedirle algún consejo si deseas.

—O podrías llamar a un modelo profesional.

 

—Ya te dije que uno de los modelos canceló a última hora, no puedo simplemente llamar y pedir cualquier modelo para que venga a reemplazarlo, Keito. Solo hazlo por mi, ¿si?

 

Los ojos de su madre lo miraron esperanzados y Keito no pudo más que suspirar y asentir. Cuando cruzaron las puertas del estudio, habían varios muchachos dentro, platicaban, reían. Esperaban al parecer por el modelo que reemplazaría al que había renunciado y Akira, como buena madre había hablado orgullosa.

 

—Bueno muchachos, aquí tenemos a Keito. Él será su compañero para la campaña de ropa de verano de este año. Espero que puedan llevarse bien.

 

Keito había hecho un pequeño asentimiento ante los demás, y el fotógrafo se había acercado tomándolo por la barbilla elevando un poco su rostro.

 

—Su rostro es perfecto, es muy apuesto. ¿De qué agencia lo sacaste, Akira?

—Es mi hijo.— Akira había colocado una mano sobre el hombro del menor. –Okamoto Keito.

 

Un gemido apagado de sorpresa, y Keito vio su mañana libre esfumarse cuando uno de los modelos empezó a abrirse paso entre los demás, hasta llegara hasta él y fruncir el ceño, como nunca antes. Nakajima Yuto estaba ahí, mirándolo como si quisiera ahorcarlo.

 

Y Keito vio su poca paz disiparse, como un presentimiento tormentoso y voluble.

 

 

No me gustan las respuestas emocionales.

Creo que nuestros caminos son diferentes, tu mundo es demasiado aburrido para mí.

 

 

..:: Fin del Quinto Síntoma ::..

 

 

 

¡Se me cae la cara de vergüenza con todas ustedes!

No me había percatado de que tenía tanto tiempo sin actualizar. De verdad, mil disculpas. Espero haber compensado un poco la espera. Para la próxima semana, probablemente viernes, tendré otro capitulo. 🙂

La canción es Super B de las Wonder Girls.

Gracias a todas las que han dejado sus lindos mensajes y por supuesto por apoyar la historia. Se las quiere un montón.

 

 

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10 comentarios sobre “Precedentes: quinto sintoma

    Cielo escribió:
    27 mayo, 2012 en 16:48

    Muchas Gracias por la actualización =)
    Me gusta como se va desenvolviendo la historia de cada una de las parejas, especialmente el Okajima…
    Será que Shintaro y Ryutaro cambian de pareja (?) aunque Ryu no ha estado preocupado por que su hermano se encuentre con el nuevo personaje, seran solo amigos (?)…
    Esperare pacientemente el siguiente capitulo…

    Me gusta

    01amis01 escribió:
    29 mayo, 2012 en 12:50

    ummmmaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa… qe paso con el otro cap!?¿¡? xD

    Me gusta

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