Ucronia

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“Quiero un poco de alevosía.

De interminable comienzo y espera que arme la esperanza en mi ser.

Que me devuelva aquello que no me fue otorgado y que se desvanece entre mis manos, casi como una utopía.”

 {{YooMin}}

 

A priori

La historia que hoy voy a contar, esta llena de matices, de esas sutiles confusas que no nos son dadas con facilidad. De un poco de exasperación. De cerrar los ojos y volar entre los deseos y la desesperación. Pero es un poco intrínseco descubrir que no es necesario que sea así.

La primera vez que estas líneas vieron la existencia de su ser, fue un momento de desconcentración casi total, por más extraño que llegue a sonar, un mimesis de lo que un verdadero escritor puede hacer, el juego adaptado y la otredad se impuso cual movimiento inconsciente en el que los personajes crearon una fisicidad con cada palabra que tomaba forma.

Y es que cada pendiente que ha de quedar, que ha de ancilar entre los escabrosos conflictos que se han de presentar, entre los Topos que vacios permanecerán, como un disangelio oculto entre diálogos direccionados hacía el lector, pronto se olvidaran.

Como un juego a palimpsesto del que usted no se podrá dar cuenta, por que después de todo: Es usted, del otro lado quien apenas ve el acabado que quedó. Una poiesis lo suficientemente estructurado como para divagar, creer y extrapolar que por un momento un instante apenas es algo no extrínseco con lo cual se puede jugar.

Letras que se van entre los dedos. Una utopía que jamás dejara de ser y que se pierde entre los números, el tiempo y que sencillamente lo vuelven, lo que ya es. Una simple ucronía.

La primera vez

A Yoochun le gustaban los lunes.

Y este lunes más que ningún otro. Era un lunes especial, colmado de hermosas flores en los árboles, de un clima favorable. Y oh, por supuesto, no podía fallar ese espectacular y hermoso pájaro que cantaba por las mañanas muy cerca de su ventana.

Cuando abrió los ojos y se descubrió agradablemente sorprendido por el estupendo día que había, supo que era el día. El ambiente cursi pero agradable, placía retorcerse sobre la cama, estirar el cuerpo y quedarse un momento más bajo las sábanas.

Se escuchaban los pasos de su madre algo apurados subyugar, al parecer se había levantado tarde, la voz de su padre pidiéndole a ella que se apurara por que llegarían atrasados. Y Yoochun bajo las sábanas solo sonrió. Hoy comenzaban sus vacaciones, pero no era por eso que este, era su día favorito.

—¡Yoochun—ah~!— La voz de su madre se escuchó certera, con su acompañamiento sutil y agradable. –Ya nos vamos al trabajo, quedas a cargo de la casa, ten mucho cuidado.

—Nos vemos a la hora de la cena, hijo.— Y su padre, carismático pero serio, transmitiendo confianza con solo una sonrisa también habló. –Nos llamas si vas a salir o no al festival de hoy.

—Está bien…

Su voz aún estaba adormecida, apagada en algún sentido, perdida entre la comodidad de la sabana y el inherente sentido en el que se perdía su intuición, sustituida por aquello que lo hacía cerrar los ojos un poco más en el momento en que escuchó la puerta principal de su casa cerrarse.

Dos, tres, cuatro minutos. Exactos. Casi contados.

Y el teléfono sobre la mesa junto a su cama, sonó.

Remilgoso, Yoochun estiró la mano, torpe y atolondrado por el sueño que había empezado a recuperar, contestó. —¿Si?

La voz del otro lado, sin embargo, terminó por despertarlo. –¡Yoochun!— El pequeño grito alegre, más feliz por haberlo hecho seguramente saltar de la cama al estar casi dormido. –De seguro aún estas echado en  la cama ¿verdad?

Y no quiso sonar entusiasmado, mucho menos feliz o algo parecido. Demoró en contestar y por eso limpió un poco las casi inexistentes lagañas en su rostro.  –Changmin… ¿por qué eres tan molesto?— Sonrió para si mismo, por que mentir mientras el menor no estaba presente era tan fácil. –Hoy es el primer día de vacaciones, al menos hoy déjame respirar.

—Moh… el molesto aquí eres tú. Solo quería que me confirmaras lo del festival de hoy, pero si ya no quieres ir…———

—¡No!— Inconsciente, Yoochun había abierto mucho los ojos ya y estirado su mano derecha en un impulso. –Lo de hoy si va, tengo… algo muy importante que decirte.

Yoochun prefería ocultar el hecho de que le gustaba que fuera Changmin quien llamara primero.

—¿Y se puede saber por qué tanto misterio?

—Aún no.— El bufido por parte de Changmin se escuchó fuerte y claro. Incluso ‘debió haber virado los ojos’, pensó Yoochun. –Nos vemos a las seis en el puente antes de llegar al festival.

La risa fresca de Changmin se dejó escuchar.

–Wow… Llévame flores y pensaré que en verdad esto es una cita.

Yoochun se mordió la lengua, sus estúpidos impulsos a punto de preguntar: ‘¿Y que flores te gustan?’

—Bueno, nos vemos a las seis Changmin, no llegues tarde por amor a lo que sea en que creas.

—Eso es irrelevante, Yoochun. Yo siempre llego puntual. Tú eres el que llega tarde.

—¡Eso no es cierto!

Chilló cual niño inmaduro y Changmin pareció divertirse con aquello, por que en verdad, se había dado cuenta que el menor disfrutaba haciéndolo exasperar. Las mejillas de Yoochun no se colorearon como en antaño, solo sintió un calor débil deslizarse por su pecho. Le gustaba escuchar a Changmin reír así.

—Adiós, Changmin.

—Nos vemos en la noche, Chun.

Adorable costumbre que Shim había adoptado de acortar su nombre de aquella manera.

Tan loable y gratificante al mismo tiempo.

—Bienvenido…

La sonrisa de Junsu como siempre recibió a los clientes con la misma alegría y espontaneidad. Vital e inherente que podía captar a cualquiera. Yoochun sin embargo sacudió un poco su mano y le restó importancia al asunto, como si careciera de sentido.

—Deja tu pose de niño lindo para cuando llegue tu amor platónico, Su.

Pero diferencia a otras veces cuando Kim reía como tonto, se sonrojaba o rascaba un poco su cuello. En esta ocasión el muchacho tensó mucho su cuello y abrió los ojos de sobre manera.

—No se de que me hablas, Yoochun. Esas cosas no me interesan.

Su voz entre dientes, mientras se mantenía rígido con aquella posición recta y una sonrisa extraña en el rostro, hizo a Yoochun deslizar su mirada dentro de la pequeña tienda y descubrir al muchacho de cabellos castaños por el cual Junsu tanto suspiraba, a unos cuantos metros de distancia.

“Lo siento”

Agachó un poco su cabeza, manos juntas, y un susurro apenas audible que hizo que Junsu solo bajara los hombros y viera de reojo al muchacho que ojeaba una revista mientras sostenía en su brazo una canasta de compras. Junsu solo suspiró, volviendo tras la caja a esperar que Junsu o el muchacho de cabellos castaños pagara.

—No sabía que estaba aquí.

—¿Y entonces por qué crees que te saludé tan amable?

Oh, Junsu, tan exasperantemente sincero.

—Como sea Su. ¿Por qué no vas y le hablas? No puedes quedarte detrás de la caja todo el tiempo.

Junsu deslizó su mirada por entre los pequeños pasillos, directo hacia el muchacho de pantalón negro y chaqueta café, con su cabello algo peinado, largo y con puntas que ocultaban su frente. –No es tan fácil, Yoochun.

—Lo es, si te lo propones.

—No lo es, y ya cállate que ahí viene.

Junsu apuró sus expresiones, para dejar una sonrisa en su rostro cuando el muchacho de cabellos castaños –cuyo nombre desconocían—  se acercó con la canasta bajo su brazo. Los artículos pasaron uno a uno, y Yoochun observó a los dos medio interactuar entre pequeñas preguntas por el precio de algún producto que el muchacho terminaba comprando siempre y cuando estuviera cerca de la caja.

—Eso es todo, muchas gracias por su compra.

—Gracias a ti, adiós.

Y con las fundas blancas en la mano, el muchacho se marchó. Junsu suspiró por octava ocasión en esa semana, y Yoochun mordió la pequeña galleta de la que se había apoderado mientras Junsu sonreía como tonto frente al extraño.

—Le gustas.

—¿Disculpa?— El rostro de Junsu parecía de total incredulidad.

—Tú le gustas.— Otra mordida y Junsu no parecía percatarse de que Yoochun comía de las galletas junto a la caja. —¿O por qué motivo siempre compra las cosas que están junto a la caja, es decir cerca de ti?

—Por que quizá le gustan las chucherías.

—Entonces, ¿por qué siempre te pregunta por el precio?

—¡Agh! No lo sé. No me confundas, Yoochun.— Junsu llevó las manos a su cabello, genuina exasperación en sus facciones. –No hagas que mi mente se haga toda una historia en la cabeza, por que luego no me puedes aguantar. Y tienes que pagar por esas galletas.

Yoochun sonrió, Junsu no era tan distraído como parecía.

—Buenos… días.— Yoochun vio la sonrisa de Changmin, que acababa de ingresar a la tienda, desaparecer en continuidad. –Chun, no esperaba verte por aquí.

—Hola, Min. A mi también me da gusto verte.

Fue sarcasmo, de ese que era usual entre ambos. Pero Changmin no pareció tomárselo de aquella forma, por que únicamente rodó los ojos y caminó hasta la sección de condimentos, en un determinado silencio, de su corta estancia.

—Pero…— Junsu no pareció darse cuenta de los estragos de Changmin y lo miró con una pequeña vergüenza planteada desde el comienzo de sus palabras. —¿De verdad crees que le gusto?

Yoochun sonrió. –Estoy casi seguro.

Junsu parecía dispuesto a decir algo más, con aquella enorme sonrisa que se había dibujado en su rostro ante su respuesta, pero los pasos de Changmin lo detuvieron. Shim puso frente a Junsu las pocas cosas que acababa de escoger y sacó su billetera.

—Últimamente pasas mucho tiempo aquí.— Fue un comentario casual el de Changmin, marcado con un poco de resentimiento sin dedicarle aunque sea una mirada.

—Junsu es mi amigo desde la escuela, solo que ahora nos hemos separado por que estudiamos en institutos diferentes. Además trabaja cerca de mi casa.

Changmin asintió, y a Yoochun le pareció que dio demasiadas explicaciones.

—Mi mamá se ha propuesto enseñarme a cocinar.— Changmin sonrió un poco, levantando la bolsa que Junsu ya le había entregado. –Podrías venir a almorzar a mi casa si deseas.

Yoochun mordió su labio inferior. –Lo siento, Min. Ya había quedado de comer con Junsu. Como mis padres no están para la hora del almuerzo y———

—Está bien.— La voz seca de Changmin detuvo su discurso. –Será otro día. ¿Sigue en plan lo de hoy en la noche?

—Por supuesto.

Changmin asintió, su mirada deslizándose sobre su rostro con algo parecido a la preocupación.

Omitiendo algo que Yoochun no terminaba de entender.

“No vas a dejarme plantado, ¿cierto?”

Si bien no se atrevió a pronunciarlo, Changmin lo pensó y sonó tan fuerte en su cabeza, que fue como haberlo dicho. Suspiró apenas notablemente y apretó la funda en sus manos antes de salir de la pequeña tienda con un bajo ‘Nos vemos’ entre los labios, que esperó Yoochun hubiera escuchado.

—Buenas tardes, detective Jung.

La voz amilanada, acompañada por esos costosos zapatos de marca y el abrigo casual de turno, más la sonrisa que intentaba ser amable, como un compendio de imágenes retratadas con anterioridad y con café en mano, sentado en aquella mesita en la esquina de aquel café, despacio Yunho levantó la mirada.

Estaba ahí, esos ojos grandes y ese cabello que caía por el rostro de su dueño, con su porte seguro y desafiante haciendo que Yunho solo retornara su mirada al diario. Indiferente casi en su totalidad con la presencia del recién llegado.

—Kim.

El único saludo que salió de aquellos finos labios y Jaejoong desde su posición solo sonrió un poco más, una pequeña exhalación de su boca que hizo que mechones en su cabello se alzaran. Y finalmente solo volvió a mirar al detective.

—Sus modales dejan mucho que desear, detective.

—En realidad encuentro innecesario aplicar mis modales con usted, Kim.

—Oh, ¿en serio?

Y como si fuera lo más natural del mundo, Jaejoong arrastró delicadamente una de las sillas, sentándose en ella y buscando los ojos de Yunho que en ningún momento se despegaron de las letras del periódico.

—Así es.

—¿Y se puede saber por qué?

—No suelo relacionarme ni siquiera mínimamente con delincuentes.

—Auch.— Jaejoong llevó una de sus manos dramáticamente a su propio pecho. –Eso dolió, pero le recuerdo que yo no soy ningún delincuente.— La comisura de sus labios se alzó. –Al menos no comprobado.

Esta vez la mirada oscura de Yunho se alzó. –Entonces tampoco me involucro con ladrones astutos e inteligentes que no dejan rastros de su presencia.

—Robar no es malo cuando la gente tiene demasiado y no tiene gratitud con los que lo llevaron hasta donde está.

Jaejoong movió un poco su mano, en un gesto casual que Yunho encontró interesante.

—¿Debería tomar eso como una confesión?

—Es solo una conversación entre compañeros.

—No somos compañeros.

—Por que usted así no lo desea.

La mirada de Jaejoong tenía la particularidad de ser penetrante de desnudar el alma de las personas en mil maneras posibles. Y Yunho por primera vez fue el primero en desviar la mirada aunque fue rápido en fingir que lo hacía por revisar la cuenta a pagar.

—¿Irá a la feria de esta noche?

—No es de su incumbencia, Kim.

—Tal vez podríamos vernos.

—No estoy interesado.

Yunho siempre era así de cortante. Jaejoong así de avezado.

—De acuerdo, nos veremos en la fuente de los álamos a las siete en punto, espero que no llegue tarde.

Jaejoong solo se levantó de la silla con toda la tranquilidad del mundo, como si nada hubiera sucedido y Yunho se quedó un rato más ahí. Desconcertado y anonadado.

—Quédate quieto.

Junsu estaba exasperado, Yoochun no paraba moverse y él no podía de terminar de ajustar la corbata en el cuello de Park que lucía más inquieto que nunca, con su cabello prolijamente arreglado y su atuendo casual que a juego con la corbata le daba tintes de seriedad que pocas veces mostraba.

—No puedo, Junsu.

—Lo que yo no puedo, es creer que por fin se lo vayas a decir.

Yoochun sintió un hueco en el estómago o tal vez algo muy pesado establecerse en su interior impidiéndole mostrar alguna otro emoción en su rostro que no fuera neto nerviosismo.

—¿Crees que Changmin…?

—¿Te rechace?— La sola insinuación de la posibilidad logró en Yoochun vestigios de duda. –No lo creo, su amistad es medio masoquista, pero él… te mira diferente desde hace mucho tiempo.

Tal vez…

Esas dos palabras flotaban de un lado a otro en su cabeza. Tal vez si, tal vez no. Estaba parado en la mitad de una sola silaba por parte del menor que vería en menos de diez minutos. Sus ojos parecían moverse con franca premura y sus manos querían tocar cualquier cosa para no sentirse inútiles.

Estaba nervioso, un poco temeroso y totalmente ansioso.

Cuando Changmin miró su reloj por segunda ocasión, daban las seis de la tarde con diez minutos.

Exactos e inamovibles.

Corría un vente particularmente frío y él como pocas veces había llegado puntual, incluso unos minutos antes de la hora pactada. Quizá ahora empezaba a entender a Yoochun cada que él se demoraba por algún motivo en sus encuentros.

Tenía puesta aquella chaqueta que el muchacho le hubiera regalado en su cumpleaños y a pesar de eso el frio se paseaba por su cuerpo de una manera casi escandalosa. Cuando vio al taxi parquearse justo en la calle aledaña al puente, sus ojos viajaron automáticamente y el cabello de Yoochun fue fácilmente identificable a sus ojos.

Changmin sonrió presa de las ansias que le provocaban saber aquello que Yoochun quería decirle con tantas ganas casi desde la semana pasada, levantó un poco su brazo y Yoochun sonrió abiertamente. Changmin sin embargo abrió la boca, dispuesto  a gritar unas pocas palabras hacía el muchacho por su tardanza y aquello fue opacado en tan solo un segundo.

—¡Cuidado!

Yoochun sintió el mundo enmudecer.

La sonrisa en su rostro desdibujarse tan automáticamente que el mundo perdió el rumbo casi total de las cosas. Y Changmin cayó por el puente, empujado por el juego descuidado de dos niños que corrían tras un globo repleto de helio, empujando a Shim directo a las piedras.

—¡¡Changmin!!

Sus piernas corrieron a una velocidad impresionante, sin siquiera tomarse la molestia de acercarse al puente si no que dejándose caer por el desliz de tierra hasta el pequeño río del cual empezaba a visualizarse sangre mientras el cuerpo de Changmin se sumergía, y la gente se acercaba más y más a cada segundo.

—¡¡NO!!

El llanto de la señora Shim era desgarrador, Yoochun aún tiritaba de frío con aquella manta sobre los hombros, en el piso, con la gente a su alrededor y la mirada perdida. La ambulancia a unos metros, las lágrimas bajando por su rostro, inexperto de que emoción dejar salir a flote sin caer en la locura.

—¡Mi hijo no! ¡Por favor!

Changmin estaba en el suelo, sus labios en una tonada azul impactante, pálido como nunca antes y su madre abrazándolo como si fuera a escucharla. Yoochun solo podía ver aquella imagen y asustarse con lo frágil que se veía el cuerpo del menor mientras sus brazos caían y rozaban el suelo. Su madre de rodillas en el piso, abrazando aquel cuerpo inerte mientras la herida visible anunciaba el momento iracundo en el que Yoochun tapó sus oídos y comenzó a sacudir su cabeza de izquierda a derecha.

—¡Changmin, por favor! Abre los ojos, hijo… Por favor… Te lo suplico.

Mimesis

Si soñaba, los sueños se convertían en pesadillas.

Las lágrimas brotaban solas de sus ojos y finalmente despertaba con el camino que habían dejado sus lágrimas por las mejillas, el corazón se despertaba compungido y el pensamiento llegaba in sofoco ante la penumbra en que se había convertido su vida en apenas unas horas, y que apenas le habían permitido conciliar el sueño por minutos que a lo sumo hacían tres horas.

—¡Yoochun—ah~!— Su madre sonó tan recursiva, ajena al momento que estaba viviendo. –Ya nos vamos al trabajo, quedas a cargo de la casa, ten mucho cuidado.

—Nos vemos a la hora de la cena, hijo.— Su padre confirmó los pensamientos que atravesaban su cabeza y lo confundían un poco más. –Nos llamas si vas a salir o no al festival de hoy.

¿Iba a ser así?

¿Iban solo a fingir que la muerte de Changmin no había sucedido?

Luego ante su mutismo, se escuchó la puerta cerrarse y Yoochun se sentó sobre la cama, estaba a punto de echarse a llorar sin que nada pudiera calmarlo tal vez por horas. Se sentía tan solo, vacío y desprotegido que su mente tardó en reaccionar ante las palabras de su padre al final.

¿Ir al festival?

Era martes, el festival solo iba a ser por el día lunes.

Y de todas formas, ¿por qué iría a aquel lugar?

El teléfono sonó, y Yoochun sintió su propio cuerpo encogerse ante aquello no quería llamadas ni voces de amparo que le dijeran lo mal que se sentían ni que le mintieran diciéndole que lo entendían, que estaban con él, cuando no era así.

Su cuerpo entero sin embargo tembló al reconocer el celular de Changmin.

¿Se trataría de la mamá o el papá de él?

—¡Yoochun!

Su voz…

—¡Maldición!

Soltó el teléfono y este rebotó por el suelo dos veces antes de quedar boca arriba y que Yoochun subiera las piernas a la cama, abrazado a ellas, con el pavor corriendo por sus venas y el eco de aquella voz desde el auricular dejándose escuchar a la perfección.

—¡Oye, idiota! ¿Qué te pasa?— Era su voz, no había duda. Con un deje de molestia tan normal en él y que hacía que los escalofríos en Yoochun fueran cada vez más intensos. —¿Qué fue todo ese ruido?— Pero Park no se atrevió a mover un solo músculo. —¿Yoochun? ¿Estás ahí?

Fue la voz con tintes de preocupación lo que hizo finalmente a Yoochun moverse.

Sus piernas temblorosas caminar lentamente hasta el auricular, las lágrimas deslizándose por su rostro como si de agua se tratara.

—¿Chan…Changmin?

Estaba llorando, copiosamente. Una mano tapando su boca.

¿Era una broma? ¿Quién era capaz de jugar con sus sentimientos de esa manera?

¿Quién era tan cruel?

—Chun, ¿qué te pasa?— La voz de Changmin sonó tranquila, esta vez un poco más modulada y baja, demasiado pasiva para lo que recordaba. —¿Estás bien?

—¡Ya basta! ¡Deténgase sea quien sea!— Su grito fue esporádico, pegado a sus emociones. –Si es una broma… es de muy mal gusto. Por favor no más… No más…

—Es todo, voy para tu casa, no te muevas.

Yoochun escuchó aquel pitido reconocible del teléfono cuando ha sido cerrado y cayó de rodillas en el suelo. Tapando su rostro asustado. La esperanza borbotando en su pecho ante las lágrimas, el dolor y la verosímil que sus ojos habían constatado apenas el día de ayer.

—Buenos días.

Junsu sonrió ampliamente, el muchacho de cabellos castaños estaba ahí como cada mañana, solo que esta vez tenía aquella expresión extraña en su rostro que lo hizo mirarlo más detenidamente de lo normal, lucía incluso desaliñado.

—Disculpa, ¿te sientes bien?

Su voz trató de ser casual, pero el muchacho solo lo miró confundido.

—¿Qué día estamos hoy?

—Lunes.

El de cabello castaño solo abrió los ojos asustado. Repitiendo una y otra vez. –Imposible, imposible.

Como si la sola idea lo asustara. Y las manos en su cabeza, con los ojos cerrados dictaminaran su terror.

Pasaron dieciséis minutos antes de que Yoochun se decidiera a salir de su habitación.

Las mangas de su pijama cubrían casi en su totalidad los puños de sus manos, y sus pies descalzos andaban de un lado a otro dentro de su casa. ¿Quién se aparecería? ¿En verdad era una broma? Él había visto como sacaban el cuerpo de Changmin del río, como lo declaraban muerto ante sus ojos debido al fuerte golpe en su cabeza.

¡Había estado la noche anterior en el velorio!

Pasó las manos por su rostro. Ansioso otra vez.

Abrió la puerta de su casa, sabía donde dejaba el autobús a Changmin, sabía por donde venía el muchacho. Y comenzó a apretar los puños de sus manos, mirando por la calle por si Shim aparecía y calmaba sus males, ni siquiera necesitaba de lógico. Solo quería a Changmin ahí, vivo, junto a él. Nada más era importante.

Ocurrió, como si lo de ayer fuera una pesadilla extraña y dolorosa.

Las piernas largas de Changmin corrían por la vereda contraria hasta su casa, su rostro preocupado y su cabello sacudiéndose levemente por la corrida que llevaba, sus ojos se conectaron por un segundo y Yoochun sintió su corazón latir desbocadamente.

Tenía incluso nauseas.

Era Changmin. Sin duda era él.

Aire. Faltaba aire.

Tuvo que agarrarse del umbral de la entrada cuando el mareo acudió a él. En verdad sentía que iba a vomitar en cualquier momento de la impresión.

El mareo percutió de mala manera cuando perdió las fuerzas en sus piernas y cayó de rodillas en el suelo antes de que Changmin cruzara la calle y por ende olvidara mirar a los lados por verlo a él. El ruido y los gritos de las mujeres llegaron a sus oídos con efecto tardío.

Apenas levantó la vista para ver al conductor bajarse del auto asustado, tapando su boca y corriendo al cuerpo del muchacho que yacía en el piso con un charco de sangre a su alrededor. En ese momento, Yoochun alcanzó a estirar la mano y ahogar un grito desesperado, antes de perder la conciencia y que todo se volviera oscuridad.

—Tienes que calmarte.— Junsu ofreció un poco de agua al muchacho que estaba ahora sentado en un pequeño banco junto a él, lucía pálido y aún temeroso de algo. —¿Qué sucede?

—No puede ser lunes.— Volvía a repetir. Como si se tratara de una lección aprendida. –Ayer fue lunes, hoy tiene que ser martes.

Junsu sonrió compadecido.

—Tal vez estás un poco confundido. Pero hoy definitivamente es lunes.— La voz de Junsu sonaba conciliadora, y Junsu pudo notar cuando la mirada del castaño se alzaba y leía su nombre. Aparentemente necesitando saber con quien hablaba. –Soy Kim Junsu.

Entonces, el muchacho asintió. –Lee Jinki.

Junsu asintió, tranquilo de ver como por fin el otro empezaba a calmarse, al menos un poco. Sentado, bebiendo un poco de agua. Jinki parecía corroborar lo dicho por él mirando los diarios, probablemente la fecha. Y sus sentidos por un momento galoparon y un solo susurro salió de sus labios, como si de pronto lo hubiera entendido todo.

—¿Otra vez?

Abrupto, casi doloroso fue su despertar.

Se sentó sobre la cama y reconoció aquel lugar como la habitación de un hospital y lo primero que salió de sus labios a pesar de que su madre fue la primera en acercarse fue:

—Changmin.

Los ojos de su madre lucieron tristes de repente, acariciaba su rostro como si fuera un niño pequeño y Yoochun temió lo peor desde ahí. Así que trató de ser más especifico.

—¿Dónde está Changmin?

—Hijo, necesito que te calmes.

—Madre por favor, ¿dónde está Changmin?

Sus palabras fueron remarcadas con ansiedad, pero las lágrimas en el rostro de su madre eran evidentes. Plasmadas seguramente por horas de haber estado así.

—Cuando nos llamaron por lo del atropellamiento———

—¿Atropellamiento?

Los ojos de Yoochun lucían distorsionados, confundidos. Como si de pronto todo hubiera perdido sentido, pero su madre solo llevó una mano a su boca, asintiendo con pesar.

—Si, creímos que se trataba de ti y Changmin. Pero al parecer tu te habías desmayado en el pórtico de la casa… Sin embargo Changmin… él…— Hubo un sollozo de parte de ella y el rostro de Yoochun se desfiguró ante la noticia, tapando sus oídos con fuerza.

—¡¡NO!!

—Yoochun escúchame por favor, hijo no fue tu culpa.

—¡¡No, es mentira!! ¡Yo lo vi, venía para la casa! ¡NO ME MIENTAS!

—¡Yoochun, basta! Tienes que calmarte.

Esta vez su madre sonó seria, lo miraba con toda esa fuerza que a él le faltaba.

Pero ella ¿qué sabía?

Ella no comprendía.

Dos veces. Lo estaba perdiendo dos veces.

Pero ¿qué era todo eso?

¿Qué estaba pasando?

Abrumado por todo, justo en ese momento, Yoochun solo pudo echarse a llorar a los brazos de su madre, entre la calidez y el dolor que lo sobrecogían.

Llevado por la curiosidad, Yunho llegó al festival a las siete en punto.

Comió en un pequeño puesto de comida, casualmente cerca de la fuente de los álamos y se sentó a degustar, la comida era deliciosa, la gente iba y venía de un lado a otro. Pero en ningún momento vio rastros de aquel abrigo largo, ni aquel cabello que cubría parte de la frente de alguien, mucho menos una sonrisa descarada.

Iba por el postre cuando se decidió a pagar la cuenta y sentarse cerca de la fuente, la gente seguía paseando de un lado a otro como si la estuvieran pasando muy bien. Pero Yunho esperó y esperó. Hasta que dieron casi las nueve de la noche.

Pero Jaejoong jamás apareció.

Otredad

Era la quinta vez que el teléfono sonaba.

Yoochun se encontraba sobre la cama, las piernas encogidas y su mirada posada en el teléfono que no paraba de vibrar. Era Changmin. Otra vez. Sus miedos acudieron prestos e impolutos.  Sus padres hace mucho se habían marchado.

De pronto recordó que no quería que Changmin viniera.

De ninguna manera.

Pasó una mano por su cabeza, el entendimiento muy lejos de sus manos como para poder agarrarlo.

Si había una manera de detener esa locura Yoochun necesitaba saberlo.

Salió de la habitación por que estar ahí lo sofocaba, lo presionaba, por que la insistente llamada de Changmin estaba a punto de mandarlo a locura y bajó las escaleras hasta el comedor. Donde su padre desayunaba y en el diario buscó la fecha casi de manera inmediata.

Lunes…

Se dejó caer en la silla, una mano por su rostro.

Mientras el teléfono sonaba y sonaba. Allá arriba en la habitación.

—Buen… ¿Yoochun que te pasó?

Junsu entendió muchas cosas cuando vio a Yoochun entrar en la tienda con aquel abrigo demasiado grande y un pantalón jean puesto. Tenía el rostro extraño y parecía como si estuviera siendo perseguido por alguien y fueran a atacarlo en cualquier momento.

Y sintió miedo también cuando Park lo agarró por los hombros con fuerza.

La voz de Yoochun pasmosa y grave.

—Su, ¿qué día es hoy?

—Veinti———

—¡Al nombre del día me refiero!

Junsu tragó pesado. –Lunes.

Yoochun lo soltó al parecer caminando en círculos dentro del lugar y Junsu agradecido por no tener clientes en ese momento. Y por suerte ante todo, que ni siquiera el muchacho de cabellos castaños, del cual no sabia el nombre tampoco hubiera llegado aún.

—Yoochun, ¿qué sucede?— Colocó una mano sobre el hombro del muchacho, tratando de sonar suave para que no se alterara. –Recuerda que hoy es tu cita con Changmin, debes estar bien. Vas a confesarle tus sentimientos y lo más seguro es que…

—No es posible.— Yoochun al parecer no lo escuchaba, solo se movía de un lado a otro. –Ayer fue lunes, antes de ayer también y hoy ¿otra vez? ¿Por qué? ¿Qué está pasando?

—Buenos días…

Yoochun levantó la  mirada en sus precarias condiciones vio a Changmin que parecía sorprendido de verlo ahí y sobre todo en ese estado.

—¿Por qué no me contestas el celular?

Yoochun solo pudo quedarse pasmado ante lo cercano y real que se veía ante sus ojos.

—Changmin…

Sus manos acariciaron el rostro de Shim, contempló sus facciones sus labios, sus ojos. Todo como si fuera la primera vez que lo viera, como si en realidad no se tratara de una broma de mal gusto. Y mientras eso sucedía el rostro de Changmin se coloreaba rápidamente.

—¿Qu…Qué crees que haces, idiota?

Lo alejó, como era de esperarse, desviando la mirada y tratando de mostrarse imponente a pesar de la vergonzosa imagen que Yoochun le había provocado. Tosió descuidadamente y volvió a mirarlo con desdén, aunque este fuera fingido.

—Aún no me has respondido, ¿por qué no———?

Sin embargo esta vez la sorpresa fue mayor, Yoochun lo abrazó con una añoranza hasta ahora desconocida para él, Changmin apenas pudo sentir la tensión de su cuerpo desvanecerse poco a poco. Yoochun en cambio lo abrazaba hasta casi dejarlo sin aire. Como si no lo hubiera visto en años.

—Yoochun…

—No te vayas, a ningún lado Changmin. Por favor.

—¿Vas a salir en la noche?

—No es asunto tuyo.

Jaejoong fue arisco.

Con todas las posibilidades de que su compañero lo mirara de mala manera e inclusive lo insultara aunque fuera mentalmente, pero Jaejoong solo se encargó de limpiar sus pertenencias, antesala a sus planes, costumbre establecida al menos para él.

—Al jefe le ha llegado el rumor de que te estás viendo con un detective de la policía a escondidas.

Jaejoong sonrió divertido. –No es a escondidas.

Y el hombre detrás de él pareció enojarse con su descaro.

—Sabes que tenemos prohibido involucrarnos con gente de la policía…

—Sé muy bien lo que hago, ya deja de fastidiar.

Jaejoong estaba más que seguro. Había logrado pisar los limites del hombre rubio que ahora lo miraba tan fijamente como si pudiera atravesarlo con la mirada cual espada se tratara. Hubo un tenue silencio, que se esparció más allá de lo necesario y le hizo a Jaejoong pensar que esta vez si se había pasado.

Pero el hombre solo pronunció con voz fría y prepotente.

Como si supiera que lo que decía en verdad le afectaba.

—Estate listo esta noche, el jefe adelantó el robo del museo para hoy. Sin excusas.

Y así las hubiera Jaejoong no se rebajaría a darle explicaciones a aquel sujeto.

Mordió su labio inferior y cerró los ojos con pesadez.

No tenía forma de avisarle a Yunho de su cita a las siete, aunque de todas formas casi estaba seguro de que el hombre no iría.

Pesó más que nunca las palabras de Jung.

Era genuinamente un delincuente, él lo sabía, Yunho lo sabía.

Era un sesgado inútil de contradicciones y falencias.

No importaba, de todas formas… Yunho no iría.

—¿Te has vuelto loco, Yoochun?

La voz de Changmin tenía un pequeño deje de gracia.

Aún así, Yoochun solo se aferró como niño pequeño a él, sacudiendo un poco la cabeza, abrazado todavía, sentados ambos en el sillón en la casa de Shim.

Tenía la imperiosa necesidad de dejarlo sano y salvo en su casa, a costa de cualquier cosa.

—No, solo quiero que estés bien. Es todo.

Changmin volvió a sonreír, acariciando apenas sinuosamente el cabello despeinado de Yoochun mientras aún permanecía agarrado a él.

—A mamá le pareció extraño que no cocinara con ella como le había prometido, y todo por que a mi amigo se le despertó una vena sobre protectora y ahora no quiere soltarme.

—Es importante para mí.

—Lo sé, de otra forma ya te hubiera golpeado para que me soltaras.

Changmin sonrió, una pequeña sonrisa dibujada en sus labios mientras la caricia sobre el cabello de Yoochun se hacía más notoria. Cuando se pudo dar cuenta, Yoochun había subido su cuerpo al sillón, reposado la cabeza en las piernas de Changmin, con sus brazos aún agarrando fuertemente alguna parte de la anatomía de Shim para asegurarse de que en verdad estaba ahí.

En algún momento los ojos de Yoochun se cerraron.

En un sueño placido y relajado, producto de las pequeñas caricias que Changmin le proporcionaba en su cabello, su olor cerca y su calidez permanente.

En verdad, estaba enamorado de él.

Y Changmin debía saberlo, más adelante cuando sus temores pasaran.

Y pudiera al menos tomar su mano sin el miedo de perderlo, otra vez.

—Lo siento.

Junsu se disculpó de inmediato, ocupado como iba en su celular. No se percató del momento en que chocó con el hombre que al instante reconoció como el muchacho de cabellos castaños. Sus ojos brillaron por un instante y una sonrisa salió de sus labios.

—Oh, hola.— El muchacho en cambio asintió un poco perdido. Junsu se sintió desilusionado, probablemente ni lo recordaba. –Hoy no fuiste a comprar como de costumbre.

Señaló la tienda para que al menos lo relacionara y entonces pareció reaccionar.

—Ah, si. Eres el cajero ¿cierto?— Y le regaló una sonrisa, brillante como ninguna que hubiera visto antes. –Hoy estuve ocupado, espero no haberme perdido ninguna promoción.

Junsu rió junto a él. Y se sintió afortunado en ese breve momento.

—No hubo nada especial, pero…

—Bueno, me tengo que ir. Ten cuidado que ya es de noche y puede ser peligroso. Adiós.

Incluso antes de que pudiera despedirse adecuadamente, el muchacho de cabellos castaños ya se iba, Junsu suspiró resignado, con la idea clara de que al menos hoy había podido hablar con él fuera de la tienda y de algo más que no fueran los productos de la tienda.

—Anda… Ya tienes que irte, es tarde.

Changmin lo empujo reaciamente del pecho, con una sonrisa que dejaba lugar a dudas sobre si en verdad quería que se fuera o no. Yoochun lo contempló por un largo instante, en el pórtico de la casa de Shim y sonrió.

—Está bien, me iré. Pero mañana iremos al cine.

—¿Y me dirás eso que tanto quieres decirme como desde hace una semana?— Changmin se cruzó de brazos. –Mira que hoy no fuimos a la feria por que te echaste a dormir sobre mis piernas.

Yoochun sonrió mitad avergonzado, mitad aliviado.

—Lo sé, te prometo que lo recompensaré mañana.

Shim rodó los ojos, como si le restara importancia al asunto.

—Como digas, te tocará invitarme mañana. Por que yo en verdad quería ir a la feria.

Yoochun sacudió sus cabellos un poco y Changmin de inmediato trató de alejarlo de un manotón aunque Yoochun fue más rápido y retiró la mano velozmente. –Nos vemos.

Fue un susurro, Changmin pensó que Yoochun ya se iba cuando le dio la espalda. Pero de improviso Park volvió a girar sobre sus talones y lo abrazó una vez más, en esta ocasión pasando los brazos por su cuello, y con un suspiro abandonando sus labios. –Hasta mañana Changmin.

Desde esa posición, Shim solo pudo asentir y quedarse inmóvil un rato más mientras lo veía alejarse y finalmente, una sonrisa se posaba en sus labios. Complacida y alegre.

Cuando Yoochun llegó a su casa, saludó a sus padres, los abrazó, conversó un poco con ellos, se duchó y finalmente volvió a ponerse el pijama. Casualmente la misma que había pensado en usar para el día anterior. No importaba lo que hubiera sucedido.

Las cosas por fin estaban tomando un rumbo diferente.

De alguna manera, todo estaba encaminándose nuevamente.

Se recostó sobre la cama con los brazos estirados y una sonrisa boba en el rostro.

Había pasado el día entero con Changmin. Y aunque no lo había podido decir, sentía que estaba un paso más cerca de lograrlo.

El celular vibró sobre la mesita de noche y Yoochun contestó todavía regocijado.

—¡Yoochun!— Era la voz de Junsu, sonaba alterado y preocupado. —¡Por inmediatamente las noticias!

—¿Qué pasó?

Sus pasos se escucharon apenas en la habitación mientras encontraba el control y encendía el televisor en algún canal que estuviera transmitiendo las noticias, pero antes de llegar la voz de Junsu lo estupefacto todo.

—Al parecer ha habido un incendio en la casa de Changmin. Explotó un tanque de gas o algo parecido, se han incendiado varias casas alrededor nadie sabe que ha pasado con los demás con exactitud, hay un montón de carros de bomberos y están intentando detener el fuego, es horrible…

Las palabras de Junsu pesaron tremendamente el canal ubicado finalmente en aquel infierno que se había vuelto aquel lugar que abandonó hace apenas una hora y algo más. El teléfono resbaló de su mano y la expresión desolada hizo acopio de sus facciones una vez más.

Como si se tratara de una mala broma.

Y las lágrimas no se cansaran de abandonar sus ojos.

Fisicidad

Changmin estaba empezando a odiar a Yoochun.

Sus ojos estaban clavados en el reloj en su muñeca, vestido y acicalado.

Esperando, como una chica… Oh, como odiaba a Yoochun.

Y en primer lugar ¿por qué demonios había accedido?

Solo recordaba que Park había llamado temprano en la mañana. ¡Un lunes! Su primer lunes de vacaciones, concretando que salieran al cine en la tarde y luego fueran a la feria, Changmin había aceptado tal vez por que estaba medio dormido, quizá por que quería cortar rápido y echarse a dormir.

Pero había accedido, y ahora esperaba por que Yoochun llegar a su casa.

Como si se tratara de una cita.

—Agh, maldición…

Sacudió sus cabellos, la mano entre las hebras de su cabello con exasperación probablemente despeinándose y bufó con molestia cuando su madre por séptima vez pasó frente a él con una sonrisa burlona en el rostro. Definitivamente no le gustaba esperar.

Pudo ver por la ventana la llegada presurosa de Yoochun, y abrió la puerta mucho antes que el mayor tocará el timbre. No necesitaba que su madre se percatara de la llegada de Park. Changmin lo recibió con el ceño fruncido y una funesta mirada arrogante.

—¿Se puede saber por qué diablos tenías que venir a recogerme?— Habló en susurros sosteniendo la puerta con fuerza. A pesar de eso Yoochun no dejó de sonreír. —¿No podíamos encontrarnos como siempre? Es raro que me vengas a ver, por que A: no soy una chica. Y B: esto definitivamente no es una cita.

Yoochun solo sonrió, sacudiendo un poco la mano y contemplando su rostro por un instante.

—Ya sé, ya sé… Solo vamos rápido que esta vez no te voy a perder de vista.

Ocurrió de manera extraña las alarmas de Changmin se levantaron cuando la mano de Yoochun tomó la suya y empezó a jalarlo. Incluso un calor momentáneo se estableció en su rostro, provocando una coloración rosácea que lo hizo maldecir por dentro a las reacciones de su propio cuerpo.

Justo antes de cerrar la puerta y como única despedida, Changmin apenas alcanzó a gritar: ‘Ya me voy, regreso en la noche’ antes de que Yoochun jalara un poco más de él y apretara el agarre de sus manos, como si de pronto el resto de las miradas sobre ellos no importara.

El silbido que acudió a sus oídos fue lo que le permitió levantar la cabeza y comprender.

En sus manos permanecían las verduras que había estado seleccionando y sus ojos se dirigieron casi autómatas hacía los grandes ventanales de la tienda. Y lo veía otra vez, Jinki posaba sus ojos en aquel muchacho de cabellos negros que en esta ocasión agarraba de la mano a otro mientras lo incitaba a caminar más rápido.

No pudo escucharlos, apenas contemplar su veloz caminata por la vereda mientras el amigo del muchacho que atendía en la caja hablaba de cosas que para el muchacho que iba detrás parecían carecer de importancia, y más bien se concentraba en mirar sus manos unidas. Como si fuera un acto de otredad.

Onew pocas veces podía jactarse de entender las cosas con facilidad, pero un suspiro acudió a sus labios. Y dejó las verduras en su lugar, como campanadas sutiles que se escuchaban y que no cualquiera podía oír. Solamente lo había escuchado y ahora solo le tocaba esperar.

—En serio, ¿qué pretendes, Yoochun?

Contrario a lo que esperaba, Park no se mostró ofendido. Únicamente sonrió divertido mientras pagaba las entradas al cine y la sonrisa mostraba cargas explosivas de airosidad. Changmin entonces se cruzó de brazos, expresión molesta en el rostro.

—No me voy a mover de aquí hasta que no hables, Park Yoochun.

—¿Qué sucede Min? ¿Acaso no puedo querer pasar tiempo con mi amigo? Es el primer día de vacaciones.

—Exacto deberíamos descansar y luego salir, además ya habíamos quedado de vernos en la noche.

—Quise que saliéramos antes.

Los boletos en las manos de Yoochun duraron poco, fueron a dar a las manos del joven que los recibió en la entrada y Changmin una vez más suspiró, dejándose guiar por ese repentino afán que tenía por que pasaran la mayor parte del día juntos. Aunque no terminara de entender por qué.

Y sinceramente mucho no importaba, Changmin se quejaba por el motivo tras esa salida.

Más no por estar junto a él, y probablemente tampoco le molestaría que Yoochun volviera a tomarlo de la mano. A pesar de que dentro del cine, ya no lo volvió a hacer.

—Van a ser las nueve de la noche, ¿dónde demonios estás?

La voz a través del auricular sonó con molestia, prolifera de un aceleramiento que en un primer momento Yunho no comprendió. Esperar en aquella fuente se había vuelto algo casi infernal, y por un lado prefería conectarse a su trabajo que permanecer ahí, debatiéndose internamente por que en un primer momento había acabado ahí.

—¿De qué estas hablando? ¿Qué sucede?

—¿No recibiste la llamada?— Esta vez había duda del otro lado de la llamada. –Al parecer tienen a tu sospechoso eterno bajo vigilancia y esta noche van a cometer su peor error.

Los ojos de Yunho se abrieron de par en par.

Era por eso, Jaejoong lo había citado para lograr su distracción.

—No me han comunicado nada, ¿se puede saber por qué?

—No tengo ni idea, Yunho. Pero ven ahora mismo al museo, lateral derecho en la siguiente cuadra. Nos encontramos esperándolos. Ven ahora. Luego puedes levantar sospechas.

Cortó la llamada sin siquiera confirmar su presencia, no importaba.

Él estaría ahí. Y su vena interna se hinchaba de indignación por haber sido tan idiota.

Como si a cada paso quedaran vestigios de humanidad, Yunho corrió hasta el primer taxi que encontró y dio la dirección. Su ser entero clamaba ambigüedad. Deseaba y al mismo tiempo se oponía a la idea de que en verdad, todo hubiera sido parte de la más simple estupidez del hombre.

Cerrar los ojos y confiar.

—Eres un idiota…

Changmin sonrió apenas, con una mano llevando el canguil y con la otra guiando el maíz a su boca, caminando entre la gente del festival y cansado por la tarde larga que había pasado con Yoochun. Por que a pesar de ser tarde, Changmin aún no quería ir a casa.

—¿Ah?— Yoochun pareció anonadado. —¿Y ahora que he hecho?

—Aún no lo dices.

La aceptación entre letras hizo que Yoochun se detuviera que observara los ojos de Changmin que en ese momento no lo miraban. ¿Changmin ya lo sabía? Buscó sus ojos y a cambio Shim le regaló una sonrisa, una etérea y cómoda que se acoplaba a la perfección con el momento.

Yoochun respiró hondo. —¿Lo sabes?

—¿Quieres que yo lo diga primero?

No, Yoochun en verdad no quería eso.

Quería poder decirlo primero. Luego de tantas cosas, quería llegar a ser el primero.

Pero ocurrió como suceden los impulsos. De improviso y sin que el mismo Yoochun pudiera medir el poder de sus actos, como si jalara al menor por el cuello e impactara sus labios en los contrarios. En esa estatura distante que se establecía apenas notoria a pesar de la edad.

Cálido y compacto de encontrar el momento exacto en que el mismo Changmin fue quien empezó moviendo los labios y dibujó una sonrisa en sus labios. Como si el circulo se hubiera cerrado y todo pintara mejor.

—…Creo que ya no es necesario decirlo.

El comentario de Changmin prevaleció acogedor, y por primera vez en mucho tiempo Yoochun sonrió. Apretando la mano de Changmin otra vez, era agradable. Ese calor reflejado entre ambos y el asombroso ambiente que se había creado, presos del motivo que los había llevado hasta ahí.

Cuando Yunho llegó el lugar estaba repleto de patrullas, la gente inclusive se encontraba amontonada y por encima de todos pudo ver a los cinco sujetos que se encontraban acotados boca abajo en el piso, vestidos completamente de negro.

El cabello castaño resaltó entre los oscuros y ahí estaba aquel por el cual Yunho se había dicho, siquiera incontables veces, que no valía la pena siquiera detenerse a escuchar. Lamentablemente para él, había tenido la razón.

Uno de los policías comenzó a levantarlos para subirlos a la patrulla y cuando llegó el turno de Jaejoong todo sucumbió. Esos ojos grandes lo miraron con desespero. No pedían ayuda, las manos esposadas de Jaejoong se sacudieron, quiso pronunciar su nombre antes del que policía que lo sostenía lo sacudiera con fuerza.

—Quédate quieto.

El agarre fue agresivo, y Yunho no hizo nada por detenerlo. Se quedó en esa prudente distancia marcada por los ojos de Jaejoong que lo perseguían como si tuviera razones por las que excusarse. Razones que ni siquiera tenían razón de ser.

—Kim Jaejoong, es el que está a la cabeza de todo esto. El resto son simples peones. Y él está más arriba que eso. Obviamente se trata de una banda bien organizada y con un líder mucho mayor a Kim.

Cuando uno de sus compañeros se acercó, Yunho retiró su mirada de aquel delincuente que ahora se encontraba dentro de la patrulla y que continuaba con esa insistente mirada que lo perturbaba. Desde que posó sus sospechas en Jaejoong no se equivocaba, por que entonces ¿ahora se sorprendía?

—Nos queda un largo camino por recorrer al parecer.

—Pero con Kim en la cárcel, hemos avanzado varios pasos.

La sonrisa de su compañero era de autentica felicidad, acababan de detener a una banda a la cual la policía le estaba siguiendo los talones. Una parte de sus pensamientos deslindaban algarabía y una celebración que vendría con el resto de sus compañeros. Otra parte se había quedado esperando, en aquella fuente, de aquella reluciente y tradicional feria.

—¿Novios?

Las calles a esas horas estaban desiertas acompañadas de un sutil aire que se traspasaba con facilidad por encima de la ropa que escasamente abrigaba, entre las voces que hablaban en un suspiro casi amilanando el ambiente.

—Mmh…— Changmin arrugó la nariz. –No me gusta como suena esa palabra en verdad.

—Pareja, entonces.

Esta vez Shim pareció en acuerdo, con una sonrisa espontanea en la boca.

—Tal vez, no nos molestemos por títulos, Yoochun. Luego veremos eso.

Pero Yoochun de algún modo sintió que eso no iba a pasar.

Tiempo intrínseco era lo que no poseían, y en su desespero antes de buscar solución su mente había acaparado vivir por lo menos un día, tal y como lo había imaginado.

—Changmin…

—¿Mmh?

Los ojos del menor lo atraparon. Expresivos y atentos a sus palabras.

Jugando a que no comprendía la situación, por más real que aquello fuera.

—Guarden silencio.— La voz del hombre que había aparecido del callejón era apresurada, con la capucha puesta y una pistola en la mano. Changmin de inmediato se movió, justo frente a Yoochun con sus brazos estirados. –Rápido, denme sus billeteras.

—Está bien, tranquilo…

—¡Solo denme las malditas billeteras!

Los ojos desorbitados del recién aparecido iban de un lado a otro y Yoochun pudo ver las manos de Changmin temblar ligeramente. El problema fue cuando el ruido de las patrullas alertó al ladrón y pareció alterarse de inmediato.

—¡Maldición! dame ese reloj.

Changmin tuvo complicaciones para abrirlo, y Yoochun trato de intervenir con tal de que su esperanza no moviera en ese instante. Las manos frías y rasposas del ladrón tocaron la muñeca de Changmin a medio sostener el arma, intentando arranchar como fuera el reloj de esa muñeca.

Y entre el forcejeó el arma soltó la bala que perforó el cuerpo de Changmin, cayó entre los brazos de Yoochun que amortiguado cayó al piso junto al cuerpo débil del menor que susurraba palabras extrañas mientras lo miraba. Los pasos del ladrón retumbaban ante su huida.

Estaba entre el límite de la locura y la perdición.

Como si se encontrara inmerso en un mal juego en el que su vida era el eje.

Abrazó el cuerpo de Changmin con fuerza.

El raciocinio rozando el infierno de cerca. La orbita de sus ojos perdida en el espacio entre sus manos y el fuero interno que protocolaba augurio.

Disangelio

Ese repetitivo lunes llegó.

Esta vez Yoochun lo recibió sentado sobre su cama y abrazado a sus piernas, el cabello despeinado y los ojos fijos en el suelo de la habitación. Sus manos temblaban cautelosas de lo que pudieran tocar y el celular hace mucho lo había apagado.

Temía que Changmin se apareciera, como si tratara de borrar del espacio hueco en su mente, aquel instante de poca gloria que lo aguardaba entre la cordura y la locura. Cuando el timbre de su casa sonó se acercó temeroso de observar el perfil tan conocido a sus ojos.

Esta vez no fue así.

Arrugó el entrecejo entre la penumbra que era su habitación ahora que había cerrado las ventanas y cortinas,  identificó el cabello castaño y sus ojos recorrieron ese rostro. Sus pies, instintivamente se movieron hasta la puerta principal.

—Yoochun, ¿cierto?

Lo que parecía una pregunta sabía más bien a aseveración.

Yoochun solamente no entendió por que él estaba ahí.

—Soy Lee Jinki, o puedes llamarme Onew, como gustes.— Yoochun sin embargo solo se mostró renuente. –Creo que tú y yo tenemos que hablar. Seguramente tienes muchas preguntas. Fue difícil dar contigo.

Otra vez, Yoochun frunció el ceño.

—¿Por qué estas en mi casa?

Onew esta vez sonrió débilmente. –Por que necesitas explicaciones. Este día repetitivo es funesto, ¿verdad?

Los ojos de Jinki se posaron en el suelo. Rememoraban cosas, que Yoochun desconocía.

Lentamente sus pasos le cedieron lugar al muchacho. Su presencia tranquila y amortiguada.

—¿Por qué está pasando esto?

—Por que no somos reales.

Cerrando los ojos, Yoochun suspiró. –¿Disculpa?

—El día lunes veintitrés de julio, Shim Changmin murió ante la caída de un puente, su cabeza se fracturó severamente y no pudieron salvarlo. En el proceso en el que lo llevaban al hospital una patrulla de policía que llevaba a Kim Jaejoong al tratar de esquivar a la ambulancia perdió el control y se estrelló contra una casa, dando directo en el ala de la cocina donde Kim Junsu se encontraba preparando su cena. Los tres murieron al instante y de algún modo, sus muertes están conectadas.

Yoochun trastabilló hasta la pared, sus ojos perdidos entre la incoherencia y sus manos temblorosas, repasaban las facciones de su rostro, mientras la voz de Onew se escuchaba carente de emociones, como si se hubiera aprendido la lección de memoria.

—Yo siempre… o bueno, el verdadero Onew siempre ha estado enamorado de Junsu. Por eso visitaba su tienda cada día, para poder hablar con él, para al menos en algún momento tener la oportunidad de invitarlo a salir. Pero cuando Junsu murió, todo terminó.

Los ojos de Jinki parecían perdidos.

—Alguna vez leyó sobre mundos paralelos. Aprendió sobre ello y se guió por el mantra escrito desde la antigüedad. Cambió el pasado, y por ello se creó este mundo paralelo.— Yoochun negó vehemente. Sus cabellos despeinados tapando su rostro. –Este mundo es el reflejo de lo que se cambió. Por eso es repetitivo. Por eso este lunes se repite incesantemente. Por que es aquello que fue cambiado.

—¡Ya basta!— Las manos de Yoochun se levantaron, como si perdiera fuerzas y el aire inclusive fuera escaso. —¿Fuiste tan egoísta como para hacerme vivir este infierno una y otra vez a cambio de tú tener la oportunidad de ser feliz?

Onew negó de inmediato. –No lo entiendes, no soy yo realmente. Ni siquiera tú eres el Yoochun de verdad.

—¿Qué?

Estupefacción y miedo, mezclados entre las palabras de Park.

—Nosotros solo somos un reflejo. Un pasado que ya no existe en el tiempo real. Tú no eres Yoochun, ni el Changmin de este mundo es el de verdad. Los verdaderos Yoochun y Changmin siguen el tiempo normal de vida. No son cíclicos como nosotros. Solo tienes en mente una meta, que es lo guía este día, por que más allá de los recuerdos que necesitas para hoy, no tienes nada.

—¿Estas diciendo… que…?

Los ojos de Yoochun perdieron perspectiva por un instante. —¿Estamos condenados a vivir este día una y otra vez eternamente?

—Es el precio que se tuvo que pagar por cambiar el pasado.

La respiración era ofuscada por las pulsaciones aceleradas en su pecho.

Quería llorar a pesar de que las lágrimas se habían acabado.

—¿Y por qué yo puedo darme cuenta de esto y el resto no?

—No deberías, solo debes renacer para ser igual a nosotros.

—¿Igual a ustedes?

—Vivimos este mundo sin que nos afecte. Cada despertar es como un día nuevo para nosotros y cada finalizar es el ocaso. No somos conscientes de que vivimos un mismo día una y otra vez.

Tragó duro, las palabras de Onew resonando con fuerza en su cabeza.

—Si somos sombras nada más. ¿Qué ha pasado con el Yoochun y Changmin de verdad?

—No lo sé. Siguen el curso de su vida supongo.

Quizá, en ese momento, los pasos de Yoochun fueron asertivos.

—Renacer…— Sabía lo que implicaba, morir hoy para despertar al día siguiente sin recordar la locura que lo atormentaba y lo arrastraba a la desesperación. –Viviré este día una y otra vez, pero al menos no seré consciente de ello. ¿Cierto?

Onew asintió, Yoochun ya no respiraba agitado, solo parecía advertido y perdido en sus pensamientos.

A consciencia de que la información recibida era demasiada.

“Yoochun…”

La voz de Changmin resonaba en su cabeza, como un susurro que se perdía y no aguardaba un instante a la duda de que había un poco de más de simple afecto entre líneas. El viento soplaba, casualmente siempre a las diez de la mañana era así.

El agua corría por debajo con una circulación de algún modo ligera.

Yoochun cerró los ojos, respirando hondo ante la tranquilidad que sentía en ese momento.

Hoy no había visto a Changmin y su vida carecía de sentido solo por ello.

—Si lo logro… Espero que mi vida real sea mejor que esto.

Sus labios apenas se despegaron para pronunciar un murmullo escaso ante la poca gente que había, sus brazos se estiraron horizontalmente y el viento volvió a sacudir sus cabellos, era una altura considerable. Y en algún momento, en algún segundo que su mente dejó de fracturar ideas. Su cuerpo fue vencido por la gravedad. Y cayó.

A Yoochun le gustaban los lunes.

Y este lunes más que ningún otro. Era un lunes especial, colmado de hermosas flores en los árboles, de un clima favorable. Y oh, por supuesto, no podía fallar ese espectacular y hermoso pájaro que cantaba por las mañanas muy cerca de su ventana.

Cuando abrió los ojos y se descubrió agradablemente sorprendido por el estupendo día que había, supo que era el día. El ambiente cursi pero agradable, placía retorcerse sobre la cama, estirar el cuerpo y quedarse un momento más bajo las sábanas.

Se escuchaban los pasos de su madre algo apurados subyugar, al parecer se había levantado tarde, la voz de su padre pidiéndole a ella que se apurara por que llegarían atrasados. Y Yoochun bajo las sábanas solo sonrió. Hoy comenzaban sus vacaciones, pero no era por eso que este, era su día favorito.

—¡Yoochun—ah~!— La voz de su madre se escuchó certera, con su acompañamiento sutil y agradable. –Ya nos vamos al trabajo, quedas a cargo de la casa, ten mucho cuidado.

—Nos vemos a la hora de la cena, hijo.— Y su padre, carismático pero serio, transmitiendo confianza con solo una sonrisa también habló. –Nos llamas si vas a salir o no al festival de hoy.

—Está bien…

Su voz aún estaba adormecida, apagada en algún sentido, perdida entre la comodidad de la sabana y el inherente sentido en el que se perdía su intuición, sustituida por aquello que lo hacía cerrar los ojos un poco más en el momento en que escuchó la puerta principal de su casa cerrarse.

Dos, tres, cuatro minutos. Exactos. Casi contados.

Y el teléfono sobre la mesa junto a su cama, sonó.

Remilgoso, Yoochun estiró la mano, torpe y atolondrado por el sueño que había empezado a recuperar, contestó. —¿Si?

La voz del otro lado, sin embargo, terminó por despertarlo. –¡Yoochun!— El pequeño grito alegre, más feliz por haberlo hecho seguramente saltar de la cama al estar casi dormido. –De seguro aún estas echado en  la cama ¿verdad?

Y no quiso sonar entusiasmado, mucho menos feliz o algo parecido. Demoró en contestar y por eso limpió un poco las casi inexistentes lagañas en su rostro.  –Changmin… ¿por qué eres tan molesto?— Sonrió para si mismo, por que mentir mientras el menor no estaba presente era tan fácil. –Hoy es el primer día de vacaciones, al menos hoy déjame respirar.

—Moh… el molesto aquí eres tú. Solo quería que me confirmaras lo del festival de hoy, pero si ya no quieres ir…———

—¡No!— Inconsciente, Yoochun había abierto mucho los ojos ya y estirado su mano derecha en un impulso. –Lo de hoy si va, tengo… algo muy importante que decirte.

Yoochun prefería ocultar el hecho de que le gustaba que fuera Changmin quien llamara primero.

—¿Y se puede saber por qué tanto misterio?

—Aún no.— El bufido por parte de Changmin se escuchó fuerte y claro. Incluso ‘debió haber virado los ojos’, pensó Yoochun. –Nos vemos a las seis en el puente antes de llegar al festival.

La risa fresca de Changmin se dejó escuchar.

–Wow… Llévame flores y pensaré que en verdad esto es una cita.

Yoochun se mordió la lengua, sus estúpidos impulsos a punto de preguntar: ‘¿Y que flores te gustan?’

—Bueno, nos vemos a las seis Changmin, no llegues tarde por amor a lo que sea en que creas.

—Eso es irrelevante, Yoochun. Yo siempre llego puntual. Tú eres el que llega tarde.

—¡Eso no es cierto!

Chilló cual niño inmaduro y Changmin pareció divertirse con aquello, por que en verdad, se había dado cuenta que el menor disfrutaba haciéndolo exasperar. Las mejillas de Yoochun no se colorearon como en antaño, solo sintió un calor débil deslizarse por su pecho. Le gustaba escuchar a Changmin reír así.

—Adiós, Changmin.

—Nos vemos en la noche, Chun.

Adorable costumbre que Shim había adoptado de acortar su nombre de aquella manera.

Tan loable y gratificante al mismo tiempo.

Elipsis

Tiempo Real

Cuando Changmin miró su reloj por segunda ocasión, daban las seis de la tarde con diez minutos.

Exactos e inamovibles.

Corría un vente particularmente frío y él como pocas veces había llegado puntual, incluso unos minutos antes de la hora pactada. Quizá ahora empezaba a entender a Yoochun cada que él se demoraba por algún motivo en sus encuentros.

Tenía puesta aquella chaqueta que el muchacho le hubiera regalado en su cumpleaños y a pesar de eso el frio se paseaba por su cuerpo de una manera casi escandalosa. Cuando vio al taxi parquearse justo en la calle aledaña al puente, sus ojos viajaron automáticamente y el cabello de Yoochun fue fácilmente identificable a sus ojos.

Changmin sonrió presa de las ansias que le provocaban saber aquello que Yoochun quería decirle con tantas ganas casi desde la semana pasada, levantó un poco su brazo y Yoochun sonrió abiertamente. Changmin entonces abrió la boca, dispuesto a gritar unas pocas palabras hacía el muchacho por su tardanza.

—Apresúrate, desconsiderado.

Yoochun sonrió un poco apenado. Sus pasos disminuyendo de velocidad en tanto se acercaba, la sonrisa en sus labios un poco más amplia que antes.

—Lo siento, no encontraba mi corbata.— Los dedos de Yoochun se entreveraron entre la corbata de color azul y Changmin solo rodó los ojos como si aquello dejara de importarle.

—¡Cuidado!

Los niños que pasaron corriendo tomaron por sorpresa a Changmin, pero los reflejos de Yoochun fueron mejores, sostuvieron a Shim por la cintura y lo alejaron del borde del puente. Casi de inmediato. El contacto fue corto, pero aún así Changmin se sacudió presuroso.

—No necesitabas hacer eso.— Shim se alejó un poco, el pulso acelerado y sus mejillas muy cerca de empezar a colorearse. –Pude haber esquivado a esos mocosos yo solo.

—Si, Changmin, como digas.

Yoochun sonrió, restándole importancia al asunto. Respiró hondo y recordó las palabras de Junsu. Se armó de valor antes de tomar la mano de Changmin y empezar a caminar dentro de la feria al muchacho que ahora solo se quejaba por eso, pero a pesar de todo, no se soltaba.

Se colocó la gorra sobre la cabeza una vez más.

El día agotador había culminado. Había ayudado a Yoochun con lo de su cita con Changmin y por tanto había hecho su buena obra del día. Aunque hoy solo hubiera podido ver unos segundos al muchacho de cabellos castaños.

Caminaba por las calles con esa aura tranquila y relajada, tarareando una canción que en algún debió haber escuchado. Una pequeña funda entre las manos, listo para preparar la cena de ese día, por que sinceramente no le placía ir a la feria solo.

—Oh, disculpa.

Y la voz llegó a sus oídos tan clara y precisa que supo identificarla demasiada pronto.

—No te preocupes.— Sonrió amable. El muchacho de cabellos castaños sonriendo de la misma forma. –Yo también iba distraído.

—Kim Junsu, ¿cierto?

Justo en ese momento, Junsu abrió sus ojos sorprendido.

—Lo dice tu gafete cada vez que voy a comprar a tu tienda.— Esta vez Onew estiró un poco su mano. –No había tenido antes la oportunidad. Muchos gusto soy Lee Jinki.

—Igualmente.

Junsu asintió entusiasmado, una gran sonrisa en su rostro mientras tragaba pesado. Intentando fracturar alguna buena conversación que los mantuviera juntos al menos un par de minutos antes de que el encanto terminara.

—¿Ibas para tu casa?

Junsu asintió. –Si, ayudé a un amigo y ya me retiraba.

—Oh… Yo voy para la feria, aunque no es divertido si se va solo.— La mirada de Onew se había deslizado por el camino. Junsu solo sonrió ampliamente, encontrando su oportunidad.

—Yo también pensaba ir, ¿te parece si cenamos algo en la feria y de paso vemos que hay?

Hubo un escaso silencio que fue eliminado por la estupenda sonrisa de Jinki.

—Me parece una muy buena idea.

Cerca de las ocho de la noche. Yunho sacudió la cabeza, arrepentido de estar ahí.

Era un poco ilógico seguir ahí, por más que aquello no hubiera sido concretado en realidad. Entre la gente que pasaba, reía y disfrutaba del lugar, Yunho solo odiaba la idea de estar sentado en aquella fuente, tantas horas después de la hora pactada.

—Supongo que soy muy afortunado de encontrarlo aún aquí, detective Jung.

Frente a sus ojos estuvo ese esponjoso algodón de dulce que todos parecían entusiasmados por comprar. Y justo a su lado, sentado a pocos centímetros de él, se encontraba Jaejoong, su ropa clara en comparación a la que usualmente usaba, su camisa blanca y su pantalón crema. Contrastando tanto con la suya.

Yunho sonrió. –No recuerdo haber concretado alguna cita.

—Pues entonces esto es una maravillosa coincidencia.

Jaejoong arrancó un poco del dulce, con una sonrisa en los labios. No le importaba en lo más mínimo haber decidido a última hora no participar del robo por aquella cita no confirmada. Ni que su compañero despotricara ufano sobre su falta de profesionalismo y lo amenazara con que el jefe lo echaría. En realidad, nada más importaba ahora.

Yunho a su lado lo miraba por primera vez de verdad.

Con verdadera insistencia. Como si su presencia en verdad lo desconcertara.

—¿Ya cenó detective?

—Hace casi una hora.

Jaejoong asintió. –Pues vamos por un poco de comida, he tenido un día pesado en el trabajo.

—Oh, ¿en serio?

Yunho parecía un poco irónico.

Jaejoong solo sonrió.

—Si, y en verdad creo que voy a renunciar y buscar un trabajo menor.

La afirmación de Jaejoong sonó tan bien. Que Yunho en ese preciso momento se decidió por primera vez en asentir, coincidir con Jaejoong y acceder a acompañarlo a buscar algo decente que cenar.

—Yoochun…

—¿Mmh?

Cerca del puente observando el río que circulaba debajo de ellos en aquella noche, un poco lejos de la feria, mientras todos disfrutaban. Complacido del buen día que había pasado junto a Changmin, Yoochun giró, con esa sonrisa bobalicona en los labios.

—No piensas decirlo.

El corazón de Park se aceleró. —¿El qué?

—Que te gusto, es por eso que me citaste aquí hoy, ¿no?

Los ojos de Yoochun se abrieron de par en par.

El descaro de Changmin no tenía límites.

—¡Pero que cosas dices!— Yoochun se sonrojo terriblemente por primera vez en mucho tiempo. –Será mejor que dejes de alucinar Changmin por que…

Y ahí se iban sus intentos de confesión, directo al traste de la basura por culpa del descaro en Shim y su propia impulsividad. Sin embargo, antes de que pudiera terminar de hablar, Changmin lo había agarrado por el cuello, con fuerza desde su mano. Atrayéndolo directo a su boca. Dejándolo completamente pasmado en ese instante.

—Listo.— Changmin se alejó un poco, la sonrisa puesta en sus labios. –Es así de fácil. Y sin palabrería de por medio.

Lo que ocurriría después Yoochun lo recordaría por mucho tiempo, sus propios brazos cerraron el cuerpo de Changmin junto al suyo, lo aprisionaron con fuerza en un beso que demandaba más que tiempo y confesión. Solo vivió ese beso de largo.

Aunque al día siguiente, Changmin negara haber sido quien dio el primer paso.

Día con día, Yoochun aprendió que Changmin recordaba fechas importantes, como el día en que se habían besado, y el día en el que oficialmente habían empezado a salir. Oh, si. Por que para Shim Changmin. Definitivamente no era lo mismo haberse besado, que haber empezado a salir como pareja.

Día con día, Yoochun aprendió que sentía un poco más enamorado.

Y día con día, Changmin aprendió, aunque lo admitiera pocas veces. Que haber esperado por ese día, realmente había valido la pena.

..:: FIN ::..

Bien… un poco confuso ¿no? La idea vino de un momento en mi clase de Teoria Literaria, de alli las palabras que seguramente las han dejado confusas. Pero me parecio una idea un poco rebuscada, en fin espero que haya sido de su agrado 😉

20 comentarios sobre “Ucronia

    Nicky escribió:
    30 octubre, 2012 en 16:03

    Me encantó ;__;
    Sufrí cuando moría Changmin y creí que iba a ser un final triste, pero no :’D
    Te quedó muy lindo e interesante *-*
    Me emocioné kajhakdsahdadd

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    Itayuyi Vivar escribió:
    5 diciembre, 2012 en 7:45

    OMG!! kada ke leo algo ke escribes mi vocabulario incrementa. Realmente esta historia no tiene nada ke pedirle a ningun Best Seller lo juro, es impresionante la manera ke haces ke los personajes y la historia se desarrollen incluso pierdes la noción de ke es un fanfic. Osea ni sikiera pense realmente ke eso era lo ke leía. No por el tipo de historias ke por lo regular estos desarrollan, sino porke los personajes tíenen una trama tan fuerte que te deja espectante a eso y no en si a la imágen conocida de cada uno. No se si me expliko jajaja es ke me dejaste realmente anonadad con esta historia. E insisto kada vez, haces ke me guste más el YooMin ke el YooSu y mira ke para mi eso era sagrado ^^ Muchas felicidades ahora entiendo porke ganaste tu konkurso ^^

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    Suzumi de Jaejoong escribió:
    17 febrero, 2013 en 9:58

    me encantó *o* gracias a ti aprendí a amar al yoomin la verdad el yoosu aun no me convence del todo =/
    pero no entedí pq dice que chagmin recordará siempre la fecha en la que se hicieron novios si se supone que cada día vivirán ese dia de la muerte de changmin ?? =o

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    Time_Be_Ryn escribió:
    18 julio, 2013 en 0:32

    No puedo creer que siendo una kiss couple lover, recién lo haya leído. Si, algunas palabras confusas pero el con entender el contexto fue suficiente. Realmente me encanto. Dios!! que me has hecho llorar mal T__T Me parece qui si tu idea fue muy rebuscada pero es gratificante el saber que puedo encontrar fanfics de esta calidad. Como siempre amo cada cosa que escribes. Espero ponerme al día con el montón de cosas tuyas que tengo que leer. Gracias por escribir de la manera en la que lo haces.

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    RakiJoongie escribió:
    19 diciembre, 2013 en 20:37

    Wau
    de confuso sí al principio pero con el desarrollo y descenlace de la historia todos los cabos quedan atados pues me encanto realmente eres una escritora pues sabes conjugar el tiempo, etc. realmente me encanto

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    Chunsadycta escribió:
    13 noviembre, 2014 en 18:23

    Soy tu fan lo.juuro me.encantan tus historias y esta woooooo me recordo un minidrama de ss501

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