Tintes de absolucion: capitulo 1

Posted on Actualizado enn


 

Jea

..:: 1 ::..

~ 1605 ~

Cuenta la historia, dentro de su índole respectiva, de aquella mujer de escandalosa belleza que un día apareció ante los ojos expectantes del amado Rey que hace pocos días había perdido a su esposa.

Ella apareció sublime y majestuosa, sus ojos cándidos, su andar refinado, su cabello rubio, brillante, refulgente.  Y que aquel amor, luego de una copa de vino, desapareció. Su esposa muerta quedaba en los recuerdos, y una pasión desbordante ahondaba en sus sentidos. Volcaba emociones y lo enloquecía.

Pero estaba Jea, su hermosa hija de apenas doce años que presurosa tomaba la mano de su padre, para recordarle que estaba ahí. Que existía, que era muy pronto para volver a enamorarse.

Sin embargo, su padre no era el mismo, la ignoraba. Sus ojos solo veían a Victoria, aquella mujer venida de Inglaterra que acaparó la atención de su padre y lo enloqueció, con sus sonrisas y sus gestos de sutil idiosincrasia.

—No llores, Jea.

Changmin solía acariciar su cabello, su voz baja acompasada por el leve cariño que los acompañaba desde que se hubieran conocido cuando apenas empezaban a caminar. Changmin era el hijo del duque, y como tal procuraba siempre cuidar de ella.

—Es mala.— repetía la pequeña. –Victoria me mira de una manera diferente cuando mi padre está presente, pero cuando estamos a solas, parece odiarme.— y sus sollozos caían en la noche, recostando la cabeza en las piernas del hijo del duque que repetía:

—No te preocupes, yo voy a cuidarte.

Ella cerraba los ojos y emitía el suspiro que desenvainaba en su pecho y holgaba en su ser. Su padre ya no era su padre. Solo tenía a Changmin que prometía cuidarla y estar junto a ella.

Jea no tenía a nadie más, y pronto Victoria se convirtió en su madrastra. La nueva reina, su nuevo congojo.

 

 

 

 

—¡Eres un tonta!

En ocasiones, el bello rostro de Victoria se transformaba y mostraba un dureza impresionante que hacía que Jea se encogiera en su lugar y bajara la mirada. Presta y temerosa de que en algún momento la reina le mandara mano.

Pero no, Victoria no era tan confiada.

No dejaría marcas en el blanco rostro de la niña.

Por que el Rey podía estar anonadado con su belleza, pero jamás soportaría la osadía de que golpeara a su heredera. Victoria, solo sucumbía en gritos y miraba de mala manera a la muchacha, su piel blanca y su cabello negro. Sus labios rojos y gruesos.

Su belleza… La hacía odiarla con más efervescencia.

—¡Vete de aquí, Jea!— gritaba eufórica. –Solo eres un estorbo.— Y entonces le daba la espalda, por que aquella niña no podía destruirla, no podía eliminarla. Y esa belleza abrumadora la acosaba. Hasta el punto de cerrar los ojos, bajar los escalones, y encerrarse en aquella habitación cuidadosamente diseñada.

En esos momentos a solas, Victoria quitaba la tela negra de seda que cubría el enorme espejo sobre la pared, contemplaba su majestuosidad y el oro invaluable que en marcaba al mismo.

Su voz salía en su susurro. –Espejo en la pared.— Y sus pasos clamaban ansiedad. –Dime tú, y solo tú. ¿Quién es la persona más hermosa de este lugar?

Y los nubarrones aparecían, el oro parecía disolverse de a poco, se echaba al suelo y Victoria solo retrocedía ante su presencia. El oro formaba una figura extraña, luego asemejaba curvas y figura humana. Y apenas el ser empezaba a ser visible Victoria resurgía.

—Tú mi amada, reina.— El espejo, el oro, se habían transformado en su exacto reflejo, como si otra Victoria apareciera ante sus ojos y se inclinara ante su belleza. –No hay ser más hermoso en este reino que tú.

Victoria se calmaba entonces, sonreía y agradecía.

Su arrogancia estaba a salvo por unos días más,  mientras no contemplara a Jea y su abrumadora belleza que a ella le gustaría opacar con una cicatriz en la cara.

 

 

 

 

—¡El rey ha muerto!— el grito fue escandaloso, el sirviente corría con sus piernas temblorosas, el rostro desencajado y la desesperación en cada una de sus facciones.  Y repetía una y otra vez. –¡El rey ha muerto! ¡El rey ha muerto!

Con la bata puesta Jea corrió por los pasillos, no amanecía todavía cuando el castillo entero sucumbió ante la noticia, sus pies delicados llegaron hasta los aposentos y lo único que alcanzo a ver fue la mano de su padre, grande y masculina que caía por uno de los extremos de la cama.

Los fuertes brazos que apresaron su cintura la hicieron gritar con rabia.

—¡No!— Sus ojos se llenaron de lagrimas, vertiginosas que caían sin control ante lo que le esperaba. –¡Suélteme!— Y su rebeldía hizo aparición, mordió con fuerza la mano de aquel que la había agarrado por la cintura, y corrió, lo más rápido que pudo.

Fuera todo era una locura, gente de otro lugar había ingresado al reino, mataban, raptaban, se apoderaban del lugar, no veía nada en especial, ni siquiera a Changmin y su largo cabello negro se sacudía a cada momento que giraba la cabeza de un lado a otro.

—¡Jea!

Su voz fue como un grito de salvación, Changmin iba en un caballo atrás de su padre, seguramente presto de huir de aquella locura. Su mano se estiró hacía ella, y el duque pareció notarlo.

—¡Alphonse, ve por la princesa!

El grito del duque sonó como orden y el hombre rubio asintió de inmediato, agarró a Jea por la cintura y la subió junto a él en el caballo. La alevosía irradiaba en ella, sería libre. Estaría con Changmin, las lágrimas salían. Y una flecha pasaba tan cerca de su rostro que su cuerpo entero se congelo.

—¡Agh—!

Fue un sonido ahogado en medio de la matanza que ocurría a su alrededor. El jinete detrás de ella cayó entre el lodo y Jea no pudo sostenerse en el caballo, su bata blanca se enlodo por completo. Pero ella no se amilanó, corrió lo que pudo, gritó lo que pudo, antes de que las rejas bajaran y ella quedara prisionera.

—¡Changmin, no me dejes!— Su grito fulminante, aferrada a las rejas que ahora la separaban del muchacho de cabellos largos que la miraba con aprensión, queriendo bajar del caballo, aunque su padre lo afianzara sobre la montura. —¡Por favor, no me dejes!

—¡Padre, debemos volver! ¡La princesa se ha quedado adentro!

Pudo ver la mirada del duque, preocupado, contrariado. Pero las fechas comenzaron a caer sobre ellos, y el duque parecía presuroso por salvar la vida de su único hijo, vio los labios del hombre moverse. Susurrar un ‘Lo siento’ y girar con el caballo a toda velocidad, lejos de ella, lejos del reino.

—¡NO!

Y las fuertes manos de un soldado la agarraron, grito desesperada. Llena de terror. Pavor de lo que Victoria pudiera hacer con ella. Anheló y gritó el nombre de Changmin por tantos años. Tantos que un día dejaron de escucharse en aquel calabozo en el que fue encerrada, Changmin no volvió. Y un par de años después descubrió, que la razón fue, por que se corrió la certeza, de que la princesa y el Rey aquella noche habían encontrado la muerte.

 

 

 

 

Las mujeres hermosas desfilaban antes sus ojos, cada mes era una muchacha más hermosa, más joven, más reluciente. Y siempre era lo mismo, volvían con el peso de los años sobre sus hombros, el cabello lleno de canas y pocas ganas por la vida.

Jea sabía que la reina consumía su juventud para seguir hermosa, para seguir viva.

Se retorcía del miedo al pensar que aquello sucedía y que ella no podía hacer nada, no había visto la luz en tanto tiempo. Apenas veía por la pequeña rendija aquellos pájaros que sobrevolaban de vez en cuando y su pequeño mundo se limitaba a eso.

Un día, de algún mes, de algún año, las rejas de su cárcel se abrieron. Jea retrocedió asustada, su largo cabello alborotado, y a pesar de todo hermoso, tocó el suelo cuando ella cayó sentada ante la impresión de ver a Victoria ahí.

—Que horrible te ves, Jea. Los años han hecho mella en ti.

La voz de Victoria era arrogante, el odio plasmado en cada letra.

—Mira tu cabello, ¡es un desperdicio que esté así de largo!

—¡Ahh!

Su grito de dolor hizo que Victoria sonriera, pero ella siguió agarrando a Jea por el cabello, con fuerza levantando su espeso cabello y apretando de él mientras las tijeras que había llevado en la mano cortaban cada hebra.

—¡No!— Jea se sacudía repleta de lágrimas, sus gritos inundando el lugar. —¡No! ¡Déjame!— La risa de Victoria en cambio sepultaba el clamor de piedad. Y Jea con poca fuerza se sacudía, pero Victoria no se detuvo, hasta que el cabello negro quedó a la altura de los hombros y el rostro triste de Jea, tapado por sus propias manos, de rodillas en el piso fue lo único que contemplo.

Satisfecha abandonó el calabozo aquel, que era más lindo llamar cárcel. Miró a la muchacha una última vez. Y sonrió aún más. Complacida. Airosa.

 

 

 

 

Los pasos sonaban como  cada vez, lentos, precisos, elegantes.

Victoria tenía ese andar al caminar. Tenía una sonrisa en el rostro. Este día Jea cumplía dieciocho, y entonces podría apoderarse de su corazón. Ese corazón que le daría vida eterna.

Y que por sobre todas las cosas, la eliminaría como competencia entre su belleza.

Fue el mismo procedimiento de cada ocasión, su mano fina levantaba la tele negra de seda,  y el incomparable espejo quedaba ante sus ojos, expuesto. —Espejo en la pared, dime tú y solo tú.— Le gustaba saborear la victoria, observar el oro en el que su belleza se reflejaba. —¿Quién es la persona más hermosa de este lugar?

Como en cada ocasión, el oro se deslizó por el piso, pero en esta ocasión fue distinto, las curvas no eran las suyas, el rostro no era el suyo y el cabello en el que se estaba transformando el espejo no era rubio, no era largo. Era negro y corto, a la altura del hombro.

—Lamento decirte mi amada reina–

—¡NO!— Victoria gritó y su garganta ardió ante la exposición de su frenética locura. —¡No es posible!

El cuerpo en el que el oro se había transformado mostró una sonrisa verás y concreta. –Es Jea, la mujer que hoy ha alcanzado su adultez. Quien lleva sobre si, el titulo de la persona más hermosa en este reino.

—¡NO!

Y el grito de odio, desesperación y premura se escuchó otra vez.

 

 

 

 

Victoria siempre supo que no debía confiar en la gente.

Que todos eran unos inútiles, cuando mandó a aquel cazador a atrapar a Jea cuando esta escapó y el hombre en vez de traerle el corazón de la muchacha, le trajo el de algún animal. Su rabia creció y  mandó a decapitarlo. Le había mentido, la había engañado.

La gente debía saber que con ella no se jugaba.

Supo en ese momento que tanto Changmin como Jea se habían encontrado. Que estaban enamorados, que el amor fluía entre ellos tan fuerte, como el deseo de ella por tener el corazón de Jea y así poseer la belleza eterna.

Por eso le dio la manzana envenenada, ocupando la belleza de aquel muchacho hijo del duque que ahora la acompañaba, pero aquello tampoco funcionó. El beso de Changmin la había despertado y ahora la muy insulsa se la había arreglado con aquellos enanos y otros aliados para introducirse en su castillo y tratar de vencerla.

Abajo la gente moría y luchaba, algunos por ideales, muchos otros por temor a la reina. Pero la muerte existía y Victoria contemplaba desde aquel ventanal como la vida se extinguía ante sus ojos. Ella envejecía. Jea tenía que agradecerle, por que cuando la matara, no conocería el horror de envejecer y que la juventud se escape entre las manos.

—¡Victoria!

Las puertas fueron abiertas, Jea respiraba agitada, con una espada en mano y la mirada determinada a matarla. Pero Victoria apenas giró con esa sonrisa en el rostro. Había estado esperando por ella. Finalmente, Jea había ido hasta ella.

—Eres una pequeña tonta.— Cazadoramente los pasos de Victoria se deslizaron, los de Jea en cambio trataban de ser seguros. Había reunido a la gente suficiente como para hacerle frente al ejército de la reina. –Jea, solo has venido a morir.

El corazón joven de Jea latía acelerado, pronto los pasos se escucharon,  y tras de ella venían otros más a servirle de apoyo, a luchar con ella, para ella y por ella. La querían como reina, querían a Victoria muerta.

—Ya se acabó Victoria, todo esto que has hecho se acaba hoy.

Jea había levantado la espada con fuerza y sin embargo Victoria era demandante, fuerte, aguerrida. Guerreros hechos de un vidrio negro hicieron aparición, producto de esa magia negra que la protegía.

Sus guerreros peleaban, morían, lo hacían por ella. Y Jea cada momento que pasaba se sentía más débil. Victoria la había agarrado por la barbilla, la espada demasiado lejos como para alcanzarla.

—Mira, Jea.—  La voz de Victoria era seseante. –Mira lo que has hecho.— Las manos de Victoria se hundían en su mandíbula, y frente a ella veía a sus guerreros caer ensangrentados en el piso. –Solo los has traído a morir.

Jea palpó la desesperación de primera mano, cuando vio el cuerpo de Changmin caer, los vidrios atravesando su cuerpo, la sangre en manos del mismo al comprobar la herida, caía de rodillas al suelo.

Pero ella no tuvo fuerza ni para gritar su nombre, solo vio el cuerpo de Changmin caer por completo y las lágrimas en su rostro cayeron presurosas y sin detenimiento.

—Tenías razón Jea.— La voz de la reina sonaba en su oído. –Hoy todo se ha terminado.

Antes que dolor, agonía o sufrimiento. Jea solo sintió aquella daga contra su pecho y la risa enloquecida de Victoria, sus ojos abiertos por completo y la voz perdida ante su guerra que había terminado en tragedia.

Lloró por sus amigos, sus guerreros, su Changmin.

Por todos aquellos que había traído a la muerte. Por esa guerra inútil que desde el principio la tuvo perdida.

Sus ojos apenas se cerraron y ni un sonido salió de su garganta. Lo último que vio fue a Victoria reír todavía más fuerte. Enardecida ante el hecho de haber ganado. Y que ni todo lo bueno y puro de ese reino, hubieran podido contra ella.

Ante esa inmortalidad, que premiaba a segundos  de conseguirla.

Jea solo apretó el dije en su cuello, aquel que uno de los enanos le había regalado. Igual a uno que Changmin también portaba. ‘Es mágico’ le había dicho y Jea sintió el último despojo de aire abandonando sus pulmones, dejando su cuerpo. Escarneciendo su alma.

..:: Fin Capitulo Uno ::..

 

 

 

Bueno, sé que esta parte puede ser verdaderamente confusa, por que Jaejoong de alguna manera brilla por su ausencia, pero en el próximo capitulo, que evidentemente será más extenso que este, podrán asociar ideas y darse cuenta de lo que realmente está pasando.

Más que un primer capitulo, yo diría que es un capitulo introductorio. Como verán está´tomando en cuenta como base el cuento de Blanca Nieves, y en parte de una película que no disfrute demasiado pero que me generó la idea para este fic, Blanca Nieves y el cazador, y más bien fue por el asunto en el que se confrotaron en una batalla y yo dije ?y qué pasaría si Blanca Nieves muriera y la reina consiguiera la belleza eterna?

 

Pues con orgullo, aquí está xD

El fic se desarrollará en la época actual, y trabajaré mucho, muchisimo con la reencarnación y esas cosas, magia de alguna manera por que después de todo es mi “excusa” para lo inverosímil que ocurrirá en la historia. Y no trabajaré con los nombres de la historia original, como Blanca Nieves o cosas así me resulta un poco extraño xD

Bueno espero que les haya gustado, y que a la próxima se aclaren mucho más sus dudas. Un saludo y gracias por acompañarme en esta nueva aventura. 😉

Anuncios

8 comentarios sobre “Tintes de absolucion: capitulo 1

    Chunsadycta escribió:
    20 diciembre, 2015 en 13:00

    Woooooraleeeee esto si que es diferente y pues nadaaa. Me encanto esta idea tuya de ¿Y qué si el bueno no gana? La idea de ChangMin Muerto no me agrado mucho😢 porque no hay narración de su idilico amor con Jea 😢 francamente me quede con ganitas de eso😜 . Pero Jae versión fenenina en una Jea Blancanievesca es genial, ahora si que Ni mandado ha hacer jejej el papel le va perfecto. Muy bien como siempre¡¡¡ Interesante esta idea tuya de reencarnar personajes Gracias.😉

    Me gusta

☆ Por que mi único sueldo, son sus bellos comentarios ↓ ツ

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s