Precedentes : séptimo sintoma

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Precedentes de una Adicción no Controlada

No es tan malo como parece

Séptimo Síntoma

 

 

 

Daiki sabía muchas cosas sobre como ser un buen amante.

 

La forma en que debía mover sus manos, dónde tocar, cómo hacerlo, que decir y cómo decirlo. Sabía tantas cosas que en su corta edad era un poco difícil aceptarlo, pero le gustaba saberse bueno en lo que hacía, y definitivamente estar sobre las piernas de Inoo, con él gimiendo cada que besaba el lóbulo en su oreja eso, era algo que verdaderamente le encantaba.

 

No estaba muy seguro de cómo se habían desencadenado las cosas ni mucho menos como terminarían, pero había descubierto que le gustaba pasar esos ratos con él, en un silencio cómodo, en la pequeña habitación de Daiki mientras las manos de Kei de vez en cuando se colaban bajo su camisa y los labios hinchados se cansaban de tanto besar.

 

Pero a Daiki le gustaba besar a Inoo.

Le gustaba su aroma, su cuerpo, sus manos, su voz, su sonrisa.

 

Daiki estaba empezando a hacer una lista preocupante de todas las cosas que le gustaban de Inoo Kei, casi como si fuera una de sus eternas enamoradas y él tan burdo como para caer ante los pies de aquel sujeto que simplemente lo estaba usando como una distracción momentánea.

 

—Daiki tenemos clases.

 

Inoo intentó alejarlo, con las manos sobre su pecho y tratando de perder el contacto con sus labios, pero Arioka solo sonrió divertido, podía ver la inseguridad plasmada en esos ojos. Inoo no quería irse, no todavía.

 

—Es en serio Daiki, no me mires así.

—¿Así cómo?

 

Las caderas de Daiki se movieron sutilmente sobre Inoo y al mayor no le quedó más que cerrar los ojos fuertemente, sentía las manos de Daiki alrededor de sus hombros y su rostro nuevamente demasiado cerca.

 

—¿En serio quieres que salgamos ahora?

 

Resultaba que la voz de Daiki, cuando la modulaba a su antojo era verdaderamente masculina, grave en un sentido desconocido cuando sus narices se rozaban e Inoo descubría que ese era un aliciente para terminar haciendo lo que Arioka quisiera.

 

—Daiki…

 

Susurró tan cerca, entre sus rostros y el aliento que se perdía, aún más cuando esos dedos fríos de Daiki estuvieron jugando con el borde de su camisa hasta finalmente dejarlo sin ella. Había ocasiones en las que Inoo se sentía tan desprotegido frente a Daiki que  no le quedaba más que la resignación, luego luchaba por entender que las cosas no deberían ser así ni consagrarse enteramente a un movimiento de su cuerpo.

 

Pero cuando Inoo analizaba las cosas, sus manos ya se habían movido solas y también levantaban la camisa de Arioka, lo despojaba de ella y sentía su piel. Esa piel de repente tan fría de Daiki que le placía abrazarse a él para brindarle un poco de calor. Pero se encontraba de nuevo con sus labios, con esa pasión que lo caracterizaba y lo confundía.

 

Inoo quería brindarle un poco de calidez, pero Daiki lo besaba y él olvidaba lo demás.

Como si fuera un imán eterno que no podía dejar completamente de lado.

 

 

 

 

Yaotome Hikaru es un buen amigo, de esos que se preocupan mucho y tratan de animarte en los momentos difíciles. Es un buen amigo que calma los dolores y procura que el mundo no te dañe o al menos que no te toque cuando más débil te encuentras, Yaotome Hikaru es de esos tipos con tanta empatía y sonrisas amables que encapsulan a cualquiera en un vórtice de necesidad del que uno no es consciente hasta que el momento de su ausencia llega.

 

Pero hoy Yaotome está firmemente preocupado, Keito se ha mantenido callado durante todo el desayuno y mastica su manzana con molestia, tiene el entrecejo arrugado mientras murmura un par de cosas que no llega hasta los oídos de Hikaru y eso en definitiva lo tiene preocupado.

 

Keito es un tipo demasiado parsimonioso y pragmático, verlo enojado no es usual y mucho menos de algo que sucedió el día anterior y aún hasta ahora haga mella en el carácter de Okamoto. Sabe que ha ido a ayudar a su madre con alguna campaña y sabe por supuesto lo mucho que le molesta hacer esas cosas a Keito, pero está más que seguro que no es eso lo que lo mantiene en ese estado.

 

—Keito…— Lo llamó y su amigo apenas pronunció algo inentendible mientras deslizaba su mirada hacía él con la manzana a medio comer todavía en las manos —¿Todo bien?

—Más o menos, en serio Hikaru no quiero hablar de eso.

 

Y lo que más le preocupaba a Hikaru era precisamente eso, su renuencia a querer hablarle en ese instante, los dos siempre hablaban, de todo. Eran amigos, mejores amigos. No había secreto entre ellos y ahora parecía que Keito los tenía. Su mirada estaba ensombrecida. En realidad, Okamoto parecía más bien dominado por alguna emoción extraña más que por el enojo, y Hikaru sentía que no podía ayudarlo demasiado.

 

Las risas de un grupito en las mesas logró llamar la atención de ambos, Nakajima Yuto reía abiertamente junto a Takaki y Yabu, a muchas mesas de distancia de ellos, pero eso pareció bastar para que Keito soltara la manzana y acentuará todavía más su expresión molesta, su ceño fruncido.

 

—Creo que se me quitó el apetito.

—Pero…

 

No tuvo tiempo de detenerlo o al menos agarrarlo por el brazo, siquiera pedirle que lo esperara. Keito se había movido tan rápido que cuando Hikaru pudo girar hacía él, Keito ya se encontraba abandonando el comedor, con sus pasos firmes y una mano pasando por entre su cabello. Algo lo estaba angustiando, algo que Hikaru no podía adivinar, pero quizá si averiguar. Regresó su mirada a Nakajima su sonrisa tonta mientras hablaba con sus amigos y sus ademanes constantes.

 

Algo en ese muchacho no le terminaba de agradar, y Hikaru sabía que entre ellas estaba el hecho de que parecía posar su atención constantemente en Keito.

 

 

 

 

—¿Otra vez falta Inoo a clases?

 

Kota lo comentó como algo relevante, observando el espacio vacío junto a la ventana mientras Yuya parecía prestar atención a lo que el profesor de química quería explicarles desde la pizarra.

 

—¿No debería preocuparte más, que Daiki no halla llegado?

—Daiki falta regularmente— Analizó Yabu luego de soltar un suspiro y masajear un poco su sien –No conozco mucho a Inoo pero sé que no es de faltar a clases.

 

—A lo mejor está enfermo.

—Pues últimamente falta los mismos días que lo hace Daiki.

 

Yuya recién pareció captar lo que Kota intentaba decirle desde hace un buen rato, miró de soslayo al muchacho a su lado y este parecía entretenido con masajear su sien, presa al parecer de un fuerte dolor de cabeza. —¿Estás insinuando que…?

 

—No lo sé Yuya, solo sé que este dolor de cabeza me está matando.

—¿No dormiste bien anoche?

 

Kota negó levemente, entre todas las tonterías que sucedían con Ryutaro al cual a propósito no había visto desde el día anterior, y luego con la manipulación certera de Shintaro, la cabeza de Yabu daba vueltas tantas veces, como un torbellino inestable que había terminado en ese dolor molesto y agudo.

 

—¿Por qué no pides permiso y vas a descansar?

 

Takaki siempre había sido muy cuidadoso con él, su tono de voz preocupado lo hizo sonreír ligeramente, pensar que hubiera sido bueno que al menos se hubieran aprendido a querer bien entre ambos y que ni Chinen ni Morimoto entraran en sus vidas hubiera sido lo mejor. Yabu a veces creía firmemente que lo mejor para ambos era permanecer juntos lejos de lo que pudiera hacerles daño, pero luego veía a Ryutaro y esa necesidad de él iba en aumento.

 

No podía terminar de identificar si era el recuerdo de Shintaro lo que lo hacía fijarse más en el muchacho o simplemente la esencia total de Ryutaro que lo atraía de una manera en la que no creyó posible, por que bueno, después de todo era Shintaro quien le atraía en sobre manera.

 

—Kota.

 

La voz de Yuya de pronto se escuchó tan lejana, tan etérea.

 

—¡Kota!

 

Luego de eso, todo fue oscuridad.

 

 

 

 

Ryutaro había tenido un pésimo día, de esos en los que placía volver el tiempo hacía atrás para ni siquiera levantarse de la cama. Entre deberes, Shintaro, Yuma y Yabu. Todo agolpado en su cabeza, sin contar con las lecciones y lo abrumado que se sentía. Había rogado tanto porque las clases se terminaran ese día, que cuando por fin se encontró saliendo de su última clase solo sintió paz.

 

Los estudiantes deambulaban de un lado a otro, entre planes y pretensiones que Ryutaro había reducido a pasarla durmiendo ese día, por que después de todo no se sentía muy bien que digamos, incluso parecía tener un poco de fiebre. Así que mientras el resto hacía planes, él se dedicaba a pensar en su almohada y recostarse un rato aprovechando el hecho provechoso de no haberse cruzado con Yabu en lo que iba del día.

 

—¿Escuchaste?— Las voces de las estudiantes detrás de él eran lo suficientemente claras, pero Ryutaro solo se abrazó un poco más a los libros que llevaba y suspiró –Dicen que Kota sufrió un accidente durante una de las clases. Que está muy delicado de salud.

 

Ryutaro por un instante se detuvo haciendo que las chicas detrás de él chocaran con su cuerpo y chillaran un poco.

 

—Oh, Shintaro. Discúlpanos— Ese nombre, sino fuera estrictamente necesario, él preferiría no escucharlo –Pero ¿por qué te detuviste así?

—Es que de pronto recordé algo.

 

—Últimamente actúas muy extraño Shintaro.

—Es que me siento un poco mal, nos vemos luego.

 

Apenas se despidió, caminando en dirección hacía donde se encontraba, con pasos lentos y escurridizos entre las demás personas que por ahí andaban. Luego simplemente se detuvo, ¿por qué tenía que él ir a buscar a Kota y lo que le estuviera sucediendo?

 

Sacudió su cabeza con fuerza, Kota era un ente aislado que carecía de sentido e influencia, él no tenía por que buscarlo, mucho menos cuando había unido fuerzas con el idiota de su hermano ahora que él se sentía más desprotegido que antes.

 

Cuando llegó a su habitación, la fiebre se instaló por completo en su cuerpo y solo pudo echarse en la cama y arroparse poco. Con un suspiro de sus labios, que afloró con un halo cálido que lo hizo cerrar los ojos mientras se aferraba a la manta sobre su cuerpo y se encogía en el pequeño lugar de la cama que ocupaba.

 

—…Yuma.

 

Si lo recordaba lo suficiente volvía a extrañarlo, la soledad que había ido desapareciendo gracias a él y que ahora volvía a instalarse en su ser con eficiencia. Le dolía vagamente el estómago y también había empezado un dolor de cabeza que lo mareaba y lo hacía sumirse en el más profundo de los sueños.

 

 

 

 

Fue durante el pequeño receso que tuvo, un momento exacto en medio de espacios vacíos cuando Yuto, con un par de libros entre las manos caminó por el pasillo que lo llevaba hasta su casillero, dispuesto a guardar esos libros que por el momento no le servían para nada y que lo absorbían el buen tiempo que el podría ocupar en otras cosas.

 

Caminaba tranquilo,  con sus pensamientos volando en la próxima lección de física que tendrían y a la cual él no tenía la menor idea de cómo afrontar, fue en ese instante cuando pensaba en alguno de sus viejos amantes y que estuviera en tercer año, cualquiera que fuera con tal de que lo pudiera ayudar con ese montón de fórmulas que no sabía cuando aplicar, que Hikaru Yaotome se posó ante sus ojos, con una mirada firme y descarada.

 

El muchacho no escondía lo poco que le gustaba tener que cruzar palabras con él, pero al mismo tiempo parecía dispuesto a hablar por horas si eso fuese necesario. Yuto los vinculó de inmediato, con una sonrisa aventurera en los labios y un suspiro mientras ajustaba mejor los libros a sus brazos.

 

—¿Qué sucede Yaotome?

—No sé por que estoy preguntándote esto, pero sé que tienes algo que ver— Empezó Hikaru con su mirada un poco ida y una exhalación que supo más bien a resignación —¿Sabes qué le pasa a Keito?

 

Yuto respiró hondo.

Explicaciones que odiaba tener que dar y mucho más cuando las exigían.

Aunque bueno, Yaotome estaba siendo amable.

 

—No sé a qué te refieres. Okamoto es tú amigo, no mío.

—Pero él parece molesto contigo. Y sé que coincidieron en esa campaña de la mamá de Keito.

 

Keito. Keito. Keito.

Yuto empezaba a odiar esa confianza que emanaba de la boca de Yaotome, con tanta calidez  y fraternidad que lo hacía fruncir el ceño y cambiar su estado de ánimo.

 

—Pues pregúntaselo a él ¿no crees?— Sonrió levemente, moviendo un poco la cabeza para que ese mechón de cabello que lo molestaba se moviera –Yo tengo cosas importantes que hacer.

 

Caminó con paso ligeramente rápido. No huía, solo quería dejar de sentirse tan terriblemente molesto por esa presencia de Hikaru que más bien evocaba una confianza extrema, de una amistad que le provocaba nauseas, él no poseía amigos así, o quizá lo que no tenía era una amistad tan afianzada como la de esos dos, así que fue en ese momento que Yuto se percató, de que si él algún día se encontraba mal, no tendría quien fuera a tragarse el orgullo por él y tratar de averiguar lo que pasaba.

 

Se sintió solo, devastado y odiando con más fervor a Okamoto Keito.

¿Por qué el tenía que poseer todo lo que a él le hacía falta? ¿Por qué alguien tan presuntuoso y arrogante como Okamoto, podía tener cosas tan importantes?

 

 

 

 

Habían tantas personas fuera de la enfermería que Takaki solo pudo pensar que eso solo lograba que la fiebre de Yabu solo emporara, era una cantidad de chicas pidiendo ingresar en la enfermería par verlo, y Yuya solo podía sentir pena por su amigo, seguramente por el ruido no podría dormir, mucho menos descansar. Tenía pensado sacarlo de ahí, pero era muy difícil con la estricta enfermera y el montón de gente que había fuera.

 

—Es sorprendente lo popular que es tu amigo.

 

Yuri estaba apostado en uno de los pilares, casi al final de la enfermería cuando Takaki pasó a su lado y la voz del menor logró detener sus pasos, trayéndolo de regreso al mundo, como si sus pasos hubieran caminado sin dirección durante un minuto.

 

—¿Qué haces aquí?

—¿No puedo venir a ver a mi jefe de dormitorio?

 

Takaki estaba cansado, preocupado y sin muchos ánimos de soportar el cambio constante de humor de alguien como Chinen que justo para ese rato solo le provocaba un profundo dolor de cabeza. Como si la enfermedad de Yabu hubiera llegado hasta él y todo lo demás le provocara fastidio.

 

—¿Necesitas algo?

 

Yuri entonces había arrugado el entrecejo, descruzado sus brazos y caminado hasta él como si las indiferentes palabras de Yuya fueran casi una ofensa.

 

—¿Te estás burlando de mi? ¿O es tu plan retorcido para hacerme enojar?

—Mira Chinen, créeme que no tengo ánimos de lidiar contigo. Vete a jugar con Yamada.

 

Las emociones de Chinen variaban mucho en ese instante, por un lado estaba ese jueguito de ir y venir que se había instalado entre ambos desde hace un tiempo, y por otro el enojo que le causaba el hecho de que ahora Takaki parecía más que dispuesto a dejarlo de lado.

 

—Yamada y yo no jugamos, estamos saliendo.

—Entonces ¿qué haces buscándome?

 

Yuri mordió su labio inferior, tenía el orgullo herido y el ceño fruncido, los puños apretados de una manera en que sus pequeñas uñas fácilmente se clavaban en las palmas de sus manos y su mirada hacía el  mayor no podía ser de ninguna manera alentadora.

 

—Eres un imbécil…

 

La necesidad de él colapsó cuando Chinen parecía dispuesto a marcharse, Takaki ni siquiera pensó bien las cosas cuando lo agarró por el brazo en un intento furtivo por gritarle un par de cosas que le vendrían bien dichas a la cara, pero finalmente su boca rozó en la necesidad de tocar la contraria.

 

Y su cuerpo se pegó al de él, subsanó heridas cómo siempre lo hacía, olvidaba sus otros sentidos para ahogarse en los labios de Yuri y esa extraña sensación de llenura que lo abarcaba cuando estaba cerca de él y Chinen de pronto parecía perder todo ese orgullo y toda esa confianza, por que se volvía débil entre sus brazos. Olvidaba y se aferraba.

 

Takaki a veces pensaba que ambos eran dos personas completamente diferentes cuando se besaban.

Parecía que ambos querían huir de algo y solo cuando estaban juntos hallaban la manera.

 

—Tú también lo eres Chinen— Habló cerca de su boca, tan cerca que el aliento de ambos esparcía un calor amortiguado entre sus rostros y la distancia –Ambos lo somos en realidad.

 

Pronto Chinen se había soltado, confundido y aturdido por ese mar de emociones que habían sido despertadas de repente, que habían sido acrecentadas con la noticia de que Yabu y Yuya en algún momento tuvieron una relación y que lo hicieron sentirse desplazado, temeroso.

 

Solo caminó por el pasillo hacía la salida del pequeño edificio, con una mano por su cabello, aumentando el paso cada que se alejaba y necesitaba a cada momento más y más de esa distancia que luego le afectaba, y lo hacía correr de regreso a Takaki como un imán adverso e infinito.

 

 

 

 

—¿Hikaru?

 

A Ryosuke le había parecido que la silueta de Hikaru había pasado cerca de él, no le gustaban las clases extracurriculares y había encontrado en esa llamativa silueta la excusa perfecta para salir del salón al que empezaba a entrar junto con los demás estudiantes.

 

Yaotome caminaba a un paso algo apresurado, con el rostro un poco molesto o confundido, Ryosuke a esa distancia no podía distinguirlo muy bien y ni si quiera entendía por que de pronto eso le preocupaba o por qué estaba caminando tras de él, como si fueran amigos.

 

—¡Hikaru!

—Oh, hola Ryosuke.

 

Detuvo sus pasos en cuanto se encontró con el rostro desanimado del mayor que había suspirado cansado y para Ryosuke no fue difícil unir ese estado de ánimo con algo que seguramente le sucedía con Okamoto. Yamada no pudo entender muchas cosas en ese instante, quizá por que Hikaru le preocupaba más de lo normal.

 

—¿Todo bien?

—No en realidad— Admitió Hikaru, con una sonrisa pequeña que pretendía calmar un poco lo tenso de la situación –Solo estoy un poco preocupado, nada grave.

 

Ryosuke nunca había sido una persona de amabilidades, había algo en ese muchacho que lo llamaba y simplemente lo hacía caminar sin que él se diera cuenta que lo estaba haciendo.

 

—¿Y te puedo ayudar en algo?

—No lo creo— Hikaru suspiró de nuevo, rascando su nuca y pareciendo más bien desconcentrado –Pero muchas gracias, Ryosuke. Nos vemos más tarde, tengo que ir a hablar con Keito.

 

Y a medida que Hikaru se alejaba, Ryosuke entendía menos de ese anclaje que el muchacho había colocado en su vida sin percatarse de ello. Es como si Hikaru estuviera eternamente dedicado a una persona, y esa persona fuera Keito. Ryosuke todavía no podía entender esa motivación ni esa amistad tan fuerte, que empezaba a sospechar era algo más, al menos por parte de Yaotome.

 

Su mente dejó de pensar en él en ese instante cuando el celular en su bolsillo vibró y él empezó a luchar por sacarlo de ahí lo antes posible.

 

—Dime mamá— Su contestación parca había enojado a la mujer que seguramente ya se encontraba con los ánimos elevados  y que le había hecho cambiar de oído el celular.

—¿Qué te sucede ahora para que me hables de esa manera, Ryosuke?

 

—Lo siento mamá, es que no he tenido un buen día— Caminó un poco entre los pasillos con su mirada perdida y la voz dulce de su madre del otro lado del teléfono —¿Sucede algo?

Si, necesito que estés listo y bien vestido para las sietes de la noche. Iré a recogerte para salir a cenar esta noche.

 

Ryosuke no era de ningún modo ingenuo y sabía que la bella mujer seguramente tenía algo entre planes.

 

—¿En serio? ¿Y a qué se debe la ocasión especial?

Eso será sorpresa, no lo olvides siete en puntos. Nos vemos hasta esa hora, cuídate mucho amor.

 

La mente de Ryosuke aún podía viajar a ese sujeto que era el novio de su madre. El padre de Takaki que de ningún modo podía ser alguien merecedor siquiera de una mirada de su madre, pero que al parecer ella no pensaba lo mismo, apretó el celular con fuerza y prefirió ir a encerrarse a su habitación. Molesto y abrumado con lo mal que le había ido en ese día.

 

 

 

 

Lo primero que sintió cuando fue medianamente consciente de lo que sucedía a su alrededor, fue una calidez cómoda, se sentía complacido con el poco frío que hacía, y con la delgada sábana que abrigaba su cuerpo, se movió apenas para a la izquierda, acurrucado como se encontraba, con los cabellos cayendo por su frente y una serenidad que apenas había alcanzado con el pasar de los minutos.

 

Sin embargo casi de inmediato pudo sentir el peso de otro cuerpo a su lado, tumbado junto a él en la cama de su habitación sin que él lo hubiera percibido antes. Sin embargo Ryutaro estaba tan cansado, tan débil, que apenas levantó la mirada y frunció el ceño al identificar el perfil fino de Yabu, su cabello levemente caído y sus párpados cerrados.

 

—¿Qué haces aquí?

 

Su voz en cambio sonaba rasposa, tuvo que toser un par de veces antes de notar que se sentía verdaderamente mal y que el cuerpo y la cabeza dolían lo suficiente como para no gritar ni hacer demasiado escándalo. Entonces lo empujó suavemente, lo sacudió un poco como para que Kota abriera los ojos y mirara confundido de un lado a otro.

 

—Vaya, ya despertaste— Murmuró el mayor con una pequeña sonrisa en los labios y una de sus manos recorriendo el rostro de Ryutaro, Morimoto pudo sentir lo caliente de esa piel de Kota, y su propio malestar le impidió negarse al gesto de afecto –Me preocupé cuando te llamé y no despertabas.

 

—No me siento bien.

—Lo sé.

 

Kota volvió a acariciar su rostro y contra su propia voluntad, Ryutaro cerró los ojos, la sonrisa en los labios del mayor fue evidente, tanto silencio que se había colocado acérrima de repente entre ambos mientras Kota lo miraba y Ryutaro por primera vez se dejaba hacer.

 

—Tienes fiebre, Kota.

—Si— Admitió tranquilo –Igual que tú, Ryutaro. Creo que de algún modo te contagie el resfrío.

 

Ryutaro sabía, las muchas maneras en que pudo haberle contagiado ese resfrío, entre besos y caricias que el mayor insistía en robarle. ¡Dioses! Ryutaro tenía tantas ganas de echarlo de su cama, por presionarlo, por acorralarlo, por intentar saber de Yuma y su pasado, por meterse en lo que no debería. Ryutaro quería gritarle, pero a cambio se retorcía de gusto entre sus brazos mientras se sentía rodeado, mientras lo abrazaba en medio de esa falta de calor que poseía. Y es que Kota de pronto era tan cálido.

 

—Te odio…

 

Murmuró como un lamento y casi hasta pudo adivinar la clase de sonrisa que el mayor tenía mientras rebuscaba algo en la mesita de noche junto a la cama.

 

—Es mejor que tomes un poco de medicina.

 

Ryutaro apenas levantó la cabeza un poco, aceptando la pastilla que Yabu le daba y tomando un poco de agua, sintiendo por fin algo refrescante en la garganta, como un momentáneo alivio que al fin le era otorgado, se recostó casi de inmediato con el frío internamente borrando el calor que sufría hace un instante.

 

Yabu volvió a abrazarlo y él siguió sin negarse, era demasiado pronto como para que la pastilla hiciera su efecto, así que mientras se aseguraría de que Kota siguiera brindándole un poco de ese calor que él tan escasamente conocía.

 

—¿Qué era eso?

—La medicina que me están administrando en enfermería.

 

La voz de Kota era suave, sonaba muy cerca de su oído, igual de cerca que su cuerpo.

 

—¿Y por qué no estás allí?

—Mucha gente haciendo bulla. Y no me placía ver a nadie, así que pensé en ti y supuse que también estarías enfermo.

 

Ryutaro nunca se movió hacía él, pero Yabu si lo hizo, terminó por abrazarlo por completo, por sus brazos rodeándolo, por su boca tan cerca que cuando Ryutaro pudo levantar la mirada los ojos de Kota lo observaban directamente al rostro, cómo si hubiera duda en su mirada.

 

—¿Por qué me gustas tanto?

 

Morimoto para ese momento no tuvo tiempo de analizar lo que Kota había soltado tan de repente, los labios finos del mayor se posaron en su boca, en contacto apenas sutil mientras él cerraba los ojos y se recriminaba así mismo por haberlo hecho. Por las manos de Kota que se metieron bajo su camisa y tocaron la piel que no debería.

 

Pero hacía tanto calor, estaba débil, y era como una droga extraña, como si su cuerpo se moviera por inercia y respondiera a las caricias sutiles, con movimientos apasionados, por que sus manos viajaron bajo la sábana, donde la camisa de Yabu se encontraba y fueron hasta esa piel blanca y suave que lo esperaba, haciendo que Kota cortara el beso con su tacto.

 

—Ryutaro, espera— Pero eso no lo había detenido, se había movido lo suficientemente hábil como para sentarse sobre el estómago de Yabu, lo suficiente para que sus manos acariciaran ese cuello largo y níveo mientras su boca buscaba la contraria nuevamente, entre besos que le robaban a Kota parte del habla —…No hagas esto.

 

Si Ryutaro lo obedeció o simplemente cayó vencido ante la gripe, Yabu nunca lo supo. El menor finalmente se apoyó sobre su pecho, con el rostro escondido entre el cuello del mayor y con suspiros livianos que esparcían más calidez de la necesaria. A Yabu ni siquiera le incómodo el peso de él sobre su pecho, en algún momento sus ojos se cerraron y sus brazos lo abrazaron.

 

Por que ambos eran plenamente conscientes de la fiebre que tenían, el malestar en el cuerpo y la extraña paz, que de algún modo se había hecho presente en aquella pequeña habitación.

 

 

 

 

—Daiki…

 

Si cerraba los ojos un instante, probablemente su mente augurara escasos instantes en los que pensar en Inoo no acaparara su mente y bloqueara al resto de las personas, su nombre pesaba sobre la espalda de repente, por primera vez Daiki no se estaba tomando la molestia de solo vivir y dejar que el resto siga su curso. Pensaba con anticipación, se angustiaba con premeditación, como un factor inmune a aquello que sacudía su mente y la esparcía en milímetros de resonación.

 

—¿Me estás escuchando?

 

En el último recoveco de su mente, donde nadie más llegaba se atravesaba ese futuro incierto, esas ganas por salir huyendo y dejar las cosas a medio camino. Jugar ese juego con Inoo no solo era peligroso era angustiante, y lo desgastaba, debió saberlo desde que le dio el primer beso.

 

—¡¿Se puede saber que demonios pasa contigo últimamente?!

 

Esta vez el grito eufórico de uno de sus tantos amigos lo trajo de vuelta a la realidad Haku era de esos muchachos de rostro aniñado y voz sofisticada. La nariz pequeña y los labios rosados. Era bello, inmensamente bello. Quizá mucho más que Inoo y aún así, teniéndolo a su lado él solo podía pensar en que Inoo le traería dolores de cabeza a su vida y en lo imposible que le resultaba echarse para atrás si eso sucedía.

 

—¿Es que ya  no quieres que esté aquí contigo?

 

No”

 

Siendo sincero Daiki sabia que esa era su respuesta, eran las tres o cuatro de la tarde, pero su habitación aún guardaba la esencia de Kei y no se desvanecía. Las manos de Haku subieron por sus hombros y acariciaron sus brazos como si buscaran un poco de refugio.

 

—Haku.

—Dime…

 

Sonaba tan dulce, de una  manera tan entregada que Daiki temía por escucharse de la misma forma cuando estaba con Kei y su mente se nublaba.

 

—Por favor déjame solo.

 

Los ojos del muchacho meses menor a él se abrieron de par en par, sorprendidos y llenos de una confusión que Daiki conocía muy bien pero no pensaba subsanar, luego esa gama de emociones cambió a un enojo impredecible mientras arrugaba el entrecejo y se bajaba de la cama, entre murmullos que sonaban a insultos y dejaban un mal sabor de boca.

 

—Sea quien sea, Daiki— Había hablado Haku, con la puerta ya abierta, dispuesto a irse cuanto antes de ahí –Tú solo serás su diversión. Las personas valiosas no dejan a personas valiosas, por gente como tú.

 

Y el encanto fue roto cuando la puerta se cerró con fuerza, sacudiendo un poco los estantes junto a la puerta y dejando a Daiki sentado sobre la cama con los puños apretados, esperando por que regresara, por tumbarlo contra la cama y hacer que se retractara. Por ese malestar que se había instaurado, que no daba señas de marcharse, que lo enloquecía y frustraba su melancolía.

 

 

 

 

Keito necesitaba un poco de tranquilidad, un espacio en ese basto internado donde algo no le recordara a Yuto o cuando menos alguien no se lo recordara. Era como si todo el día anterior evocara en cada respiración de ese día y su mente no dejara de atormentarlo a cada paso.

 

La preocupación de Hikaru era tan apreciada por él que sus ojos solo podían mirarlo y casi caer en la tentación de contarle todo lo sucedido, pero la verdad se atoraba en su garganta, se aferraba a los pliegues de su vergüenza y finalmente no podía exteriorizarla. Entonces el enfado aparecía y lamentablemente remontaba justo en él y su preocupación justificada.

 

Tenía que disculparse con él, y lo haría más tarde cuando su propio enojo disminuyera, cuando no se odiara tanto por las reacciones de su cuerpo. Por su juventud latente que lo excedían de cometer errores.

 

—Okamoto Keito.

 

Apareció, como una maldición mientras rondaba por sus pensamientos, justo girando en una de las esquinas en los pasillos, con su porte elegante y firme. Nakajima Yuto jugaba con las copias entre sus manos, con esa sonrisa burlona en el rostro mientras se acercaba y sus pasos sonaban como estacas a cada segundo. Keito incluso sintió su estómago revolverse, las nauseas pegadas a las paredes de su garganta.

 

“¿Por qué has cerrado la puerta?”

“Siempre me he preguntado cosas… Sobre la gente como tú.”

 

Sin embargo Keito solo pudo revivir una a una esas frases y la incomodidad plausible en cada uno de sus recuerdos mientras Yuto sencillamente se mostraba victorioso, eufórico por haberlo humillado de la forma en que lo había logrado.

 

—Piérdete Nakajima.

—Oh, ¿es qué ahora me tienes miedo?

 

Así que ese fue el término en su paciencia, Keito ni siquiera supo cómo, pero su mano se aferró a ese cuello, níveo y largo a su disposición mientras su mano derecha se cerraba en él y Yuto sonreía como si estuviera ganándole, cuando era él quien lo tenía contra una pared, con un puño en alto dispuesto a estrellarse en su cara.

 

—¿Qué sucede Okamoto, no te atreves?

—Estás tan sobrevalorado, que crees que eres lo suficientemente importante como para que te mantengan en mi cabeza más de dos segundos.

 

Iba a soltarlo, en verdad iba a hacerlo, sino fuera por que Yuto lo agarró por el brazo, ese que sostenía con fuerza el cuello del mismo.

 

—Pues tú amigo Hikaru no parece pensar lo mismo. Está tan preocupado por ti.

 

Los ojos de Keito mostraron sorpresa, y Yuto tuvo que admitir que era la primera vez que le mostraban algo. Y al parecer era evocado únicamente por la mención del otro muchacho. Keito de pronto se mostraba diferente, mucho más débil que cuando se veía sumido en la vergüenza.

 

—Aléjate de él.

—Yo no me he acercado, fue él quien me buscó.

 

La manera en que lo soltó fue brusca. Como si de pronto su tacto le quemara y prefiriera alejarse, Yuto sonrió divertido, controvertido, pero sumamente divertido al descubrir esa extraña faceta en el muchacho mientras se alejaba con una mano por su cabello, pensando en algo que le preocupaba que evidentemente no era él, su sonrisa desapareció a cada paso. Keito siempre tenía cosas en su cabeza, y al parecer siempre rondaban alrededor de ese tal Hikaru.

 

—Imbécil…

 

Keito podía fácilmente romperle la nariz a Yuto, y meterse en problemas otra vez. Pero sabía que no debía, mucho menos si su madre ya lo tenía bajo amenaza y la cercanía con Nakajima únicamente le traía recuerdos de la tarde anterior, que le provocaban ganas de tirarse un tiro, a su cuerpo por traicionero.

 

—Ya… deja el juego… estúpido…

—¿En serio  Keito? Tu cuerpo me odiaría si hago eso…

 

Su nombre había sonado como un gemido en los labios de Yuto cuando tenía su cuerpo casi encima del suyo, cuando esas manos tocaban lo que no debieron y su propio cuerpo solo yacía arrimado en el pequeño mesón tras ellos en el camerino. Quería olvidarlo, fingir que no había pasado y dejar que Nakajima se pudriera en su odio unilateral hacía él.

 

—Suél…tame.

—Pero si ya estás abrazando el clímax, mi querido Keito.

 

Aunque para estos momentos, Keito empezara a odiarlo también.

 

—Sería muy cruel dejarte a medias…

 

 

 

…:: Fin del Séptimo Síntoma ::..

 

 

 

 

Hola, luego de mi semana sabática, después de haber terminado Primera plana. Pues retomo la publicación de mis fics, como sabrán Precedentes quedó como ganador en la encuesta y por tanto se actualizará semanalmente a partir de hoy, junto con uno de mis fics más antiguos (Si tu me quisieras) Así que muchísimas gracias a todos los que participaron en la votación. Y espero que hayan disfrutado del capítulo, particularmente amé el YabuTaro fueron lindos~

 

 

4 comentarios sobre “Precedentes : séptimo sintoma

    Denis-ce (@YuukiNii) escribió:
    20 octubre, 2012 en 11:58

    asdasdjasdhasdalñsdbakdasd *-*❤

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      Denis-ce (@YuukiNii) escribió:
      20 octubre, 2012 en 12:44

      kjcbñwlcmdbcsd-clshdbcsdnc-sldmcnbsdc.lsdnkc me encantó ese yabutaro ;O; quiero leer más!! este fanfic es tan condenadamente desesperante ;O; -se saca el cabello- quiero otro capitulooooo!!! quiero saber que pasa con yuma, quiero saberlo!!!!! ;O;

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    Satommy escribió:
    20 octubre, 2012 en 16:55

    Aasdasd está realmente interesante… Concuerdo contigo😄
    La parte Yabutaro fue… linda, me gustó como los dos se trataron
    de ayudar contra la gripe, pero me sigue causando curiosidad
    lo de Yuma D: qué fue? como pasó con Ryu? y ahora Shin?
    Y luego ;3; Daiki que ya le sufre los estragos de un sentimiento
    que aún se afana en negar😄 y que de a poquitos lo hace pedazos,
    lo que Haku le dijo… bueh ._. a cualquiera dejaría hecho trizas!!
    Aish ;w; quiero más! Pobre Keito que ya… ya… ya[?]😄 eso!
    Yuto del mal e_e! Y Hikaru ahí ;_; y Ryosuke que menso le va detrás…
    Aasdadasd uwu esperaré las otras actualizaciones, gracias por publicar :3!

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    Tsuki escribió:
    20 octubre, 2012 en 17:47

    Dios esto es taaann tremendamente y hermosamente enredado que no se porque me alegro al leerlo xDD

    Esto es casi todos contra todos, que unos no terminan de aceptar sus sentimientos hacia los otros que… ufff no sé en que va a terminar todo esto.

    Nesly gracias!!!

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