Nirvana: episodio 2

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Nirvana

Simetría

Episodio 2

 

 

—Nombre completo.

—Ahn Kangta.

 

Se encontraba otra vez, entre el suspiro y el peso sobre la espalda que carcomía la poca esperanza que le quedaba ¿Y si lloraba un poco más? ¿Acaso se había cansado de tanto llorar? ¿Acaso el amor que tantas veces había golpeado a su puerta por fin lo iba a dejar descansar? A Kangta ya ni siquiera le importaba hallar una respuesta que al menos convenciera a los demás.

 

—Según tengo entendido, usted y el señor Choi Minho son primos.

—Así es.

 

Y si lo amaba un poco más, seguramente sería un calvario peor.

Su recuerdo lo acosaba, goteaban no solos sus lágrimas sino las partes de su amor no correspondido.

 

—¿Conocía entonces al señor Lee Jinki?

—Por supuesto— Kangta asomó una sonrisa, su nombre. Su bello nombre siempre provoca que su razón se desconectara y el solo recuerdo le diera paz –Onew era…

 

¿La persona más importante?

¿La razón por la que aún se mantuviera en pie?

 

Onew era tantas cosas que… mentir era mucho más fácil.

 

—…Él era un muy buen amigo.

 

Y la mentira quemó en su garganta, tanto que ni siquiera detuvo esa lágrima que evidencio su debilidad, su voz apagada y el susurro de su alma por un poco de paz.

 

 

 

A Minho no le gustaba madrugar, excepto claro cuando salía a correr de vez en cuando por las mañanas, más por su salud y la exigencia de sus padres que por otra cosa. Tenía los ojos cansados de tanto leer durante la época de clases, que disfrutar de sus cortas vacaciones en aquel pueblo se había reducido a despertarse muy tarde, conversar con su madre, salir a pescar con su padre y conversar con Kangta.

 

Nada más le importaba, hasta que él apareció en su vida y de pronto tenía la insana sensación de verlo de nuevo, de escuchar su voz, de que su sonrisa provocara en su interior ese sacudón extraño que le hacía pensar por primera vez en su vida, que el destino no se había equivocado de mano con él.

 

Pero ya no le bastaba verlo por la noche, entre la oscuridad y la escaza luz que había, oír su voz amable cuando lo saludaba y lo reconocía, prefería tenerlo como la vez pasada, fuera de su trabajo, con su voz escuchándose perfectamente, con su rostro fino y sus ojos rasgados que le hacían olvidar a Minho que en algún momento debía volver a Seúl.

 

Un beso lo cura todo.

Y Minho esperaba forzadamente, que un beso curara esa necesidad que Onew había despertado en él. Apretaba sus manos y mordía su labio inferior. Atravesado por la vergüenza y la pena.

 

¿Qué estaba pasando con él?

De pronto conocía a este sujeto y su mente calibraba más allá de lo necesario, se esparcía por minutos como si algo de eso se fuera a hacer realidad y luego huía apesadumbrado.

 

Bufó con más molestia que las veces anteriores, encendió el auto y arrancó.

Por que sus esperanzas por ver a Onew esa mañana se quedaban atrás, y tenía de copiloto a esas dudas, a ese temor infundado por las verdaderas razones por las que ese tipo tan común se le había metido tan fuerte en la cabeza, mejor que cualquiera de esas lecciones que forzadamente debía recordar.

 

 

 

 

—¿Otra vez se fue?

 

Onew trató de asomarse por encima del hombro de Luna; pero la mujer se removió en su lugar, mirando discretamente hacía bajo por el pedazo de cortina que había abierto delicadamente para poder checar lo que desde hace días los venía intrigando.

 

—Si, otra vez se ha ido.

 

Y la desilusión quedó marcada en el rostro de Jinki por unos segundos más, antes de que suspirara un poco y volviera a su expresión afable que más que perenne parecía una costumbre.

 

—Ese tipo es extraño— Acotó Luna mientras cambiaba sus zapatos por unas bellas zapatillas de tacón alto –Viene casi todos los días a nuestra hora de salida, espera un rato y luego se va.

—Como si no agarrará el valor para seguir esperando.

 

Luna asintió, perdida en sus pensamientos, estuvo a punto de preguntar si a quien esperaba era a Sully, la más bella de sus compañeros, pero se mordió la lengua cuando vio a Onew agarrar su bolso y colocárselo cuidadosamente, la manera en que sus movimientos habían perdido voluntad y su sonrisa parecía más bien una mueca.

 

—¿Te está buscando a ti?

—¿Qué?

 

Onew se mostró lo suficientemente sorprendido como para que Luna sonriera y esta vez afirmara —¡Te está buscando a ti!— La chiquilla dio varios saltitos alrededor del mayor, con los ojos brillando como estrellas y la ilusión tan palpable que era casi aturdidor —¿Y por qué no has bajado en estos dos días que ha venido?

 

—Nu…nunca dije que viniera por mí.

—¡Oh, vamos!— Luna amplió su sonrisa –Se te nota en la mirada.

 

—¿El qué?

—Te gusta~

 

Luna golpeó con la punta de sus dedos esa mejilla de Onew. El gesto que tanto le molestaba al mayor y que lo hizo sacudirse en medio de la ilusión que parecía tan bien establecida en ese menudo ser.

 

—Apenas he hablado con él un par de veces, Luna.

—¿Y?— Ella solo movió un poco la cabeza –No estoy diciendo que estás enamorado. Solo que te gusta.

 

Onew en un instante pensó que su amiga podía tener razón, pero al segundo dejó de pensarlo. Por que Onew no tenía tiempo para cosas como esas. Tenía un sueño por cumplir, y mucho dinero que ahorrar. Tenía un cielo brillante lleno de estrellas que lo esperaba en Seúl.

 

Muy lejos de las tontas ilusiones que Luna ya divagaba en su mente.

 

 

 

 

—¿Y dónde conoció al doctor Choi, jefe?

 

Seungho, curioso como de costumbre preguntó tranquilo mientras devoraba los tallarines y tanto Luna como Onew parecían divertidos con la conversación, ahora que su jefe se encontraba mejor y los había invitado a desayunar a ellos tres por haberse echo cargo del negocio los días que estuvo fuera.

 

—Pues él vivió aquí hasta los diecisiete años, luego se fue a estudiar a Seúl, armó una familia y ejerció como doctor por bastante tiempo— El hombre bebía despacio el te, y sentía por supuesto la mirada atenta de Onew –Y ahora ha venido a su pueblo natal a descansar y seguir trabajando pero con más calma que en la agitada ciudad.

 

Luna asintió, enrollando los fideos con cuidado mientras Onew mordía su labio inferior y esperaba.

 

—¿Quiere decir…?— Luna incluso podía predecir lo que el muchacho iba a preguntar —¿Qué toda su familia es de Seúl y están viviendo acá ahora?

—Bueno, si— Admitió el mayor de los cuatro –Aunque su hijo ha decidido quedarse en Seúl y terminar de estudiar su carrera por allá. Minho ahora solo está de vacaciones aquí.

 

Y el nombre picó en los labios de Onew como si buscara pronunciarlos también.

Minho vivía su sueño, en el lugar de sus sueños. Y de pronto, así como si nada, Onew sintió el valor para admitir que al menos si, Minho llamaba mucho su atención.

 

Quizá, un poco más que eso.

 

 

 

 

 

Fue al cuarto día que Choi Minho se sintió como un torpe acosador.

 

Otra vez estaba estacionado frente al lugar de trabajo de Onew, muy temprano en la mañana, lo suficiente como para despertar sospechas en la vida de sus padres que lo veían salir tan temprano y luego llegar a los pocos minutos sin hacer algo realmente importante.

 

Pero esta vez tenía que ser diferente, esta vez iba a esperar por él.

 

Cuando la puerta se abrió, Minho pensó en escapar, pisar el acelerador tan fuerte que apenas se viera el humo quedar. Pero Onew salió entreverado en ese abrigo verde, sacudiendo un poco su mano, despidiéndose de alguien en el interior. Con esa sonrisa. Y esa sola sonrisa fue la que lo detuvo.

 

—Oh, hola— Salió del auto, con una sonrisa y la vergüenza empañada —¿Me recuerdas?

—El chico que casi me atropella— Rió Jinki –Claro que te recuerdo.

 

—¡Oye! Que no hubiera sido mi culpa.

—Claro— Pronunció Onew, con su voz burlona un rato –Ahora échale la culpa al pobre chico que iba tras su sandía.

 

Todo había comenzado con ese escueto saludo, salido desde el sonido mudo de su cerebro para transmitir información. Minho recuerda haberse ofrecido a llevarlo a su casa, y de algún modo, por alguna razón, terminar invitándolo a desayunar.

 

Aletargar, eso era lo que le quedaba.

Que sus momentos con Onew no se esparcieran como la lluvia en invierno y lo abandonaran. Que solo dejaran un rostro nostálgico y la espesa dificultad para continuar adelante.

 

—Mañana es el cumpleaños de mi padre— Comenzó de repente –Quizá te gustaría venir, hará una parrillada sencilla. Seguramente tu jefe también esté ahí.

—¿Tu papá?— Onew se mostró tímido de inmediato –No lo sé.

 

Lo notó desde el momento en que lo sintió inseguro.

 

—No te preocupes por mis padres,  será algo muy tranquilo.

—Yo te aviso ¿si?

 

Debió sospecharlo de inmediato.

Onew no iría esa noche.

 

 

 

 

Kangta era un hombre de pocas palabras, pero aún así tenía ese instinto despierto, ese que lo impulsaba a hacer las cosas bien, a hablar aunque prefiriera morder su lengua y callar. Minho es importante por él, como el hermano que jamás tuvo la oportunidad de tener. Y resulta que entre la soledad de la niñez, Minho y él lograron adoptarse con facilidad, a reír, a compartir, a convertirse en hermanos de verdad.

 

Sabe cuando el menor sufre, cuando algo revuela por su cabeza y no lo deja en paz, cuando su mutismo se vuelve perene y los ojos sufren de amnistía, sabe tanto de Minho que casi puede asegurar que lo único que necesita en ese momento es un buen trago, uno que raspe un poco su garganta y lo haga perder estabilidad. Kangta nunca ha creído en esas cosas, nunca ha creído que el alcohol pueda ser la solución.

 

Pero Minho está tan presionado, tiene tanto que estudiar.

Tanto que hacer con su vida. Que cuando ha colocado una mano sobre su hombro, Minho solo se ha sacudido con fuerza, arruga el entrecejo y parece mirar el reloj, otra vez.

 

—Quiero estar solo, Kang.

—Es el cumpleaños de tu padre. Sea quien sea, ya no va a llegar.

 

Fueron reacciones diferentes, sorpresa, enojo y frustración como si el mismo Minho no pudiera hacerse a la idea de lo que acababa de suceder. Pero Kangta solo suspiró y volvió a colocar su mano sobre él.

 

—Vamos con los demás al jardín.

 

Quizá Kangta no sabía demasiado, pero podía suponer que ese estado, aventuraba a Minho en un mundo desconocido para él, palpaba la inexperiencia y sobrevolaba en las confusiones de su mente. Miraba a su primo y pensaba en regresarlo a la realidad. Miraba a Minho y solo podía pensar en que tal vez lo mejor era que regresar a Seúl cuanto antes mejor.

 

 

 

 

—¿Te asusté?

 

Onew giró, tan pronto que sus cabellos fueron movidos por la gravedad, que sus ojos miraron sorprendidos al menor, directo a esos ojos grandes y tan profundamente negros que por un instante solo pudo retroceder, como si su espacio hubiera sido violado. En esos pequeños minutos de descanso que se tomaba en las noches del bar.

 

—¿Qué haces aquí?

—Una de tus compañeras me dijo que podía encontrarte aquí— Minho avanzó, con sus pies ligeros y su mirada ensombrecida —¿Por qué no fuiste hoy?

 

Onew mordió su labio inferior.

 

—Apenas te conozco— Empezó –Ir a tu casa… no era lo correcto.

 

Entonces si lo había asustado, sus actos impulsivos y sus palabras que solían solas, Minho debía suponer que las cosas no ocurrían con facilidad. Que en unos días tenía que volver y Onew no entendía, que tal vez nunca más se volvieran a ver. Que él necesitaba por encima de tantas cosas liberarse de esa presión interna que la sola sonrisa de Onew le dejaba entrever.

 

—¿Te intimidé?

—Un poco, nunca había conocido a alguien tan directo.

 

—Me gustas.

 

Onew abrió los ojos un poco más. Le gustaba Minho, de esa forma extraña y demandante, pero era eso. Era atracción, sus ojos, su voz, sus manos grandes y fuertes, le atraía el ser entero que Minho representaba, eso que despertaba un latir descontrolado. Nada más.

 

—¿Lo ves?— Sonrió Jinki –Eres demasiado directo.

—¿Y eso es malo?

 

Minho se había acercado un poco más, Onew ya se sentía acorralado, las manos apretando firmemente el barandal detrás de él, la altura que Minho le llevaba por ventaja, su aroma, el calor que de pronto lo rodeó, si estaba dispuesto a un beso. Solo uno que calmara esa repentina atracción que había nacido de la nada.

 

—Onew yo…

 

Entonces, oportuna como la consciencia Sully apareció, su largo cabello moviéndose ante el viento y con una mano sosteniendo la puerta todavía abierta por donde la música se escuchaba un poco más. Sus ojos abiertos y las manos de Onew ya en el pecho de Minho, separándolo lo suficiente.

 

—Sully no…

—Ya terminó tu descanso.

 

La muchacha se marchó. Nerviosa. Contrariada.

 

Onew sacudió sus cabellos, regresó a la realidad. A ese dictado exacto y constante que le dice que los besos no se entregan tan fácil. Que no puede ir por la vida pensando que la atracción se puede convertir en amor, que convertirse en la noche pasional de un  muchacho de ciudad no es la forma de llegar a sus sueños, esos tan altos sobre el cielo de Seúl.

 

Vergüenza, pudor y rabia.

¿Qué pasaba con él? ¿Qué pasaba con Minho?

¿Por qué había estado a punto de dejarse besar?

 

—Onew…

—Tengo que ir a trabajar.

 

Pero la consciencia pesaba un poco menos, dejaba de gritar y susurraba si él no era plenamente consciente de lo que sucedía en realidad ¿no?

 

Pudo agarrar por la mano a Minho y hacer que lo soltara, pudo golpearlo, empujarlo, patearlo, pero prefirió abrir los ojos sorprendido y dejarse llevar por dos segundos que fue lo que el beso duró, cuando Minho se acercó a él y lo besó. Cuando fingió que la sorpresa había sido más y no había tenido tiempo de reaccionar.

 

Luego lo empujó, lo miró con rabia fingida y se marchó.

Aunque mordió su labio inferior y maldijo a su libido, a ese ser que murmuraba en su interior que quería un poco más, mucho más, que quería todo lo que Minho estuviera dispuesto a entregar. No importaba si era su alma entera, por que él estaría dispuesto a liderar con ello una vez más.

 

 

 

—¿Crees en el amor a primera vista?

 

Kangta giró, tan pronto como las palabras de Minho llegaron a sus oídos, tan pronto como su mente calibró el peso de esas palabras y esa mirada de pronto perdida que el menor tenía mientras almorzaban en aquella plaza tan cerca del hospital donde trabajaban los padres de Minho.

 

—¿Disculpa?

—Yo no creo en el amor— Se apresuró a decir Minho –Pero quizá pueda sentir algo parecido.

 

—No confundas el deseo con amor— Aclaró Kangta, moviendo el café frente a él, sintiendo la atenta mirada de Minho sobre él –Cuando deseas algo con tanta fuerza, puede fácilmente confundirse con algo que has deseado toda tu vida aunque jamás halla sido así.

 

Minho tenía esa costumbre, levantaba su ceja y miraba escéptico cuando algo no lo terminaba de convencer. Sabía del poder de Kangta por leer sus pensamientos así que sonrió, no quería dejar entrever que los labios le quemaban desde ayer, que sus manos ardían en desesperación por tocar un poco de esa piel, por palpar ese cabello largo entre sus dedos. Y mucho menos quería anunciar que había soñado con él, desde la noche anterior. Por un beso, por un solo beso.

 

—Da igual— Suspiró Minho –De todas formas pronto volveré a Seúl.

 

Y si Kangta le hubiera prestado un poco más de atención, quizá hubiera notado ese brillo particular en los ojos de Minho, ese vistazo repentino hacía el futuro y esas ganas imperiosas por alcanzar algo que aún parecía lejano.

 

 

 

 

—¿Onew no ha venido a trabajar?

 

Luna abrió sus ojos un poco más, bajó la libreta y suspiró.

 

—No, hoy es su día libre.

—Oh, ya veo. Muchas gracias.

 

El sujeto le sonrió, tan amablemente que ella se pudo haber quedado así un rato más. Como contemplando un obra de arte que es difícil de conseguir. Pero el hombre salió del bar, tan pronto como los pensamientos de Luna terminaron de asimilar que últimamente todos los chicos guapos buscaban a Onew.

 

Que su esperanza por conseguir novio ese mes, podía fácilmente claudicar.

 

 

 

 

—¿Te has mirado en un espejo alguna vez?

 

Onew se detuvo junto al ventanal. Justo sobre una de las veredas poco pobladas, con Minho deteniéndose junto a él, y el reflejo de ambos opacado por la poca luz, el rostro de Onew se posó en esa imagen de los dos, tan etéreos como lejanos. Como si jamás debieron mostrarse así, como si la vida se opusiera a verlos así, pero Minho insistía en verlo, en hablar con él. Como si fuera oxigeno, como si robara su aliento con su pequeño ser.

 

Pero entre la confusión, y lo extraño que era para él, Onew tampoco se podía negar.

 

—Por supuesto que lo hago, a diario— Respondió Minho, tratando de ver lo que tenía al mayor tan abstraído en esa imagen que les devolvía el cristal –Creo que todos lo hacen ¿no?

—No me refiero a eso— Aclaró Onew –Sino a si alguna vez te has visto de verdad, hacía donde están dirigidos tus pasos y lo que piensas hacer cuando dejes de caminar.

 

—Seré un abogado.

Onew sonrió –Yo dejaré que mis pasos me guíen hasta él.

 

De pronto los ojos de Minho lo miraron con curiosidad.

 

—¿Quién es él?

—Es tonto, no importa— Onew se sacudió un poco, mostrando una sonrisa otra vez –Vamos a cenar.

 

Pero Minho tenía esa espina, molesta y pequeña que lo hacía ver la espalda del mayor alejarse, de repente era como si Onew, a pesar de estar atorado en ese triste pueblo, caminara más rápido que él, como si siempre le tocara observarlo alejarse, como un viento inestable que sacude su cabello y se marcha sin más.

 

—¿Onew?

 

La voz del hombre que apareció junto a él lo hizo levantar la mirada, Minho se había quedado un poco atrás y en cuanto lo reconoció, sonrió. Como costumbre como cada vez.

 

—Oh, hola Kangta.

 

Lo había visto un par de veces en el bar, recordaba su mirada y su voz.

Pero Minho apareció. Conocía esos ojos de Kangta, esos que despertaban la ilusión y morían como fuegos artificiales y desaparecían entre la belleza a su máxima expresión.

 

—Me dijeron que no habías ido a trabajar,

—Es mi día libre— Kangta de pronto parecía hablarle con más confianza que antes y Onew sonrió –Iba a cenar con Minho.

 

Minho….

 

El nombre de él resonó, como las llamas subiendo en la fogata. Sus ojos despiertos sobre él, cortando toda su valentía por hablar con Onew, por primera vez, como nunca antes había tenido la oportunidad. Ese amor infundado por la pasión. Ese desespero de Minho y esa distracción constante recaían sobre Onew como único culpable. Y a él parecía no afectarle.

 

—Hola Kangta.

—Hola Minho— Sonrió, ameno y pasivo. Como una vil copia a carbón de la imagen de Onew –No sabía que lo conocías. “tan bien

 

Omitió su sarcasmo, dispensó su orgullo herido. Olvidó las noches infructuosas por hablarle una sola vez.

Ignoró que Minho apenas había llegado al pueblo una vez, y de pronto se creía con el derecho de estar ahí posar su mano sobre el hombro de él. Apretó sus puños y sonrió una vez.

 

—Bueno, que la pasen bien— Mentira. Deseaba lo contrario, pero Minho era su primo, su hermano a costumbre, su persona importante en verdad –Yo tengo una cita en un par de horas, y debo ir a alistarme— además, nunca había tenido la oportunidad de hablar decentemente con él. No había logrado lo que Minho parecía haber encontrado al fin.

 

—Que la pases bien, hyung.

—Suerte.

 

Onew sonrió, y esa sonrisa fue la que contó. De pronto sentía a Minho tan lejano que avanzó con sus pasos por la plaza y bufó, desató esa corbata que de pronto lo empezaba asfixiar y rezó internamente por ese amor, ese sofoco amor que parecía nunca tener la oportunidad de ver la luz, deseó más que todo por que se marchitara al fin, por que al menos su estómago no ardiera tan fervientemente como hace unos segundos atrás.

 

 

 

 

—No lo hagas.

 

Minho se sintió frustrado otra vez.

Las manos de Onew interponiéndose sobre su pecho, su mirad firme y sus labios tan espectacularmente cerca que pedir que hiciera lo contrario era incluso hasta cruel.

 

—¿Por qué no puedo besarte otra vez?

—Por que mañana regresarás a Seúl, y mi cabeza no tiene tiempo para pensarte otra vez.

 

Minho retrocedió.

 

—¿De qué estás hablando?

—Mis sueños están tan altos, que pensar en ti solo retrasaría mi situación.

 

Siempre tan cruel, siempre tan sincero.

Minho avanzó un paso más otra vez y Onew suspiró.

 

Minho es Seúl, es luz que brilla aún en medio de la oscuridad, es satisfacción, pasos que se pierden entre las miradas y que evocan algo tan distinto y sobresaliente que en ocasiones se encuentra contemplando el reflejo de sus sueños. Olvida a la persona y se ve sistematizado. Es Seúl, en todo el sentido de la palabra. Onew siente que estira sus manos aunque aún no lo pueda alcanzar.

 

Aunque esté ahí, y lo esté tocando.

 

­—No lo hagas— Repitió, pero las manos de Minho se perdían en su cuello —…Por favor.

 

Minho es Seúl, por que siente que lo mira, y entonces lo descubre. Lo admira, se ilusiona, y su mirada borbota de un lado a otro, muy cerca de su ilusión, de su ambición controlada que él prefiere llamar aspiración. Es Seúl, con su frío y modernidad, con los recovecos más profundos de su piel frustrada de tanto trabajar.

 

Es Seúl, por que es su futuro. Y Minho está tan cerca de ello.

 

Que un solo beso bien le puede robar el aliento y regresárselo al mismo tiempo. Onew tiene las manos cansadas de tanto trabajar, no son como las de Minho, que siente suave sobre su piel, tiene ligeras ojeras bajo los ojos, no tan profundas pero guardan en su esencia un poco de su rabieta contra el destino que le tocó convencer cuando Minho apareció.

 

Y los labios de Minho saben a dolor.

Inevitable y latente, como sus sueños frustrados de llegar hasta él… Hasta su Seúl que parecía más lejano que la promesa que debía cumplir.

 

Quizá en su desespero y abandono encontró en Minho ese lugar secreto mientras movía sus labios al compás de los de él, mientras sus brazos se ceñían en su cuerpo, dejaba sus suspiros escapar y el estomago quemaba, como el pecado cercano al fuego y la desesperanza jugando a rodearlo igual que la nieve en navidad.

 

 

 

—Tal vez en algún momento notó algo raro, ¿Jinki frecuentaba gente extraña?

 

Kangta bajó la mirada por segunda ocasión, con el agua entre sus manos sin ser probada aún.

 

—Onew conocía a muchas personas, la verdad.

 

Quizá no estaba dando las respuestas necesarias, pero no valía la pena responder, no cuando no parecían dispuestos a hacer las preguntas correctas.

 

—¿Lee Jinki tenía enemigos?

 

Esta vez la mirada del hombre se levantó, directo  al hombre frente a él, a su rostro serio y cansado, a sus ropas oscuras y el eco de su voz sonando en sus oídos.

 

—¿Onew? ¿Enemigos?— Kangta se permitió incluso bufar irónicamente –Él era de esas personas que no podías odiar— Admitió sin problemas, antes de que su voz se apagara otra vez y la pausa creara el interés —…El problema era el grado en el que lo llegabas a amar.

 

 

Fin Episodio Dos.

3 comentarios sobre “Nirvana: episodio 2

    Alejändra Bello escribió:
    4 noviembre, 2012 en 0:54

    Omg! me esta encantando mucho este fic!

    Me gusta

    leuchun escribió:
    4 noviembre, 2012 en 1:47

    No maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaancheeeeeeees!!! En verdad, enverdad amo este fic, lo amo… eres una genio.
    Esperaba con ansia este cap, de verdqad estoy intrigada por la historia, deseo mas y mas, no tardes ^^

    Me gusta

    Tsuĸι Nуαη ●ω● (@OnDubuNyan) escribió:
    4 noviembre, 2012 en 2:15

    ¡¡OMG!!
    ¡Yo amo este fic ;A;!♥ es tan.. askjdhasd(?) No se como describirlo Dx!
    El MiNew es amor e___é ♥

    Por otro lado, Espero que a Onew no le haya pasado lo que creo que es ;OO; es que.. es que.. estoy casi segura de que es lo que pienso y mi paranoia me ataca(?) Esos interrogatorios al principio y final del capitulo no me gustan ;___; Se que este fic no terminara con final feliz -creo- pero mientras comienza el drama, disfrutaré los momentos bonitos como la parte del beso *O*♥♥ Ya después me deprimiré y llorare~ (?) XDDD!

    ¡El beso! Dios, fui tan feliz con eso ;A;!
    Y debo confesar que ame a Minho todo acosador esperando por Jinki y arrepintiéndose después~ x’D
    aw, son tan amor *3*♥

    Gracias por publicar el capitulo tan pronto Nesly~~!
    Esperare por el siguiente pacientemente *O*)7

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