Nirvana: episodio 4

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Nirvana

Solsticio

Episodio 4

 

 

—Nombre completo

—Park Seon Young…

 

El hombre frente a ella se movió poco, y Luna incómoda como se encontraba al decir su nombre real apenas apretó sus manos y las movió levemente, hace tanto que no pronunciaba ese nombre que le sabía mal en la boca.

 

—¿Era usted amiga de Lee Jinki?

—Si— Admitió sin problemas –Desde hace mucho tiempo.

 

Los ojos fijos del hombre se posaron en su rostro —¿Cómo era su relación con él?

 

—Nos conocimos cuando teníamos catorce años— Luna suspiró, de pronto sumergida en sus recuerdos —Onew era muy popular ¿sabe? Le caía bien a los chicos y las chicas suspiraban con cada una de sus sonrisas— Sonrió casi sin percatarse, con sus manos un poco más tranquilas y la visualización de Jinki en su cabeza —Un día coincidimos en la clase de física y nos hicimos amigos. Él era un tipo con muchos sueños, y muy ingenuo también. Alguien a quien no puedes dejar que se marche de tu vida.

 

 

 

 

Ha sido como alcanzar el cielo.

 

Un sentimiento indescriptible que es casi incalculable. Las palabras sobran, los números faltan. Todo es tan inadmisible que nada puede compararse con esa sensación de supremacía, de alevosía a su orgullo y su esfuerzo, como un cántico benevolente a su ser.

 

Está parado frente a esa tumba un poco acabada, vieja y perdida entre las personas que se pasean, con ese ramo de flores en sus manos, con esa brillante sonrisa que nadie comprende y que lo hace sentirse el hombre más afortunado.

 

—Madre— Acaricia el cemento frío, roza las letras con veneración, limpia el polvo y respira hondo cuando el lugar ha quedado limpio y las rosa reposan ahora en el lugar adecuado –Lo he logrado— Y la noticia sabe a gloria en sus labios, como una caricia a los sentidos —¿Me escuchas? Voy a irme a Seúl.

 

Onew siempre tuvo la costumbre de morder su labio, cuando las ganas de llorar lo sobrellevaban y tapaba un poco su boca, con un sollozo leve que lo hace sentirse débil por un instante.

 

—Pero vendré a visitarte, madre— Las promesas flotan alrededor suyo, como un escrito marcado desde hace mucho tiempo –Voy a cumplir tus deseos, seré ese hombre que le regale sonrisas al mundo, que cambie sus vidas. Seré esa imagen, esa sonrisa. Tú me has dado las palabras adecuadas.

 

Ese viento repentino sacude sus cabellos, y Onew sabe que se acerca el invierno, arrastrando sus pasos por lo que queda de la temporada que aún sobrelleva con intensidad los rastros de su vida. De pronto alejarse de ese pequeño pueblo parece tan complicado. Pero no hay mesura, no hay dudas ni divagaciones, Jinki sabe que lo hace es lo correcto.

 

—Volveré— Asegura –Y cuando lo haga seré todo lo que siempre quisiste.

 

 

 

 

Luna es de esas muchachas cantarinas.

Con una sonrisa en el rostro y una expectativa del mundo tan positiva como sus sonrisas.

 

Conoce a Jinki desde hace tanto, es una muchacha de costumbres a la que los cambios demasiados bruscos no le agradan, por eso cuando esa mañana el muchacho la llamó, con su voz emocionada a través del teléfono no esperó que se tratara de algo como eso.

 

¡Lo logré!” Había gritado “Reuní el dinero para irme a Seúl

 

Entonces eso implicaba tantas cosas para su joven mente, que era difícil hacerse a la idea, aunque había tratado de disimular lo más que podía ese extraño sentimiento de envidia y pena. No era una envidia consciente, a ella también le gustaría conocer Seúl, pero no vivir en ella.

 

Y de repente las cosas se habían movido tan rápido que ella no había tenido la oportunidad de decirle a su amigo que no quería que se fuera, que se quedara a vivir una vida tranquila y no sobre esforzara sus méritos, pero Onew de pronto ya había conseguido un  modesto departamento compartido en la gran ciudad, de repente ya tenía un pasaje comprado y su vida preparada.

 

Luna movía sus pies nerviosa, con su cabello recogido y un labial rojo en los labios.

 

—¿Estás completamente seguro de esto?

 

Onew, ocupado como se encontraba con el mapa en las manos y el bolso en su espalda había levantado la mirada, atareado con su gorra azul sobre la cabeza y demasiados papeles en las manos, tantos nervios que la repentina duda en su amiga lo hizo sentir nervioso.

 

—Ya es muy tarde para echarme hacía atrás, Lu.

—Lo sé…— Murmuró ella –Pero Seúl es tan grande… Tan desconocida para ti.

 

—Voy a estar bien— Susurró Jinki, posando su mano en el cabello rubio de la muchacha que se encogió en su lugar y suspiro apesadumbrada –Prometo llamarte mínimo una vez a la semana.

—Sin falta, Jinki— Solicitó ella, tomando la mano derecha del hombre y mordiendo sus labios –No te olvides de nosotros.

 

Onew sabía que se marchaba con tantas promesas, que en el camino olvidaría algunas, pero Luna apretaba su mano y parecía tan preocupada que era imposible olvidarla a ella, a ella y sus sonrisas, sus bromas imprudentes y sus aires de hermana menor sobre protectora.

 

Parecía que el mundo se había vuelto pequeño, cuando el vuelo que le correspondía fue anunciado y su ser entero sufrió la tensión de la angustia. ¿Le iría bien? ¿Se conduciría por donde debía? ¿Qué lugares debería visitar primero?

 

—Cuídate mucho.

 

Luna lo abrazó sin reparo, Jinki se había despedido de tantos amigos que el día de su viaje era un misterio. No le gustaban las despedidas, del mismo modo que no le gustaban las promesas, se sentía esclavizado a algo que no le pertenecía, como la mirada brillante de Luna y sus esperanzas puestas en el futuro.

 

—Te llamaré cuando llegue.

 

Agitó su mano entonces, mirándola a ella como último recuerdo antes de que se interpusiera su último día en el bar y los días que había pasado armándolo todo antes del viaje. El nudo en su estómago mientras caminaba y sus ojos miraban curiosos de un lugar a otro. Como un animalito asustado ante lo desconocido.

 

 

 

 

—Tienes que leer los artículos desde la página 42 a la 92.

—¿Para mañana?

 

Kyuhyun asintió, revisando todavía le montón de apuntes sobre la mesa mientras sus ojos se deslizaban entre líneas y Minho solo podía afirmar el dolor en su sien que latía como mil demonios de solo pensar en todo lo que tendría que hacer para el día siguiente.

 

—Es bueno estar de regreso en clases ¿no?— Comentó irónico Kyuhyun mientras levantaba la mirada sobre los lentes y observaba el bufido descarado que el menor soltó mientras se sentaba –Vamos, no puede ser tan malo. Ni que fueran demasiadas páginas.

 

—No es eso— Admitió Choi, casi sin problemas –Hay cosas que todavía extraño de mis vacaciones.

—¿Tus padres?

 

Minho estuvo a punto de negarlo, cuando la imagen de esa sonrisa llegó a sus ojos y lo bloqueó todo prefiriendo no responder a aquello y acomodarse mejor en su asiento.

 

—¿Fuiste a Legislación ayer? Tuve que ayudar a Kangta a mudarse de departamento.

—Si. El profesor mandó una investigación sobre los derechos y remuneraciones del trabajador extranjero.

 

Si pudiera concentrarse un instante sería excelente, Minho vacilaba de un lado a otro con sus ojos perdidos entre las hojas y las letras que se posaban en las blancas hojas que intentaba leer, pero últimamente todo era un poco más difícil. Más difícil de lo normal.

 

—¿Ha pasado algo?

 

Y Kyuhyun siempre era tan intuitivo que sacudía su alma.

 

—¿De que hablas?

—No contestes mi pregunta con otra pregunta— Esta vez Cho se quitó los lentes, mirándolo directamente a los ojos y Minho lo maldijo en silencio. Por ser tan endemoniadamente directo –Desde que volviste estás extraño.

 

—Solo me acostumbre a la tranquila vida del pueblito de mis padres.

—Es más que eso— Suspiró el mayor –Pero si  no quieres hablar, está bien. No es mi problema hacerle de consejero.

 

Kyuhyun volvió a lo suyo, con la lectura tranquila de quien estudia en medio del silencio y Minho miró las hojas que ahora parecían vacías a su parecer, extrañaba cosas que no tuvo y que duraron menos que el tiempo en que tarda en esfumarse de su cabeza.

 

Es incomprensible lo que le pasa y piensa que es quizás producto de ese tonto resultado de su mente jugándole sucio, como un vil muchacho desamparado al que solo lo han impresionado una vez, y aquello no parece salírsele de la cabeza.

 

 

 

 

Llegué— Luna tapó su boca de inmediato, la voz de Onew desde el otro lado de la línea con ese alboroto de gente que era fácilmente percibido  a su alrededor –Dios… Esto es tan increíble, ¡Luna al fin estoy en Seúl!—  Como si estuviera a punto de gritar, Onew había levantado la voz y dejado que sus impulsos lo sobrellevaran.

 

—Onew por favor ten mucho cuidado, recuerda no ser confiado y andar por los lugares indicados y descifra bien ese mapa— Sabía que debía hablar rápido, por que Onew tenía mucho que ahorrar y una vida nueva que empezar —…Y aliméntate como es debido.

 

Fue un susurro pequeño, una preocupación propia y un anhelo por que no olvidara llamarla.

Onew no solo sonaba agitado, parecía embelesado y ella casi podía jurar que el muchacho se encontraba mirando de un lado a otro mientras le hablaba.

 

Si, te prometo que lo haré. No tomaré ningún riesgo hasta conocer bien la ciudad.

—Llama seguido, todos en el bar quieren saber como te va, envía  muchas fotos.

Lo sé Luna. Voy a salir ya, he estado demasiado tiempo en el aeropuerto, ya quiero salir. Hablamos luego.

 

Luna escuchó el sonido molesto al saberse sola con aquella llamada, suspiró un poco cansada mientras movía un poco su pierna y pensaba en tantas cosas que la preocupaban, pero que no era sano repetirlo en su cabeza si confiaba en Jinki. Podía figurar momentos alegres para los venideros y asegurarse instantes en los que todo dejaría de dar vueltas en su mente.

 

Y tal vez esperar algo mejor para él.

 

 

 

 

Los ojitos le brillaban, como los niños pequeños cuando descubren algo nuevo. E igual que ellos, en los que cada respiración es una nueva aventura. Los pasos de Jinki se deslizaban por las calles con premura, con su cabello un poco largo moviéndose cada que su cabeza giraba y dejaba en el camino a los mechones aglutinados en su rostro, con la mochila en su espalda y esa sonrisa que era como un arco de esperanza.

 

Entre las luces se perdía y la gente que caminaba rápido, que parecía tan acostumbrada y ocupada, que le aburría ver el mundo que él apenas y descubría, como los faroles para los barcos Onew se dirigía a todo aquello que brillaba y era hermoso, entre las cortinas de agua y los largos pasajes, entre los modestos hombres que en alguna calle vendían libros y lo invitaban. Y con quienes por instinto conversaba.

 

—Tienes un curioso acento, muchacho— Había comentado uno de ellos, de esos sujetos que tienen amarrados una larga venda en la frente mientras acomodaba varios de esos pequeños libros que movía de un lado a otro sin razón aparente —¿Qué tan extranjero eres?

 

—No demasiado— rió Jinki ante la denominación de la curiosa pregunta, ojeando un par de libros y mirándolos sin cuidado –Soy de aquí de Corea al menos.

—Eso es bueno— Objetó el hombre con una sonrisa amplia en los labios –Descuento para turistas nacionales, llévatelo por el precio mínimo.

 

Onew sonrió agradecido, buscando en su billetera el dinero casi como si se tratara de una oferta limitada y extendió los billetes mientras el hombre le entregaba el pequeño libre en una bolsa. Pero sucedió, que antes de que la bolsa llegara a sus manos el hombre pareció pensarlo y luego colocó otro libro más delgado.

 

—Es por que se ve la esperanza en tus ojos, muchacho— Confesó el hombre –Suerte en lo que sea que vengas a hacer por acá.

—Muchas gracias.

 

Y sonrió, como se hace en esas ocasiones con la pequeña bolsa entre las manos y su mirada descubriendo todavía los lugares que se le presentaban. Y sabe que en algún momento cuando se le despertó el hambre tuvo que comer algo pequeño mientras caminaba y adquiría una pequeña brocheta con diferentes carnes.

 

Un sabor delicioso, una mezcla extraña de salsa que nunca antes había probado, con un sabor distinto al acostumbrado en la sazón de la carne, pero sus pasos están inquietos, locos por seguir caminando, por descubrir hasta cansarse que ese lugar es más maravilloso de lo que parece.

 

Ve los carteles inmensos, las grandes pancartas que anuncias productos, que llaman a comprar entradas para algún concierto, los premios de algo en particular, y una que otra cámara de televisión grabando a una reportera que hace su trabajo. Todo tan apresurado y tan poca paz en sus rincones que Onew ya sospecha que le va a ser difícil acostumbrarse.

 

Pero está tan lleno de sueños, de ilusiones, que nada le parece difícil.

Todo es parte de un gran nuevo mundo para él.

 

—¡Hey!

 

Y sus pasos se detienen como hipnotizado por esa voz de fémina que ha gritado desde uno de los televisores de pantalla gigante, los colores lo absorben, el juego sombras y luces logran capturarlo y la música rítmica lo convence. Entonces, esa mujer que se desliza por la pantalla, convencida de ser buena abre sus sentidos.

 

—Increíble ¿cierto?— Mientras la música continúa y varios se acercan a verla, Onew puede deslizar su mirada hacía el hombre que se ha colocado a su lado, su cabello despeinado y su ropa deportiva, con una maleta entre las manos y esa sonrisa tan amplia que Jinki al instante la relaciona con veneración absoluta –Ella está más allá de lo que las palabras pueden explicar.

 

Onew regresa su mirada y la mujer baila, rodeada de hombres que parecen seguirla mientras ella domina la coreografía, con sus ojos fijos en la pantalla y esa sonrisa absorbente, ladrona de corazones mientras su belleza disfrazada le confirma que no es solo famosa, ella traspasó el limite hace mucho. Y Onew la mira, como se miran las estrellas, tan alto que es imposible tocarla.

 

—¿Quién es?

 

Pregunta ingenuo mientras el muchacho a su lado lo mira confundido.

 

—¿En verdad no sabes?

—Bueno, digamos que vivía muy ocupado y muy lejos de Seúl, así que…

—Es Boa— Lo interrumpe el de cabellos cortos –Y es la mejor bailarina que tus ojos pueden ver.

 

Pero también canta, fue lo primero que pasó por la mente de Onew cuando regresó su mirada a la pantalla, sin embargo para el muchacho a su lado eso parecía pasar a segundo plano cuando la miraba bailar, y su cuerpo adquiría la forma de un ser capaz de dominarlo todo a su paso.

 

—Soy Yunho— Cuando la canción finalizó y el muchacho giró hacía él. Jinki pudo ver su mano extendida –Mucho gusto.

—Yo soy Onew y pues es mi primer día en Seúl.

 

Los ojos de Yunho parecieron abrirse con sorpresa, de repente con empatía.

 

—¿Ha sido difícil?— Preguntó preocupado –Cambiar tu vida siempre trae más tristezas que alegrías al comienzo.

—Bueno hasta ahora todo ha estado bien.

 

Yunho sonrió –Entonces eres afortunado— De pronto Jung comenzó a sonreír otra vez y Jinki se sintió mucho más tranquilo –Yo tampoco soy de acá, vine para poder cumplir mi sueño y ser bailarín. Me ha costado mucho, vivir en Seúl es más difícil de lo que parece pero ya me aceptaron en la academia y sé que algún día bailaré para ella.

 

Onew pensó rápido —¿Para Boa?

—Si— Sonrió él –Algún día estaré en una de sus coreografías y sentiré que todo por lo que he pasado ha valido la pena.

 

Yunho levantó el puño en alto y Jinki lo imitó, con una sonrisa confiada en los labios ante la expresión animada que el  hombre le mostró en ese instante.

 

—¿Y qué te trae por acá?

—Bueno…— Onew sonó dubitativo –Yo quiero ser presentador, estar frente a las cámaras y brindar mi carisma.

 

Yunho rió un poco, la voz animada de Onew era mucho más contagiosa que la suya.

 

—Eso suena bien, pero es extraño— Jung rascó un poco su nariz –La gente generalmente quiere convertirse en cantante, actor o algo parecido.

—Si, bueno… Yo quiero más bien algo menos complicado, ser presentador para mí está bien.

 

—¡Yunho!

 

El grito llegó desde uno de los laterales, desde la tienda donde habían estado viendo la pantalla gigante y un muchacho salía de ahí con una pequeña funda en las manos.

 

—Dime.

—Ya vamos.

 

Yunho suspiró, girando de nuevo hacía él y estirando su mano.

 

—Fue un placer conocerte y espero poder verte de nuevo, como todo un presentador en alguna cadena televisiva— Onew apretó su mano sonriente.

—Yo espero verte bailar para ella.

 

Tan pronto como ocurrió ese encuentro, del mismo modo se esfumó, Onew se encontró solo de nuevo, con su pequeño mapa en las manos, buscando el lugar adecuado donde quedaba el departamento y mientras sus sueños comenzaban, mientras imaginaba un futuro próximo para él y sus fantasías.

 

 

 

 

—¡…Voy!

 

 

Respiró hondo, esperando no equivocarse, repasando el nombre del amigo de Seungho, quien le había recomendado para el departamento, trató de peinar un poco más su cabello esperando no dar una primera mala impresión y cuando la puerta se abrió trató de respirar sin parecer nervioso.

 

—Hola, soy Lee Jinki— Se inclinó un poco ante la curiosa mirada del muchacho más bajo –Seungho me comentó que había hablado contigo por lo del departamento. Espero no haber llegado tarde.

—Despreocúpate— Comentó el otro –Apenas han pasado unos minutos. Adelante.

 

Por dentro el lugar era mucho más acogedor que en las fotografías que su amigo le había enseñado, era un lugar pequeño, precisamente para dos personas y un pequeño balcón adecuado que hacía el lugar mucho más fresco, recordándole tanto a su antiguo departamento.

 

—Yo soy Kim Jonghyun.

 

Onew tomó asiento frente a él en el pequeño mesón de la cocina, bebiendo el pequeño vaso de jugo de frutas que le fue brindado.

 

—Ya hablamos bastante por teléfono, además Seungho te vendió como la séptima maravilla del planeta, así que espero que todo salga bien.

 

Jonghyun parecía dominar por completo el tema de conversación.

 

—Soy nuevo en Seúl, pero pretendo ajustarme bien al tipo de vida que llevan por acá.

—Por cierto— Jonghyun pareció recordar algo –Seung me pidió que te ayudara con algún trabajo que supiera. No es mucho, pero para empezar está bien.

 

Onew se mostró sorprendido de inmediato.

 

—¡No hay problema!— Aseveró de inmediato —¿De que se trata?

—Es de repartidor, es un horario cómodo y tienen un salario decente, un amigo me lo comentó.

—Muchas gracias.

 

Sonrió ampliamente, con esa sonrisa virtuosa en sus labios mientras Jonghyun de pronto parecía sorprenderse al verlo, como si recién lo mirara en verdad y luego tosiera discretamente para dejarlo pasar.

 

—No hagas eso.

—¿Qué cosa?

 

—Sonreír de esa manera— Aclaró Jonghyun –La gente suele aprovecharse de la gente con sonrisas ingenuas.

 

Onew asintió contrariado, pero Jonghyun solamente mordió su lengua ante la desventura propia de su orgullo, por que estuvo a punto de calificar a esa sonrisa como hermosa.

 

—Iré por algo de comer— Empezó a levantarse el más bajo –Acomódate en la habitación al final del pasillo, luego te enseño el barrio y seguimos hablando.

 

Jonghyun de pronto había cogido su billetera y desaparecido de ahí, Onew miró el lugar intimidado, sintiendo el lugar de pronto tan grande para él que lo asustaba, respiró hondo y levantó un poco el puño. Podía hacerlo, esa pequeña aventura suya que apenas estaba a punto de comenzar.

 

Sonríe hijo” Y es que en esos momentos solo la voz de su madre podía alentarlo “Sonríe, por que un día tu sonrisa puede conquistar al mundo entero.

 

 

 

—Onew la llamaba seguido ¿cierto?

 

Luna volvió a sentirse incómoda –Ya no tanto como antes— Movía sus manos otra vez, las tomaba entre las propias y el mismo aire acondicionado la hacía sentir frágil y desamparada –Onew antes me llamaba una vez a la semana, de pronto dejó de hacerlo con tanta frecuencia, y a veces pasaba meses sin dar señales de vida.

 

—¿Entonces su amistad se deterioro?

—No exactamente— Luna suspiró –Él sufría mucho en Seúl… Más de lo que el resto creía, a pesar de sus sonrisas, cuando lo veía… Su sonrisa ya no era la misma, mostraba una inocencia tan falsa que yo… yo no…

 

Ella tapó su rostro, con sutiles sollozos que se escaparon de sus ojos, acompañados por el tintineo que le provocaba las cadenas en sus muñecas, era como un embeleso continuo ante ese rostro hermoso y delicado que la mujer mostraba.

 

 

—¿No había dicho que él era inocente?

—No se equivoque— Se apresuró en decir la rubia — Lo que yo dije, fue que Onew era ingenuo.

 

—¿No estamos hablando de lo mismo?

—No— Luna ni siquiera reparó en secar sus lágrimas –Por que Inocente es la persona que desconoce, ingenuo es aquel que conoce, pero piensa que en algún momento puede pasar algo distinto.

 

—¿Jinki entonces confiaba que algo en su vida cambiaría?

Luna sonrió —…Él ya no  confiaba en nada. Incluso a mi me hizo a un lado.

 

 

Fin Episodio Cuatro

Un comentario sobre “Nirvana: episodio 4

    liz escribió:
    27 enero, 2013 en 22:41

    Tan hermoso!! Ya me avente los 4 seguidos! Eres una exclente escritora! Realmente haces que mi mente se imagine todo!! Muchas gracias por este fic! Lo continuare hasta el final! Espero con ansias la continuacion!

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