Precedentes: Octavo síntoma

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Precedentes de una Adicción no Controlada

El infortunio de la nada

Octavo Síntoma

 

 

 

Aquella noche Ryosuke tuvo un mal presentimiento.

 

De esos que inutilizan al resto de emociones mientras sus manos cortaban la carne con aquellos cubiertos que habían sido puestos a su disposición en tanto los otros tres miembros de la mesa únicamente paseaban sus miradas y hacían conversaciones breves, sobre cosas sin sentido que mantenían a Ryosuke lo suficientemente intranquilo como para fingir que eso no estaba sucediendo y que Yuya frente a él, junto a su padre no formaban parte de su familia.

 

De vez en cuando, Ryosuke posaba la  mirada en su madre, ella tan hermosa y radiante a su lado mientras miraba al padre de Yuya con ojos de enamorada que hacían al menor torcer los gestos y mascullar cosas sin sentido que se perdían entre sus dientes y al final no abandonaban sus labios.

 

Podía escuchar el sonido del violín dentro de aquel restaurante de lujo, veía a los  meseros andar de un lado a otro, prefería mirar a cualquier lado en vez de estar ahí, fingiendo que eso realmente le importaba o al menos se sentía cómodo. Ryosuke extrañaba a su padre en momentos como estos, y odiaba que hubieran tenido que separarse.

 

—Ryosuke— La voz de ella sonaba suave, como una caricia a los sentidos –Yuya— Así que levantó la mirada en cuanto notó a los mayores tomados de la mano, con una sonrisa enorme en los labios que hizo a Ryosuke empezar a temer lo peor –Hemos decidido casarnos. Y esperamos contar con su apoyo.

 

No era una consulta, y en su mente era hasta ridículo pensar que ambos adultos decidieran consultar algo que al parecer era tan personal mientras lo involucraba de una manera que personalmente, Ryosuke sentía impensable. Desde su lugar Yuya se movió incómodo, apretó la copa entre sus manos y bajó la mirada. Expectantes ambos adultos esperaban una respuesta mientras Ryosuke, todavía inmóvil solo mantenía su mirada en los mayores.

 

—Yo…— Pero era adusto, imposible de aceptar, sin embargo Takaki había empezado a sonreír, tan mínimamente que más bien era mera complacencia –Me siento feliz por ustedes.

 

El sabor amargo en las palabras de Takaki jugueteaba asombrosamente mientras su rostro luchaba por enmarcar una sonrisa que al final de cuentas nunca llegó, así que Ryosuke tomó una decisión, por que no iba a ser tan hipócrita como Yuya y sonreír mientras fingía que nada pasaba.

 

Agarró la servilleta sobre sus piernas, dejándola caer sin el más mínimo cuidado sobre la mesa, logrando que su madre lo mirara sorprendida y la gente a su alrededor los notara.

 

—Ryosuke— Lo llamó ella —¿Qué estás haciendo?

—Acabo con esta sarta de estupideces.

 

—Ryosuke— Y esta vez su voz sonó severa, sus ojos lo capturaron con fiereza y sin embargo él no se vio intimidado –Toma asiento.

—¿Para qué?— Sonrió —¿Para que juguemos a la casita feliz cuando ambos saben a la perfección que Yuya y yo ni nos soportamos? Discúlpame, madre. Pero hasta que no recuperes la sensatez prefiero no estar cerca.

 

La silla provocó el ruido molesto, dejándole campo abierto al menor para levantarse en medio de las miradas que justo ahora lo importunaban, pero Ryosuke solo apretó los puños y caminó, con su rostro enojado y los pasos llevaderos que lo jalaron hasta la salida.

 

 

 

 

—Daiki…

 

Arioka se había acostumbrado a que su nombre sonara en diferentes tonalidades de acuerdo a la voz que lo llamaba, se había acostumbrado tanto a los matices extraños de la voz que cuando alguien pronunciaba su nombre era tan solo un llamado ahogado y bastaba con eso para que Daiki supiera exactamente qué es lo que quería la otra persona de él,  y sin embargo Yuto siempre había sido la excepción a la regla.

 

—Dime.

—Estás muy extraño últimamente.

 

Sonrió, por que le parecía asombrosa la repentina preocupación que el otro le mostraba mientras se sentaba a su lado en la cama y pasaba una mano por su espalda, un gesto de cortesía, un simple gesto que le permitía abrirse ante él, aunque Daiki supiera a la perfección que eso no sucedería.

 

—No es nada.

—Pues para ser ‘nada’, esa ‘nada’ logra que te veas fatal.

 

—Yuto…— Esta vez lo ignoró, soltando sus palabras como un juego —¿Tú en verdad crees que luego del colegio la vida para nosotros cambiará definitivamente?

—Nosotros ni siquiera hemos empezado a vivir, Daiki— Yuto sonrió, pasando una mano por su rodilla, tratando de capturar su atención –Empezaremos a vivir justo después de graduarnos, entonces o nos sumimos a las órdenes o armamos una vida.

 

El cuentagotas empezaba a sonar en su cabeza, despacio y arrítmicamente, lo suficiente como para que sintiera esa molestia desagradable que lo hacía fruncir el ceño mientras lo demás en su vida sucedía.

 

—¿Vas a hacer lo que te de la gana, verdad?

Nakajima se permitió reír en ese instante –Así es.

 

Daiki apretó los puños casi sin cuidado “¿Qué vas a hacer tú Inoo?” La imagen reflejada en sus pupilas como si fueran perennes y otra vez la mano de Yuto, en esta ocasión sobre su brazo logró desconcentrarlo.

 

—Daiki…— Murmuró despacio –En serio ¿qué sucede?

—Nada…— Se apresuró en contestar, aunque luego las palabras lo abandonaron como una culpa en medio de confesión –Desde el comienzo solo fue nada.

 

 

 

 

Su padre alguna vez le dijo que los amigos se preocupaban por los amigos, que el afecto en mayor o medida era demostrado por aquellos espacios de tiempo en lo que uno se comprometía a velar por la seguridad del otro, a su manera o como supiera manejarlo, pero sin involucrarse demasiado a menos que esa persona lo permitiera.

 

Hikaru se preocupa por Keito.

 

Por su mirada que de repente huye de la suya, por el poco tiempo que comparten de repente y lo renuente que se muestra para hablar con él sobre lo que le preocupa y acaba acaeciendo en medio de sus prioridades. Ve su espalda amplia, recostado sobre la cama, justo del otro lado de la habitación. Keito respira suave y rara vez se mueve, no duerme, por que Hikaru lo conoce tanto que puede hasta predecir sus movimientos.

 

Pero Okamoto no va a pronunciar palabra y Yaotome no cree poder adivinar lo que pasa por esa cabeza, por esos instantes en los que se sume entre las sábanas y oculta su rostro en la almohada, como si se avergonzara de algo, o estuviera atormentado. Sabe que algo le preocupa, pero no puede ayudarlo si Keito no va hasta él, ya lo persiguió lo suficiente. Aún así, teme perderlo.

 

 

 

 

—Ya hablé con tu madre.

 

Ryosuke se hundió un poco más en el sillón, con el ceño fruncido y las manos apretadas, tiene el cabello alborotado por que ha pasado la mano por entre su cabello bastantes veces y sin embargo no puede dejar esa tensión en su espalda, mientras escucha la voz de su padre y el ambiente a hogar que se respira en ese departamento lo alberga.

 

—La has dejado muy preocupada.

—Ha sido ella quien ha salido con tremendas tonterías.

 

Su padre es ese tipo de hombres que cuando sonríe le regala una pequeña gota de esperanza, es amable y cariñoso con él, lo protege y lo entiende. Sabe decir las palabras adecuadas, es la persona ideal, es con quien le gustaría compartir su vida ahora que su madre ha decidido compartir la suya con el insulso padre de Yuya.

 

—Ryosuke no puedes esperar realmente que tu madre no encuentre alguien más en su vida— Lo abrazó, sutilmente pasando una mano por sus hombros, con su voz lo más conciliadora que podía –Un día tú te irás de casa y ella se quedará sola, tienes que entender.

 

—No quiero que se quede sola— Reconoció bajito, mirando de soslayo al hombre que lo sostenía con un brazo –Pero ese hombre que ha escogido no es el indicado.

—Hijo, confía en el buen juicio de tu madre.

 

Yuya jamás le había agradado y ese hombre que parecía ser la esencia viva del mayor nunca terminaría de aceptarlo, su vena interna pugnaba por no hacerlo y se negaba a aceptarlo en su vida, en su mundo, en su declive de fantasías heridas mientras los otros parecían compenetrarse en un mundo en el que él no encajaba.

 

—Él no es el indicado— Repitió, como si de un mantra se tratara –No lo quiero en mi vida, no quiero a nadie más que tú como padre.

—Ryosuke, es mejor para ti que tengas una figura paterna.

 

Los ojos del menor se abrieron de par en par, de repente su padre lo miraba con cariño y acariciaba su rostro, anticipándolo a algo que él no esperaba.

 

—¿Qué estás queriendo decir?

—Me han ofrecido un trabajo en América.

 

—¿Qué?— Se levantó, escapando de sus brazos y mirándolo con resentimiento, nuevamente con los puños apretados y su ceño fruncido, no dejándolo pronunciar otra palabra —¿Vas a dejarme? ¿Te has vuelto loco?— Capturó el sentimiento que había albergado desde el inicio de esa noche y se conjugó con fuerza en el resentimiento —¿Por qué me haces esto?

 

—Ryosuke, por favor. No eres un niño pequeño. Tienes que entender que tu madre y yo nos hemos separado— Trató de abrazarlo de nuevo, pero esta vez Ryosuke se escapó de sus brazos –Jamás voy a abandonarte, pero esto es importante para mi.

 

—Por eso te dejó mamá— Rezongó de repente –Todo es más importante para ti que tu familia.

 

Entonces sus pasos se escucharon contra el piso, encerrándose en aquella habitación de reserva que su padre había adecuado desde hace muchos años para él, no lo necesitaba, no necesitaba nada de nadie. Por que al final, a quienes querían siempre terminaban dándole la espalda, abandonándolo en la intemperie entre la soledad y el resentimiento.

 

 

 

 

Cuando finalmente los ojos de Yabu se abrieron, la mañana había aparecido y la molestia en su garganta persistía a pesar de que la fiebre había disminuido y su malestar, aunque menor, persistía. Buscó por instinto a Ryutaro, estiró su brazo hacía el lado vacío de la cama y sin embargo no lo encontró.

 

—¿Ryutaro?

 

Tenía la habitación que no le pertenecía en  completa soledad, casi vacía de no ser por el hecho que se encontraba ahí, se suponía que Ryutaro debía amanecer junto a él, en medio de una conciliación extraña que habían encontrado la noche anterior, cuando los labios del menor lo habían buscando a pesar del odio que le profesaba.

 

Se suponía que había derrumbado una barrera en Ryutaro.

Y ahora simplemente no aparecía.

 

 

 

 

—No puedo irme si sigues comportándote de esta manera.

 

Ryosuke no estaba dispuesto a cruzar más palabras de las necesarias en cuanto hubiera despertado esa mañana y su padre le hubiera comunicado que lo iría  dejar hasta el internado, apretaba descuidadamente la tela de su pantalón mientras el hombre lo miraba y finalmente, con el paso de los segundos suspiraba.

 

—Ryosuke…

—Es tarde, tengo que ir a cambiarme antes de ir a clases.

 

Se deshizo del cinturón con más velocidad de la esperada y el hombre al volante únicamente suspiró, mirándolo empezar a abrir la puerta del auto mientras se acomodaba un poco mejor la camisa.

 

—Cuídate.

 

No hubo respuesta por parte de Ryosuke, únicamente su cabeza en alto caminando hacía el interior de uno de los edificios, encaminado como si de pronto nada más allá que él le importara.

 

 

 

 

Para la primera hora de clases, Takaki se había empezado a hartar de la actitud repentina que Kota había tomado en respecto a Morimoto, sus ojos lo buscaban de un lado a otro y de vez en cuando tosía  por que no se había recuperado por completo después de todo y aún así se la pasaba susurrando las misma molestas palabras.

 

‘¿Dónde puede estar?’

‘Es extraño que sencillamente halla desaparecido’

 

Y empezaba a cansarse de esa actitud adusta que no lo llevaba a ningún lado ya que el menor después de todo tampoco le contestaba las llamadas, Yuya de vez en cuando lo veía de reojo, notaba su inquietud, preocupación y molestia, pero a ratos también se preguntaba ¿por qué su mejor amigo podía dejar pasar de lado el hecho de que él tampoco se encontraba mejor?

 

Luego Kota volvía a sus murmullos extraños, dejando escapar su mente y la mirada y Takaki entonces suspiraba, harto de esa situación en círculos mientras Yabu buscaba a alguien, que sencillamente no quería ser encontrado.

 

 

 

 

Antes del receso Daiki ha perdido las ganas de seguir asistiendo a clases y sus ojos no han podido identificar por ningún lado a Kei. Como si de pronto lo hubiera abandonado a su suerte en medio de una intemperie de desconocidos, aunque sabe que anda por alguno de los pasillos de clase en clase, sabe que anda por ahí, pero aún así no tiene el valor para encontrarlo.

 

Verlo hoy no parece ser tan buena idea.

 

—¿Arioka Daiki?— La voz a su espalda lo hace girar. La muchacha es bella y su rostro se le hace conocido tan inevitablemente que siente un espesor extraño en la boca del estómago, así que mientras tanto solo asiente y ella sonríe, con un pequeño asentimiento a modo de reconocimiento –Mucho gusto, soy Seung OhDara ¿tienes un momento?

 

La respuesta que grita su cerebro es que no.

No, de ninguna manera y sin embargo su boca se mueve sola cuando puede percatarse y ella le ha regalado otra de sus espectaculares sonrisas.

 

—Si, claro.

 

Así que se enrumba junto a ella en medio de los pasillos mientras la mira de soslayo y parece reconocerla, aunque sus instintos gritan ahora que se de media vuelta, se inventa una excusa y simplemente se vaya. Pero no puede, por que la duda lo invade y de pronto necesita saber el por que de esas sensaciones que repentinamente lo invaden.

 

—¿Te conozco de algún lado?

—Me imagino— Suelta ella, con un pequeño suspiro, avanzando por los pasillos –Soy la prometido de Inoo Kei.

 

Entonces Daiki no se mueve más, detiene sus pasos y la mira como si su cuerpo entero quemara y se maldice, una y otra vez, por no haber escuchado a sus sentidos a tiempo, por querer irse con más intención que antes aunque es ahora su orgullo el que se lo impide.

 

Se regocija, como un maldito masoquista mientras la mira y observa lo bella que es, lo mucho que de repente quiere besarla por que su parte retorcida de repente la desea. Pero no, es más que eso. Daiki la quiere, por que quiere que Inoo no la vea, con la misma adoración que seguramente la mira.

 

—¿Arioka?

 

Pero siente nauseas de repente. No puede, su voz, sus ojos, todo en ella de pronto le resultan airoso, pretencioso y colmado de un ego que el quiere destruir a patadas, así que sonríe, con la mejor de sus sonrisa, por que un buen jugador planea estrategias antes de mostrar emociones, sacude la mano y amplía su sonrisa un poco más.

 

—Con razón te me hacías conocida— Pronuncia cuidadosamente –Eres más bonita de cerca, OhDara.

 

Ella parece consternada, pero a él no le importa.

 

—Vamos a uno de los bares, seguramente quieres hablar de algo importante conmigo ¿no?

—Si, así es.

 

Hace mucho que ella ha dejado de importarle.

 

—Perfecto, vamos entonces.

 

Inoo es lo único que ocupa su cabeza.

 

 

 

 

—¡Yaotome!

 

Chinen corrió, como pocas veces cuando vio al muchacho alto que usualmente se perdía entre la gente, Hikaru giró para encontrarse de frente con Yuri y él solo pudo estirar un poco su mano mientras le pedía que esperara un rato. Sonrió, por que de pronto Chinen se veía adorable.

 

—¿Qué sucede?

—Ryosuke— Y el nombre del muchacho lo atraviesa como un rayo de repente —¿Lo has visto?

 

Pero Hikaru no entiende por que Chinen ha venido a preguntarle por Yamada justo a él, de entre tanta gente.

 

—No, pero…

—Diablos— Musita el menor entre dientes, mientras desvía la mirada y aprieta los puños –Ayer salió con su madre a cenar y desde anoche no contesta mis llamadas. Me tiene preocupado.

 

—Hikaru…— Takaki aprieta el hombro de Yaotome con cuidado, robando su atención un minuto –El profesor de Física te está buscando.

—¿En serio?— Yaotome parecía decidido a acompañar a Chinen en su búsqueda –Iré, luego te hablo Chinen, para ver si supiste algo de él.

 

Yuri asiente casi por inercia mientras lo ve alejarse con los pasos rápidos y Takaki se queda frente a él, con las manos entre los bolsillos y su mirada cansada, luego suspira y Yuri siente escalofríos.

 

—¿No ha hablado contigo?

—¿Quién?

 

—Yamada ¿no ha hablado contigo?

—No, desde ayer, y hoy no lo he visto.

 

Takaki se remueve incómodo un instante, vuelve a suspirar –Acompáñame— Y se encamina hacia algún lado que Chinen desconoce, pero aún así lo sigue, por que de repente siente que debe ser así. Finalmente se detienen en medio de los pasillos y Takaki le da la espalda, luce cansado, con sueño y sin muchos ánimos de nada precisamente.

 

—Nuestros padres se van a casar— Confiesa en un momento, ahora que los pasillos están desolados y Yuri levanta la mirada, Ryosuke ni siquiera le había mencionado que saldría con Takaki y su padre –Él no pareció tomarlo de muy buena manera.

 

—¿Y tú?

 

La palabra sale casi sola, sorprendiendo al más alto e incluso a él mismo.

 

—Si mi padre cree que es lo correcto, es asunto suyo.

 

Yuya lo mira de repente y la perspectiva de su mundo es una sacudida impredecible, cuando por primera vez no juegan y no hay palabras de más que los interrumpen. Chinen vuelve a ver esos ojos que los traspasan y su pecho siente esa calidez que le provoca un cosquilleo extraño en el cuerpo.

 

—Creo… que iré a buscarlo.

 

Huye por que los nervios no se compadecen de sus sentidos que franquean con traicionarlo en cualquier momento. Huye por que es más fácil que admitir que en algún momento Yuya ha empezado a controlar parte de sus reacciones y movimientos mientras camina y se aleja y él no hace nada por impedirlo.

 

 

 

 

Ryutaro es un tipo de decisiones comunes, claras y precisas mientras da sus pasos cortos, abrumado y todavía confundido por la razón por la cual llamó un taxi cerca de las cuatro de la mañana para pedir que lo sacaran de ahí y lo llevaran hasta su casa, se recostó entre sus sábanas con cuidado sabiendo que sus padres estaban fuera de la ciudad, que Shintaro ni se fijaría.

 

Se sumió en los estragos de su fiebre mal curada y el cuerpo de Yabu que todavía lo sentía cerca del suyo mientras planeaba en lo primero que haría apenas se medio recuperara, no quería a Kota cerca, confundiendo y desplantando sus pocas emociones mientras su cabeza solo giraba en torno a un solo nombre que ya no parecía tan fijo como antes.

 

Era una necesidad molesta e imperiosa por verlo y comprobar que las cosas no estaban cambiando a pesar de que su boca buscara otra que no le correspondía. Se fundía en sus confusiones y se lamentaba como niño pequeño, necesitaba verlo, solo para comprobar que seguía siendo él. Y que el Ryutaro de antes seguía presente.

 

Así que luego de haber dormido casi toda la mañana se sentía listo, recuperado y con la ropa recién puesta dispuesto a salir directo a la casa de Yuma que no se encontraba tan lejos de la suya, sus pasos bajaban las escaleras, siendo más audibles las voces en la entrada de la casa que se asemejaban a unas conocidas.

 

—Shintaro— Era Yuma, única y exclusiva voz que la reconocía a pesar de la distancia –Esto no es gracioso.

—Lo es, déjame demostrarte cuan divertido puede ser.

 

Lo supuso y cuando sus ojos lo captaron fue justo como unas nauseas que lo hicieron erguirse con la barbilla en alto mientras terminaba de bajar los escalones y el estómago le dolía horrores, por que no iba a ser escándalo y no le iba permitir a Shintaro saborear el triunfo mientras continuaba aferrado al cuello de Yuma y lo besaba como el maldito precoz que siempre ha sido.

 

—Te dije que ya basta.

 

Así que Yuma lo empujo, suave y reiterativamente mientras retrocedía y luego parecía posar sus ojos lentamente hasta el lugar donde él se encontraba.

 

—¿Ryutaro?— Esta vez fue Shintaro con los ojos abiertos de par en par, asustado quien caminó hasta él —¿Qué haces aquí?

—Visitarte no es obvio.

 

Su cerebro no razonaba, sus impulsos viajaron hasta su hermano que solo pudo dar un paso hacía atrás cuando el puño de Ryutaro se impactó en su mejilla y provocó esa mancha que luego se volvería un molesto morado en la zona cerca de su ojo, abarcando tanto con su simple puño.

 

—Siempre has sido así— Escupió ácidamente sin tapujos ante la inactividad del menor –Egoísta deseando todo lo que tengo. ¡Un maldito desagradecido, inconforme con lo que posees!

—¡Eres un…!

 

 

—Ya basta.

 

Yuma los interrumpió, justo antes de que Shintaro se lanzara sobre Ryutaro y cuando este quiso tocarlo, Ryutaro únicamente sacudió su brazo, su mirada feroz posada en los ojos de Yuma quien pareció no moverse por un instante.

 

—Tú no me toques— Habló –Inténtalo y a ti se te rompo la nariz.

 

Así que los pasos de Ryutaro avanzaron hasta la salida sin mirar atrás mientras cerraba la puerta y protestaba interiormente por ese fuego que se formaba en la boca de su estómago y lo hacía caminar con mayor velocidad hasta el auto. Notando entonces, que ninguno de los dos los perseguía.

 

Fin Octavo Síntoma

5 comentarios sobre “Precedentes: Octavo síntoma

    Denis-ce (@YuukiNii) escribió:
    10 enero, 2013 en 22:09

    No pude evitar decir “puto Yuma” *^* o sea, quizás no tenga la culpa pero me siento herida por Ryutaro. Por mí que todos quieran con él(?)😄

    Me gusta

    Ago ☆ミ(o*・ω・)ノ (@UeboHime) escribió:
    11 enero, 2013 en 0:09

    Yuma… yo pensé que tenían algo… aunque hubo un poco de resistencia quizá aún lo quiere, ne?
    En cuanto a Chinen, yo me pregunto… por qué demonios no acepta sus sentimientos >.< Si el TakaChii es tan bello~ Yuya no es malo yo lo sé, a pesar de todo lo que pueda decir Ryosuke, yo sé qe no lo es ♥
    Ah, ¡quiero OkaJima!
    ¿Qué le dirá OhDara a Daiki? Me intriga demasiado!
    ¿Hikaru está enamorado de Keito?

    Me gusta

    tsukijunguk escribió:
    12 enero, 2013 en 1:13

    Al parecer Yuma cayo ante las redes de Shintaro.

    ahora a ver que hace el pobre de Ryutaro con eso, se nota que le dolio hasta el alma.

    Y los demás… demonios es todo un lio!!!!!!

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    miku escribió:
    10 febrero, 2013 en 22:56

    Muuuuchas gracias por la continuacion *O*

    asdfghjhgfasdfghjk OMG!
    Genial! *o*
    me encanta el yabutaro *O*
    y asdfghghfds por un momento odie a Yuma >-<

    asdfghgfds
    espero que pronto haya continuacion
    onegaiii~

    Me gusta

    Haine escribió:
    20 marzo, 2013 en 12:48

    OMG Recién lo leo ;____;
    sfsdfsdsfdfsfsd por favor síguelo lo antes posible
    El TakaChii me puede, maldito y extraño Chinen e.e Fuuuu(?)

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