La sonrisa de Apolo: capitulo tres

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La Sonrisa de Apolo

Fantasías de un deseo comprometido

 (A medida que lo descubro, mis sonrisas son infinitas)

 

 

Había empezado con un simple roce de su piel.

 

Una mañana cualquiera cuando Onew atiborraba su atención en un libro que Joon le había prestado, un libro sencillo, de pocas páginas y trama sencilla, mientras sus ojos viajaban de un lado a otro y una sonrisa se dibujaba en su rostro. En tanto el olor del te lo rodeaba y lo hacia sentir tan confortable que podía definir ese momento como simplemente pacífico.

 

—Onew…

 

Su voz llegó sin sorprenderlo, el eco de sus pasos se habían escuchado desde lejos, pero Minho se sentó a su lado y sonrió, estuvo tan cerca, que casi por instinto escondió un poco su mano cuando la de Minho tocó la suya y luego también sonrió.

 

—Lo siento, me sorprendiste.

—No te preocupes— Sonrió Minho y descubrió que el menor sonreía mucho últimamente –Te quería pedir algo.

 

—Claro, dime.

 

Y era su deber, como buen líder, el ayudar a sus amigos cuando lo necesitaran.

Aunque no siempre lo necesitaran como a él le gustaría.

 

—Verás hyung, estoy pensando en declarármele a alguien, y quisiera que me ayudaras.

—¿Es en serio? — Repentinamente Jinki se sintió incómodo —¿Desde cuando tú necesitas que alguien te ayude con eso?

 

Era una debilidad extraña e impredecible.

Minho siempre era tan conquistador y lleno de las palabras adecuadas, que de pronto Onew se sentía inexperto, incapaz de decir algo nuevo que al menor sorprendiera.

 

—Si, bueno. Más bien quiero que me acompañes y me des tu opinión sobre lo que pretendo hacer.

—Es incómodo— Aclaró antes de que Minho continuara –Pero supongo que si viniste a mi es por que en verdad necesitas ayuda.

 

Minho sonrió, tan ampliamente que pudo visualizar sus dientes blancos y rectos. Su expresión repleta de entusiasmo y satisfacción mientras asentía y lo miraba, francamente Onew no tenía ganas de aprenderse el nombre de la nueva conquista de Minho, por que a veces eso cansaba y fingir que no le importaba costaba bastante como para ocupar su mente en más cosas que echar sus sentimientos a un mar de causas perdidas.

 

 

—Entonces iniciaré con una cena— Onew se acomodó un poco mejor en la silla, mirando la gente pasar fuera del enorme cristal mientras Minho, vestido con sus mejores prendas platicaba lo más relajado que podía, con sus ojos brillantes y esa carisma despierto de repente —¿Te gusta este lugar?

 

—Claro— Aseguró sin pensarlo, sin detenerse a pensar si mentía o decía la verdad –Es un bello lugar.

—Me alegra. Sabía que sería una buena elección.

 

Minho cortaba la carne en su plato y Onew permanecía más bien distraído. Minho tenía una perspectiva del amor tan abstracta que cuando alzaba la mirada se creía repentinamente enamorado, de nuevo, y Jinki en cambio era un hombre de convicciones de ese amor que se descubre con el conocimiento y la aceptación, la unión. Con esa madurez tan palpable que era incluso hasta hermoso.

 

Minho era tan visual y él en cambio tan auditivo.

 

Minho se enamoraba con la mirada, con el rostro bonito y la figura perfecta.

Onew en cambio se enamoraba con las palabras, creía en las promesas de amor y se equivocaba.

 

Ambos tan parecidos y tan distantes que Onew hace mucho que había dejado de pensar en que buscar a la persona indicada dependía de él, no tenía el tiempo ni la fortuna. Tan solitario como Minho, que vivía de ser en ser buscando algo que al final lo dejaba más vacío. Onew en cambio permanecía solo, sin acceder a una persona que al menos le regalara esa pizca de esperanza que hace mucho había perdido.

 

Tan ocupado, tan estresado… Tan cansado.

 

—¿Te gusta la comida?

 

La verdad no la había probado, no tenía como mentir.

 

—Si— Y metió un pedazo de la comida en su boca —Está deliciosa.

 

Su voz salió precaria y confusa, Minho entonces rió, divertido, como si de repente disfrutara de esta muestra gratis de amor barato que él nunca presenciaría. Por que Minho era visual, y a él lo había mirado hace mucho tiempo, y el amor hasta ahora, jamás había florecido.

 

 

 

 

—A la gente le gusta el romanticismo de los doramas.

 

Onew giró divertido —¿De qué hablas?

 

Sus pasos tranquilos por esa zona alejada donde las personas rara vez transitaban y podían cuando menos deambular tranquilos, entre las calles bajas y ese abrigo negro que particularmente a Jinki tanto le gustaba, como le gustaba la manera juguetona en la que Minho caminaba, tratando de no pisar las rayas en el suelo y saltando de vez en cuando, como si se tratara de un niño pequeño.

 

—Hablo de lo que sucede en los doramas, de ese ambiente romántico e impredecible— Onew rió suavemente, Minho se estaba esforzando tanto que era incluso hasta enternecedor, que se sintió dichoso por esa otra persona por la cual Minho había preparado tanto, aunque justo ahora estuviera oscuro y empezara a lloviznar como si le dijera a gritos que ese momento no le pertenecía –Tomaría su mano y correríamos juntos.

 

Las manos de Minho siempre habían sido grandes, cubrían el frío de las suyas con esa calidez repentina y ese tacto suave que Onew nunca había pensado que tenía, con la firmeza de la fuerza en sus brazos y ese impulso extraño que lo hizo sonreír y seguirle el paso a Minho cuando empezó a correr por las calles mientras la lluvia se intensificaba y Onew se mentía creyendo que esto era para él.

 

Si pasó corriendo por horas nunca se dio cuenta.

Minho apretó tan fuerte su mano mientras corrían y la lluvia se deslizaba por su frente que Onew solo corrió hasta que se encontraron bajo ese pequeño puente, tan pequeño y húmedo que cuando Onew se detuvo el halo de sus labios lo sorprendió mientras miraba hacía las calles.

 

—Supongo que aquí se acaba el romanticismo— Comentó gracioso, tratando de quitar un poco el agua que mojaba su abrigo mientras el cabello mojado se pegaba a su rostro –Este lugar es horrible.

 

Minho lo miró fijamente, de pronto tan serio que Jinki se lamentó por no haber tenido un poco más de tacto. Por no haber hecho notar de mejor forma que solo bromeaba. Pero Choi se acercó, con esa presencia imponente y sus pasos decididos, con esos ojos grandes y ese rostro fino y masculino.

 

—Entonces tomaría su rostro— Las manos cálidas de Minho lo distrajeron –Y haría que todo eso cambiara.

—Minho…

 

Sonó preocupado, incluso asustado.

 

—Le diría que más allá del lugar, sus ojos son mi hábitat.

—Eso es muy cursi— Rió un poco, pero Minho se acercaba y todavía tocaba su rostro –Oye, Minho…

 

—Le diría que se callara— Habló otra vez –Por que sus constantes palabras me hacen temer una negativa.

 

Oh, maldición…

Onew es auditivo, y se enamora de las palabras.

De esas palabras que el menor había estado pronunciando en todo el día, y que él, por escuchar las propias había dejado pasar desapercibidas.

 

Cede mientras el menor se acerca y sus labios tiritones lo reciben, cuando el halo de sus bocas combina y Jinki se pregunta cuantas veces tuvo Minho que mirarlo para darse cuenta, y es que él es tan auditivo que se enamoro de su voz, de sus chistes sin gracia, de sus palabras. Minho es tan visual que seguramente se percató de su sonrisa, de sus ojos.

 

Y siente, que de un modo u otro. Les faltan tantos sentidos por descubrir.

 

 

 

 

Esa tarde, tantas semanas atrás, habían llegado tarde, muy tarde.

 

Kibum daba vueltas de un lado a otro en la sala de estar y fruncía el ceño, movía sus manos mientras miraba el celular cada tanto y Taemin en uno de los sillones mordía su labio inferior, pegado a la televisión esperando enterarse de algo. Pero Jonghyun era diferente, él tenía la confianza ciega, de que si algo malo pasaba, se enterarían de inmediato.

 

Por eso cuando la puerta se había abierto Onew retrocedió asustado.

 

—¡¿Dónde han estado?!

 

Key lo miró directamente, con su cuerpo delgado caminando hacía él y su mirada retadora lo suficientemente firme como para que Jinki no mintiera.

 

—Solo salimos un rato— Habló Minho, tan tranquilo y sonriente que Key tuvo que calmarse un poco –Te escribí para decirte que saldríamos.

—Pero es muy tarde— Kibum no parecía dispuesto a perder en el hecho de que en verdad habían sido demasiadas horas –Y vienen todos mojados ¿qué pasa si se resfrían y luego tienen problemas con alguna presentación?

 

—Ya están aquí— Intervino Jonghyun mientras Onew se mantenía callado todavía –Déjalos en paz.

 

Era una tontería, una simple tontería que había mantenido a Jinki tan sorprendido que había preferido callar y mirar de un lado a otro, la razón por la que Kibum todavía lo miraba y parecía cada tanto más molesto.

 

—Hagan lo que se les de la gana— Rezongó Key –No sé ni por qué me preocupo.

 

Y luego se había encerrado en su habitación, dejándolo a Onew todavía un poco más confundido.

 

 

 

 

—¿Qué haces?

 

Onew pudo haber reído cuando Minho se movió a un lado suyo, bajo las sábanas de su cama compartida ante el desconocimiento de sus compañeros. La manera en que había juntado las manos al nivel de su barbilla y se movía de un lado a otro, abriendo mucho los ojos y parpadeando como podía solo para verse más lindo.

 

—Bueno, siempre dijiste que querías una novia con ageyo.

—Tú no eres una chica, Minho.

—Pero soy muy bueno con el ageyo.

 

Choi volvió a moverse un poco, esta vez con un puchero en los labios mientras Onew lo abrazaba y lo encerraba entre sus brazos con esa risa que últimamente se le había hecho costumbre. Eran apenas semanas, tan poco tiempo desde ese primer beso que iban en aumento mientras nadie los veía.

 

—¿Me traes un poco de yogurt? — Susurró Minho muy cerca de sus labios y Onew supo que no le quedaba de otra más que rendirse –En un rato tengo que salir a correr con Taemin y muero sino tomo algo antes de salir.

—Eres muy manipulador.

—Soy demasiado lindo, es distinto.

 

A Jinki se le ocurrieron tan buenas respuestas que decir eso que las prefirió callar mientras se levantaba de la cama y tarareaba un poco esa canción tonta que Minho lo había hecho escuchar hace unos días. Bendita canción que era una indirecta, bastante directa a sus compañeros. Solo los dos la tarareaban, solo los dos sonreían, solo los dos parecían dos idiotas enamorados.

 

—¡Auch!

 

El cuerpo delgado de Taemin chocó contra el suyo, nada más salir del cuarto y que el muchacho mientras corría de un lado a otro lo impactara.

 

—Lo siento, hyung. Iba corriendo y no me fije.

 

Sonaba arrepentido y él estaba de tan buen humor, que incluso de haber estado sin ánimos, igual no le hubiera importado. Sonrió, por que hoy estaba demasiado feliz y Minho esperaba por él todavía.

 

—Está bien Taemin. No es como si pesaras demasiado tampoco.

 

Escuchó la risa despreocupada de Taemin mientras volvía a ingresar en su habitación y sus pasos se dirigieron tranquilos a la cocina a ese lugar donde la espalda de Kibum pudo divisarla incluso desde lejos. Aunque últimamente lo tratara de una forma tan extraña, que el mismo se asustaba.

 

—Hola Key.

—Hola.

 

Seco, igual que los últimos días.

A veces pensaba, que Kibum había empezado a odiarlo y él no era capaz de adivinar desde cuando.

 

 

 

 

 

Onew tenia un temperamento especial, le gustaba disfrutar de las cosas buenas de la vida, y no importaba lo sencillas o complejas que podían ser. No le gustaban las cosas difíciles pero eso era su excepción y todo lo solucionaba con una sonrisa, pero podía dejar todo eso de lado si alguien simplemente se lo pidiera. Tan entregado, tan confuso y complicado al mismo tiempo.

 

Lejos de los ojos que lo captan de vez en cuando y que piensan que no puede haber nada oculto tras esos ojos vivos y sinceros. Que lo ven como un mundo sencillo y lleno de amparo, como si las personas no cambiaran, como sino pudieran tener más de una características, como si el ser entero de Jinki no pugnara por un grito a la mitad de un eco en el vacío.

 

—Es tarde.

—No mucho.

 

Las puertas del ascensor todavía no se abrían cuando Minho unió sus manos, como la más simple de las caricias, como si de pronto no le importara que nadie más los viera y él entonces sonrió. Lo suyo era una convivencia condicionada, a la cámara, a la prensa, a lo que diría la gente, pero a veces era bueno fingir que nada de eso les afectaba. Entonces Onew sonreía, por que era lo único que podía hacer, lo único que había aprendido a hacer cuando ni sus palabras ni sus acciones pueden solucionar la tormenta.

 

Y se había acostumbrado tanto, que ahora era más bien un privilegio.

Minho tenía el privilegio de sus labios.

 

—Deja de pensar— Minho de pronto se acercó y lo besó –Por que sé que no estás pensando en mí.

Idiota Sonrió Onew –A veces de verdad…

 

Prefirió dejar inconclusas sus palabras, que se perdieran en algo que ya no importaba mientras caminaban fuera y los pasillos de aquel piso los recibía, Jinki se soltó de la presión de sus manos juntas mientras la mirada de Minho lo atravesaba directamente.

 

—Si entramos— Empezó el menor –No podré besarte, por que los demás están ahí ¿verdad?

 

Onew levantó la cabeza, con las llaves entre sus manos y antes de que pudiera responder, esa mano tomó su brazo y lo hizo correr, hasta la puerta en las escaleras de emergencia. En ese lugar pequeño y ajustado, con la luz suficiente como para ver su rostro y que la sonrisa de Minho lo iluminara todo.

 

¿Cómo podía…?

 

Esas manos tomaron su rostro y sus labios lo besaron.

 

¿Cómo podía hacerlo sentir tan malditamente bien solo con un beso?

 

Temía por esas ranuras de su consciencia, esas que le pedían que no confiara tan ciegamente en un amor repentino que había golpeado en su puerta, que tenía la oportunidad de ser el adulto, el mayor que fuera consciente sin ilusiones ni demasiadas esperanzas, y no es cómo  si Onew no supiera lo que les esperaba fuera de esas cuatro paredes.

 

Pero era tan fácil perderse. Creerse fuerte y continuar junto a él.

Como si jamás pudiera hacerle daño y sus manos no lo buscaran. Como si el amor al fin hubiera golpeado a su puerta.

 

Tal vez ni siquiera era Minho, posiblemente Jinki se estaba aferrando al amor.

Necesitaba enamorarse del amor que le era brindado, aunque Minho no se percatara.

 

El sonido de la puerta lo hizo alejarse, con su cabeza girando hacía la derecha y sus ojos sorprendidos en dirección directa hacía allá Creo que alguien abrió la puerta.

 

Los pasos de Minho fueron lentos, seguros aunque no lo pareciera. Onew se quedó un poco atrás, mirando con cuidado, analizando lo que había pasado. Tratando de dejar los miedos de lado. El hecho de que no era Minho, de que Onew hubiera aceptado  a cualquiera que le hubiera jurado amor eterno. De ese sentimiento de traición sin pies ni cabeza.

 

—¿Viste a alguien?

 

Preguntó para sacar las conclusiones erradas de su cabeza.

Tan frágil como sus sentimientos.

 

—Despreocúpate— Fue Minho, con su esplendida mirada de devoción y amor que parecía eterno lo que lo hizo pensar que estaba haciendo lo correcto, que no era el amor sino Minho, Minho y sus promesas de amor que se perdían en su boca y desembocaban en su alma —De seguro fue el viento.

 

Y confió, como confía en las personas.

Ciega y personalmente.

 

 

 

 

—Onew…

 

Las manos de Jonghyun todavía quemaban sobre su piel, sobre su cuello y espalda.

Como hierro sobre el fuego tatuado para siempre en su piel, sus labios atravesados por los contrarios, por ese aroma masculino y definido que solo Jonghyun era capaz de sobrellevar y sin embargo, la voz de Minho tras la puerta lo acosaba, tan preocupado, tan venerante… Tan Minho.

 

Había perdido la esencia de ese amor de repente. Tapaba su boca para no hablar y se negaba a verlo a la cara, pensar en Key y su mirada de decepción taladraba su ser entero. Más que culpa, desesperación. Todo pasando tan rápido que se había perdido por completo, tan confuso, tan complicado… Tan Jinki.

 

—Onew, por favor ¿qué sucede?

 

Volvía a escuchar la puerta y no estaba dispuesto a abrirla. Al menos no hoy.

Sus puños ardían, las ganas por golpear a Jonghyun prosperaban en su ser y la imagen de Key lo destruía cada tanto. Y le preocupaba más que todo que de repente se veía tan solo. Aunque Minho siguiera pronunciando su nombre.

 

 

 

 

¿Importaba si cerraba sus ojos y salía volando de ahí?

 

Si se aferraba a lo efímero de ser, del sueño que lo eleva lejos de la realidad mientras cierra los ojos, lejos de la cama y en el piso frio que le ofrece la noche, mientras Jonghyun seguramente ha dormido fuera y Key aún sigue encerrado en su habitación. En tanto conociendo, como lo conoce, Minho ha dormido en el sillón.

 

Si pudiera haberlo detenido…

Si hubiera tenido el valor. Si no fuera tan despistado.

 

Se arrepiente aunque no fuera su culpa, aunque los gritos en su cabeza le digan que tiene que reaccionar y pedir disculpas, aunque otra parte de su alma le diga que no debe abrir la boca más. Dentro todo es confusión, pronto pierde el sueño, la calma y tranquilidad. Como un invento placebo que lo hizo dormir sin problemas hasta que se percató de que no soñaba más y su cuerpo adolorido del suelo se levantó.

 

Los movimientos de su cuerpo eran pesados, lentos y sin coordinación.

 

—Key…

 

El muchacho acudió a sus pensamientos como única solución, como la paz que solo él podía otorgarle, y abrió la puerta sin cuidado, rascando un poco su nuca mientras el olor a comida se esparcía por todo el lugar, una mímesis aventurera al hogar, un juego sucio para su dolor de cabeza.

 

—Oh, ya despertaste.

 

Kibum estaba ahí, sirviendo un poco de jugo en los cinco vasos sobre la mesa, con una sonrisa en el rostro y una expresión despreocupada que lo hizo temer lo peor. ¿Su mente empezaba a jugar seriamente con él? ¿Seguía hundido en el mundo de los anhelos?

 

—Key.

—Ya le pedí a Taemin que despertara a Minho— Comentó tranquilo –Siéntate a desayunar.

 

—Kibum— Lo agarró del brazo por que sabía que no se detendría —Tenemos que hablar— Y la seriedad se plasmó en su voz, mirando esos ojos firmes y rezagados que ahora parecían advertirle.

—Ahora no es el momento, Jinki.

 

Su voz sonó baja y amenazante, como un estado perpetuo de culpa y resentimiento.

 

—¡Onew!

 

A lo lejos la voz de Minho y sus pasos apresurados lo hicieron soltar a Kibum, pero Choi no lo abrazó, lo recibió con un golpe en el brazo y sus ojos molestos.

 

—¿Por qué te comportaste de esa forma ayer?— Luego sus expresiones se suavizaron –Me asustaste.

—Buenos días hyung— Taemin apareció detrás de Minho, no lo miraba y solo se sentaba en la mesa a desayunar, Taemin andaba raro desde hace un tiempo atrás, de pronto sonreía mucho y ahora sencillamente no lo hacía más.

 

—¿Onew?

 

Minho era visual, sus ojos lo capturaban todo, Onew lo recordó y prefirió sonreír, tomar del brazo al menor y sentarse junto a él en el pequeño espacio que ocupaban en la cocina por donde Kibum circulaba de un lado a otro en el lugar.

 

—Aquí están sus platos.

 

El olor de la comida fue agradable, como si su estómago despertara y de pronto recordara que se debía alimentar.

 

—¡Hey, Key! — Minho gritó indignado y Onew recién le volvió a prestar atención —¿Por qué Onew tiene más comida en su plato que yo? ¿No ves que soy yo quien va a salir a correr?

 

Contrario a lo que Onew pudo prever, de repente los brazos de Kibum lo rodearon desde atrás, con esos brazos delgados rodeando su cuello y su voz sonando demasiado cerca del oído —Es que el líder es mi favorito, Minho. Así que hoy me dio por consentirlo a él— Onew quiso sonreír, comentar algo mientras la mirada extraña de Taemin lo perturbaba y Minho sonreía incómodo, como si se mordiera la lengua antes de hablar.

 

El gesto de Kibum era extraño e inadecuado.

Por que debería estar odiándolo y a cambio de eso lo complacía.

 

—¿Y Jonghyun no va a comer? — La voz repentinamente fría de Taemin logró devolverles la respiración.

—No— Admitió Kibum —Está con demasiada resaca hoy. Más tarde le llevo su desayuno, mientras comamos como una gran familia feliz.

 

Key se sentó otra vez, con esa sonrisa que no parecía querer desaparecer mientras los cuatros emitían sonidos ligeros de sus cubiertos al chocar, del vaso siendo posado en su lugar, de esas miradas que viajaban de ser en ser. Como si de pronto compartieran la mesa cuatro personas distintas.

 

Y Onew solo pensara que en contraste con el tacto de Minho, las manos de Kibum eran muy frías.

Delicadas y frías como el hielo, que es capaz de cortarte sin que puedas darte cuenta. Que como el cristal más bello, puede engañar mortalmente a cualquier ingenuo.

 

—Onew, ¿me pasas el azúcar?

 

Key lo miró, con esa sonrisa tan natural y tan indecisa. Que mecánicamente Onew movió su mano y dispuso del azúcar en el lugar que Kibum requería.

 

Onew…

De pronto su nombre en los labios de Key sonaba como un eco mortífero y cancerígeno.

 

 

Fin de la Tercera Parte

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Un comentario sobre “La sonrisa de Apolo: capitulo tres

    La sonrisa de Apolo | ~ Nesly Fanfic ~ escribió:
    9 enero, 2015 en 9:51

    […] Capitulo 3: Fantasías de un deseo comprometido. […]

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