Pecados capitales:capitulo dos

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Pecados Capitales

Cosas extrañas, le pasan a personas extrañas

Segundo Capitulo

 

 

No es su culpa.

 

De ningún modo, no existe la posibilidad por mínima que esta sea.

 

Él solo leyó. Recitó palabras en un idioma desconocido y ya. Y sus manos pueden estar moviéndose nerviosas, puede estar sudando, pero no se siente culpable. De ninguna forma, por que no es su culpa. Sencillamente no lo es. La lógica dicta que no es así.

 

—Hikaru…

—¡Deja de decir mi nombre así!

 

Ryosuke miró a Yaotome con algo parecido a la duda, de cuclillas en el piso, contemplado a sus compañeros que yacían todavía inconscientes. Pero Hikaru pareció notar el error en su grito impulsivo y suspiró.

 

—Lo siento, estoy un poco alterado. ¿Por qué se han desmayado?

—No lo sé.— Ryosuke estiró su mano para poder posarla en las  mejillas de Yabu, y también cerca de su nariz. –Al menos respiran.

 

Hikaru en esta ocasión mordió su labio inferior.

 

—Pero, ¿van a despertar, verdad?

—Si… Supongo.— Ryosuke volvió a arrugar el entrecejo, preocupado. –…O eso espero.

 

Hikaru acentuó su expresión preocupada, no importaba lo mayor que fuera a Yamada en estos momentos, se sentía sofocado y preocupado. Era inútil ocultarlo, y de algún modo tenía tintes de culpa que lo atormentaba, iba a hablar de nueva cuenta, cuando sutiles golpes en la puerta lo hicieron saltar del susto.

 

—¡Yah!— Miró asustado hacía la puerta que permanecía cerrada. —¿Quién es?

—Lo siento.— Era una chica, su voz tímida y un poco asustada calmó a Hikaru, al menos no había abierto la puerta. –Me mandaron a avisarles que la sesión de fotos empezaría en cinco minutos. Estén listos por favor.

 

Hikaru abrió los ojos con el rigor de sus venas en cada pulsación de su corazón.

¿Cómo diablos iban a iniciar una sesión de fotos, con siete de los integrantes tirados en el suelo?

 

—De—De acuerdo.— Hikaru tragó duramente. –Iremos enseguida.

 

Yamada lo miró con estupefacción, ¿había perdido la razón?

 

—Muy bien, no demoren.

 

Y con pasos pequeños la muchacha terminó por irse, Hikaru bajó la mirada hacía Yamada y levantó las manos en un gesto meramente dramático. ¿Qué más podía hacer?

 

 

 

 

—¡Yabu, por amor a lo que sea, levántate!

 

Hikaru sacudió el cuerpo del mayor con fuerza, sosteniéndolo por los brazos mientras el cabello castaño de este se sacudía y tapaba de vez en cuando su frente y hasta sus ojos. Hikaru minimizo el leve gesto de su rostro contemplando los labios del líder y sacudió la cabeza con vehemencia.

 

—¡YA—BU!

 

Ryosuke sin embargo palmeaba las mejillas de Chinen. Mirando preocupado como su amigo no parecía dar señales de vida. –Chinen…— Suspiró resignado, no parecían hacer otra cosa que no fuera respirar. Ni siquiera sus parpados simulaban algún mínimo movimiento de sus ojos al estar soñando. Solo estaban ahí, tirados como si el alma los hubiera abandonado.

 

Vio al resto de sus compañeros, y a Hikaru unos pasos más allá que seguía implorándole a Kota que no lo dejara solo con aquella locura. Y bufó rodando los ojos en el proceso. Esto en verdad era molesto. En cualquier momento llegaría algún ayudante a pedirles que dieran señales de vida. Llevaban diez minutos en el camerino desde que dijeron que irían enseguida.

 

Miró el libro sobre uno de los mesones, y lo tomó con cuidado. Era pequeño y con letras que escasamente reconocía, pero que Hikaru parecía entender. Así que mientras Yaotome lloriqueaba, Ryosuke al menos intentó guiarse por las imágenes.

 

Y una de ellas logró llamar su atención. Aquella donde había un trono. Y sobre todos ellos había un hombre. Un mortal recitaba el titulo. Aquel que gobernaba los siete pecados. De lo poco que sabía en latín por mera curiosidad y que aprendió alguna vez era eso.

 

Alrededor del trono, unos escalones más abajo. Estaban rodeándolo siete hombres de formas extrañas. Suponía Ryosuke eran los siete pecados. Enfrente de ellos, con sus brazos estirados había otro. Y mucho más adelante uno que poseía entre sus manos, con los ojos cerrados un pequeño libro café.

 

La mirada de Ryosuke se levantó hacía Hikaru, que seguía suplicando por Kota. Y frunció el ceño.

 

La imagen dictaba. Al rey, los siete pecados, el guardián y el protector.

 

Si el protector era el que poseía el libro. Entonces ese era Hikaru, en este caso el primero que tocó el libro y al parecer podía traducirlo. Tenía miedo, pero estaba suponiendo que sus siete amigos en el piso eran los siete pecados al parecer.

 

Entonces, ¿Quiénes eran el rey y quien el guardián?

 

Takaki empezó a mover el brazo, lentamente. Lo suficiente como para que Ryosuke abrazara el libro y mirara asustado como el resto empezaba a moverse también y por supuesto Hikaru dejara de hablar mientras Kota parpadeaba al fin.

 

—Hi—Hikaru…

 

Pero Yaotome ya había soltado a Yabu que de pronto lo miraba con los ojos muy concentrado en él y la manera en que parecía sonreír de pronto. Hikaru retrocedió asustado. Hasta el momento en que sus espalda chocó con la de Yamada. Y los dos se vieron rodeados de pronto por sus siete compañeros de banda.

 

 

 

 

—¿No se suponía que ya les habías dicho que vinieran?

 

El hombre con cámara en mano lució molesto, la muchacha en cambio se sintió pequeña, los hombros encogidos y tratando de arreglar los lentes de su rostro para que estos no cayeran.

 

—Yo—Yo se los—los dije, señor.

 

Estaba nerviosa, sonrojada y las manos le sudaban.

 

—¡Entonces, ¿por qué no vienen?!

 

Ella trató de morderse la lengua y no responderle que tampoco podía cogerlos de la mano. Pero en serio necesitaba el trabajo y su jefe parecía más que dispuesto a despedirla si osaba portarse insolente. Cerró los ojos por un instante, respiró profundo y agarró valor.

 

—I—Iré por ellos una vez más.

—¡Pero rápido, mujer!

 

Los pasos de la muchacha se escucharon esta vez apresurados. El resto de presentes con los accesorios y utilería en las manos dispuestos a empezar en cualquier momento. Cada segundo implicaba mucho dinero para esa sesión de fotos.

 

¿Qué se pensaban esos muchachos para hacer a la empresa desperdiciar tanto dinero?

 

 

 

 

 

—Curioso…— Yabu de pronto dejó de lado la expresión intimidante que había hecho a Hikaru retroceder, solo suspiró cansado y colocó una mano sobre su estómago. —…Tengo hambre.

 

E hizo un puchero con la boca, arrimado sobre el pequeño mesón donde permanecían varias maletas, rebuscando en la suya que lamentablemente rara vez tenía algún bocadillo.

 

—¿Ya—Yabu?

 

Hikaru estaba preocupado, Yabu no comía entre comidas, y ahora en verdad parecía desesperado por algo. Como si no haber desayunado por primera vez le estuviera afectando.

 

—Hace calor.

 

Keito frunció el ceño, jalando un poco de su ropa y desarreglándola, visiblemente incómodo mientras prefería ir al espejo y contemplar por un momento por qué la poca ropa que llevaba de pronto le incomodaba demasiado.

 

—¿Están todos bien?

 

Ryosuke miró con preocupación a Yuto quien solamente había suspirado un poco, arrimado en el hombro de Daiki sin tomarse la molestia de pronunciar algo y solamente levantando un poco los hombros. Pero Chinen era otra historia de pronto miraba la bufanda que Inoo llevaba y fruncía el ceño como si estuviera molesto.

 

—¿Por qué Inoo lleva esa bufanda y yo no?— Sus ojos se habían afilado tanto que la mirada de Kei fue inmediata antes de levantar la barbilla y que esa sonrisa extraña apareciera entre su boca.

—Es obvio, soy el más visual. Debo verme mejor.

 

—¡No eres el visual!— Explotó de repente Yuri mirando con más furia al mayor –Yo debería serlo, soy más popular, más apuesto…— De pronto el menor había empezado a numerar con sus dedos, Inoo en cambio sonreía como si las palabras fueran totalmente incongruentes para él.

 

—Oh, vamos Yuri… Ni tú te crees eso.

 

Hikaru veía horrorizado esa pelea que ni siquiera sabía cómo había comenzado, de repente Yuri y Kei se enfrentaban de una manera seria y sin sentido como nunca antes y Ryosuke parecía rebuscar entre las hojas del libro algo que él no comprendía.

 

—Ahora que lo pienso— Yuya de pronto había interrumpido la pelea, con la mano en la barbilla y sus pensamientos desafiantes corriendo por todos lados –Yo debería ganar más dinero con esta sesión de fotos. Lo que nos ofrecieron no es suficiente.

 

—¡Maldición! ¿Es que aquí no hay comida?

 

Yabu había comenzado a rebuscar entre cajones con el ceño fruncido y Yaotome seguía sintiéndose tan fuera de lugar que aturdido sería la mejor expresión para identificarlo, pero de pronto Chinen había alzados sus manos hacía el pecho de Inoo y este había retrocedido por impulso, finalmente arrugando el entrecejo.

 

—¡Oe, Chinen!— Daiki había interferido empujando de igual forma al menor –No te atrevas a golpearlo de nuevo.

—Tú no me metas Daiki.

—¡Vuelves a golpearlo y te rompo esa linda nariz que tienes!

 

—¡Hey, hey BASTA!

 

Finalmente Yamada estiró sus brazos mirándolos a todos mientras el desorden se armaba y parecieron calmarse todos al menos por un momento. Los ojos de todos posados sobre Ryosuke de una manera inesperada que al menos Hikaru agradeció.

 

—Esto no está funcionando.

 

La puerta volvió a sonar otra vez, la voz dulce de la muchacha se dejó escuchar y Yaotome tuvo ese presentimiento que le decía, que nada bueno podía salir de esto.

 

 

 

 

Cuando Ryutaro finalmente llegó a casa le dolía un poco la espalda y la golpeaba ligeramente con su puño cerrado porque sencillamente adoraba esa pequeña calma que le daba de vez en cuando. No había sido un buen día en el colegio, había prestado poca atención y de pronto le habían entrado ganas de hablar con sus amigos y saber cómo les había ido.

 

No hablaba con tanta frecuencia como antes, pero hoy, principalmente, los había recordado.

Sabía que algo estaba pasando y que su mente no podía simplemente traicionarlo como si nada pasara.

 

—¡Ryutaro!— Asi que cuando Hikaru apareció frente a sus ojos desde la cocina donde Shintaro venía siguiéndole los pasos, Ryutaro únicamente pudo pensar que algo bueno no estaba pasando —¿Por qué demonios llegas a esta hora? ¡Maldita sea! Necesitamos que nos ayudes, es urgente.

 

—¿Te volviste loco?— Ryutaro apenas alcanzó a dejar su maleta sobre el sillón mientras Shintaro alzaba un poco los hombros y Yaotome parecía todavía escandalizado –Espérame un momento— Hikaru apenas asintió y él se encargó de arrastrar a su hermano hasta la cocina del brazo.

 

—Oye, basta ¿qué te sucede?

—¿Qué le sucede a él? Está muy alterado, ya te he dicho que no le andes diciendo idioteces de fantasmas a Hikaru que él se lo cree todo.

 

—Yo no lo he dicho nada— Se defendió el menor, cruzado de brazos y con un pequeño puchero en los labios –Él de pronto llegó a casa así, todo alterado, diciendo que algo muy malo había ocurrido con los miembros del grupo y que necesitaba tu ayuda.

 

—¿Con el grupo? ¿Pasó algo con los muchachos?

 

Esta vez ni siquiera pretendió escuchar a su hermano que algo le dijo a la distancia y corrió hasta el lugar donde Yaotome lo esperaba, con las manos inquietas y su mirada preocupada. Seguramente era algo muy grave para que el mismo Yabu no viniera a hablar con él. Para que el mismo Yabu no pudiera solucionarlo.

 

—¿Qué es lo que ha pasado?

—Tienes que venir Ryutaro, por favor.

 

Y supo, que una vez que cruzara el umbral de la comodidad de su casa, las cosas únicamente no mejorarían.

 

 

 

 

—No lo entiendo, sencillamente deberíamos acostarnos a dormir hasta que Hikaru vuelva, dijo que volvería ¿para qué esperarlos sentados como si nada pasara?— Yuto estiró un poco sus brazos y se apoyó mejor en el hombro de Inoo que seguía mirándose en el espejo como si nada –Esto es muy tedioso.

 

—¿Hay chocolates?

—Ya te comiste el postre de casi todos Yabu— Musitó Daiki de repente —¿Qué más quieres?

 

Yabu solamente bufó. Los ojos  de Keito todavía viajaban de un lado a otro sobre el mando de la consola que Ryosuke le había prestado. Y Yamada en realidad esperaba que todos se mantuvieran como hasta ahora, deliberadamente tranquilos en la sala de estar de su casa.

 

—¿Dónde está Chinen?

 

—Esa consola es horrible— La voz de Yuri se dejó escuchar de repente, mientras viraba los ojos y se cruzaba de brazos –La mía es mucho mejor.

—Gastos horribles, ¿por qué gastan tanto dinero en esa tontería?

 

—Listo, ya me cansé de escucharlos.

 

Daiki finalmente se levantó de su lugar, con los brazos estirados y la mirada penetrante en el lugar que Inoo y Yuto ocupaban —¿Podrías dejar de pegártele? Es odioso— Yuto solo levantó una ceja y encerró su brazo alrededor de Kei –Te dije que basta Yuto.

 

Esta vez la mano impulsiva de Daiki separó a Yuto, y fue como si la tensión apareciera de nuevo.

Y es que tal vez, siempre había estado y Ryosuke ingenuamente se había equivocado.

 

—Oigan… Ya basta.

—Eres molesto Daiki, Inoo no es de tu propiedad.

—¡Ya cállate!

 

De repente el puño de Daiki se había levantado sobre el rostro de Yuto y este solo se había hundido en el sillón como única reacción inmediata —¡Daiki!— Yamada prácticamente saltó de su asiento para sostener al otro que parecía dispuesto a seguir con los golpes.

 

—¡Hey!

 

En medio del movimiento y el escándalo que se había formado, la consola había sido apagada y Keito parecía haberse desconectado de su repentino hipnotismo que el juego le había causado. –Yo creo que deberías poner un poco de orden.

 

La voz de Takaki había sonado en susurros antes de que Yabu bufara y luego de pensarlo unos segundos suspirara, con una pequeña sonrisa en los labios —¿Me das un chocolate?— Esta vez Yuya, aunque con frustración terminó por bufar y extender una pequeña barra al más alto quien finalmente sonrió y se levantó del sillón.

 

—¡Oigan ya basta! ¡Y ya cálmate Daiki!

 

La impresión del grito del líder duró poco, antes de que pudieran darse cuenta, Yuto seguía soltando provocaciones a Arioka que continuaba empeñoso en golpearlo y Daiki en detenerlo.

 

—Bueno, lo intenté.

 

Yabu alzó sus hombros, volviéndose a sentar en el sillón ante la estupefacta mirada de Yuya.

 

—¿Qué está pasando aquí?

 

Finalmente la voz de Ryutaro se dejó escuchar. Impasible mientras se abría paso entre todos y el escándalo que se había formado, Hikaru llegó tras de él, con la preocupación marcada en su rostro –Ves a lo que me refiero, están raros.

 

Morimoto bufó –Déjame ver ese libro.

 

Y extrañamente luego de la llegada de Ryutaro, todos parecieron calmarse un poco.

 

 

 

 

—No entiendo esta porquería— Ryutaro frunció el ceño, botando el libro a un lado mientras veía a sus amigos hacer cualquier cosa que Hikaru o Ryosuke los ponían a hacer para que se mantuvieran entretenidos –Ni siquiera entiendo el latín.

 

—Hikaru puede hacerlo— Hablo de repente Yamada –Aunque ni el mismo sabe cómo.

—¿Un efecto del libro?

—Posiblemente.

 

Morimoto arrugó el entrecejo, cruzado de brazos mientras jugaba con sus labios un rato y trataba de suponer lo que esas imágenes en el libro le mostraban, había una historia un poco complicada tras todo eso, y por más ilógico que fuera al parecer sus amigos no estaban siendo ellos mismos.

 

—¿Es magia o algo así?— Hikaru finalmente se paró frente a él, cansado y un poco más calmado –Porque no entiendo lo que está pasando en verdad, nos cancelaron la sesión de fotos de hoy y mañana hay que hacerla sí o sí. Pero si ellos continúan así…— Yaotome extendió su mano hasta el lugar donde se encontraban sus amigos –Dudo que podamos hacer algo.

 

—Hikaru…

 

La voz de Keito sonó de repente cerca del oído de Yaotome, la quijada de Okamoto posada en los hombros del otro, quien solamente lo estar mientras hablaba con Ryutaro.

 

—Ahora no, Keito. Necesito hablar con Ryutaro.

—Pero de pronto si estoy dispuesto a pasar ese tiempo que me pediste a solas hace una semana.

 

Los ojos de Hikaru se abrieron de par en par mientras Keito colaba su mano dentro de la camisa y sus propias mejillas se sonrojaban tan furiosamente que incluso sintió la vergüenza tatuada en su frente, Ryutaro sin embargo solo lo miró con una ceja en alta y Yaotome rió nervioso.

 

—No le hagas caso— Y rascó su nuca –Nosotros no…

—¿Cuál es el problema?— Bufó Keito de repente –Ryutaro no es un niño, no creo que le sorprenda saber que tenemos saliendo casi seis meses.

 

—¡¿Ustedes qué?!

 

El grito general del grupo hizo a Hikaru enrojecer de pies a cabeza si eso era posible. De repente tuvo al resto de miembros a su alrededor mientras Keito en verdad parecía entretenido con seguir paseando su mano por toda la extensión del pecho de Yaotome.

 

—Eso no les importa— Susurró bajito antes de que Yamada lo mirara asombrado y Morimoto negara sutilmente –Necesitamos solucionar esto, eso es lo importante ahora.

—¿Tienen una relación de verdad?

 

La voz de Daiki se levantó dispuesta a disipar las dudas y cuando Keito asintió sonriente, abrazando todavía más si podía a Keito, este solo suspiró resignado.

 

—En serio, por favor primero solucionemos esto de ustedes actuando tan raro.

 

Y lo carcomía la incomodidad de sentir todas esas miradas repentinas mientras Morimoto parecía haberse distraído leyendo el libro de nuevo. Encontrando una hoja que pareció mirar con más atención que las otras.

 

—Lujuria…— Susurró de repente, mirando fijamente a Keito –Tú eres la lujuria ¿no?— Pero Okamoto solo sonrió deliberadamente, ciñendo sus brazos a la cintura de Hikaru.

—¿De qué estás hablando?— Preguntó Yamada.

 

—Creo que sé por qué actúan extraño, están reaccionando de acuerdo a cada uno de los pecados, como si de repente hubieran reencarnado en ellos. Se supone que Hikaru es el protector, el que posee el libro. Todo cuadra, miren…

 

El libro se alzó, la imagen de un sujeto sentado en un pequeño sillón con el libro entre las manos y otro de cabello corto abrazándolo por la espalda fue lo primero que capturaron sus ojos antes de que Yamada pudiera acotar algo, Inoo bufó.

 

—Eso es ridículo. Yo sigo siendo el mismo.

—No es asi.

 

—Esperen…— Ryutaro volvió a hablar mordiendo su labio inferior y jalando a Hikaru del brazo haciendo que Keito rodara los ojos ante el brusco movimiento y la separación –Lee esto.

—El rey ordena, el rey decreta, que mientras él lo disponga, los pecados no podrán apoderarse de nadie.

 

Fue automático, de repente los siete muchachos se habían parado frente a Ryutaro quien retrocedió sorprendido, una pequeña venia y un unísono –Como usted mande— Se dejó escuchar antes de que los siete se desestabilizaran y parecieran perder el equilibrio.

 

—Oye, cuidado.

—Me estás pisando el pie Yabu.

—¡Auch!

 

De pronto se había armado un alboroto usual, de esos que ellos conocían mientras Hikaru miraba el libro asustado sin entender lo que sucedía –Eso quiere decir ¿Qué yo soy el guardián?— preguntó Yamada.

—Eso parece.

 

—¿Ryutaro?— Finalmente la voz de Yabu se dejó escuchar, con su tono suave y ameno de siempre —¿Cuándo llegaste? ¿Cuándo llegamos hasta aquí?

—No importa— Sonrió el menor, acercándose al líder como si nada hubiera pasado –Todo está bien.

 

No importaba la manera en que empezaban a separarse, Yamada de pronto notó que Hikaru seguía frunciendo el ceño y veía la hoja del libro —¿Qué sucede?

—Esto no es todo— Musito bajito –Aún sigo entendiendo el libro, puedo leerlo todavía.

 

—¿Quieres decir que pueden volver a estar así de locos?

—Es Ryutaro.

 

—¿Cómo?

—Ryutaro es el único que los calma, debemos mantenerlo cerca.

 

Sonaba riesgoso, como si de pronto Morimoto hubiera centrado su atención solo en Kota y nada más le importara. Chinen se quejaba de un dolor de cabeza y Yuto de un golpe en la mejilla, era extraño. Hikaru lo sabía todo esto no había terminado, no así de fácil.

 

—Oye Hikaru ¿en verdad estás saliendo con Keito?

 

En el sonrojo acudió de nuevo a las mejillas de Yaotome y gritó como si no le importara.

 

—¡Cállate Yamada!

 

..:: Fin Capitulo Dos ::..

Un comentario sobre “Pecados capitales:capitulo dos

    Denis-ce (@YuukiNii) escribió:
    19 mayo, 2014 en 12:40

    Jajajajaja! Me encantó el final del capítulo. Ay *_* está tan bueno, ya quiero leer pronto el siguiente capítulo. Me comienza a gustar el juego😄 asdasdasdasdasddasd

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