Precedentes: Noveno síntoma

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Precedentes de una Adicción no Controlada

Insomnio ligero

Noveno Síntoma

 

 

 

Daiki podía tener un record interminable respecto a las personas con las cuales había tenido la oportunidad de salir y lo mucho que estas personas podían quedar prendados de su actitud irresistiblemente adorable, de sus sonrisas, de sus ojos y de un sinfín de cosas que le otorgaban la ventaja de saberse dueño de sus pensamientos.

 

Pero la muchacha frente a él era diferente.

Todo en ella era diferente para él.

 

Tenía su cabello largo y ondulado en las puntas, esa actitud refinada que se la sabía de memoria y esas delicadas manos que apenas sostenían la taza para que esta no resbalara de sus manos. Ohdara era bella. Hermosa y terriblemente predecible a sus ojos, como esas muñequitas con la que sus madres juegan a convertir en la mejor de las esposas.

 

Pero de repente Ohdara le sonrió, con ese rostro suave y esos ojos grandes y brillantes.

 

—Me imagino que te estás preguntando la razón por la que te pedí que habláramos.

—La verdad, sí. No termino de entender por qué querrías hablar conmigo.

—Oh, Arioka. Eso lo sabes mejor que yo.

 

Extrañamente la voz de ella no sonaba acusadora, ni mucho menos. Era pausada y baja, casi hasta relajada, con la pequeña sonrisa en sus labios que hacía a los ojos de Daiki observarla con más intensidad.

 

—No estoy entendiendo.

—Inoo es genial ¿cierto?— Ignoró sus mentiras con gran facilidad, concentrada en mirarlo a la cara —Hay algo extraño en él que resulta poco sano cuando descubres que solo quieres pasar tiempo con él.

 

—Bueno eres su prometida, eso lo debes saber bien ¿no?

 

—En realidad lo que él haga durante este tiempo me tiene sin cuidado, no somos novios ni nada. Pero Arioka, más bien te quiero dar un consejo— Ohdara seguía ignorándolo por completo y Daiki pensaba que ya ni siquiera debería molestarse en mentir, solo respiró hondo y esperó —Él puede darte mucho de su vida estos años y todos los que quieras, pero al final sabes que se va a tener que casar conmigo. Y cuando eso suceda, no te quiero más en su vida.

 

Daiki agradeció tener las manos sobre sus piernas, lejos de la mirada férrea de ella y su expresión de pronto vacía. Apretó los puños, tratando de que su rostro apenas se moviera para sonreír levemente y luego lamer un poco sus labios, con su mirada lejos de ella y su actitud arrogante y propia al mismo tiempo.

 

—Hablas como si no tuvieran más opciones.

 

—Y no las hay, lo sabes muy bien. En algún momento te tocará pasar por lo mismo y cuando eso suceda, verás que de nada sirve intentar echarte para atrás, porque al final no son tus decisiones las que cuentan— De pronto esa voz bajó varios tonos, luego ella sonrió y alzó su mirada hacía él —Quiero construir algo bonito con él. Que al menos nuestra convivencia no se convierta en algo insoportable. Y si tú sigues alrededor suyo… Solo vas a salir muy herido.

 

 

 

Así que volvió a andar por los pasillos como si nada, con esa sonrisa en su rostro y sus saludos contemporáneos cuando reconocía a alguien más durante su pequeña caminata, buscaba sin mucho esfuerzo encontrarse con su imagen y que el malestar interno desapareciera tan pronto como la presencia de Ohdara.

 

Pero Inoo no le otorgaba ni la menor de las misericordias, parecía haber desaparecido por completo. Y Daiki no pensaba preguntar, no pensaba hacer nada más allá de lo necesario. Sin embargo cuando sus pasos lo dirigieron hacía la biblioteca, el frio que se esparcía en su estómago fue incómodo. Rogaba porque se encontrara ahí, porque luego de entrar, no lo buscaría más.

 

Y  el destino burlándose de él una vez más lo hizo entrar y caminar por los pequeños pasillos del silencioso lugar, antes de que sus ojos observaran su perfil perfectamente reconocible en una de las mesas con varios libros sobre ella. Los lentes de Kei caían sobre el puente de la nariz, fruncía el ceño a ratos y parecía concentrado en tomar nota de vez en cuando.

 

Daiki sintió un escalofrío, lo miró por más tiempo del necesario y de pronto se descubrió caminando hacia él. Ir hasta la presencia de Kei se le había convertido en una costumbre, una demasiado consciente como para no detenerse a pensar en lo que hacía.

 

Se sentó frente a él en el mayor de los silencios, con su codo apoyado en el escritorio, observándolo con una sonrisa en los labios. Entonces Inoo levantó la mirada observó su rostro sin demasiada expresión, tan despacio como solía hacerlo. Por un instante Daiki jugó con el destino entre sus manos, si le enseñara a Inoo Kei a jugar con sus decisiones, con el valor de sobrevivir entre ellas, tal vez las palabras de Ohdara serían innecesarias.

 

—¿Sucede algo?

 

Pero el problema con Kei radicaba en su poco interés por dejarse llevar a través de la vida. No importaba cuanto Daiki se esforzara por enseñarle ese mundo abierto de posibilidades, difícilmente Inoo se dejaría encantar. Todo trabajo se hundía y limitaba sus acciones.

 

—No, solo pensé en venir a acompañarte un rato.

—¿No tienes tarea o algo así?

—Ya la terminé.

 

Sonrió, abiertamente ante la mirada inquisitiva del otro que apenas sonrió antes de volver con lo suyo e ignorarlo casi por completo. Fue un pequeño segundo, uno corto y estático mientras Kei escribía, Daiki sintió que deseaba tomar sus manos y darles un poco de ese calor que les hacía falta, porque el tacto frío de Kei, siempre preciso sobre su piel cálida era como un contraste que antes le parecía divertido y hoy marcaba un abismo.

 

—Los chicos buenos como tú… nunca se arriesgan. A menos que valga la pena.

—Has que valga la pena.

 

Daiki parpadeo asombrado, la respuesta de Kei fue tan inmediata, resbalando por su boca sin que Arioka tuviera la oportunidad de asimilarlo completamente.

 

—¿Qué dijiste?

—¿Quieres pedirme algo, no?— Inoo incluso se quitó los lentes para mirarlo directo a los ojos —Si vale la pena, te podré ayudar.

 

Daiki sonrió —Más adelante, luego te lo diré.

 

Inoo alzó los hombros un poco despreocupado en realidad, pero Daiki se sintió asombrosamente unido a él en ese instante. Inoo manejaba cada aspecto de su vida propia, pero no la más importante, desconocía de su libertad como un ser independiente. Y Arioka sentía que de seguir así, cada día sería un martirio si Kei no despertaba para él.

 

Se encontró deseando muchas cosas de una persona.

Esperando por alguien que difícilmente iba a mover sus piezas directo hacía él. Y creyó ser el más idiota de todos.

 

 

 

Yuto encontraba divertido ver la forma en que fruncía el ceño y su rostro enrojecía de coraje. Era como un niño pequeño con juguete nuevo, descubriéndolo con cada paso de días. Sin embargo Okamoto tenía algo a su favor, que lograba confundirlo más allá del límite de lo permitido.

 

Se suponía que él y su carisma le habían abierto demasiadas puertas, pero Keito era todo lo contrario, a más de su atractivo, la actitud distante del muchacho por alguna razón llamaba la atención del resto y Nakajima poco entendía, y odiaba no entender algo. Odiaba en especial a Keito por ser ese enigma andante muy dispuesto a hacerlo a un lado.

 

Nakajima Yuto seguía siendo uno juguetón y caprichoso.

 

El día de clases termia mientras Keito está ahí, guardando algo en su casillero, con esa expresión compleja de siempre en el rostro, Yuto sonríe, juega con sus manos y camina hasta él, justo a su lado apoyado en el casillero contiguo. Incluso puede escuchar un suspiro frustrado del otro, sin embargo Yuto lo ignora y sonríe.

 

—¿Cómo has amanecido Okamoto?

—¿Qué demonios quieres?

 

—Oh…— Se finge ofendido —Deberías ser más amable.

—Estoy cansado de ti, Nakajima. Desaparécete, porque si no te golpearé tan fuerte que a lo mejor hasta le hago un favor al mundo y te quito lo idiota.

 

—Vaya… Estamos enojados.

—Estoy cansado. Ahora simplemente déjame en paz.

 

Yuto apenas tiene tiempo de parpadear confundido, Keito se mueve demasiado rápido mientras cierra el casillero y logra marcharse de ahí. Su orgullo herido late con fuerza dentro de él y abre la boca y la cierra un par de veces, sin entender lo que acaba de suceder.

 

Luego cierra sus puños, porque Keito debe pagar por cada una de sus humillaciones, de alguna manera socarrona en la que pueda pisotearlo igual que el otro lo acaba de hacer con él.

 

 

 

 

Ryutaro está clamando por llegar a su habitación sin encontrarse con nadie más, odia su cabello corto, odia la ropa que lleva puesto, camina un poco más rápido cuando al fin atraviesa la zona de las habitaciones, el corazón late enfurecido, tiene esa expresión molesta apretando la bufanda entre sus manos.

 

Porque Shintaro ha vuelto a mezclar sus vidas, no le importa el celular vibrando incesante en el bolsillo de su pantalón, no le interesa Yuma con su expresión de idiota queriendo hablar con él, mucho menos el descaro que parece ser el segundo rostro de su hermano menor. Solo quiere hundirse en la oscuridad de su habitación. Quiere a los dos lejos de su mundo ahora.

 

¿Cómo se atrevió a pisotear su ego así?

 

—Ryutaro…— Escucha su nombre en la voz del otro, es casi una alivio no ser confundido, es tan gratificante no sentirse comparado, que cuando Yabu camina hasta él, Ryutaro ni siquiera lamenta que estuviera a punto de abrir la puerta cuando el mayor lo ha encontrado —¿Dónde has estado? Me tenías preocupado, ni siquiera contestabas el celular.

 

Lo observa, con esa expresión preocupada que tiene mientras lo mira, solo sonríe un poco y arregla su cabello, de pronto los estragos de su caminata apresurada le provocan estragos.

 

—¿Estabas preocupado? ¿Shintaro o Ryutaro te preocupaba?

 

Kota frunce el ceño —Te estoy hablando a ti ¿no?

 

Hay tintes de molestia en la voz de Yabu, Ryutaro no puede percatarse de la razón, quizás la confusión, no le importa demasiado, solo camina hasta él y levanta el rostro, tan cerca cómo puede del mayor.

 

—Tú eres lo mismo para él, significas lo mismo— Susurra despacio, sus manos acariciando despacio el rostro extrañado del otro —Y estoy cansado de que él siempre gane— No le da la menor de las oportunidades, solo se lanza a su boca, besa sus labios sin problemas, como si los reconociera de inmediato, puede encontrarse en medio del peor de sus momentos, pero Ryutaro siente su estómago arder de coraje y los besos de Yabu acortan ese orgullo pisoteado.

 

Aprisiona su cuerpo contra el de Kota, tan cerca y tan cálido que la ropa que lleva y lo cubre del frío empieza a ser innecesaria, porque Yabu presiona los dedos en su cintura, parece robarle el aire como si cada movimiento de su boca fuera un truco secreto y desconocido para Morimoto.

 

Es mucho más fácil cuando abre la puerta de su habitación y sus pasos inexpertos retroceden contra la cama, sus labios resbalan por esa mejilla, crean un camino de besos desesperados, iguales a los que Kota ha bajado por su cuello. No le importa, y no está pensando, necesita saber que no es el idiota que se queda de lado mientras Shintaro obtiene todo lo que quiere.

 

Padece de a poco, afronta que sus besos son fuertes y demandantes, incluso cuando el cuerpo de Yabu cae sobre la cama y él no se ha tomado la molestia de despedir al pudor, porque pronto se sienta sobre su estómago, hace desparecer el abrigo que llevaba y vuelve a besarlo.

 

Los besos de Kota le hacen sentir estar haciendo lo correcto, y de alguna manera cuando se encontraba cerca del cuello del mayor, este aprieta despacio sus brazos y susurra, muy cerca de sus oídos mirando hacia el techo.

 

—Ryutaro…— Kota tiene una fascinación con su nombre, tan efímera que Morimoto solo se queja en respuesta —¿Qué ha pasado?

 

La forma en que Yabu lo ha leído sacude todas sus intenciones, se siente paralizado y de pronto no lo besa más.

 

—Solo quiero…

—No quieres hacer esto, ¿qué ha pasado?

 

Ryutaro muerde su labio propio, se siente como un niño pequeño bajo la lluvia, tan desesperado y desolado por igual, que solo hunde su rostro en el cuello de Kota, en medio de su aroma masculino y sus brazos protectores, hay un hueco en su alma ahora, tan grande como el declive de sus emociones frente a él.

 

—Estoy tan cansado de él…— Musita en descuido, casi sin pretenderlo —Solo quiero que me deje en paz.

 

Yabu no responde, solo acaricia despacio su espalda, y le transmite cariño, lo guía por un camino antes desconocido, solo besa despacio su mejilla y continua permitiéndole esconderse entre sus brazos, Ryutaro siempre ha sido fuerte, y de repente, Kota llega un día, y lo hace sentir tan mínimo que aferrarse a él, de pronto no parece tan malo.

 

 

 

 

—Yuri, ya te dije que…

 

Ryosuke abre la puerta de la habitación con el ceño fruncido, y su pijama puesta todavía, pero sus ojos no encuentran al más bajo, en vez de eso Hikaru le entrega una pequeña sonrisa y alza un postre entre sus manos, esos ojos despiertos parecen pedirle algo en medio del silencio, y Yamada está otra vez ahí. Sintiendo retorcijones en el centro de todo su sistema digestivo.

 

—No fuiste a cenar y por ahí escuche que no te sientes muy bien.

—¿Y me has traído algo dulce?

 

—Las cosas dulces alivian el alma. Además esa vez no pude comerlo, pensé entonces que sería bueno compartirlo con alguien más.

 

Yamada recordó la escena semanas atrás cuando Yaotome hubiera rechazado el postre debido a la alergia de su amigo. Dejar atrás algo que te gusta por alguien más, un gesto tan pequeño y sin sentido… Ryosuke ni siquiera lo podía entender en realidad.

 

Por esa y otra razones, de pronto se encontró abriéndole la puerta un poco más, dejando que se sentara junto a él en la cama y que el postre reposara entre ellos. Ryosuke no tenía apetito y en verdad no esperaba comer algo, pero de pronto estaba con un cubierto en las manos, comiendo ávidamente ante los ojos radiantes de Hikaru esa noche.

 

—Entonces… ¿quieres hablar?

—No en realidad— Contestó de inmediato, metiéndose un pequeño pedazo de postre a la boca y Yaotome rio divertido —¿Qué es tan gracioso?

 

—No lo sé. Pero no pareces tener traba alguna con decir lo que dices o piensas, ni siquiera te molestas en ocultar lo poco que te agrada tenerme aquí.

—No me molesta tenerte aquí— Ryosuke jugó un rato con el tenedor, bajando la mirada y suspirando mientras tanto —Es solo que hay cosas de las que no me gusta hablar con los demás.

 

—Pero al menos deberías intentarlo con Yuri. Él se preocupa mucho por ti.

—Lo sé… Ya le dije que no se preocupara, que estaría bien. Pero no hace caso.

 

—No es como si él pudiera controlar eso— Hikaru llevó otro pedazo del postre a su boca y sonrió —Uno simplemente se encuentra queriendo a alguien y sintiendo cosas, puedes controlar lo que los demás vean en ti, pero no lo que realmente sientes.

 

Ryosuke suspiró, hablar de aquello que pasaba por su cabeza, de lo que sentía y mirarlo a los ojos no era una combinación que funcionara para él. Pero podía dejar que sus palabras salieran solas y bajitas, lejos de sus ojos cálidos y llenos de vida.

 

—Mamá se va a casar, y esa persona… No me agrada. Ni su hijo ni él. Pero ella no entiende, dice que lo quiere.

 

—Te estás portando como un niño. Lo sabes ¿verdad?— Yamada apretó los puños, asintiendo luego de unos segundos, con el calor subiendo a su rostro y los ojos parpadeando veloces. Si lloraba solo sería un poco más patético de lo esperado —No es como si pudieras decidir por ella.

 

—Pero no lo acepto.

—Y si tú salieras con alguien que a ella no le agrada. ¿Qué harías?

 

Ryosuke lo miró, directamente antes de respirar profundo y cerrar los ojos.

 

—Odio esto…— Habló —Y a parte de todo papá se va. Casi nunca estoy con él y ahora se va del país. Como si al divorciarse de mamá ya no tuviera la necesidad de preocuparse de mí.

—Los adultos son complicados— Admitió Hikaru, rascando un poco su nuca. Con una sonrisa extraña en el rostro —Papá tampoco es que muera por verme cada que tiene oportunidad luego de que se divorciara de mamá. A veces su nueva familia parece más importante para él que yo.

 

—Es como si no les importara lastimarnos.

—Pero tampoco creo que lo hagan totalmente a propósito ¿sabes?— Hikaru suspiró —Tal vez solo quieren no volver a cometer los mismo errores de la primera vez.

 

Yamada únicamente volvió a comer un poco del postre y Yaotome encontró adorable las expresiones del otro, agradeció incluso la pequeña conversación. Sonrió entonces, sacudiendo los cabellos del menor mientras este se sacudía  enojado por el contacto, pero luego le sonrió. Y Hikaru creyó ver un poco más de paz en esos ojos.

 

Y si él había sido el culpable, le agradaba saberlo así.

 

 

 

 

Keito miró el reloj otra vez.

 

Últimamente sus propios dolores de cabeza con Yuto lo habían tenido totalmente alejado de Hikaru, casi al punto de hacerlo a un lado porque temía la manera en la que el otro lo podía leer con facilidad. Y él no se sentía preparado para ser analizado con esa lógica tan objetiva de Yaotome.

 

Pero hoy había planeado conversar con él, pasar un buen rato junto a él como siempre y sin embargo el otro no había llegado. Era de noche, muy tarde. Y ya había descubierto que llamarlo no era una opción cuando el celular sonó desde su cama, treinta minutos atrás.

 

Abrió la puerta de la habitación que compartían y salió un instante. Con el abrigo sobre su cuerpo y los pasillos desolados del lugar, dispuesto a buscarlo un rato, porque de pronto sentía  a Hikaru tan lejos de él que un momento más solo empeoraría las cosas.

 

 

 

Takaki pocas veces solía caminar a esas horas, aunque ser el jefe de dormitorio le diera esas ventajas, pero esa noche no podía dormir y caminar le pareció la mejor de las opciones. Fuera el lugar era tranquilo, a pesar de un par de muchachos que solían cambiarse de habitación. Apretaba a ratos el abrigo contra su cuerpo y su cabello ya frío se le pegaba al rostro de vez en cuando.

 

No había visto a Kota después de clases y quería creer que era porque se había encontrado al fin con Shintaro.

 

Pero cuando ingresó en uno de los pasillos más lejanos, cerca de uno de los ventanales principales, sus pasos se detuvieron. Yuri estaba ahí, jugaba con las mangas de su abrigo y cabizbajo, su cabello parecía tapar gran parte de sus ojos. Extrañamente solo e inmóvil.

 

Takaki supuso que el drama que Ryosuke había armado aún no terminaba, y seguía repercutiendo en Yuri.

¿Por qué Chinen se dejaba alejar así? ¿Por qué le permitía herirlo así?

 

La idea de que Chinen en realidad quisiera de esa manera profunda a Yamada lo hizo sentirse incómodo, sin embargo decidió mejor regresar por el mismo camino y sacar un poco de café de la máquina dispensadora, el frío de esa noche casi era cruel, y sus tontos impulsos lo guiaban a ser todavía más estúpido de lo normal.

 

—Para el frío.

 

Extendió el pequeño café frente a los ojos del menor y Yuri por fin alzó su mirada, directo a su rostro mientras Takaki sonreía, incomprensible y absurdo esperando que Chinen en realidad le permitiera un minuto de paz en su extraña relación.

 

Yuri tomó el café entre sus manos y sin preguntar Yuya se sentó junto a él, apenas logró mirarlo de soslayo, la manera lenta en la que trataba de enfriar un poco el café, el humo que chocaba un poco contra su rostro y la manera lenta en que lo bebió. Yuri siempre había sido eso hermoso que sus ojos agradecidos parecían contemplar.

 

Pero mientras el tiempo pasaba, Yuya poco podía descubrir en él.

 

—¿Hablaste con Yamada?

—No— Chinen apenas sacudió un poco su cabeza —Dice que no quiere hablar con nadie por el momento y solo se encerró… No sé qué hacer por él.

 

Que Yuri le hablara sin problemas, que le dijera lo que pensaba y sentía fue casi un momento desconocido para él, así que asintió y dejó que Yuri terminara su café. Que guardara silencio junto a él  y que el tiempo pasara entre los dos. No había demasiadas palabras que comunicar. Ni siquiera algo que valiera la pena decir.

 

Pero Yuya encontró perfecto el permanecer junto a él un rato más, incluso cuando el menor de pronto se apoyó sobre él, con su cabeza muy cerca del hombro —Gracias, Yuya— Y le agradeció por algo que no debía, y Yuya pensó que estar así junto a él era solo un error más.

 

Sin embargo su vida estaba llena de errores. Y este era el primero por el que valía la pena quedarse, a riesgo de esos sentimientos sin catalogar. Yuri apoyado en él, en medio del silencio y la soledad, podía fácilmente convertirse en la rama de sus sentidos, de sus recuerdos, y el sentimiento propio de masoquismo.

 

 

 

 

Cuando Yabu despertó, por el sonido molesto de su celular, ni siquiera se preocupó por la hora que marcaba el reloj, solo pudo ver el cuerpo dormido de Ryutaro junto a él, levemente apoyando su brazo contra su cuerpo y apretando sin fuerza su camisa, como si temiera que se marchara de ahí.

 

Kota pocas veces pudo mirar a Shintaro así, en su estado más natural y vulnerable. Y de pronto aparecía Ryutaro a sacudirlo todo. Suspiró sin pensar demasiado, girando un poco para verlo mejor. Le agradaba que se estuviera haciendo costumbre, que dormir junto a él ni siquiera fuera por petición, sino más bien una cuestión de eventos que los hacían terminar en un mutuo acuerdo de compañía.

 

El celular volvió a sonar y Ryutaro frunció el ceño, Kota entonces ni siquiera lo pensó, apagó el celular sin mirar la pantalla y lo dejó lejos de ahí, tapó el cuerpo de Ryutaro con una pequeña sábana y se volvió a recostar junto a él, quitando esos mechones cortos de su frente y contemplándolo un rato más.

 

Antes de que amaneciera y las barreras de Morimoto Ryutaro volvieran a estar de pie.

 

 

 

 

—Yabu, idiota.

 

Shintaro mordió su labio inferior y pateó con fuerza el suelo, cerca de la entrada de los dormitorios mientras trataba de ocultarse lo mejor que podía por si alguien lo llegaba a ver, y el abrigo sobre su cuerpo no parecía hacer adecuadamente su trabajo.

 

—¿Shintaro?

 

La voz curiosa de Hikaru lo hizo levantar la cabeza y sentirse aliviado de inmediato, corrió hasta el muchacho y lo abrazó, con poca fuerza pero con un buen rato en el que ni siquiera se quiso alejar demasiado. Yaotome había aparecido silbando una tonta canción, y con su pose despreocupada de siempre, pero Shintaro solo respiró hondo y sonrió.

 

—¿Qué haces aquí?— Volvió a preguntar Hikaru —Ya es tarde.

—Lo sé… Pero ocurrieron unas cosas, y necesitaba hablar con Ryutaro.

 

—¿A esta hora?

—Llevo buscándolo mucho tiempo, créeme.

—Se molestó contigo.

 

La deducción del mayor ni siquiera lo tomó por sorpresa, pero Hikaru solo suspiró antes de pasar su brazo sobre los hombros de Morimoto y empezar a caminar.

 

—Lo más seguro es que no te quiera ver, mucho menos a esta hora. Ni siquiera yo lo he visto en todo el día, así que mejor quédate a dormir con Keito y conmigo y ya mañana hablas con más calma con él ¿vale?

—No lo sé…

 

Shintaro mordió despacio su labio inferior.

 

—Shin, no conozco demasiado a tu hermano, pero estoy casi seguro que si te tras su puerta a estas horas, incluso te golpea.

 

Tuvo un remolino de sensaciones en ese instante. Demasiado intensas como para pasar desapercibidas ante el mayor, sin embargo Yaotome pareció dispuesto  a guardarse cualquier comentario. Y Shintaro prefirió escuchar sus palabras, porque no aguantaría más tiempo fuera de un lugar cómodo.

 

Y además, generalmente, Hikaru solía tener la razón.

Lo único que le preocupaba, y le daba vueltas en la cabeza, era el hecho de que esta sería la primera vez que Yabu ignorara por completo sus llamadas.

 

 

..:: Fin del Noveno Síntoma ::..

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4 comentarios sobre “Precedentes: Noveno síntoma

    Satommy escribió:
    19 abril, 2013 en 13:33

    Me da miedo X’D Ohdara es muy… analizadora para mi gusto lol
    Asusta… y muy directa :’D
    Lo de Hikaru con Yamad hasta me dio ternurita~~~ y Keito se merece
    un buen golpe por alejar a uno de sus amigos e3e por mucha rabia
    que ande por lo de Yuto e_é!
    Me da cosita por Ryutaro pero siquiera ha encontrado apoyo en Yabu
    ._. y Shin ya se va dando cuenta que lo han reemplazado[?]
    Gracias por el capítulo ;3;♥

    Me gusta

    Denis-ce (@YuukiNii) escribió:
    20 abril, 2013 en 9:36

    Pensaba en dormir XD pero ya que vi en mi correo un aviso de actualización e_e ya no podré dormir hasta haberlo leído

    Me gusta

    Denis-ce (@YuukiNii) escribió:
    20 abril, 2013 en 16:49

    Oh por dioh ;O; se me hizo tan corto </3 me desesperan las situaciones de ryutaro yabu y shintaro ;_; quiero más

    Me gusta

    Anónimo escribió:
    7 mayo, 2013 en 1:10

    aasdfghjkhgfds Bellos !!! *O*~
    me sorprendió demasiado ver el noveno síntoma ._.
    Muuuuchas gracias por continuar este fic *-* es genial
    amo a Yabu *-* es tan … el >–<
    ojala que pongas otro síntoma pronto *-*
    Muchas Gracias de nuevo *O*

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