Odio: décima segunda parte

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Una y otra vez

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Jaejoong nunca fue un hombre de costumbres.

 

Usualmente su vida giraba en torno a todo lo que él quería, miraba por encima lo que deseaba y de pronto se encontraba a la altura. Ver entrar a Yunho por la puerta de su departamento se volvió una agradable sensación  –que hubiera querido durara –.

 

Sin embargo y del mismo modo, era consciente de que lo que la palabra ‘sacrificio’ significaba, y había llegado a la conclusión de que definitivamente no iba consigo. Estaba entonces esa noche, con el whisky entre las manos, aquel que algún productor le hubiera regalado semanas atrás.

 

La fría botella entre sus manos conjugaba con el silencio, era extraño, ese gran departamento en medio de la noche, con la oscuridad y el sonido de su respiración solo era un poco más escalofriante de lo normal.

 

Pero Jaejoong pensaba y sus hilos ligeros de ideas se perdían entra la imagen casi imposible de Namin que se había formado frente a sus ojos. Ella ahí, tan hermosa y madura tomada de la mano con Yunho, con ese aire pasivo y alegre que no le combinaban.

 

Si se detenía ahora…

Si simplemente lo sacaba de su vida, entonces Yunho desaparecería. Solo así.

 

Pero Namin era entonces tan despreocupada y Jaejoong no quería enfrentarla, porque era humillarse, admitir que se había dejado engañar como un niño de cuatro años. Podía cerrar los ojos. Descansar y sacarlo de su vida.

 

Así de fácil. Solo hacerlo mínimo frente a él.

 

 

 

—No luces muy bien.

 

Jaejoong sintió la mano de Yoochun sobre su hombro.

 

—No dormí mucho.

—¿Noche entretenida?

 

Incluso el tono juguetón en la voz del otro, fue apacible, lo hizo sonreír, pretender que todo estaba bien, que esa molestia interna no fluía entre sus venas, queriéndolo destrozar todo, quizá así podría ahogar un poco de frustración.

 

—¿Vamos a beber?— Habló bajo, desviando la conversa y mirando de soslayo al menor que solo logró fruncir el ceño una vez más —¿Qué dices?

—Supongo, después de grabar, ¿verdad?

 

Jaejoong solo asintió, con el peso de la grabación sobre sus hombros, el sueño que lo hacía lucir terriblemente cansado. Y el espejismo de Yunho desgarrando su franqueza todavía, en cada llamada perdida que quedaba en su celular.

 

 

 

‘Jaejoong oppa luce muy cansado’

‘Debería darse un tiempo para descansar. No es usual verlo tan desanimado’

‘Oppa no te sobre esfuerces’

 

Los portales de internet no solían ser lo suyo, en realidad Yunho manejaba el internet y sus medios únicamente en lo vitalmente necesario, pero esa curiosidad suya despierta por la ausencia de Jaejoong lo arrastró hasta sus pasos.

 

Se descubrió vergonzosamente tipiando el nombre de Jaejoong en su teclado, y las ventanas habían caído una tras otra con diferentes noticias. La más reciente mostraba fotos de Jaejoong, tomadas de lejos y con la mejor calidad que se podía, con su rostro tapado y gorras que usualmente no usaba.

 

Todas bajo la misma nomenclatura: Kim Jaejoong bajando de peso. Luce más cansado de lo habitual.

 

Y la prensa empezaba a valerse de comentarios sueltos, los rumores corrían, pero Yunho no tenía esa descaro, no era capaz de ir tras él y preguntarle por su ausencia, por dejar de lado el viaje que él mismo había planeado.

 

Suspiró lento, con la imagen de Jaejoong enmarcada por la preocupación de sus fans, miró sin intención el anillo que permanecía en el cajón de su escritorio y pensó que era el momento menos indicado.

 

¿Por qué no se podía haber enamorado de Namin y ya?

 

Eso calmaba sus males, lo borraba todo. Vivía en medio de toda esa doble moral que cubría sus necesidades, si se arriesgaba por Jaejoong quedaría tan terriblemente expuesto, que simplemente ignorar no sería la solución.

 

¿Quién iba a cubrir su espalda cuando a nadie le fuera a importar si se trataba de amor de verdad o no?

¿Quién lo iba a sacar de las miradas y los susurros?

 

Esa entereza que tan escasamente tenía lo alejaba de los demás, su mundo pequeño, ese en el que tenía que valerse de todo para sobrevivir le era arrebatado. Jaejoong tenía esa ventaja, aunque fuera mínima de tener fama y compasión porque tiene fans, porque muchos lo quieren. Entonces enfrentar al mundo no será tan difícil.

 

Aunque su sociedad lo rechace…

 

En cambio él, un tipo normal, cuantas puertas ve cerradas ante sus ojos, cuanto dolor y sufrimiento como para quedar a la sombre de Jaejoong. Tan agotado que nada puede surcarle un poco de esa pena.

 

—¿Hyung?

 

Yunho levantó la mirada confundido, sin saber cuánto tiempo puede haber permanecido Junsu ahí, desde la puerta de la oficina y con un par de carpetas en las manos. Pero siente a través de sus ojos que ha notado su estado de inanición.

 

Pudiera ser más sencillo, si el panorama de su vida no estuviera en caos.

 

 

 

 

—Sería bueno que te tomaras unos días.

 

Junsu conducía por las calles como un experto, concentrado en las vías y señales que tenía a su paso, pero Yunho callado y agotado únicamente pudo asentir y mirar por la ventana, el reflejo pequeño de la luz y las personas que iban caminando de regreso a casa.

 

Pudo sentir en más de una ocasión la mirada de Kim sobre si, tan preocupado e incapaz de invadir su privacidad que quizá Junsu no lo sepa, pero fue algo que Yunho agradeció un montón de veces.

 

Había estudiantes por todos lados de camino al departamento de Jaejoong, y bien, quizá Junsu ni siquiera sabía el lugar al que lo llevaba, o más bien con quien, pero Yunho quería creer que su preocupación mínima bastaba para que no se enterara de nada más, al menos por hoy.

 

Si las calles se alargaban un poco más tuviera tiempo de pensar en Namin, quizá acabar con todo sería el final de sus problemas, y su único tormento pendería del único hilo de hacer publica esa relación que en realidad no era necesaria.

 

Tal vez…

 

Pero ella lo mantenía al borde de la cordura, soltar su mano sería lanzarse desprevenido en las de Jaejoong.

 

—¿Es aquí?

 

Yunho reconoció el pequeño portón, el hombre grande que siempre cuidaba la entrada de los carros, que ya lo conocía y lo saludaba amable cada vez que llegaba, seguramente sin saber para qué exactamente. No era su trabajo, no cuando uno de los inquilinos autorizaba su entrada sin restricciones.

 

—Sí, aquí es.

 

Se quitó el cinturón sin demasiada prisa, decidió incluso caminar. Hasta el edificio que aún estaba lejos y Junsu solo suspiró, con su mirada hacia adelante una vez más.

 

—Nos vemos el lunes, hyung.

—Es miércoles.

—Te dije que te tomes un tiempo para descansar.

 

Junsu apenas sonrió antes de marcharse de ahí, sin devolverle otra mirada más, Yunho entonces miró su camino hasta el lugar. El edificio pintado de gris se veía lejano, sus pies cansados no llegaban, pero decidió ver sus posibilidades de llegar hasta él, aunque fuera terriblemente agotador y casi un suicidio para todo lo que le había tocado construir.

 

 

Kim Jaejoong se encontró a esas pocas horas de la noche parado en la mitad de su piso, viendo de un lugar a otro el estado en el que había quedado ese espacio tan suyo que tanto le había costado construir.

 

Yoochun había bebido junto a él apenas unas horas, luego lo había dejado de regreso en su departamento, y Jaejoong ebrio y sin haber podido descargar toda esa rabia solo lanzó un par de gritos y golpeó la pared. Tal vez, fue ahí donde todo empezó.

 

Luego se encontró arrojando todo al suelo y rompiendo lo que podía, el esfuerzo de su vida y sus noches. Las numero vidas que había vivido desde que empezó actuar, su rostro sonriente y amable cada que era invitado a un programa y los coqueteos infaltables en cada lugar.

 

Roto o desgarrado, cada trozo de lo poco que quedaba había muerto en el suelo, lejos de su alcance y sus manos dañadas, tal vez si hubiera llorado, hubiera sido más fácil. No tuviera la vida puesta en el suelo otra vez.

 

El timbre sonó y temió porque fuera su mamá, estaba cansado de las llamadas, de las preocupaciones y las promesas poco válidas que tenía que decir.

 

—Jaejoong…

 

Apenas escuchó su voz y fue como si lo hubiera esperado todo este tiempo. Caminó lentamente sin preocuparle el desastre a sus pies.

 

—¿Yunho?— Preguntó por diversión, porque su voz la reconocería incluso bajo las piedras.

—Quiero verte.

 

Sonó tan lamentable que incluso sonrió. Yunho no servía para engañar a las personas, Jaejoong siempre se había jactado de conocerlo demasiado bien. Y era esperable que se encontrara incluso atormentado, sin saber que él sabía ya de la presencia de Namin.

 

Pero para Jaejoong, Namin sigue siendo una sombra inestable y molesta.

Invisible dentro de la oscuridad. Y Jaejoong sabía por naturaleza, que él era todo oscuridad.

 

Cuando abrió la puerta él estaba ahí, buscaba sus ojos sin pedir explicación. Jaejoong sentía que estaba bien, no quería mentir, no tenía ánimos para hacerlo, recibió sus besos de buena gana, y descubrió que era posible necesitar algo así.

 

Que el nivel de su amor propio había disminuido tanto y tan pronto, que decidió ocultar esa sensación de mantenerse a un lado de esa relación, que no pensaba reclamarle a Jung. Pronto se dejó arrastrar, como si Yunho conociera cada espacio de su cuerpo, a pesar de los años y sus propias barreras.

 

Sus manos grandes y cálidas tocaban la piel de Yunho, y él recibía el mismo placer. No importaba si eso se acababa mañana mismo. Nadie más lo sabía, si mañana Yunho decidía marchar, nadie más que él lo iba a saber, el orgullo herido era menos doloroso entre la soledad. Su memoria puede bloquearlo todo, pero los demás no.

 

Así que entre la soledad de ambos Jaejoong dejó que ese cuerpo lo arrastrara entre los pasillos, probablemente Yunho ni se percató, del desastre que había ahí, tan parecido a su interior.

 

Ese que gritaba desesperado, por un poco de amor.

 

 

 

Me sigo preguntando lo que vas a hacer, el lugar donde estarás

Pero yo no soy así, nunca he sido así,  este amor es tan fuerte, que aún me tiene aturdido.

Estoy cayendo tan bajo…

 

 

Fin de la Décima Segunda Parte

Lamento mucho la demora, espero que sea de su agrado. La canción a la que se hace mención es ‘Alone’ de Sistar.

12 comentarios sobre “Odio: décima segunda parte

    emi escribió:
    3 junio, 2013 en 0:51

    Pobre Jae. digo si Yunho no esta seguro de lo q quiere hacer q se lo diga, JJ* ha cambiado y ya no es malo.y no justo q lo haga sufrir asi. por mas que Yunho este confundido no debe jugar a dos bandos~ u_u.
    Nesly~ porq nos dejas con tanta intrigaaaa.xD!

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    Misuzu Black escribió:
    4 junio, 2013 en 23:00

    Woo!!! Espere mucho por esto, realmente me siento mal por el pobre Jae, después de mucho tiempo en verdad quería amarlo bien, sin trampas de por medio, pero Yunho, mmm, lástima. Presiento que se volverá muy cruel para ambos, más para Jae, quien volverá a tomar su carácter anterior y los lastimará a ambos.

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    Itayuyi Vivar escribió:
    9 junio, 2013 en 3:35

    awww!!! tiempo sin leerte y encontrar este capi uff!!! no sabes como me gusto!!!!! Jae!!! siempre sufrido y orgulloso, seguro, se alejara😦

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    Odio | ~ Nesly Fanfic ~ escribió:
    5 enero, 2015 en 11:42

    […] Parte 12: Una y otra vez […]

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    Chunsadycta escribió:
    25 diciembre, 2015 en 23:21

    No se que es mas grande mi coraje, la frustración, o la pena, Jae sufriendo resignado a que no puede ocupar el lugar que Namin usurpa y Yunho incapas de manejar lo que siente y lo que deberia hacer. Ambos tiene miedo de sufrir y ser señalados. Y esto ya pinta para un amor que con todo y reencarnacion no va a poder ser😢😢😢😢 Espero equivocarme como me equivoque con el cuarteto Romatico. YoosuYunJe. Pero es que ninguno de los dos ha dicho ” Oh que tormentoso es nuestro AMOR” 😢😢😢😢 Yo solo Digo que Namin estorda y no es que la odie pero Yunho como dirian en mi pueblo, solo la quiere para “taparle el ojo al macho.😬

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