Precedentes de una adiccion no controlada: decimo primer sintoma

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Precedentes de una adicción no controlada

Aislamiento

Décimo primer síntoma

 

 

 

Inoo Kei tenía mucho tiempo sin hablar con Yuri o Ryosuke, contaba los momentos de su vida desde que se había sentado a hablar con ellos y no podía recordar el momento exacto, excepto por el irrefutable hecho de que ahora le resultaba complicado debido a que su tiempo, en su gran mayoría lo consumía Daiki. Y la vida se le iba entre las manos como si muchas de esas cosas comenzaran a dejar de importar mientras estuviera con él.

 

Nunca fue un hecho ajeno que Yuri y Ryosuke eran especialmente unidos y que en ocasiones él se sentía fuera de lugar, pero jamás lo suficiente como para alejarse y ahora de pronto sentía que los extrañaba, quizá porque Daiki había dicho que tenía que reunirse con unos compañeros para un trabajo, y ahora él sin tarea pendiente ni nada especial que hacer se había encontrado aburrido en medio de su solitaria habitación.

 

Así que caminó, salió a pasear unos instantes mientras deambulaba esperando el mensaje de Daiki que le indicara que se había desocupado, que quería verlo. Era extraño e incluso preocupante que ahora se encontrara esperando por algo que nunca pidió y que definitivamente no se encontraba entre sus planes. Pero cuando caminó hacía la entrada del Instituto le sorprendió verlo ahí, su hermano se encontraba saliendo de secretaría, su ceño fruncido mientras curiosamente caminaba hacia él y lo miraba como pocas veces lo hacía.

 

—¿Qué haces aquí?

 

Ni siquiera se tomó la molestia de saluda y quizá fue esa la razón por la que el mayor agrió un poco más sus expresiones.

 

—Debes agradecer que yo esté aquí ya que nuestros padres no están en el país —espetó el mayor— se puede saber… ¿dónde demonios estabas que no estás asistiendo a todas las horas regulares de clases?

 

Inoo abrió mucho los ojos, no había tomado en cuenta aquellas pequeñas fugas que se había dado cuando Daiki lo jalaba hacía algún lugar y de pronto notó lo mucho que ese estaba dejando llevar por él sin que le importara algo ajeno a los dos. Permaneció en silencio, probamente tanto tiempo que el otro bufó cansado y se quitó los lentes para limpiarlos un poco.

 

—Escucha, si estás saliendo con alguien: primero no descuides tu vida escolar; y segundo recuerda ser discreto porque después de todo estás comprometido con Ohdara.

 

Había algo particular en ese compromiso, que Kei todavía no sentía como suyo. Sin embargo se encontró asintiendo porque prefería evitar las cosas locas que pasaban por su cabeza en ese instante, tales como la forma en que Arioka manejaba su vida sin problema alguno al parecer.

 

—Sí, lo lamento.

 

El mayor lo miró por largo rato, luego suspiró colocando una mano sobre su hombro y mirándolo directamente al rostro. —Ten mucho cuidado con las personas que andas Inoo. Nunca has sido una persona influenciable, así que no me vengas a hacer cambiar de opinión respecto a ti y mucho menos me hagas hablar con mis padres sobre esto.

 

Era un acuerdo tácito, y mudo más que todo. Kei volvió a asentir despacio y el mayor a los pocos minutos abandonó el pasillo en el que se habían encontrado. Reflexionando lo que había sucedido. Inoo de pronto se encontró sin ganas de ver a Daiki de nuevo.

 

 

 

 

—Contesta…

 

Era la quinta vez que dejaba un mensaje. Ryutaro no contestaba el teléfono y tampoco parecía muy dispuesto a siquiera devolverle la llamada. Hablar con Shintaro había sido cuestión de minutos antes de que el menor le dijera en la cara y sin el menor tipo de remordimientos que las cosas habían vuelto a ser normales. Entonces, Shintaro volvía al internado y por tanto Ryutaro a la casa de sus padres a su Instituto privado.

 

Pasaron tantas cosas por la cabeza de Kota en ese instante, que ciertamente poco le importó lo que Shintaro tuviera que decirle luego cuando lo agarró por el brazo porque salió de aquella habitación de inmediato, marcando el número del otro Morimoto que a diferencia de su hermano no parecía dispuesto a mirar hacia atrás.

 

Pero una vez más estuvo la contestadora y Yabu optó por lanzar el celular a la cama, con la exasperación saliendo de sus labios, Ryutaro se había marchado sin siquiera importarle en lo más mínimo él, o la noche anterior en la que había sido más apoyo que un simple brazo donde descansar. Yabu definitivamente no estaba dispuesto a dejar las cosas así y mucho menos que el menor se marchara de la noche a la mañana sin dar explicaciones como si huyera de él sin problemas.

 

Al menos él no se lo iba a permitir y ahora el sábado, se le hacía tan terriblemente lejano.

 

 

 

 

—¿No has visto a Inoo Kei?

 

Yuto se removió un poco en su lugar, mirando el rostro inquieto de Daiki mientras él mordía lentamente la manzana, haciendo que el otro perdiera la paciencia con cada segundo que se tardaba en darle mordiscos a la dichosa fruta.

 

—No, creo que no ¿qué te traes con él?

 

A diferencia de otras veces Arioka esta vez rodó los ojos, sentándose junto a él un rato mientras andaba en el celular y no parecía estar entre sus planes responderle. Daiki tecleó un par de cosas y luego volvió a bloquear el celular, dando un largo suspiro mientras perdía su mirada entre los estudiantes y agradecía por el final de su jornada de clases.

 

—Me ha ignorado toda la mañana. —Soltó despacio.

 

Yuto volvió  a darle otro mordisco a su manzana y esperó porque el mayor dijera algo más, pero aquello no sucedió y contrario a lo que esperaba volvió a suspirar mirando fijamente la pantalla de su celular. Yuto dejó escapar un poco de aire en ese momento, algo muy parecido a un suspiro.

 

—Te dije que no te involucraras demasiado con ese sujeto.

—Yuto por favor…

 

Daiki sonaba cansado. De repente Yuto se sintió abatido, comprendió que no importaba lo mucho que le advirtiera al otro sobre los riesgos de meterse demasiado con una persona Daiki ya no lo escucharía. Por eso Yuto prefería no enamorarse, ni siquiera fijarse demasiado en una persona porque pronto comenzarían los juegos en contra y no quería terminar como Daiki, anclado a una relación sin pies ni cabeza que luego solo lo haría ver lamentable.

 

—¿Y por qué no vas a su dormitorio?

—Su compañero me dijo que no estaba.

 

Yuto quizá fue demasiado expresivo con su mirada, porque Daiki pareció encogerse un poco en su asiento, ambos sabían que había bastantes posibilidades de que Kei estuviera ahí.

 

—¿Quieres que vayamos a ver una película este fin de semana? —propuso de repente— te sentará bien pensar en otra cosa y distraerte un rato.

—No lo sé…

 

—Vamos, hace mucho que no salimos solo los dos.

 

´Nakajima sonrió ampliamente, pasando un brazo por los hombros del más bajo que volvió a suspirar y en vez de contestarle se apoyó en él. Yuto extrañaba esos momentos de cercanía con él, sutiles y tan mal entendidos que era un gusto cuando el resto pasaba y los miraba como si no fuera novedad verlos así de cercanos y al mismo tiempo lo desaprobaran.

 

A Yuto le gustaba que lo miraran así, le gustaba sentir que desafiaba todo en lo que el resto creía. Extrañaba a su compañero de aventuras y diversión, extrañaba al Daiki de antes, y comprendió que quizá era hora de hacer algo por él, aunque el otro incluso lo odiara en un principio.

 

 

 

 

El sábado para Inoo llegó como un remolino, demasiado pronto y con demasiadas ocupaciones por culpa de las Olimpiadas tediosas esas, como para darse el trabajo de evitar a Daiki, sinceramente aquello ocurría sin que él se lo propusiera. Y en parte se sentía aliviado por ello.

 

Necesitaba a Arioka lo más lejos posible por el momento, le asustaba darse cuenta que el otro lo estaba moviendo a su antojo. Inoo estaba cambiando cosas en él, que puedo que Arioka ni siquiera notara, pero que a él en definitiva no lo notara.

 

La biblioteca un sábado por la mañana era el reino de los silencios, habían pocas personas y era hasta agradable estar ahí, pero cuando escuchó murmullos sutiles supuso que algo fuera de lo normal estaba sucediendo, porque estos murmullos subían de tono y ahora hasta risas se escuchaban, cuando se asomó esperando porque no fuera Daiki el que se encontrara alborotando a las pocas chicas que había a esa hora de la mañana en la biblioteca general, se sorprendió al ver a Nakajima Yuto.

 

El alto miraba de un lado a otro buscando a alguien que al no le interesó siquiera enterarse quien era por lo que volvió al estante entre los libros que andaba usando. La biblioteca mayor, era de los pocos lugares donde los chicos y las chicas podían juntarse sin problema, así que ver a Nakajima ahí seguramente había sido una gran y agradable sorpresa que a Inoo sinceramente le daba completamente igual.

 

—Aquí estás.

 

Supuso que su suerte no lo acompañaba esa mañana, especialmente cuando el muchacho estuvo frente a él, con esa gran sonrisa entre los labios y la mirada de casi todos los presentes sobre ellos.

 

 

Finalmente un café había sido lo más sensato a compartir cuando Inoo supuso que no hablarían de cosas cotidianas o de alguna ayudantía en especial, los ojos del más alto brillaban con cierta picardía mientras bebía su chocolate y Kei le daba vueltas a su café cargado.

 

—Seré breve. ¿Qué tienes con Daiki?

 

Pasaron muchas cosas por la cabeza de Inoo, una de esas fue que había venido dispuesto a armarle alguna escenita de celos o algo por el estilo. Sin embargo esas no parecían ser las intenciones del menor por lo que Kei llevó despacio el café a sus labios y lo bebió con sumo cuidado, como si planeara tentar la paciencia del otro.

 

—No entiendo como aquello pueda involucrarte.

—Daiki es mi amigo y no me gusta lo que le estás haciendo.

 

Inoo sonrió levemente, porque aquello le resultaba verdaderamente gracioso cuando él era el más afectado en medio de toda esta relación que al parecer estaban llevando.

 

—¿Daiki sabe que estás aquí?

 

—Me aburrí de verlo deprimido cada vez que estás demasiado ocupado o sencillamente te da la gana de hacerlo a un lado, contrario a lo que todo el internado cree Daiki no es ningún insensible al que puedes follarte un día y al siguiente tratarlo como si fuera un adorno más en la pared, y esperar que eso no lo afecte. Menos, si comienzas a hacerlo parte de una rutina cruel.

 

Subió la mirada con fuerza porque al parecer el menor no tenía tapujos para decirle las cosas en la cara y de pronto l el rostro de Yuto se había puesto tan serio que el mismo Kei lo encontró irreconocible, hubo un silencio prolongado, analizó las posibilidades silenciosas que Nakajima le estaba ofreciendo y creyó que era el momento indicado para alejarse de Daiki antes que el mismo saliera perdiendo. Yuto le estaba dando la oportunidad de acabar con todo.

 

—¿Entonces? ¿No piensas decirme nada?

—¿Qué esperas que te diga?

 

Yuto entonces frunció el ceño.

 

—En verdad ¿no te importa en lo más mínimo?

—Daiki me agrada, he aprendido a convivir con él a pesar de su especial forma de ser… pero no esperes que te diga que lo lamento cuando por parte de ambos no hay ningún tipo de compromiso. Quizá estás confundiendo las cosas.

 

—¡No estoy confundiendo nada!

 

Yuto había golpeado la mesa, con sus cejas juntas y las miradas de las personas sobre aquellos dos que se veían extraños compartiendo una mesa de repente. Pero Inoo lo miró fijamente y esperó unos segundos a que se calmara y por supuesto el resto de las miradas se alejara.

 

—Entonces según tú, ¿Daiki siente algo por mí?

 

—No estoy hablando de sentimientos —explicó el menor, esta vez con la voz un poco más baja— hablo de tu maldita manía por tratarlo como si fuera tu puta, lo ignoras, lo haces a un lado, y luego pretendes que follen como si nada hubiera pasado;  pisoteas su orgullo como si fueras su puto amo y eso me tiene hasta los huevos. Así que si no paras de hacer todo esto, acaba de una vez por todas con todo o yo mismo vendré a romperte la cara y además me aseguraré  que no puedas tener hijos.

 

El menor le dio un último golpe a la mesa antes de coger su celular e irse, Inoo se quedó un rato más cavilando toda esa información  recibida, plagada de vulgaridades demasiado juntas para su gusto pero que lo habían hecho sentirse realmente amenazado, como si Yuto fuera un maleante cualquiera de la calle dispuesto a asesinarlo sino le entrega el celular de las manos.

 

 

 

Takaki sonrió cuando sintió el agua una vez más sobre su cuerpo, tal vez no había sido tan mala idea meterse al club de natación, porque finalmente podía quedarse nadando un rato más después de los entrenamientos, además ya había superado la impresión de tener que entrenar también los sábados. Así que nadó siquiera por unos cuarenta minutos más antes que su cuerpo le exigiera descanso y finalmente saliera de la piscina.

 

Fuera no había casi nadie, anduvo por los pasillos un largo rato, apenas con una bermuda puesta y una camisa ligera, con la toalla colgando de su hombro mientras le escribía a Kota un mensaje proponiéndole salir por ahí antes de la cena que tenía con su madre esa noche, pero el otro jamás le respondió.

 

Estaba cerca del salón de música cuando la puerta abriéndose lo tomó desprevenido, Chinen Yuri salía de ahí con su sonrisa amplia y su mirada ensoñadora dirigida en exclusiva al profesor de música, asentía con cuidado mientras el hombre hablaba y parecía explicarle un par de cosas. Ohno Satoshi parecía ser ese tipo de personas terriblemente encantadoras y talentosas que logra capturar la atención de demasiada gente. Takaki lo supuso así desde la primera vez que lo vio.

 

Debería estar acostumbrado, se dijo mentalmente en cuanto notó los actos deliberados de Yuri mientras asentía y sonreía como si su vida dependiera de ello. Eso le pasaba por fijarse en personas como Chinen. Que se suponía salía con Yamada, medio coqueteaba con él y al parecer no parecía tener reparo en fijarse en un maestro. Chinen dolía e incluso en ocasiones como esas Yuya se reprochaba por sentirse así.

 

—Oh, buen día Yuya.

 

Ohno lo saludó, con una expresión afable en el rostro y Yuya encontró de mal gusto pasar como si nada, así que se detuvo y se inclinó brevemente, con la mirada de Yuri fijamente sobre sus hombros.

 

—Buen día, profesor.

—Estaba a punto de pedirte que le dijeras a Kota que necesito hablar con él un rato. Dile que me busque en estos días por favor, no lo he podido localizar para nada.

 

Yuya sintió la mirada de Yuri, todo el tiempo y sin siquiera disimularlo.

 

—Tengo entendido que salió temprano pero aún no me he podido comunicar con él. Cuando lo vea le digo.

—De acuerdo, muchas gracias.

 

Ohno regresó a hablar con Chinen sobre cosas como unirse junto a Yamada al club de canto, eran cosas que él escuchó intermitentemente mientras caminaba, luchaba por no mirar hacia atrás y encontrarse con esa devoción en los ojos del menor, que apenas él había aparecido había disminuido casi por completo.

 

Yuya estaba exhausto, cansado de sus sentimientos por Yuri y que este fuera completamente indiferente con todo. Yuya no podía más, pero lamentablemente aunque intentara deshacerse de ellos, no era tan sencillo como evitar a Chinen en cada esquina en la que se encontraran.

 

 

 

Cuando Yabu llegó a la residencia Morimoto, daban exactamente la una de la tarde. La reunión matutina con su familia había demorado más allá de lo necesario. Pero al fin había podido llegar a la dichosa casa que tantos problemas le había tomado encontrar. Pero finamente estaba ahí, esperando porque abrieran la puerta mientras sacudía nerviosamente la pierna.

 

—Buen día, ¿en qué puedo ayudarlo?

 

Un hombre de edad bastante superior a suya y con ese tono educado que lo caracterizaba recibió a Kota quien saludó brevemente antes de poder hablar de nuevo.

 

—Buenas tardes, soy Kota Yabu, compañero de Ryutaro ¿se encuentra en casa?

—Oh, no. El joven Ryutaro salió con el joven Yuma, según escuché a la cafetería favorita del joven Ryutaro.

 

Yabu enarcó una ceja por un momento, ¿de qué cafetería le estaba hablando?

 

—¿Sabe dónde queda? Necesito hablar con él inmediatamente.

—Está a dos calles hacía abajo. No hay como perderse, queda en toda la esquina y está decorada muy bohemiamente.

—De acuerdo, muchas gracias.

 

Yabu volvió a inclinarse educadamente, pidiéndole al chofer de su auto que esperara ahí mientras él salía caminando del lugar, dos calles más abajo, donde Ryutaro se encontraba.

 

 

 

Daiki se encontraba concentrado en la película, comía poco canguil, y sin embargo a pesar de lo relajado que se veía a Arioka, Yuto supuso que sería buena idea decírselo, bebió un poco de gaseosa y respiró hondo.

 

—Hable está mañana con Inoo Kei.

 

Los ojos de Daiki se abrieron de par en par, Yuto pudo verlos a pesar de la oscuridad.

 

—¿Qué hiciste?

—Solo le deje un par de cosas claras, entre ellas que dejara de comportarse como un reverendo imbécil.

 

—Yuto te pedí que no hicieras ninguna tontería.

—¡No hice ninguna tontería! Estaba defendiendo a mi mejor amigo.

 

—Shh…

 

Por un instante ambos guardaron silencio, la sala no estaba muy llena y eso lograba que cualquier bulla llegara a todos lados, Daiki ya tenía su ceño fruncido y lo miraba esperando que hablara, Yuto giró un poco más hacía él y suspiró.

 

—Entiéndelo Daiki, no puedo soportar verte de esa manera.

—¿De qué manera? Yo estoy perfectamente.

 

—Sí, perfectamente en la mierda, ¿acaso no te das cuentas? Lo que sientes por ese sujeto no es bueno,  y si lo es, lo que él siente por ti no, porque si te quisiera al menos un poco no te trataría como lo hace, dejándote a un lado cada que le da la gana, y aparte de todo de está comprometido, ¡por dios Daiki!

 

Yuto llegó a los límites de su exasperación. Los ojos de Daiki en cambio no parecían haber cambiado ni un poco.

 

—Por supuesto, habló el señor perfecto en relaciones. El de las relaciones serias y duraderas.

—No intentes cambiar la conversación, porque aunque no tenga experiencia en esto de ser pareja de alguien, si sé que al menos cuando alguien me utiliza me siento fatal. No sé cómo le haces tú para soportarlo a diario.

 

—Hablas como si sintiera algo por él.

—¡Oh, por favor Daiki! Para sentirte mal, debiste haber empezado a sentirte bien, así que no te me hagas el desentendido.

 

—¡Shh!

 

Esta vez ambos bajaron la voz, Daiki bajó incluso la cabeza, apretando fuerte sus puños.

 

—Me voy.

—Daiki, por favor…

 

Yuto incluso se atrevió a tomarlo por el brazo en cuanto el mayor hizo amago de levantarse e irse, pero Arioka se sacudió de repente y logró soltarse de su agarre, caminó tan pronto, que Yuto no tuvo oportunidad siquiera de intentar detenerlo.

 

 

 

Yabu entró en la cafetería sin importarle si se trataba o no de esa, miró de un lado a otro esperando verlo ahí, se dejó guiar más bien por sus instintos y finalmente lo halló sentado en una de las mesas lejos de las ventanas junto a un muchacho de cabellera un poco larga.

 

Kota lo  vio todo demasiado rápido, la forma en que Ryutaro negaba sutilmente mientras se alejaba del contacto que el otro quería proporcionarle, apartaba su mano de la contraria y sus susurros no llegaban hasta sus oídos. Tuvo una mezcla confusa de sus emociones impertinentes y desbordantes.

 

No lo veía en días y de pronto esa mala espina se había clavado profundamente en su pecho mientras lo observaba con el tal Yuma que intentaba una y otra vez tocarlo. Yabu solo camino hasta los dos, parándose frente a ellos con la mente nublada y los ojos de ambos mirándolo con curiosidad, Ryutaro más bien parecía incómoda tan automáticamente que Yabu apenas pudo agarrarlo del brazo y ponerlo de pie a lo que el otro arrugó el entrecejo de inmediato.

 

—Lo siento, su charla ya terminó.

—¿…Qué?

 

Ryutaro parecía querer objetar algo, pero él ya se encontraba jalando de él sin la menor consideración incluso le pareció escuchar la voz de Yuma diciendo algo que en realidad ignoró. No aflojó el agarre y caminó con Ryutaro molesto y agobiado por igual.

 

—¿Qué es lo que pretendes?

—Tú y yo tenemos que hablar y ya no vas a escapar de nuevo.

 

Jaló un poco más fuerte y sintió una pequeña queja por parte del menor, en ese momento no le importó el mutismo de Morimoto, le importó tan solo alejarlo lo más posible del tal Yuma y encerrarlo en alguna habitación vacía hasta que pudieran hablar como es debido. Hasta que Ryutaro le concediera esa charla que hace mucho le debía.

 

 

..:: Fin del décimo primer síntoma ::..

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4 comentarios sobre “Precedentes de una adiccion no controlada: decimo primer sintoma

    Satommy escribió:
    16 octubre, 2013 en 20:33

    Oh por dios aadaasdasdasd
    Sólo me estoy preguntando con qué hará Inoo…
    O que hará Ryutaro xD y sobre si Yabu no está tan loco como parece ewe
    Y me dio penita lo de Takaki que no sabe qué hacer con lo de Chinen…
    Extrañé saber de Keito y Hikaru en éste capítulo ;3;!
    Pero estoy tan feliz con su actualización ;3;!!
    Se me hizo cortito y quiero leer más asdasd
    Gracias uwu

    Me gusta

    Denis-ce (@YuukiNii) escribió:
    16 octubre, 2013 en 23:45

    OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOH! POR DIOS!!! CADA VEZ ESTÁ MEJOR! >.<
    me gusta tanto cuando Yuma y Kota se "pelean" por Ryutaro *_* también me gustó tanto la situación de Daiki y esa fuerte amistad con Yuto. Ya quiero leer más *_*

    Me gusta

    miku escribió:
    22 octubre, 2013 en 1:33

    OMG!!!!
    ahora Inoo ignora a Dai-chan! D:
    y Yuto amenaza !!!
    uwaaaaaaaaaaaaaa~
    asdfghjkjhgf Ryu rechazando a Yuma
    heheheheheheeehehehe
    Amo el Yabutaro!!!
    Muchas gracias por la acrualización
    ojala que haya cap nuevo pronto ~

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    natiichii escribió:
    23 enero, 2014 en 18:50

    Waaaa apenas me lo leo tooooodo y quiero más!! *OOO*
    está genial, de los mejores fics que he leído!
    Por favor, continúalo y gracias por escribir!!

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