AYA: primera parte

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AYA

 

 

14 de Octubre de 1864

 

 

En medio de esos pequeños pueblos, aquellos que conforman el lugar donde Park Junghyuk ha decidido vivir, se siente el aire fresco anunciando el invierno, donde incluso los animales parecen prepararse para recibirlo y las personas apresuran sus pasos para recoger todo aquello que la cosecha ha dejado. Ahí,  Junghyuk se siente el hombre más dichoso de todos,  donde la flora y fauna son el encanto del pequeño hacendado y donde el clima es favorable para sus propias cosechas, en medio de su casa enorme y sus montones de empleados, en medio de ese clima adorable Junghyuk se siente verdaderamente afortunado.

 

Tiene a la esposa más bella de todas, cuatro hijos estupendos y a pesar de las dificultades un matrimonio estable. Yoochun es su primogénito, congraciado con las artes y predispuesto a todo tipo de enseñanzas que le sean dispuestas.  Sus dos gemelas Ahri y Ahsoon son dos preciosidades de apenas cinco años que corretean por el césped en las tardes de verano bajo la supervisión de su hermano, tres años mayor. Y finalmente está Yoosang, de apenas un año, que cuando reposa entre los brazos de su madre es el complemento a todo aquello que parece rodearlo y es casi perfecto.

 

Las personas como Junghyuk no contemplan la idea de imperfección en medio de su cabeza. Y aunque a sus ojos aun no esté bien visto que Sona, su esposa, sea tan cercana a la aya de Yoosang trata de comprender ese espíritu amable y caritativo que ella tiene, de repente cruza por la habitación y no le gusta las atribuciones que le permite a la mujer que aunque tímida y accidentada parece realmente agradecida, pero es solo una empleada más a sus ojos y en definitiva eso no le parece adecuado.

 

Ha hablado con Sona más veces de las debidas, sobre las distancias que deberían ser marcadas y al mismo tiempo obedecidas. Pero ella solo asiente y sonríe prometiendo cumplir con el protocolo que tiempo después Junghyuk descubre nos es cumplido, pero no puede ser severo con ella. La ama demasiado y finalmente termina cumpliendo su voluntad hasta donde le es permitido.

 

Sin embargo esa mañana de octubre, Junghyuk se la había pasado en el campo casi toda la mañana, revisando un par de hectáreas junto a sus ganaderos, había llegado cansado a su haciendo, pero mucho más pronto de lo previsto. Auguraba que llegaría pasadas las tres de la tarde sin embargo el medio alumbraba ese mañana cuando los pasos de su caballo lo trajeron de vuelta a su hogar.

 

Los empleados apresuraron el almuerzo por mandato suyo y la sirvienta de costumbre le había anunciado que la señora se encontraba en la habitación de Yoochun junto a su aya. Subió despacio las escaleras tranquilo por encontrar a ambas mujeres seguramente enseñándole alguna lección nueva al mayor de sus hijos, pero cuando abrió la puerta las cosas pintaron completamente distinto a lo esperado.

 

—¿Ves a tu aya?, intenta que sus cabellos se muevan.

 

Los ojos de Junghyuk se abrieron de par en par en cuanto vio a su hijo cerrar los ojos y como los mechones de aquella dieciocho añera se sacudían como si fuera producto de un viento que dentro de aquella habitación definitivamente no existía. El descontento se mezcló con la rabia de sentirse traicionado y terminó por abrir la puerta con fuerza y asustar a los tres que se encontraban en el interior de la habitación.

 

—¿Qué se supone que estás haciendo Sona?

 

Los ojos de su esposa giraron consternados, asustados y proclives a sentirse más abrumada de lo que parecía. La jovenzuela que se encontraba en el centro de la habitación se encogió de inmediato ante su presencia y bajó la cabeza mientras Yoochun corría a sus piernas para abrazarla con premura, quizá su rostro gritaba a los cuatro vientos toda la rabia que corría por sus venas mientras hablaba con siseos suaves.

 

—Junghyuk, pensé que llegarías más tarde.

—Aya, llévese a Yoochun lejos de aquí. Y que nadie suba hasta que yo lo diga.

 

Los pasos ligeros de la mujer se perdieron velozmente por los pasillos en medio de la mirada angustiada de Yoochun que se dejaba guiar por la mano de la joven mujer. Junghyuk caminó pasos certeros hasta donde ella se encontraba. Los cabellos largos de Sona caían por sus hombros pero su pose erguida y firme fue una de las cosas que más llamó su atención mientras se enamoraba perdidamente de ella.

 

—¿Qué estabas haciendo con nuestro hijo?

—Nada malo, Junghyuk. No te pongas de esa manera.

 

—¿Y de qué manera quieres que me ponga, mujer? —la voz del hombre se levantó casi sin intención— si llego a mi casa y veo a mi esposa enseñándole a nuestro hijo sus malas artes.

—¡No las llamas de esa manera!

 

—Sabes que lo son —reprochó de inmediato— son artes prohibidas y oscuras, la hechicería, o la brujería, como gustes llamarlo, todo aquello le pertenece a los demonios.

—¿Soy un demonio para ti? —Sona se acercó fiera, con los ojos abiertos, clavados en los de él— Te pertenezco a ti y a mis hijos completamente, serían incapaz de hacer algo que los dañara.

 

—¿Entonces por qué encenizabas a nuestro hijos aquello? Prometiste dejar de practicarlas en cuanto nos casáramos. ¿Acaso quieres verlos muertos? —Sona inmediatamente palideció— Sabes a la perfección que todo hechicero es llevado a la hoguera. ¿Quieres eso para nuestros hijos?

 

—No… —en aquel momento la voz de Sona fue disminuyendo, como si de pequeños susurros se trataran— pero no es como si pudiera evitarlo y lo sabes. No es cuestión de practicarla o no. Está en mi sangre, soy ese tipo de personas con poderes por encima de los demás.

 

Junghyuk sintió brevemente la angustia apoderarse de sus sentidos, así que tomando el rostro de su esposa procuró hallar la verdad en sus ojos.

 

—¿Lo han heredado? ¿Nuestros hijos pueden hacer lo que tú?

 

Los ojos oscuros de ella se ensombrecieron por un instante, un largo instante que fueron como años para Junghyuk que esperaba por encima de todo una respuesta negativa que aliviara un poco el alma que apesadumbraba su vida en ese instante.

 

—No, solo Yoochun.

—Entonces ¿por qué has querido mostrarle algo que está prohibido?

 

Junghyuk la soltó, reclamando con exasperación todo aquello que no podía ser explicado por la razón.

 

—No lo sé. No estaba pensando, solo vi las habilidades de Yoochun vislumbrar hace un par de semanas cuando corriendo por el campo Ahri cayó al suelo y su rodilla quedó lastimada, entonces Yoochun corrió a verla y sobó dulcemente su herida, prometiéndole que todo iba a estar bien. Junghyuk a los pocos segundos la herida había desaparecido por completo. Él tiene un don tan maravilloso que sin saber usarlo puede hacer cosas esplendidas ¿entiendes? Yoochun puede llegar a convertirse en…

 

—Yoochun nada, Sona —Junghyuk fue tajante, agarrando a la mujer por los hombros— No voy a permitir que la vida de mi hijo quede marcada por seres como…

—¿Seres como yo? —Esta vez la voz indignada y lastimada de Sona fue la que se alzó por encima de la de él, mientras se soltaba de su agarre— Mi sangre no está manchada ¿cuándo lo van a entender tú y toda esa gente que quiere destruirnos por ser diferentes? Yo puedo ser tan humana como ustedes.

 

—Entonces no solo lo digas, demuéstralo. No arrastres a nuestros hijos por esa vida de andar a escondidas y huyendo de todo. Esa no es una vida.

—¿Por qué hablas como si fueras mi salvador?

 

—Porque si siguieras con tu gente estarías huyendo todavía.

—¡Ustedes no tienen derecho a destruirnos! Nuestra sociedad es más pura que la de ustedes, ustedes solo son unos egoístas, desalmados que solo buscan tener el poder, ¡a quienes lo desconocido los asusta tanto que usan a su dios como excusa para destruir lo que no pueden controlar!

 

Junghyuk hizo en ese momento lo que jamás pensó que haría, su mano se levantó violentamente contra el rostro de ella. Paralizado la observó caer al suelo, con su vestido amplio cayendo sobre él y la mano de ella reposando en su mejilla, con los ojos a punto de botar lágrimas mientras lo veía empequeñecida.

 

—No metas a la religión en esto.

—¿Cómo puedes hacerme esto? —Susurró ella— Dejé todo por ti, por el gran amor que te tengo, negué mi sangre, me uní a tu dios. Mi vida entera te pertenece, ¿qué más quieres de mí?

 

—¿Crees que no te amo? He desafiado todo aquello que mis padres me enseñaron. Y estoy contigo porque te amo, he hecho una vida junto a ti porque eres lo más grande que tengo. Pero no puedo permitir que luego de haber aceptado a mi dios en tu vida continúes practicando esas malas artes y arrastres a nuestros hijos por ese camino. Ellos deben creer en la única verdad que existe, yo no los quiero inmiscuidos en cosas cercanas al demonio. ¿Acaso no entiendes que si los descubren podrían matarlos?

 

Sona se contrajo, con su cuerpo ligero y menudo sobre la alfombra mientras sollozaba bajito, con la mano sobre su mejilla todavía. Junghyuk solo pudo pasar una mano por entre sus cabellos y desviar la mirada, con sus pasos desorbitados y acelerados.

 

 

Para la mañana siguiente los sirvientes se encontraban recogiendo las maletas del primogénito en diferentes baúles, cada lunes salían barcos que surcaban distancias lejanas, en su gran mayoría para Europa, para poder educar a los herederos de grandes imperios como lo era en este caso Yoochun, aunque su viaje fuera un poco prematuro y lejano.

 

Muchos de los presentes no lograban entender lo que sucedía, el porqué de la decisión inesperado del señor de la casa y por qué la madre lucía tan devastada pero resignada por igual. Quizá ellos no sabían que era el mismo Junghyuk el que alejaba al menor de los brazos de su madre y porque de algún modo pretendía fuera un escarmiento, que también le dolía a él, pero que le enseñaría a Sona a no guiar a ninguno de sus otros hijos por aquellos caminos.

 

Temprano en la mañana, envuelto por varias capas de ropa, Yoochun se aferró a su madre, se despidió de sus hermanas y besó la frente de su hermano menor con dulzura, Yoochun no entendía mucho de lo que sucedía, y tampoco podía pedir explicaciones. Su padre ya le había comentado tiempo atrás que pronto iría a educarse al extranjero, solo que nunca imagino qué tan pronto, ni qué tan lejos.

 

—Padre cuida bien de mis hermanas y del pequeño Yoosang. —Junghyuk sonrió enternecido dentro de la pequeña carrosa mientras se trasladaban al puerto y el mayor de sus hijos, mirando al suelo, le hablaba con algo de recato y valentía a la vez— Ellos necesitan mucho de ti.

 

—Por supuesto que lo haré. —Dijo, acariciando los cabellos del menor— Tú procura convertirte en un buen hombre, que yo velaré por ellos con mi vida. —Besó la frente de él y entonces el resto del viaje permaneció en silencio, en medio del caminar lento y poco agresivo que los guiaría hasta su destino. Hubo promesas de escribir seguido y que en las vacaciones, sin duda alguna, Yoochun estaría en casa.

 

 

Los siguientes meses a la partida de Yoochun, Junghyuk procuraba no despegarse demasiado de Sona, aun no confiaba en lo absoluto en ella y mucho menos en la aya de Yoosang que prácticamente era confidente de su esposa. Pero había tardes en las que él salía a revisar los campos y ella quedaba horas a expensas de su confianza en declive. Junghyuk sabía que Sona no estaba cumpliendo con su palabra, que no había dejado las malas artes y entonces se cansaba más a menudo y su diario vivir se convertía en un conglomerado de dudas y decepciones.

 

El problema con los hechiceros había explotado unos años atrás cuando una bruja, enamorada profundamente, del príncipe heredero había hecho de todo para conquistarlo, pero al no lograrlo lo había hechizado, condenándolo a morir lentamente frente a ella, en la mitad del pueblo en medio de su risa desconcertante y aterradora, desde ese momento se habían condenado todas las artes oscuras y se había condenado a su raza por igual.

 

En su pueblo, mucho más pequeño que otras ciudades, el temor era mayor, se sabía que existían más hechiceros de lo normal, y la gente parecía alborotada por ello. Ya habían sido ejecutados un gran número de culpables y Junghyuk temía que algún día Sona estuviera involucrada entre ellos. La había conocido a los dieciséis años, se enamoraron en medio de la maleza y los riachuelos del lugar, se enamoró de su voz, de su cabello largo, de sus ojos sinceros. En aquellos días el que fuera hechicera lo desconcertaba, más no lo asustaba ni lo hacía vivir en constante temor como ahora.

 

Pero estaban enamorados, ella fervientemente, él completamente entregado. Sona había huido de casa y él se había encargado de refugiarla en un convento como ayudante de cocina, ocultando sus orígenes y demás. Su familia no era tan pudiente, su madre sumisa y su padre un romántico fueron los ingredientes necesarios para que él pudiera concretar su amor y casarse con ella. Juntos hicieron crecer sus haciendas, ella solía fertilizar con hechizos los grandes prados de vegetación hasta que él le pidió que lo olvidara todo, cuando quedó embarazada.

 

Fue un acuerdo tácito. No se volvió a practicar magia en aquel lugar y la prosperidad invadió a su familia. Junghyuk lo tomó como gracia divina porque Sona había dejado aquellas artes oscuras. Pero las cosas no permanecen en pasiva calma. Y su tormento interno estaba a punto de llegar.

 

—¡Señor! —Junghyuk hizo detener su caballo ante el grito desesperado de unos de sus empleados que venía galopando a toda velocidad hasta él— ¡Señor!

—¿Qué sucede Ransen?

 

—¡Su señora, mi señor! —El hombre, con su frente repleta en sudor, hablaba a trompicones— ¡La gente del pueblo se ha enterado que la señora practica artes oscuras! ¡Han llegado por montones!, con cuchillas y fuego en las manos, quieren llevársela por obedecer al demonio. Tiene que salvarla, a ella y a sus hijos, nosotros no podemos hacer demasiado, son muchos, a usted lo obedecerán. Usted es el señor

 

Junghyuk escuchó las partes finales a distancia, apresuró a su caballo a todo lo que podía en medio de esa distancia feroz que odio con vehemencia, lo alejaban minutos de la hacienda más los que su sirviente se habría demorado en localizarlo, Junghyuk temía con fiereza lo que podía encontrar a su llegada. Pero la imagen de Sona y sus tres hijos lo hacía no detenerse, parecía que la noticia había sido regada porque en el camino se fue encontrando con más trabajadores suyos que corrían hacía la hacienda con pocos empleados varones a esa hora.

 

Cuando le faltaban pocos kilómetros para llegar, sus ojos sorprendidos vislumbraron a distancia el fuego cansino que se elevaba por los cielos y el humo oscuro que parecía hacerse más grande mientras avanzaban, Junghyuk golpeteaba las esquinas de su caballo, quería hacerlo correr más veloz si se podía, pero mientras llegaba el olor empezaba a ser más espantoso todavía y veía a sus empleados maquillados por el negro de las quemaduras, a las mujeres llorar desesperadas en el suelo y a los pocos pueblerinos que ahí quedaban huir despavoridos.

 

Junghyuk ya llegó lentamente, con sus ojos abiertos de par en par mientras veía su casa consumirse por el fuego que la hacía añicos y ahí, en el verde del suelo estaba su Sona, completamente irreconocible a distancia de otros cuerpos que probablemente eran de otros empleados, pero junto a ella estaban sus pequeñas, varias de las mujeres lloraban a los pies de ellos y Junghyuk temblaba al caer de rodillas frente aquella imagen, no quedaba nada que las pudiera hacer reconocible y sus quemaduras tan extensas y graves las volvían casi irreconocibles.

 

Gritó de impotencia, en medio de un mar de lágrimas mientras abrazaba los cuerpos inertes de sus seres queridos, sumido por la tragedia y la desesperación. Hundía el rostro en el cuello de Sona, como si fuera un niño pequeño y desamparado. Tocó con extrema delicadeza los brazos y rostros de sus hijas. Sus manos temblaban, su cuerpo entero se sacudía ante el llanto y la imagen desoladora se consumía por completo al igual que su vida, que su último aliento.

 

 

 

 

El cuerpo del pequeño Yoosang jamás había sido encontrado, la mayoría suponía que al ser tan pequeño y en medio de ese tremendo fuego abrazador el cuerpo del bebé había sido absolutamente consumido por las llamas al igual que su aya que no había sido encontrada y que seguramente se encontraba entre los cuerpos irreconocibles, y que con aquel cuerpo sumaba la cantidad exacta de los empleados desaparecidos.

 

Los daños causados habían sido remontados hasta las más grandes autoridades del país. Junghyuk repleto de ira y sin la menor contemplación, con varios de sus empleados en busca de venganza por sus familias perdidas no habían esperado por que la justicia llegara, se habían enterado del iniciador de aquella abominación y habían concluido en exactamente las mismas acciones. Atemorizando al resto del pueblo que entre llantos y rodillas le rogaban por clemencia.

 

Clemencia que no llegó cuando la justicia azotó a cada uno de esos pueblerinos pero que a Junghyuk no le devolvió ni a su familia, ni paz. Los actos de Junghyuk contra el iniciador de la masacre en su hogar habían quedado completamente impunes. Las influencias del hombre se lo permitían y del mismo modo, Junghyuk no se permitía continuar viviendo en aquel lugar que horrorosos recuerdos le traía.

 

Casi un mes después de la catástrofe Junghyuk por fin pudo llegar hasta donde Yoochun se encontraba. El barco había llegado casi al anochecer y por lo tanto él había entrado al internado de su hijo casi a la media noche. Valía la pena que el director fuera amigo suyo y que Yoochun no compartiera habitación con alguien más. Entró con sumo cuidado y acarició los cabellos de su hijo, contemplando sus facciones, su rostro delicado y su respiración profunda.

 

—Eres lo único que me queda. —Sollozó despacio—. Perdóname por no cumplir con mi palabra. No los pude proteger.

 

Yoochun despertó entre los brazos de su padre y su llanto desesperado. Despertó confundido y sin poder entender lo que sucedía, pero correspondió al abrazo, parpadeando veloz y extrañado.

 

—¿Papá? ¿Qué sucede?

 

Sin embargo solo escuchó su sollozo por minutos que se alargaron hasta casi una hora, no supo de palabras sino hasta que casi adormilado, escuchó la que creyó la peor de sus pesadillas.

 

 

TBC

Bien, hasta aquí, se que esta primera parte puede ser incluso densa, pero les aseguro que la proxima parte será pura interacción YooMin, y la verdad es que estoy amando como va quedando. Ultimamente el YooMin me tiene bastante inspirada. Pero después de todo, si el mismo creador no ama su creación ¿cómo puede esperar que otros lo amen? 

Espero que les guste. ♥

Feliz cumpleaños atrasado, Lu~

9 comentarios sobre “AYA: primera parte

    Itayuyi escribió:
    28 noviembre, 2013 en 18:23

    Me encanta!!! Que maldeetos, pobre Chun y su papi, el bebe porfa dime qie si lo encuentran! T^T

    Me gusta

    minato-chan escribió:
    29 noviembre, 2013 en 22:21

    OOOOOH Dioss que fuerte!!! que masacre!! pero hasta a mi me dio ganas de cachetear a la mama de Chun que necesiaaaa!!! mire lo que le paso por no hacer caso!!! Diooos pobre Chun y el papa que horrible experiencia!!!! quede en shock pero como todo se ve super interesante!!! seguire leyendo gracias nesly-sama!!!!

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