AYA: segunda parte

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AYA

 

 

16 de Mayo del 1880

 

 

Cerca de sus veinticuatro años Yoochun era un doctor reconocido, dentro de su juventud era algo así como el candidato ideal para cualquier jovenzuela en aspirar matrimonio. Un caballero, educado, buen médico y de buena familia. Sin embargo las tierras europeas lo habían regresado a su tierra natal luego de tantos años precisamente por el intenso trabajo que había de acuerdo a un brote extraño que había surgido de enfermedades, que algunos llamaban cólera, pero que aún no era ni controlado ni confirmado. Su padre había rogado por su regreso y Yoochun se lo había concedido.

 

Luego de su regreso a Corea, las cosas habían sido un poco distintas. No había regresado a su antiguo pueblo donde la hacienda de su padre se alzaba majestuosa. Hanyang, la capital de Corea, era su nuevo hogar y el de su padre. Junghyuk había optado por dejar el pueblo luego de aquella terrible masacre a su familia y sirvientes. Por lo que Yoochun había pisado tierra Coreana después de dieseis años en medio de una crisis terrible en la que China continuaba disputando coas que no debía.

 

Pero Hanyang era tierra culta, llena de gente de estudios, gente de posición fuerte y que claramente se sentía superior al resto de pobladores que por ahí había. Las clases sociales se encontraban evidenciadas por todas partes y Yoochun empezaba a sentirse mucho más incómodo que en Europa, entre las sonrisas falsas, y los hombres acercándose cada tanto a él, buscando desposar a sus hijos como si él fuera el mejor platillo a disposición.

 

Junghyuk reía divertido con aquello en ocasiones y bromeaba diciéndole que si no se decidía pronto perdería la oportunidad de quedarse con alguna joven y bella muchacha. Pero los planes de Yoochun no estaba ni de cerca comprometerse por bienes comunes y quizá por aquella presión ferviente, aceptó la recomendación del Kang de ir a vacunar contra la viruela a los diferentes pueblos que había y suplir durante un par de semanas el puesto de doctor en la zona, puesto que no solían haber doctores en aquellas zonas.

 

Su padre se negó de inmediato. La gente ignorante como la que había asesinado a su familia, causaba un gran repudio a Junghyuk que detestaba las veces en que su hijo acudía a ayudar a los pobres en lugar de preocuparse por colocarse un consultorio privado gracias a la buena fama que tenía en la ciudad. Pero Yoochun hacía oídos sordos y una buena mañana de mayo partió a uno de esos pueblos recónditos, prometiéndole a su padre escribirle cada semana.

 

El primero de los pueblos era pequeño y desmadrado, con gente sumisa que huía a cualquier contacto con la ciencia, la medicina o las letras. La gran mayoría se negó a ser ayudado inclusive aunque volaban en fiebre y solían decir que sus hechiceros cuidarían bien de ellos. Yoochun vio a muchos de ellos morir por culpa de su fe ciega. Sus primeras cartas hacía su padre fueron un poco desalentadoras, le entristecía ver a la gente morir sin que se dejaran al menos ayudar.

 

Sin embargo las cosas cambiaron poco a poco, luego de que Yoochun sanara al que parecía ser el jefe del pueblo y este se recuperara en pocos días sin ayuda de ningún tipo de conjuro, hechizo, o bebida extraña que le prepararan. Las cosas habían cambiado un poco y ahora cualquier charlatán se hacía llamar hechicero. Mientras los pueblos pequeños se quedaban con brebajes y rituales extraños. Las ciudades se quedaban con la medicina y los doctores.

 

Yoochun prefería omitir su contacto con los dichosos hechiceros, brujos o como los llamaban en los diferentes pueblos que visitaba. Luego de lo de su madre había quedado bastante afectado tanto con los pueblerinos como con los hechiceros, así que prefería ahorrarles dolor de cabeza y sufrimiento.

 

Así que cuando le tocó visitar el pueblo en el que le tocó nacer y vivir varios años, su cuerpo entero sintió la sacudida de la incomodidad y prefirió mentirle a su padre con que se quedaría tres semanas más en aquel último pueblo que visitaba. Al llegar el clima no había cambiado mucho a lo que recordaba. Yoochun jamás tuvo demasiado acercamiento con el pueblo, así que no podía asegurar si habían cambiado o no. Pero esperaba que no lo reconocieran y una tarde agosto se acentuó en una pequeña villa junto a su otro compañero, la cocinera, que también hacía limpieza de vez en cuando y un ayudante que los acompañaba desde el inicio.

 

Este pueblo a diferencia de los demás estaba completamente reacio a recibir ayuda, siquiera a escucharlo. Eran fuertes a sus convicciones y ni siquiera la curiosidad, como en otras ocasiones, los llevaba a acercárseles. Las mujeres no eran sumisas, más bien astutas y cortantes. Los hombres fuertes y acostumbrados a trabajar con la fuerza en el campo. A Yoochun le recordaba mucho a la sociedad espartana de la cual leyó algún día.

 

—Deberíamos irnos la próxima semana si las cosas continúan así.

—Pero apenas llevamos cuatro días aquí. —Reprochó Yoochun mientras el otro hombre levantaba un poco los hombros, jugando todavía con la comida.

 

—Es difícil cuando no se quieren dejar ayudar, ni siquiera nos hablan. Temo por nuestra seguridad, Yoochun.

 

Tenía que darle algo de crédito, Yoochun movió la comida en el plato y pronto la señora Nohi se acercó con un tazón de puré en las manos y con su voz maternal de siempre se sentó junto a ellos en la mesa.

 

—Hoy escuché algo interesante en la plaza mientras compraba. Los habitantes de aquí dicen no necesitar de la ciencia de los de Hanyang porque ellos tienen hechiceros reales, de sangre real y con poderes de verdad. No como esos charlatanes que abundan por otros lados.

 

—¿Hechiceros de verdad? ¿En serio existe ese tipo de gente?

 

Yoochun prefería no emitir comentarios sobre aquello, a cambio miró a la señora Nohi a la cara y habló despacio.

 

—¿Con sangre real te refieres a la realeza o algo por el estilo?

 

—Según escuché habían muchos hechiceros en este pueblo, pero hubo un incidente hace varios años, durante la época que eran perseguidos y tuvieron que huir, cuando las cosas volvieron a la normalidad una familia regresó y empezó a curar a la gente que caía con viruela y esas cosas, entonces vinieron más y más y  ahora prácticamente son las dos quintas partes de este pueblo. La primera familia que llegó es llamada la familia principal, junto al cabeza de familia y sus herederos.

 

Kangta que asentía interesado escuchando ese tipo de historias había dejado la comida de lado.

 

—Entonces muchos han de buscar casarse con sus herederos para pertenecer a la primera familia.

—Según supe, porque saben que no me puedo quedar con dudas. —Rió bajito la mujer— tienen que ser buenos hechiceros para aspirar estar con uno de los herederos puesto que todos cuatro son excelentes con la hechicería.

 

—¿Cuatro hijos? No sé porque pensé que serían muchos más.

 

—Son cuatro en efecto. La mayor de todas es una joven muchacha, ya desposada, por sus costumbres, más no por religión, con un hechicero de otro pueblo desde hace más de dos años. El segundo mayor tiene veintidós, el otro a punto de llegar a los dieciocho y por último una dulce niña de doce años. Todos realmente atractivos y poderosos según dicen.

 

Yoochun dejó de escuchar la historia que a Kangta le parecía más que interesante y que a la señora Nohi gustaba contar. Revivió demasiadas cosas con aquello, empezando por el hecho de una familia de cuatro y que el pueblo donde se encontraban no ayudaba precisamente.

 

 

Por la noche luego de que Kangta dijera que iría a leer un poco mientras el jovenzuelo que los ayudaba iba a jugar con algunos chicos del pueblo con los que había hecho amistad, y la señora Kohi se dedicaba a tejer un poco, Yoochun aprovechó para internarse en los campos verdes, entre los frondosos árboles cercanos al río que según recordó solía visitar en ocasiones cuando acompañaba a su padre al pueblo por alguna extraña razón.

 

Tuvo la idea extraña de meterse al agua un instante y sonrió ante la pequeña cascada que acompañaba a la vista, iluminado a la poca luz de la luna. Se desvistió despacio y se lanzó al agua nadando con presteza y astucia como le había sido enseñado. Resulta que en Europa competir por ser el mejor dentro del mar es algo tan común con respirar. Pronto se sumergió hasta lo más profundo y salió del agua respirando profundo ante la paz y quietud que aquello conllevaba.

 

Su cabello un poco largo caía por la frente, su mano fue la encargada de empujarlo todo hacía atrás mientras flotaba con presteza sobre las aguas. Sus ojos parecieron engañarlo por un momento cuando un movimiento extraño desde las cascadas lo hizo detenerse por completo. Yoochun lamentó estar completamente desnudo cuando vio algo moverse bajo el agua, algo que la oscuridad no le permitía ver que era.

 

—Diablos…

 

Trató de nadar veloz hasta la orilla, cuando una mano, de ese puede estar más que seguro, lo sostuvo por el tobillo y jaló de él casi hasta el fondo. Yoochun pataleó con fuerza y tragó agua mientras sacudía sus brazos y trataba de ver a la persona que ahora lo había empotrado contra una pared de tierra que era la orilla que tanto había ansiado llegar.

 

Respiró con dificultad, tosiendo a bocanadas mientras el brazo del otro hombre le cortaba cualquier intento de escapar. Fue veloz, Yoochun lo miró hundir la mano y sacar de su muslo bajo el agua una cuchilla que permanecía sostenida por una venda y que ahora reemplazó a su brazo y que lo amenazaba con degollarlo en cualquier instante.

 

Oh… si su padre se enteraba.

 

Pensaba en la angustia del mayor cuando se encontró con esos ojos teñidos escasamente por un café profundo, por el rostro de rasgos masculinos y definidos que hacían juego con su cabello un poco más corto que el suyo, que lo miraba con fijeza, como si analizara cada centímetro de su rostro, con su cuerpo particularmente en las mismas condiciones que él, completamente desnudo, apenas separados por una corta distancia y el agua que no ayudaba como barrera entre ambos.

 

—¿Quién eres?

 

Su voz gruesa y algo agresiva lo hizo pensar en que jamás había estado en una situación así. Ni siquiera mínimamente amenazado en realidad.  Siempre rodeado entre buenas costumbres y lujos. Si este sujeto intentaba asesinarlo, él no sabría ni cómo defenderse.

 

—Te he preguntado algo.

 

Reaccionó al fin, cuando el hombre lo empujó incluso un poco más contra la orilla y Yoochun seguía vacío de emociones en ese instante, sin poder mostrar miedo o preocupación.

 

—Yoochun… —murmuró—. Mi nombre es Yoochun.

—No te había visto por aquí.

—No soy de aquí.

 

Los ojos amenazantes del otro continuaban analizándolo, como si realmente dudara entre soltarlo o no pero Yoochun tampoco podía respirar aliviado. Luego de un par de segundos más finalmente se alejó, dejó su cuello sin riesgo de ser mutilado y Yoochun apenas pudo sobarlo despacio con su cuerpo sintiendo aun los escalofríos. La cabeza del otro se movía de un lado a otro, parecía seguir examinándolo.

 

—Se nota que no eres de aquí.

 

Yoochun creyó que el otro se refería a su piel blanca y demasiado tersa para ser la de un hombre, pero aquello no fue algo que le importara demasiado. A contrario suyo el hombre frente a él parecía ser un poco más alto, con su piel ligeramente tostada y con músculos definidos, producto del trabajo seguramente y del sol que pegaba fuerte en aquel pueblo tan alejado de los inviernos fríos de Hanyang.

 

—¿Tú nombre?

—No es de tu incumbencia.

 

El otro le dio la espalda, sumergiéndose en el agua de nuevo y luego de unos segundos saliendo el otro lado de la orilla. Como si no le importara en lo más mínimo su propia desnudez y al parecer ni la contraria desapareció pronto, agarrando su ropa y probablemente vistiéndose en el camino, o al menos eso quería creer él.

 

 

 

—Ayer llegaste muy tarde.

 

Yoochun ya se había acostumbrado, desde que llegaran a ese pueblo donde eran conocidos como la cura alternativa, a estar siempre vacíos y sin mucho que hacer más que leer. O investigar sobre los descubrimientos médicos que se estaban dando  principalmente en Europa.

 

—Fui a nadar.

—¿A nadar?

—Al río.

 

—Genial… —la ironía en la voz de Kangta no pasó desapercibida para Yoochun que sonrió divertido mientras continuaba anotando un par de cosas que le parecían relevantes de la tesis que su padre le había enviado semanas atrás desde Hanyang y que al parecer había sido muy difícil de conseguir—. Por cierto ayer hablé con la señora Nohi, me dijo que deberíamos quitarnos las batas, ir por el pueblo y tratar de confraternizar con los habitantes o de otro modo nuestra parada aquí habrá sido realmente inútil. Diablos, odio cuando esa mujer es reverendamente inteligente.

 

—Es parte de sus méritos, por algo la han enviado con nosotros.

—Entonces, ¿qué dices?

 

Yoochun despegó por fin la mirada de las hojas  y respiró hondo, comiendo uno de los bollos que la señora Nohi había dejado preparados desde la mañana.

 

—Supongo que no es mala idea, ¿cuándo quieres ir?

—¿Hoy?

 

 

 

La señora Nohi había dicho que a las cuatro se empezaría a celebrar una festividad muy importante para ellos, así que vestidos y arreglados ambos habían bajado al pueblo cerca de la hora indicada. El lugar estaba repleto de pequeñas tiendas y gente que reía, niños jugando alrededor y música tradicional al fondo de la gran caravana de gente.

 

—Mira eso…

 

Kangta le señaló un grupo de mujeres que danzaban sin demasiado problema al ritmo de la música, con sus trajes tradicionales y el maquillaje adecuado. Yoochun miró por un largo rato el baile hipnotizador que protagonizaban las mujeres mientras Kangta al igual que varias personas aplaudían divertidos.

 

Pronto Kangta se vio arrastrados por un par de mujeres que lo invitaron a beber un poco en alguna de las tiendas y entre risa y risa el hombre se dejó arrastrar sin problemas. Yoochun se encontró deseando poder encontrar a la señora Nohi para por lo menos hablar con alguien y no estar tan terriblemente solo.

 

Pero la señora Nohi no apareció sino hasta una hora después. Mientras tanto Yoochun se dedicó a comprar un par de cosas que esperaba le gustaran a su padre, a la señora Nohi y al tonto de Kangta a pesar de haberlo dejado solo, comió, bebió poco y miró un par de presentaciones más. Cerca de las cinco y media pudo recién notar que en una de las partes superiores dónde se realizaban las presentaciones habían unos puestos colocados estratégicamente para poder verlo todo.

 

Y en aquel lugar, por encima del resto de la gente estaba el gran patriarca, con su esposa a la izquierda, al ser la persona en la que más confía, sin embargo sus hijos no estaban ahí, especialmente el mayor de los varones que debería ocupar el puesto a la derecha de su padre como el sucesor. Pero no había rastro de los tres hermanos. Y la mujer que ostentaba un cabello largo y oscuro sonreía ligeramente mientras asentía ante las palabras del que es su esposo.

 

Yoochun se la quedó mirando un buen rato, se preguntó si la había visto antes en algún pueblo por el que hubieran pasado, pero veía a tanta gente, todo el tiempo, que probablemente la estaba confundiendo. Pronto las sesiones de baile se detuvieron y poco a poco fueron subiendo por unos escalones los que parecían pertenecer a la familia primera.

 

—Oh, Yoochun no lo veía desde hace un buen rato —por fin Nohi apareció, con su bello vestido azul y una copa de alguna mezcla de frutas dulces en la mano—. ¿Verdad que es un evento bastante divertido?

—Supongo…

 

—Oh, vamos. No sea aguafiestas. Diviértase un poco.

—Me divierto Nohi, pero a mi manera.

 

La mujer suspiró por la bajo, tratando de asumir las palabras del doctor que ahora miraba a la gente aglutinarse ante lo que parecía ser el próximo discurso del patriarca. Comenzó con los debidos agradecimientos, habló de prosperidad, paz, y futuros proyectos, entre ellos los que involucraban incluso a su familia.

 

—Así que como sabrán se aproxima la unión de mi heredero Chansung. Quien ha encontrado a una maravillosa mujer con la cual compartir su camino. Ahora, es el momento de mi tercer hijo, mi aguerrido Changmin para que encuentre a ese ser digno con quien pasar el resto de sus días. Son nuestras festividades señores, y cualquier postulante es bien recibido siempre y cuando cumpla con los requerimientos de la primera familia. Sean todos bienvenidos y continúen disfrutando de estas fiestas hechas para ustedes.

 

Yoochun vio muchas cosas suceder en ese instante. La primera de todas, que el tal Changmin era aquel chico que por poco y casi lo degolló entre las aguas del rio la noche anterior. La segunda, pero no menos importante, es que al parecer la búsqueda de su próxima pareja lo tomó totalmente desprevenido puesto que abrió en demasía los ojos y por un momento pareció perder hasta el color en su rostro, sin embargo calló, y el resto de gente celebró en voz alta las palabras de aquel que se proclamaba autoridad.

 

—Es un muchacho bastante apuesto, la mujer que se quedé con él será muy afortunada.

 

Había muchas cosas de ese pueblo que él no entendía. La principal de todas, era la razón por la cual aquel pueblo que tanto condenaba a los hechiceros ahora simplemente los veneraba, en un lapso de tiempo tan corto como el de dieciséis años, pero en algún momento Nohi se alejó de su lado y Kangta como de costumbre seguía desaparecido. Entonces un muchacho joven se golpeó contra él y con un ‘lo lamento’ en sus labios se alejó como si nada, Yoochun entonces alzó la mirada y vio a esa mujer de mediana edad frente a él, con la ropa sobre su cuerpo capa tras capa. Analizándolo tan fieramente que por un instante se sintió incluso hasta intimidado.

 

—Con su permiso, mi señor —la mujer se inclinó levemente y Yoochun asintió correctamente, sin perder de vista a la mujer que ahora sacaba dentro su ropa un pequeño papel que miró con desconfianza—. El joven me ha pedio que le entregará esto—. No lo tomó, porque no sabía a quién se refería, porque desconfiaba y por encima de todo no sabía de la apreciación de alguien por él en ese pueblo. —Tómelo.

 

—¿Quién es ese joven? ¿Quién es usted? —Yoochun respiró profundo y miró de un lado a otro—. Lo lamento no puedo aceptarlo porque no sé qué intenciones tenga y…

 

—El tercero de la línea, el joven Changmin me ha enviado. Yo era su aya, y él en muestra de confianza me ha pedido que le entregara esto.

 

A Yoochun no se le había pasado por la  cabeza siquiera que pudiera ser aquel muchacho. Miró aun con desconfianza aquello y tomó el papel logrando que la mujer se marchara de inmediato. ¿Qué clase de nota podría ser si su mensajera ni siquiera esperaba por respuesta alguna?

 

Entonces las palabras ‘río’ y ‘anochecer’ fue lo único que leyó en ese papel.

 

Otra duda alcanzó a Yoochun en ese instante, ¿quién, en medio de ese pueblo tan alejado de todo, le había podido enseñar al tercer heredero a leer y escribir?

 

 

 

 

Cuando cayó la noche, Yoochun no estaba muy seguro de los pasos que debía dar. Pasó el resto de la tarde leyendo algo de poesía. Su mente no se concentraba y la situación le decía a gritos, que no era una buena idea. La razón pululaba por los resquicios de su mente y él, atareado entre sus nociones no se percató de la hora de llegada de Kangta, un poco más tarde que el de la señora Nohi que había llegado oportunamente a preparar la cena.

 

—Saldré un instante.

 

Anunció sin miramientos y aunque la mujer lo miró preocupada solo asintió viéndolo partir en tanto Kangta gritaba desde su habitación algo referente a una larga ducha. Caminó sin premura, introduciéndose entre la vegetación, inundado por la luna que acaecía sobre ellos.

 

Changmin ya estaba ahí, sentado frente a la orilla, jugando con una piedra entre los dedos. Y él, que quería ser silencioso, poco pudo hacer ante la pequeña rama que pisó y que alertó al menor que con sus ojos abiertos había girado y canalizado sus expresiones en algo tan frío como el hielo.

 

—Has demorado un siglo.

—No creo que haya sido tanto —sonrió divertido, por las palabras del otro que solo lo miraban y parecían analizarlo exhaustivamente de nuevo—. ¿Para qué me has pedido que viniera?

 

—¿Por qué me tuteas?

—Porque tú también lo has hecho.

 

Cruzaron sus miradas un leve momento antes de que Changmin girara su rostro a la cascada y ahora el agudo comentario que probablemente estaba dispuesto a salir de sus labios.

 

—¿Para qué me has pedido que viniera?

—¿Eres de Hanyang, cierto? —Esos pasos de Changmin eran veloces, imperceptibles sobre el verde piso y sus ojos hambrientos de curiosidad lo interceptaban—. Tus conocimientos han de ser amplios en magnitud y poderosos en sabiduría.

 

Yoochun estaba aturdido, ese rostro literalmente sobre el suyo, tan cercano que podía percibir su aliento y podía descolocarlo ante las facciones casi perfectas que el otro le mostraba descaradamente.

 

—No, no soy de Hanyang… En realidad crecí en el extranjero.

—¿En el extranjero? —De pronto el menor pareció mucho más interesado—. ¿Has conocido a los poetas de los que tanto leo entonces?

 

Yoochun conocía, conocía a diferentes poetas, quizá no todos, quizá no los que él mismo leía, pero asintió suave y Changmin sonrió, justo bajo esa luna primadona sobre el cielo que no lo dejaba pensar cómo debería. Lo atacaron las preguntas de nuevo y Changmin estaba tan extasiado con sus respuestas que supuso contestaría también sus dudas.

 

—¿Quién te ha enseñado a leer?

 

Changmin se movió un poco, borrando la naturalidad de su rostro de nuevo.

 

—Eso no es importante ahora.

—¡Changmin!

 

El cuerpo entero de Changmin se había tensado ante la voz grave de aquel hombre que no aparecía frente a ellos y que hizo al menor mirar de un lado a otro antes de empujarlo contra un árbol y hacer que se escondiera.

 

—Solo sal, cuando creas que nos hayamos marchado. Mientras tanto no digas palabra alguna.

—Pero…

 

—¡Changmin! ¿Por qué te has desaparecido a la mitad de la cena que nuestro padre ha pactado con la familia de la heredera del sur? —Era Chansung, con su voz grave y el entrecejo arrugado, Changmin había girado, y él sin saber todavía por qué se había mantenido escondido.

 

—Porque sé cuáles son sus intenciones. Y no pienso desposar a ninguna de ellas.

—¿Cómo puedes hablar de esa manera? —La voz del mayor era baja pero amenazante, tanto que vio los puños de Changmin cerrarse mientras bajaba la mirada—. Ya sabía yo que eso de aprender la lengua de los mundanos te haría daño.

 

—¡No es eso!

—¡No me hables de esa manera! —Fue como si Chansung se hiciera más grande, aunque en realidad no sucediera, porque Changmin se encogió levemente y asintió—. Volvamos a casa.

 

Pareciera que el menor se hubiera olvidado de él, porque camino sin miramientos tras su hermano que parecía verdaderamente molesto. Yoochun no salió, tal  y como le había indicado el menor hasta que estuvo seguro de que ambos habían desaparecido.

 

Cuando llegó a su pequeña casa, la señora Nohi se encontraba ya terminando de limpiar todo, dispuesta a marcharse a dormir. Ella no preguntó por su travesía nocturna, y él tampoco estaba muy dispuesto a contar algo. Kangta se había acostado a dormir hace mucho y cuando agarró su libro de apuntes, aquel en el que escribía las cosas más importantes o relevantes que encontraba en los diferentes pueblos que visitaba, ahí en medio de anotaciones sobre plantas, costumbres, animales y aristocracia del sector, en medio de una hoja vacía, llevado por los impulsos de su mano, con letra presta y aguda escribió la composición de ese pronto dolor de cabeza que ahondaría entre sus noches y lo llenaba de dudas.

 

La pluma sobe el papel escribió veloz: Changmin.

 

TBC

Hola, sé que las terminologías pueden resultar un poco agoviantes. Pero les pido que se metan un poquito con la época, la situación y la forma en que se vivía en aquellos tiempos. Estamos hablando del siglo XIX, así que hay muchas cosas que deben adecuarse y que quizá puedan parecer estúpidas o extrañas, pero que en aquellos tiempos era realmente importante, además del patriarcado y toda la situación esta del poder y blah, blah, blah.

Además recuerden que se vive la época de las letras, los poetas y el amor romántico. Aunque no sé como funcionaría entre hombres, pero ya lo iremos descubriendo xD (Pero de que existió, existió)

En fin, muchas gracias por leer y espero que les continúe agradando como va. Por cierto si tienen alguna duda, no teman en preguntarme, procuraré cubrir todas ellas. Mientras tanto les aclaro: AYA, o AYO, era la persona en la antiguedad que era destinada a cuidar y criar a los niños de familias pudientes.

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5 comentarios sobre “AYA: segunda parte

    mars escribió:
    28 noviembre, 2013 en 10:00

    Me suponia q aya era la persona que cuidaba a los niños… ahhh por lo menosyo ya me meti en la historia… me imagine a MIn saliendo del rio en su gloria y majestad XD jajaja que buenones tener imaginacion!! Bueno me gusta como se va formando la historiA… y me intriga de igual manera…. estare esperandooo…. gracias

    Me gusta

    Itayuyi escribió:
    28 noviembre, 2013 en 18:51

    Minmin, aww!!! Que bien se pone esto, pero si me intriga el cambio que hubo en el pueblo!!!! O.o ahora porque tanto amor ps que paso!!!

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    pau escribió:
    29 noviembre, 2013 en 13:53

    Esta muy interesante de verdad ahora que lo pienso changmin es el hermano perdido de yoonchun??? bueno no se pero si ,si que genial por favor continualo siiii~ gracias 🙂

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    vania escribió:
    29 noviembre, 2013 en 21:32

    estoy confundida algo oculta esa familia y mi pobre min esta metido en esto, y jejejeje con min resulto todo un atacante en el rio, pero aceptalo chun que bien que te huviera gustado

    ahora mi consulta mas importante esto es yoomin o minchun

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    fahrshe92 escribió:
    30 noviembre, 2013 en 11:08

    que cambio radical tuvo el pueblo, paso de aborrecerlos hasta el punto de matar, a venerarlos :/
    uff imaginarme la escena del rio, hizo q tuviera una sonrisa de 220º haha xD …. ummm esa familia de Changmin me intriga… hasta el momento veo q Changmin ya se intereso en Yoochun 😀
    Gracias ^^

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