Cuenta la leyenda: capitulo 2

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Cuenta la leyenda

La historia de un huérfano

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Leesin era un hombre apacible, tranquilo y con la virtud de los años encima, con la sabiduría del tiempo y la calma de haber dejado las guerras en su historial tan arduamente trabajado. Pero esa noche de invierno cuando la princesa del templo Kim hizo su aparición, cubierta por una capucha débil que apenas y la cubría de la lluvia, acompañada por las dos mujeres que solían estar junto a ella día y noche, Leesin no pudo entender fácilmente el porqué de aquella inesperada visita.

 

—Princesa Sunhwa, es un honor tenerla por aquí.

 

La mujer sin embargo solo asintió, incómoda y temerosa al parecer. Pero las otras dos mujeres lo miraban con advertencia, con poco disimulo y voz fiera.

 

—La princesa está aquí porque ha escuchado que de tus manos han salido los mejores guerreros. —El hombre asintió tranquilamente— Pues queremos saber si entre tus pupilos hay alguno que destaque no solo por su fuerza sino por su inteligencia también.

 

—He de suponer que se trata de alguna razón bastante valedera para que busquen a un guerrero de esa estirpe.

 

—Necesito a alguien joven, no importa si no está lo suficientemente listo para combate, no lo necesitará todavía —Sunhwa finalmente habló, dando un paso hacia adelante— Le podrás enseñar con el tiempo todo lo que necesite sobre aquello, pero necesito que sea astuto e inteligente, porque le he de enseñar muchas cosas que le serán necesarias para la misión que le voy a encomendar. Y sobre todo debe tener lealtad, una lealtad absoluta. Quiero que sea capaz de dar la vida por su amo.

 

El hombre se dio el tiempo de darle una honda calada y de dejar que el humo se esparciera con cuidado alrededor suyo mientras pensaba y miraba un punto fijo en la fina pared frente a él.

 

—Está bien, ¿pero por qué un guerrero tan perfecto?

—Porque ese guerrero deberá cuidar lo más preciado que tengo.

 

Leesin la miró fijamente, tenía bajo su tutela a hijos de diferentes familias, todos aspirando  ser los mejores guerreros. Y su pueblo guerrero como muchos otros criaba a los huérfanos precisamente para ser guerreros fieros. Leesin tenía de donde escoger, pero pocos que lograran cumplir con los parámetros de la mujer. Pronto notó la impaciencia de Sunhwa, mutismo arraigado que le arrancó un suspiro, con los ojos cerrados y la expresión vacía.

 

—Yongguk —alzó la voz— Ven aquí.

 

Y el muchacho apareció casi de inmediato, con sus pasos pequeños sonando por los pasillos y su cabello extremadamente corto, doblando las rodillas en el suelo y agachándose en muestra de saludo y respeto.

 

—Dígame maestro.

—Saluda a la princesa y sus acompañantes.

 

Los ojos del pequeño se agrandaron con sorpresa, pero casi de inmediato volvió a su posición, con las manos juntas sobre el suelo y su frente sobre ellas. Sunhwa simplemente lo miró con atención.

 

—Él es Yongguk, uno de los tantos niños huérfanos que me encargo de criar como los guerreros más útiles y bravíos que podemos tener en campo de batalla. —Leesin le hizo un pequeño gesto al menor y este se levantó de inmediato, con el hombre rodeándolo lentamente— Inteligente y astuto como él solo, capaz de aprender las cosas de la manera más rápida y eficiente. ¿Y qué mejor lealtad que la del que no ha tenido nada? Si le ofreces un hogar, te será fiel toda la vida, es mi mejor pupilo. Del que me siento orgulloso y en el que más expectativas tengo.

 

El menor en ningún momento mostró expresión alguna, apenas asintió en cuanto sintió la mano del mayor sobre su cabeza y Sunhwa respiró hondo una vez más.

 

—¿Qué edad tiene?

—Doce años.

 

Las mujeres tras Sunhwa murmuraron un par de cosas al oído de la princesa, Yongguk al entender poco solamente calló, estaba acostumbrado a que se llevaran a guerreros a otras partes del país, pero mucho más grandes y preparados que él, por más maravillas que el maestro hubiera hablado de él, Yongguk era consciente que aún le faltaba mucho por aprender.

 

—Ve a alistar tus cosas, vendrás conmigo.

 

Sunhwa sonrió afable y el muchacho solo alzó la mirada y luego miró a su maestro quien solo asintió y murmuró un suave. —Ve.

—Pero… ¿ya no entrenaré con usted?

 

—Yongguk ve, luego que te explicaré lo demás.

 

A pesar de las dudas y todo aquello que cruzó por la mente el menor, Yongguk simplemente obedeció. En un rato había recogido sus pocas pertenencias, había empacado la poca vida que había desarrollado en aquel lugar y bajo la lluvia de esa noche que se simulaba eterna Yongguk caminó, rodeado por aquellas mujeres hacía el palacio que jamás había siquiera imaginado conocer.

 

Un comentario sobre “Cuenta la leyenda: capitulo 2

    Freyja escribió:
    6 marzo, 2014 en 20:17

    La historia está muy interesante… gracias por el fic, realmente me gustan mucho como escribes… y bueno… esperaré paciente la continuación.

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