Cuenta la leyenda: capitulo 3

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Cuenta la leyenda

La historia de dos niños jugando a tener responsabilidades

..:: 3 ::..

 

 

Durante aquella época era normal, los varones de doce años tenían su guardia personal, las muchachas su ayudante. Las mujeres se convertían en confidentes, los hombres en protectores. Y se procuraba siempre tener la misma edad que el amo, creaban lazos de unidad y fidelidad que Sunhwa consideraba estaban siempre a otro nivel. Sunhwa aún recuerda a su acompañante, su nombre era Jieun y cuando ella se casó, enviaron a Jieun a otras tierras muy lejos de ahí. Había jugado con ella, había crecido con ella y ahora solamente le quedaba el recuerdo de aquella bella muchacha que algún día la cubrió en muchas tonterías que cometía.

 

Ahora, a pesar de que la mirada de su padre parecía no estar de acuerdo del todo, se encontraba ahí, en la casa de su padre con Yongguk junto a ella, dispuesta a entregarle un guardia personal a su hermano, que cuidara de él, tal y como le había enseñado, dispuesto a curar cada una de sus enfermedades, de velar durante el invierno cuando la fiebre lo sucumbiera o el dolor en los huesos le fuera insoportable, le enseñó de brebajes, de cuidados extremos, le enseñó todo lo que pudo para que Himchan quedara en buenas manos y afortunadamente las palabras de Leesin habían sido ciertas, inteligente y astuto, Yongguk había aprendido cada cosa sin equivocación alguna.

 

Esa tarde, llovía de nuevo y Yongguk se sentía intimidado por la mirada adusta del patriarca que los miraba atentamente mientras la princesa luchaba por su pertenencia en aquel lugar, y no fue sino hasta dos horas después que su lugar como guardia personal del príncipe menor quedó establecida. Sunhwa lo llevó por un pasillo largo y estrecho y Yongguk aparentó una calma que no tenía, a cada paso el lugar era más frío y finalmente en la habitación cerrada casi al fondo de largo pasillo la mujer le pidió silencio y entró.

 

Yongguk se quedó atrás, esperando una nueva orden, apenas se escuchaba la voz de la mujer, y entonces lo escuchó. Una voz suave y tranquila que hablaba con la princesa con entusiasmo y algarabía, como si la dicha por verla fuera incomparable, así que la curiosidad en sus venas lo hizo caminar un par de pasos más. Ahí estaba él, con ropa ligera, como si acabara de levantarse a pesar de la hora, su piel blanca y su cabello negro, con esa sonrisa en los labios que hacía sus ojos achicarse mientras hablaba con su hermana y le sonreía.

 

No lo supo de inmediato, pero esa pequeña imagen quedaría grabada en su memoria de por vida.

 

—¿Un guardia?

—Alguien que estará contigo y te protegerá pase lo que pase.

—No lo sé…

 

Recién entonces comenzó a escuchar con claridad sus voces, el muchacho no parecía del todo de acuerdo pero en ese momento Sunhwa elevó un poco su voz, llamándolo por su nombre y los ojos del príncipe se levantaron de inmediato en dirección a él.

 

—Él es Yongguk.

 

Himchan apenas había asentido a modo de saludo y Yongguk se había inclinado mucho más, de la misma forma que lo hubiera hecho con el rey.

 

—Es un placer, amo.

De inmediato la mueca en el rostro de Himchan hizo aparición. —No, de ningún modo quiero que me llames de esa manera. Himchan está bien.

 

—Pero solo mientras estén solos —Intervino de inmediato Sunhwa— Ya sabes cómo es padre.

 

Himchan tenía sus ojos puestos en él, Yongguk procuraba no mirarlo, porque esos ojos negros y profundos parecían atravesar cada uno de sus pensamientos con una facilidad casi abrumadora. Pero Sunhwa hablaba como si su voz fuera una voz en eco para los dos, Yongguk se atrevió a mirarlo una sola vez y la sonrisa de Himchan lo iluminó todo alrededor.

 

 

 

Himchan era un niño tranquilo, no salía a jugar con otros amigos y pasaba muchas horas de su día estudiando con el tutor que su padre le había designado, luego de eso hacía la tarea y pasaba leyendo más rato del debido para un niño de doce años de edad. Yongguk no se molestaba en realidad, tenía la mayor parte del día para entrena en esos grandes patios del lugar, especialmente cuando no llegaba a llover.

 

—Eres muy bueno.

 

La voz del príncipe había logrado desconcentrarlo de inmediato, abandonó el bambú con el que se había puesto a entrenar y giró de inmediato hacía donde aquella voz provenía. Himchan estaba de pie con un libro entre sus manos y las ropas realmente elegantes que siempre utilizaba.

 

—Muchas gracias, ¿desea algo?

—No en realidad. Me estaba aburriendo allá adentro, ¿te molesta si te acompaño?

 

Yongguk no supo cómo tomar aquello, pero finalmente no se negó, había un instinto suyo y vago por complacer en todo lo que pudiera al príncipe, que pronto se sentó bajo el árbol más frondoso, se apoyó en él y abrió el libro concentrado en la lectura como si nada más ocurriera a su alrededor.

 

Los primeros días fueron difíciles Yongguk no sabía cómo concentrarse adecuadamente, cada tanto su mirada se deslizaba hacía él, peor Himchan siempre leía muy concentrado, callado como habitualmente lo estaba y poco a poco Yongguk empezó a relajarse. El invierno se había ido cuando Himchan finalmente cambió de libro. Era una mañana soleada, Himchan sostenía con una mano el nuevo libro y con la otra sostenía una manzana roja que mordisqueaba cada tanto.

 

—¿Crees que ya puedo mirar? —La voz de Kim lo había tomado desprevenido— Sin que te sientas incómodo me refiero.

 

Aun así, Himchan nunca lo miró y Yongguk se sintió intimidado porque Himchan finalmente parecía notarlo todo a su alrededor, se detuvo un instante con la frente llena de sudor y sus músculos tensos por el esfuerzo físico. Yongguk entrenaba día y noche, prácticamente su vida se basaba en Himchan y el entrenamiento que Leesin le daba por las tardes y en los cuales Himchan aprovechaba para tener sus clases. En cambio Himchan estudiaba y leía. Leía todo el tiempo, escribía con la más hermosa de las caligrafías y hablaba con palabras que a veces Yongguk desconocía.

 

Yongguk se sentía cada vez más inteligente cuando hablaba con él, entonces ¿por qué no podía enseñarle un poco de lo que él sabía también?

 

—¿Te gustaría…? —Himchan alzó la mirada por primera vez y su rostro expectante chocó a Yongguk una vez más. Ese rostro de piel suave y blanca que le recordaba lo hermosas que podían ser las personas, tanto que podía llegar a ser una injusticia— ¿Te gustaría aprender un poco?

 

—No creo que la fuerza física sea lo mío —rió Himchan.

 

—Pero te puede ayudar a fortalecerte un poco al menos. Tu padre fue un gran guerrero, tú lo podrías llegar a ser también.

—No lo sé…

 

Himchan lo dudó, por mucho tiempo antes de aparecerse un día a sus encuentros no establecidos en el jardín con una ropa más ligera y sin un libro bajo el brazo. Yongguk no imaginó que sería una tarea tan difícil hasta que comprendió que la debilidad en el cuerpo de Himchan era real. Quizá su cuerpo entrenado desde pequeño había hecho las cosas más fáciles para él, pero Himchan era delgado y su piel adoptaba los moretones con facilidad, su condición física tampoco era buena. Y Yongguk en silencio culpó a Sunhwa, por sobreprotegerlo así.

 

Internamente pensaba que si Himchan era tan débil por su enfermedad, entonces fortalecer su cuerpo lo haría más resistente a ella o al menos le haría más soportable esos inviernos fríos y devastadores que lo ensombrecían entre la fiebre y el dolor que el frío le provocaba a los huesos.

 

La primera tarde Himchan terminó con una rodilla flexionada y la otra alzada, con la palma de su mano en el suelo y la otra apoyada en su pierna respiraba con dificultad y el cabello se le pegaba a la frente por el sudor. Respiraba poco y lo miraba intensamente, con una sonrisa divertida en los labios, como Himchan estuviera viviendo por primera vez. Con su rostro sucio y su ropa rasgada.

 

—Algún día Yongguk… —soltó agotado— podré darte un golpe.

 

Entonces, por primera vez Yongguk sonrió ante él.

 

 

Los días venideros el entrenamiento de ambos se fue alargando de una hora a dos, luego a tres y finalmente a cuatro. Era sencillo, Yongguk lo entrenaba olvidándose de sus posiciones, olvidando que Himchan era un príncipe y no importaba lo mucho que Himchan se llegara a quejar, porque al final del día Himchan parecía realmente complacido por ella, la última hora de entrenamiento era siempre la más divertida. Himchan tenía que golpearlo al menos una vez y eso seis meses después desde la primera vez que lo había desafiado no pasaba aún.

 

Yongguk se movía veloz, esquivaba o detenía los golpes y fue notando con placer como con el paso de los días, detener un golpe de Himchan dolía cada vez un poco más, sus extremidades chocando impactaban con más fuerza y su velocidad empezaba a mejorar. Yongguk sonreía en esos sesenta minutos de desafío por el placer de los resultados que el cuerpo de Himchan experimentaba tanto en fuerza como agilidad. Pero el príncipe pensaba que era su táctica para irritarlo cada vez más.

 

Hubo un instante, verdaderamente corto en el que Himchan hizo algo que lo tomó por sorpresa, su pierna se levantó en alto y Yongguk retrocedió a tiempo, pero en lugar de detenerse Himchan giró por completo y cambió de pierna para poder levantar la otra casi de inmediato, Yongguk apenas pudo doblar su cuerpo hacía atrás y vio el pie de Himchan pasar tan cerca de su rostro que incluso abrió los ojos con sorpresa.

 

—Wow… eso estuvo cerca.

 

Himchan sonrió, moviendo su cuello un poco. Eso contaba como un halago viniendo de alguien como Yongguk, pero pronto los ojos del mayor se oscurecieron bajando la cabeza y Himchan entonces no tuvo que girar para saber el porqué de su reacción.

 

—No sabía que fueras bueno en estas cosas.

—Yongguk solo me ha enseñado un par de cosas padre.

 

Los pasos del hombre se escucharon lentos y aunque Himchan no se atrevió a girar supo que su padre lo miraba atentamente y que caminaba hasta él. Yongguk enfrente solo había optado por una posición rígida y carente de emoción.

 

—Entra, tenemos que hablar.

 

A partir de esa noche, Himchan no volvió a entrenar con él.

 

 

Yongguk había visto los años pasar con relativa rapidez, a veces le molestaba ver su cuerpo con músculos que empezaban a formarse y notar que Himchan bajo todas esas ropas que utilizaba probablemente había perdido toda la firmeza que había adquirido con los meses que entrenaban. Quizá había vuelto a ser igual de frágil que antes. Tal vez ya no entrenaban pero a Yongguk le agradaba que sus tardes siguieran siendo relativamente igual.

 

Él entrenaba y Himchan con libro en mano lo iba a acompañar.

 

Sin embargo cuando Himchan cumplió los dieciséis las cosas empezaron a cambiar, el príncipe iba a estudiar con otros muchachos de su misma línea. Pasaba toda la mañana y parte de la tarde por allá, y cuando llegaba las tareas se amontonaban en su habitación. Luego llegaba la noche y si no había visitas que ahora parecían constantes, Himchan estaba tan cansado que se acostaba a dormir temprano y entonces su tiempo se había reducido a nada.

 

Yongguk extrañaba cosas de Himchan, como las manzanas que solía llevarle cada tarde cuando se ponía a leer y él a entrenar. Extrañaba que por la noche se subieran a los techos a conversar y planear una vida donde Himchan sería un buen rey casado con una bella princesa que le heredaría hermosos hijos, y Yongguk como su hombre de confianza tendría por esposa a la mujer más bella del lugar.

 

Eran buenos sueños y eran buenos tiempos.

 

—Oh, muchacho…

 

Fue una noche, terminan el verano cuando vio a su maestro durante una hora irregular en el palacio. Leesin andaba tranquilo con sus manos juntas y una expresión tranquila en el rostro.

 

—Buenas noches maestro, ¿qué lo trae por aquí?

—Vine a hablar con el rey.

 

—Entiendo. ¿Va de salida?

—Sí, ya son las diez después de todo. —Leesin sonrió y por un instante lo miró fijamente antes de continuar— Vamos muchacho te invito a beber algo.

 

—Bueno… no lo sé.

—Tranquilo yo hablaré con el rey.

 

De repente Yongguk se encontró bajo una de las pequeñas tiendas del pueblo junto a su maestro y con un pequeño vaso con licor en las manos, usualmente hubiera disfrutado de aquello un poco más sino fuera porque llevaba días sin ver a Himchan, más que un par de veces cuando lo veía llegar o irse, o simplemente caminar en los pasillos.

 

—¿Sucede algo Yongguk?

—No.—contestó de inmediato, pero Leesin que lo conocía como a un hijo solo sonrió, pidiendo un vaso más para él.

 

—A mí no puedes mentirme Yongguk.

—No  es algo importante.

 

Yongguk había estado desconcentrado esa mañana en la que entrenó con su maestro, él lo había notado y Yongguk prefería simplemente ignorarlo.

 

—Todos tenemos un destino Yongguk, y no es bueno retarlo. Tú estás hecho para ser un guerrero, probablemente el mejor de todos. Himchan para ser el príncipe que comande a todos esos guerreros que tú dirigirás a la victoria. ¿Sabes por qué ha habido tantas reuniones en el palacio últimamente? —Yongguk solo negó con un movimiento ligero— Hay amenazas de que podría desatarse una guerra. Las naciones se están uniendo y China podría atacar en cualquier momento.

 

—Pero Himchan está en esas reuniones, él es demasiado joven como para estar presente y…

—Himchan es el príncipe heredero. Tiene que comenzar a ver que ser un príncipe no es solo disfrutar de las comodidades, debe ser fuerte y aguerrido como un guerrero pero sin olvidar que la sangre que lleva lo ubica en los más alto que hay.

 

La mente de Yongguk se revolucionó de inmediato. Himchan metido en medio de esas conversaciones largas y tediosas. Abrumado por las probabilidades desastrosas que podría traer consigo una guerra en esos instantes, la responsabilidad que cargaba sobre sus jóvenes hombros. Se encontró así mismo más preocupado por todo aquello que pasaba por la mente de Himchan que por sus responsabilidades propias, porque Yongguk sabía que si le tocaba luchar lucharía. Y si Himchan se lo pedía, iría entonces a la cabeza de todo.

 

Cuando llegó al palacio pasaban de la una de la madrugada, el celador lo dejó pasar solicitándole hacer el menor ruido posible y Yongguk caminó en el silencio más estratégico que le había sido enseñado por años. Pero su mirada intrépida llegó hasta la luna de esa noche y en lo alto de uno de esos techos estaba Himchan, con las piernas encogidas y la mirada puesta en el mismo astro.

 

Subió veloz y silencioso, como si conociera cada mínimo espacio de ese lugar y vio la espalda de Himchan más amplia de lo que recordaba, los últimos años junto a él habían sido tan densos, que no había tenido tiempo de observarlo de nuevo, de notar si conservaba la misma sonrisa de cuando tenía doce años.

 

—Ahora mismo las cosas no están muy bien Yongguk.

 

Se sorprendió demasiado. ¿Cómo había podido escucharlo? ¿Cómo Himchan había podido notar su presencia con esa facilidad que parecía casi inconcebible? Trató de mirar un reflejo que revelara su imagen o una sombra que generara la certeza con la que el menor le había hablado. Yongguk era prácticamente un experto para pasar inadvertido entre los enemigos, ¿por qué Himchan había podido detectarlo tan prontamente?

 

—¿No vas a hablarme?

 

Himchan giró y otro golpe sorprendió a Yongguk cuando se encontró con  ese rostro juvenil que lo atacó directamente, como si no lo hubiera visto de verdad durante todo este tiempo. Algo se agitó en su pecho y se quedó estático incluso cuando la sonrisa de Himchan hizo aparición mientras bajaba la mirada y regresaba a su posición para mirar la luna.

 

—Tan estoico como siempre, ¿verdad Yongguk?

—Siento que no te he visto en mucho tiempo Himchan.

 

Caminó despacio hasta él y sentarse a su lado fue como si tuviera doce de nuevo y en verdad la amenaza de guerra no existiera. Recordó a Sunhwa súbitamente, y sonrió brevemente mientras fijaba su mirada en el techo y la alejaba de Himchan.

 

—¿Qué sucede?

—Hace muchos años que la princesa Sunhwa no viene.

—Lo sé… ha de estar muy ocupada, ya sabes que tiene dos niños. Ha de criar bien de ellos.

 

La voz de apagada de Himchan le recordó lo poco a favor que estaba de ese matrimonio, pero la nostalgia en el pecho de Yongguk seguía. Sunhwa había marcado su destino hace muchos años y él ni siquiera lo sabía. Y hoy Leesin se lo había recordado y lo peor del caso, es que a él no parecía molestarle.

 

—Hueles a licor, ¿has estado bebiendo?

—Salí un rato con mi maestro y solo fue un vaso.

 

Había un aire de intimidad sutil, entre sus voces livianas y la mirada de Himchan siempre presente sobre su cara.

 

—Deberé gobernar pronto, padre está enfermo.

—Todos tenemos un destino Himchan y debemos obedecerlo —Himchan pareció morder su lengua por instante mientras lo miraba y dudaba en decir algo— Yo ya he aceptado el mío, deberías hacer lo mismo.

 

—Tus palabras no son alentadoras amigo mío. Este pueblo entrara en desgracia cuando la guerra inicie ¿cómo podré gobernar este lugar sin que la gente sufra?

—La guerra es sufrimiento Himchan. Tendrás que encargarte de todos y responsabilizarte por ellos. Yo tendré probablemente a padres, amigos, hermanos, parejas y muchos de ellos no regresaran a casa. Se vienen tiempos difíciles Himchan.

 

Yongguk miró los ojos de Himchan, esos ojos repletos de dudas y temor. De una juventud que prontamente iba a ser entorpecida. Se encontró haciendo algo que no midió y que fue un impulso de sus manos sobre las cual su cerebro no parecía tener ningún control. Acarició el rostro de Himchan, ese rostro todavía aniñado que terminaba de madurar y esos ojos hermosos que aun parecían estrujarle el alma.

 

—Te prometo que cumpliré con mi destino y no dudaré jamás.

 

Probablemente Himchan no entendía, o siquiera sabía de lo que le estaba hablando pero Yongguk respiró profundo antes de bajar la mano e interrumpir el contacto que Himchan buscó de inmediato sosteniendo su mano antes de que se alejara por completo.

 

—Mi destino es gobernar este lugar y tratar de sacarlo adelante en medio de una guerra que lo destruirá todo, y si me es posible y me alcanza la vida casarme. ¿Cuál es tu destino Yongguk? ¿Qué es lo que tú tienes que hacer?

—Te vas a casar Himchan, tal y como lo planeábamos aquí años atrás.

 

—¿Por qué no me respondes?

—Mi destino está ligado a ti Himchan. Desde que Sunhwa me trajo a tu vida lo es.

 

Himchan solo apretó su mano, lo miró un instante más y luego sencillamente calló. Lo último que Yongguk puede recordar de esa noche es que en algún momento salió el sol y ninguno de los dos se movió sino hasta que el ruido de las personas bajo ellos logró hacerlos volver a la realidad. Y a pesar del silencio y sus miradas perdidas, sus pensamientos que como remolinos lo sacudían todo, Yongguk jamás llegó a sentirse incómodo otra vez.

 

Un comentario sobre “Cuenta la leyenda: capitulo 3

    Ale~ escribió:
    11 marzo, 2014 en 0:30

    Que bueno que no me hubiera dado cuenta de la actualizacion, porque te hubiera matado con el cap tan corto que fue el dos.
    Ay~ que gays xD jajajaja estaba pensando en este fic y ya me iba a poner a insultar hasta que me dio por ver y salte de la emocion al ver que ya estaba actualizado :_D

    Todo me resulta muy rapido y me dio lastima lo de Jieun (pero no tanto, ni en fics me la trago muy bien xD)
    y por favor tan corto los caps no :_( gracias a kami el tercero fue largo :_D

    Bye~ no olvides actualizar~ x_3

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