Si piensas con el corazón

Posted on Actualizado enn


yoosu

 

 

 

“Si piensas con el corazón”

Si piensas con el corazón, a veces las palabras salen solas.

Si piensas con el corazón, las palabras se deslizan como sentidos y olvidas entonces todo lo que has aprendido.

Si piensas con el corazón, intentas no pensar con la cabeza.

Y luego de eso, todo se vuelve un juego a cada paso  un poco más peligroso.


Si piensas con el corazón.

Capitulo Único

..:: YooSu  ::..

 

 

..:: 1 ::..

“Cuando conocí a Joong, fue sublime.

Sus ojos, su sonrisa. Su todo.

De la manera más cursi hizo que mi pecho sufriera las consecuencias, que molestos estragos en mi estómago se produjeran solo con verlo.

Soy así de cursi, así de impotente. Así de esclavo de esos ojos negros.”

..:: Jung Yunho ::..

 

 

Yoochun pisó Corea por primera vez, un veinticinco de diciembre del dos mil once.

Fecha inusual y dramática, debido a su reciente cambio de vida.

El frío era casi insoportable, había tenido varios retrasos en su vuelo, gente exageradamente cerca de su campo de espacio vital. Maletas perdidas, tantas cosas y la peor fecha del año para viajar.

Pero llegó. Y su ser entero pudo saborear la paz, luego de aquel infierno personal que lo había acosado durante tanto tiempo en Estados Unidos.

“¡No te necesito! ¡Repúdiame si te da la gana! Eso no cambiará el hecho de que sea gay, y que siga siendo tu hijo.”

Esas habían sido las últimas palabras que su padre escuchara de su boca.

Antes de agarrar sus pocas pertenencias, cerrar la puerta y marcharse sin mirar atrás.

Alguna vez su madre le comentó, que su país natal era Corea, solo que desde que su padre había sido embajador. Entonces no hubo más tiempo para viajar y conocer su país. Sus costumbres, Yoochun no sabía nada de ese mundo. Nada excepto el idioma a medias.

Y eso, por que su madre aún hablaba coreano y trataba de enseñarles.

Corea era diferente a cómo se veía en los panfletos de turistas. Y su tío, obviamente a escondidas de su padre había ayudado a que se instalara en un modesto departamento al menos hasta que consiguiera un trabajo. Su madre le había pedido que se cuidara, y Yoohwan lo había abrazado largamente. Sin palabras. Solo calor fraternal.

Horas de viaje acumuladas, pesadas y sofocantes.

Pero finalmente estaba ahí. Entre letras que aún le costaba identificar como su nuevo alfabeto. Pero con el idioma lo suficientemente claro como para defenderse.

—¡Yoochun—ah~!

Escuchó tacones, próximos, aplastantes y a pesar de todo no pudo identificar a la mujer que se acercaba hacía él, con los brazos estirados y un abrigo café que envolvía su cuerpo delgado, los labios rojos y un maquillaje simple.

¿Quién era ella?

Pero la mujer lo abrazó, y él incluso retrocedió un par de pasos, soltando un poco su maleta. Y abriendo los ojos sorprendido. El aroma dulzón del perfume y Yoochun se tensó.

—Disculpe, pero creo que me está confundiendo.

—Muchacho tonto.— La mujer rió divertida, golpeando delicadamente su hombro. —Tu voz ha cambiado mucho, es más masculina de lo que recordaba.

Pero Yoochun seguía confundido, sin saber de lo que le hablaba.

—De verdad, creo que me está confundiendo.

—Por supuesto que no, Park Yoochun.— Entonces se sintió aturdido, frunciendo un poco el ceño. —Mi hermana me pidió que cuidara de ti. Así que, llevémonos bien ¿si?

La mujer más alta que él, colocó una mano sobre su cabello. Le mostró una sonrisa y los recuerdos de Yoochun se confundieron. Ese mismo gesto, cuando era un niño, tantos años atrás. Y su tío, hermano de su madre los visitaba en la embajada para navidad. Esos ojos almendrados y el cabello castaño.

—¿Ti—tío Hangsul?

Los ojos de Yoochun se abrieron con sorpresa y la mujer río, asintiendo más complacida que antes.

—Si, pero ahora dime Han. Solo eso.

—Si… supongo.

Estaba aturdido, la última vez que lo había visto, había sido cuatro años atrás. Con su reluciente sonrisa y una conversación a puerta cerrada con su madre en una de las habitaciones. Sacudió un poco la cabeza y trató de calmar un poco su expresión aturdida.

—Entonces, ¿qué tal las intensas horas de viaje?

—Horribles, pero me alegra haber llegado.

—A mi me alegra que hayas decidido venir.

—Quería alejarme de todo.

La mirada de Yoochun por un momento bajó al suelo, y Han solo suspiró, tomando entre su mano la quijada de su sobrino, haciendo que lo mirara a los ojos.

—No hay nada de que avergonzarse, pequeño. Que el mundo se joda si es tan cerrado. Lo que te haga feliz a ti, nos hace feliz a las personas que te queremos de verdad.

Eso fue autentica paz. Cuando esos ojos volvieron a mirarlo con cariño, cuando se sintió cómodo. Cuando no hubo peso sobre su espalda ni presiones que lo atosigaran.

—Bien, ahora. Llevemos estas maletas hasta el auto.

Han sonrió nuevamente, tomando un par de maletas. Y Yoochun se hubiera negado sino fuera por el cansancio que llevaba por las horas de viaje. Agarró la maleta que quedaba libre y siguió a su tío hacía la salida del aeropuerto.

Fuera, había más gente, sin embargo el largo y ondulado cabello de su tío se abría paso entre las personas sin problema. Yoochun aceleró el paso un poco más. Y finalmente lo alcanzó, frente a un carro sencillo, negro, cubierto con un poco de nieve.

—Guárdalas con cuidado.

—Si, Han.

Apenas pudo ver al muchacho que ahora guardaba las maletas, su cabello rubio era medio cubierto por el pequeño y discreto gorro que cargaba, pero su tío de inmediato giró hasta él. Y llamó su atención, con esa radiante sonrisa.

—Listo, vamos a dejarte en tu nuevo departamento y dejaremos instalado.

—Oh, no es necesario.— Yoochun levantó un poco sus manos, y cuando pudo darse cuenta el muchacho rubio ya había tomado también su maleta y la había guardado. —Basta con que me dejen en el edificio, yo me las arreglaré solo.

—Nada de eso, suficiente tengo con esto de no poder dejarte vivir conmigo. El ambiente en el que vivo es un poco… Mmh, digamos que ‘especial’ y primero necesitas acostumbrarte a tu nuevo ritmo de vida. Antes de que te lleve a vivir en los departamentos de mi negocio.

Yoochun no supo muy bien a que se refería, pero asintió. El muchacho rubio ya se había subido al auto y su tío continuó hablando, sentándose en el lugar del copiloto. Hablando sobre los lugares que debería visitar.

Pero Yoochun observó, las luces, los edificios. Todo tan distinto a aquello que hasta ahora había conocido, las imágenes volaban por todas partes. Hombres y mujeres que vendían sus productos. Eran dulces, torpes o sexy. Muy diferente al concepto publicitario que se manejaba en América.

Se pegó a la ventana, cual niño pequeño, observando el lugar que a pesar del frío, de la ligera nevada, se encontraba repleto de personas en medio de las compras. De familias juntas y parejas que disfrutaban de la fecha.

—¿Estás seguro que no quieres que te ayudemos con las maletas?

Yoochun se negó, moviendo a penas la cabeza, y Han suspiró, provocando un halo de viento que escapó y se elevó producto del frío, con los guantes en sus manos y un beso en la mejilla como despedida.

—Cuídate mucho, cuando tengas tiempo. Puedes ir a visitarme.

Sostuvo la pequeña tarjetita que su ahora tía, le había entregado y asintió. Con una gran expresión de agradecimiento. Observándola subir a auto nuevamente, mientras lo miraba por el espejo retrovisor y sacudía su mano.

Yoochun respiró hondo. Miro el edificio y se llenó de valor.

—¡Bien, Yoochun. Hoy comienzas una nueva vida!

Apretó uno de sus puños cerca de su pecho y volvió a tomar las maletas como pudo. Su tía había concretado el negocio del alquiler, por tanto Yoochun solo tenía que ir hasta la puerta 332 la llave que hace unos minutos Han le había entregado reposaba en su bolsillo.

Mientras tanto, él subía por el ascensor. Dentro el frío era menor.

Cuando el piso tres fue marcado por la luz roja, las puertas se abrieron y Yoochun vio un pasillo con toques amarillos, pocas puertas a su al redor y una decoración navideña que lo tomó por sorpresa.

Sacó las maletas con cuidado, observando el lugar, distraído de la que se le quedaba.

—Cuidado.

Y una mano detuvo las puertas que empezaban a cerrarse, Yoochun suspiró aliviado y miró al hombre que ahora sacaba la maleta y se la entregaba.

—¿Eres el nuevo?

Yoochun tuvo muchos sarcasmos en la punta de la lengua, pero prefirió asentir y concentrarse en hablar correctamente el coreano.

—Si, muchas gracias.— El hombre le extendió la maleta. Y él sonrió. —Soy Park Yoochun.

—Igualmente, mi nombre es Yunho. Es una inusual fecha para mudarte.

—Lo sé… Pero al menos estas vacaciones me van a permitir adaptarme hasta que empiecen las clases.

Yunho entonces pareció sorprendido. —¿Estudias? ¿Qué carrera?

—Estudiaba Administración, pero eso no es lo mío. Empezaré desde cero. Música.

—Oh, ya veo.— Yunho se cruzó de brazos, apoyado en la pared, con aquel gesto de haberlo comprendido todo. —Así que esa es la razón de la mudanza.

—Más o menos.

Yoochun prefirió reservarse las cosas personales para más adelante, si es que su posible vecino resultaba verdaderamente agradable. Por suerte, Yunho no pareció dispuesto a indagar más allá de lo que él mismo le permitía y asintió.

—Bueno Yoochun, un gusto haberte conocido, mi departamento es el 330; Cualquier cosa que se te ofrezca puedes avisarme. Me voy, tengo una cita.— Yunho ya había llamado al ascensor mientras agitaba su mano y finalmente ingresaba en el pequeño artefacto. —Oh, y por cierto. Tienes buen acento.

Le sonrió, y luego las puertas del ascensor se cerraron.

Yoochun se quedó, sin explicación alguna, paralizado unos segundos más. Luego, solo sacudió su cabeza con fuerza. Que hubiera descubierto que es gay. No significaba que cualquier hombre de repente le pareciera apuesto.

Aunque Yunho si lo fuera en realidad.

—Agh, maldición…

Sacudió sus propios cabellos y rió so pena de vergüenza. Y lo poco comunicativo que se había portado frente al hombre, pero luego recapacitó y decidió que había cosas más importantes que hacer, como por ejemplo. Empezar a arreglar su nuevo departamento, y hacer que de algún modo no se viera tan vacío.

Para el segundo día del mes de febrero. Yoochun ya se había instalado lo suficientemente bien como para empezar a buscar un trabajo. Su tía Han le había ofrecido que trabajara en el bar Gay que ella administraba, pero aún estaba en un proceso de acomodarse a su nueva perspectiva de vida, como para sumergirse por completo en ello.

Aunque era un trabajo que quedaba en espera, si no encontraba un trabajo más ligero y que no lo hiciera trasnochar. Las clases pronto empezarían y ya necesitaba dinero y tiempo más que todo. Había salido a almorzar con Han, y su tía como siempre había resultado amena, poniéndolo al día con todo.

Aunque la mitad de las noticias, sobre famosos de Corea él no las entendiera, por que no terminaba de ubicarlos a todos. Pero educadamente asentía y en ocasiones cuando reconocía a algún grupo se mostraba interesado. Cuando abrió la puerta vio la basura que había dejado en el pasillo y que había olvidado sacar.

Entró dispuesto a sacarla, cuando unos pequeños golpes en la puerta abierta lo hicieron girar.

—Yoochun; Precisamente el hombre que andaba buscando.

Yunho estaba a unos pasos de él, con una ligera gorra en la cabeza y un diario en las manos.

—¿Y para que me andabas buscando, hyung?

—Creo que encontré el trabajo perfecto para ti. Hace unos días me dijiste que sabías tocar el piano. ¿No?

Yoochun asintió, interesado en el tema. Y Yunho sonrió ampliamente.

—Pues no te me emociones demasiado. El puesto es para atender en una florería. ¿Sabes algo de flores? Bueno, eso creo que no importa mucho. ¿Qué tanto se necesita saber? El caso es que en el mismo lugar estaban solicitando un profesor de piano a medio tiempo un anuncio más abajo. Así que podrías aplicar y obtener los dos puestos y de paso ganar más.

Yunho hablaba mucho y muy rápido, pero se atrevió a quitarle de las manos el diario y observar la noticia mientras Jung mostraba esa expresión de suficiencia ante un trabajo bien realizado.

—Hyung, muchas gracias.

Yoochun sonrió y Yunho asintió. Colocando una mano en el cabello alborotado de Park y enredándolo un poco más.

—De nada, solo no me regales flores para mi cumpleaños.

—Tampoco pensaba hacerlo.

Yunho hizo un puchero, murmurando lo desagradecidos que eran los jóvenes de ahora y adentrándose en su propio departamento. Yoochun sonrió, feliz ante la posibilidad de un futuro trabajo y por sobre todo. Por el hecho de que su vida ahora, estaba más estable que antes.

..:: 2 ::..

“La primera vez que lo vi, fue lo más normal del mundo.

Luego llegó su sonrisa, su encanto, su voz. Su forma de ser.

El amor llegó a mi, por cada paso que yo di hacía él.”

..:: Kim Jaejoong ::..

Las campanas sonaron en cuanto abrió la puerta de aquella pequeña florería.

Un hombre de cabellera castaña apareció, desde uno de los rosales, con un delantal azul puesto y una sonrisa amable y grande. De esas que pocas veces Yoochun en toda su vida había visto.

—Buenas tardes, ¿qué deseas?

—Hola, vengo por lo del anuncio.

El hombre sonrió, limpiando un poco sus manos.

—Oh, bien. ¿Para el de ayudante supongo?

—Si, además para el de piano. ¿Crees que podría aplicar para ambos?

El muchacho del delantal abrió mucho los ojos, sorprendido al parecer, pero después de un rato asintió. Estriando un poco su mano, para poder ojear su hoja de vida.

—Bien antes que nada, mi nombre es Kim Jaejoong. Soy el administrador de esta florería.

—Mucho gusto.— Yoochun hizo una pequeña venia. —Mi nombre es Park Yoochun.

Jaejoong solo movió su mano deliberadamente. —Tranquilo, conmigo no es necesario ser tan formales.

A pesar de todo, Jaejoong parecía muy atento a su hoja de vida, leyendo cada cosa y confirmando sin problemas incluso hasta el texto que estaba en inglés.

—Así que tienes apenas un par de meses en Corea.

—Si, pero manejo bien el idioma. Y puedo desempeñarme con facilidad en lo que me pongas a hacer. Además, mi madre era una amante de las flores, sé varias cosas sobre ellas.

Jaejoong asintió. —Eso suena bien. Ahora ¿podrías hablarme sobre tu capacidad en el piano?

—Bueno, estuve en academias de música desde los once años. Y sin duda el piano se convirtió en mi instrumento preferido. Así que se todo lo que necesito saber, modestamente hablando.

Jaejoong asintió y parecía concentrado en analizarlo. Como si con observarlo pudiera descubrir cada parte de su ser. —¿Te importaría demostrarlo?

—Por supuesto que no.

—Bien, sígueme.

Y obedeció, siguió al mayor por la parte trasera de la florería, y descubrió un pequeño invernadero repleto de flores, el cual atravesó sin problemas y en la parte trasera a ello, una pequeña habitación, que parecía ser el hogar de Jaejoong.

Un piano negro se establecía en lo que parecía ser la pequeña sala de estar, estaba bien cuidado, correctamente pulido. Yoochun lo miró con admiración, pasando sus dedos por entre la madera en tan buen estado.

—¿Qué te gustaría escuchar?

—Cualquier cosa estaría bien. Fue una herencia de mi abuelo, y creo que es un desperdicio que esté aquí sin que sepa utilizarlo. Además… quiero tocar una pieza para una persona  especial.

Yoochun asintió, seguramente alguna novia.

Se sentó con cuidado, probó un par de veces y se percató de que en verdad estaba en un correcto estado. Sus dedos finos y largos se deslizaron con lentitud, tocando una canción que era la favorita de su madre.

No vio a Jaejoong en ningún momento, pero parecía embelesado, parecía en verdad encantado con la cálida melodía. Y decidió terminar luego de un par de minutos cuando el tiempo se escaseo y Jaejoong suspiró con pequeños aplausos que apenas se escucharon.

—Eres muy bueno en verdad. Espero que seas igual de bueno para enseñar.

—¿Eso quiere decir…?

Jaejoong ya se había girado, caminando de regreso a la tienda y Yoochun apenas tuvo tiempo de seguirle el paso.

—Empiezas mañana, a las siete y media en punto. Por que la tienda abre a las ocho. Trabajaras hasta las cuatro. Y luego una hora de clase de piano. Como las lecciones son para mí, si algún día quieres salir antes puedes avisarme con tiempo y practicamos en la mañana. Hay días que no son tan pesados. Pero días como San Valentín o algo por el estilo. Estrictamente prohibido faltar, esos días en verdad son pesados.

Jaejoong había empezado a hablar, con una voz sería mientras contaba todos los puntos que al parecer eran importantes. Yoochun en ese momento solo asentía, rogando por recordarlo todo.

—Oh, y en ocasiones también hacemos servicios especiales. Ya sabes: decorar una boda, una ceremonia, una fiesta o algo así, aunque también llevamos ramos a los velatorios o por pedidos. De eso te encargaras tú, mi otro ayudante lo hacía todo el tiempo. Yo me encargo del dinero y receptar los pedidos.

Pronto, Yoochun había descubierto una faceta controladora y perfeccionista en su nuevo jefe. Pero de alguna manera no le molestó. Solo asintió, emocionado de haber hallado un trabajo y de que al fin pudiera mantenerse sin hacer uso en su totalidad de sus ahorros.

—Y lo más importante.— Jaejoong de pronto se detuvo, con su dedo índice en alto. Muy cerca de su rostro. —Nuestros clientes tienen absoluta confidencialidad. Si en algún momento te toca enviar hasta tres ramos de parte de la misma persona. Eso no es asunto tuyo, ¿entendido?

Yoochun asintió, entonces Jaejoong volvió a sonreír.

Enumerando un par de cosas más que parecían no ser tan importantes.

Aún así, Yoochun continuó, escuchando atento. Asintiendo cada tanto, con esa sonrisa feliz en el rostro.

Yunho merecía un premio. Probablemente una deliciosa cena en recompensa.

—¡Por tu nuevo trabajo! ¡Y por que ahora vas a oler a deliciosa fragancia de rosas!

Yunho tenía en alto su vaso con cerveza, con una socarrona sonrisa en los labios, pero Yoochun solo frunció el ceño y golpeó deliberadamente en las costillas al mayor, quien se quejó entre risas.

—¡Pero si es verdad!

—Mejor cállate y come, idiota. O me arrepiento de haberte invitado a cenar.

—Oh, pero que genio. Además soy tu hyung no deberías hablarme de esa manera. ¿No tienen el menor sentido por el respeto a los mayores por allá en Estados Unidos?

—Pues no. Así que come y calla.

Yunho empezó a negar dramáticamente mientras el olor a carne a la parrilla se esparcía por el pequeño puesto en el que habían salido a comer. Por un momento Yoochun miró a Yunho comer, sus pequeños ademanes y gestos cuando la comida caliente llegaba a su boca.

Sonrió imperceptiblemente y movió la cabeza.

Idiota Yunho… que a veces sencillamente parecía un niño grande.

—Y, ¿cómo es tu jefa? ¿Una adorable señorita? ¿O una arrebatadoramente sexy mujer?

—Es un él. Para empezar.— Yoochun levantó los hombros desinteresado. —Muy común la verdad.

Yunho mordió un poco de su carne y asintió.

—Pero, ¿es del tipo exigente o amigable?

—Amigable, Jaejoong es muy amigable. Parece ser un buen jefe.

Yunho asintió otra vez. Y Yoochun por un momento sintió que Yunho lo estaba protegiendo demasiado, como si en ese poco tiempo se hubiera hecho acreedor de vigilar que todo el tiempo se encontrara bien.

Y a pesar de eso, no se quejó.

Solo continuó contestando, y Yunho siguió preguntando.

El primer día de trabajo, casi fue aburrido.

Dieron las doce del día, y entonces el lugar pareció llenarse constantemente. Que ramos inmensos para las jóvenes prometidas o aún más grandes, para las esposas enojadas. Un pequeño ramo para los adolescentes.

Flores por doquier. Fragancias y cortadas en las manos de Yoochun.

Estúpidas espinas que en más de una ocasión ya le habían sacado sangre.

Para las cuatro de la tarde, Yoochun estaba agotado, con demasiadas banditas en las manos y hasta una capa de sudor en la frente. Demasiado cansado como para darle clases a Jaejoong.

De repente la puerta de atrás se abrió y el aroma fresco de Jaejoong lo interceptó.

Parecía recién duchado, con el cabello un poco húmedo y una ropa para nada parecida a la que le había visto el día anterior u hoy en la mañana. Tenía el celular en la mano y una sonrisa tan grande que incluso fue hasta envidiable.

—Oh, Yoochun, tendremos que dejar las clases para otro día.— Y como si fuera una gran explicación levantó un poco el celular. Ensanchando mucho más esa sonrisa plasmada en sus labios. —Recibí una llamada importante.

Y en menos de diez minutos, Yoochun ya se encontraba fuera, la tienda cerrada y demasiado tiempo libre antes de su primera hora de clase en la Universidad, miró el reloj en su muñeca y suspiró. El cielo incluso estaba despejado, era un buen día, cerró los ojos y sonrió.

—Bien, al menos espero no estar tan cansado al final del día.

Se sentó, sintiéndose un poco excluido al ser su primer día de clases y no conocer a nadie. Todos parecían relacionarse, conocerse y él solo se sentía un poco ausente, miró con curiosidad el lugar y luego solo suspiró.

En su instituto, era uno de los más populares.

—Si, ya te dije que si. Ven a recogerme pero a las diez por que si llegas antes te toca esperar.— La voz grave de aquel muchacho que caminó hasta él, sentándose en la otra esquina de la banca lo hizo mirarlo de soslayo. —De acuerdo, hablamos en la noche entonces.

Un rato después el muchacho de cabellos castaños cerraba el celular, aparentemente costoso y nuevo. Con un rostro de aburrimiento total.

¿Sería también su primer día?

¿Estudiaría música junto a él?

—¿Ocurre algo?

Era menor, podía notarlo por alguna razón, quizá las facciones de su rostro. Sus rasgos, su perfil. Por alguna razón, Yoochun sabía que ese muchacho era menor, al menos con un par de años. Entonces sonrió.

—Solo me preguntaba por que siendo tan joven tienes el entrecejo arrugado.

En ese momento los ojos café del muchacho lo miraron, la expresión un poco más relajada que en un principio.

—¿Eres nuevo?

—Si, mucho gusto. Park Yoochun.

Estiró su mano, y el muchacho pareció extrañado. Luego, Yoochun recordó que aquel gesto era muy occidental, por lo que sonrió un poco y al rato el de ojos café apretó sus manos un poco, tratando de corresponder al saludo.

—Soy, Shim Changmin. ¿Extranjero, cierto?

—Si, de Estados Unidos.

Changmin asintió, el entrecejo ya no estaba arrugado, más bien parecía pensativo y curioso al mismo tiempo.

—¿Música, también?

Yoochun sonrió. —Si, primer ciclo.

Changmin asintió. —Es bueno.

—¿El qué?

—Entrar a la primera hora de clase conociendo a alguien al menos.

Changmin en ningún momento le sonrió. Al menos no en un inicio.

Pero extrañamente, Yoochun se sintió cómodo junto a él.

..:: 3 ::..

“Si hacía cosas tontas era por culpa de él.

Si no dormía bien, si no comía bien, si iba de un lado a otro pensando en como hablarle por primera vez. Era todo culpa de él.

Así que es culpa de él y solo de él.

Que me encuentre así de estupidizado, aunque bien. Algunos le dicen ‘enamorado’

..:: Shim Changmin ::..

—Es tarde~

Changmin estiró su largo cuerpo, como presa del sueño y el agotamiento, pero por alguna razón, Yoochun, con los lentes sobre su rostro permanecía insistente en cambiar la melodía, en repasar una y otra vez lo poco que habían compuesto.

Eran ya, dos meses, desde la primera vez que hablaron.

No era suficiente. Aún no era perfecto. Eso decía el mayor, y Changmin, por más que tratara de ocultarlo, no podía evitar sentir ciertos despojos de admiración sometida en un orgullo que era innecesario.

Pero Yoochun permanecía concentrado, con el cabello recogido y ya sin escucharlo, quería que esa canción fuera perfecta.

—Es tan solo un proyecto de clase.

—Pero es igual de importante, cada cosa es importante si te apasiona.

Yoochun vencía, con esas pocas palabras sus intentos por ir a dormir entonces, apoyó el codo sobre la mesa. La quijada en su mano y suspiró. No dormirían temprano y al parecer, Yoochun tenía muy claro amanecerse si era necesario.

—¡No seas infantil, espera!

Fue extraño, aquel grito por primera vez pareció desconcentrar a Park, su mirada se despegó del pentagrama y fue a dar directo a la puerta blanca de su departamento. Dudaba entre pararse o no.

Se escucharon unos pasos apresurados y otra vez esa misma voz.

—¡Joong!

Yoochun se levantó, con unos pasos lentos e inseguros, como si de repente ignorara que Changmin se encontraba ahí, pero a Shim no le molesto, incluso le intrigó. Finalmente Yoochun abrió la puerta.

Y en el pasillo estaba un muchacho, vestido con ropa de dormir, justo golpeaba la pared cuando Yoochun un poco perdido dio un paso fuera del departamento.

—¿…Hyung?

Yunho giró, sorprendido, tratando de mostrar al menos una sonrisa calmada.

—Yoochun, siento el escándalo.

—Está bien, no hay problema. ¿Pasó algo?

En el momento en que Jung desvió un poco la mirada, Yoochun supo que algo andaba realmente bien, pero Yunho solo negó y le volvió a sonreír, colocando una mano sobre su hombro y un suspiro cargado en los labios.

—No importa. Solo… una discusión tonta que tuve con Joong.

—¿Joong?

—¿No te lo había dicho?— Yunho entonces volvió a suspirar. Lucía cansado. —Es mi pareja. Desde hace un par de meses.

Los ojos de Yoochun se abrieron con sorpresa, no sabía que Yunho fuera gay. No sabía en realidad varias cosas de él. Pero asintió. Yunho parecía en verdad deseoso por encerrarse en su departamento de vuelto y así lo hizo.

Yoochun permaneció un rato más ahí, tratando de asimilar la información.

Sino fuera por el descaro de Shim Changmin que se hizo presente.

—Te gusta.

La afirmación despertó a Yoochun de su letargo y movió evidentemente nervioso la cabeza.

—¡Claro que no! No digas tonterías, Changmin.

—Usualmente es como una desazón en el estómago, un dolor en un lugar que no terminas de ubicar.

Yoochun llevó las manos a su estómago, mirando al menor que le sonreía con suficiencia.

—Así se siente, cuando a quien quieres, no te quiere de la misma manera.

Changmin levantó un poco los hombros y caminó de regreso al departamento, pero Yoochun se quedó mirando un rato más la puerta de Yunho, la pequeña seña que era tan característica en la puerta que tenía el número 300.

Era un tonto, un grandísimo tonto.

La segunda vez que vio o medio vio al tal Joong, fue tres semanas después.

Yoochun supuso que se habían reconciliado hace mucho, cuando tres días después de aquel incidente, Yunho volvió a ser el mismo, la misma sonrisa, el misma aura amable y divertida. El mismo buen amigo de siempre.

Fue para el cumpleaños de su tía, daban las ocho y media y le había prometido pasarse al menos una hora por su bar, llevaba un hermoso regalo, envuelto en papel dorado y rojo. Llamativo pero elegante, estaba recién duchado. Bajaba las escaleras, cuando escuchó su voz.

—Nos vemos mañana entonces, cuídate.

Era un sonido diferente, la voz de Yunho era diferente cuando le hablaba a Joong. Con más cariño, más respeto. Y lo que debió ser un beso le robó el tiempo que Yoochun se paralizó en las escaleras sin atreverse a girar.

El hombre subió al ascensor, llevaba la fragancia de Yunho encima. Apenas pudo ver su silueta ingresando al artefacto mecánico. No pudo siquiera ver su espalda por que la voz de Yunho lo hizo girar.

—Yoochun.— Estaba con un pantalón de mezclilla y una camisa de algodón y las manos en el pantalón. Yunho se veía realmente bien. —¿Te vas de fiesta?

Y una sonrisa acudió a los labios de Park.

—Si, es el cumpleaños de una tía.

Percibió en Yunho la misma fragancia que la de Joong. Era en efecto, la colonia de Jung.

—Oh, que bien. Pásatela genial entonces.

Y lo hizo otra vez, sacudió sus cabellos y lo despeinó, como si hubiera mucha diferencia de edad entre ellos, aunque jamás fue así. Yoochun solo suspiró. Y apretó el regalo entre sus manos.

Pensaba invitarte… pero aquella vez, estabas ocupado con Joong… otra vez.

—No te quedes hasta muy tarde, recuerda que mañana tienes trabajo y luego la universidad.

—Ya Yunho, no fastidies. Que más que mi amigo, pareces mi madre.

Yunho rió divertido y como despedida, Yoochun solo alzó la mano. Empezando a bajar por las escaleras. Lo más lento que podía, no quería encontrarse con aquel muchacho allá abajo.

“¿Cómo no me di cuenta antes, de todo el tiempo que pasabas con él?”

—¡De todas formas, no te diviertas en exceso!

Yunho se escuchaba animado, pero no era por él.

Se veía feliz, pero no era más que el reflejo de sus propias emociones.

Egoísta, molesto e incómodo.

..:: 4 ::..

“Junsu es…

Es…”

..:: Park Yoochun ::..

Se había demorado apropósito.

Necesitaba pensar, fingir que las cosas estaban bien. Que no era un tonto en absoluto por ir tan despojado de su realidad a un país que no conocía y caer de cabeza con su vecino y amigo, que a más de todo, se portaba más bien como un padre sobre protector.

—¡Yoochun!

Han estaba ahí, su tía, y lo recibió con los brazos abiertos de par en par. Dentro de un vestido rojo discreto que lo hizo sentirse extraño aún. Alguna vez fue su tío y su imagen en ese entonces era muy diferente.

—Cariño que bueno que hayas podido venir.

Lo abrazó con fuerza, con ese olor sutil y dulzón a flores, le respondió de la misma forma. Entre el ajetreo de gente que había en el bar. Suspiró abrazado a ella. Y Han pareció notar algo extraño.

—¿Está todo bien?

—Si, eso creo.

Ella lo vio con atención, pero luego sonrió, acariciando un poco su rostro.

—Puedes contarme lo que sea, ¿lo sabes, cierto?

—Si, tranquila. Ten, es para ti.

Extendió el pequeño regalo frente a ella y la sonrisa hizo aparición.

—Oh, Yoochun. Eres genial, muchas gracias.

—No te preocupes.

Unas manos se posaron sobre sus hombros y por un momento Yoochun imaginó que sería alguno de sus compañeros, pero ¿quién?

—Oh, ¿es él?

—Te quedaste corta, Han. Es en verdad apuesto.

Los dos hombres a su lado lo hicieron alejarse un paso y su tía rió divertida.

—Tranquilo, Chun. Ellos abren la boca pero no muerden. O eso deberían, por que ya se los advertí.

Han envío una seria mirada a los dos muchachos que acababan de llegar y Yoochun sonrió divertido cuando los dos muchachos bufaron y viraron los ojos, como niño regañados. Dentro, todos parecían animados. Y su tía era saludada y felicitada por casi todos.

¿Cómo es que no había venido antes al bar?

—Y bien, Yoochun. ¿Estudias música, verdad?

Estaba ahí, otra vez ese muchacho castaño que hace un rato lo hubiera agarrado por el hombro y Yoochun trató de ser amable.

—Si, primer semestre.

—Es interesante… Una carrera, interesante.

El castaño bebió un poco de vodka y deslizó su mirada hacía el centro del pequeño bar, que ahora que lo analizaba bien, parecía más bien una discoteca.

—Ya va a empezar.

—¿Qué cosa?

—Xiah…

Y como si fuera una explicación valida, las luces se apagaron y el vitoreo comenzó, aún entre la oscuridad. El de la bebida en mano, lo agarró por el brazo. Jalándolo entre la multitud, allí donde el otro muchacho de hace un rato también se encontraba.

Yoochun seguía sin entender, todo estaba casi a oscuras.

¿Qué era Xiah?

Parpadeantes luces color malva, un violeta mezclado con rosa que enloqueció aún más a la gente a su alrededor. Entre silbidos, gritos y luces a medio mostrar. Yoochun lo vio por primera vez. Desde aquel simulado trono. Rodeado por otros chicos que vestidos de negro no parecían siquiera igualar la presencia de aquel pelirrojo vestido de negro que lucía despreocupado desde el escenario.

Fue como… perder la perspectiva.

Sus sentidos se concentraron en él y solo él.

Ni los bailarines que se movían de un lado a otro, que enérgicos preparaban el lugar para cuando Xiah se levantara. Por que si, fue fácil para Yoochun comprender que Xiah no era una cosa, era un él. Un ser enteramente supremo.

Y cuando Xiah abrió la boca, terminó por deslumbrar.

Su voz, tan propia, tan asfixiante. Tan sencillamente complaciente a los sentidos.

Y entre el humo y los pasos de baile. Mientras Xiah se movía de un lado a otro, con pasos que Yoochun pensaba, ni loco podría imitar. Olvidó. Olvidó por completo el resto de mundo allá afuera.

Cuando esos ojos grises se posaron en él. En el momento en que Xiah permanecía por primera vez estático, con su rostro frío apenas moviendo esos labios al ritmo de la canción, con los bailarines detrás de él. Yoochun sintió el ‘clic’ de una puerta abrirse en su interior. Como ese algo, que no se comparaba en nada a lo que antes hubiera sentido.

La canción no terminaba, pero aún así Xiah empezó a bajar y la gente se empezó a abrir. Excepto por él, que permaneció con la mirada fija en esos ojos y esa imagen etérea y perdida que el hombre de cabellos rojos proyectaba.

Los pasos lentos y felinos no lo tomaron por sorpresa, ni siquiera cuando se puso a su lado y lo miró con atención, con una sonrisa que se ensanchaba en cuanto más se acercaba. Xiah lo rodeó, lentamente. Y Yoochun apenas pudo seguirlo de soslayo.

Pero así como empezó, terminó.

Xiah volvió a estar en el escenario. Junto a sus bailarines, con su voz radiante. Por encima de todos, con esa expresión de autentica fuerza mientras bailaba, con esos labios finos moviéndose de una manera tan al compas de su cuerpo.

Yoochun volvió a sentirse terrenal, cuando las luces se apagaron, y lo último que vio fue el destello de esos ojos grises por última vez.

—¡Tienes una suerte del demonio!

Lin, ahora que sabía su nombre era más fácil. Parecía emocionado, entusiasta, extasiado. Luego de la discoteca volviera a su ritmo y Xiah hubiera dejado a su paso un deje de admiración y deseo.

—Lastimosamente, es demasiado para tus vírgenes hombros.

Gongsu, del otro lado solo se apoyó sobre sus hombros otra vez y sonrió.

Yoochun seguía sin entender. Y prefirió ignorar.

—¿Quién es él?

—¿Xiah?— Yoochun asintió. —Oh, él es el protegido de tu tía. Llegó un día a la discoteca y todos los ojos se posaron en él. Pero es demasiado arisco—

—Y molesto, prepotente y egocéntrico.

Lin sonrió, ahora apoyándose también en él.

—En otras palabras, Xiah es el hombre perfecto…

—…Mientras no abra la boca.

Los dos rieron divertidos mientras chocaban las manos, pero Yoochun solo sonrió apenas un poco, con la mirada perdida entre la gente.

—¿Y baila por diversión? ¿O es cantante…?

—Lo hace por auto vanagloriarse. Sabe que está bueno y le gusta demostrárnoslo a cada rato. Es lo mejor de por aquí y del país diría yo.

Han apareció en ese momento. Con una sonrisa de oreja a oreja y un collar que antes no había visto colgando de su estilizado cuello.

—Yoochun—ah~ que bueno que no te has ido. Ven, vamos a tomar un coctel con un par de amigos.— Los otros dos muchachos parecieron levantarse junto a él. —En privado.— Recalcó Han, antes de tomar a Park por el brazo y llevarlo hasta la zona privada.

Yoochun solo se dejó guiar, y mientras más caminaban, menos personas habían. Las puertas negras resguardadas por dos hombres grandes y musculosos estuvieron frente a él.

—Buenas noches, señorita Han. Pase por favor.

—Muchas gracias.

Su tía lució una sonrisa orgullosa. Mientras caminaba tranquila y dentro el ambiente era diferente, los pasillos blancos, la decoración lujosa. La música suave. Endeble de la música escandalosa de allá afuera.

—Oh, aquí está la festejada.

Y en aquel salón revestido de toques sofisticados, de meseros y cuadros costosos. Yoochun sintió que hace mucho había perdido la perspectiva de su situación.

—Lee, que bueno que hayas podido venir.

—Es un placer verte Han, hermosa como siempre.

Habían a lo sumo doce personas dentro, cuatro eran meseros, uno el chef al parecer y el resto eran invitados. Incluyéndolos a su tía y él por supuesto, un grupo reducido en extremo.

—Yoochun, ¿right?

Asintió ante el rostro de la hermosa mujer que se había colocado a su lado.

—Mucho gusto soy Boa.

—Park Yoochun, igualmente.

Asintió educado, y la mujer pareció ampliar su sonrisa con la copa de champagne en mano.

—Aléjate Boa. Vino por mí.

A Yoochun no le molestaba el contacto físico, lo que le incomodaba era que completos desconocidos lo tocaran con tanta familiaridad que no era ni propio en Estados Unidos, cuando ni siquiera se habían hablado.

Pero el aroma masculino y fuerte del hombre que pasó un brazo por encima de sus hombros lo hizo girar. Eran los mismo ojos grises, y el mismo color de cabello rojizo que tanteaba a ser estrafalario.

—Oh~ Que molesto eres Xiah… Siempre te quedas con lo mejor.— Boa hizo un puchero, de manera juguetona antes de guiñarle un ojo y sonreír coqueta. —Si te aburres, búscame.

Sin embargo Xiah, que aún persistía en su contacto bufó aburrido. Bebiendo un poco del whisky que sostenía en su mano derecha.

—Ten cuidado con Boa, le encanta venir a estos bares y encontrar un aire heterosexual la enloquece. Pero ella solo juega con los chicos nuevos.

—Pero soy gay.

Hubo un silencio. Yoochun sintió que por primera vez lo decía con tanta naturalidad, que le resultó hasta inaudible. Pero la mirada de Xiah fue de extrañeza, fue larga e insistente antes de soltarlo y buscar otro vaso.

—Entonces el radar de Boa empieza a fallar.

Xiah sonrió mínimamente, apenas de lado mientras se servía un poco de whisky a su gusto, indicándole al mesero que se alejara apenas con un movimiento de mano. Yoochun quería hablar, comentar algo y sin embargo nada parecía oportuno.

—Yoochun, ven.

Han, desde uno de los asientos de cuero sacudió un poco su mano, rodeada por otras personas a las que seguramente quería presentarle. Sonrió tranquilo y decidió alejarse, por más incómodo que fue sentir la fija mirada de Xiah sobre su espalda.

—Es curioso.

—¿Mmh?

Jaejoong sonrió, aquella tarde de mayo como si se encontrara sencillamente satisfecho.

—Luces distraído, soy tu jefe y debería regañarte pero me hace gracia la idea de verte tan… particularmente concentrado.

Yoochun sonrió, rascando un poco su cabeza y avergonzado por aquello que Jaejoong había sacado en evidencia sin problema. Apenas hace un par de días había sido el cumpleaños de su tía, y deseaba volver a aquel bar.

—Los exámenes se acercan así que…

—Mentira.— Jaejoong golpeó su cabeza con el diario envuelto en un tubo. —Se te nota en la mirada. No es la Universidad en lo que piensas.

Yoochun alejó el periódico de su cabeza y sonrió.

—Es mi verdad hyung.

—Pues es de mala educación mentirle a tu hyung.

Yoochun le sostuvo la mirada un rato más. Y luego solo deslizó un poco su cabeza, con la sonrisa un poco más amplia que antes.

—Son las cuatro. Vamos a ensayar.

Por un momento, Jaejoong se quedó perdido en ese gesto apacible del menor, luego solo sacudió la cabeza y sonrió. Estaba proporcionalmente desligado a aquello, desde hace mucho tiempo, y así debería seguir.

—Si, tienes razón. Vamos.

Otra vez el bullicio, otra vez la gente.

Otra vez aquel bar y aquellos dos muchachos que lo ubicaron tan fácilmente que lo sorprendió.

—Yoochun, ¿qué te trae por estos sub mundos?

Un poco más relajado con la presencia de esos dos, Yoochun sonrió.

—Venia a distraerme un rato.

—Mmh…— Lee lo rodeó cauteloso. —¿Por qué me huele a mentira?

¿Es que ahora todo el mundo se daba cuenta cuando mentía?

Mintió sobre su condición sexual por muchos años, ¿por qué ahora todos los veían tan transparentemente?

Era exasperante.

Por suerte, Gongsu se puso al otro lado y sonrió, un poco menos molesto que Lee.

—Si vienes por Xiah, el jamás viene los jueves, martes. O sábados.

—Ya veo…

—¡Así que no lo niegas!

Lee lo señaló descaradamente, pero Yoochun solo rodó los ojos.

El resto de lo que quedó de la noche, Yoochun se la pasó en la discoteca, conversando un con aquellos dos. Bebiendo poco, bailando un par de canciones. Mirando de vez en cuando de un lado a otro. Por si veía la presencia de Xiah en algún lugar.

—Irritante…

Yoochun bufó otra vez. —¡Lo digo en serio!

—Y yo expreso mi falta de interés con un bufido muy serio, Changmin.

El menor rodó los ojos, cruzado de brazos frente a él, en la biblioteca de la facultad. Podía sentir la analizadora mirada de Changmin en ese instante. Pero para esos ratos, Yoochun ya estaba lo suficientemente cansado con el día en su trabajo, como para soportar las exigencias del ‘señorito’ Shim.

—Tenemos que reunirnos mañana, sea como sea, Yoochun.

—Y yo ya te dije que tengo que trabajar. Podemos ir a mi departamento después de clases o dividir el trabajo y luego unirlo.

Changmin agitó su mano. —No, no, no. Eso no nos garantiza que sea un trabajo coherente si cada uno trabaja por su lado, además no pienso hacer el trabajo durante la madrugada como la última vez, es muy cansado.

—Pues no veo otra solución.

Yoochun se apoyó en su asiento y Changmin tuvo que bufar de nuevo.

—Está bien, mañana después de clases. Hoy aviso que me quedó a dormir en tu departamento.

Yoochun sonrió gustoso de haber encontrado una solución, pero Changmin únicamente empezó a recoger sus cosas.  —Tengo que irme. Hoy tengo que preparar la cena.

Cuando Changmin hubiera comentado aquello, Yoochun recién se percató de lo poco que sabía del muchacho. ¿Para quién cocinaba? ¿Con quien vivía? Pronto ambos estuvieron fuera de la facultad camino a la zona principal donde pasaban los autos.

Changmin parecía pensar seriamente en algo.

—¿Sucede algo?

—Oh, no nada. Es solo que… no le gusta que duerma fuera.

Yoochun lo miró. ¿Quién? ¿De quién hablaba Changmin?

—Bien, me voy.

De repente un auto estuvo enfrente, Yoochun percibió cierto de grado de déjavù en la situación. Changmin sencillamente entró en el asiento junto al conductor, a pesar de que por la posición no pudo ver quien conducía.

Sin embargo y a pesar de eso, aquel auto le resultó vagamente familiar.

La noche siguiente habían llegado casi a las once de la noche a su departamento.

Changmin lucía más cansado de lo normal y Yoochun incluso tenía hasta ganas de decirle que mejor lo dejaran para otro día, pero Shim lo ahorcaría si osaba decir algo que cambiara sus planes estratégicamente diseñados.

—Iré a cambiarme de ropa, ¿vas a comprar algo de comida?

Changmin tenía una particularidad, tenía una cara de niño en navidad cuando lo deseaba, aunque su actitud distara mucho de eso, así que de eso se había valido Shim para pedirle que fuera a comprar un poco de comida mientras él seguramente descansaba un poco.

Las puertas del ascensor se abrieron y Yoochun, que iba tarareando una canción, lo primero que vio fue unos zapatos blancos y costosos que había visto hace un par de días en las vidrieras del centro comercial.

—Dime exactamente ¿cuánto sería?

Sus ojos se abrieron estupefactos, subiendo la mirada lo más rápido que podía para poder encarar ese rostro, lamentablemente el hombre ya había ingresado y parecía concentrado en su llamada como para girar, esperando que las puertas se cerraran.

—¿Pollo frito?

Yunho se había acercado a su rostro, con una sonrisa despreocupada en el rostro y Yoochun había perdido de vista al hombre rubio que inusualmente expedía esa aura a Xiah.

—Eh… si, es que…

—¿Yoochun, te pasa algo?

—No solo… ¿Quién era el que entró al ascensor.

—Oh, un amigo. Tengo que presentarlos un día de estos. Y por supuesto también tengo que presentarte a Joong, pero como andas tan ocupado, ¡apenas te veo!

Yoochun asintió, sintiéndose un poco perdido aún, con ese malestar extraño en el estómago, y habiendo perdido el apetito cuando entró en su departamento, dejó a Changmin dormir hasta las tres de la madrugada, que fue cuando recién empezaron a trabajar.

—Dieciséis.

Jaejoong lo señalo de nueva cuenta y colocó una mueca graciosa, que pretendía ser de enojo. Yoochun solo pudo levantar un poco las cejas.

—¿Eh?

—Es la dieciseisava vez que bostezas.

—Lo siento, hyung. No he dormido nada, estaba haciendo un deber para la Universidad.

Jaejoong movió un poco la boca y elevó los hombros.

—Tienes suerte de que hoy no sea un día tan ajetreado.

Yoochun asintió. Bostezando una vez más, tapando su boca por educación y estirando el cuerpo lo más que podía.

—¿Por qué no vas por un poco de café a la cafetería de la esquina y de paso me traes un mocaccino?

Con otro bostezo en la boca, Yoochun asintió, extendiendo un poco la mano y recibiendo los billetes que Jaejoong le entregaba con aquella sonrisa en la boca. Mientras caminó hasta la cafetería. Pensó en que no había sido tan buena idea desvelarse aquella noche pensando en si se trataba de Xiah o no.

Era un poco imposible después de todo.

Yunho no era del tipo de andar en discotecas ni cosas como esas. No lo había podido ver con exactitud, pero por lo que decían Xiah no era una maravilla de persona. Y dudaba, seriamente que alguien como Yunho anduviera con alguien egocéntrico, manipulador y todo aquello que decían de Xiah. Ni siquiera como amigo.

Bebió su café de camino a la florería, con el mocaccino de Jaejoong en su otra mano. Probablemente Changmin se encontraba durmiendo. Claro, como él no trabajaba. Pero para el final de la calle, cuando otra vez se encontraba frente a la puerta blanca con pequeños toques de flores y gracias al café, Yoochun ya se encontraba más despierto.

—Jaejoong hyung, no sabía que azúcar preferirías, así que traje azúcar morena por… si acaso…

Su voz perdió fuerza en tanto se percataba de la soledad que había en la tienda, giró hacia la puerta y recién entonces se percató que Jaejoong había cambiado el letrero por ‘cerrado’

Frunció el ceño preocupado. ¿Habría pasado algo?

Caminó por el estrecho pasillo hasta la oficina de Jaejoong y casi sin pretenderlo o imaginar que estaba ocupado abrió la puerta. Jaejoong estaba sentado sobre el escritorio, con una pequeña risa escapándosele de la garganta. Y aquel hombre que a él le daba la espalda, aparentemente mordiéndole el cuello.

Yoochun sintió esta vez, la molestia muy cerca de su pecho.

—¿…Yunho?

Su voz fue un susurro vago y débil. Que después de dos segundos se reprochó así mismo por ser tan evidente. Yunho giró sorprendido, y Jaejoong carraspeó un poco avergonzado antes de bajar del escritorio. Y arreglar su cabello.

—Yoochun, pensé que demorarías. ¿No compraste tu café?

—Si, pero preferí tomarlo de camino acá.

Jaejoong asintió y Yunho se empezó a acercar a él.

No, no te acerques… por favor”

Quiso retroceder, pero solo dibujó una sonrisa en su rostro.

—Yunho, no sabía que conocieras a Jaejoong.

—Si, nos conocimos hace un tiempo. Ahora que lo recuerdo, un tiempo después de que empezaras a trabajar para él. ¡Ni siquiera recordaba que esta fuera la tienda!

“¿No recuerdas ni siquiera el trabajo que me recomendaste?”

—¿Ah? ¿Ustedes se conocen?

Jaejoong se apoyó desde atrás en los hombros de Yunho y Yoochun asintió, apretando el café en sus manos, con su expresión tranquila, normal, igual que siempre. Aunque el malestar en su interior se hubiera extendido incluso hasta su estómago.

—Si, es mi vecino, del que siempre te he hablado.

—Oh, mira que coincidencia.

Jaejoong en verdad parecía encantado.

Tenía que ser así… ¿verdad?

Yoochun amplió su sonrisa un poco más a riesgo de que pareciera en extremo fingida, pero era eso o desdibujar su expresión calmada por una que esta vez, en verdad lo pondría en evidencia.

—Pero Yunho, tú me habías dicho que su nombre era Joong.

—Oh, si.— Jaejoong respondió por Jung, tomando delicadamente su mano. —Así me dice Yunho de vez en cuando, Jaejoong al parecer le parece muy largo de pronunciar.

Yunho sonrió divertido.

Así de cruel y retorcido.

—¿Qué le pasa?

Lin habló bajo, lo más que podía dentro del bar y para que Gongsu le escuchara, pero el más alto solo levantó un poco los hombros, moviendo la cabeza de un lado a otro. Frente a ellos, el sobrino de Han bebía vaso tras vaso de whisky, vodka, lo que se le pusiera en frente. Como si se tratara de agua.

—El amor… es un asco.

Luego de cuarenta y cinco minutos, aquellas habían sido las primeras palabras de Park después de sentarse a beber como poseso y que tanto Lin como Gongsu fueran a buscar a Han sin hallarla por ningún lado para mala suerte del menor.

—Oye, Yoochun, ¿por qué no descansas un rato y nos cuentas lo que pasó?

—¡No!— Yoochun pegó a su pecho el vaso con ron, elevando un poco su cuerpo ante el hipo que se le presentó. —¡Necesito emborracharme hasta no poder ni siquiera deletrear su nombre!

—Créeme, Chun. Justo ahora no puedes deletrear ni el tuyo.

—¡Claro que puedo! Y-o-o-c-o-n-o.

—Si, que lindo nombre.

Lin y Gongsu rieron, pero Yoochun solo frunció el ceño y bebió lo que le quedaba de ron en la mano. Yoochun descubrió, que tenía poco equilibrio cuando se levantó de golpe de su asiento y tuvo que agarrarse de los brazos de ambos muchachos a su lado.

—Estoy bien, estoy bien…

—No lo estás. Ahora mismo dinos la dirección de tu casa para irte a dejar.

—¡NO! ¡Jamás! Yunho y Jaejoong seguramente están ahí y no soy tan masoquista como para verlos juntos y fingir que soy feliz por ellos. ¡Agh! Soy un asco de amigo, los dos son mis amigos. ¡Pero no quiero que estén juntos!

Yoochun se liberó bruscamente de los brazos de los otros dos y empezó a caminar por entre la gente, logrando que Lin y Gongsu lo perdieran totalmente de vista. Vio entonces las puertas resguardadas otra vez, trató de pasar una mano por su cabello, erguirse nuevamente y enfriar su expresión.

—Buenas noches.

El hombre musculoso lo miró receloso.

—¿Tu eres el sobrino de la señorita Han, cierto?

—Park Yoochun, así es.

Los dos hombres asintieron y Yoochun medio sonrió cuando le cedieron el paso, empezando escuchar a lo lejos a los dos muchachos que por fin habían dado con él.

—¡Oh, por dios! ¿A dónde vas?

—¡Maldición, no entres ahí!

Giró apenas un poco, cuando vio a uno de los guardias retener a sus dos amigos en la entrada, justo antes de que las puertas se cerraran. Pero únicamente levantó dos de sus dedos, formando una ‘v’ y sonrió.

Después las puertas se cerraron. Y Yoochun recordó que no tenía la menor idea de cual era el salón privado de Xiah.

—¿Vas a bailar hoy?

Boa arrugó el entrecejo en cuanto notó el silencio por parte del muchacho pelirrojo que apostaba por mirar el televisor como si en realidad le importara lo que allí exponían.

—¿Estás en ese plan? Recuerda que no eres tan importante.

Xiah rodó los ojos. Y cambió de canal. Pero Boa se plantó frente a él y Xiah lo único que hizo fue levantarse, dispuesto a servirse algo de tomar, pero Boa fue rápida, lo agarró por el brazo y acentuó su expresión molesta.

—¿Por qué me tratas así?

—Por que ya me tienes aburrido Boa, Junho fue tu primer amor, pero ya acéptalo, se casó con una de sus pacientes hace un año. Y no importa lo mucho que me parezca a él. NO SOY ÉL. Ni me gustan las mujeres, y definitivamente no me gustas tú.

La cachetada llegó, sublime y dolorosa, lo suficiente como para que permaneciera en la mejilla de Xiah la marca enrojecida de su piel, incluso los finos dedos de la mujer que ahora lo veían con su expresión a punto de cambiar por una de tristeza.

—En verdad… no te pareces a él.

Los tacos de Boa resonaron por entre el salón y finalmente se permitió suspirar tranquilo cuando la puerta fue abierta y cerrada con la misma velocidad. Abrió un poco la boca, para intentar verificar que todo estuviera bien debido al golpe de Kwon.

Pero antes de que pudiera acercarse a las bebidas, la puerta se abrió de nuevo.

Ya no tendría tanta paciencia.

—¿Qué demonios quieres ahora Boa?

Pero, con las puertas abiertas de par en par, estaba aquel muchacho de cabellos oscuros, con una sonrisa tonta, ahora señalándolo con su dedo índice.

—¡Al fin! Creí que nunca iba a encontrarte, Tarantallegra.

—¿Tarantallegra?

—¿No fue esa la canción que cantaste?

Junsu frunció el ceño. —Lo es, pero ese no es mi nombre.

—Tampoco lo es Xiah.

Abrió los ojos sorprendido. Dejando el vaso de lado y observando al otro cerrar las puertas mientras caminaba un poco tambaleante hasta él.

—¿Cómo lo sabes?

—¿El qué?

—¿Qué Xiah no es mi nombre?

—Oh…— Yoochun elevó un poco la mirada y luego sonrió, levantando un poco los hombros y riendo brevemente. —Solo lo sé, nadie podría llamarse así.

Se sintió molesto, ofendido. —¡Es mi nombre artístico!

—Pues es un nombre muy estúpido.— Y cada palabra Yoochun fue tocando la punta de su nariz, por un momento, ver las mejillas sonrojadas de Park lo hicieron encasillar sus acciones. —No va contigo que eres todo sexy…

Era sexy. Pero muy estúpido. Pudo darse cuenta en ese momento cuando Yoochun movió sus labios lentamente, hablando sin problemas, y luego sencillamente cayó sobre su pecho. Al parecer, dormido.

—¡Quiero matar a alguien!

Han giró ante la entrada del menor quien había arrojado su maleta sobre el sillón y sonrió divertida por la expresión de viejo amargado que el muchacho llevaba.

—Que genio, Changmin.

Pero Shim solo bufó, rascando un poco su cabeza, frustrado y molesto.

—No tengo ánimos para tus ironías, Han. El estúpido de mi compañero jamás llegó para la presentación de nuestro proyecto y me tocó inventarle a nuestro profesor que había tenido un problema familiar y no sé cuanta tontería más.

Se sentó frente a la mujer en la mesa comedor, y recién entonces se percató de la taza con te que tenía entre las manos.

—Por cierto ¿qué haces aquí?

—Que buen anfitrión eres, definitivamente Min.

Esta vez, Shim rodó los ojos. —¿Y bien?

—¿Y bien, qué?

—¿Qué haces aquí?

Han parecía divertida con hacerlo enfadar, pero Changmin solo la miró de mala gana y ella no tuvo más que suspirar y dejar la taza en su lugar.

—Junsu me llamó, tuvo un problema con un cliente.

—¿Junsu? ¿Está bien?

Changmin se había levantado, casi de inmediato corriendo hasta el dormitorio a unos pasos de él, la puerta siendo abierta unos segundos antes de que Changmin llegara.

—Junsu… ¿qué pasó?

—Bueno, digamos que el sobrino de Han, supongo estaba buscándola.

Changmin frunció el ceño, moviendo un poco la cabeza hacia la cama donde reposaba un cuerpo de espaldas a él, aparentemente dormido.

—No sabía que tuviera un sobrino.

—Si, se llama Yoochun.

Los ojos de Changmin se abrieron. —¿Yoo…chun?

Apartó de un empujón a Junsu quien se quejó un poco mientras Changmin agarraba por el hombro al hombre y lo hacía girar sobre la cama. —¡¡Reverendo idiota!!

—¡Changmin, no!

Estaba dispuesto a zarandearlo cuando Junsu lo agarró por los brazos y lo hizo alejarse. Pero Yoochun, sobre la cama únicamente sonrió y Junsu volvió a suspirar. Hastiado de toda esa situación.

11:12

Aquello, fue lo primero que vio cuando abrió los ojos, producto del sol que le pegaba directo en el rostro bruscamente y que le proporciono un calor muy distinto al que sentía hace un momento.

—¡¿Once y doce?!

Se levantó de golpe, sentado sobre aquella cama, completamente desubicado cuando se percató de que no tenía la menor idea de donde estaba, hasta que claro, descubrió a Xiah frente a él, cruzado de brazos, apoyado en una pequeña repisa y con una manzana medio comer en las manos.

—…Tienes el cabello negro.

Junsu bufó.

—¿Es lo único que se te ocurre decir después de haber irrumpido en mi salón, y que tuviera que traerte hasta mi casa, y de paso arruinaras la exposición de mi hijo?

Yoochun, que empezaba a sentirse apenado, abrió los ojos asombrado.

—¿Tienes un hijo?

—Si, su nombre es Changmin.

Asoció poco a poco, lo mínimo que la resaca se lo permitía.

—¿Conoces a Changmin…? ¡Un momento! ¡¿Cuántos años tienes?!

Junsu rodó los ojos, prefiriendo darle otra mordida a su manzana antes de contestar.

—Eso no te interesa, y de todas formas. Tenías razón.

—¿Eh?

—Mi nombre, es Kim Junsu.

—Oh…— Yoochun asintió, si, eso sonaba más normal. Más terrenal. —Pero en serio ¿Changmin es tu hijo?

Cuando se dio cuenta, Yoochun tuvo lo poco que quedaba de la manzana golpeándolo en la cabeza.

—¡Auch! ¿Por qué hiciste eso?

—¡Para ver si se te quita lo idiota! Evidentemente Changmin no es mi hijo, apenas es cuatro años menor a mí. Pero es un hijo para mí, porque yo lo he criado desde que éramos adolescentes. Bueno él era casi un niño cuando se escapó del orfanato.

Yoochun asintió. Changmin era huérfano.

En verdad sabía muy poco de él.

—Changmin quiere matarme ¿cierto?

Sonó lamentable y Junsu pareció contagiarse por ello y solo torció un poco la boca.

—Debería. Pero no al parecer, ¿sabías que está en esa universidad por una beca? El muy tonto no me dejó pagarle los estudios. ¡Y por tonterías como las tuyas no debería bajar su promedio! Tsk… en realidad que eres una molestia.

Auch… Eso de verdad había dolido.

Sin embargo, Yoochun solo suspiró. Y se bajó de la cama parsimoniosamente, no tenía ánimos de ser regañado. No con ese malestar y dolor de cabeza insoportables.

—Lo siento mucho de verdad, pero trataré de solucionarlo con el profesor para que al menos a él no le bajen la nota. Ahora, debo irme a ver si trato de no perder el trabajo por que es muy tarde y…

Junsu bufó otra vez.

—¿Qué parte de ‘debería odiarte’ no entendiste? Changmin está cubriéndote, aduciendo que te sientes peor que con la fiebre amarilla.

—¿En serio?

—Si, y yo tampoco entiendo el por qué.— De repente Junsu sacó de uno de los cajones una funda blanca con varias pastillas dentro. —Ahí tienes, Han las dejó para que no te sintieras tan horrible. Al fondo hay un baño, puedes ducharte y salir. Tenemos que hablar.

Así de fácil y rápido. Junsu había hablado y salido de la habitación.

Dos segundos después, Yoochun estaba preguntándose que demonios estaba pasando con su vida.

Recién duchado y con una ropa que parecía ser la de Changmin, media hora después Yoochun finalmente salió, Junsu ya lo esperaba sentado en la mesa, aparentemente ojeando una revista con una mano apoyada en su quijada.

Definitivamente se veía mejor con su apariencia normal.

Su cabello y ojos negros. Aunque pareciera odiarlo cada vez que lo miraba.

—Hasta que sales.

Yoochun solo respiró hondo.

—¿Vas a seguir regañándome? Por que es un poco odioso viniendo de alguien que es probablemente menor a mí.

—Que seas un par de centímetros más alto que yo no quiere decir que seas mayor.

—¿Un par?— Yoochun sonrió burlón y Junsu volvió a mirarlo con instintos asesinos. —Bien, soy del ochenta y seis…

—Yo también.

—…En junio

Creyó que iba a golpearlo, en verdad lo creyó. La manera en la que Kim cerró la revista fue agresiva, pero suerte solo se cruzó de brazos, con el entrecejo arrugado.

—Da igual. Apenas son unos meses…

—¿Cuándo?

Estaba tentando a su suerte, Yoochun lo sabía. Pero aún así Junsu contestó.

—…Diciembre.

Yoochun trató de que su sonrisa fuera pequeña.

—Como sea, ¿por qué llegaste hasta mí de esa manera?

—Oh…— Yoochun entonces, se removió incómodo. —Es por… problemas personales.

En ese momento, Junsu volvió a tener el control de la situación. Colocó una sonrisa elitista en sus labios. Y se apoyó mejor en la silla.

—No entiendo por que el amor está tan sobrevalorado.

—¡No es amor!

Maldita sea, ¿por qué siempre tenía que terminar siendo tan evidente cuando le hablaban de Yunho y el amor en la misma frase? Junsu solo elevó una ceja.

—Patético y triste. Tienes la apariencia ideal como para ser admirado por demasiados y sin embargo prefieres ser tan… común. Por no decir otra cosa, claro.

—Otra cosa ¿cómo qué?

—Simplón, aburrido, pragmático, ¿sigo?

—No, gracias.

Junsu trató de remediar las cosas.

—Escucha, le das a pena a Changmin y me pidió que te ayudara.

Yoochun solo lo miró incrédulo. ¿En serio tenía que ser tan frío?

—No, gracias. Ahora tengo que irme a mi departamento y…

—Le debes una a mi hijo, deberías agradecer que estoy dispuesto a ayudarte.

Yoochun solo sintió que esa imagen tan atrayente de Xiah se evaporaba, realmente Lin y Gongsu tenían razón. Xiah era perfecto, mientras no abriera la boca. O mejor dicho. Xiah era perfecto mientras Junsu no apareciera.

Xiah era misterioso y silencioso.

Junsu era molesto, egocéntrico y por supuesto tenía ciertos dejes de poder.

—¿Se puede saber en qué piensas?— La molestia era evidente en Kim.

Yoochun frunció el ceño. —En por qué razón eres tan popular si eres insoportable.

Se había levantado, dispuesto a marcharse, cuando la voz elevada y pretensiosa de Junsu se dejó escuchar.

—Puedo ayudarte a que te quites esa imagen de estúpido que el ‘amor de tu vida’ cree que tienes.

—No es el ‘amor de mi vida’.

Yoochun incluso arrugó la nariz. Aquello en verdad se oía peor de lo que parecía.

—Mira, no planeo que lo conquistes o lo que sea que tengas en esa loca cabeza tuya. Planeo hacer de ti alguien que valga la pena, punto. Ayudarte a conquistarlo, sería encerrarte en un círculo vicioso y seguirías siendo igual de patético.

Si, definitivamente entre más lo escuchaba, más desaparecía el encanto de Xiah.

—No, gracias. Ya me voy.

—Yunho no es cualquier persona ¿verdad?

Sintió un frío tremendo recorrer su cuerpo.

Recordó, aquel sujeto que había visto subir al ascensor ese día. ¿Era él?

Enserio ¿era él?

—Sabía que no me equivocaba, cuando corté la llamada ese día en el ascensor me pareció haberte visto en alguna parte y luego ayer, no parabas de decir su nombre.

Oh, dios… Iba a morir de vergüenza ahí mismo.

—Mira…— Trató de recordar su nombre. La jaqueca empeorando a cada segundo. —…Junsu. No es amor, ¿de acuerdo? Si, tal vez me guste. Pero definitivamente no es amor. No puede, no debe, no quiero, no es.

—Entonces, te emborrachaste ¿por qué…?

Junsu hizo el ademán para que continúe, pero sinceramente Yoochun no sabía como continuar.

—De acuerdo tal vez me guste mucho.— Volvió a sentarse. —Pero no es amor.

Junsu sonrió, era ley de equivalencia.

Él siempre ganaba.

—Así que se llama Jaejoong.

Junsu jugó por un momento con el jugo en su vaso, dentro de aquella cómoda cafetería que el mismo había escogido para citarse con Jung, quien parecía más bien un poco disperso ese día.

—Si, tenemos unos cuantos meses juntos. Me gustaría hacer una pequeña cena en casa en estos días. Para que mis amigos más cercanos lo conozcan.

—¿Y quienes son tus amigos más cercanos?

—Solo tú y Yoochun.

Junsu sintió ese escozor de picardía en la punta de la lengua.

—¿Y cómo es Jaejoong?

Yunho sonrió, recordando lo mucho que Kim había insistido en que lo llamara por su nombre completo.

—Es muy divertido, le gusta cocinar y definitivamente es esa parte de mí que no es en absoluto cuidadoso o delicado.

—¿Te gustan afeminados?

Yunho frunció el ceño.

—Por supuesto que no, Jaejoong solo es… único.

Junsu enarcó una ceja.

Oh, Dios… Con razón le gustaba a Yoochun.

Ambos igual de cursis.

Yoochun hacía tareas, cuando le quedaba tiempo, durante el trabajo. Componía en medio del inusual silencio que solía tener y se concentraba en ello. Hasta que claro las pequeñas campanas sonaban y el cliente aparecía.

—¿Qué haces aquí?

Junsu sin embargo caminó hasta el mostrador, envuelto en aquel abrigo beige y sus gafas oscuras. Ahora que lo pensaba, ¿en qué demonios trabajaba Junsu?

—Me da pereza.

—¿Disculpa?

—Me da pereza convertirte en alguien que valga la pena, creo que más fácil es que conquistes a Yunho y se lo quites de las manos al tal Jaejoong.

Yoochun tapó de inmediato la boca de Kim.

—¿Estás loco? ¡Baja la voz!

Junsu asintió sin terminar de comprender. Notando el momento en que una de las puertas traseras se abría.

—Yoochun por favor, ¿podrías llevar este ramo a la cafetería de la esquina? Al parecer un novio va a pedir la mano de una afortunada señorita.

El muchacho castaño habló con cierto deje de burla y Junsu lo analizó rápidamente con la mirada, Yoochun sin embargo ya había asentido.

—Si, claro. Vuelvo enseguida.

—Tranquilo, después van a decir que te exploto.— El hombre sonrió un poco y se dirigió directo a Junsu. —Buenas tardes soy Kim Jaejoong, ¿en qué puedo ayudarte?

Los ojos de Junsu se abrieron con ascetismo y una sonrisa en la boca.

—Un ramo de rosas rojas estaría bien.

—En seguida.

Jaejoong sonrió amable. Y Yoochun salió de la florería viendo con preocupación a aquellos dos que se quedarían a solas apenas él cruzara el umbral de la puerta.

Yoochun contó las monedas en su mano y sonrió.

Había tenido una buena propina.

Pero en cuanto recordó a Junsu en la florería decidió mejor apresurar el paso. Hasta que claro, ese montón de rosas rojas estuvo frente a su rostro, haciendo que varias se desbarataran ante el choque.

—Es complicado.— Junsu apareció detrás del árbol, con su rostro serio y una mano en el bolsillo de su pantalón. —Jaejoong es amable, carismático, familiar, y arrebatadoramente apuesto.

—Si, eso ya lo sé, gracias.

—Va a ser difícil que conquistes a Yunho.

Yoochun abrió los ojos con sorpresa otra vez.

—¡No quiero conquistar a Yunho!— Miró asustado de un lado a otro. Tenía que dejar de alterarse cada que le mencionaban a Jung. —Yunho es mi amigo, Jaejoong también. Los respeto y los quiero. Y son felices juntos. Es todo, mi historia con él terminó antes de siquiera empezar. ¿Si?

Junsu torció un poco la boca.

—¿Y si le damos celos?

¿Es que Junsu nunca escuchaba a las demás personas?

—Ya lo entendí, fue en venganza. ¡Jamás quisiste ayudarme!

Changmin observó pasmado la manera en la que Yoochun lanzaba su pequeña maleta en una de las sillas del comedor de la facultad, dejándolo con la botella a medio beber y sorprendido por el rostro enojado en el mayor.

—¿De qué hablas?

—De la ayuda que le pediste a tu ‘padre’— Yoochun imitó las comillas con sus dedos. —La noche que me quedé en tu casa.

Esta vez Changmin sonrió ampliamente.

—Tardaste en darte cuenta.

—Eres un demonio, un demonio malvado y cruel y despiadado y…

—Y estas haciendo un uso extremo de la conjunción.

Yoochun solo bufó, sentándose en la silla junto al muchacho y bufando con fastidio.

—Junsu es demasiado…

—¿Irritante?— Changmin bebió un poco más de agua. —Sí, lo es.

—¿Cómo puede…?

—¿Ser Xiah y Junsu al mismo tiempo? No lo sé, a veces pienso que es bipolar. Otras que es demasiado talento en el cuerpo equivocado… En realidad no lo sé.

Yoochun suspiró. Notando recién el montón de comida, o al menos lo que quedaba de ella que había en la mesa.

—¿Estabas comiendo con alguien?

—No ¿por qué?

Yoochun entrecerró los ojos. —¿Por qué siempre tienes que comer tanto? Te va a hacer daño.

—Nah… no fastidies, Yoochun.

Y en momentos como esos, Yoochun no entendía a donde había ido a parar todo el respeto que se suponía Changmin debería tener hacía él.

Era viernes, y Junsu brillaba en medio del bar otra vez.

Admirado, rodeado. Siendo tan etéreo. Que parecía solo una ilusión.

Había descubierto por boca de Changmin que Junsu hacía doblajes, de series, películas o anime. Pagaban bien y Junsu vivía además de los regalos de sus admiradores en el bar, lo suficientemente bien como par un día hacerse socio de Han y tener la vida lo suficiente cómoda para él y Changmin.

Lo sabía por Changmin, por que Junsu únicamente le hablaba para sacarle en cara que él era evidentemente mejor, o que era estúpido estar enamorado. O contarle su plan. Oh, si y para ordenarle que hiciera algo.

—Esos ojos han cambiado~

La voz de Lin sonó cerca de su oído y Yoochun sonrió. —¿De qué hablas?

—Xiah, ya no lo miras de la misma forma.

Yoochun pensó en tantas cosas que debería decir.

Tal vez la primordial de ‘Tenías razón’ pero prefirió callar.

—Nunca nos dijiste ¿qué pasó ese día que entraste a la zona privada?

—Mmh… Nada en especial. Fui a buscar a Han, eso es todo.

Lin lo miró con suspicacia, no muy convencido aún, pero Gongsu llegó con un par de bebidas y luego todo pareció estar olvidado.

Esperaba como cada noche, que se le venía haciendo costumbre, a Junsu en el salón.

Miraba justamente su cabello que ya estaba casi por la oreja y que había olvidado en cortar, pensó en lo mucho que odiaba su padre que lo tuviera así.

—No lo cortes.

Junsu apareció por la puerta del baño, con su bata puesta y recién duchado.

—¿Ah?

—Tu cabello, piensas cortarlo. ¿Cierto?

Oh, maldito Junsu… ¿Cómo podía saber antes que él mismo lo que estaba pensando?

—No iba a hacerlo.

—Si, claro.

Junsu se sentó en el sillón. Con tanta tranquilidad y pastosidad que fue envidiable. Con aquella copa de champagne en las manos.

—¿Qué hago aquí? Mañana tengo que ir a trabajar.

—Renuncia. Conviértete en mi manager.

Yoochun rió divertido, sentándose junto a él.

—Si, claro y viajaremos los dos por el mundo. Con lo mucho que me quieres.

—No suena tan mal.

Junsu bebió un poco de champagne y Yoochun por algún motivo sintió, que esas palabras iban con algún deje de verdad.

Alguna vez, sus padres le dijeron:

‘Ten cuidado con las sonrisas. Son armas de doble filo.’

Y su ser se apegó como buen escucha a aquello que podría ser en algún momento el eje de su desgracia, asintió y guardó el consejo para más adelante. Con la conclusión latente de que mientras vas creciendo, más crudos se vuelven los consejos.

Aunque Yoochun tenía el particular privilegio de siempre haber convivido con sus padres de aquella manera. Pero todo lo que en algún momento pudo haber aprendido, se esfumó cuando lo conoció.

Eso, lo tenía claro ya desde hace mucho.

Pero de algún modo tenía que estar agradecido con Junsu, su presencia hacía un poco más amenos sus días en los que vivió con el corazón roto, si, por más cursi que sonara. Cuando descubrió a Yunho y Jaejoong.

Estaba entonces ese pequeño deje aventurado de creer que ya no dolía tanto.

Es más, ya no dolía.

—Entonces ¿me estás queriendo decir que si yo digo primero ‘te quiero’ le estoy dando a esa persona el poder en la relación?

Junsu sonrió feliz. —Exactamente.

Yoochun rodó. —A ti sí que te han roto el corazón varias veces ¿verdad?

Y aunque sonó irónico, Junsu de inmediato frunció el ceño y se cruzó de brazos.

—Es una de mis reglas más importantes.

—De acuerdo, ¿y si me quedo esperando por que esa persona lo diga primero, pero esta persona piensa lo mismo sobre no decirlo primero?

Junsu torció un poco la boca.

—¿Por qué tienes que hacerlo todo tan complicado?

Yoochun sonrió divertido. —¿Yo lo hago complicado?— señaló su pecho y Junsu asintió como si fuera lo más natural del mundo. —Eres inconcebible.

—Ya llegué…— La voz de Changmin se escuchó desde la entrada y pronto tuvo al menor frente a él que de inmediato levantó un poco las cejas. —¿Y tú que haces aquí? ¿Ahora también tengo que verte los domingos?

—Que lindo, Changmin. Me conmueven tus muestras de afecto.

Pero Shim solo rodó los ojos y camino hasta su habitación, aparentemente cansado. Yoochun lo siguió con la mirada.

—¿No va a comer?

—¿Changmin?— Junsu sonó divertido. —Rara vez come, no entiendo como le hace para no adelgazar tanto.

Yoochun lo miró curioso.

—¿Cómo que no come? Si en la facultad lo que más hace ese muchacho es tragar, no comer. Tragar.— Yoochun acentúo sus palabras y Junsu frunció el ceño.

—No es posible… Changmin nunca come tanto.

Sígueme.

Si, Yoochun casi estaba seguro que esas eran todas las palabras que Junsu le hubiera dedicado esa tarde desde que lo recogió en el trabajo aquella tarde de lunes para poder descubrir en que se hallaba Changmin.

Y se sentía estúpido, tratando de esconderse por los pilares, con aquellas gafas oscuras, a unos metros de donde estaba el mesón del bar de la cafetería en la facultad. Pero Junsu había insistido.

Y desde esa perspectiva, Yoochun seguía preguntándose ¿dónde estaba Xiah?

—Ahí está.

Yoochun fijó su mirada en el bar, en aquel muchacho que atendía a Changmin en ese instante, mientras Shim le dedicaba una sonrisa, que sinceramente nunca había visto en el rostro del menor.

Changmin conversaba, incluso reía mientras avanzaban por la sección de comida. Changmin escogía lo que deseaba en su charola y el otro muchacho con una sonrisa en el rostro le servía y continuaba con su pequeña charla.

Junsu tuvo que bajar un poco las gafas del rostro.

—¿Quién es él?

—Mmmh… si no me equivoco su nombre es Minho, ayuda en la cocina cuando puede. Está estudiando en el instituto todavía… creo.

—¿Acaso no estás seguro de nada?

—No, ni que me pusiera a conversar de largo y tendido como Changmin lo hace al parecer.

Ambos regresaron sus miradas a los muchachos y pudo percatarse del movimiento sutil que hacía Changmin, sacando su celular, luego de que Minho asintiera. Al parecer Minho escribió algo en el celular de Changmin y se lo devolvió. Logrando que Changmin sonriera todavía un poco más.

—Le pidió su número.

—¿Qué?

—Changmin le pidió su número ¿Qué se ha pensado este muchacho? ¡Todavía no está en edad de andar con esas tonterías!

Yoochun miró a Junsu como si le hubieran salido tres brazos. —Estas bromeando, ¿verdad?

Sin embargo la mirada de Junsu le indicó, que no era así.

No estaba obedeciendo a Junsu.

En verdad… no lo hacía.

“Compartir intereses, que Jaejoong no comparte con él.”

Eso había dicho Junsu. Pero en verdad no lo hacía por seguir las pautas de Kim. Claro que no, sucede que un amigo en la universidad tenía esas entradas para el partido de baseball y con Changmin odiándolo por haber llevado a Junsu a la universidad, sencillamente no tenía con quien más ir.

—Fue divertido.

Yunho rompió el silencio que se había establecido dentro del ascensor, y Yoochun sonrió volviendo a la normalidad. Sacando de su cabeza a Kim. Con la gorra y todos esos artilugios que habían comprado durante el partido.

—Si, lo fue. En especial cuando la bola salió del campo.

—¡Exacto! Todo el mundo se emocionó.— Yunho rió, Yoochun había olvidado lo mucho que le gustaba esa risa masculina y grave. —Es bueno salir juntos, hace tiempo que no iba a un buen partido. A Jaejoong… no le agradan estas cosas.

Yoochun sintió un pequeño momento incómodo esparcirse.

—Yoochun…

Pero las puertas del ascensor se abrieron y lo primero que captaron sus ojos, fue a Changmin sentado en el pasillo frente a su puerta, con una maleta en la espalda y abrazado a sus piernas.

Yoochun se preguntó ¿cuántas veces habría adoptado el menor esa posición al escuchar las puertas del ascensor abrirse? Con lo manipulador que era…

—Changmin, ¿qué haces aquí?

Pero Shim se levantó de inmediato, con una expresión resignada en el rostro.

—Me peleé con Junsu, se puso en un plan estúpido de que primero debería terminar mi carrera y dejar mi intento de relación con Minho para un par de años después ¿puedes creer? Ni que tuviera quince años.

Yunho pareció un poco sorprendido.

—Tú eres… ¿ese Changmin?

Yoochun se movió. —Oh, Changmin, él es Yunho.

—Mucho gusto.

Ambos asintieron un poco y de inmediato, Yoochun pudo ver su celular timbrar.

Era Junsu.

—¡¿Perdiste la cabeza acaso?! ¡¿Por qué tengo que pedirte permiso?!

—¡Por que eres mi responsabilidad, maldición!

Yoochun cerró los ojos otra vez. Apoyado en la pared fuera de su departamento, escuchando como a pesar de todo. Y con la puerta cerrada, los gritos se escuchaban a viva voz.

—Creo que esto va para largo.

—Lo sé.— Se lamentó Yoochun, Yunho pareció sentirse mal por él. —Y mañana tengo que trabajar.

Jung en ese momento suspiró.

—Tienes razón. Vamos…

—¿Eh?

Yoochun sintió que algo andaba mal cuando su corazón latió acelerado, Yunho lo había agarrado por el brazo, caminando directo hacía su departamento.

—¿Yunho?

—No voy a dejar que duermas en el pasillo, menos en ese departamento que justo ahora es puro grito.

Pronto estuvo dentro del departamento del mayor, respirando hondo y lo más calmado que podía. Yunho empezó por quitarse la chaqueta que había llevado, y Yoochun solo suspiró. No tenía por que ponerse a pensar de más.

Yunho solo lo tenía ahí por consideración.

Por que era demasiado buen amigo.

—Nunca me contaste como conociste a Junsu.

Yunho le ofreció un poco de agua y Yoochun sonrió nervioso.

—Bueno… él es, socio de una tía mía.

—Oh, esa no me la sabía.

Yoochun sonrió, sintiendo esa tensión desaparecer tan pronto, que fue incluso hasta divertido. Por que las divagaciones desaparecieron y él se sintió tan plácidamente cómodo que incluso hasta su corazón dejó de latir acelerado.

—¿Quieres ver alguna película?

—Claro.

A Yunho le gustaban las películas de acción.

Lastima que a él, no.

—¡Despierta!

El aplauso cerca de su rostro lo hizo abrir los ojos de repente.

Jaejoong sonrió, y Yoochun solo bostezó un poco.

—Lo siento, hyung. Es que no dormí muy bien.

—Lo sé. Yunho me contó de la pelea de tus amigos en el departamento.

Yoochun asintió, en verdad ¿se contaban todo?

—Yoochun… ¿tú crees que ya estoy listo como para tocar una canción por mi mismo?

En ese momento, hubo un suspiro de su parte. Recordando las palabras de Jaejoong, el primer día que se conocieron. Quería tocar el piano, para alguien especial.

—Si, hyung. Has avanzado rápido. Seguramente si lo intentas tú solo, lo harás bien.

Jaejoong pareció contento, yendo al invernadero para poder continuar con lo que hacia hace unos minutos. Pero Yoochun únicamente levantó un poco los hombros, las semanas no pasaban en vano. El tiempo estaba haciendo mella y por suerte su amor no correspondido estaba quedándose atrás…

…Sino fuera por él.

—¿Estás solo?

—No, Junsu. Jaejoong está adentro.

Junsu le restó importancia a aquello y terminó de entrar en la tienda, haciendo sonar las campanas y acercándose a él velozmente.

—¿Y bien? ¿Qué tal?

—¿Qué tal, qué?

Kim bufó con exasperación.

—¿Qué tal te fue ayer con Yunho? No montamos todas esa pantomima con Changmin solo por diversión ¿sabías?

—¿Panto…mima?

Era mentira, tenía que ser mentira.

—Si, bueno. Changmin y yo si discutimos un poco ayer. Pero al final Changmin me dijo que apenas y se estaban conociendo. Así que decidimos dejarlo al tiempo y más adelante si las cosas funcionan, llevará a Minho a cenar a la casa. El punto es que luego de la discusión se nos ocurrió la idea de la huida de casa de Changmin para que pudieras dormir en el departamento de Yunho y avanzar un poco. ¿Lo hiciste?

Un tic, su parpado medio cerrándose, medio abriéndose, eso tenía que ser un tic en el ojo, por culpa de esos dos malditos inconscientes. Manipulador e inconsciente Kim Junsu. ¿Cómo había caído tan estúpidamente?

—¿¡Están locos o qué les pasa!?

—Shh… baja la voz.

Junsu agitó un poco las manos, pero Yoochun solo entrecerró los ojos.

—No, no más. No me des más órdenes. No quiero que sigas controlando mi maldita vida a cambio de un favor que no te pedí. Me da igual si Yunho está enamorado o no de Jaejoong, ¡que hagan lo que se les venga en gana! Entre ellos yo no pinto ni medio centímetro de historia, así que deja de intentar que me le meta por los ojos a Yunho. Y sal de mi vida para siempre.

Yoochun apretó sus puños con fuerza.

—¿No puedes entender que esos dos se quieren? ¿E interceder es egoísta y molesto? Pero que digo, no lo sabes. Claro que no lo sabes. Solo te crees superior por que jamás te has enamorado, estás tan alto que el amor no te toca, pero no por eso tienes que hacernos miserables al resto.

Los ojos de Junsu se abrieron mucho, y por ese pequeño instante. Poco tiempo después de haber terminado de hablar. Yoochun se arrepintió de haber sido tan impulsivo.

—Tienes razón, lo siento. No debí entrometerme.

Lo vio agachar la cabeza, por primera vez lo vio agachar la cabeza y salir de ahí. Tan velozmente que el arrepentimiento llegó casi con la misma fuerza.

—Fuiste cruel.

La voz de Jaejoong lo tomó por sorpresa. Yoochun giró para verlo con una caja de claveles entre las manos y una expresión de empatía por Junsu que él desconocía.

—Jaejoong hyung…

—¿Yunho… él aún te gusta?

—¡No!— Yoochun sacudió un poco sus manos, y le sorprendió lo rápida y real que fue esa respuesta. —En verdad no, me gustó mucho hace un tiempo. Pero ya no, hyung. Lo digo en serio. Es un buen amigo, solo eso.

—Entonces, ¿por qué fuiste tan cruel con él?

Buena pregunta.

Yoochun suspiró, bajó un poco la cabeza y pensó que hubiera sido bueno si aquel día no se hubiera emborrachado por Yunho y Jaejoong. Y así su imagen etérea de Xiah jamás hubiera desaparecido.

..:: 5 ::..

“Es extraño, el amor y las cicatrices que deja.

Un corazón intacto está en proceso de aprendizaje.

Un corazón herido, sabe que grietas no pisar para no salir herido otra vez.

Pero sabe también, que hilos no jalar para no herir a otro corazón.”

..:: Kim Junsu ::..

Llegó de improviso.

Brusco y violento. Un golpe directo en su mejilla proporcionado por aquel puño cerrado de Changmin que se estrelló con verdaderas ganas en su rostro.

—Maldición Changmin… ¿Había necesidad de ser tan brusco?

Yoochun se quejó débilmente, con una mano en su mejilla que ya estaba hinchada, pero Shim solo sacudió un poco su mano, con el entrecejo todavía arrugado y esa expresión molesta que parecía no variar en cualquier momento.

—¿Se puede saber que le hiciste a Junsu?

—¿De que hablas?

—¿Qué le dijiste?

Park suspiró. Todavía con una mano en su mejilla y la expresión arrepentida clavada como perpetua mascara en su rostro.

—Cometí un error, ¿vale? Le grité que desapareciera de mi vida. Y que él nos hacia la vida miserable a todos, por que jamás se había enamorado.

Changmin bufó con molestia y rodó los ojos.

—Eres patético.— Yoochun se sintió perdido otra vez. —¿Conoces a Boa, cierto?— Yoochun asintió, entonces Changmin decidió continuar. —Junsu tiene un hermano gemelo, llamado Junho. Junsu siempre estuvo enamorado de Boa, pero ella solo tenía ojos para Junho, un día Junho viajó al extranjero y conoció a una muchacha. Boa se deprimió por que al final nunca pudo tener algo con él y ahora era más que imposible por la distancia y esa chica. Y Junsu estuvo ahí para ella.

—Entonces… ¿Junsu y Boa salieron?

—Algo así. Junsu sabía que en el fondo Boa accedió a salir con él por su parecido con Junho, fue una relación si me preguntas, muy autodestructiva. Lo más estúpido que Junsu ha hecho hasta ahora. Pero ambos se dieron cuenta de que eso no iba ni para atrás ni para adelante y cortaron por lo sano, supuestamente.

Yoochun se removió incomodo. —¿Supuestamente?

—El corazón de Junsu quedó muy deteriorado. Fue entonces cuando apareció Xiah. Se dio cuenta que atraía muchísimo las miradas, aprendió a disfrutar de ello. Y colocarse esa mascara de frialdad que no posee. Solo para que no le hagan más daño. Es estúpido, cliché y todo lo que quieras. Pero lamentablemente así funciona la lógica en ciertas personas.

Changmin rascó un poco su cabeza y mordió su labio inferior.

—Yoochun tu crees que has ido conociendo al verdadero Junsu y que Xiah es un espejismo, pero no es así. Tú en verdad estas trayendo de vuelta al Junsu de antes y haciendo que se olvide de esas tonterías del amor en segundo plano. Estás siendo algo así como una cura.

—¿Qué sucede, cariño?

Han colocó una mano sobre su cabello, y Yoochun únicamente pudo suspirar. Su tía masajeando suavemente su cabello. Siendo reconfortante y pacifica.

—Hoy no has querido hablar con tu hermano.

—No estaba de ánimos. Además seguramente la llamada hasta acá es costosa.

—No le cuesta a él.

Yoochun sonrió, reincorporándose un poco y con un suspiro evacuando de su boca.

—¿Hace cuanto conoces a Junsu?

—Un par de años.

—Él siempre ha sido… ¿así?

Han sonrió. —Creo que me gusta este Junsu que estoy viendo a diario si me preguntas. Aunque en esencia siempre fue el mismo Junsu, solo que ahora lo puede demostrar con más facilidad.

—¿Y por qué yo?

—¿A qué te refieres?

—Changmin dice que soy yo quien está trayendo al Junsu de antes, ¿por qué yo?

Yoochun miró con atención a su tía, pero ella solo dibujó una sonrisa en sus labios.

—Hay personas, cariño. Que llegan y lo cambian todo. Y entre más intentas comprenderlo, más difícil se te hace.

Junsu, o mejor dicho Xiah ya no bailaba en el bar.

Ya no se apagaban las luces y los reflectores lo iluminaban, ya no había aplausos y ovaciones, ahora era Junsu, quien salía a bailar como cualquier otro, sin bailarines ni corografías que le rindieran pleitesía, ahora solo bailaba y se divertía.

La gente extrañaba a Xiah.

Por que pensaban que se había ido, y nunca más regresaría.

Por que no sabían, que Junsu, estaba ahí. Que era Xiah con distinto color de cabello y diferente color en sus ojos.

Yoochun iba a veces y se asustaba por tener que confrontarlo.

Por que no sabía como mirarlo y pedirle disculpas. O que Junsu de pronto con lo descarado que solía ser le dijera de frente que le gustaba.

No, prefería mirarlo.

Verlo reír y bailar junto a los demás.

Junto a Lin y Gongsu que sin saberlo bailaban con la leyenda que una vez llevó por nombre Xiah y que un día sencillamente desapareció.

Prefería que ese extraño sentimiento que ahora se alojaba en su garganta se quedara ahí. Que el malestar en su estómago fuera ignorado cada que Lin y Gongsu le coqueteaban directamente a Junsu, o peor cuando algún extranjero le hablaba en el oído y Junsu sonreía gustoso de salir a bailar. Si el malestar en el pecho era mil veces peor.

—Me aburres~ ¿Cuánto tiempo más pretendes seguir fingiendo que Junsu no te importa?

Yoochun miró de mala manera a Changmin quien ni se inmutó, tomado de la mano de Minho a su lado quien solo lo miró atento.

—Por cierto, ¿qué hace Minho aquí, no tiene diecisiete todavía?

—Cumplí los dieciocho la semana pasada.

Minho sonrió orgulloso y Yoochun rodó los ojos.

—Creo que me voy.

—Claro que no, vamos a bailar.

La mano de Jaejoong lo tomó por el brazo y lo jaló hasta la pista de baile, pero de ninguna manera tenía la intención de bailar y eso fue claro cuando, segundos después Jaejoong le quitó la pareja a Junsu y lo puso a él. Aunque el gusto le duró poco al extranjero por que pronto Yunho llegó y bailó junto a Jaejoong, dejándolo completamente fuera de juego.

Por su lado, Yoochun se quedó estático, justo frente a Junsu que solo sonrió.

—No tienes por que poner esa cara. Ni que fuera a saltarte encima.

—No es eso… es solo que, es extraño. No lo sé, hace mucho que no te veo.

Junsu asintió. Y Yoochun se percató que mientras el resto bailaba los dos permanecían completamente estáticos en medio de la pista de baile.

—Ven.

De acuerdo, era estúpido. Pero tenía que admitirlo. Había extrañado incluso esa maldita manía de Junsu por jalarlo de un lado a otro. El bar estuvo a su disposición y Yoochun sintió que no era el momento para ser estúpido, pidió solo un coctel. Junsu sin embargo un whisky.

—No suelo beber, no me gusta y soy malo con el licor.

Yoochun sonrió. —Con razón nunca te veía beber otra cosa que no fuera champagne.

Él asintió y volvió a sentir la incomodidad entre el silencio.

—Lo decía en serio.

—¿Eh?

—Cuando te propuse que fueras mi manager, lo decía en serio.

Yoochun miró el perfil de Junsu, la manera en que sostenía el vaso sobre el mesón, el poco licor que quedaba, acompañado apenas por los cubos de hielo.

—Sigo opinando lo mismo, ¿sabes? Eres muy… común.

—Por no decir otras cosas.

Junsu sonrió ante las palabras de Yoochun, recordando aquel día y luego solo suspiró.

—Aún no he terminado mi carrera.

—Lo sé.

—Puede que aún me guste Yunho.

—Sé que no es así.

—¿Cómo estás tan seguro?

—Por que soy Xiah Junsu.

Yoochun sonrió, la expresión de Junsu tan grabada en su cabeza de repente.

—Entonces, ¿qué dices?

—Recién voy a concluir mi primer año de estudios.

—Puedes continuar cada que tengamos unas vacaciones.

—No tengo experiencia como manager.

—Aprenderás rápido. Además no es como si tuvieras que dejar tus estudios justo ahora. Evidentemente mi carrera como cantante empezará acá en Seúl. Cosa que tendremos que ir poco a poco. Ya luego veremos que hacer.

Tenía ese presentimiento, esa voz de la razón desvaneciéndose poco a poco. Y Junsu a su lado, esperando por una respuesta. Y Yoochun ahora que se percataba, en ningún momento había hablado con Junsu respecto a lo otro.

—Junsu por cierto…

—¡Oh, demonios!

Y las manos de Junsu fueron con fuerza hasta su ropa, jalándolo hacia él en un movimiento brusco y un encontrón de labios que lo tomó por sorpresa, probablemente a ambos. Los impulsos de Junsu hasta hace poco arraigados habían despertado justo en ese momento.

Los labios suaves y finos habían chocado con los gruesos y atrayentes del otro. Yoochun había cerrado los ojos. Presa de ese borbotón de sensaciones que despertaron tan solo con un beso. De las emociones latentes que se escribieron luego de ese beso.

—¿Es esa una razón suficiente para ti?

Yoochun por un momento se preguntó, ¿Qué si de haber hecho desde un inicio hubieran estado hablando por tanto tiempo?

—Vale, acepto.

A Yoochun no le gustaba aceptar el hecho de que tenían una relación.

Todavía no, aún estaban… intentándolo.

Aunque muy por fuera, Junsu decía que eso de ponerle título a las relaciones era fastidioso. Yoochun se empeñaba en tomarse las cosas con calma, en especial con Junsu. Por que quería que las cosas salieran bien.

—¿Saldré en televisión? ¿De verdad?

—Si, mí tía Han, conoce a la esposa del dueño de un canal de televisión muy popular y han encontrado un pequeño programa de variedades para que te presentes.

Los ojos de Junsu parecieron brillar, antes de abrazarlo con fuerza y depositar un beso en sus labios. ¿A eso sabía el éxito? Pues entonces Yoochun iba a volverse un hombre de éxito.

—Hay que celebrarlo. Deberíamos llamar a todos los muchachos.

Junsu de repente parecía emocionado, y Yoochun solo pensó que por un momento que hubiera estado mejor celebrar a solas con Junsu. Pero era la celebración de Junsu y era mejor complacerlo.

—Yoochun, espera.

Antes de que levantara el teléfono, Junsu lo había tomado de la mano, haciendo que dejara el teléfono en su lugar. Con una sonrisa en los labios, sentándose descaradamente sobre sus piernas.

—¿Sabes una cosa?— Y el mismo Junsu había empezado a guiar las manos de Yoochun tras su espalda, en toque algo lascivo que combinaba a la perfección esa sonrisa que Kim ahora le proporcionaba. —Me gustaría antes que todo, seguir intentando que cambies de etiqueta a esta situación de tú y yo juntos.

A Yoochun le gustaba esa palabra… ‘intentar’

Junsu atrapó sus labios otra vez, y las manos de Yoochun por instinto viajaron hasta el cuello de él, terso y límpido. Ajustando ese cuerpo al suyo con una facilidad asombrosa. A las manos de Junsu que pronto se metían bajo su camisa y lo hacían querer besar cada parte de esa piel.

Intentaba, al menos poco a poco que sus sentimientos no incrementaran con esa velocidad sospechosa que empezaba a suponer lo estaba haciendo.

Intentaba no enamorarse tan pronto. Aunque ya lo estuviera.

Intentaba no darse cuenta, del momento exacto en que empezó a olvidarse de Yunho y solo empezó a pensar en Junsu. Y más que nada intentaba que Junsu se diera cuenta de lo mucho que esperaba por que lo dijera primero, que soltara él primero ese ‘te amo’

No por el control en la relación o esas estupideces que Junsu antes proclamaba.

Deseaba escucharlo, por que necesitaba que Junsu dejará atrás sus tontas reglas con él.

En cuanto sintió las manos de Junsu empezar a alzarle la camisa, él estaba dispuesto a alzar los brazos, sino fuera por el inoportuno timbre y el bufido de ambos, que termino en ambos arreglando su ropa y cabello lo mejor que podían.

—¡Felicitaciones~!

Amigos, dulces e inoportunos amigos atrás de la puerta con pastel en mano encabezados por Han quien con una sonrisa en el rostro comprendió lo que sucedía.

—Ups, creo que interrumpimos.

—Si, pero ya que… Pasen.

Junsu sonrió, y tomó el pastel entre sus manos. Changmin como siempre rodó los ojos y continuó hacia el departamento. Y resultaba extraño tenerlos a todos ahí, de repente. Formando parte de una vida que Yoochun de pronto había formado.

Que comenzó con una decisión en otro país y ahora se aventuraba a un futuro prospero.

Tenía esa imagen de Junsu grabada en la mente.

La primera vez que lo vio y sus instintos despertaron ante su presencia.

—Oh, por cierto. Yoochun…— La voz de Han se escuchó desde la cocina. —Nunca te mencioné que viste a Junsu mucho antes aquel día en la discoteca.

—¿Disculpa?

—Si, el chico que manejaba el auto. Era Junsu.

Los ojos de Yoochun se abrieron con sorpresa, buscó la mirada de Junsu, pero Kim solo sonreía tranquilo, sirviendo un pedazo de pastel a Yunho y Junsu. Minho sin embargo se sentó junto a Changmin en el sillón.

—Y eso nos deja en claro que Park Yoochun es un superficial, solo se fijó en Junsu cuando lo vio violando el escenario.

Las risas escaparon de un lado a otro y Yoochun buscó de inmediato abrazar por la espalda a Junsu.

—¿Sabes que no es cierto, verdad?

—Claro…— Yoochun sonrió contento. Pero Junsu levantó un poco los hombros. —Aunque tienes que admitir que en parte tienen algo de razón.

Yoochun hizo un pequeño mohín con la boca. Pero Junsu solo sonrió divertido, girando apenas un poco para poder depositar un beso en sus labios, Junsu intentaba, que Yoochun se percatara de lo mucho que lo amaba, sin tener que usar las palabras.

“Si pienso con el corazón,

Junsu es… esa parte de mi que me hacía falta.”

..:: Park Yoochun ::..

 

 

 

 

::: FIN :::

 

 

 

 Bueno, la verdad es que no sé que pasa conmigo xD

Estaba revisando mis carpetas y me encontré con este fic que al leerlo de pronto lo recordé y dije “¡Me encanta!” xD y no sé porque razón no lo tengo publicado en mi blog. Es raro~

Medio recuerdo haberlo hecho para un concurso, pero no sé si lo envíe o que mismo pasó, lo más seguro es que no lo terminé a tiempo y luego simlemente fui olvidando el publicarlo xDD

Así que espero que les haya gustado  o al menos los haya hecho sonreír.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5 comentarios sobre “Si piensas con el corazón

    thalilohe escribió:
    17 junio, 2014 en 21:02

    Muy buen shot!! creo que el Yoosu esta un poquito olvidado, y leer algo tan genial de ellos es refrescante!
    Como se estaban dando las situaciones, en algun momento pense que Changmin quedaria con Han. Me ha encantado como se desarrollo la relación del Yoosu!! Gracias por compartirlo!!😀

    Me gusta

      katy escribió:
      19 junio, 2014 en 15:24

      ¡¡¡Hermoso!!! me encantó, como todo lo que escribes. Había extrañado mucho leerte. Gracias por subir el oneshot, ya hacía falta una buena historia para leer del YooSu.

      Me gusta

    fara escribió:
    20 junio, 2014 en 22:58

    Agradable volver a leerlo…. me parece que si llegaste a publicarlo en algún concurso porque la historia de Boa y Junsu, hasta de la tía Han me parecen haberlas leído en algún oro lado y tienes que ser tu.
    Extrañamos al Yoosu!!!

    Me gusta

    Itayuyi escribió:
    22 junio, 2014 en 11:11

    Me encantó y mira que no soy mucho de Yoosu, pero estuvo genial!!! La historia me tenía en suspenso, y el final simplemente perfecto!!! ^^

    Me gusta

    Evelyn escribió:
    23 julio, 2014 en 21:51

    Siempre es un placer leerte Nesly, es que nos tienes tan acoatumbrados a tan buenas historias…es simplemente una bella historia, me encanta, ojala tuvieras mas tiempo de escribir nos harias tan feliz **

    Me gusta

☆ Por que mi único sueldo, son sus bellos comentarios ↓ ツ

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s