Sindrome del último beso

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 Los créditos de la imágen a:  Lu~

La muerte tiene el trabajo más cruel de todos.

Sus besos saben a muerte, su ser tiene prohibido conocer el amor.

{YooSu}


 

 

 

Síndrome del último beso

Capitulo Único

YooSu

 

Aún llovía, cuando Junsu ingresó caminando entre los pasillos de esa oscura noche de invierno.

No tardó demasiado, los pequeños gemidos de dolor y la respiración contrariada lo llevaron con facilidad hasta la mujer que lograba retorcerse sobre la cama y se quejaba adolorida. Junsu la contempló un instante, su piel blanca y su cabello negro largo y desatado mientras sudaba y las damas de compañía a su alrededor únicamente clamaban por un poco de calma en la mujer que todavía se quejaba y murmuraba maldiciones en silencio.

La vio mirarlo, identificarlo prontamente con el ceño fruncido y sin que nadie más pudiera verlo.

Entonces el sonido pareció ser eliminado para los dos, la mujer pareció recuperar el aliento mientras lo miraba y las voces preocupadas de las nodrizas a su alrededor intentaban llamar la atención de la reina que en ese momento parecía haberse quedado mirando a la nada. Junsu caminó hasta ella y acarició sutilmente la barriga abultada de la mujer.

Era una pena.

—Adiós Elisabeth.

Con esas últimas palabras besó sus labios, pronta y cortamente lejos de cualquier otra mirada que no fuera la de ella. Cuando estuvo a punto de salir por la puerta de aquella habitación, los gritos de Elisabeth empezaron a escucharse con fuera y pudo ver a lo lejos al rey estremecerse ante los dolores de parto que su amada reina estaba por empezar a sufrir.

 

 

—¡Es un varón! ¡Un niño muy hermoso y saludable!

El rey corrió hacía la partera que traía entre sus brazos a su primogénito, miró pequeño cuerpo y sus manos que movían inquietas de un lado para otro, aún con los ojos cerrados y un llanto permanente mientras se movía cada vez más inquieto entre esas manos ajenas.

—Elisabeth… ¿cómo está ella?

Pronto el semblante de la mujer había cambiado, sus ojos parecían lejanos y ahora acariciaba con cuidado el pequeño cuerpo del príncipe entre sus brazos.

—Ella no está bien mi señor.

Pronto Hyunsik corrió hacía la habitación y sus pasos se perdieron velozmente en el pasillo.

 

 

—¿Sabes lo que es el beso de la muerte?

 

Ocho años después Hyunsik caminaba tranquilo por las áreas verdes de su castillo, miraba el pequeño jardín que Elisabeth había decidido colocar en una de las esquinas de su palacio y las rosas que florecían de ese pequeño espacio, a Yoochun le gustaba jugar ahí, pasaba varias horas y a Hyunsik no le molestaba complacer  su hijo cuando le pedía jugar con el hijo menor de su nodriza y pasar incluso horas cerca de aquellos campos.

La ausencia de Elisabeth se había marcado como un halo de vacío alrededor de ellos, uno que Hyunsik no podía superar muy bien todavía, pero Yoochun aún parecía no notarlo y se conformaba con sus sonrisas un poco vacías y sus ganas inherentes por complacerlo en todo.  A veces, pensaba que estaba comportándose como un pésimo padre.

 

—¿El beso de la muerte?

—Sí, es una leyenda que escuché ayer mientras acompañaba a mamá a comprar la comida a la plaza.

 

Changmin se había acercado al rostro de Yoochun con sus ojos muy abiertos y los ojos brillando como dos faroles.

 

—¿Y de qué se trata?

—Dicen que la muerte toma forma humana, y si te selecciona, te besa y desde entonces quedas marcado. Porque sus besos son el último suspiro de tus labios.

 

Yoochun miraba atentamente al menor, con su cabeza llena de cavilaciones y repentinamente había mordido su labio inferior, llevando su índice hasta la boca.

 

—¿Y entonces qué pasa si un día se enamora? ¿Nunca podrá besar a esa persona?

 

Changmin parpadeó sorprendido —¿Qué? —luego simplemente bufó, con las manos en su cintura— Acabo de contarte una historia genial y lo único que se te ocurre son cursilerías… Además, la muerte no tendría por qué enamorarse…

—Es cruel ¿no crees? —Yoochun bajó la mirada un poco— Amar a alguien y no poder besarla porque entonces le quitarías la vida y no la podrías ver más.

 

Changmin rodó los ojos.

 

—Es increíble que eso es en lo único que puedas pensar.

 

Yoochun rió divertido y luego simplemente empezó a correr, habiéndole quitado la gorra que el menor tenía sobre la cabeza. Hyunsik los observó a la distancia, las quejas de Changmin y las risas de Yoochun, su hijo realmente era sorprendente, tenía tanto de Elisabeth, que incluso en momentos como este no podía evitar suspirar y pensar en lo mucho que se parecía a ella.

 

 

 

—Amar a alguien y no poder besarla porque entonces le quitarías la vida y no la podrías ver más.

 

Junsu había alzado la mirada, trepado a unos dos metros de distancia de aquellos pequeños que hablaban tranquilamente. No logró focalizarlos con facilidad, desde aquel árbol la imagen de los dos era un poco difícil de hallar, pero había escuchado su voz desde el inicio de la conversación, y entonces lo divisó.

Con su sonrisa deslumbrante y su piel tan blanca y radiante que podía llegar a dejar a cualquiera estático por un par de segundos. Lo vio jugar junto al muchacho de ojos grandes que tan solo se quejaba una y otra vez.

 

—Así que sientes pena de mí, ¿eh?

 

Sonrió ligeramente, jugando con la pequeña manzana entre sus manos.

Aunque era cruel también que nadie más aparte de sus víctimas lo pudieran ver.

Vivía irónicamente rodeado de soledad.

 

 

—Ya es hora de que se acuesten a dormir.

Eunji había sonreído abiertamente en cuanto un puchero de la boca de Yoochun se había hecho presente, negando rotundamente a sus palabras.

 

—Un par de horas más Eunji noona, Changmin y yo queremos jugar un poco más.

 

A Eunji le hubiera gustado dejar un rato más a su hijo junto al príncipe Yoochun, pero aquello era mucho más complicado de lo normal. De todas formas el rey le había pedido acostar al menor, aparentemente iba a beber y no quería que de ninguna manera el menor lo viera en esas condiciones, así que partiendo de ese punto, Eunji se negó rotundamente.

 

—No, príncipe, lo lamento. Mañana pueden levantarse temprano e ir a jugar desde que salga el sol si lo desean.

—¿En serio?

 

Los ojos de Yoochun se llenaron de ilusión.

 

—Madre, ¿lo prometes?

 

Y ahora también tenía a Changmin jalando de su manga, por lo que a Eunji no lo quedó más que  asentir y acceder a cuidarlos desde temprano cuando salieran a pasear. Yoochun, una vez se encontró solo en su habitación, suspiró. Miró el techo de su habitación y acomodó la manta que lo cubría del frío. Sus dedos tamborilearon sobre su pecho impacientes. En realidad no tenía muchas ganas de dormir.

 

Escuchó los pasos suaves fuera de su habitación y la sombra pasar fuera de su puerta. La curiosidad del menor se despertó al instante, no eran horas para que la gente anduviera deambulando. ¿Se trataría de su padre?

 

Se levantó con cuidado y caminó hasta la puerta abriéndola lentamente, mirando de un lado a otro antes de atreverse a salir de la habitación. Fuera, hacía mucho más frío de lo habitual, por lo que tuvo que juntar un poco sus brazos y caminar rápidamente. En el piso inferior las luces estaban encendidas, pero Yoochun prefirió no bajar, estaba casi seguro que la sombra había pasado de largo.

 

Luego, cuando pasó más de media hora y no encontró a nadie rondando por ahí. Yoochun bufó.

 

¿Acaso lo había imaginado?

 

Finalmente agitó sus cabellos y regresó corriendo a su habitación.

Mañana tendría una historia curiosa que contar a Changmin.

Yoochun no pudo ver a Junsu frente a él, sonriendo como hace años no lo lograba hacer.

 

 

La segunda vez, ocurrió dos años después.

Junsu miraba a Yoochun entrenar junto a Changmin, el cuerpo del menor se había estirado mucho más que el del príncipe y Yoochun solía reclamárselo cada cierto tiempo, pero el otro solo reía y se sentía aún más orgulloso de su altura a pesar de que ambos tuvieran aproximadamente doce años de edad.

 

Curiosamente Junsu regresaba cada cierto tiempo, la belleza de Yoochun había alargado su fama en sentidos incomparables; había llegado incluso a otros reinos, fuera del país inclusive. Su juventud contradictoriamente detenía cualquier intento de casar al príncipe que aún parecía vivir en su propia esfera de cristal. Y Junsu se seguía sintiendo como jalado por un imán.

 

—Nacen pocos como tú…

 

Había comentado una mañana de abril mientras lo veía esquivar un par de ataques del menor, que por lo visto con el paso de los años se convertiría en su mano derecha. Junsu pretendía pocas veces que era algo más que curiosidad, pero sin pretenderlo había estado ahí desde el día de su alumbramiento y ahora seguía ahí. ¿Podría alguien como él merecer uno de sus besos?

 

Junsu esperaba que no.

 

—¡Changmin—ah! —Eunji apareció con un pequeño trapo entre las manos y bastante sudorosa al parecer— ¡Ven ayudarme muchacho, esa gallina es imposible de atrapar!

—¡Sí! —Changmin giró una vez más ante Yoochun— Ya vuelvo…

 

Park apenas había logrado asentir, esquivamente le hubiera gustado ir con él, pero contradictoriamente a sus instintos decidió quedarse un rato más y mover su cuerpo una y otra vez mientras fingía atacar con su lanza a un enemigo invisible frente a él.

 

—Bien. ¿Cuánto tiempo más planeas estar ahí?

 

Junsu parpadeó sorprendido, Yoochun seguía entrenando, no se dignaba a mirarlo, así que dudo que se tratara de él. Sin embargo el pequeño heredero de los Park volvió a hablar.

 

—¿Quién eres? Porque para que Changmin, siendo tan astuto, no te haya visto. Debes ser realmente bueno.

 

Esta vez los ojos de Yoochun se fijaron en él. Junsu que se encontraba una vez más sobre uno de los árboles sonrió. Dio un pequeño salto y quedó justamente frente a él, sorprendido en parte. Agobiado en particular.

Supo inmediatamente lo que debía hacer.

 

Sin embargo era tan joven… tan hermoso.

Era Park Yoochun, el futuro rey de esa nación.

 

—¿Eres un soldado de alguna otra nación? Nunca te había visto por aquí.

 

Junsu nunca pudo saber porque jamás le hablo aquel día. Solo que sus ojos que se enfocaron en él y un aliento refrescante lo envolvió esa mañana.

 

—¡Espera!

 

Solo su voz se escuchó esa vez, y Junsu solo caminó lo más rápido que pudo, hasta que los ojos de Yoochun no lo pudieron seguir más.

 

 

 

—¿Qué te sucede hoy?

 

Ya en la noche, Changmin había fruncido el ceño y Yoochun había tenido que salir de sus pensamientos, enfocando su mirada en el menor y sonriendo lo mejor que podía; esta era la primera vez que le ocultaba algo a Changmin, pero el sujeto aquel sencillamente se había marchado. Desaparecido sin contestar una sola de sus preguntas.

 

—Nada… solo estoy cansado.

—Ni siquiera entrenamos tanto.

 

Changmin había comido un poco de manzana, restándole importancia a la conversación. Yoochun solo había sentido un frio iniciar en su estómago y esparcirse a su cuerpo entero. Ni siquiera sabía si debía sentirse amenazado o preocupado por alguien más. Así que solo bajó la cabeza un poco y suspiró.

 

Ocurrió que en la noche, Yoochun no pudo dormir más.

 

Se removía sobre la cama sin poder conciliar el sueño correctamente, e igual que en sus pesadillas comenzó a llover, Yoochun se abrazó un poco más a las mantas y suspiró, escondiendo su cabeza bajo ella e inquieto todavía.

 

—Vamos… sal para mí.

 

Escuchó una voz masculina junto a él, una desconocida que lo hizo estremecerse aún más cuando una mano acarició suavemente sus cabellos sobre la manta.

 

—¿Quién eres?

 

Susurró, tan bajamente que dudaba haber sido escuchado, pero un trueno encalleció todo a su alrededor; y Yoochun tembló repentinamente. Pero a los pocos segundos cuando sintió el peso sobre el colchón supo que se había sentado junto a él. Y lo esperó, internamente ese silencio le dio tranquilidad, aunque su paranoia lo aturdiera por igual.

 

Bajó despacio y miró el cabello rubio frente a él, esos ojos finos y ese rostro que lo miraba con tranquilidad.

 

—Eres tú… —susurró despacio, y extrañamente se sintió más tranquilo— ¿quién eres?

 

—Puedes llamarme ¿Junsu? ¿Te gusta ese nombre?

 

Yoochun pensó, que eso no era algo que le debieran preguntar.

Sin embargo asintió.

 

—Eres muy joven —susurró Junsu, acariciando una vez más su cabello— ¿cuántos años tienes?

—Doce…

—Sí, muy joven…

 

Junsu parecía lamentar algo en silencio, antes de suspirar y mirarlo a los ojos otra vez.

 

—Debo irme.

—¿Qué? ¡Espera!

 

Yoochun se levantó de la cama inmediatamente, Junsu había salido de la habitación con una velocidad impresionante, sin embargo igual que dos años atrás, la sombra que perseguía se había esfumado de repente y su persecución sencillamente no había tenido final.

 

 

Lo miró, incluso a pesar de la distancia y que esos ojos pequeños del menor lo podían incluso identificar.

 

Pero Yoochun parecía mucho más entretenido en leer, mientras Changmin a su alrededor practicaba con su escudo varios movimientos que eran completamente inútiles. Changmin no tendría a quien defender; no si Junsu disponía hacer su trabajo bien. La única razón por la que Yoochun lo podía ver es porque debía recibir su beso, y entonces todo ese brillo se apagaría por igual.

 

—¿Alguna vez pensaste en cómo serían las cosas si fuésemos chicos normales?

 

Yoochun había despegado la mirada de su libro y había mirado a Changmin que seguía moviéndose a pesar de haberle hablado.

 

—¿Chicos normales? ¿A qué te refieres?

—Bueno, tú eres el príncipe y yo el hijo de tu nodriza, todos dicen que seré tu mano derecha. Un guerrero imbatible, fiero y confiable. Todos tienen puesto mucho futuro en nosotros.

 

—Nunca había pensado tanto en eso…

 

El susurro bajo de Yoochun hizo susurrar a Changmin, detenerse y luego agacharse frente a él para mirarlo a la cara y sonreír.

 

—¿Siempre eres así de inocente?

—¡No digas tonterías! —Se enfadó el mayor— Somos apenas unos niños, no quiero pensar en esas cosas.

—Pues deberías, todos hablan también de con quién te deberían comprometer.

 

Yoochun apretó el libro en sus manos. ¿Comprometer? ¿En serio?

 

—Son tonterías…

—No lo son.

 

Park se había levantado veloz y Changmin lo había seguido de inmediato. Pero sus pasos se detuvieron en cuanto lo vio.

Junsu estaba ahí, mirándolo directamente a él, estático por completo y sin la mínima expresión en su rostro. Yoochun solo pudo detenerse y mirarlo sintiéndose intimidado otra vez.

 

—¿Qué ves?

 

Changmin atrás de él, finalmente lo hizo girar. Miró a Shim por un instante antes de devolver su mirada a Junsu.

¿Acaso no lo podía ver?

 

—Yoochun…

—Nada, entremos que parece que va a llover otra vez.

 

Luego de eso, Yoochun tuvo más dudas que las respuestas que alguien más le pudiera ofrecer.

 

 

—Pero noona, Changmin me lo contó alguna vez.

 

Eunji se movía de un lado a otro dentro de la cocina, llena de otros empleados que trataban de tenerlo todo listo para la hora del almuerzo, sin embargo Yoochun parecía empecinado en que le prestara atención y sus preguntas constantes podían hacerla fácilmente perder la concentración.

 

—Niño esas son leyendas tontas que corren por el pueblo, no les preste atención.

—Pero si la muerte se pasea por aquí es peligroso, anda buscando a quien besar.

 

Yoochun no se detenía, seguía con sus pasos a la mujer y esquivaba a los que podía mientras la mujer andaba con un tazón, luego con un montón de frutas y finalmente con una jarra de agua. Parecía escabullirse con más facilidad que él, que era pequeño, tal vez el conocimiento de años del espacio de esa cocina la hacía tan hábil.

 

—Usted no se preocupe joven, nadie lo puede ver.

—¿Y si alguien pudiera?

—Entonces tal vez está a punto de recibir ese beso.

 

Se quedó quieto al fin, Eunji no pareció notarlo y siguió con su trabajo. Yoochun lo pensó varias veces el resto de la tarde.

¿Esa era la razón por la que solo él podía verlo?

 

 

Para desgracia o buena fortuna Yoochun no lo volvió a ver.

 

Cerca de los catorce años, aún sentía esa sutil paranoia de verlo al cruzar alguna esquina o en los árboles de su casa, pero el temor había amenguado, Changmin lo llamaba aburrido pero él se había dedicado a averiguar todo lo que podía en los libros que encontraba, y sin embargo no había encontrado nada.

 

—Tu papá está bebiendo otra vez.

 

Yoochun dejó el libro sobre sus piernas en cuanto escuchó al menor hablar, miró de soslayo a Changmin que permanecía escondido mientras observaba por un resquicio pequeño de la puerta hacía el interior de aquella habitación lejana, bajó un poco la cabeza y suspiró.

 

—Lo sé, el aniversario de mamá está cerca.

 

Changmin tan solo movió un poco la cabeza y regresó junto a él.

 

—No debería tratarte como lo hace.

 

Si, Yoochun pensó igual que Changmin. No debería sentirse herido cada vez que mira los ojos de sus padres y este lo ataca con reproches y desprecio, el jamás hubiera querido que su madre muriera aquel día. Su padre se había perdido entre los años y no era más el buen hombre que alguna vez conoció. No era ese hombre del que todo el mundo le habla, al menos no con él, y cuando esta fecha se acercaba y él bebía, era todo peor.

 

—No es tu culpa, ¿lo sabes verdad?

—Lo sé, Changmin.

—Tal vez puedas pasar tu cumpleaños con nosotros, mamá podría prepararte un poco de pastel y…

 

—No —Yoochun se levantó con lentitud— También es el aniversario de la muerte de mamá. No es justo que deje a padre solo.

—Tampoco es justo que él trate como lo hace.

 

Vio a Changmin bajar la cabeza y apretar los puños, pero Yoochun solo sonrió. Acarició sus cabellos y recibió una mirada de respuesta.

 

—Está bien, ya ve a casa. Sabes que al rey no le gustan las visitas en estos días.

—Pero…

—Solo ve.

 

Changmin se fue muy lentamente, no queriendo abandonar el lugar, pero Yoochun tenía su propio plan, se encerraría en su habitación hasta que estos días pasaran pronto y esa inestabilidad emocional una vez más se le olvidara. Escuchó a Hyunsik gritar y luego algo romperse dentro de la habitación. Yoochun cerró los ojos y suspiró otra vez.

 

—¡Hasoo! —Los pasos apresurados del sirviente se dejaron escuchar— ¡Tráiganme más para beber! ¡Ya no hay nada!

 

Sintió esa lastima de nuevo, esa pena amarga extenderse y su juventud no le daba el consuelo que necesitaba, las palabras no alcanzaban, así que decidió encerrarse en su habitación una vez más.

 

 

 

 

Ya era de noche cuando Yoochun se levantó lleno de lágrimas.

 

Procuró secarlas de inmediato y vio su habitación, la ventana le mostraba la oscuridad de la noche todavía, generalmente estos días pasaban más lento de lo habitual. Probablemente era ya la una de la madrugada, su cumpleaños y el aniversario de la reina Elisabeth.

 

Los pasos fueron duros y pesados. Yoochun ni siquiera tuvo la oportunidad de levantarse y cerrar la puerta, porque cuando se encontraba a punto de ponerle una traba esta se abrió. El rostro de su padre lo hizo retroceder y sentir ese vacío en su interior que no logró siquiera camuflar.

 

—¿Cómo puedes vivir tan feliz?

—Padre yo no…

—Tu madre murió… y hoy lo único que hago es verte sonreír y saltar por todos lados, ¡como si merecieras el sacrificio de ella! ¡No eres ni la mitad de lo que ella fue!

 

Hyunsik alzó la mirada e instintivamente Yoochun bajó la mirada, encogiendo su cuerpo y temblando fuertemente ante lo que se le venía encima. Pero esa mano no logró tocar su rostro. Y Yoochun fue abriendo sus ojos despacio, su padre no lo miraba más, parecía contrariado viendo uno de los pasillos fuera de su habitación.

 

—¿Qué ha sido eso?

 

Yoochun no se atrevió a hablar, no podía. Su cuerpo temblaba aún.

 

Su padre no había logrado mirarlo una sola vez más, ni siquiera dijo algo antes de perseguir la sombra que había visto unos segundos atrás. Y Yoochun solo atinó a cerrar su habitación y hacerla impenetrable en esta ocasión. Corrió hacía la pared junto a su cama y se sentó en el suelo intranquilo todavía. Abrazando sus piernas, temblando en cada una de sus extremidades.

 

—Junsu… ¿por qué aun no vienes por mi Junsu?

 

 

La luz que solía ser Yoochun se había apagado desde hace unos dos años atrás.

 

Changmin miró a su amigo junto a él y se sintió un poco peor. Cuando eran pequeños Yoochun era la belleza personificada. Él sonreía y el resto del mundo parecía rendirse ante él, ante su piel perlada y su voz encantada por los dioses. Yoochun era como un rayo de esperanza que había llegado después de la muerte de la reina Elisabeth.

 

Eso decía todo el mundo y Changmin lo había aceptado sin objeción alguna.

 

Pero ese brillo de Yoochun se había apagado, Hyunsik la había exterminado y Changmin se llenaba de un resentimiento enrome ante el rey por ello. Yoochun ni siquiera sonreía ahora.

 

—Es mejor que vaya a descansar príncipe Yoochun.

 

Eunji había colocado sus manos sobre los hombros de Yoochun, Changmin lo había mirado negarse por completamente. Al pie de la cama de su padre, el mayor parecía poco convencido de moverse de ahí. Hyunsik había enfermado cerca de los quince años de  Yoochun, su salud debilitada por completo lo había tumbado en la cama.

 

Changmin no veía a Yoochun llorar, pero si permanecer día tras día en vela del cuerpo de su padre. De su salud. No podía descifrar los pensamientos que pasaban por la cabeza del mayor.  ¿Guardaba acaso alguna esperanza de que con la mejora de salud de su padre su trato mejorara también?

 

Lastimosamente, Changmin sabía bien, que ninguna de las dos ocurriría al final.

 

 

Había pasado tres horas en la misma posición.

 

Sentado en el piso de su habitación, con las piernas recogidas y sus lágrimas saliendo todavía. El funeral de su padre había acabado hace tres horas y desde entonces Yoochun no encontraba razón alguna para salir de su habitación. Ni siquiera Changmin había logrado ingresar, y finalmente la voz de Eunji le había permitido la soledad que tanto anhelaba.

 

El rey le había robado a su padre, le había robado la oportunidad de tener un padre de verdad y ahora que el rey se había ido, con todo el dolor que siempre llevaba sobre él, se había llevado consigo la única oportunidad que él hubiera querido tener para tener algún tipo de relación con su padre.

 

Y ahora estaba solo, solo de verdad.

 

Vio la sombra bajo del resquicio de su puerta y como si fueran sus instintos, corrió a abrirla; el perfil de Junsu exactamente igual que años atrás se encontraba frente a él. Yoochun solo pudo respirar profundo y mirarlo con más escepticismo que la última vez. Su rostro seguía siendo igual de joven y su aura continuaba haciéndolo sentir frágil.

 

Retrocedió suavemente y Junsu pareció captar la indirecta de su invitación.

Cuando Junsu cerró la puerta; Yoochun respiró hondo.

 

—Hace tres años… ¿tu ibas a darme el beso, cierto?

 

Ya no había calidez en su voz, ni rastro de inocencia o luz.

Junsu pensó que aquello era injusto. Yoochun en tan poco tiempo había sido devastado.

 

—¿Qué te ha pasado?

—¿Por qué no lo hiciste?

 

Junsu solo miró el rostro de Yoochun, sus ojeras, los rastros de sus lágrimas y la pena que sintió pareció extenderse a su cuerpo entero, cuando una de sus manos se movió hacía una de esas mejillas y la acarició con suavidad.

 

—¿Qué han hecho contigo Yoochun?

—¿Por qué no lo hiciste? —Lloró de repente Park— Si lo hubieras hecho… tal vez no hubiera tenido que vivir así.

 

Junsu se lamentó.

 

—Si lo hubiera hecho, hubiera quedado inmortalizada tu belleza y tu inocencia. Pero fui egoísta, lo lamento.

—¿De qué hablas?

 

—Quería volverte a ver, quería verte crecer. Pero tal vez no fue lo correcto. —Las facciones de Yoochun lucían cansadas, más adultas de lo que deberían mostrarse, aun así esos ojos oscuros lo miraron fijamente y Junsu acarició un poco más su rostro, su piel no parecía haber cambiado del todo— Solo has sufrido.

 

El tacto de esa mano terminó, y Yoochun agarró el brazo del rubio, respirando agitado aún.

 

—Bésame… —susurró de repente— bésame y acaba con todo esto de una vez por todas.

 

Yoochun esperó un movimiento, uno solo, con su corazón agitado y una súplica de sus labios que jamás llegó a cumplirse, porque Junsu se soltó de su agarre e igual que todas las veces anteriores. Se marchó. Yoochun sabía que era imposible encontrarlo otra vez, así que no lo siguió.

 

Dejó que se perdiera una vez más. Igual que sus esperanzas por acabar con todo de una sola vez.

 

 

 

Junsu no se dejó descubrir de nuevo.

 

Perseguía al objeto de su curiosidad regularmente, supo por una discusión entre los dos amigos que los oficiales buscaban una muchacha indicada para hacerla reina, para casarla junto a Yoochun quien inmediatamente heredó  el reino de su padre. Pero Park se negaba, se intentaba imponer. Sin embargo, cuando finalmente se rindió. Llegó el caos.

 

Changmin lo había llamado débil, lo había acusado de no poder reinar sin la necesidad de una mujer y entonces dejaron de hablarse. Durante largos años. La mujer que habían escogido era preciosa, delicada y con la más bella de las sonrisas. Yoochun se había casado joven, cerca de los dieciséis. Joven para un varón.

 

Pero no fue hasta los veintidós que tuvo a su primogénito y único hijo.

 

Jaejoong había nacido dentro de las riquezas que cualquier príncipe debería tener. Changmin había regresado a la vida de Yoochun como los imanes vuelven a su contraparte. Inevitable y sin refugio alguno más que los brazos de ese rey que lo abrazó y sonrió como en años no lo hacía.

 

Victoria, quien había sido una princesa de Austria, había logrado sentir su corazón agitado en cuanto los vio, principalmente porque el rey jamás le había logrado mostrar una sola sonrisa en años. Ahora, como reina de Yoochun podía apreciar lo que siempre le habían comentado de él. De esa belleza que atesorada por su sonrisa parecía incomparable.

 

—Los niños deben salir a jugar, ¿recuerdas cuánto salíamos tú y yo?

 

Yoochun asintió, viendo a Changmin jugar con el pequeño Jaejoong que caminaba con sus piernas temblando ante el esfuerzo, pero que luchaba por llegar hasta los brazos de su padrino. Finalmente el pequeño cayó sentado en el césped y lloró ruidosamente ante lo que Changmin no pudo evitar reír divertido.

 

Inmediatamente la nodriza se acercó a consolarlo y Changmin le empezó a hacer pequeños gestos tontos para que el menor riera. Pero Yoochun solo suspiró y miró a su primogénito que había vuelto a reír.

 

—Yohee… ¿tú no tienes hijos?

—Por supuesto mi señor, dos de hecho.

 

Changmin alzó su mirada interesado y habló directamente hacía la mujer que sostenía a Jaejoong entre sus brazos.

 

—¿Tienes por casualidad un niño de la edad de Jaejoong?

—Sí, precisamente mi Yunho es apenas un añito mayor al príncipe Jaejoong.

 

Changmin tronó los dedos complacido y Yoochun habló solemnemente una vez más.

 

—Entonces tráelo a jugar con Jaejoong, así podrán divertirse los dos y podrás cuidar de tu hijo también.

—¿De verdad, mi señor? —La mujer pareció realmente emocionada— Le estaría muy agradecida, mi hija Boa es ya mayor y no tiene tiempo para cuidar a su hermanito porque con sus gemelos tiene más que suficiente. Sería muy feliz y me sentiría muy honrada si le permitiera a mi Yunho venir a hacerle compañía a su príncipe.

 

—De acuerdo, entonces a partir de mañana puedes venir junto a él.

—Muchas gracias señor.

—Ve a bañar a Jaejoong, que ya es tarde y tiene que tomar su siesta.

 

La mujer asintió inmediatamente y se alejó con sus pasos apresurados pero cuidadosos dentro del hogar. Changmin en ese momento se levantó del césped y se sentó junto a él en el pequeño banco que había cerca del árbol que habían visto crecer.

 

—Victoria es muy hermosa… —Susurró Changmin— ¿Cómo ha sido la vida junto a ella?

—Es una mujer educada y bella. No podía esperar más y el pueblo la adora, supongo que todo está bien.

 

Changmin se movió incómodo de repente.

 

—Desde la muerte de tu padre las cosas no son iguales, te volviste como las personas que solíamos odiar.

—Solo maduré Changmin, tengo el peso de todo un reino sobre mis hombros, debo cuidar de todo el pueblo, ser un padre y esposo también. Las cosas ya no son como cuando tenía catorce.

—Las cosas eran mejores cuando teníamos catorce.

 

Changmin habló bajo. Y Yoochun solo suspiró.

 

—¿Quieres ir a beber un poco?

 

Changmin en ese momento solo pudo asentir y seguir a Yoochun de nuevo, como siempre había sido su costumbre.

Como un buen guardián lo haría.

 

 

Victoria se había agarrado de su brazo en cuanto escucharon el fuerte trueno, la lluvia no parecía apaciguarse y el llanto de Jaejoong se escuchó en cada esquina de la residencia Park y aquello fue como un impulso para el cuerpo de Victoria quien saltó de la cama hacía el suelo de la habitación, como si el llanto del menor hubiera pronunciado estrictamente su nombre.

 

—Iré a verlo.

 

Yoochun había asentido, no se sentía muy seguro de que la mujer lo hubiera visto en realidad pero aun así ella salió y él suspiró ante la lluvia que veía caer desde su ventana. Se quitó las mantas de encima y se asomó repentinamente envuelto por esa nostalgia hermosa que rodeaba las noches de invierno en su pueblo.

 

La lluvia le recordaba tanto a Junsu…

 

—Tu esposa es muy bella y tu hijo, hermoso como lo eras tú de joven.

 

Su cabeza se movió lentamente y sus ojos recuperaron toda esa expresión perdida en cuanto lo volvió a ver.

Junsu seguía siendo igual que las veces anteriores que le había permitido verlo. Su cabello rubio, su rostro joven y su atractivo ser que recién ahora podía apreciar.

 

—No lo entiendo… no te entiendo. ¿Por qué siempre vuelves?

—Recuerdo habértelo dicho la última vez —Junsu caminó sin preocupación hasta él— Eres curioso para mí, quise ser egoísta y verte crecer.

 

—¿Por qué?

—Por qué nunca había visto a alguien como tú.

 

Yoochun se acercó en esta ocasión, sentía que en cada ocasión que lo miraba Junsu se llevaba algo suyo con él. La primera vez se había llevado el miedo, en la segunda ocasión sus lágrimas, ahora quería que se llevara consigo su indiferencia, aunque si podía mejor su vida. Si, que se llevara por fin su vida.

 

Se sentía tan dramáticamente sin sentido, que era justo reclamar por su destino.

 

—Siempre has estado aquí, alrededor de mí ¿verdad? —Terminó de acercarse al rostro de Junsu, quien nunca se alejó y lo miró a los ojos sin dudar— Nunca te has ido en realidad.

—Probablemente.

 

—¿Qué soy? ¿Un experimento?

—Algo interesante, inexplicable. —Junsu volvió a acariciar ese rostro, y lo volvió a comprobar, su piel seguía siendo igual. Tersa y maravillosamente límpida— No lo entiendo muchos darían lo que fuera para evitar a la muerte, tú pareces llamarme cada tanto.

 

—Quizá porque mi destino era morir muchos años atrás.

—Quizá.

 

Junsu se alejó. Caminó despacio dentro de la habitación.

 

—¿Besaste a mi madre, verdad?

—Todo lo dices con una afirmación de por medio, si ya lo sospechas, quizá la mayoría de las veces tengas la razón.

 

—Lo hiciste entonces.

—Es mi trabajo, no lo hago como si fuera una decisión tomada al azar, querido.

—Has decidido dejarme con vida, pudiste hacer lo mismo con ella.

 

—A ella no la conocía.

—¡A mí tampoco!

—Pero te he visto crecer.

 

Yoochun se sintió frustrado en aquel instante. Sentía tantos errores en su vida y Junsu era uno de ellos.

Tal vez el principal de todos ellos.

 

—Vete de aquí.

 

Giró sin importarle que Junsu lo viera temblar de rabia.

Luego de un par de segundos se sintió inmerso en esa soledad latente de su habitación.

 

 

 

 

—¡Padre dile a Yunho que juegue en serio, siempre me deja ganar! ¡Así no es válido!

 

Jaejoong había jalado de su brazo y luego había mirado a Yunho quien había bajado apenado la mirada. Ambos menores rodeaban los ocho y nueve años de edad respectivamente, y de alguna manera le recordaban a aquellos tiempos que él vivió junto a Changmin tantos años atrás.

 

—Yunho, si dejas al príncipe creer que es bueno jamás se esforzará por ser mejor y luego no podrá enfrentarse a oponentes mucho más fuertes, ¿tú no quieres que tu príncipe sea débil, cierto?

—No, mi señor.

 

El muchacho había hecho una pequeña venia y Jaejoong se había acercado emocionado a seguir jugando con el mayor. Yoochun los miró en la distancia. Soltó un pequeño suspiro y volvió a ingresar a la residencia. Yoohee se quedaría junto a ellos lo que les restaba de tiempo.

 

Subió las escaleras con lentitud, había detenido todas sus juntas con el consejo para poder pasar más tiempo en casa. Victoria había enfermado días atrás, una terrible fiebre la había atacado y a pesar de los días esta no parecía disminuir ni un ápice. Eunji incluso se había acercado para tratar de ayudar. Pero Victoria sencillamente no parecía mejorar.

 

Cuando abrió la puerta su cuerpo entero reaccionó. Junsu estaba sentado en el borde la cama y miraba a Victoria con algo parecido a la desolación, acarició su rostro una sola vez y luego depositó un solo beso en los labios de la mujer. Victoria podía verlo, sus ojos estaban enfocados en el rostro de Junsu y contradictoriamente ella solo cerró los ojos y sonrió apenada y con lágrimas.

 

Changmin siempre había visto su rostro hermoso, pero ahora Victoria se encontraba demacrada, pálida y con ojeras, había perdido mucho peso y sudaba por la fiebre. Hizo sentir su presencia con pequeños pasos, ella lo miró y le sonrió.

 

—Mi rey… cuida bien de Jaejoong. —A Victoria se le dificultaba hablar, por lo que Changmin únicamente tomó sus manos y se sentó junto a ella, del otro lado de la cama mientras escuchaba a Junsu alejarse lentamente— Es un hermoso muchacho y tú has sido un buen esposo, jamás me amaste… pero supiste quererme, respetarme y tratarme como tu reina.

 

—Lo lamento mucho Victoria… eres una mujer maravillosa.

—Yo si te amé mi rey, pero no te reprocho nada.

 

Ella volvió a sonreír y luego cerró sus ojos. Su pecho subía y bajaba despacio, parecía al fin estar en paz. Yoochun apretó sus manos un poco más y luego beso el dorso de sus manos con delicadeza. No se separó más de ella. La respiración suave de Victoria acunó sus noches sin dormir, pensó que ella había sido perfecta. La mujer más bella entre muchos reinos, encantadora y dulce. Supo amarlo como nadie más lo había hecho.

 

La iba a extrañar. Tanto como hubiera deseado poderla amar.

 

 

Luego del entierro, Yoochun había tenido que acompañar a Jaejoong, dormir junto a él por semanas enteras y el pequeño espacio en la habitación del menor le estaba destrozando la espalda, sin embargo no pensaba dejar de hacerlo hasta que su hijo lograra sentirse mejor. Que las lágrimas a mitad de la noche terminaran.

 

Para Yoochun era muy difícil despertarse en la madrugada ante el llanto de su hijo que lo abrazaba con fuerza, no sabía cómo sanar su dolor, porque él jamás había tenido algún tipo de consuelo. Así que solo acariciaba los cabellos del menor y susurraba palabras de alivio hasta que se volvía a quedar dormida. Por las mañanas, cuando él se reunía con el consejo sabía por boca de Eunji que se juntaba con Yunho y pasaban horas charlando o estudiando.

 

A su hijo parecía hacerle bien estar con el mayor.

 

—Lo lamento mucho. —Junsu se había sentado junto a él, en el pequeño banco que tenía dentro de su sala principal, como si hubiera sido invitado.

—Alguna vez dijiste que era tu trabajo, no tengo derecho a reprocharte nada.

 

—¿Nada más allá del que continúes con vida?

—Ahora no puedo reprocharte eso. Tengo que cuidar de Jaejoong.

 

Junsu había suspirado contrariado. En el silencio sus expresiones se volvían serias y eternas.

 

—¿Alguna vez te han besado? —Preguntó Yoochun.

—Muchas como podrás imaginar.

—No me refiero a esa clase de besos, sino a uno real. Un beso de amor.

 

Es cruel ¿no crees? Amar a alguien y no poder besarla porque entonces le quitarías la vida y no la podrías ver más.

 

Las palabras de un Yoochun de ocho años dieron vueltas en su cabeza, Junsu solo suspiró y levantó un poco la mirada, quizá hacía ese mismo punto ciego que miraba Yoochun.

 

—No se me es permitido conocer el amor.

—Es cruel… que nunca puedas amar, ni experimentar un beso real.

—¿Te has enamorado tú?

 

Yoochun sonrió entonces.

 

—Quizá la vida ha sido cruel con los dos.

 

 

A partir de entonces las visitas de Junsu se volvieron cada vez más recurrentes.

 

Yoochun dedicaba minutos de su día para hablar con él. A solas, a meditar como lo solía llamar. Nadie debía saber que hablaba a solas, porque Junsu era una imagen etérea para los demás y él debía evitar conclusiones apresuradas sobre su estado mental. Además, de alguna forma le hacía bien hablar con él.

 

—Papá no siempre fue una mala persona —había susurrado un día cualquiera Yoochun— Quiero creer que nunca pudo superar la muerte de mamá, pero en el fondo nunca supo cómo tratar conmigo y lo mucho que le recordaba a ella.

 

Junsu caminó dentro de la habitación. Se detuvo en el instante que las palabras de Yoochun lo hicieron y giró hacía él, con una expresión tranquila en su rostro.

 

—Que no haya sabido hacer lo correcto, no lo exenta del dolor que te causo.

—Lo sé.

 

Yoochun pareció repentinamente atacado por los recuerdos, por lo que Junsu se agachó un poco y acarició un rostro.

 

—Cuando fui por él, la última cosa en la que pudo pensar fue en ti. Estaba muy arrepentido por todo lo que te había hecho pasar. Que solo quería que llegaras a ser feliz, que tuvieras toda la felicidad que él no pudo darte.

Yoochun sintió una lágrima correr por su mejilla. —¿No es contradictorio? Mamá fue en lo único que pensó durante todos esos años, pero su último pensamiento fui yo.

 

—La vida es así, cruel e irónica.

—¿Y la muerte no debería ser de ese modo?

—Estereotipos querido mío, simples estereotipos.

 

 

 

—Si mal no recuerdo, eres pésimo para el ajedrez.

—Pues he mejorado con los años al parecer.

 

Yoochun sonrió orgulloso luego de haberle ganado al menor. Changmin en cambio solo rodó los ojos y bebió un poco de licor antes de poder hablar, luego de haber recordado intempestivamente la razón principal de su vista.

 

—¡Es cierto! Casi lo olvido por completo —Changmin pareció tomar aire de nuevo— Voy a casarme.

 

Los ojos de Park se abrieron de par en par, y después de eso una sonrisa auténtica acudió a sus labios. Y saltó a sus brazos para agarrarlo con fuerza y reír energéticamente.

 

—¿Es en serio? ¡No me habías dicho nada!

—Bueno, quería que las cosas se concretaran primero.

—¿De quién se trata?

 

Changmin respiró hondo de nuevo. Y sonrió de una manera que no lo había visto hacerlo ante.

 

—Su nombre es Seohyun. Es la hija de un oficial de tu guardia, es muy hermosa Yoochun y es tan inteligente.

—¡Es la mujer ideal para ti!

 

—¡Exactamente!

—¡Brindemos por eso!

 

Yoochun llenó la copa de Changmin y aunque el menor se quejó de que él no debería hacerlo, Yoochun insistió y al final terminó sirviendo para ambos. Festejando la dicha de que al menos Changmin había podido encontrar algo parecido al amor.

 

—¡Padre! —Jaejoong tenía ya trece años entonces, pero había llegado corriendo, directo a sus brazos y dispuesto a ocultar su rostro en el pecho de él. Changmin había bebido el contenido de su vaso inmediatamente y Yoochun había hecho lo mismo antes de abrazar a su hijo sin saber todavía por qué— ¡Yunho es un imbécil! ¡No lo quiero volver a ver!

 

Tanto Changmin como él habían suspirados aliviados, alejando un poco la preocupación.

 

—¿Qué ha pasado Jaejoong?

—Yunho tiene novia, padre. ¿Cómo puede tener una novia a esta edad?

—Eso es cierto —afirmó Changmin indiscretamente— Nosotros a esa edad no pensábamos en esas cosas.

 

Yoochun le envío una mirada seria, pidiéndole que guardara silencio.

 

—Le he dicho que es un idiota, nadie se enamora a esta edad y él me ha gritado que soy solo un niño todavía. Y que la única razón por la que venía de pequeño es porque su madre quería tenerlo vigilado.

—Tranquilo Jaejoong… eso lo ha dicho porque se ha sentido herido, no creo que lo haya dicho de verdad.

—¡No me importa! ¡No quiero que lo vuelvan a dejar entrar aquí!

 

—¿En serio quieres eso?

 

Yoochun acarició los cabellos de su hijo y este lo abrazó con más fuerza, soltando un débil— No. —que lo hizo sonreír enternecido mientras Jaejoong suspiraba y Changmin sonreía a la distancia.

 

 

 

—Creí que me impedirías el acceso al palacio.

—Iba a hacerlo…

 

Junsu sonrió al verlos uno frente al otro, sin atreverse a mirarse a la cara y a una prudente distancia.

 

—Lo siento.

—Yo también.

 

—No debí haberte dicho nada de eso.

—Yo tampoco.

 

No había demasiada distancia desde la ventana en la que se encontraba, pero fue reconfortante cuando vio al par de amigos abrazarse como si nada con una sonrisa en la cara cada uno.

 

—Hola.

 

Yoochun había ingresado en la habitación y Junsu asintió levemente.

 

—Hace mucho que no te veía.

—He estado ocupado. —Susurró Junsu, mirando de soslayo a los dos jóvenes que ya se habían alejado con toda la intención de salir a montar a caballo— ¿Cómo han estado las cosas por acá?

 

—Igual… bueno, un gran amigo mío va a casarse.

Junsu suspiró, regresando su mirada hacía Park. —¿Tú no piensas hacerlo de nuevo?

 

—Ya no. Nunca hubiera querido hacerlo en primer lugar, pero es algo que no podía evadir. —Yoochun se sentó frente a la pequeña mesa entre ellos e invitó a Junsu a sentarse— ¿Alguna vez has jugado ajedrez?

—He visto a la gente hacerlo.

 

—Pues vamos a ver que tanto te puedo enseñar.

 

 

 

—Victoria te amaba, ¿qué… se siente ser amado?

 

Estaban cerca del invierno otra vez. Yoochun no era un rey joven más, era un hombre entrando en la madurez de su vida. Y repentinamente encontró triste el haberse sentido amado, pero nunca haber sentido algo así por alguien más. Que sus treinta y ocho años pensaron hoy más que nunca.

 

—Pues, es… ¿hermoso? Sientes en su mirada paz y calidez. Aunque a veces también te sientes pésimo cuando te das cuentas que no puedes devolverle esos hermosos sentimientos— Yoochun movió la pieza de ajedrez frente a él y suspiró— ¿Por qué esa pregunta tan repentina?

 

Junsu solo sonrió.

 

—No lo sé, el invierno me pone melancólico supongo.

 

El invierno me recuerda a ti por alguna razón. Pensó Yoochun sin quitar sus ojos de aquel rostro por el que no parecían pasar los años. Yoochun pensó que era extraño, su belleza no menguaba ni siquiera un poco; Junsu continuaba siendo visualmente joven y hermoso. Los años pasaban y él en cambio lograba verse cada día mayor.

 

¿No sería triste para Junsu verlo envejecer?  Ya no era ese niño adorable al cual no pudo besar.

¿Sería a esa melancolía a la que se refería Junsu?

 

—Tu hijo es realmente la sensación en las fiestas de sociedad, arranca miradas por doquier.

—Es tan bello como su madre.

—Y como su padre, no te quites merito Yoochun, recuerda que desde pequeño esa fue tu fama de aquí y cualquier lugar.

 

Bromeó Junsu mientras estiraba sus brazos y Yoochun sonreía divertido.

 

—Deberías casarlo pronto, o cometerá una estupidez enamorándose de quien no debe.

—Quisiera que eso pasara. —Comentó levemente Yoochun— Que él encuentre el amor.

 

—Todo padre quiere para su hijo lo que él no pudo conseguir.

—Hyunsik deseó tu felicidad a pesar de todo ¿lo eres?

 

Yoochun se detuvo un instante, hace mucho no hablaban de su padre, y ahora su herida era una cicatriz más en su pecho que había aprendido a evadir.

 

—Estoy bien, no soy infeliz, pero tampoco completamente feliz. Sin embargo Jaejoong me hace feliz, hablar con Changmin también, y estar contigo… de alguna manera extraña también me hace feliz.

Junsu que no se esperaba aquello último solo asintió y bajó la mirada hacía sus piezas de ajedrez.

 

—¿Tú te has enamorado alguna vez?

 

Junsu volvió a sentirse incómodo.

 

—Ya te respondí eso años atrás.

—Respóndemelo ahora.

 

Los ojos de Junsu se centraron en los de Yoochun, y aunque sus manos temblaban levemente. Junsu procuró que su voz sonara firme y segura.

 

—No, no lo he hecho.

 

Yoochun solo suspiró, la partida había dejado de importar y sus ojos subieron al techo.

 

—Eres la muerte y eres eterno… pero no vives en realidad. ¿Estás muerto acaso? —Junsu prefirió no interferir en ese momento de reflexión que tenía sumido en sus pensamientos a Yoochun y solo lo miró, cada facción de su rostro— ¿Entonces porque eres tan hermoso? La muerte significa tristeza y pena. El fin. El acabose de la belleza. Desmoronarse poco a poco.

 

Entonces lo notó, la botella vacía junto a Yoochun. Junsu solo suspiró en cuanto vio esa mirada nostálgica y esa sonrisa forzada que junto a sus ojos luchaba por no derramar lágrimas.

 

—Algún día voy a morir… después de esos años ¿vas a recordarme? ¿Voy a desaparecer?… ¿Ya no te podré ver? —Yoochun lo miró y esta vez sus labios temblaron mientras lo miraba, las lágrimas se acumulaban en las lágrimas del rey y Junsu comprendió tarde lo que pasaba ahí.

 

—Yoochun no… —Fue como un susurro lastimero.— No debiste enamorarte de mí.

 

—¿Enamorarme? ¡Por supuesto que no! —Yoochun se levantó agitado, tratando de pasar desapercibida esa lágrima que para Junsu fue más que evidente.— Yo no podría enamorarme de ti, no soy tan tonto ¿sabes? —Yoochun se dejó caer una vez más, con su espalda pegada en la pared y sus piernas estiradas en el piso— Yo no podría amar a alguien que ya está muerto, porque su corazón ya no puede sentirme.

 

Junsu si pudiera llorar, lo haría ahí mismo, y le pediría perdón.

Perdón por un motivo que no conocía bien, pero lo haría.

 

Sin embargo lo abrazó y aunque Yoochun se sacudió bruscamente un par de veces, no lo dejó escapar.

Junsu desapareció aquel día, durante un par de años más.

 

 

 

—No podemos hacer esto, no puedo decepcionar a papá. Él espera que yo herede su reino y me case, y haga todo lo que se supone debo hacer.

—Jaejoong, ¿en serio piensas condenarnos así?

—No es como si pudiera hacer otra cosa.

 

Yoochun abrió la puerta para observar como Jaejoong se alejaba inmediatamente del contacto con Yunho y este a su vez bajaba la cabeza un poco y su hijo restregaba un poco sus mejillas. Yoochun conocía ese gesto bien. Había tapado sus lágrimas muchas veces así. Pero Jaejoong en sus dieciocho años, jamás había intentado ocultarle algo, como justamente parecía estarlo haciendo ahora.

 

—Esta noche saldré con Changmin al reino austriaco y no sé cuánto tiempo demore. Venía a despedirme. —Yoochun abrazó brevemente a Yunho y luego abrazó fuertemente a Jaejoong. Miró sus ojos repletos de vida y dolor por igual— A veces para ser feliz, hay que ser un poco egoístas, hijo mío.

 

Acarició el rostro del menor y besó su frente.

 

—Te amo, padre.

—Y yo a ti, nunca podría sentir más que amor por el ser hermoso en el que te has convertido, por fuera y por dentro.

 

Cuando Yoochun abandonó la habitación. Se quedó unos segundos más apoyado en la puerta. Suspiró y lamentó el que las cosas tuvieran que ser así.

 

Tres meses después cuando Yoochun regresó, Jaejoong y Yunho habían abandonado el reino sin razón aparente.

 

 

 

 

—Minho ha crecido hermosamente.

—Y es un niño muy saludable.

 

Comentó Seohyun mientras veía a Minho corretear de un lado a otro junto a su padre, sus escasos cinco años lo hacían tan adorable todavía que Yoochun no pudo evitar sonreír mientras Changmin reía a carcajadas cargando al menor que con un puchero en los labios se quejaba del mayor por hacerle trampa.

 

—¿Has sabido algo de Jaejoong?

—No… pero espero que donde quiera que esté sea feliz.

 

Seohyun había asentido, con una sonrisa complaciente en el rostro. Yoochun se sintió tranquilo en aquel instante. Jaejoong nunca había querido el reino, y mucho menos casarse con una hermosa muchacha, no teniendo a Yunho y ese amor latente que parecía desbordar por sus ojos.

 

Si él hubiera encontrado a esa persona especial a tiempo, tal vez también hubiera renunciado a todo para ser feliz.

 

 

 

 

—Pensé que no te volvería a ver.

—Pensé que te gustaría saber de Jaejoong.

 

Yoochun levantó la mirada en cuanto vio a Junsu acercarse a él con su andar despacio y su mirada tranquila.

 

—Está feliz, viven en un pueblo pequeño y no planeo visitarlos en muchos años, así que no te preocupes. Trabajan como actores en un pequeño teatro de ahí.

—Es bueno escuchar eso.

 

Inevitablemente su sonrisa salió como un aliento de alivio que hizo sonreír a Junsu. Lo sintió sentase junto a él en la cama y lo miró, con más calma. Sentía que mientras más pasaban los años, más lo veía en realidad.

 

—Nunca te han besado ¿verdad?

 

Junsu lo miró con incógnita. —Ya te he dicho que…

 

Sin embargo esta vez Yoochun reaccionó más rápido que sus palabras y con la mano dispuesta sobre su nuca besó su frente despacio, dejando a Junsu perplejo y con los ojos abiertos. El contacto duro un par de segundos y fue la sensación más extraña de todas. Junsu sintió algo cálido proveniente de su cuerpo por primera vez, una lágrima que abandonó sus ojos e hizo su camino a través de sus mejilla.

 

Lo sabía bien, lo sabía desde hace mucho.

 

—Estás muriendo… —Junsu tocó el pecho de Yoochun y sintió cada espacio de ese momento tan vacío, que otra lágrima repentina volvió a salir— Tu corazón.

—Quizá hay cosas contra ni las que tú puedes luchar. —Yoochun respiró cansado. Junsu se enfadó consigo mismo ¿cómo no se había dado cuenta antes de su estado débil y extenuado?— Esta vida ha sido muy cruel conmigo, pero no me quejo. Conocerte ha sido lo mejor que me ha podido pasar.

 

—Tienes que descansar. —Junsu se apresuró a recostarlo, irónicamente Junsu deseó hacer lo único que no podía, darle más tiempo a Yoochun. Regalarse un poco más de tiempo para él. Él era inmortal, ¿no podía sacrificar un poco de aquello por él? ¿Por unos segundos más de vida junto a él?

 

Yoochun se dejó recostar nuevamente, y sonrió.

Estaba tranquilo y en paz, como en mucho tiempo no lo lograba estar.

 

 

 

—Padrino… te vas a poner mejor, y pronto saldremos a andar en caballo otra vez.

 

Minho arreglaba con cuidado la almohada bajo su cabeza y le hablaba con todo ese amor que lo hizo sentir tan bien en aquel instante; pero Yoochun sabía que no había más tiempo. Miró hacía la ventana y notó que pronto empezaría a llover. La juventud lozana de Minho en sus doce años le recordaba tanto a Jaejoong.

 

—Minho, tu madre te está buscando desde hace rato. Ve abajo, tengo unas cosas que hablar con Yoochun.

—Pero padre…

—Ve, Minho. —Abogó Yoochun— Cuídate mucho ¿de acuerdo?

—Sí, pero volveré de inmediato.

 

Yoochun sonrió ante la energía del menor que salió corriendo. Y Changmin negó suavemente con una sonrisa en los labios, no importaba cuantas veces le dijera que no anduviera corriendo así, el menor jamás iba a entender.

 

—Pronto mejorarás. Eres joven todavía y este reino necesita a su rey.

 

Comentó Changmin tomando su mano con fuerza.

 

—Eso es algo de lo que quería hablarte. —Yoochun respiró hondo— Ya he dispuesto que si algo llega pasarme el reino quede a tus manos.

—¿Qué?

 

Changmin se sacudió violentamente y negó fervientemente.

 

—No digas tonterías, eso no es necesario. Tú estarás bien en unos días y…

—Changmin, mi amigo, mi hermano… Tú y yo sabemos que eso no es verdad. —Changmin apretó sus labios con fuerza y asintió, pudo ver las lágrimas acumulándose en los ojos del menor— Si ves a Jaejoong dile que lo amo, y que soy feliz porque él lo es.

 

—Siempre fuiste como un hermano para mi Yoochun, no eras el rey, ni el príncipe ni nada de eso. Siempre fuiste mi hermano. Mi amigo.

—Lo sé… lo mismo fuiste para mí. Siempre —Changmin limpió sus lágrimas y en cuanto vio a Junsu en la puerta sonrió un poco más mirando una última vez a Shim— Quiero estar a solas un instante, ¿me permites?

 

—Pero…

—Solo unos minutos, por favor.

 

Changmin no se sintió seguro sobre aquello pero finalmente lo complació, Seohyun, Minho y varios de los sirvientes los esperaban afuera. El hombre intentó no derrumbarse, sin embargo abrazó a su esposa con fuerza y esperó los minutos que Yoochun le había pedido.

 

 

 

—Siempre supe que serías la única persona a la que querría ver en este momento.

 

Junsu se acercó despacio, vio a Yoochun sentarse con dificultad y mirarlo a los ojos, con una sonrisa en los labios y toda esa aura que lo había llenado desde el primer momento en que lo vio.

 

—Es mejor así ¿sabes? —Habló de nuevo— Al menos así no me verás envejecer.

—Siempre serás hermoso ante mí, incluso si te hubiera visto envejecer.

 

Yoochun sonrió de nuevo, sintiendo la mano de Junsu acariciando su mejilla.

 

—Lo dice el señor de belleza eterna —Suspiró lentamente y lo miró de nuevo— Gracias por dejarme vivir. Gracias por dejarme conocer tantas cosas y tantas personas, por mi hijo, por Victoria, por Changmin y su hermosa familia. Gracias por dejarme estar junto a ti.

 

Junsu supo las intenciones de Yoochun y cerró sus ojos cuando lo vio tan cerca de sus labios. Fue un contacto suave y lento, los labios finos de Junsu que se acoplaron con su boca. Esos labios lo tocaron con vida por primera vez. Y se sintió como la más bella de las glorias que hubiera experimentado.

 

De eso hablaban lo mortales, de eso tan glorioso que era un beso.

De eso vivían y para eso estaban.

 

Junsu lo abrazó con fuerza en cuanto el beso terminó. Pero Yoochun estaba muy cansado y Junsu prefirió estar ahí junto a él. Se abrazó a su cuerpo y cerró los ojos un instante. Como si pudiera dormir, como si pudiera estar junto a él unos minutos más. Toda esa vida que había compartido junto a él de pronto se le hizo tan corta.

 

 

 

 

Por eso estaba prohibido el amor. Pensó Junsu, una mañana  en la que las gotas de lluvia no habían dejado de caer, frente a la tumba de Yoochun las cosas parecían menos simple entonces. Y la sonrisa se iba de su rostro, aunque a pesar de los años recordaba como su corazón se había llenado de emoción cuando vio al hijo de Yoochun llegar hasta la tumba, de la mano de aquel muchacho junto al que creció.

 

Changmin los había llevado y Jaejoong que parecía haber llorado demasiado en ese instante solo sonrió. Lleno de paz y tranquilidad, fue una mañana que se repitió por varios años en cada aniversario. Junsu no sentía los años pasar. Ya nadie volvió a llenarlo de interés. Ya nada volvió a ser igual. Ya nadie volvió a ser Yoochun.

 

Entonces cuando las primeras gotas de lluvia empezaron a caer, Junsu se agachó una vez más y suspiró. Con su mano acariciando las letras que formaban el nombre de Yoochun. Porque mientras estuviera en sus labios. Yoochun sería igual de inmortal que él.

 

—Alguna vez me dijiste que no me podías amar, porque estaba muerto. —Intentó respirar hondo y bajó la cabeza de nuevo— Pero ahora tú estás muerto… y yo te sigo amando.

 

Volvió a sentir una lágrima saliendo de sus ojos. Y la expresión abatida de su rostro se calmó con el paso de los segundos. Se levantó y trató de sonreír; Yoochun había sonreído hasta el último segundo que podía recordar.

 

Yoochun había dicho gracias muchas veces, Junsu sentía que Yoochun no tenía nada por que agradecer. Él solo había sido egoísta desde la primera vez que lo vio, y Yoochun en cambio le había regalado retazos de eso a lo que los demás llamaban vida.

 

Así que caminó esa tarde que empezaba a ser noche, caminó.

Todo lo que pudo, todo lo que sintió era necesario.

 

 

..:: Fin ::..

 



 

 

Bueno, este es un fic que estuvo participando en el concurso de musicales por Junsu en Lala, y pues, al parecer ganó.  xD

Espero que lo disfruten, me gustó mucho estructurarlo, aunque sinceramente siento ue le faltó demasiado, pero se los dejó aquí para compartirlo con ustedes, y aquellas que no han podido leerlo en la página del concurso.

Saludos~

 

 



 

 

 

8 comentarios sobre “Sindrome del último beso

    [Random Post] TOP 5: Oneshots YooSu | Ena's escribió:
    25 febrero, 2015 en 20:48

    […] Autora: Nesly Género: Angst, H/C, Slash (?) Fecha de publicación: 15 | Julio | 2014 Publicado en: Nesly Fanfic Clasificación: Rated M Advertencia: Muerte de personaje (?) ¿He dicho ya que me encanta el […]

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